D.Gray-Man
Con la pureza de la nieve
Capítulo 2
Cuando Lenalee despertó esa mañana la tormenta de nieve ya había pasado y por la ventana podía verse a los hombres quitando nieve de las entradas y a los niños pequeños jugando con la nieve.
-Katrien…- murmuró al ver la dicha con la que las familias gozaban del producto de la tormenta, y recordando la horrible situación en que esa pequeña rubia se encontraba. Sintió un vacío en el estómago al recordar cómo el padre de la niña la había apartado de su lado y la mirada desesperada que la pequeña le dirigió. –Tengo que ir a buscarla.- decidió y fue por su ropa para vestirse. Al cabo de un rato ya estaba dejando una nota en la puerta de la habitación de Kanda y se disponía a salir en búsqueda de la niña. Se sentía mal de dejarlo solo cuando tenían una misión que cumplir… y sabía que Kanda se molestaría de que ella antepusiera una niña a su deber como exorcista, pero algo dentro de ella le decía que si no ayudaba a Katrien se arrepentiría de por vida.
Fue a preguntar a varias personas del pueblo si sabían algo sobre la pequeña vendedora de fósforos, pero la gente solo sabía decir que la habían visto alguna vez pero nunca la habían tomado en cuenta, ni siquiera habían considerado el comprarle un fósforo.
Aún más preocupada, la exorcista decidió ir a buscarla a su casa, probablemente estaría cerca de ahí. Así lo hizo y una calle antes de llegar a la choza pudo ver a Katrien sentada en una esquina abrazando una muñeca de porcelana. Suspirando aliviada, Lenalee caminó hacia la niña y se agachó al llegar donde ella.
-Katrien-chan…- la llamó, la pequeña salió de sus pensamientos y volteó a verla, al instante una sonrisa se formó en su infantil y sucio rostro. Lenalee pudo notar algunos moretes y golpes en su cara.
-¡Señorita Lenalee! ¡Hola! ¿Qué hace aquí? ¿Donde está el señor Kanda?-
-Kanda no está conmigo ahora, vine a verte por que quería saber cómo estabas.-
-Ah, estoy bien. Ady me está cuidando.- dijo levantando a su muñeca y acercándola a Lenalee. La muñeca llevaba un vestido verde oscuro sumamente sucio, y rizado cabello castaño oscuro. La cara de la muñeca estaba manchada y tenia varias raspaduras así como algunas grietas. Una verdadera lástima que una muñeca tan fina estuviera en un estado tan deplorable. -¿Verdad que es bonita? Mi abuela me la obsequió.-
-¿Y donde está tu abuela?- preguntó Lenalee con la esperanza de que el padre no fuera el único familiar de Katrien
-Se fue al cielo hace mucho igual que mi mami… por eso mi papá está triste y se enoja mucho.-
-Pero tú no tienes la culpa de nada, tu papá debería hacerse responsable de ti y no tratarte tan feo.-
-Mi papá me quiere… pero está enfermito.- sollozó Katrien abrazando más a su muñeca. Lenalee se sintió más molesta todavía con ese hombre.
-Iré a hablar con él y lo haré que entre en razón, sino ya veré que hago para que no estes con él.- decidió levantándose.
-¡No!- pidió Katrien poniéndose de pie y tomándola por la falda del vestido –Yo quiero mucho a mi papá, no me separen de él.-
-Pero si te ha pegado, tan sólo mira tu cara.-
-Es que se enojó por que no vendí nada ayer. Por favor, no le diga nada.-
-Katrien, lo que tu papá hace está mal y tú no tienes por qué pagar por ello.-
-Mi papá esta enfermo y no sabe lo que hace. Él me quiere mucho, por favor no me separe de él.- suplicó llorando –Es el único que me queda.-
-Katrien…-
-Lenalee.- la voz de Kanda se escuchó detrás de ellas, ambas voltearon y efectivamente el japonés caminaba hacia ellas no muy contento.
-Kanda… ¿Q-qué haces aquí?- balbuceó Lenalee al verse descubierta.
-Tenemos una misión que cumplir y yo no voy a perder mi tiempo.-
-¡Señor Kanda! ¡Hola!- saludó Katrien alegremente, Kanda la miró un tanto desconcertado por el "señor" y luego dirigió su vista a su compañera nuevamente.
-Así que buscaste a la niña de nuevo…-
-Perdóname, pero es que ayer…-
-Lo que a esta niña le pase no es asunto nuestro, venimos aquí por una razón mucho más importante.-
-Lo sé, pero no quise dejar las cosas así. Katrien es muy pequeña y su papá…-
-Por eso te dije que no es asunto nuestro.- interrumpió el exorcista sintiendose cada vez más frustrado por sus vanos intentos de hacer entender a Lenalee. –Si no hacemos esto sabes bien lo que podría pasar con toda la gente de este pueblo.-
La exorcista china pareció entonces comprender los motivos de Kanda para apresurarla. Era cierto… si no cumplían con la misión los akuma encontrarían la inocencia antes y la gente de ese pueblo, Katrien incluida, correrían un grave riesgo.
-Tienes razón… hay que continuar con la misión.- la chica miró a Katrien nuevamente y con algo de tristeza –Creo que será mejor que me vaya.- en esos instantes la puerta de la casa de Katrien se abrió y los gritos del papá llamándola se escucharon. Al ver a la niña el hombre se acercó dando zancadas.
