¡Domo!

Al final me he animado y he escrito la segunda parte de la historia. Muchas gracias a todas por haber leído mi fic y por haberme dejado vuestras opiniones. Cada vez que veía una alerta en el correo electrónico me daba un vuelco el corazón *-* ¡DOKI, DOKI! xDDD Espero que os guste el nuevo capítulo.


Cuervos al acecho

Había transcurrido un día desde que Hinata había averiguado que su admiradora secreta era Kageyama. ¡Nada más y nada menos!

Desde el momento en que lo vio frente a él y pudo reaccionar, lo único que se le ocurrió fue salir corriendo, coger su bolsa y marcharse a su casa, despavorido. Y al parecer, nada más irse del viejo almacén— esquivando como pudo a todos sus senpais— Kageyama también se dio a la fuga.

Ahora, Hinata, sudoroso y con un dolor de estómago insoportable (había tenido que ir al cuarto de baño más de diez veces), se había atrevido a dar la cara y había entrado en el gimnasio, dispuesto a enfrentarse a todos: A sus senpais, que seguramente querrían explicaciones y a Kageyama. Sin embargo, una parte de él sabía a ciencia cierta que Tobio no iba a presentarse al entrenamiento de ese día.

Y efectivamente, así fue.

— ¡Hinata! ¡Pensábamos que tú tampoco ibas a venir! — exclamó Ryūnosuke con un brillo malicioso en los ojos al verle entrando por la puerta del gimnasio. Tsukishima, Yamaguchi, Nishinoya y Sugawara se abalanzaron sobre él dispuesto a interrogarle. Y suerte que Asahi y compañía ya no estaban.

Hinata, inmediatamente, dio un paso hacia atrás, arrepentido. ¿Por qué demonios había ido al gimnasio, aunque ya fuese tarde y el entrenamiento estuviera a punto de concluir? Sabía que sus senpais lo iban a incordiar. Y por si fuera poco, Kageyama, que era el único a quien realmente quería ver, no estaba allí. ¡Necesitaba aclarar con él lo que había sucedido! ¡Ni siquiera había dormido bien debido a los nervios!

— Parece que nuestro kōhai no ha pegado ojo en toda la noche—. comentó Nishinoya con un tono bastante burlón al ver sus ojeras y le echó el brazo por encima del hombro. Un coro de risas lo siguió al instante.

Hinata, bastante enfadado, lo apartó de un manotazo.

— Nishinoya-senpai, ¿podemos olvidar lo que ocurrió ayer? — era más que obvio que Hinata se sentía muy incómodo con todo lo sucedido.

Tsukishima se ajustó las gafas.

— Hmm… está claro que tú tampoco esperabas que tu admiradora secreta fuese el rey, pero hemos estado pensando y todo tiene sentido.

Hinata se escandalizó.

— ¡¿Hah?!

Ryūnosuke asintió un par de veces.

— Es verdad. Siempre estáis discutiendo, Hinata. Y ya sabes que…los que se pelean, se desean.

Hinata frunció el ceño.

— ¡Tanaka-senpai! ¿Os habéis vuelto locos? ¡Ka…Ka-Kageyama es un hombre! ¡Y yo…! ¡Es imposible! ¡Además, es mi rival!

— El rey es demasiado inmaduro para ser un hombre—. puntualizó Tsukishima— Es un niño. Y teniendo en cuenta que es tu compañero de equipo, ya no puede ser tu rival. Deberías darle una respuesta. Seguro que está ansioso por saber lo que sientes.

— ¡Deja de decirle tonterías a nuestro kōhai! — le reprendió Ryūnosuke al percatarse de que Hinata empezaba a lloriquear— Vas a asustarle.

— Qué más da, si ya tiembla como un flan. ¿No ves lo pálido que está?

Nishinoya no tuvo más remedio que intervenir. Los comentarios de Ryūnosuke y de Tsukishima no estaban mejorando la situación. Era un milagro que Hinata aún no hubiera salido corriendo.

— Hmm, Hinata. ¿Tú qué piensas de Kageyama? Me refiero a… ¿te parece…atractivo?

