Hola a todos, he vuelto un día antes (en mi país aún es viernes)
Espero que disfruten del capítulo y lean la nota de abajo por favor.
Disclaimer: La historia no me pertenece, es de Yare quien me dio su permiso para adaptarla y los personajes le pertenecen a Stephenie Meyer.
2. Sinceridad, odiosa sinceridad.
... Con el molesto ruido del bolígrafo al chocar contra la mesa taladrándole la cabeza, Bella se mordió el labio inferior intentando contenerse.
... Apretó con un poco más de fuerza corriendo el riesgo de que de un momento a otro pudiera comenzar a sangrar.
... No, no debía ceder. Se había obligado a ignorarle y ello conllevaba no mirarle, no tocarle, no hablarle y sobre todo no discutir.
... Debía aguantar. ¿Qué importancia tenía que estuviese a punto de un ataque nervioso o que a esas alturas ya tuviese un tic en su ojo izquierdo? Todo era cuestión de tomarse las cosas con calma. Coger aire y relajarse. Así, muy bien. Si tampoco era tan difícil.
-¿Puedes estarte quieto?-Pidió en un tono de voz que más bien parecía una exigencia.
El chico se detuvo y la miró con ese aire de autosuficiencia que le caracterizaba. Durante varios segundos mantuvieron el contacto visual, retándose. Era la ley de la selva. Sólo sobrevivía el más fuerte y ninguno de los dos estaba dispuesto a ceder.
-¿Por qué? ¿Acaso te molesta?
-Si he de ser sincera, sí, me molesta- Contestó Bella, con una sonrisa forzada-. Eso entre otras cosas, claro.
Un par de cabezas se giraron para mirarles y ambos tuvieron que bajar la voz. Estaban en clase y como no tuviesen más cuidado les castigarían.
-Bien, pues ahora que nos podemos sinceros, a mí me molesta que tu feo estuche ocupe parte de mi mesa.
Con un ruido seco, Edward cogió el pomposo estuche y lo dejó en el otro extremo de la mesa de Bella ante la atenta mirada de la indignada chica.
-Sólo ocupaba unos milímetros-Protestó- ¡Y mi estuche no es feo!
-¿Ocurre algo señor Cullen, señorita Swan?
Tras contestar con un apenas audible "No, Profesora", la mujer siguió escribiendo en la pizarra no sin antes lanzarles una mirada de advertencia.
-Así que quieres sinceridad, ¿eh?–le desafió Isabella, acortando las distancias que separaban sus rostros-. Pues yo voy a dártela-y empezó a enumerar con los dedos con los dedos- Odio que seas tan egocéntrico, tan maleducado, tan arrogante… Odio que dejes los calcetines sudados por todos los lados, que manches el espejo al cepillarte los dientes o al lavarte la cara… -Prosiguió tras coger un poco de aire- Odio que manches todo el baño con tu espuma de afeitar, que pongas los pies encima de la mesita cuando ves la tele y, por encima de todo, ODIO que dejes la tapa del váter abierta. ¡No lo aguanto!
-¿A sí?-Una sonrisa sarcástica se formó en sus labios, acortando aún más la distancia entre sus rostros- Pues yo odio tus exigencias, tu impuntualidad, tus manías de niña caprichosa… Odio tus patéticas películas románticas, que cantes en la ducha y que tardes una eternidad y media en salir del baño –Enumeró- Además, odio que te mires más de cinco veces en el espejo antes de venir al instituto, que dibujes corazoncitos en la mesa y que des suspiros ridículos cada dos por tres –Tomó aire y volvió a mirarla-. ¿Pero sabes lo que más odio?
-¡¿Qué?! ¡¿Qué es lo que más odias?!
-Que tengas unos labios demasiado perfectos para criticarlos.
Bella abrió y cerró la boca repetidas veces antes de decidir que lo mejor era cruzarse de brazos y seguir con su plan de ignorarle.
De nuevo lo había hecho. Después de insultarla, meterse con ella, pisotearle la moral y atentar contra la integridad de su bonitoestuche, Edward volvía a halagarla, o lo que es lo mismo, a burlarse de ella.
