Disclaimer: Digimon no me pertenece, sus personajes tampoco. La idea original de Gran Hotel le pertenece al canal español, antena 3.

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II

Takeru se sintió nervioso al momento de poner un pie en el gran comedor. A pesar de ser nuevo y tener menos posibilidades de ser descubierto que alguno de sus compañeros, sabía que era un gran riesgo. Intentó no llamar mucho la atención y tomó una copa mientras se posicionaba en una esquina, sin quitar la vista de Hikari Yagami.

—Estoy segura que mi tía te nombrará director esta noche, querido —Mimi aplaudía y daba pequeños saltos mientras ella y su marido tomaban asiento en la mesa principal, justo en el centro del comedor.

—No deberíamos estar tan confiados, Mimi. —Jou parecía tensó, más de lo normal—. Ya ves el cariño que tu tía le tiene a Ken, yo nunca he sido su preferido.

—Pero Ken no tiene tu título, mi tía no permitiría que el hotel fuera manejado por alguien sin el nivel que se necesita —sonría cordial, argumentando con voz tranquila.

—Ya veremos.

Unos metros a la derecha Hikari, cruzada de brazos, esperaba a que Ken se posicionara frente a ella. Seguía inconforme con lo que había sucedido en la tarde, pero más tranquila.

—Lamento haberme ido de esa manera —suspiró—, pero eso también me lo pudiste haber preguntado primero, ¿sabes?

—Lo sé, y lo siento muchísimo —Ken agachó la cabeza, como modo de recalcar su disculpa—, pero no estabas en el hotel. Y tu madre sacó a flote el tema. En verdad me importas, Hikari, sería todo un honor para mí que me acompañaras por el resto de mi vida —parecía serio mientras hablaba, sincero—. Comprenderé si te niegas.

Se había pasado la tarde pensando en aquello, tomó un largo baño mientras lo hacía. Ella era a lo que se le definía como alguien «romántico empedernido». Siempre se imaginó que conocería a alguien con quien lograra una conexión emocional importante, conviviendo hasta percatarse de estar perdidamente enamorada. Y, claro, compartiendo el resto de su vida con esa persona.

Ella era hermosa, se lo habían repetido hasta el cansancio toda su vida. De pequeña era muy enfermiza y varias veces creyeron que moriría. Cuando creció y se fortaleció no paraban de decirle lo hermosa que era y que millones lucharían por ganar su mano en matrimonio. Tampoco pedía tal cosa pero, ¿tenía que ser tan fácil?

—No me negaré —su voz sonó firme, a pesar de estar destrozada por dentro—. Mi madre tiene razón, no hay mejor opción que tú, Ken.

Ambos caminaron juntos hasta la mesa donde se encontraban sentados Jou y Mimi y tomaron asiento junto a ellos. Poco después ocupó el quinto asiento Yuuko Yagami. Todos los movimientos los miraba desde su esquina Takeru Ishida. Aún no terminaba su bebida pero estaba ansioso porque Hikari estuviera sola un segundo, para poder charlar.

—Tía, ¿podría decirnos, por favor, el motivo de esta espectacular cena? —Mimi apretaba bajo la mesa la mano de su marido, más nerviosa que el mismo.

—¿Qué no te ha dicho Hikari? —los ojos de los cuatro se posaron en ella—. Ken y Hikari se han comprometido. Por eso el motivo de la cena, querida —los ojos de Mimi se abrieron como platos, soltando la mano de Jou—. Ahora, acompáñenme los cuatro, es momento del discurso.

Todos los huéspedes se encontraban sentados, vista fija en la familia Yagami. Como había advertido Yuuko, la prensa de todo Japón rodeaba el gran comedor. Pidió un brindis.

—Es un placer para mí que estén todos presentes en esta reunión —la sonrisa de la señora acaparaba los reflectores. A su derecha Hikari, a su izquierda Mimi—. Estoy segura que a mi querido Susumu le hubiera encantado estar presente en esta ceremonia, él siempre decía que nuestros clientes eran prácticamente parte de la familia —acercó a Hikari hacia sí—. Por eso los quería incluir en este importante anuncio: mi hija menor, Hikari y don Ken Ichijouji se han comprometido en matrimonio.

