"En sus ojos se reflejaba el mismísimo infierno, su boca ahogaba su alma y su voz escupía veneno que paralizaba a todos a su alrededor"
2
Estaba convencida que la mansión había sido remodelada, no podía calcular hace cuanto pero cada sala que visitaba lucía una perfecta y actualizada fachada, muebles finos y bien cuidados, tapices claros y cortinas a juego. Era como si existieran dos mundos, uno siniestro y oscuro por los pasillos y otro elegante y confortante en los cuartos. Pero la sala de estudio no era confortante, moderna y sofisticada sí; una extraña sensación recorría a la joven al estar allí sentada frente al escritorio de roble, una sensación molesta que no le permitía relajarse o sentirse cómoda en ese lugar. No quería reconocer que se debía a su futuro patrón, no quería asumir que los pocos minutos de "platica" la había intimidado lo suficiente para no querer volver a cruzar palabras con él. Pero las cosas no podían ser como ella quería, eso lo había aprendido hace mucho tiempo. Le costaba creer que después de haber intentado sobresalir por todos los medios con sus propios méritos, haber luchado contra muchos prejuicios y hombres retrógrados y machistas, en su primer trabajo le tocaba tratar con un sujeto que era todo eso y más.
Tenía que calmarse, no podía demostrar lo asustada que estaba, él ya había reconocido su poca experiencia y su jovialidad, no debía dejarse ver débil y vulnerable a él… por fortuna, él tardó en aparecer por el estudio. Bulma pudo relajarse en su silla, apoyó su espalda y cerró sus ojos, sus manos apoyadas en sus piernas con delicadeza. Pronto estar encerrada en el cuarto sin ventilación al estar las ventanas cerradas la hizo sentir acalorada, sin pensarlo mucho dejó caer su chal que se agrupó en sus caderas sobre la silla. Apoyó su mejilla sobre su mano y miró el escritorio ¿Cuánto tiempo había pasado?... ¿Lo estaría haciendo apropósito? Imposible ¿Sería capaz? No, no parecía ser el tipo de sujeto que hiciera esperar a la gente, parecía serio, pero ¿Ella sería digna de su tiempo?
— No sería capaz…— Susurró intentando convencerse a sí misma. Agachó la mirada hacia su pecho y quitó una pelusa del chal sobre el borde de su escote, en ese momento oyó la puerta abrirse bruscamente, volteó hacia atrás encontrándose con el Lord de la mansión. El hombre vestía un traje oscuro, limpio y sin una sola arruga. Su cabello lucía húmedo y su semblante igual de serio que hace unos momentos. Bulma tragó saliva con disimulo y se apoyó de los porta brazos para ponerse de pie, pero un gesto de mano del hombre la detuvo, volvió a sentarse y observó como el Lord caminaba con paso firme hacia el escritorio.
Sus ojos zafiro no perdieron detalle del hombre, le asustó en cierta medida la apariencia de él. No recordaba haber visto antes tanta masculinidad, parecía una especie de guerrero, su cuerpo grande trabajado no estaba acorde a la época a su parecer. El Lord se sentó del otro lado del mueble, apoyó su espalda en el respaldo, acomodó su codo derecho en el porta brazo y su sien en su mano empuñada, y la observó. De modo inconsciente la respiración de la joven se aceleró, su pecho subió y bajó profundamente, y él lo notó.
Sus ojos negros estudiaron fijamente a la muchacha, estrechó sus ojos intentando captar cualquier señal que delatara alguna característica de la institutriz, era experto en captar lenguaje no verbal. Pero aparte de comprobar la fuerte voluntad en los ojos grandes azules, se quedó admirando silenciosamente la apariencia de la joven. Estudió su rostro de porcelana, no recordaba haber visto antes una cara más femenina, y sobre todo agradable… pero su mirada no solo se perdía en su rostro joven, también se escapaba hacia su escote que, aunque no era pronunciado podía dilucidar su tamaño, había notado antes el cuerpo de la joven a pesar de la tela con que se cubría, ahora que el chal estaba en algún lugar perdido de la silla, pudo comprobar que no se había equivocado, la muchacha en sí era bastante atractiva.
Bulma guardó silencio unos minutos en los que el hombre se dedicó a contemplarla, pero su mirada le incomodó. Sus ojos negros eran extraños, a pesar que el joven Tarble tenía los ojos del mismo color, no eran como los de su hermano mayor. Incluso con la distancia que había entre ellos pudo notarlo, los ojos del menor eran amables, los del hombre que tenía en frente eran fríos, indescifrables e intimidantes. No había visto ojos más aterradores. Pero bajo toda esa fachada, había un brillo que conocía, a sus 19 años había aprendido a reconocerlo. Las miradas lascivas eran familiares para la peliturquesa, por eso, ser de escrutinio para él en ese ámbito la inquietó en más de un sentido. El hombre tenía algo que la atemorizaba, no sabía qué exactamente, ella ya había tratado con hombres machistas, pero él, el Lord Vegeta Ouji, la incomodaba.