-¡Katrien! ¡Te dije que te quedaras en la casa! ¡¿Qué haces aquí perdiendo…?! Oh, ustedes de nuevo.- se interrumpió al notar a ambos exorcistas -¿Qué quieren ahora?-
Lenalee hubiera respondido de manera diferente si no hubiera sentido la mirada de Kanda presionándola a irse y la mirada suplicante de Katrien.
-Nada, tan sólo pasabamos por aquí.-
-Pues no quiero que siquiera pasen cerca de mi hija. La gente metiche como ustedes no es bienvenida en mi propiedad.-
-Esta no es su propiedad.- renegó la exorcista cruzándose de brazos. En ese instante un sonido ya bastante conocido para ella los interrumpió. A unos metros de ellos una mujer se había transformado en un akuma, y seguidamente varios akuma más comenzaron a surgir. Kanda gruño y desenfundó a mugen mientra que el papá de Katrien gritaba horrorizado abrazando a su hija. Sin perder tiempo Lenalee imitó a Kanda y activó su inocencia: las botas oscuras. -¡Rápido! ¡Huyan de aquí!- ordenó a quienes ahora estaban detrás de ella. El hombre sin perder tiempo tomó a Katrien por la muñeca y salió corriendo hacia su casa.
Ambos exorcistas se dedicaron a pelear contra los akuma mientras que la gente en las cercanías huía asustada. Había decenas de akumas nivel uno y tres de nivel dos. Como la vez anterior, Kanda bloqueaba las balas y misiles de los akuma mientras se abría paso para partirlos de uno o varios cortes. Lenalee a su vez no paraba de moverse golpeando cuanto akuma o misil se atravesara en su camino. Estaban tan enfrascados en la batalla que no notaron que uno de los akuma nivel dos había desaparecido repentinamente sino hasta que escucharon un grito proveniente de la choza a unos metros.
-¡Katrien!- llamó la chica apresurandose hacia de donde provenían los gritos. Su compañero se quedó peleando contra los akuma que quedaban ahí.
Cuando Lenalee abrió la puerta de la casa lo primero que vio fue como la piel del padre de Katrien, quien la estaba protegiendo con su propio cuerpo, se llenaba de pentágonos y estrellas, clara señal de que una bala de akuma le había dado y se desvanecería en pocos segundos. -¡Katrien no respires eso!- gritó al tiempo que corría hacia ella y la apartaba de su padre cubriéndole la boca para que no respirara el humo causado por la explosión de su papá.
-¡Papá! ¡Papá!- lloró desesperadamente la niña abrazando su muñeca y viendo donde solía estar su progenitor. Lenalee la puso en el suelo y se preparó para combatir al akuma, pero éste tenía una especie de tentáculos que la golpearon y la lanzaron contra la pared. Katrien no dejaba de llorar y gritarle a su ahora difunto padre, y abrazaba cada vez con más fuerza a su muñeca.
El akuma se aproximó a Katrien rápidamente, y Lenalee apenas podía moverse… la niña no dejaba de llorar viendo horrorizada a la monstruosa criatura, el miedo la tenía inmovilizada…
En ese momento Kanda llegó corriendo lo más rápido que pudo, pero no podría alcanzar impedir que el akuma atacara a la rubia. Entonces los ojos de la muñeca de porcelana comenzaron a emitir un brillo azulado y su boca se abrió dejando salir una gran ventisca que impulsó al akuma contra la pared y lo congeló formando un tempano de hielo. El frío viento se arremolinó alrededor de ellos y se expandió con tanta fuerza que las paredes de la casa no pudieron resistir y fueron impulsadas hacia fuera. Lenalee y Kanda pudieron mantenerse en su sitio con mucho esfuerzo.
-Esa es la inocencia.- dijo Kanda mientras encajaba a Mugen en el suelo para sostenerse, Lenalee se sujetaba de una tubería que había resistido.
-¡Katrien! ¡Katrien, haz que se detenga!- gritó con todas sus fuerzas, pero la niña no dejaba de llorar y el viento parecía no dejarla oír. Así que haciendo uso del poder de las botas oscuras, Lenalee tomó impulso y saltó donde ella para abrazarla. –Calma Katrien, tranquilizate.- le pidió suavemente.
-¡Mi papá! ¡Mi papá!- lloraba ella -¡No quiero quedarme sola! ¡Quiero que vuelva!-
-Lo sé, pero debes de calmarte, nos pones en peligro a todos.-
-¡Quiero a mi papá! ¡Necesito que vuelva!-
-¡Katrien! ¡Cálmate!- pidió Lenalee desesperadamente.
-Es mejor que te calmes o las cosas se pondrán peor.- le dijo Kanda una vez que pudo abrirse paso y acercarse un poco más.
-Mi papá… mi papá está…- balbuceó viendo a Kanda al tiempo que ella y la tormenta se tranquilizaban. El japonés se agachó hasta poderla ver a los ojos.
-Tu padre no volverá.- le dijo, pero esta vez su voz no denotaba tanta frialdad como en otras ocasiones. Katrien dejó salir un par de silenciosas lágrimas, y soltó a su muñeca. La tormenta cesó y la niña se refugió en el regazo de Lenalee al tiempo que ella la abrazaba cálidamente.