Los aplausos no se hicieron esperar, así como los sonidos de las copas chocando una contra otra. Uno de los aplausos resonaba más que todos lo demás juntos, acompañado de risas. A la entrada del comedor, con la camisa rasgada y cara ensangrentada, Taichi Yagami. Su sonrisa era sarcástica, y reía como si de un desquiciado se tratase, mostrando todos los dientes.

—¡Qué orgullo que mi hermanita este comprometida con un hombre al que mi padre aborrecía! —las cámaras de todos los fotógrafos se enfocaron en el castaño con cabello alborotado—. Seguro que serás muy feliz con él.

—Taichi, basta —Yuuko Yagami no dejó de sonreír, pero su voz sonaba amenazante.

—¿Qué piensa hacer, madre? —Los ojos de Taichi resplandecían con adrenalina—. No hay nada más que pueda hacer para arruinar esta familia.

—Estás tomado —era verdad, Taichi se tambaleaba—. Alguien hágame el favor de acompañarlo a su habitación —Iori se acercó inmediatamente, pero Yagami lo paró.

—No será necesario —hizo una reverencia exagerada, falsa—. Sigan disfrutando su cena —y se retiró.

—Disculpen este malentendido, por favor —la señora Yagami tomó una copa del champán más fino —. Por los novios.

Hikari y Ken fueron atropellados por personas que buscaban felicitarlos y darles sus bendiciones para su matrimonio próximo. Ya se discutía el lugar de la boda, como sería su kimono. Se pedía que mostrara su argolla y los flashes acompañaban sus falsas sonrisas en todo momento. Ken no se aportó de su lado en ningún momento.

—Iré a tomar aire —anunció Hikari cuando el barullo se calmó.

—¿Gustas que te acompañe? —Ken se levantó de su asiento, tomándole la mano.

—No —negó con la cabeza—, no es necesario.

Caminó sin prisa, mientras sentía las miradas de todos los presentes como espadas en su espalda. Salió a la entrada del jardín, en un hermoso balcón. La noche estaba completamente despejada y parecía no caber una sola estrella más en el cielo. Hikari deseó capturar esa imagen para siempre.

Takeru, por primera vez en la noche, se separó de su esquina. Supo que sería el único momento de la noche en que Hikari estaría sola, y él necesitaba conocer las respuestas sobre el repentino despido de su hermano. Al haber visto a Taichi Yagami por primera vez, pensó que podía ser verdad que se hubieran peleado, por el obvio comportamiento problemático del heredero. Pero su hermano era más inteligente que eso, algo lo tendría que haber provocado para usar la violencia contra el hijo de la dueña del hotel.

La única que podía saber de eso era la muchacha de piel pálida y con kimono rosa parada justo frente a él.

—Hace una noche estupenda —señaló, intentando romper el hielo. Hikari reparó en él, sorprendida.

—Sí, es verdad —respondió, alejando la mirada del rubio inmediatamente.

—Creo que fui descortés —se aclaró la voz—. Debí haberla felicitado por su compromiso antes que cualquier otra cosa —hizo una reverencia sútil.

—Bueno, gracias. —Sonrió. A Takeru aún no le parecía sincera—. Creo que no tengo el placer de conocerlo.

—Oh, que tonto soy —se ruborizó de pronto—. Takeru Kumamoto, un placer —era el segundo apellido que robaba en ese día. El primero era el apellido de pila de su madre, así que no estaba tan mal. El segundo era un apellido que veía seguido en los periódicos, de una familia rica de Kyoto.

—De los Kumamoto de Kyoto —Takeru asintió—. El placer es mío —expandió su sonrisa, casi mostrando los dientes. Al rubio le pareció una invitación para quedarse a charlar, él no la desaprovechó.

—Debe ser de lo más interesante vivir en un hotel —comenzó.

—No crea que es tan interesante —Hikari lo miró a los ojos—. Tristemente en este hotel no hay fantasmas andantes que se aparecen en la noche.

