Capítulo 1

LA ORACIÓN DEL ÁNGEL

Tomó un pergamino y lo colocó en la mesa mientras comenzaba a escribir una carta para Ron. No sabía como empezar, la verdad, aún pensaba que talvez lo que había ocurrido hacía unos días había sido producto de su imaginación o talvez de la insolación que sufrió, pero al escuchar a su tío Vernon diciendo que el chico con el que estaba era refinado y tenía buenos gustos, por no decir que tenía mucho dinero, era suficiente para que entrara en la realidad de que Malfoy había sido amable con él.

Se quedó en blanco pensando un poco, pero después de unos momentos de lucidez se decidió a escribir...

Ron:

Espero que al recibir mi carta te encuentres bien y que todos los que te acompañan también lo estén.

Aquí no hay novedad, ¿sabes? Los Dursley siguen tratándome como si fuera lo peor del mundo y las vacaciones son como una pesadilla. Dudley sigue igual de gordo y tía Petunia sigue tratándolo como si fuera un bebé, deberías de verlo, ya sólo le falta su "mamila" y su babero para que se lo crea, aunque lo baboso nunca se le va a quitar. Por cierto, lo del incidente de las cosas flotantes aún me tiene consternado, tal parece que todos en ésta casa piensan que yo tuve algo qué ver en esto, aunque me parece totalmente irracional ya que aún no manejamos la magia sin varita, pero no puedo hacer que me crean, ya sabes que la veracidad de los hechos nunca recae en mí. El mundo está en mi contra, los Dursley están en mi contra, hasta Malfoy lo está aunque eso ya lo sabíamos todos.

Hablando del "Rey de Roma", me lo encontré, ¿puedes creerlo? Mis tíos llevaron a Dudley a un parque de diversiones Muggle y me dejaron en el automóvil, como era de esperarse en ellos, y por desgracia éste Malfoy, que se perdió a causa de su chofer, se fue parando a un lado de mí. El incidente no pasó a mayores, porque, aunque no lo creas, él se comportó amable conmigo. ¿Será que el cerebro se le está evaporando debido a toda la cantidad de gel que se echa en el cabello?

Bueno, esas son cosas irrelevantes.

Salúdame a todos y diles que cuento los días para verlos y que me saquen de éste infierno. Si le mandas una carta a Mione le dices las "buenas nuevas" sobre los incidentes pasados.

Nos veremos pronto.

Saludos de tu amigo: Harry Potter.

Releyó lo escrito y sonrió, ya imaginaba la expresión de su mejor amigo cuando se enterara que Malfoy había sido amable con él. Si hasta él mismo seguía renuente a aceptarlo, le parecía tan extraño.

Dejó escapar un suspiro y guardó sus pergaminos mientras ataba la carta en una de las patas de Hedwig y le decía que era para Ron. Miró hacia fuera y pudo observar cómo su lechuza se perdía en el horizonte. Sabía que en cuanto los Weasley fueran por él sería libre y no les tendría qué ver la cara a los Dursley por un buen tiempo, talvez para siempre después de que él fuera mayor de edad. Podría decidir por sí mismo, disfrutar de la vida y también podría ser completamente libre.

Un pensamiento doloroso hizo que se le encogiera el corazón. Sabía muy en el fondo que se equivocaba, él no podría ser libre hasta que Voldemort no saliera completamente de su vida, algo que estaba muy lejos de poder realizarse, no después de la muerte de Albus Dumbledore. Dolía, saber que a aquel al que consideró como un miembro de su familia se hubiese ido de su lado, al igual que Sirius. Entonces su corazón dolió ante el pensamiento de que algún día él se quedaría completamente solo. Noche tras noche, después de semejante pérdida se despertaba bañado en sudor, gritando y llorando, suplicando, pero nadie estaba ahí para calmar su dolor, para calmar el sufrimiento que cada vez se iba acrecentando en su alma, su corazón, y ahora Dumbledore también le había abandonado, le había dejado como Sirius, solo, solo para enfrentar a aquel que era el causante de todo su sufrimiento. Y todo por culpa de...

Malfoy, sí, sabía que él había sido uno de los mortífagos que habían atacado al director de Hogwarts...