Hinata sintió un pinchazo en el estómago. ¡¿Qué clase de pregunta era esa?! ¡Ohh no! ¡Otra vez tenía ganas de ir al baño! Hasta ese momento no se había replanteado qué era lo que sentía por Kageyama. Era cierto que se llevaban mejor que en un principio, pero de ahí a que su ''rival'' le hubiese metido mano y lo hubiese besado, había una gran diferencia. Aunque tampoco podía decir que le hubiera dado asco besar a Kageyama…

¡Tenía que reconocer que le había gustado! Pero claro, pensaba que… ¡que no era él! ¡Que era una chica!

— ¡Ahh! — gritó desesperado— ¡No lo sé! ¡Qué voy a hacer ahora! ¡Cómo voy a volver a mirarle a los ojos! ¡No puedo! ¡Es demasiado vergonzoso!

— Deberías ir a su casa—. propuso Tsukishima— Hacerle una visita sería una buena idea.

— Yo estoy de acuerdo con Tsukki. Al menos es lo mejor para aclarar todo…esto—. añadió Yamaguchi.

Hinata se quedó en silencio. ¿Ir a casa de Kageyama? Sabía dónde vivía pero… ¿qué iba a decirle en el momento en que lo viese? Además, se sentía demasiado confuso. No entendía por qué le latía el corazón tan rápido. Incluso le dolía. ¿Quizá… le gustaba Kageyama?

NO.

¡No, no, no, no!

— ¡Senpais, ¿qué pensáis vosotros sobre todo esto?! — se atrevió a preguntar con tal de olvidarse de lo último que había pasado por su cabeza — ¿Veis raro que yo le guste a...K-Kageyama? ¿Vais a tratarle de otra forma a partir de ahora?

Ryūnosuke se encogió de hombros.

— Pues claro que no, Hinata. Es nuestro compañero. ¡Nuestro querido egocéntrico kōhai! Si tú le gustas, nosotros lo aceptaremos. Aunque no puedo prometerte que no bromeemos sobre lo sucedido porque nos hace gracia. ¡¿A qué sí?! — añadió soltando una fuerte carcajada.

Tsukishima carraspeó, sin perder la seriedad que lo caracterizaba y miró al pelirrojo.

— Eso es lo de menos. Ahora en lo que realmente tienes que pensar es si el rey egocéntrico te gusta o no, Hinata. Por cierto, si al final vas a ir a hacerle una visita, lleva esto contigo. Es…por si acaso. Podrías necesitarlo—. repuso buscando algo entre los libros de su bolsa hasta que sacó un condón.

Hinata no fue el único que gritó en ese momento. Sugawara, Ryūnosuke y Nishinoya miraron al rubio asustados. Yamaguchi, en cambio, no parecía estar sorprendido.

— ¡¿Qué- qué- qué haces con eso, Tsukishima?! ¡¿De dónde lo has sacado?! — preguntó Hinata señalando el condón con incredulidad.

Tsukishima suspiró, desvió la mirada centrándola en Yamaguchi y se sonrojó levemente. Yamaguchi también se ruborizó, haciendo que las pecas se le notasen más. Sus gestos pasaron desapercibidos para los demás.

— Eso es…lo de menos—. dijo por fin Tsukishima y se lo ofreció insistentemente— Cógelo de una vez, Hinata.

— ¡No! ¡Ni hablar! — exclamó a punto de explotar de lo rojo que estaba— ¡No pienso…hacer nada de eso con Kageyama!

Tsukishima sonrió de forma mordaz.

— ¿Por qué no? — inquirió — Tú le gustas. Él te gusta…

— ¡Yo no he dicho que me guste! ¡No sé lo que siento! ¡AHH! ¡Estoy…muy confundido!

— Pues por ese mismo motivo debes ir a su casa. Para aclarar las cosas—. intervino Ryūnosuke captando toda la atención de Hinata. Tsukishima aprovechó ese instante para meter el condón dentro de su bolsa sin que el chico se diese cuenta.

Hinata esbozó una triste sonrisa y agachó un poco la cabeza nada más escuchar a su senpai.

— No creo que Kageyama quiera verme, Tanaka-senpai. Hoy ni siquiera se ha presentado al entrenamiento. Seguro que si voy a su casa, no abrirá la puerta. ¡Decidido, no pienso ir!

Nishinoya le echó un brazo por encima.

— Nosotros te acompañaremos, Hinata. Venga, tampoco es para tanto.