— ¿Ocurre algo? — Optó por decir para romper ese ambiente, el pelinegro levantó su mirada hacia su rostro y frunció el ceño.
— No te di permiso para hablar— Su voz grave era más masculina de lo que recordaba, quizás por estar encerrados y el tono no se entorpecía con los ecos.
— ¿Disculpe? — Preguntó sonriendo confundida— podemos hablar en la época actual, Mi Lord— tuvo que hacer un esfuerzo para no demostrar su sorpresa cuando el hombre río, una risa escalofriante que la caló hasta los huesos ¿Él era real?
— Claro…— Murmuró indiferente— Tarble es mi medio hermano— Bulma observó atenta cuando lo oyó, se inclinó hacia delante para poder oír con claridad—mi padre dejó estipulado en su testamento que lo buscara y reconociera como Ouji— los ojos negros del hombre vagaron por la sala por primera vez desde que entró, para la mujer fue como si intentara buscar las palabras adecuadas—llegó hace unos meses… no recuerdo con exactitud, el caso es que es un completo imbécil— soltó con desprecio— es un idiota inútil, donde se crío no le enseñaron nada adecuado para ser un bastardo de un Lord. —Bulma agachó la mirada al oírlo hablar así, ¿Qué podía decir? A ella no le correspondía juzgar ese tipo de pensamientos y tenía la leve impresión de que perdería tiempo y energía en intentar hacer recapacitar a un hombre como él. — ¿Bulma, dijiste que te llamabas? — levantó la mirada rápidamente hacia él y asintió— Señorita Bulma, su rol es instruirlo, aunque sea en lo básico… encárguese de que por lo menos aprenda a leer.
— Tarble es un joven aplicado, le aseguro que aprenderá más que lo básico— Respondió con seguridad.
— No me malentiendas—Bulma frunció el ceño confundida—no estoy de acuerdo con que sea usted quien le enseñe— el pelinegro notó como las mejillas de la mujer se tiñeron de un rosa pálido, sonrió de lado al verlo y la miró con soberbia, la joven abrió la boca para hablar, pero él la detuvo con su mano alzada en un gesto despectivo, pero a la vez firme—las mujeres deben estar en casa, cuidando de los hijos y de mantener en funcionamiento el hogar, o en la cama satisfaciendo a sus maridos.
— Yo no— Dijo conteniendo la rabia al oírlo—no soy esa clase de mujer—no dejó intimidarse al ver los ojos negros atentos sobre ella, respiró profundamente y no despegó la mirada de él.
— Es eso lo que no me gusta— Bulma frunció el ceño mirándolo confundida—eres muy joven y hermosa—ver sus mejillas sonrojadas y su rostro perplejo lo hizo sonreír, los ojos zafiro miraban la mesa, quizás intentando buscar qué decir, el pelinegro miró divertido la escena, por más que intentara parecer una mujer fuerte y segura, solo era una jovencita con estudios—y eso me molesta.
Sentía sus latidos golpear fuerte en su pecho, antes la habían halagado ¿Por qué ahora se sentía tan avergonzada? Su mirada y postura de hombre frío y cruel la engañó, no pensó que oiría aquello de su boca. No pudo responder, no sabía qué decir ¿Agradecer? No, él parecía encontrar que aquello era un defecto.
— ¿Cómo dijiste que era tu nombre? — Preguntó al verla callada y avergonzada.
— Bulma Brief— Murmuró levantando la mirada, sentía su rostro acalorado y estaba segura que con lo pálida que era su sonrojo era más que evidente.
— ¿Brief? ¿De los Brief del Oeste? — Preguntó extrañado, la vio asentir y frunció el ceño, miró sorprendido a la hermosa joven— ¿Por qué una señorita educada y refinada saldría de la comodidad de su casa? — preguntó curioso. Era primera vez en su vida que se encontraba con un caso así, él siempre se rodeó de mujeres educadas y de alta cuna como él, nunca escuchó o supo de que alguna se sintiera incómoda en su vida o que quisiera algo más, ¿Por qué la muchacha que tenía en frente, que se notaba no tenía más mundo que él, era diferente a todas esas otras mujeres?
— No es lo que quiero para mí— Contestó más calmada que antes, con solo un tinte suave rosa en sus pómulos. Vegeta frunció el ceño, le dio una repasada a su rostro, escote y sus ojos y negó lentamente, la peliturquesa alzó una ceja mirándolo con curiosidad, el hombre con una mueca en sus labios se puso de pie, Bulma lo imitó y fingió calma, al verlo de pie comprobó que su intimidación era superada con creces al parecer más atento y despierto en comparación a su breve momento de relajación.
