Capítulo 2
En una primera revisión, los médicos no consiguen encontrar nada anómalo en Regina. Es verdad que al ingresar en el hospital, la ex alcaldesa todavía está muy débil, presentando un cuadro leve de anemia y deshidratación. Sin embargo, después de una batería de exámenes y habiendo recibido el debido tratamiento, sería una cuestión de días para que Regina se encontrase plenamente reestablecida.
Al menos físicamente.
Infelizmente el golpe provocado por el enfrentamiento final con Cora parece ser mucho más profundo de lo que cortes y contusiones dejan ver.
Con el acuerdo de Archie, y ante la falta total de respuesta por parte de Regina, es difícil medir el verdadero alcance de los daños. Todo lo que saben es que parece haber entrado en shock. Y pasara lo que pasase en aquel campo fue suficiente para probar un total agotamiento en la mujer que todos conocen como Reina Malvada.
Impaciente, Emma pide plazos, previsiones. Ella tiene prisa por saber cuándo volverá Regina a la normalidad, cuánto tiempo necesita para recuperarse completamente. Quiere saber lo que puede hacer para ayudar. El hecho de que Archie no sea capaz de darle respuestas concretas acentúa su frustración y también el sentimiento de derrota que la embarga cada vez que la rubia se ve obligada a volver a casa y enfrentarse con los ojos suplicantes y llenos de esperanzas de su hijo.
Emma siempre fue buena en actuar. Esperar no es su punto fuerte.
La posibilidad de que tal recuperación no suceda ni es contemplada por la sheriff. Se trata de Regina a fin de cuentas.
De esa manera, Archie vela el estado de la ex alcaldesa con especial cuidado y atención, lo que por un instante hace pensar a Emma en la verdadera naturaleza de sus sentimientos y emociones. Pero es muy poco relevante en las actuales circunstancias y, en un breve lapsus de lucidez, Emma se recuerda a sí misma que, fuesen platónicos o verdaderos los sentimientos del psiquiatra por Regina, no era asunto suyo.
En el periodo en que Regina permanece internada en el hospital, Henry la visita todos los días.
Va siempre después de clase y se queda hasta la hora de cenar. Sentado en una silla cerca de la cama, Henry conversa con su madre, contándole detalles sobre su día, con especial cuidado de no mencionar nunca a sus abuelos-dejando ver un sentido de la diplomacia que obviamente no aprendió de Emma, una indicación clara de la educación recibida por Regina.
Otras veces Henry se pone a hacer la tarea de clase, haciendo preguntas sobre los temas de los que tiene dudas aunque sin garantía alguna de respuesta. Otros días aprovecha la distracción de las enfermeras para subirse en la cama y leer un libro echado al lado de su madre, de la misma manera en que ella lo hacía cuando él era demasiado pequeño para leer solo.
Cuando Henry está con Regina, Emma los deja solos, conformándose con observarlos a distancia. Con orgullo y cierta tristeza, Emma se da cuenta de la sonrisa que Henry intenta mantener en su rostro en cada una de sus visitas, aunque en casa, durante la cena, apenas revuelve la comida en el plato antes de pedir permiso para ir a su cuarto y acostarse temprano.
El comportamiento de Henry es algo que la familia no comprende completamente, con la única excepción de Emma. Ninguna de las partes habla abiertamente de la situación, aunque de vez en cuando Snow hace alusiones al tiempo que el niño pasa en el hospital, y el silenció de James en relación al tema evidencia claramente su total incomodidad.
Incluso siendo consciente de la preocupación de sus padres, Emma no tiene ninguna intención de justificarse o disculparse. Para la sheriff queda claro como la luz del día que para ojos de su hijo, la Reina Malvada finalmente consiguió redimirse. Y que las visitas a Regina son un derecho del pequeño, que ella nunca se atrevería a negarle.
En los meses que antecedieron a la muerte de Cora y algunos días después, Emma y Henry todavía estaban residiendo con sus padres en el pequeño apartamento que pertenecía a Mary Margaret. Pero después del incidente, y en especial después de la hospitalziación de Regina, Henry le pide a Emma que lo lleve de vuelta a casa.
Cuando Snow y James se muestran contrarios a su decisión, le toca a Emma calmar los ánimos de sus padres, explicando que es algo que tiene que hacer por Henry. Una forma de consolarlo en ese difícil momento, una forma que tiene el niño de sentirse más cerca de su madre, en ausencia de esta.