Siempre era igual. Él hacía algo que la irritaba, ella se quejaba y acababan discutiendo. Y cuando parecía que nada podía ir peor, él halagaba alguna parte de su cuerpo dejándola sin palabras y más roja que un tomate maduro. ¡Cómo le odiaba!
Tan sumergidos estaban en la discusión que no se percataron de las numerosas miradas y sonrisas que les dirigían sus compañeros o de la fulminante mirada de la profesora. La mujer, que se había visto obligada a detener la clase debido al escándalo, se había acercado a la pareja sin que estos lo notasen y tuvo que carraspear varias veces para captar su atención.
-¿Ya han terminado?-Inquirió, mirándoles por encima de sus gafas de fina montura. Los dos chicos asintieron antes de mirarse uno a otro con rencor- Me alegro, porque están castigados.
oOoOoOo
-Tres días en el instituto y ya le han puesto un castigo-con las manos en las caderas Bella miró a su amiga, sarcástica-¡Eso tiene que ser un récord!
-Te recuerdo que a ti también te han castigado- señaló la joven Dwyer, dejando la bandeja de su almuerzo sobre el banco en el que estaba sentada-. Aunque después del espectáculo que habéis dado en clase, créeme que ha valido la pena.
-¡Renesmee!-Exclamó la castaña, ofendida por las sonoras carcajadas de quien consideraba su mejor amiga-. Menuda vergüenza he pasado.
Nessie sonrió comprensiva y echó una rápida mirada por los frondosos jardines del instituto. Era la hora del primer descanso y la mayoría de los alumnos se habían decidido a salir al jardín para disfrutar del radiante sol de ese día, o como Jacob, para jugar un partido amistoso de fútbol.
"Este chico…"Se resignó divertida al ver como Black corría por la pista de fútbol mostrando su fantástico dominio con el balón. "Jake…"
-¡¿Y qué pretendes que haga?!-Bramó fulminándola con la mirada- ¡¿Qué salga con ella si a quien quiero es a ti?!
-Es mi mejor amiga y no quiero hacerle daño.
-¡También es la mía!-Le recordó pasándose una mano por su cabello, intentando tranquilizarse- ¿Entonces qué quieres que hagamos? ¿Qué la engañemos fingiendo que no sentimos nada el uno por el otro?
-¡No lo sé!-Explotó, ya con los ojos cristalinos- No me presiones más, Jake. No soportaría perderos a ninguno de los dos.
Cuando Nessie bajó la mirada para intentar ocultar las lágrimas con su largo cabello, el joven Black sintió como su mundo se desmoronaba. La frustración y la impotencia que sentía hacía unos segundos, se había evaporado con una rapidez asombrosa. Y es que por muy enfadado que estuviese, nunca había soportado ver a la chica llorar.
-Vale, vale, no te preocupes-Cedió, acercándose a ella para estrecharla entre sus brazos- Quizás tengas razón y es mejor que sigamos siendo amigos. Yo tampoco quiero hacerle daño.
-Lo sé.
El joven Black sonrió y lentamente se fue separando de la chica. Tiernamente y con una mirada que sólo reservaba para ella, Jacob la obligó a mirarle alzándole el mentón.
-Venga no te pongas así-Rogó, haciendo pucheritos. Nessie rio- Eso está mejor.
Tras limpiarse con la mano el rastro que habían dejado las lágrimas, la joven Dwyer volvió a mirarle pero esta vez con una amplia sonrisa en el rostro.
-Así me gusta-Sonrió, acariciándole la mejilla- Quiero que sepas, que pase lo que pase, sólo me gustas tú. Te quiero, Princesa.
El recuerdo de esa noche a unas manzanas de su casa, hizo recobrar ese nudo que había tenido durante meses en la garganta. Esa había sido la última vez que habían hablado sobre el tema y de eso ya hacía más de tres meses. Habían acordado ser sólo amigos pero aun así procuraba no quedarse nunca con él a solas. Temía que se hubiese cansado de esperar, que le pusiese un ultimátum…
"No, Jake nunca le haría eso"
Sabía lo importante que Bella era para ella y lo difícil que le resultaba esa situación. Quizás por eso siempre procuraba tratarla como a una más cuando estaban en público, aunque durante las escasas veces que se habían quedado a solas, no pudiese evitar mirarla de una forma especial.