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Había descubierto hacía tiempo que el mirar el techo de su habitación y el estar acostado todo el día no era muy "gratificante", así que se permitió por unos segundos colarse por la casa para salir un rato, aunque también había descubierto, para su gran desgracia, que el salir no era muy seguro, no después de todas las cosas que siempre le sucedían en el mundo Muggle. Sabía muy en el fondo que lo vigilaban, pero después de lo acontecido en años anteriores no le importó, al cabo que no creía a Voldemort tan estúpido como para ir a matarle. Y por cierto, hacía tiempo que no estaba al tanto de los movimientos del mago que había asesinado a sus padres y también intentó matarle a él.

Salió de la casa, cosa que para los Dursley había pasado desapercibida, o sólo no le dieron importancia, pero agradecía por ello mientras caminaba con sigilo por la larga calle. Realmente no le apetecía caminar, pero al hacerlo se despejaba un poco, su mente se refrescaba, sus pensamientos se organizaban. Cuando acordó había llegado al parque y en vez de cruzar la barda, que por cierto estaba rota, se decidió a sentarse en el duro piso.

Dejó escapar un suspiro, no supo si fue de cansancio, resignación o desilusión. Había llevado parte de su vida una carga a cuesta, sin saber quién era, tratado como un ser inmundo, humillado y pisoteado, cuando alguien llegó y le dijo que había un lugar al que realmente pertenecía, y le creyó estúpidamente, pero todo ése mundo idealista que había creído encontrar se volvió en su contra, mostrándole la crueldad de la magia. Muerte, desolación, tristeza, todo eso se resumía en un nombre, un nombre que quería olvidar y enterrar, lejos, lejos de su corazón.

Olvidar para siempre, eso era lo que quería.

Miró hacia ambos lados, sintiéndose de repente observado. El miedo se apoderó de él sin querer, pues sentía la mirada de alguien posarse en su nuca, entonces, como con un movimiento mecánico se levantó de ahí y con paso inseguro se dirigió a casa de los Dursley. Sabía de antemano que no podía enfrentarse a lo que lo estuviera observando, ya que una vez casi lo expulsan de Hogwarts y le rompen la varita por tratar de defenderse. Se estuvo alejando con nerviosismo de ahí, pero la curiosidad le ganó y volteó hacia atrás, encontrándose con algo que jamás pensó ver...

-Hola... -la suave voz de un niño le tomó por sorpresa.

-Ho-hola... -sonrió algo nervioso.

-La noche está muy bonita, ¿verdad? -sus enormes ojos le miraron con ternura, mientras sostenía algo en sus manos-, parece como si pudieras tomar una estrella y colocarla en tus manos. Pide un deseo -dijo mostrando algo en su mano.

-¿Qué es eso? -señaló el bultito entre los brazos del niño que parecía tener cuando mucho unos 5 años.

-Pide un deseo -sonrió, ignorando sus palabras-, el deseo que nazca de tu corazón, eso te cumplirá.

-¿El qué...? -le miró algo descolocado, el niño seguía sonriendo, mostrándole una piedra rosácea transparente que tenía en el centro unas ramificaciones que formaban un símbolo.

-¿Qué es lo que más deseas?

-Yo... -bajó la cabeza, ocultando entre mechones azabaches sus ojos-...

Sabía que en lo más profundo de su corazón deseaba que sus padres siguieran vivos, al igual que Sirius y Dumbledore. Deseaba tener un lugar al cual llamar hogar y también quería ser feliz.

-¿Y no eres feliz? -la voz del niño lo tomó por sorpresa.

-¿Eh? -no alcanzó a reaccionar a tiempo, parecía como si el pequeño le hubiera leído el pensamiento.

-¿No eres feliz siendo como eres? Tienes poder, tienes grandeza, eres inmortal...

-Yo no soy inmortal -le sonrió con cariño-, soy como cualquier otra persona y otro ser en el mundo.

-Cuando mueras, aún cuando lo hagas, todos te recordarán, para siempre...

-¿Así que eso es la inmortalidad para ti?