La mudanza, sin embargo, ofreció consuelo por poco tiempo.
Con el paso de las semanas, el comportamiento de Henry se va haciendo cada vez más difícil. La tristeza del pequeño se va poco a poco convirtiendo en frustración, su optimismo se va agotando y nada hasta entonces-en especial en los diez años en que no formó parte de su vida, o en el año en que sí-ha preparado a Emma para educar a un pre-adolescente en pleno proceso de rebeldía.
A media que las notas de Henry caen en picado y la proximidad, una vez compartida con Emma, se vuelve más un recuerdo distante, la sheriff se ve más y más angustiada y lamenta, más veces de las que es capaz de acordarse, la ausencia de Regina.
Lo más desconcertante es que, a pesar de su estado, físicamente Regina está ahí, al alcance de ambos
Henry continua visitándola todos los días, aunque ahora Emma no tiene ni idea de qué temas habla el pequeño, ya que Henry no comparte nada, fuera de lo absolutamente necesario, con su madre biológica.
En ese momento, hasta el intercambio más sencillo de unos "buenos días" se ha vuelto un artículo de lujo entre los dos.
Snow y James intentan ofrecer apoyo a su hija y nieto en ese difícil momento, pero la verdad es que el nivel de comprensión ante la actual situación es significativamente limitado debido a sus propios prejuicios contra Regina.
Snow, que todavía posee los recuerdos de una época en que la Reina solo era un joven-antes de que la maldad la hubiese corrompido definitivamente-al menos consigue distanciarse lo suficiente para intentar entender el comportamiento de Henry, pero James no es capaz de hacer lo mismo, hecho que se debe probablemente a que la única versión de Regina que él conoció fue la Reina Malvada, o la alcaldesa que intentó matar a su esposa e incriminar a su amante.
Fuera como fuera, Emma no puede realmente culparlos por mostrarse poco indulgentes con Henry, cuando este dirige su ira juvenil contra su "verdadera" madre-aunque el término por sí solo hace a Emma estremecerse debido a su inadecuación.
En un día particularmente desastroso, después de un discusión elevada que termina con Henry cerrando violentamente la puerta del cuarto y con Emma encontrando su cama vacía horas después, en vez de salir detrás del niño-que probablemente estaba enfriándose la mente en el castillo que ambos suelen frecuentar, hecho que parece quedar en un pasado ya distante-Emma acaba apareciendo en el hospital, horas después del horario de visita.
No sabe exactamente qué está haciendo ahí hasta el momento en que sus ojos azules se encuentran con la figura de Regina, los cabellos oscuros, ahora cayendo sobre sus hombros, el rostro pálido, sin maquillaje o cualquier contacto directo con la luz del sol, aunque todavía endiabladamente bello.
Regina no es capaz de ver a Emma junto a la puerta, su rostro está girado hacia la otra dirección, sus ojos fijos en algún punto indefinido más allá de la ventana del hospital, y por un instante Emma se pregunta qué pasa detrás de aquellos ojos en ese instante, si aún queda algo dentro de Regina que pueda salvarse.
Si es así, entonces ella debería ser capaz de salvarla, ¿no?
Al final, ¿no es ese el título que le fue conferido en ese estúpido libro?
La risa derrotada que escapó de los labios de Emma pudo claramente anunciar su presencia, pero no provocó ninguna reacción en Regina, lo que a esas alturas era una realidad dura, pero familiar.
Con pasos arrastrados, Emma empujó una silla hacia la cama, y se sentó delante del campo de visión de la ex alcaldesa, aunque de hecho no había ningún contacto visual.
«Regina, creo que sabes por qué estoy aquí» comenzó Emma con voz ronca que traicionaba su cansancio mental y físico «Solo existe una cosa en el mundo que realmente nos importa a las dos y eso es algo que nunca ha cambiado ni va a cambiar. Estoy hablado de Henry, está claro»
Emma cree difícil abrir su corazón, cosa en la que realmente nunca tuvo práctica, y aunque ahora Regina sea el oyente ideal, la sheriff encuentra algún consuelo en enfocar su atención en pequeños detalles mientras esa confesión en particular se le escapa como una bocanada de aire de alguien que está a punto de ahogarse.
