Magnus volvió al salón y se recostó en el sofá. Estaba cansado, harto de que siempre pasara lo mismo. No se reconocía a sí mismo. ¿Desde cuándo Magnus Bane tenía que suplicar para quedar con un chico? Siempre habían sido ellos los que suplicaban estar con Magnus. Nunca tuvo que ir detrás de ellos para que le hicieran caso. Pero con Alec todo era diferente, todo eran problemas. Debería dejarle, acabar su relación con él. Debería, si... pero no podía. No podía porque estaba perdidamente enamorado de él. No podía dejar de pensar en Alec. En su pelo, en su boca y ¡por Lilith!, en esos ojos que le hacían derretirse. Tal vez no debería haberle dicho que le amaba. No hasta que él hubiera aclarado sus ideas y hablado con sus padres. Pero eso era lo que sentía y Magnus Bane no es una persona que esconde sus sentimientos.
La pregunta que a Magnus le atormentaba era: ¿Alec también siente los mismo por mí? ¿Alec está enamorado de mí? Estaba claro que a Alec le gustaba Magnus (algo totalmente lógico), pero ¿amor? Porque por la persona que amas eres capaz de hacer cualquier cosa, de enfrentarte a cualquier situación, algo que Alec no era capaz de hacer. ¿Por qué era todo tan difícil? Lo único que Magnus quería era tener una relación normal con Alec. ¿Era mucho pedir?
Un ruido hizo que Magnus dejara sus pensamientos a un lado y se levantara. Cuando alzó la vista vio que Presidente Miau había vuelto y se acercaba a su amo. Magnus cogió al gato en brazos y lo acarició.
-Presi, ¿qué tal? ¿Has ligado mucho con Meg?- el gato puso una cara que Magnus interpretó como tristeza- ¿No? ¿No has tenido suerte? Pues ya somos dos. Parece que hoy no es nuestro día.
Presi maulló y chupó la mano de su amo. Magnus sonrió y lo dejó encima del sofá. Empezó a notar algo de frío y se dio cuenta de que seguía sin camiseta. Se la encontró tirada al lado de la mesa, toda arrugada. Cuando fue a ponérsela no pudo evitar sentir el olor de Alec en ella y, sin darse cuenta, las lágrimas empezaron a caer por sus mejillas.
En la calle, de camino al instituto, Alec empezó a notar el cambio de temperatura del loft de Magnus al de la calle. Mientras caminaba, no paraba de darle vueltas a lo que había dicho Magnus. "Te amo..." Alec nunca se imaginó que una persona podría decirle algo así y escucharlo de la boca de Magnus le sorprendió mucho. Que un hombre de 800 años, que había vivido tanto y conocido a tantas personas, se fijara en un Nefilim asustadizo, era algo asombroso y difícil de encontrar. ¿Y cómo se lo pagaba él? Huyendo, siendo un cobarde, incapaz de reconocer sus sentimientos. De reconocer que verdaderamente empezaba a sentir algo muy fuerte por Magnus, que se estaba enamorando del brujo.
Empezó a maldecirse a sí mismo por ser tan cobarde. Magnus no se merecía lo que le estaba haciendo. Era una de las mejores personas que había conocido. Sin contar a su familia, Magnus era la única persona que se preocupaba por Alec, por lo que él quería, por lo que le pasaba. Y Alec le estaba haciendo sufrir. Se odiaba por ello. Tenía que hacer algo para remediarlo o al final acabaría perdiendo a Magnus para siempre. Alec sabía perfectamente lo que tenía que hacer para no perderle. Pero la sola idea de pensar en contarle a su familia que era homosexual y que tenía pareja, le producía un pánico tremendo. Le daba miedo la reacción de sus padres, lo que le dirían o como le mirarían. No podría soportar alguna mirada de desprecio por parte de ellos, o alguna palabra.
De repente, Alec escuchó un ruido. Se paró de golpe y miró a su alrededor. Se había hecho de noche y la calle estaba vacía. Estaba tan concentrado en sus pensamientos que no se dio cuenta de hacia dónde iba. Se había perdido.
"Que bien, Alec" se dijo a sí mismo "Has alcanzado el nivel máximo de estupidez. Y yo que pensaba que ya no podrías superarlo... pero sí, lo has hecho. Estúpido"
Alec empezó a andar sobre sus pasos, pero no pudo avanzar mucho, ya que de entre los arbustos apareció un demonio que se abalanzó sobre él. Alec se agachó a tiempo y pudo esquivarlo, pero su hombro izquierdo resultó herido. No llevaba ninguna runa puesta. Aunque sí tenía la estela encima, no le daría tiempo a ponerse alguna. Lo único que pudo hacer fue sacar el cuchillo serafín que llevaba escondido en la bota e intentar defenderse. El demonio se volvió a abalanzar sobre él y esta vez el que cayó herido fue el demonio, que se desintegró nada más sentir el cuchillo de Alec dentro de su pecho. Antes de que Alec pudiera escapar, otro demonio apareció delante de él y lo tiró al suelo, con tan mala suerte que su cabeza cayó encima de una piedra puntiaguda. Lo último que vio antes de desmayarse, a parte del demonio abalanzándose sobre él, fue la cara de Magnus, sonriéndole dulcemente.