-Pero yo... -se agachó y tocó con sus dedos la baranda del parque-... yo ya he muerto porque nadie me recuerda.

-No digas eso... -se agachó con él y le sonrió con ternura, pasando por las ranuras del barandal su mano, acariciando lentamente su rostro lleno de lágrimas-... yo te prometo que siempre te recordaré, estarás vivo, mientras yo viva.

-Entonces será para siempre... -sonrió al momento en que colocaba en sus manos la piedra-... para siempre... -su voz comenzó a sonar lejana-... para siempre...

Se despertó algo inquieto, buscando con ansias sus lentes, colocándoselos para constatarse de que se encontraba en su habitación. Lo estaba, estaba ahí, completamente sano y salvo, mirando de reojo todas las cosas, indagando si lo que había visto era un sueño. Sí, eso parecía, había sido sólo un extraño sueño, pero por lo menos ése día no había tenido una pesadilla.

Se quedó parte de la mañana esperando ver a Hedwig regresar con la respuesta de su carta, cosa que nunca sucedió. Almenos tenía la certeza de que en ésta ocasión no había nadie vigilándole, bueno, que él supiera, aún cuando la Orden del Fénix siguiera operando y buscando a Voldemort, quien seguía suelto, andando por algún lugar.

Gracias a la Oclumancia, que para su total y absoluta desgracia, había tenido qué aprender con su "maestro favorito" y que con mucho esfuerzo y poca dedicación había aprendido a controlar, dejó de tener algo de contacto con Voldemort, alejándole de sus sueños, pero no por eso había dejado de tener pesadillas. Unas veces soñaba que estaba en una guerra Muggle, en donde cazaban dragones.

-Draco... Malfoy... -dijo sin pensarlo y abrió los ojos totalmente espantado, pues ésa no había sido su voz.

La cicatriz comenzó a dolerle y se llevó la mano derecha hacia la frente, mientras hacía el vano intento de detener aquella punzada de ardor que nunca podría olvidar.

Dejó escapar un suspiro y pudo vislumbrar a lo lejos a su lechuza, que se paró justo a tiempo sobre el escritorio, extendiendo su pata, en donde un pergamino le esperaba. Lo desató y le dio unas palmaditas a ésta, antes de que se metiera en su jaula y comenzara a dormitar. Abrió la carta y pudo ver que la escritura tan descuidada no podía ser nada más y nada menos que de su mejor amigo. Ansioso la repasó de arriba abajo, sonriendo.

Harry:

Amigo, que me has tomado de sorpresa. La verdad que no me la creo que el hurón haya sido amable contigo, a lo mejor y sólo lo hizo para engañarnos o para poner en práctica alguna maniobra para quien-tú-sabes, pero me da gusto que almenos no te "aburriste".

Mi mamá está como desesperada, Fred y George no paran de hacer "experimentos" con los duendes del jardín y la tienen desesperada, como era de esperarse. Ya hasta los mandó a su habitación sin cenar, pero a mí qué se me hace que ellos dos tienen algo de comida y cerveza de mantequilla escondidos en algún lugar de su habitación, ya que no dijeron ni pío cuando ella los castigó. A mí en lo personal no me ha ido ni mal ni bien con ella, pero almenos no me ha regañado, llevo todo un récord. Ginny parece algo inquieta, pero no nos dice qué es lo que le pasa, al parecer no ha dormido muy bien.

Oh, lo olvidaba. Dice mi papá que qué bueno que me hayas informado sobre lo de los "acontecimientos" en tu casa, ya que en el Ministerio de Magia no han detectado el uso indebido de ésta, y da gracias a Merlín, pero eso lo ha preocupado. Piensa que talvez haya algo que les impida ver lo que sucede ahí, así que han resuelto los de la Orden que te sacarán de ahí pronto. ¿Cuándo? Pues no tengo ni la menor idea.

Por Hermione, pues verás, está enojada conmigo, pero eso ya es otra historia, te cuento cuando nos veamos, ya que mi padre dijo que no deberíamos de cartearnos en momentos tan difíciles, ya que lo que está pasando en tu casa es asunto delicado y puede ser usado por quien-tú-sabes.

Eso es todo. Cuídate.