—Qué pena, me hubiera encantado charlar con alguno de ellos —ambos rieron.

—Es interesante, no le mentiré —suspiró—, pero puede ser tedioso. Especialmente si eres hija de los dueños —Takeru afirmó como símbolo de comprensión.

—He escuchado rumores sobre el hotel —los ojos de Hikari se agrandaron—. No quiero ofenderle, pero escuché que su hermano se peleó con un camarero hace poco.

—Taichi… —suspiró de nuevo—. No sería sorpresa si se peleara con cualquiera, tiene una personalidad especial —se mordió el labio inferior, Takeru se ruborizó accidentalmente—. Aunque no es de los que se pelearían con el servicio. Estuve ausente unas semanas, así que no conozco por completo los últimos acontecimientos del hotel —se encogió de hombros—. Pero si Taichi se peleó con algún camarero debió haber sido por algo muy específico.

—Ya veo —asintió pensativo. Quizá no conseguiría las respuestas que buscaba con Hikari, pero era un inicio. Ya buscaría la manera de hablar con Taichi—. ¿Puedo saber a dónde viajó, si no es mucho atrevimiento?

—A Tokio y sus alrededores —sus ojos brillaban con ilusión, era la primera vez que Takeru la veía verdaderamente entusiasmada por algo—. ¿Ha ido?

Sonaron los arbustos detrás de ellos y ambos se sorprendieron, Hikari se acercó a Takeru dando un paso hacia atrás.

—No sabía que habían puesto arbustos justo en la salida de las escaleras de servicio —la amiga de su hermano, la pelirroja e hija de la gobernanta, salió de los arbustos—. Cuando me mencionó que tenía algo que contarme y que me buscaría aquí no imaginé que terminaría así —tenía ramas en el cabello y tierra en el rostro. Hikari sonrió ampliamente y abrazó a su nueva acompañante.

Takeru tragó saliva y consideró salir corriendo del lugar inmediatamente, pero eso llamaría mucho la atención de ambas, sin mencionar la de los clientes. Maldijo hacia sus adentros. Sora ya le estaba guardando el secreto de su hermano, sería imposible que le guardara uno más. Su aventura en el Gran Hotel había terminado antes de lo que hubiera querido.

Cuando rompieron el abrazo y Sora reparó en su presencia sus ojos se abrieron como platos.

—Creo que no tengo el honor de conocer a su acompañante, señorita Hikari —la sonrisa de Sora sorprendió a Takeru. Consideró, por segunda ocasión, huir.

—Que grosera soy —Hikari afirmó efusivamente—. Él es Takeru Kumamoto, viene de Kyoto. Ella es mi amiga más cercana, Sora Takenouchi —ambos se saludaron con una reverencia.

—Un placer —Takeru susurró sus palabras, sentía como le temblaban las manos.

—El placer es todo mío —arqueó una —, Takeru Kumamoto. Como veo que está ocupada, podemos hablar después.

—No es necesario que te vayas, Sora —los ojos de Hikari se tornaron tristes—. En verdad tengo mucho que contarte.

—Está bien, en serio. Si mi madre se da cuenta que me salí a estas horas de la noche me mata, ¡ni hablar de su madre! —Agitó la cabeza—. Quiero mantener mi empleo.

—¿Hablamos después?

—Es una promesa —la pelirroja se volvió a meter entre los arbustos, sacando la cabeza para agregar una última cosa—. Felicidades por su compromiso, por cierto.

—¿Su amiga más cercana es una doncella? —Takeru se aseguró de que Sora ya hubiera regresado a los dormitorios del servicio para reanudar la plática.

—Otra de las desventajas de haber vivido toda mi vida en un hotel es que no conoces a mucha gente. Al menos no de manera permanente, los huéspedes vienen y van —Takeru asintió—. A Sora la conozco de toda mi vida. Ella nació aquí, su madre lleva trabajando en este lugar desde que tengo memoria y su padre antes también lo hacía. Cuando pequeñas éramos inseparables, junto con mi hermano y mi prima —desvió la mirada, triste—, aunque ellos parecen haberlo olvidado. No sé porque le cuento esto, seguro no le interesa.