— Estás contra la corriente— Musitó pensativo— tarde o temprano tendrás que asumir tu rol como mujer.
— Lo asumo como educadora— Se apresuró en responder. Se estudiaron fijamente, Bulma olvidó la vergüenza anterior y él su molestia por su presencia, en ese momento el pelinegro olvidó que dejarla allí iba en contra de todo pronóstico, pero la jovencita llamó su atención, físicamente al menos.
— Estarás a prueba un mes más— Contestó después del silencio— no dudes en que te correré sí haces algo que no me guste—dijo retomando su habitual seriedad y desplante— encárgate de la educación del bueno para nada de mi hermano bastardo, y no habrá problemas entre nosotros, señorita Bulma— vio al hombre mirarla de arriba abajo, estática y muda fue participe de modo ausente de ser objeto de estudio para él una vez más. Pero no pudo protestar o mirarlo con reprobación, se sintió completamente paralizada al oír su nombre con su voz, como si la hubiera encantado con algún hechizo. Lo vio caminar hacia la salida sin dejar de mirarla, lo perdió de vista cuando caminó detrás de su puesto, oyó la puerta abrirse y cerrarse, pero solo pudo permanecer en su lugar, preguntándose si estaba bien quedarse por su orgullo, si estaba bien que tolerara esas miradas solo para comprobarle que ella era igual de capaz que cualquier maestro.
(…)
El poco tiempo que él pretendió quedarse en su propia mansión se extendió más de lo que hubiera notado, en primera instancia pensó en quedarse solo un par de días, ya llevaba un par de semanas… pero siempre surgía alguna situación o inconveniente que lo retrasaba. Lord Vegeta gozaba de su fortuna, pero también la cuidaba muy bien. Buscaba siempre inversiones y proyectos para agrandar su patrimonio, para así, poder seguir dándose la vida que él merecía. Viajar y conocer nuevos lugares era su pasatiempo favorito que muy pocos conocían. Pero había un inconveniente que empezaba a molestarlo cada vez más, y que su orgullo lo incitaba a no prestarle atención, pero sabía que tarde o temprano tendría que hacerlo. Tenía 30 años, y era el heredero de la mansión del Tridente y nombrado Guardián del Este por el Rey. Pero, después de él no había nadie más… no estaba casado ni tenía hijos, su compañero de caza y compañero leal (amigo a regañadientes) Kakarotto, vasallo de su familia, le aconsejaba que no se hiciera problemas y le dejara todo a Tarble. Cosa que jamás haría.
Era un bastardo, se conocieron hace casi un año, ¿Cómo podría dejarle sus tierras, riquezas y títulos a un aparecido? Un aparecido que le hizo mucho daño a su madre en vida, él siempre supo que su padre tenía una amante, e imaginó que había hijos también, pero jamás pasó por su cabeza que a la hora de morir su padre se lo recordaría de forma tan radical y desagradable, al menos su madre no vivió para presenciar aquello, sin lugar a dudas eso la hubiera matado. Su única salida era casarse, pero no era una idea que le gustara y por ello, la evitaba.
Sus pasos firmes eran silenciados por las hebras de la alfombra que suavizaban las suelas de sus botas, mientras se dirigía al estudio general de la segunda planta ojeaba un libro en sus manos, revisando los últimos movimientos de dinero registrados en el libro de cuentas, debía actualizarlos. Suspiró al mismo tiempo que bajaba el librito y masajeaba su sien con su mano libre. Normalmente, alguien pondría a un especialista en números para trabajar en los ingresos, inversiones y pérdidas de dinero, pero no él. Le gustaba estar siempre presente en todo, que nada se escapara de su juicio, ser quién estaba detrás de cada decisión y controlarlo todo. Dobló hacia la izquierda, en el ala Este de la planta, donde se ubicaban las habitaciones importantes. Como la de su medio hermano, la de la Señora Baba la ama de llaves, entre otros. En el ala Oeste estaban los criados y servidumbres. Él no compartía ningún espacio en aquella planta, es más, casi nunca la visitaba, solo la veía cuando subía por la escalera. Su estudio privado, el que fue de su padre antes, estaba en el primer piso, y su habitación y aposentos se ubicaban en el tercer piso.
Se acercó hacia el cuarto destinado y notó la puerta abierta, extrañado, dio pasos sigilosos y miró por el espacio entre la puerta, no supo porque, pero lo primero que pensó fue el ser cauto, como si supiera inconscientemente que había alguien del otro lado, a pesar de ser el dueño de la mansión y tener todo el derecho para entrar y cuestionar a quien fuera que estuviera del otro lado, o interrumpir, no lo hizo. En cambio, se quedó de pie, espiando a hurtadillas cuando vio a la institutriz sentada cómodamente en el sofá de la estancia con sus piernas dobladas sobre los almohadones, y un libro en sus manos, lucía un vestido simple, más fino que el de la servidumbre, menos elaborado que el de una Lady, pero para el Lord era suficiente, la joven no necesitaba de más para demostrar su belleza. La tela se ceñía a sus curvas, sus pechos llenos lo distrajeron hasta que oyó la voz de su medio hermano, pero por el espacio entre la madera no podía verlo, solo oírlo.