Se sintió algo decepcionado al saber que no podría cartearse con Ron, ya que aún faltaban tres semanas para el regreso a clases y eso lo ponía de mal humor, aunque antes se había planteado si quería volver al colegio. Sabía que tenía el Quidditch y también a sus amigos, pero ya no era lo mismo, sabía que el estar en ése lugar lo deprimía tanto, hasta el punto de tenerlo taciturno todo el día.

Miró la calle que estaba llena de vecinos que lavaban sus automóviles último modelo y cuidaban sus hermosos jardines. Suspiró algo desalentado, esperando e implorando que algo bueno pasara.

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Pasaron cuando mucho unas 4 horas, comió una ensalada asquerosa que estuvo a punto de vomitar y se paseó por su habitación sintiéndose totalmente desesperado y aburrido, hasta que vio a un águila posarse sobre su escritorio, la cual extendió su pata en un gesto arrogante y elegante, esperando a que Harry saliera de su ensimismamiento y desatara el pergamino que traía. Éste se acercó y tomó el extraño papel. El ave emprendió el vuelo, no esperando nada más.

Se sentó en su cama y tras mirar lo que tenía en las manos lo abrió, cayendo en su asombro cuando se dio cuenta de que no tenía nada escrito. Suspiró con enfado, ¿quién se creía tan gracioso para mandar algo semejante?

De repente unas palabras comenzaron a formarse en el papel amarillento:

"Adivina quién soy".

Si era una broma de Ron no le parecía en lo absoluto gracioso, pero tomando una pluma y tinta escribió:

"No es gracioso Ron".

"¿Tan mal estoy? Me estás insultando".

Definitivamente no era su mejor amigo. Se quedó pensativo por unos instantes y dudoso escribió:

"¿Hermione?".

"Deseas morir, ¿no es así?".

Entrecerró los ojos, intentando pensar en alguien que tuviera las suficientes agallas como para hacerle algo así, pero no lo logró.

"¿Puedes darme una pista?" escribió, esperando una respuesta.

"¿Qué quieres saber?".

"¿Quién eres?".

"Así no funciona éste juego, Potter, intenta otra vez".

"¿Te conozco?".

"¿Parece que alguien a quien no conoces te mandaría algo así?".

"Puede ser, uno nunca sabe".

"Eres un tonto Gryffindor, era de suponerse".

"¿De qué casa eres?".

"¿Piensas que estoy en Hogwarts?" ésa pregunta lo hizo detenerse a pensar. Sí, ésa persona estaba en Hogwarts.

"Estoy seguro".

"50 puntos para Gryffindor" no estaba seguro del porqué, pero ésas palabras le sonaban a sarcasmo.

"¿Eres Slytherin?" lo soltó, estaba seguro de que era ése rubio petulante.

"20 puntos para Gryffindor".

"¿Eres Malfoy?".

"No, soy Zabini" esto lo sorprendió, ¿por qué alguien como él le escribiría? Eso le sonaba a trampa.

"¿Por qué me escribes?".

"Estoy probando el nuevo juguete de Draco" de repente las palabras desaparecieron, mostrándole otras con una caligrafía impecable.

"Parece ser que funciona, así que si te molestamos... Sólo buscábamos un conejillo de indias, como dicen los Muggles".

"¿Y por qué yo?" Se indignó.

"Porque supuse que no tendrías nada mejor qué hacer".

"Pues... estabas equivocado" frunció el entrecejo.

"¿Ah, sí? Entonces me dirás que hacías algo provechoso".

"Así es..."

"Bueno, discúlpeme si he molestado e interrumpido a San Potter, entonces continúe con su observación al techo de su habitación", y las palabras se cortaron.

"¿Malfoy?" pero ya nada apareció.

Se quedó algo pasmado mientras miraba el pergamino en sus manos que ya no tenía nada escrito. Parecía como si las palabras de repente hubiesen sido borradas por algo o alguien. Suspiró algo sorprendido, realmente aún pensaba que se estaba volviendo loco, Malfoy siendo amable con él. "Pero realmente no está siendo amable", una vocecilla en su cabeza le distrajo, reconociéndola como su conciencia. Era verdad, el rubio nunca había sido amable con él, ¿por qué ahora cambiaría?