"Jake…"
-¿Renesmee, me estás escuchando?-Preguntó Bella sacando a la morena de sus pensamientos-. No se puede criticar a alguien a gusto si tu mejor amiga no pone un poquito de su parte.
-Lo siento-Se disculpó la aludida, mirándola con una sonrisa de culpabilidad-. ¿Decías?
Bella bufó, pero no tardó en recuperar su buenhumor cuando volvió al lugar donde Edward descansaba tranquilamente.
-Míralo, ahí está- Señaló la castaña de forma despectiva-, tumbado sobre el césped sin importarle en absoluto que nos hayan castigado por su culpa. ¡¿Es qué no tiene conciencia?!
Nessie miró en la misma dirección que su amiga y comprobó que lo que ésta decía era cierto. A pocos metros de donde se encontraban ellas, el joven Cullen descansaba recostado sobre la hierba. Con los brazos tras la cabeza y las piernas abiertas, nadie adivinaría que cargaba sobre sus hombros un tedioso castigo impuesto por la Profesora Cooper.
-No lo sé-Sonrió, ante el rostro indignado de su amiga-, pero voy a averiguarlo.
-¡¿Qué?!-Exclamó Bella, tras unos segundos en los que no se vio capaz de reaccionar-. ¡Espera! ¡Puede ser contagioso!
Pero la joven Dwyer ya había echado a andar en dirección al chico ante la frustración de Isabella.
"Esta Renesmee" Se resignó, sin apartar la mirada de la pareja.
oOoOoOo
Aun cuando no estaba cerca podía oír la chillona voz de la castaña. Era como si la tuviese al lado, como si estuviera a unos metros…
"Espera"Se dijo reincorporándose ligeramente.
No, no eran imaginaciones suyas. Swan estaba a escasamente ocho metros de donde ahora mismo se encontraba.
"Y yo que pensaba descansar…" Bufó, dejándose caer pesadamente sobre la hierba.
Lo cierto es que no sabía cómo habían llegado a esa situación. Al recordar su primer encuentro en el aeropuerto y lo ocurrido en el taxi, debía admitir que parte de la culpa había sido suya. Pero es que le resultaba tan divertido hacerla rabiar… No lo demostraba, ni mucho menos, pero así era.
Con sus largas trenzas, sus rosadas mejillas y ese peto vaquero que utilizaba para estar por casa, era como hacer rabiar a una niña pequeña. Una niña que, por cierto, tenía las uñas muy afiladas.
"Pero he encontrado su punto débil"Se mofó, orgulloso de sí mismo.
Cada vez que recordaba cómo había descubierto la forma de dejarla sin palabras, no podía evitar echarse a reír.
La tarde en la que había llegado a casa de los Swan, cuando la más joven de ellos lo había dejado sólo en su nueva habitación, estuvo reflexionando sobre su encuentro. Después de admitir que la pobre chica tenía un motivo para no haberse llevado una muy buena impresión de él y que todavía no era tarde para arreglarlo, se peinó el pelo con la mano y bajó a cenar a la hora que ella le había dicho.
Cuando se acercó a la cocina y la vio poniendo la mesa con tanto esmero, una sensación agradable le recorrió todo el cuerpo y los remordimientos le asaltaron. Claro que esto último sólo le duró unos segundos.
Tan sólo observaba lo guapa que estás con el delantal. Y lo cierto era que no mentía. La verdad era que le había dicho eso con la única intención de halagarla y mejorar esa primera impresión tan poco favorable de su persona. Pero no contaba con que la chica se lo tomase tan mal y no dejase de lanzarle miradas fulminantes durante toda la cena. Cuando probó al día siguiente halagando sus trenzas y lo bien que le quedaban, la chica le hizo un gesto muy grosero con el dedo antes de abandonar sumamente sonrojada la sala de estar, insultándole por lo bajo.