En el sueño, Alec estaba en un bosque repleto de arces, como los que había al lado del loft de Magnus. De repente, enfrente de él, apareció el brujo. Pero no estaba igual que siempre. Estaba serio, no parecía el mismo. Alec fue hacia él para abrazarle, pero este se apartó.
-¿Qué te pasa Magnus?
-No me amas, lo sé. No hace falta que finjas- dijo Magnus enfadado
-¿Qué?
-Lo he dado todo por ti, todo, y tú no me has dado ni un mísero "te quiero". Alec, está decidido, esto se acaba aquí. No quiero volver a verte.
El corazón de Alec se rompió nada más escuchar esas palabras y no pudo reprimir las lágrimas.
-¡No, Magnus! Por favor, no me dejes. Te necesito. Voy a cambiar, lo prometo, pero por favor, no me dejes.
-Lo siento- el brujo se dio la vuelta, dándole la espalda al Nefilim- Adiós Alexander- y empezó a caminar, alejándose de Alec.
-¡Magnus no te vayas! Por favor, vuelve. ¡Magnus!
Alec despertó de golpe. Su corazón estaba acelerado. Miró a su alrededor. Estaba en la enfermería del Instituto. Por la ventana vio que ya era de día. Se tocó la cara. Estaba mojada. Había estado llorando en sueños. Intentó levantarse, pero un fuerte pinchazo en la cabeza se lo impidió. Volvió a recostarse en la cama, intentando recordar lo que había pasado, sin éxito. De repente la puerta se abrió e Isabelle entró en la habitación.
-¡Alec!- al ver a su hermano despierto fue corriendo hacia él para abrazarle- ¡Por fin te despiertas!
-Ah, ah,... Isabelle cuidado, me haces daño...
Isabelle se separó de su hermano y le miró enfadada.
-Pues te aguantas. Te mereces eso y mucho más por el susto que nos hemos llevado todos por tu culpa. Si Jace no hubiera aparecido, ahora mismo estarías muerto.
Al escuchar esto, Alec recordó lo sucedido de golpe. Callejón, demonio, cuchillo serafín, otro demonio, fuerte dolor en la cabeza y oscuridad.
-¡¿Pero a quién se le ocurre ir a un lugar, que sabe que está repleto de demonios, sin ningún tipo de runa?!-siguió Isabelle- ¡¿En qué estabas pensando?!
-Lo siento Izzy... ¿Jace está bien?
Isabelle suspiró. Alec siempre preocupándose por los demás antes que por él mismo.
-Sí, tranquilo. Al contrario que tú, él si estaba equipado- Izzy se sentó al lado de su hermano- Sigo sin entender que hacías por aquella zona...
-Isabelle- la interrumpió Alec- Estoy cansado y me duele la cabeza. Ahora no tengo ganas de seguir escuchando tus reproches. Por favor déjame solo.
-Está bien, me iré. Pero cuando te recuperes pienso seguir con mi interrogatorio- Izzy se acercó a él y lo abrazó suavemente- me alegra que estés bien- Alec le devolvió el abrazo a su hermana y le besó en la mejilla.
Después de que Isabelle saliera de la habitación, Alec se recostó en la cama. Le dolía todo el cuerpo, sobretodo la parte del pecho, y él estaba seguro de que ese dolor no era por el demonio. La pesadilla que había tenido hace unos minutos seguía afectándole. ¿Y si Magnus le dejaba? No, no podría soportarlo. No podría soportar el mismo dolor que había sentido en la pesadilla todos los días. Era demasiado para él. ¿Y si hubiera muerto sin decirle a Magnus lo que verdaderamente sentía? ¿Sin enfrentarse a su familia? Nunca experimentaría la sensación de estar con su pareja en la calle sin el miedo a que alguien les viera. Nunca experimentaría la sensación de despertarse todas las mañanas al lado de su novio. Nunca podría sentir lo que todas las parejas sienten. Alec notó como las lágrimas empezaban a caer por sus mejillas.
No. No podía permitirse morir sin sentir todas esas cosas. No podía. Miró al techo y se secó las lágrimas con la mano. Ya estaba cansado de llorar, de lamentarse siempre por lo mismo. Siempre presumía de sus 18 años, de que era un adulto, pero en las situaciones difíciles se comportaba como un niño malcriado. Ya era hora de enfrentarse a su familia y de explicarles lo que verdaderamente sentía.
De repente, empezó a escuchar unos pasos que rápidamente se acercaban a la puerta. Poco después, esta se abrió y apareció la persona que menos esperaba ver en el instituto.
-¡Alec! ¡Por Lilith, estás bien!- Magnus se acercó rápidamente al Nefilim y le abrazó con fuerza.