—Me parece de lo más interesante —sonrió, sincero. Ella le devolvió el gesto—. En serio.

—Querida, creo que ya tomaste aire suficiente tiempo —las puertas del balcón se abrieron y Ken Ichijouji se hizo presente frente a ellos. Takeru le dio la espalda y Hikari se despidió con la mirada.

—Tienes razón, lo siento —se aferró de su brazo mientras ambos reingresaban al hotel.

—Me tendrás que explicar quién es él —Ken sonreía, pero a Hikari se le pusieron los pelos de punta, sin razón aparente.

—Takeru Kumamoto, debe ser un huésped —intentó no darle importancia, usando un tono desinteresado.

—¿De los Kumamoto de Kyoto? —Hikari asintió—. Los conozco a todos y jamás había escuchado de un tal Takeru.

—Entonces me debí haber equivocado de nombre —la castaña se separó de él—. Me siento muy cansada, Ken. Me iré a dormir.

—Está bien, descansa —le sonrió y Hikari sintió nuevamente escalofríos—. Nos vemos mañana.

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Ken Ichijouji entró a su habitación agotado. Cansado de haber lidiado con tantas personas y tener que soportar el genio de su casi suegra. Era conocido por tener dos personalidades, una dulce y una dura. Con Hikari y con Yuuko era con las únicas personas con las que se mostraba dulce, ellas y los clientes más adinerados. Con los demás era duro y no tenía piedad.

Sus oscuros ojos analizaron su habitación, hasta que reconoció una figura sentada en su cama. Sonrió con malicia. Con un gesto le indicó que se parara, ella obedeció sin dudar. Se acercó a ella y atrajo su delgado cuerpo al suyo.

—No deberías estar aquí, ya no me meto con doncellas —susurró en su oído. Ella se aferró a su espalda.

—¿Crees que a tu prometida le importe? —susurró de vuelta, besando su quijada. Él ahogó una carcajada.

—Claro que no le importa, es muy tonta como para enterarse.

—Me deseas y te deseo —las manos de la joven se movieron al pecho de Ken, deshaciendo uno a uno los botones de su camisa—. No encuentro el problema.

—Ya te lo dije, no me meto más con doncellas —tomo el rostro de su acompañante con ambas manos y le retiró sus grandes y redondos anteojos, lanzándolos contra su mesilla de noche—. Arruinaría mi estatus social.

A pesar de sus palabras, esa noche las paredes del cuarto de Ichijouji fueron testigos, una vez más, de los gemidos del director del hotel y la doncella, Miyako Inoue.

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A la mañana siguiente Sora fue la primera en ponerse de pie y ayudar a su madre a asignar las tareas de cada uno de los del servicio. Miyako había llegado tarde, de nuevo, a la habitación que compartían las dos desde hacía dos años, cuando Miyako ingresó al hotel. Sora no era tonta, y a pesar de que la chica de largos cabellos lilas se aseguró de no hacer ruido al llegar, ella lo notó.

No valía la pena escuchar sus escusas, las había escuchado por un año, desde que comenzaron las aventuras de Miyako con el director del hotel. Sora le dijo que ese hombre era cruel, que lo había visto tratando mal a todos los empleados del hotel y a la gente del pueblo, pero era inútil. Inoue estaba ya muy enamorada de él como para dar marcha atrás.

Todos los del servicio se pusieron manos a la obra. Doncellas a cambiar sábanas y camareros llevando órdenes a las diferentes habitaciones del hotel. La pelirroja se aseguró de que su madre no le asignara trabajo a Takeru hasta más tarde, necesitaba hablar con él de manera urgente. Ya tenía suficiente con Miyako y sus aventuras, no estaba como para aguantar las de un niñato recién llegado. Que además era hermano de… intentó no pensar en él.

—¿Qué me toca hacer hoy? —Takeru caminaba detrás de Sora, se le notaba ansioso. Ella no podía creer que tuviera el descaro de actuar como si la noche anterior no hubiera sucedido.