— Y jugábamos incluso en la lluvia, claro… no eran tan fuertes como aquí arriba— Río el joven.
— ¿Y no enfermabas? — Preguntó la institutriz levantando la mirada del libro unos segundos.
— Nunca… ¡Tengo buena salud! Mamá salía unos minutos en la lluvia y pasaba una semana en cama, pero a mí nunca me pasó— Observó como la joven bajaba el libro y lo miraba poniéndole completa atención—recuerdo que, en días como este, junto a los niños de la villa, salíamos a lugar en el lodo, corríamos y nos perseguíamos por todos lados… era divertido— incluso él pudo reconocer la nostalgia en la voz del joven— ¿Jugabas en la lluvia, señorita Bulma? —la peliturquesa sonrió y él Lord la contempló maravillado, en los días que llevaba en su mansión veía a la joven solo en las comidas, y nunca comentaba nada, mucho menos sonreía ¿Por qué con Tarble, el bastardo, era diferente?
— No… mi Tata era muy sobre protectora, no nos dejaba salir con el clima frío, aunque en el Oeste el invierno no es como aquí.
— ¿Tú Tata?
— La mujer que cuidaba de mí y mi hermana cuando éramos niñas— Murmuró la joven— era una señora vieja, pero estricta, aunque no era mala con nosotras, al contrario, Tight y yo éramos traviesas con ella, siempre la hacíamos enojar— soltó una risita cantarina y mordió su labio inferior—falleció unos años después que Tight se casara…
— ¿La extrañas?
— Extrañarla… no sé si esa sea la palabra…— Frunció el ceño al entender lo que presenciaba, más allá del tema que hablaban en sí, que no le interesaba en lo absoluto, era la confianza, la comodidad que podía ver entre ellos que no había entre él mismo y la institutriz. Podía suponer que se debía al tiempo que pasaban juntos, y que se conocían desde antes que él regresara, pero lo que lo irritaba era que, no debió contratar a la muchacha, desde que la vio lo supo, pero su juicio se vio entorpecido por sus instintos de hombre, claro, era agradable recrearse la vista con una mujer joven y atractiva. No le prestó más atención a la plática, dejó su sigilo a un lado y entró seguro al estudio interrumpiendo la amena conversación entre el bastardo y la institutriz. Su medio hermano exclamó sorprendido, algo estúpido a su parecer, y ella en cambio, lo miró serena, cualquier indicio de amabilidad o cercanía murió cuando entró al cuarto. Miró el interior unos segundos antes de hablar, en el escritorio estaba su hermano con un cuaderno entre sus manos y una pluma, el tintero a un lado, y unos cuantos libros al otro. Ella seguía reposando sobre el sofá frente a la ventana, los estantes tenían varios espacios vacíos y los libros estaban esparcidos por el lugar, había olvidado que aquel estudio lo había asignado para las clases privadas del crío.
— ¿Aprende algo el imbécil? — Preguntó serio mientras caminaba hacia el estante del fondo— aunque sea ¿Una letra… algo? — el joven agachó la cabeza, sumiso, ¡Como lo detestaba! No parecía un Ouji, no debía tener su apellido, que se pareciera a ellos no significaba nada, parecía que por sus venas no había ni una gota de sangre de su casa, era el Ouji más desagradable que conoció.
— El joven Tarble es muy aplicado, Lord Vegeta— La miró de soslayo y pudo ver su ceño levemente fruncido ¿Eso era enojo? La pequeña no intimidaba ni un poco, bufó en desacuerdo y buscó el libro con la mirada.
— Es divertido oír a una jovencita soltera llamar joven a un bastardo…— Murmuró como si hablara consigo mismo— ¿Aplicado? Hmp le tienes mucha fe— dijo con una sonrisa torcida y volteó a verlos— este burro es cualquier cosa menos aplicado, no van con él ese tipo de palabras— soltó otro bufido y volvió su atención al estante.
— ¿Está oyéndose? — Exclamó alzando la voz la mujer, Ouji detuvo sus movimientos y volteó completamente hacia ellos— ¿Cómo puede decir semejantes palabras? — preguntó indignada— su hermano lo está oyendo…— Vegeta miró sus facciones, por un momento pensó en regañarla por su atrevimiento, pero le fue divertido, aunque era una muchachita, su ingenuidad era simpática. Miró a su hermano como si recién reparara en su presencia.