En definitiva, después de varios intentos de mejorar las cosas y fracasos estrepitosos cada uno peor que el anterior, Edward había asumido que la base de su relación sería discutir. Después de todo era mucho más divertido meterse con ella que estar a buenas. Claro que en esto último tampoco tenía demasiada experiencia.
Sumergido en sus pensamientos, no se percató de que ya no estaba sólo hasta que el molesto susodicho se interpuso entre los rayos de sol que le estaban dando en la cara.
Irritado por la interrupción, abrió un ojo encontrándose con el sonriente rostro de la chica que siempre iba con Isabella.
-Hola- le saludó alegremente, señalando la hierba-. ¿Puedo sentarme?
El joven Cullen se encogió de hombros y la chica se sentó a su lado con cuidado de no arrugarse la falda del uniforme.
De reojo e intentando ser mucho más discreto que Swan, Edward recorrió a la chica con la mirada. Ya se había fijado en ella, y no sólo porque fuera amiga de Isabella. Renesmee, si era así como se llamaba, era una joven de diecisiete años realmente atractiva. Guapa y atractiva. Y eso que el uniforme dejaba bastante para la imaginación.
-Hace un buen día, ¿verdad?-Sonrió, mostrando una fila de blancos dientes-. Soy Renesmee Dwyer. Vamos a la misma clase.
-Lo sé-Afirmó, aun tumbado sobre la hierba y con los brazos detrás de la cabeza- Eres la amiga de la fierecilla esa, ¿no?
El joven Cullen le hizo un gestó con la cabeza y Nessie comprobó divertida que se refería a la misma chica que en esos instantes les observaba con los ojos entrecerrados.
-¿Bella? Sí –Afirmó-. Somos amigas desde la escuela primaria.
-Pues ya me dirás cuál es el truco para aguantarla.
Nessie rio y el chico no pudo evitar sentir simpatía por ella. Recuperando los buenos modales y ya con una agradable sonrisa en el rostro, Edward se reincorporó hasta quedar a su altura y le extendió la mano.
-Edward Cullen.
La joven Dwyer le miró unos segundos pensativa y finalmente se la estrechó. Tenían el presentimiento que se llevarían bien.
oOoOoOo
-Gracias por venir a visitarle en tu hora de comida- Sonrió Alice Brandon, guiándole por el pasillo que daba al salón de los Whitlock -. No tenías que haberte molestado.
Alice era una chica de estatura media, castaña y de vivarachos ojos marrones que observaban al joven Black con simpatía. Alegre y divertida, formaba parte del grupo de animadoras y era amiga de Bella y Nessie desde primaria.
-No es molestia- Aseguró el chico, respondiéndole con otra cálida sonrisa-. Además, me pareció extraño que ninguno de los dos hubiese ido a clase.
Alice asintió comprensiva y le hizo un gesto para que pasase al salón. Sentado en un cómodo sillón y con la pierna cuya rodilla estaba vendada sobre la silla, Jasper Whitlock le recibió con la misma mirada divertida de siempre.
-Vaya, así que no os habíais fugado a ninguna playa caribeña para tener un poco de intimidad…-Bromeó, estrechando la mano que el accidentado le extendía. Alice, sonrojada por el comentario de Jacob, fingió mirar las fotos que había sobre la repisa- ¿Qué te ha pasado, tío?
-Ya sabes, las labores de un buen novio-Contestó con fingida resignación- Que han intentado robarle el bolso a Alice y cuando he intentado quitárselo al ladrón, me ha dado con una barra de hierro en la rodilla.
-¿De verdad?-Inquirió Jacob con el entrecejo fruncido.
-¡Jasper!-Exclamó la chica, girándose para mirarle, enfadada-. Di que no Jake, que se ha caído por las escaleras. El muy idiota tenía las cordoneras desatadas y ha tropezado.