— ¡No! ¡Déjame, Nishinoya-senpai! ¡Soltadme! ¡Senpais! — graznó cuando notó que entre todos lo arrastraban a la salida del gimnasio con la intención de acompañarle a casa de su admiradora secreta. El entrenamiento había concluido y ninguno estaba dispuesto a echarse atrás.

A Hinata le temblaban tanto las piernas que durante gran parte del camino pensó que acabaría tropezando y cayéndose pero no fue así. Cuando quiso darse cuenta estaba plantado frente a la puerta de Kageyama con los demás. El atardecer llegaba a su fin, hacía frío y el silencio era lo único que se percibía en la calle.

— ¡No quiero! ¡Os digo que no! — gritaba Hinata forcejeando con Ryūnosuke y Nishinoya que eran los que lo estaban sujetando— ¡Quiero irme a casa!

— No vamos a movernos de aquí hasta que hables con el rey—. comentó Tsukishima ajustándose la gafas— Tú decides.

Hinata suspiró. Cuanto más alargase el momento, más sufriría, eso estaba claro. Y tenía la certeza absoluta de que sus senpais no iban a moverse de allí hasta que él no se enfrentase a Kageyama, así que hizo acopio del poco valor que le quedaba y se aproximó a la puerta. Llamó al timbre un par de veces pero nadie apareció para recibirle, así que dio media vuelta. Sin embargo, vio de reojo a sus senpais escondidos tras una columna y no tuvo más remedio que seguir insistiendo. Nervioso, probó a bajar el manillar de la puerta y para su sorpresa, encontró que estaba abierta. No sabía si era buena idea colarse en casa de Kageyama pero prefería dejar de sentir los ojos de sus senpais clavados en su espalda, así que no dudó a la hora de entrar.

Una vez cerró la puerta, observó el pasillo, el salón y las escaleras que subían a la planta de arriba. El silencio era tan abrumador que lo había empezado a agobiar, apenas podía respirar y cada vez se sentía más tenso. Con miedo, empezó a subir los escalones, uno a uno, muy despacio, hasta que por fin llegó a la planta de arriba. Había comenzado a tranquilizarse cuando de repente escuchó un ruido extraño proveniente de una de las habitaciones y se sobresaltó, pero aún así, agarró su bolsa con fuerza y continuó avanzando.

— ¡¿Hinata?! — gritó Kageyama cuando vio al pelirrojo entrando repentinamente en su cuarto. Él estaba tumbado en la cama, en pijama— ¡Qué narices haces aquí! ¡Cómo has entrado!

Hinata se quedó rígido, como si su cuerpo se hubiese paralizado y fue incapaz de moverse.

— ¡Eh, eh, la puerta estaba a-abierta!

Kageyama intentó ponerse en pie en ese momento pero perdió el equilibrio y tuvo que apoyar la mano en el armario para no caerse al suelo. Parecía mareado y tenía las mejillas muy rojas.

Hinata lo observó preocupado.

— Es sólo un maldito resfriado—. se apresuró a decir Kageyama sin atreverse a mirarle a la cara. Le daba vergüenza hacerlo después de lo que había pasado— Estoy bien.

Hinata se retorció las manos, sin saber bien qué decir.

— Ahh… ¿por eso no has venido hoy hoy a la escuela?

Kageyama no respondió a su pregunta. El día anterior, cuando se dio a la fuga, corrió tan rápido hacia su casa que empezó a sudar como un poseso y teniendo en cuenta que hacía muchísimo frío, se había constipado. No obstante, sabía de sobra que hubiera faltado a la escuela aunque se hubiese encontrado en perfectas condiciones. Y ahora… Hinata se atrevía a presentarse en su casa. ¡Seguramente para burlarse de él! ¡No lo iba a permitir!

— ¿Has venido solo? — inquirió con mala cara.

Hinata dio un respingo. Prefería no contarle que los senpais estaban fuera, como cuervos al acecho.

— S-sí, K-Kageyama—. afirmó moviendo rápidamente la cabeza— ¿Dónde están tus padres?

—Trabajando—. espetó con el ceño fruncido— Por qué has venido, Hinata.

El pelirrojo se enrojeció.

— Eh… esto… pues…porque… yo… esto…

Kageyama resopló y se sentó en la cama, mareado.