«Sé que Henry viene a verte todos los días, así que estoy segura de que has visto cómo ha crecido en estos últimos meses. Pero tiene cosas que tal vez tú no hayas notado…Cosas que, como madre que eres también de él, necesito que sepas»
La voz de Emma vacila. Enrolla un hilo de lana de la manta de Regina en su dedo índice hasta que la circulación de la sangre se le detiene en ese punto. La incomodidad provocada por tal acción es, a esas alturas, una distracción bienvenida.
«Él no es el mismo» admite con tristeza Emma «Sé que Henry no era feliz cuando apareció ante mi puerta en Boston. Sé que los dos tuvisteis vuestras dificultades y que mi llegada no facilitó las cosas para ti, especialmente siendo yo el héroe en un caballo blanco y tú la villana del cuento. Literalmente hablando» Emma deja escapar una sonrisa burlona «Tal vez estés feliz en saber que las cosas ha cambiado desde entonces. Puedo garantizarte que Henry ya no me ve como "la salvadora". Todo lo contrario, creo que me tiene mucha rabia. Está desilusionado. Sé que en parte es porque ahora soy yo quien tiene que vigilar que haga la tarea, que coma verduras y cosas de ese tipo. Pero, por otro lado, creo que también tiene que ver con el hecho de que no haya podido salvarte a ti»
En un movimiento, Emma busca los ojos de Regina a la espera de una reacción, una centella, más que sea, un hilo de esperanza brotando en un terreno árido de descreimiento. Entonces Emma desvía la mirada rápidamente, y siente que la indiferencia de Regina es todavía más terrible que sus constantes recriminaciones.
«Lo que te quería decir es que está bastante enfadado estos días. Y aunque una parte se le puede achacar a las hormonas de la adolescencia-lo que en determinados momentos me hace querer intercambiarme por ti en un pestañeo-creo que toda esa rabia existe principalmente porque nuestro chico está percibiendo que no vive en un cuento de hadas. Que sencillamente algunos finales no son felices, incluso cuando uno hace todo lo que debería hacer»
Con la punta de la manga de la blusa que lleva debajo de su chaqueta de cuero, Emma enjuga torpemente las lágrimas que escapan de sus ojos sin su autorización.
«¿Te acuerdas de su sonrisa? ¿Cómo solía ser inmensa y capaz de iluminar un campo de futbol? Pues…yo casi no me acuerdo. Y creo que él tampoco»
Emma cierra los ojos un breve instante, está cabizbaja y su cabellera rubia le cae por el rostro como si fuera una cortina. Busca la mano de Regina con la suya.
Con sus largos dedos, Emma siente el calor de su mano y su pulso. Una señal de vida que es débilmente reconfortante.
«El doctor Whale dice que tienes un colapso nervioso agrandado por la exposición excesiva de tu cuerpo a altas dosis de magia tóxica o algo parecido. Archie dice que sufres un agotamiento emocional y que tu estado de catatonia es la única forma que encontraste para sobrevivir. Como si tu mente fuese un barco a punto de explotar y hubiese encontrado un puerto seguro. Por lo menos fue es el ejemplo que usó para explicarle la situación a Henry» hace una pausa y admite con un suspiro de auto desprecio «Y a mí»
«Regina, apenas puedo imaginar cuánto dolor estarías sintiendo para que algo tan radical te pareciera la única salida» la voz de Emma ganó un tono más grave, motivada por la emoción aferrada en su garganta «Lo siento mucho, de verdad. Nosotros nunca…yo nunca debería haberte dejado ir sola detrás de Cora. Solo más tarde me di cuenta de que sí, ella era un monstruo, pero antes que nada era tu madre. Y cómo…cuánto todo eso te costó»
Inspirando profundamente, Emma alzó el rostro, sus ojos ahora rojos buscando a Regina abiertamente y haciendo acopio de fuerzas para seguir adelante.
«Lo que quiero…lo que necesito decirte es que tú no eres como ella, Regina. Cometiste errores, sí, es verdad. Pero eso no hace de ti un monstruo. Te hace humana. Como todos nosotros»
Emma sonríe y se esfuerza para que su voz salga aunque parece que no le queden palabras
«Y, aun con todos los errores que cometiste, fuiste capaz de darle a Henry todo aquello que yo no pude porque era joven y estúpida y estaba ocupada también cometiendo mis propios errores. Le diste a Henry un hogar, una infancia normal. Le diste lo mejor que le podías dar. La relación entre ambos puede no ser perfecta, pero Henry creció con una madre y eso es más de lo que yo tuve en mi infancia. Es todo lo que yo deseé para él»
«Todo esto es para decirte que Henry está sufriendo, que siente la falta de su madre. Aun conmigo en la partida. Así que, por favor, consigue una manera de salir de ese estado de seguridad y vuelve con nosotros, porque nuestro hijo te necesita, ¿ok?»