— Oh…— Fingió sorpresa— gracias por hacérmelo notar, señorita Bulma— sonrió con burla— si no lo dice, no lo hubiera visto— contempló con diversión y superioridad la sorpresa de la joven, pero solo unos segundos, sus pozos negros se fijaron en el pequeño escote egoísta de su vestido, su piel pálida lo distraía. Tragó la saliva que se le acumuló en la boca con disimulo y prosiguió en su búsqueda. No tardó en encontrar el libro de ingresos del año anterior, caminó hacia la salida y dijo— suerte intentando enseñarle a este burro— alcanzó a oír un "no te preocupes, no hagas caso a sus palabras" de la joven, y aunque siguió su camino, las palabras seguían retumbando en su cabeza. No le gustó, que su medio hermano tuviera la atención de la bella y joven institutriz y él no, le pareció una mala broma, el imbécil era un joven sin educación, un muchachito inútil y sumiso, él no se podía comparar con un bastardo como el chico, entonces ¿Por qué ella se mostraba diferente con él? Acostumbraba a ganar en todo, a salirse siempre con la suya y de algún modo, sentía que perdía… entre él y su medio hermano, era Tarble quién ganaba, pero no sabía a ciencia cierta qué.
(…)
Abrió sus ojos en medio de la noche, lo primero de lo que fue consciente era en la profunda oscuridad en la que se encontraba, sus ojos zafiro tardaron en acostumbrarse a la penumbra, las formas y muebles de su habitación poco a poco fueron dejándose ver, pudiendo distinguirlas en cierta medida. Lo segundo que la alertó en algún aspecto, fue la sequedad de su garganta. Tosió un poco, para intentar humedecer con su propia saliva, pero fue inútil, no era suficiente. Suspiró hastiada y se sentó con pereza, con su vista ya acostumbrada a la poca luz de la noche, pudo notar que no había jarra ni vaso en sus muebles cercanos, ni en ningún lugar del cuarto. Volvió a recostarse, miró el techo y meditó unos segundos sus opciones, ¿Tenía tanta sed para levantarse y recorrer ese largo camino hasta la cocina? Porque no tomaría agua del baño, no, tenían sabores diferentes, desde niña que lo había notado, quizás era una sugestión, no lo sabía, pero a menudo era una costumbre que la perseguía. Optó por levantarse.
Maldijo su suerte en medio del camino por el pasaje siniestro, no encontró ningún candelabro ni velas, ni nada. Ya en pie, decidió ir de todos modos ¿Qué podría pasarle al ir a oscuras hacia el cuarto de cocina? Pero era más sencillo pensarlo en la soledad de su cuarto que estar allí, en medio, de pie en el pasillo oscuro, siniestro y aterrador. Durante el día, la mansión desprendía un aire extraño, frío y atemorizante. Por la noche eso empeoraba, parecía que las murallas de granito tenían vida, y que susurraban secretos terroríficos que le hacían estremecer con cada paso que daba, dos minutos después de iniciar su pequeña y "simple" travesía, se vio meditando si se devolvía a su cuarto y se conformaba por una vez con beber agua de la regadera del baño. Pero su sentido común y su juicio científico que todo el tiempo la hacía pensar de forma objetiva se lo impidió, todo lo que ella creía que veía eran malas pasadas de su mente, que se veía atormentada por factores que no estaban allí, que se inventaba y, por lo tanto, no podía desistir. Solo era oscuridad… nada más.
El frío del aire la hacía temblar, se abrazó a sí misma y cuestionó seriamente su impetuosidad, ya podía oír a su madre reprocharle su impulsividad, "así no se comportan las Lady", claro, una señorita llamaría a la servidumbre y esperaría que le trajeran su agua, pero ella ya no era una Lady, era una institutriz, y como tal, era una sirviente más en aquella mansión, aunque su título era más influyente e importante que una criada, no quería caer en aquellas costumbres, quería dejar atrás cualquier comportamiento que le recordara de donde venía. Quizás debió envolverse en un chal, a veces actuaba sin pensar. Un defecto que intentaba cambiar.