— Déjalo. Es mejor que olvides lo que pasó ayer.

— ¡No…!

— ¡Que lo olvides, estúpido! No debería haberte escrito esa carta. ¡Fue una auténtica gilipollez!

Hinata se quedó callado durante unos segundos.

— Pero, pero, pero… es verdad que…¡¿que yo te gusto?! ¡¿Por qué?!

Kageyama tragó saliva. Maldito Hinata.

— No lo sé. Yo tampoco lo entiendo. Y sí. Me gustas pero es mejor que te vayas antes de que sea… demasiado tarde.

— ¿Demasiado tarde? — preguntó el chico de una forma bastante inocente.

Kageyama bufó. A veces, Hinata era tonto. No. A veces no. Siempre. Era un maldito imbécil.

— Con demasiado tarde me refiero a que estás en mi cuarto, Hinata, estamos solos y me estás…tentando, idiota. Por eso es mejor que te marches.

— ¡¿Eeeeeeeeehhh?! ¡¿Tentando?! — Hinata no sabía cómo reaccionar. Y tampoco entendía por qué era incapaz de largarse a pesar de haber escuchado esas últimas palabras. Kageyama se había puesto en pie forzosamente y había empezado a acercarse a él, muy despacio. Quizá para besarle de nuevo. Quizá para meterle mano. Pero él no hacía nada. ¿Acaso… aquello significaba… que quería en el fondo quedarse con Kageyama? ¿Que deseaba volver a repetir lo que había sucedido en el viejo almacén? ¿Que ansiaba continuar notando la humedad de su lengua y el calor de sus manos acariciándole todo el cuerpo?

Dio un paso hacia atrás.

No estaba preparado para asimilarlo.

No.

No podía ser cierto que él también sintiese algo por Kageyama. Pero era posible. La forma en la que su corazón le estaba golpeando la garganta, lo confirmaba. La manera en la que su cuerpo y sus sentidos reaccionaban, lo delataba.

A él…le gustaba Kageyama.

Retrocedió otro paso, muy nervioso.

— Espera, Hinata—. susurró Tobio agarrándole del brazo para que no se marchase. A Hinata se le cayó la bolsa y todos sus libros se desparramaron por el suelo.

Todos sus libros y algo más con lo que no contaba.

El condón.

Hinata miró a Kageyama. Kageyama miró a Hinata.

— ¡Esto…ESTO NO ES MÍO, KAGEYAMA! ¡Yo no…n-no…! ¡No te equivoques! Yo…¡AHH!

Tobio, que hasta el momento había permanecido serio, no pudo evitarlo y dejó escapar una risa tan sexy que hizo que Hinata empezase a temblar.

— ¡No tiene gracia, K-Kageyama! — gritó Hinata agachándose velozmente para recoger sus libros, con manos temblorosas—Te estoy diciendo la verdad… ¡Ha sido Tsukishima! ¡Él tiene la culpa!

Kageyama también se agachó para ayudarle, cogió el condón y se lo guardó en el bolsillo de los pantalones de su pijama antes de que Hinata se lo quitase.

— Ese imbécil… — comentó intentando disimular una sonrisa con poco éxito. Por una vez tenía que darle las gracias al idiota de Tsukishima, aunque claro, no lo diría en voz alta. Nunca en la vida—Oe, Hinata.

Hinata, que aún continuaba recogiendo sus libros, alzó la vista al escuchar a Kageyama pero lo primero que notó fue el calor de sus labios fundiéndose con los suyos durante un instante que le resultó fugaz.

— Yo…— murmuró Kageyama apartándose de su boca poco a poco y mirándole fijamente los ojos— No he podido evitarlo. Tenía que hacerlo. ¿Te ha… molestado?

Hinata, de la impresión, se cayó hacia atrás y se quedó sentado en el suelo.

— Yo… yo… n-no…yo…— murmuró avergonzado, rascándose la nuca— No me ha molestado.

— ¿Quieres que lo haga otra vez? — la voz de Kageyama se había vuelto ronca.

Hinata comenzó a balbucear palabras que no tenían coherencia alguna hasta que se atrevió a decir:

— Está…bien...haz...lo.