—Te toca golpearte contra la pared para que se terminen de morir todas tus neuronas —contestó de manera calmada. Takeru se quedó atónito—. No me mires así, ¿es que eres idiota? Te hiciste pasar por un cliente, ¿quieres que nos despidan a todos?

—Necesitaba conocer las respuestas sobre el despido de mi hermano, Sora. Estoy seguro que sabes que su despido no fue normal. Necesitaba hablar con Hikari si quería saber más —la tomó de los hombros, ella retiró sus manos inmediatamente las puso.

—¿Y las conseguiste? —sus ojos rubí estaban apagados, como si les doliera hablar del tema. Takeru negó—. Lo supuse, ahora ponte a trabajar antes que mi madre regrese.

—Sí, lo haré —tomó una bandeja de plata y se volvió con la pelirroja—. Pero Sora, tu eres cercana a Hikari —las mejillas de la susodicha se encendieron—. Tal vez yo no conseguí las respuestas, pero con tu ayuda podría.

—¿No me escuchaste? A trabajar —Takeru sonrió ampliamente antes de desaparecer. Sora suspiró antes de tomar asiento, ese pequeño rubio había llegado para complicarle aún más la vida.

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—Kumamoto, con K —Hikari explicaba al recepcionista, quien buscaba concentrado en el libro de reservaciones.

—Lo siento, señorita Yagami, no se registró ningún Kumamoto Takeru anoche.

—Qué extraño, ayer estaba aquí… —se le notaba confundida, sin embargo sonrió—. Gracias por tu ayuda, de todos modos.

Decidió dar un paseo para despejar su mente. Lo recordaba como fotografía, rubio con ojos amigables. Celestes como el cielo en pleno mediodía. No sabía porque se había esmerado tanto en encontrar a su acompañante del balcón toda la mañana. No lo conocía, sin embargo sentía que sabía más de ella que cualquiera de los que la rodeaban usualmente, exceptuando a Sora.

Quería verlo de nuevo, sentía que a diferencia de su madre, Ken, o su prima, Takeru si la había escuchado, con interés. Se mareó al recordar el estado en que había visto a su hermano la noche anterior, le dolía que se hubiera vuelto así desde que su padre había muerto. Discutían seguido, su padre y Taichi, pero eran cercanos y, como ella, lo admiraba.

Regresó al hotel, prefiriendo tomar el almuerzo en su habitación que con su familia. No tenía ánimos de pretender nada. Se abrió la puerta de su habitación y se sintió aliviada al notar que era el camarero con su comida. Con tantas fotografías y felicitaciones, la noche anterior ni tiempo había tenido de cenar y se sentía hambrienta.

Su apetito se apagó al reconocer al camarero que había entrado con sus alimentos. Era él, incluso tenía la misma mirada curiosa que la noche anterior. Las lágrimas invadieron sus ojos, sintió un agudo dolor en su corazón. Takeru quiso gritar, nadie le advirtió que esa era la habitación de Hikari Yagami, no estaba en el sexto piso con las demás suites.

—Con que camarero —asintió, aceptando su decepción.

—Hikari, puedo explicarlo.

—Señorita Hikari para ti —su voz era temblorosa, notó que los ojos curiosos de Takeru se habían apagado. Como si a él también le doliera su fugaz engaño—. Deja mi almuerzo y vete, no tengo apetito de mentirosos.


Notas

TAN, TAN, TAAAAAAAAN. Ya va tomando forma esta pequeña historia. Es mi primer Takari y primer long-shot en años, ya lo dije. Pero no lo abandonaré como hice con mis demás long-shots, es uno de mis propósitos de año nuevo.

Supongo que encontrarán a Ken un poco OoC, pero tengan en cuenta que el Ken de esta historia será más bien como el Ken modo Kaiser. Ósea, modo cruel.

Estoy muy emocionada por este nuevo proyecto, gracias por no ignorarlo. Agradezco ampliamente los comentarios de LeCielVAN, SkuAg y Alejhandora, son geniales.

No olviden dejar sus reviews en este capítulo, porfis :D

¡Nos leemos!