Después de unos minutos, recordó lo grande que era la mansión, solo el ala Oeste la hacía dudar del camino, del ala Este conocía el estudio donde impartía las clases de Tarble, nada más. Al recordar al menor, inevitablemente rememoró la desagradable visita del Lord hace un par de días atrás. A veces sentía el deseo de preguntarle a la Señora Baba, cuando se iría el Lord, creyó haber oído que estaría unos días solamente, y ya llevaba dos semanas y días. Pero era una imprudencia, él era el dueño de todo ¿Cómo cuestionar su presencia en sus propias tierras? Además, era una recién llegada, aún no se ganaba la confianza ni amistad de nadie a excepción del joven Ouji. Pero no lo podía evitar, su imponente presencia la aturdía, incomodaba y la hacían querer alejarse lo suficiente para que él no la mirara con sus fríos ojos negros. Sus pensamientos se vieron interrumpidos al oír un ruido, se detuvo. Inconscientemente sus latidos se aceleraron, posó su mano derecha en su pecho izquierdo, intentando calmar su corazón. Por un momento quiso dejar de respirar, oír su propia respiración le parecía molesto y le dificultaba oír con claridad si realmente había oído algo más… pero los segundos pasaron rápidamente y el ruido se repitió. Esta vez pudo identificarlo, era un quejido. Tragó con dificultad, recordando que tenía sed. Miró su camino, en solo un par de metros llegaría al cruce principal que guiaba hacia la escalera. Su sentido común le repetía que se devolviera a su cuarto, pero su curiosidad innata, su inmadurez e impulsividad dio uno, dos, tres, cuatro pasos… lentos, suaves y sigilosos. Su cuerpo se movía solo, cada vez oía con mayor claridad los quejidos y pudo reconocerlos como femeninos.
Cuando llegó al borde de la muralla en el cruce, se apoyó en la fría piedra y volvió a tragar saliva, su pulso estaba más acelerado que nunca y no recordaba haberse sentido más viva antes, asomó su cabeza lentamente, lo primero que pudo ver fue la baranda grande de la planta que seguía hasta la escalera hacia el primer piso. Pero fueron las siluetas que se retorcían las que llamaron su atención. En el medio, había dos cuerpos, pudo saberlo por los movimientos y los juegos de sombras que se sacudían al ritmo de los sujetos. Su inocencia la hizo dudar, cuestionarse y le dificultó entender qué pasaba. Por un momento pensó que alguien estaba atacando a otra persona. Respiró profundamente para ganar valentía y a la vez que su voz resonara en el momento, pero un gemido la detuvo. Ese gemido estaba cargado de ¿Goce? Frunció el ceño y se concentró en mirar con mayor atención, sus ojos zafiro intentaron captar con objetividad y claridad lo que ocurría. A los minutos después lo comprendió. Era una pareja. Una pareja copulando en medio del pasillo… apoyados en el barandal. Se escondió nuevamente y apoyó en la pared. Su corazón latía más fuerte aun que cuando pensó que había una disputa, los gemidos femeninos no eran ruidosos, pero en medio de ese silencio y oscuridad eran claros y notorios. La vergüenza fue instantánea, la culpa de inmediata y el pudor automático. Debía irse, debía volver a su cuarto y fingir que nada había pasado, pero su cuerpo no respondía. La curiosidad la obligaba a quedarse, a espiar.
¿Qué pasaba con ella? Mientras se cuestionaba su moral, integridad y ética, la pareja estaba en medio de embestidas y gemidos, quejidos y movimientos que ella no conocía. Relamió sus labios y volvió a mirar, los cuerpos se movían con más violencia que antes, en ese momento, una idea pasó por su mente, quería saber quiénes estaban allí, aunque era una estupidez, lo mejor sería no enterarse jamás, y, es más, debería irse, no podía permitir que por un descuido la pareja se enterara que tuvieron público. Y aunque la idea estuvo todo el tiempo presente en su mente, en los minutos que para ella fueron eternos, no lo hizo. No se movió. Los vio llegar al clímax, no sabía si todas las parejas eran así, pero le pareció un acto frío dentro de lo que podía ser. El hombre se alejó de la mujer como si le provocara asco, pudo ver sin dificultad en las sombras, como la mujer bajaba su falda y ni siquiera levantaba la mirada al voltearse hacia su pareja, y una vez arreglada su ropa se retiraba. Pero no entró en cuenta que la mujer caminaba hacia ella, no. Sus ojos zafiro no perdieron detalle del hombre que caminaba hacia la escalera del otro lado hacia el ala Este, y la subía… a la tercera planta. Ella sabía a quién pertenecía aquella planta, ella sabía… y los matices grises se lo confirmaron cuando la melena en forma de flama se distinguió entre tonos.
Alcanzó a cubrirse la boca para no dejar escapar la exclamación, a tiempo. Cuando la mujer pasó por su lado, se apegó a la muralla como si fuera una escultura o un cuadro que adornaba el siniestro pasillo. La mujer pasó de largo, sin siquiera reparar en su presencia. Los segundos pasaron y pudo respirar con mayor calma, pero no menos inquieta, caminó lentamente y observó el barandal con asco ¿Cuántas veces se apoyó de la madera fina, en ese mismo lugar donde el Lord de la mansión se follaba a las sirvientas? Se sintió engañada, pero no sabía por qué específicamente. Seguramente se debía a que no imaginó que el serio Lord Ouji se dedicara a ese tipo de cosas, parecía un hombre frío sí, pero no creyó que aparte de eso, era un salvaje vulgar y despreciable que cometía ese tipo de actos, encima en lugares públicos… bien, era su mansión, pero ¿Era motivo suficiente para que olvidara las costumbres morales y éticas? A ella le parecía que no. Retomó su misión, tenía más sed que antes. No fue consciente de los ojos negros que la observaron desde arriba, en la tercera planta.