Y entonces, Kageyama no se contuvo ni un segundo más. Estaba resfriado, se sentía mareado debido a la fiebre y odiaba a Hinata con todas sus fuerzas pero joder...verlo tan avergonzado, tan inseguro y rezumando inocencia era superior a él. Así que lo hizo. Se echó sobre él ignorando que estaban en el suelo y lo besó como si fuese la última vez que iba a saborear sus labios. Aún no había oscurecido del todo y disponían de un par de horas. No sabía hasta dónde iba a llegar ni el límite que iba a ser capaz de sobrepasar con Hinata pero estaba claro que no lo iba a dejar marchar hasta que se desahogase por completo.

Estaban solos y sus padres volverían tarde. No podía pedir más.

00000000000000000000000

Mientras tanto, en la calle…

— ¿No creéis que Hinata está tardando demasiado? — comentó Ryūnosuke frotándose los brazos. Tenía frío, hambre y quería marcharse.

Tsukishima empezó a reírse maliciosamente.

— Será mejor que nos vayamos. Hinata y el rey estarán ocupados. ¿Vamos a comprar unos bollos de carne y luego volvemos?

Los chicos asintieron, salieron de su escondite y comenzaron a caminar, alejándose cada vez más de aquella fría y solitaria calle.

— Hmm...puede que sólo estén hablando—. comentó Sugawara— ¡Eres muy mal pensado!

Tsukishima hundió las manos en sus bolsillos y miró de reojo a Yamaguchi, quien caminaba a su lado.

— No lo soy. Tengo el presentimiento de que ahora mismo no están hablando precisamente. Estoy convencido. Porque en el fondo, sienten lo mismo. Aunque no quieran reconocerlo, se gustan. Es mutuo.

— ¡AHH! — gritó Ryunosuke de repente, sintiendo un poco de envidia por sus kōhais— ¡Ojalá a nosotros nos ocurriese algo así! ¡Yo quiero una novia! ¡Kiyoko-san sería perfecta! ¡Quiero salir con alguien!

Todos se rieron. Todos, salvo Yamaguchi y Kei, que se miraron en silencio y se ruborizaron. Pero nadie se dio cuenta. Ninguno sabía que ellos salían a escondidas desde hacía tiempo. Pero ahora que Tsukishima había comprobado que todos habían aceptado sin problemas lo que fuera que hubiese entre Kageyama y Hinata, se había relajado un poco. Algún día les contaría a sus compañeros la relación que tenía con Tadashi.

Algún día.

Pero todavía, era pronto.

Así que como si nada, continuó caminando, charlando con los demás mientras iban a comprar a la tienda. Ya regresarían a casa del rey egocéntrico más tarde para ver qué había sucedido finalmente.

No tenía ni idea de qué estarían haciendo Hinata y Kageyama en ese momento pero sabía que, tranquilamente, podrían comerse más de un bollo de carne porque… disponían de tiempo.

De mucho tiempo.


No quiero ni pensar en lo que estará pasando en la habitación de Kageyama en este momento xDD ¡Y por si fuera poco, Tsukishima y Yamaguchi están juntos pero todavía no lo han hecho público! *-* Es otra pareja que me encanta (junto al Kuro/Ken), por eso quería que hubiese algo, aunque sólo fuese un poco, para ser feliz. Espero que os haya gustado. He disfrutado muchísimo escribiendo esta historia, porque me encanta la serie. He pensado en escribir un pequeño epílogo con un poquito de lemon para concluir y algo entre Tsukki y Yamaguchi, pero también me gusta este final. A ver qué os parece a vosotras la idea.

Os he contestado a todas los reviews, espero que hayáis recibido mi mensaje.

-boobietrap: ¡Muchas gracias por comentar, boobietrap! Tu review fue el primero que recibí y me emocioné muchísimo. Espero que te haya gustado la continuación. ¡Adoro a Kageyama!

-lizzyotaku: Me hizo mucha gracia tu comentario, lizzyotaku, jajajaja todas sangraríamos por la nariz si nuestra vida fuese un anime. Sobre todo con los yaoi, porque son tan... aksjdh... ojalá te haya gustado este capítulo :)

-vecke: Espero que hayas disfrutado con la segunda parte, vecke. ¡Un abrazo! :)

Muchas gracias por haber leído hasta aquí. Os deseo una vida llena de Hinatas super kawais y Kageyamas egocéntricos e irresistibles.

Besos para todas :)