El joven Whitlock se encogió de hombros y sonrió inocentemente. Era un chico alto, no excesivamente atlético, de cabello rubio algo revolucionado y bonitos ojos azules que centellaban cada vez que decía una mentira. Los que lo conocían- como Alice- sabían que ese mal vicio que tenía de mentir no era con mala intención. A Jasper le encantaba exagerar las cosas para que todo resultase mucho atractivo de lo que era en realidad. Algo que exasperaba a la joven Brandon, pero que hacía de Jasper alguien muy especial.
-El doctor le ha dicho que tiene que estar en reposo unos días y no hacer esfuerzos- Explicó la chica, acercándole una silla al joven Black para que se sentase.
-Pero no te preocupes Jake, que estaré en el campo de juego el sábado-Aseguró Jasper, recordando el primer partido de la temporada que tendría lugar en dos días.
-¡De eso nada!-Se opuso la chica dándole una fuerte colleja en la cabeza-. ¡¿O acaso no sabes lo que significan los términos "reposo" y "nada de esfuerzos"?!
Alice bufó exasperada y abandonó el salón dejando a los dos chicos solos. Jasper, que aún se frotaba la cabeza adolorido, le guiñó un ojo con complicidad y negó.
-Estaré el sábado-Insistió.
Aunque como capitán Jacob estuvo a punto de acceder, por la amistad que tenía con Jasper y por su experiencia en lesiones durante los entrenamientos, el joven Black negó con la cabeza.
-Lo siento amigo, pero tu novia tiene razón. Lo mejor es que descanses para que te podamos tener cuanto antes en clase y, por supuesto, en el campo.
-¿Pero el partido es en dos días?-Le recordó, serio- ¡No vas a encontrar a nadie que me remplace en ese tiempo!
-No te preocupes- Sonrió, restándole importancia con la mano- Algo se me ocurrirá.
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-Joder,más que libros parece que almacenen polvo –Comentó Edward, dejando caer un pesado tomo de Historia sobre la mesa.
Una nube de polvo se apoderó de parte de la habitación haciendo a Bella toser.
-¿Por qué no me ayudas en vez de quejarte tanto?-Propuso, acentuándose ese tono casual- Te recuerdo que gracias a ti estamos castigados.
El joven Cullen, recostado sobre el viejo sillón de oficina, miró a Bella y frunció el entrecejo. Estaba dispuesto a replicar, pero si tenía que ser sincero, él tenía las mismas ganas que ella de salir de allí.
Llevaban ya más de dos horas en esa minúscula habitación contigua a la biblioteca del instituto. De paredes altas y llenas de estanterías, solo veías libros viejos por doquier. Según les había dicho la profesora, ahí se almacenaban los viejos volúmenes cuando traían los actualizados y hacía años que nadie limpiaba allí.
"Y eso no tiene que jurármelo" Pensó, sarcástico.
Así que resignado, dejó de lado el cómodo sillón, se acercó a la chica y siguió limpiando los volúmenes antes de colocarlos en su lugar.
Isabella, que de reojo había seguido los movimientos de Edward, siguió limpiando los estantes mucho más satisfecha. Si tenía suerte, quizás le diese tiempo de llegar al entrenamiento de las animadoras antes de que terminase y de paso también vería a Jake entrenar.
Mucho más animada y optimista, Bella abrió la escalera para limpiar los estantes superiores. La escalera era vieja y estaba un poco oxidada por lo que no le sorprendió que al subir los últimos peldaños, crujiese.
-¿Podrías cogerla para que no me caiga?-Pidió, tragándose su orgullo. Odiaba tener que pedirle algo.
Edward, quien parecía disfrutar de la situación, se apoyó en el estante y la miró cruzado de brazos, divertido.
-¿Y quién te ha dicho que no me gustaría ver cómo te caes?-Rio. Sí, estaba disfrutando de la situación-. Claro que si me lo pides por favor…
Bella rodó los ojos exasperada y subió con cuidado el último escalón. Prefería mil veces romperse una pierna a pedirle de nuevo algo a ese tipo.
Intentando no mirar para bajo ni recordar que estaba casi a dos metros sobre el suelo, Bella limpió el estante y ordenó los libros. Durante todo ese tiempo la escalera no había dejado de crujir y de moverse, por eso le sorprendió cuando, repentinamente, dejó de hacerlo.