Largos minutos pasaron, en un absoluto silencio sin que nada pasara. Con una mirada ansiosa, Emma espera por alguna señal de que su confesión hubiera surtido algún efecto, pero nada pasa. Echada en su cama, la mirada todavía fija en un punto distante, no hay ningún indicio de que Regina esté siquiera presente, a no ser, claro está, por su cuerpo.
Entonces un ruido en la puerta indica que amabas tiene compañía.
Con expresión avergonzada, llevando una chaqueta que le queda grande-que Emma deduce que es de James-y pantalones que de repente parecieron demasiado cortos-dejando a la vista un buen trozo de los calcetines-Henry le ofreció una sonrisa afligida, triste.
Un gesto de complicidad.
«¿Crees que escucha lo que le decimos?» pregunta él sin acercarse, una de sus manos explorando distraídamente los dientes del pestillo de la puerta.
«Archie dice que sí» es la respuesta que Emma tiene para ofrecerle, aunque está muy lejos que esta respuesta ofrezca el consuelo que Henry busca. El consuelo que necesita. Lo que hace que ella añada «Yo estoy segura»
«¿Cómo?» pregunta intrigado, frunciendo el ceño del mismo modo en que lo hace ella cuando sospecha de alguien
«Porque he estado hablando durante horas y estoy bastante segura de que en determinado momento tu madre levantó la ceja simplemente porque no aguanta oír mi voz» en el momento que las palabras salen de su boca, Emma divisa una sonrisa auténtica esbozarse en los labios de su hijo. Y es así como sabe que va por el camino correcto. «Estoy pensando, de hecho, en sugerirle a Archie que intente usar mi voz como tratamiento. El método de la tortura»
«No, no lo estás pensando» Henry se muestra incrédulo y la sonrisa no se revela por completo, pero tampoco desaparece
«Estoy hablando en serio, chico. Consigo hasta visualizarlo: tres días escuchando mi voz sin parar y a la primera oportunidad tu madre aparece en casa diciendo "Miss Swan, si tengo que oír su voz un segundo más…"» Emma se detuvo antes de acabar, con una imagen de repente nítida en sus ojos «¿Tú qué crees?»
Henry se mordió el labio inferior como alguien que esté considerando seriamente algo de fundamental importancia.
«Podríamos llamar a tu plan "Operación Papagayo"» sugiere él con expresión inocente y Emma consiguió más mal que bien contener el alivio en su pecho. Ese es su muchacho.
Al volver a fijar su atención en Regina, Emma se dio cuenta de que la morena tenía ahora los ojos cerrados, lo que no le impide decirle
«Bien, oíste cuál es el plan, Regina. Ahora realmente espero que te despiertes antes de mi próxima visita, si no, voy a estar obligada a resolver esto a la manera tradicional. Así que no me hagas que la próxima vez te dé un beso, ¿ok?»
Con una sonrisa cansada, Emma se levantó y caminó en dirección a la puerta con la intención de marcharse, pero antes de partir Henry fue hasta la madre y le depositó un rápido beso en su cabeza susurrando bajito.
«Buenas noches, mamá. Te veo mañana»
Entonces, él y Emma siguen hacia la salida, la sheriff pasa el brazo por el hombro de su hijo, mientras los dos caminan lado a lado, sin prisa.
Antes de que se alejaran completamente todavía es posible oír un ahogado pedido de disculpas seguido de un cariño torpe como respuesta. Después de eso, el sonido de sus pasos se hace cada vez más distante, quedando poco segundos después solo el silencio más absoluto.
Con los ojos todavía cerrados, Regina deja escapar un largo y desasosegante suspiro sin encontrar la voz, sin encontrar cualquier camino que la libere de esa prisión de arrepentimiento y recuerdos torturadores de un pasado sombrío que la avasalla.
La voz de Emma sirvió por unos instantes de guía.
Pero entonces, una vez más, vino la oscuridad.