(…)
La ansiedad no se esfumó por la mañana, si antes sintió curiosidad, nervios e inquietud, todo aquello se multiplicó al pensar en cómo podría mirar a la cara a su patrón ahora. Había presenciado algo íntimo, en cierto aspecto había violado su privacidad al quedarse allí, pero no pudo evitarlo y se culpó toda la madrugada por ello. Durmió poco, había quedado demasiado alterada para poder descansar, y ahora que debía presentarse en el desayuno, como todos los días, no sabía cómo comportarse, algo estúpido, lo sabía, al fin de cuentas, solo ella sabía qué había pasado, nadie la vio ni mucho menos le había contado a alguien en el corto lapsus de esa mañana, ni lo haría.
Rodeada de la familia pequeña de los Ouji, intentó comer su desayuno con calma. En ningún momento levantó la mirada hacia el Lord, trató de no prestar atención a las pláticas o informaciones que la Señora Baba le daba al Lord Vegeta, hizo caso omiso a las miradas del pequeño Ouji, solo existía ella y su porción de alimento. Cuando oyó la voz de una mujer, inconscientemente levantó la mirada. Era una criada, recordó que le había ordenado un par de veces su alcoba. Parecía una mujer de unos 25 años, su pelo era castaño, su piel rosácea, sus ojos eran de un lindo marrón y sus labios sugerentes. La sirvienta le ofrecía nata al patrón, el pelinegro ni siquiera le regaló una mirada, levantó la mano en su dirección y negó. Sus ojos zafiro observaron la escena, miró y estudió cada criada en el cuarto, sabía que no eran todas las de la mansión, pero lo hizo de todas maneras. Algunas eran jóvenes, otras no más viejas que Baba. Cada una se concentraba en cumplir su rol de servir a los amos de la mansión. Pero, la joven de pelo castaño, le demostraba una atención diferente al Lord. Había que ser idiota para no notarlo, o quizás ahora que tenía un antecedente de la vida íntima del señor frío, que podía comprenderlo. El asunto era que, estaba segura que aquella mujer, que se esmeraba en servirle a su patrón, era la misma que anoche gemía bajo su cuerpo masculino.
La revelación la llenó de satisfacción, quizás estaba viendo cosas donde no había, pero por el momento la hizo sentir bien, el simple hecho de poder armar aquel vulgar rompecabezas calmó su curiosidad momentánea. Al menos, ahora solo debía lidiar con la culpa, la sensación de saber algo que nadie más sabía y que no debía saber. La situación no la hacía sentir especial ni mucho menos, seguía pensando que no debió quedarse, que la escena no saldría fácilmente de su mente. Se concentró en terminar su comida, o eso intentó. Sin querer levantó la mirada nuevamente en dirección del Lord, pero agachó la mirada rápidamente cuando se encontró de lleno con los ojos negros. Maldijo internamente, fue una actuación infantil, no debía actuar como un criminal, nadie más que ella sabía lo que había presenciado, pero además de la culpa, la vergüenza y el pudor no dejaban de recorrer su cuerpo. Un acto que sabía solo debía ser de a dos, ella lo había profanado con sus ojos. Nunca en su vida había presenciado algo así, no llamaba su atención tampoco, no era algo que le quitara el sueño. Sabía qué pasaba entre un hombre y una mujer y por qué, pero todavía no tenía ánimos de participar de algo como eso. Por lo mismo, no podía evitar actuar como una niña que se enteró de algo que no debía.
— ¿Entonces sería pasado mañana? — Preguntó la señora. Y el Lord asintió, pero sin mirarla. La mujer notó como el hombre miraba a la institutriz beber de su té con elegancia, inevitablemente miró a su alrededor, rogando porque nadie más notara lo que ella veía. Pero una de las criadas igual lo notó, la joven Luisa estaba atenta a las necesidades del patrón, quizás la muchacha se dio cuenta antes que el hombre no la tomaba en cuenta y en cambio miraba a la muchachita nueva de la mansión. Baba sabía de los gustos y costumbres de su patrón, no era quién para juzgar a un hombre, mucho menos a uno tan poderoso e influyente y, sobre todo, su patrón. Pero sabía que, lo que sea que pasaba por la mente del hombre joven, no era nada bueno y debía evitarse, diferente era involucrarse con señoritas de casas menores, de pueblo o criadas, pero sería un escándalo mayor hacerlo con una mujer de estudios y encima de una familia igual de poderosa que la de los Ouji. Apenas conoció a la joven, supo que sería un problema llevarla a la mansión, pero no tuvo otra opción, si seguía pasando tiempo sin que el jovencito Tarble se educara, Lord Ouji no vería nada de bien su desempeño. Miró a la jovencita, ¿Sería necesario hablar con ella? ¿Estaría siendo maleducada? O ¿Solo estaba previniendo?