Extrañada miró hacia abajo y comprobó sorprendida que Edward estaba sujetando el extremo de la escalera.
A regañadientes pero sabiendo que debía darle las gracias, Isabella abrió la boca dispuesta a hacerlo. Pero algo captó su atención. Exactamente la mirada de Edward.
Intentando disimular su curiosidad, la chica siguió el recorrido de la mirada de Edward y comprobó horrorizada que eso que él miraba con tanto interés no era otra cosa que…
-¡¿Se puede saber que estás mirando, imbécil?! –Gritó, cogiéndose la corta falda del uniforme.
Alterada y mucho más preocupada porque no se le vieran las braguitas que de su propia seguridad, la joven Swan perdió el equilibrio y calló de la escalera. Justamente encima de Edward.
-Torpe...- Musitó el chico, frotándose las partes adoloridas-. Ya podías haberte tirado al otro lado. Me has hecho polvo.
-¡No me he tirado! ¡Me he caído!-Corrigió Bella, reincorporándose rápidamente-. ¡Y ahora sí que te voy a hacer polvo!
Furiosa y deseando hacerle pagar la vergüenza que estaba pasando, se acercó a él con claras intenciones asesinas. Pero el chico, que era bastante más alto que ella y mucho más fuerte, la cogió de las muñecas y la acorraló contra la estantería.
-¡Suéltame! –Exigió, forcejeando.
-¿Para que hagas de mí un saco de boxeo?-Sonrió, sarcástico- No gracias.
-¡Eres idiota Cullen!-Exclamó, mirándole directamente a los ojos- ¡Un maldito arrogante, maleducado e idiota!
-Y tú tienes unas piernas muy bonitas.
La chica dejó de forcejear sorprendida y Edward sonrió acercándose a su oreja para después susurrarle:
-¿Qué pensabas? ¿Qué te estaba mirando las bragas?-Rio-. Ya las he visto en el tendedero y los corazoncitos y conejitos me atraen poco.
Avergonzada y muda de la impresión, se deshizo de las manos del chico antes de ir al otro extremo de la habitación después de darle un fuerte empujón.
Edward la observó seguir con el castigo un poco culpable. No esperaba que se tomase el comentario así. Pero entendió cuando la chica no le dirigió ni una mirada fulminante, que se había pasado de la raya.
"Idiota" Se insultó, pasándose una mano por su cabello.
oOoOoOo
-¡Eh, Bella!-La llamó Ángela Weber, agitando el brazo con energía.
La aludida, ignorando completamente al chico que iba tras ella, se acercó corriendo al grupo de chicas que observaban sentadas en un banco el final del entrenamiento del equipo de fútbol.
-¿Ya has terminado el castigo?
Ángela era una chica alta, esbelta, de cabello negro y poseedora de unos bonitos ojos marrones ocultos tras unas gafas. Integrante del grupo de animadoras, le encantaba la lectura y su género favorito era el de terror. Pero pese a la diferencia de gustos, Bella y ella eran muy buenas amigas.
-Si- Asintió, culpable-Siento no haber podido venir a entrenar.
-No te preocupes- Ángela sonrió, restándole importancia- Además, eres la que mejor lo lleva.
Bella sonrió por compromiso y siguió bromeando con el resto de chicas si saber que Edward la observaba a unos metros de distancia. Desde el incidente con la escalera la castaña no le dirigía la palabra, y no podía evitar sentirse molesto. No con ella, sino con él mismo. Una cosa era hacerla rabiar y otra muy distinta herir sus sentimientos. Debía de hacer algo. Aunque solo fuese para que volviese a fulminarle con la mirada otra vez.
-¡Eh, cuidado!
La advertencia de uno de los jugadores le sacó de sus pensamientos. Sorprendido, comprobó que el balón iba directamente hacia él y que, si no reaccionaba rápido, podría hacerle mucho daño.
Con las manos en los bolsillos de la chaqueta y haciendo uso de sus buenos reflejos, Edward golpeó el balón con fuerza metiéndolo en la portería después de hacer un juego de pies que sorprendió a todos los presentes.
