Hello, it's me. I was wondering if after all these years you'd like to met... (8) AJSDHJAHD, holis :3 ¿Cómo están? Espero que bien, eh. Gracias a las shavas que comentaron, leyeron y votaron el primer capítulo :v Me hace feliz que estén leyendo otra de mis obras no tan maestras, y que les guste. Aquí les dejo el segundo capítulo Espero que les guste :3

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Capítulo dos: recuerdos.

Dio un último brochazo a la pared de color marfil, y vio como resaltaban las molduras oscuras del techo y del piso. Eso le gustaba. Además, con las cortinas vino tinto quedarían mejor. No tenía malos gustos, y sabía cómo decorar, quizá se dedicaría a ello mientras espera que las aguas se calmen en América, aunque se había estado planteando muchas veces el hecho de no regresar.

Según sabe, Tony no ha hecho más que ayudar a Rhodey, cosa que le alegra, y está aprendiendo a caminar con un nuevo aparato, Visión se ha tomado unas vacaciones a Asgard. Clint está desaparecido, al igual que el resto del equipo, hasta Steve, pues T'Challa había informado que habían dejado su país hacía tres días. Solo esperaba que estuvieran bien, y no en la prisión en medio del océano.

Recordó la conversación que tuvo con él justo antes de darle las coordenadas del lugar.

"— ¿Qué harás después de esto? —la pregunta de Steve rompió el silencio que los embargaba, y con el que estaba empezando a incomodarse.

—No lo sé. Mantenerme segura —murmuró.

No se atrevió a mirar a Steve, porque no quería dejarle ver cuán roto había quedado todo. Ella había visto regímenes caer, era rusa, lo esperaba en cualquier momento, pero nunca vio venir el que su familia -porque así los consideraba- se rompiera de esa manera. Comenzaba a sentir la soledad, nuevamente. Sintió un apretón en su mano, y supo que era un "Lo siento" de parte del rubio a su lado. Eso no sería suficiente.

—Sabes que puedes venir con nosotros.

—Sí, lo sé. Pero, no creo que sea conveniente.

— ¿Por qué?

Levantó la mirada, y le vio a los ojos por primera vez en mucho rato.

—Hay demasiada separación como para hacer caso omiso de ella —le dijo, no con rabia ni tristeza, sino como un consejo de amigos—. Deja que las heridas sanen.

Le dio una palmada en el hombro, y se alejó hasta la rampa.

—Cap, cuando esté listo —anunció viendo hacia el agua"

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Natasha tomó su desayuno con demasiada desgana, su cuerpo estaba realmente agotado, y no era para menos. Había terminado de remodelar una casa en menos de un mes. Quizá si se daba el descanso que merecía estaría mejor, y lista para empezar como Natalia Shostakova, viuda de Alekséi Shostakov. Tenía un viejo conocido que le daría trabajo en su escuela de ballet, y eso sería suficiente para mantenerse durante el tiempo necesario.

También recordó que debía hacerle una visita a Ivan Petrovich, pero no lo consideró demasiado necesario. Ese hombre no era lo que decía ser, y había quedado demasiado claro que ella no le debía nada.

Sabía lo que conllevaba volver a Rusia, demasiados recuerdos, pero si había algo que no estaba en la internet era que había estado casada, porque ella se encargó de que nadie lo supiera.

El recuerdo de su boda llegó a su cabeza, y sintió cómo su corazón se hundía.

Se vio a si misma con una vestido de algodón y encaje tan blanco como la nieve que caía afuera de su habitación. El encaje le abrazaba con delicadeza los brazos y el cuello, sus piernas eran cubiertas por medias blancas y sus pies calzaban unos buenos tacones color marfil. El vestido le llegaba hasta las rodillas, y tenía un vuelo digno de una bailarina. Su cabello, un montón de rizos, caían en cascada por su espalda. Se sentía hermosa, y el hombre parado en la puerta se lo recordaba.

— ¿Lista? —Alekséi le ofreció una mano, con una sonrisa de lado a lado.

—Si —Natalia asintió.

Tomó la mano de Alekséi, y fueron hacia la salida de la casa, donde les esperaba un auto oscuro, para llevarlos a la notaría, donde se casarían.

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—Firme aquí y aquí —le indicó el hombre vestido de traje detrás del escritorio.

Natasha tomó la pluma de plata y plasmó su firma en el papel que le indicaba. Seguido de ella fue Alekési, y el hombre llamado Vladimir Petrov les anunció:

—Felicidades, señora Shostakova.

Natalia soltó un gritito de emoción y abrazó a su esposo.

—Te amo —le había dicho él antes de besarla.

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Alekséi era muy diferente a todos los hombres que había conocido cuando apenas tenía 18 años. La había amado tal cual era, sin importarle que tenía pesadillas, y que no podía tener hijos. Él siempre le había dicho que no importaba, que no estaba en sus planes mantenerla en una casa cuidando niños, sino que quería viajar por el mundo en su compañía, y dedicarle todos los amaneceres que vieran. Fue una lástima que él no pudo cumplir su promesa, pero aun así, ella conoció muchos amaneceres, y no todos se los dedicó a él.

Tomó los papeles que estaban sobre la mesa. Eran viejas cartas que ella le enviaba a su esposo cuando estaba en una misión para la KGB. Las echó al fuego de la chimenea, viéndolas arder como sus recuerdos. Sin esperarlo su cabeza se llenó de recuerdos de Steve. Era como si el pensar en Alekséi le diera un acceso directo a todos los momentos que pasó con el hombre de América, aunque en ese momento, ya dudaba de ese título.

Besaba su cuello, mientras su mano jugaba con el dobladillo de su camiseta negra. Respiraba entrecortadamente, intentando canalizar sus pensamientos, pero no podía cuando la mano de él tocaba su piel, y masajeaba su seno, mientras sus dedos comenzaban una aventura con sus pezones. Cerró los ojos, y dejó escapar un gemido. El calor de su cuerpo se concentraba en el sur, justo entre sus piernas. Enterró los dedos en el cabello de Steve cuando él le mordisqueó uno de sus botones por sobre la ropa. Sí que sabía dónde tocar, y qué hacer.

—Steve —jadeó—. Tenemos que... que irnos...

— ¿Quieres que me detenga? —soltó el soldado, apartando sus manos de dónde estaban.

Natasha se maldijo mil veces por haber dicho tal estupidez. Ella no quería que se detuviera. Negó con la cabeza, y lo atrajo para besarle con fuerza.

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— ¿Nat? —murmuró él.

Ella se removió más cerca de su cuerpo, y dejó que le abrazara por la cintura, como tenía de costumbre.

— ¿Hmm?

— ¿Esta noche de quedas? —preguntó, totalmente inseguro, mientras besaba la mejilla de ella.

—Ujú.

—No logro distinguir entre un sí, o un no, o un tal vez. —Se quejó cuál niño chiquito.

—Cállate, y déjame dormir. —Fue lo que dijo para que se quedara en silencio.

Steve le abrazó, y le plantó un beso en el cuello, sonriendo.

Esa noche fue su perdición. Desde ese día empezaron a sentir la necesidad de estar cerca el uno del otro, desde esa noche nada volvió a ser igual.

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Cuéntenme, ¿qué les pareció? :v

Está cortito, lo sé :c Pero, pronto serán más largos XD Lo prometo B)

Mariana Garcia: si, ella quedó a la deriva, y me re enojó eso :c Steve debió ser más razonable u.u

Potterheadeden934: Holesh, y bueno, aquí está el capítulo :3