Nota: Nada por aquí, solo disfruten el segundo capítulo.


El cuarto de Phoebe se caracterizaba por lucir siempre impecable, sus libros perfectamente alineados sobre sus repisas, sus zapatos y ropa lucía siempre ordenada y en su lugar, siempre ha sido así, pero esta tarde había algo diferente. Y es que en los últimos 20 minutos ese cuarto se había convertido en todo un desastre, blusas, jeans, tops, abrigos, faldas, suéteres, había mucha ropa tirada sobre su cama y todo porque no podía encontrar la única chamarra negra de piel que tenía. Quería encontrarla porque momentos antes, cuando fue a la guarida de Max para impresionar al muchacho rockero, rasgó accidentalmente su blusa y no quería ir a su cita con Oyster viéndose así, por lo que rápidamente buscó esa rebelde prenda para bajar e ir a comer pizza con él.

"¿Qué se cree que es? Ya verá que si podemos ser una pareja." Pensó la joven heroína mientras buscaba dentro de su closet.

Repasaba prenda por prenda en espera de encontrar esa chamarra. Y curiosamente, mientras revolvía todo lo de ahí, trataba de recordar cuándo fue la última vez que la usó, pero no podía enlazar sus ideas para ubicar el momento preciso. Debió haber sido hace varios años, pero aún así, era imposible que no estuviera ahí dentro, debía aparecer tarde o temprano.

Y luego de llevar un buen rato buscando desesperadamente entre tanto tiradero al fin encontró su chamarra, pero al tenerla entre sus manos, tan rápido con un trueno, esos fugaces recuerdos finalmente volvieron a su mente y pudo recordar cuándo usó esa prenda por última vez.

Fue tres años atrás, ella y Max tenían 12 años, aún vivían en Metroburgo. Tenían que representar una obra de teatro juntos; Vaselina. Y no era que a los gemelos fueran muy buenos para la actuación, sino que se debió a la poca participación de los estudiantes, así que había pocas opciones para los personajes. Max logró quedarse con el papel de Danny. Originalmente, a Sandy la iba a interpretar Christine, la chica que le gustaba a Max en ese entonces, pero por alguna extraña razón que nadie pudo explicar, ella tuvo un fuerte resfriado unos días antes de la función, por lo que su papel tuvo que ser interpretado por su suplente oficial, Phoebe. Todos esos momentos venían a su mente muy rápido, y eran tan vívidos como si la obra hubiera sido ayer. Casi podía recordar todo con lujo de detalles. No olvidaba su bonito vestuario de porrista, tampoco la ropa de chico malo que usó Max, mucho menos el hecho de haber pensado que Max se veía muy lindo en una de las escenas.

"¿Danny?" Le preguntó la chica, creyendo reconocer al muchacho.
"Ese es mi nombre no lo gastes" Respondió el muchacho arrogantemente.
"¿Qué te pasa?" Lo cuestionó ella, evidentemente confundida.
"¿Qué me pasa a mí, preciosa? ¿Qué te pasa a tí?" Le contestó de inmediato, queriendo cuidar su reputación frente a sus amigos.
"¿Qué pasó con el Danny que conocí en la playa?" Preguntó la chica, tratando de averiguar la verdad.
"Pues no lo sé nena, tal vez, tal vez seamos gemelos. ¿Por qué no lo reportas como persona extraviada? O consulta el directorio telefónico." Le sugirió él, burlándose de ella descaradamente.
"Eres un farsante y un presumido! ¡Ojalá jamás te hubiera conocido!" Gritó ella muy molesta mientras arrojaba los pompones y salía de ahí llorando.

Esa noche en la primaria de Metroburgo, Phoebe y Max participaron juntos en la obra, delante de su familia y la de los demás. Aunque claro, al ser hermanos tuvieron que hacer unos cambios en los actos donde los protagonistas tenían que besarse. Phoebe nunca se lo diría a nadie, pero esos fueron los actos que más le gustaron, y en los que más se sonrojó, pues jamás había estado tan cerca de su hermano. Al final de la obra, nunca se había sentido tan nerviosa en toda su vida porque al estar frente al escenario agradeciendo al público, ella y Max estaban tomados de la mano, y nunca olvidó lo bien que se sentía así. Phoebe tuvo la oportunidad de usar esa chamarra casi hasta el final de la obra, incluso le quedaba un poco grande en ese entonces. Cuando terminó la obra, los gemelos se llevaron muchos aplausos de parte de los presentes, aunque ningunos tan exagerados como los de Barb y Hank, que estaban sentados a la mitad de la sala, junto con los pequeños Billy y Nora.

Y estando ahí de pie, en medio de su cuarto, Phoebe no pudo evitar sonreír al recordar esos bonitos momentos que pasó al lado de su gemelo, cuando ambos se llevaban bien. Pero entonces, de sobresalto salió de sus pensamientos, y recordó la razón por la que había subido a su cuarto. Así que con mucha prisa se puso la chamarra, y se dirigió rápidamente a su cita con Oyster, dejando atrás todo ese desastre en su habitación. Cuando Phoebe llegó hasta las escaleras, vio que había alguien sentado en el sofá de la sala, y automáticamente supo quien estaba ahí.