El desayuno terminó unos minutos más tarde, antes de que cada uno iniciara sus labores diarias el Lord carraspeó su garganta impidiendo que alguno se moviera de la mesa.
— Esta noche, daré un banquete— Comentó sin mirar a los presentes— que continuará con una breve celebración— Bulma no lo miró, pero frunció el ceño. Tarble ya le había hablado antes de las fiestas de su hermano.
— Todo está listo, Lord Ouji— Dijo solemne la Ama de llaves— los invitados no deben tardar en llegar— Bulma miró hacia una ventana del salón, era muy temprano, solo una hora después del amanecer. Entendía que cualquiera que visitara la mansión llegarían a todas horas del día, es más, le sorprendía que no hubieran llegado el día anterior. El hombre asintió, miró a su medio hermano y Tarble lo observó nervioso, intentando parecer seguro pero el hombre no se tragó su seguridad aparente.
— Quiero que te comportes— Ladró mirándolo fijamente— no hables con nadie, no quiero que me avergüences— soltó despectivo, Bulma rodó los ojos y evitó mirar la situación, no comprendía ese afán de ridiculizar al joven— Señorita Bulma— la peliturquesa volteó hacia el Lord y lo miró sin decir una palabra, el hombre frunció el ceño con su actitud, pero lo dejó pasar por el momento— Usted también asistirá— arrugó su ceño, observó como todos los presentes detenían sus movimientos para mirar la interacción, trató de calmar sus nervios y de buscar las palabras adecuadas y el tono educado que correspondía para poder responder.
— Agradezco su invitación, mi Lord— Los ojos negros la miraban fijamente, inevitablemente se estremeció— pero solo soy una institutriz… no creo que sea adecuado que asista a su fiesta— unos segundos pasaron en que solo se miraron fijamente, Bulma desvió la mirada perdiendo aquel reto, pero no pudo evitarlo, su mente le jugó una mala pasado y el encuentro nocturno pasó por su cabeza como si estuviera pasando en ese mismo momento.
— La estoy invitando, así que irá— Contestó el hombre dando como finalizada la conversación y se ponía de pie. El resto le siguió y se puso de pie, Bulma no tardó en imitarlos, pero mirándolo ceñuda y molesta, para ella no era un motivo suficiente, y aunque fuera el Lord, no la obligaría a hacer algo que no quería. Su jovialidad habló por ella.
— No me gustan las fiestas, mi Lord— Dijo antes que el hombre pasara por su lado, se detuvo en frente de su silla, ella volteó hacia él para poder observarlo, su cercanía la incomodó, pero sus ojos negros estudiando sus facciones y su cuerpo la inquietaron, un cosquilleo nuevo y extraño la recorrió.
— Lástima… se hace lo que yo ordeno, y le estoy ordenando que asista— Le dio una última mirada a su cuerpo y siguió su camino.
Bulma miró su espalda, sentía sus mejillas sonrojadas, estaba perdida en sus pensamientos y cuando volvió a mirar a los demás recordó que no habían estado solos en la sala, que su estúpida actuación había tenido público. La mirada despectiva de la criada joven la confundió ¿Estaría celosa? Absurdo. Pero podía entenderlo, o más bien, restarle importancia. Las mujeres podían actuar estúpido cuando se trataba de hombres, y ella en ese momento no veía que estaba celando al patrón, solo a un hombre con el que compartió un encuentro sexual fugaz y vulgar en un pasillo.
— Será mejor que lo obedezcas— Habló finalmente Baba—no querrás ver a Lord Vegeta molesto— dijo sabiamente la señora, la peliturquesa asintió y Baba caminó hacia la salida pensando en todo lo que debía hacer el día de hoy para que el Lord terminara satisfecho con la noche, y en que debía hablar con la joven, en algún momento debía prevenirla.
Aunque odiara las fiestas, no tuvo más opción que pensar en qué ropa usaría, no andaba con vestidos de noche, relamió sus labios y suspiró, sería una noche más desagradable que la anterior.
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N/A: Gracias a quienes le dieron una oportunidad a este fic, y a quienes me animaron con un rw. Dije en la N/A anterior que solo me basé en Jane Eyre en el cómo ella llegó a la mansión, en nada más, por lo que quienes preguntaban sobre el parecido, les digo que no lo habrá xd solo ese detalle. El resto es invención retorcida de mi mente.
Gracias nuevamente a quienes leen, y más aun a quienes se toman un par de minutos en comentar.
Perdón por las faltas ortográficas y letras revueltas.
Cuídense, y nos leemos ;)