Magnus estaba diferente, no parecía el Magnus de siempre. No estaba maquillado y no llevaba purpurina. Daba la sensación de que la ropa que llevaba se la había puesto al azar. Sus ojos estaban hinchados y rojos. Había estado llorando. Alec no sabía que decir. Nunca había visto a Magnus en ese estado. Él siempre estaba feliz, lleno de vitalidad. Parecía imposible que la persona que le estaba abrazando con tanta ansia fuera Magnus. Pero sí, era él. El brujo se separó un poco y puso sus manos en las mejillas de Alec.
-¡Alec, que susto me has dado! ¿Cómo se te ocurre hacer algo así? ¿Qué querías? ¿Qué te mataran?
-Yo... Magnus, lo siento. No me di cuenta de por donde caminaba. Estaba concentrado en mis problemas y... lo siento.
Magnus sonrió.
-Da igual Alec. Lo importante es que estás sano y salvo- Magnus acarició la mejilla de Alec con su pulgar- No sabes el miedo que he pasado. Cuando me enteré de lo que te había sucedido, no pude evitar pensar en que te había perdido para siempre, que ya no volvería a verte- la voz de Magnus se rompió- Alec si te perdiera, yo... no sé lo que haría. No sé qué sería de mí sin ti.
Magnus agachó la cabeza. No quería que Alec le viera llorar.
-Magnus- el Nefilim levantó la barbilla de su novio, obligándole a mirarle a los ojos- Lo siento mucho de vedad.
-Ya te he dicho que no hace falta que te disculp...
-No- le interrumpió Alec- Magnus, no me refiero a eso. Me refiero a que siento mucho lo que te he hecho. Lo que has tenido que aguantar todo este tiempo por culpa de mis inseguridades. Es que tenía miedo, Magnus. Tenía miedo de arriesgarme a la posibilidad de que las personas a las que más quiero me apartasen de su lado. No podría soportar el desprecio de mi familia. Y todo, por una relación que a lo mejor no iba a durar mucho... Pero, ¿sabes qué? Tampoco podría soportar una vida sin ti. Me he dado cuenta de lo mucho que significas para mí. Eres una de las personas más asombrosas que he conocido nunca, y sería un imbécil si te dejara escapar. Quiero estar contigo, Magnus. No sé cómo reaccionará mi familia, ni sé si vamos a durar mucho, pero estoy dispuesto a arriesgarme en esta relación. Porque... porque, Magnus te quiero. Te quiero muchísimo. Más de lo que podría haberme imaginado.
Magnus estaba en estado de shock. Todavía estaba asimilando todo lo que Alec le acababa de soltar. Su corazón pasó de estar completamente hundido, a rebosar de felicidad. No le salían las palabras. Lo único que pudo hacer para contestar a la declaración de Alec fue abalanzarse sobre él, tumbarle en la cama y besarle. Besarle hasta que los dos se quedaron sin aire y tuvieron que separarse unos milímetros.
-Alec no sabes lo feliz que me has hecho al decirme todo esto. Lo necesitaba, lo necesitaba de verdad.
Alec sonrió
-Yo también necesitaba quitarme este miedo de encima. Por ti, porque odio hacerte sufrir; pero principalmente por mí, porque no puedo seguir ocultándole a mis padres la verdad.
Magnus, que había estado encima de Alec, se acostó a su lado y Alec apoyó la cabeza en su pecho. Magnus lo rodeó con los brazos y le besó la frente.
-¿Sabes? Me alegra que ese demonio me atacara.
Magnus le miró extrañado.
-¿Por qué?
-Porque si no me hubiera atacado, no me hubiera dado cuenta de lo mucho que te quiero y de que no quiero perderte por nada del mundo.
-Pero por culpa de ese demonio has estado a punto de morir... ¿aún así te alegras de que te haya atacado?
Alec miró a Magnus y le dio un corto beso en los labios
-Aún así.
-Pues me alegro de que gracias a este "pequeño" accidente te hayas dado cuenta de que no puedes vivir sin mí. Algo bueno teníamos que sacar de todo esto ¿no? Aunque haya pasado las horas más duras de mi vida...
Alec se incorporó un poco y le preguntó preocupado
-¿Tan mal lo has pasado?
-Alec, pensaba que ibas a morir. Que ya no volvería a verte, ni a besarte, ni a estar contigo...
-Lo siento, Magnus. Lo siento mucho. No pensaba que...
-Alexander- interrumpió el brujo- Deja de disculparte por todo. Tú no tienes la culpa de que el Gran Brujo de Brooklyn acaparara toda tu mente. La culpa es mía por ser tan absolutamente atractivo.
Alec no pudo evitar reír. Magnus volvía a ser el de siempre. El hombre del que estaba completamente enamorado.
-También eres muy modesto, que no se te olvide.
El Nefilim besó a Magnus mientras se ponía encima de él.
-Te quiero, Gran Brujo de Brooklyn- dijo Alec dándole otro beso
Magnus rió.
-Y yo a ti, cazador de sombras sexy.
Y así se quedaron, entre risas; besándose, acariciándose y disfrutando el uno del otro. No sin antes haber atrancado la puerta con un hechizo para que nadie les molestara.