"Max no importa lo que me digas, voy a salir con Oyster así que..." Exclamó Phoebe mientras bajaba los últimos escalones, y luego se acercó hasta el sofá. Pero cuando estuvo lo suficientemente cerca, se dio cuenta de que se había equivocado.
"Phoebe. ¿Todo en orden?" Dijo Oyster, volteando hacia atrás mientras se ponía de píe, al escuchar pasos acercándose.
"Ah... Oyster... pensé que eras Max..." Trató de explicar la chica.
"No, después de que Gideon y Angus se fueron yo bajé por mi guitarra y Max estaba ahí, creo que ya no está molesto porque me dijo que la pasáramos bien." Le respondió Oyster, sonriendo por lo que escuchó minutos antes.

Al escuchar eso, a Phoebe ni siquiera le pareció extraño que su hermano hubiera dicho algo amable, porque ella comprendió que Max dijo eso sarcásticamente, y no quiso decírselo a Oyster. Solamente bajó la mirada mientras pensaba: "claro... ya verás que sí".

"Emm... ¿Estás lista?" Le preguntó Oyster mientras tomaba su guitarra del sofá.
"Si, ya estoy lista." Dijo ella, luciendo un poco confundida por lo que acababa de pasar.
"Ok." Le respondió el muchacho, al mismo tiempo que le ofrecía su mano para caminar juntos.
"Gracias." Le dijo ella. Entonces tomó su mano y se dirigió con él a la puerta de la casa.

Después de eso, ambos se fueron caminando hacia el centro de Hidenville, directo al Palacio de la Pizza de Wong, que estaba a unas calles de ahí. Parecía ser un buen día, cielo despejado, las aves cantaban a lo lejos, había una fresca brisa a su alrededor, etc. Nada podía salir mal en su cita.

Durante el camino, Phoebe no podía dejar de pensar en lo que sucedió en su casa minutos atrás. "¿Cómo pude confundir a Oyster con Max?" pensaba ella, sorprendida de no haber podido distinguir entre ambos muchachos, siendo tan diferentes. El chico que caminaba junto a ella bien podría abrir una botella con sus dientes, pero si en algo era distinto a Max era que él si reconocía lo linda que se veía con su nuevo estilo.

Al caminar, de vez en cuando Phoebe volteaba con él y le sonreía, y sin siquiera esperarlo, se dio cuenta de algo que no había notado hasta ese momento. Oyster en realidad si tenía un cierto parecido con su hermano. Ambos usaban un peinado similar, los dos solían vestir con jeans y camisas de botones, ambos tocaban el mismo instrumento en su banda, e incluso los dos aparentaban ser chicos malos todo el tiempo, sobre todo Max.

Y aunque le gustaba caminar tomada de la mano de este chico, de pronto sintió algo extraño. Era verdad que Oyster le gustaba mucho, pero ni siquiera el hecho de ir caminando tomados de la mano, podía igualar los nervios que sentía cuando accidentalmente entraba en contacto con la mano de su gemelo. Le había pasado en varias ocasiones, incluso le sucedía aunque lo tocara por fracción de segundos. Y cada vez que le sucedía, su respiración solía acelerarse un poco, bajaba la mirada nerviosamente y comúnmente empezaba a sentir algo extraño en su estómago. Pero al sostener la mano de este chico, ella no sentía lo mismo que con Max, ni siquiera aquella sensación en el estómago...

"¿Por qué con él no siento mariposas? Espera, ¡¿siento mariposas con Max?!" se encontró pensando en eso, sin saber cómo responder a su propia pregunta. Pero en medio de sus pensamientos, de pronto escuchó una voz que la trajo de vuelta a la Tierra.

"¿Phoebe?" Preguntó Oyster, algo confundido.
"¿Si? ¿Emm... qué me decías?" Le respondió Phoebe, tratando de ponerse al tanto en la conversación.
"Que si te gusta la pizza de pepperoni." Preguntó él nuevamente.
"Ah si... si me gusta." Contestó Phoebe, en un intento por sonar normal nuevamente.
"Pareces un poco distraída." Comentó Oyster.
"No no es que...yo... perdona... por favor continúa." Contestó ella amablemente.
"Ok. Bueno como te decía, esa es mi pizza favorita y..." Continuó con su historia.

Pero sus palabras solo volavan por su mente sin ninguna dirección, pues al estar tan inmersa en sus pensamientos, Phoebe había estado algo ausente en la conversación que estaba teniendo con Oyster, en su camino a la pizzería. Por alguna razón no podía dejar de pensar en Max, apenas y podía seguir la conversación con su joven acompañante. Algo alcanzó a comprender acerca de Patty, su nueva guitarra, y el hecho de no poder sacar a su hermano de su cabeza, la mantuvo confundida todo el camino, desde su casa hasta la pizzería.

"Es increíble Phoebe, estás caminando con el chico más lindo ¿y estás pensando en Max?" Pensaba la joven heroína mientras ella y el chico se acercaban al restaurante.

Cuando finalmente llegaron al lugar, Oyster se apresuró y le abrió la puerta a Phoebe, dejando que ella entrara primero. En ese momento pensó, que tal acto de caballerosidad difícilmente hubiera podido hacerlo Max, y se rió internamente ante tan hábil comparación que había hecho sin mucho esfuerzo. Pero segundos después, la distraída chica se dio cuenta de que seguía pensando en su gemelo, y tan rápido como pudo, salió de sus conflictivos pensamientos para decir:

"Gracias." Le dijo Phoebe, visiblemente nerviosa.
"Por nada." Respondió Oyster mientras le sonreía.

Y finalmente, ambos entraron al Palacio de la Pizza de Wong, en donde tan peculiar dueña los recibiría muy amablemente, a su manera claro.

...