-Increíble- Murmuró Ángela, que junto al resto de chicas no dejaba de aplaudir.
Y lo había sido. Incluso la mismísima Bella estaba sorprendida, si bien se negó a formar parte de esa muchedumbre que no tardó en rodear al francés para felicitarle.
-¡Chicos, creo que hemos encontrado al suplente de Jasper!-Anunció Jacob, palmeando la espalda de Edward.
-¿Eh? ¿Suplente?-Repitió Edward, deshaciéndose del brazo del capitán del equipo-. Ni en broma.
-¿Por qué no?-Preguntó Jacob, dispuesto a no dejarle escapar-. Se nota que eres bueno. Tienes que haber estado en algún equipo.
-No me interesan este tipo de cosas-Contestó, girándose para marcharse-. Hace años que no juego al fútbol.
Edward comenzó a caminar hacia la salida, pero Jacob se interpuso en su camino, insistente.
-Pero esto es como la bicicleta, nunca se olvida- Aseguró. Edward arqueó una ceja y Jacob suspiró- Bueno, al menos piénsalo.
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-Déjalo Bella-La detuvo su padre cuando la chica hizo el ademán de comenzar la mesa-, ya lo hago yo.
-No si…
Pero la cálida mirada de Charlie le bastó para no volver a insistir. Tras desearle buenas noches, los dos chicos salieron de la cocina y subieron la escalera que daba al segundo piso.
-¿Jugarás el sábado?-Preguntó Bella antes de que el chico entrase a su habitación-. Le has dicho a Jake que lo pensarías.
-Sólo era para que dejase de insistir-Admitió, sorprendido de que la chica le dirigiera la palabra-. ¿Por qué? ¿Te gustaría que jugase?
Bella apretó más la manivela de su puerta y suspiró. Si no fuese porque Jake le había pedido su ayuda, no le dirigiría la palabra después de la humillación que le había hecho pasar.
-Aunque sea temporalmente, ahora eres alumno de nuestro instituto y como les falta un jugador… -Se limitó a contestar-. Creo que les vendría bien tu ayuda.
-Está bien, jugaré –Accedió acercándose a ella- Pero tendrás que salir conmigo el domingo.
-¡¿Qué?!-Exclamó, girándose.
-Claro. Aún no he visto Phoenix y quién mejor que tú para enseñármela.
Bella abrió y cerró la boca varias veces con la intención de protestar, pero el recuerdo de las palabras de Jacob en su cabeza fue suficiente para acallarla.
-¡Cuento contigo Bella!-Le había dicho al despedirse-. ¡Tienes que convencerlo!
-¿Me estás chantajeando?
-"Chantajear" es una palabra muy fea-Edward hizo una mueca de desagrado que no tardó en transformarse en una sonrisa-, pero sí.
-¿Te he dicho alguna vez que eres odioso?-Contestó entre dientes, volviendo a recuperar las ganas de patearle el trasero.
El joven Cullen amplió su sonrisa y tras murmurar algo como "Que sueñes conmigo" y hacerle un gesto con la mano en señal de despedida, entró en su habitación cerrándole la puerta en las narices.
-¡Serás idiota!–Exclamó la chica, furiosa- ¡Claro que voy a soñar contigo! ¡Soñaré que te asfixio con la almohada!
Al otro lado de la puerta y sentado en el suelo, Edward sonreía mucho más animado. La pequeña fierecilla había vuelto y, aunque esa era otra de las cosas que no reconocería jamás, la había echado de menos.
"Será un domingo interesante"Pensó, divertido.
Continuará…
La verdad fue un poco decepcionante ver que no muchas personas comentaron el fic, pero me anima saber que al menos lo visitan y por eso les ofrezco una trato.
Si este capítulo tiene mínimo 5 reviews actualizaré dos veces a la semana, los días los diré en la siguiente actualización que será el jueves. La verdad esto es más por Yare, ella no puede ver la personas que visitan el fic y si desanima un poco.
En fin, espero que tengan un buen fin de semana.
¿Tenemos un trato?