"Es una trampa", nuevamente su conciencia habló.

Dejó su pluma y miró el pergamino algo indeciso de quemarle, después sonrió algo divertido, al parecer ésas vacaciones no se aburriría de muerte.

Bostezó ruidosamente mientras se estiraba en la cama y abría lentamente los ojos. Observó el cielo por la ventana de su habitación, constatándose de que nuevamente se le había hecho algo tarde. Con la intención de levantarse tomó sus gafas y se las colocó, pero cuando se iba a incorporar una extraña luz le distrajo. Volteó hacia su lado izquierdo, viendo con asombro que el pergamino que le había mandado Malfoy emitía destellos, mientras la letra que antes era un poco desconocida para Harry aparecía lentamente:

"Buenas tardes, ¿ya te has levantado o es que te pillé durmiendo a éstas horas?" leyó lo escrito con algo de enfado. Cómo odiaba a ése engreído.

"Ya estaba despierto, y por si no te habías dado cuenta todavía es de día" pero un día de estos le haría pagar todas las que le había hecho a él y a sus amigos.

"¿De verdad?" sabía que el sarcasmo estaba impregnado en las letras, lo conocía lo suficiente como para afirmarlo "Pensé que ya era tarde, como siempre madrugo".

"No me digas." ahora era su turno para mostrarse como el rubio "¿Y qué haces después: Practicar maldiciones imperdonables?".

"Si estuvieras en mi lugar no te burlarías, estúpido".

"Pues no tienes derecho a juzgarme, como dicen: Como vives, juzgas".

"Ahora resulta, Harry Potter es todo un Slytherin, aunque como escuché de mi señor: El sombrero seleccionador te iba a mandar a nuestra casa. Pero eres un mestizo, no tendrías derecho a entrar con nosotros...".

"No me digas, ¿y no querías tú que fuéramos amigos?".

"Pensé que sería una buena idea, ahora me asqueó por ello".

"¿Acaso perseguías mi fama?" cerró los ojos con cansancio.

"Por si no te habías dado cuenta, que por lo visto no ya que no eres para nada un buen observador, yo tengo fama de sobra".

"Oh sí, el PLAYBOY de Hogwarts me dirige la palabra. ¡Qué emoción!".

"De verdad eres todo un Slytherin cuando te lo propones" de repente vio cómo las palabras parecían tener un trazo muy grueso y fuerte, parecía como si Malfoy estuviera enfadado.

"No me siento orgulloso por ello".

"Y qué bueno, ya que sería espantoso que un Gryffindor estuviera con nosotros".

"¿Para qué demonios me escribes entonces? ¿Piensas entregarme a tu 'señor'?".

"No soy un Mortífago".

"¿Ah no?, y yo estoy enamorado de Snape" bufó por lo bajo.

"Eso no lo sabía... Menudos gustos tienes, el jefe de la casa de los Slytherins, tu 'maestro favorito' y mi padrino".

"Sería peor si dijera que estoy enamorado de ti".

"Ni que lo digas, estarías enamorado del chico más codiciado de Hogwarts, el chico más envidiado del mundo mágico, con dinero, bien parecido, perfecto".

"Uy sí..." no sabía porqué, pero tenía ganas de golpear y escupir al rubio "... y el más cobarde, montonero y hablador, el cuál se esconde detrás de los dos gorilas que tiene como 'guardaespaldas'. La gente que piensa que eres tan 'maravilloso' debió de haber estado cuando fuimos al Bosque Prohibido, saliste huyendo como una gallina, como la gallina que eres".

"¡Maldito desgraciado!" las palabras parecían deformadas, la caligrafía tan hermosa había desaparecido para mostrarle rayones rápidos y con un trazo increíblemente grueso en ocasiones y delgado en otras "Realmente no me conoces lo suficiente como para..." pero Harry cortó sus palabras y no lo dejó terminar cuando comenzó a escribir otras cosas.

"No lo necesito, ya sé cómo eres, te lo dije anteriormente y lo seguiré diciendo: Eres un estúpido cobarde, hijo de un Mortífago que está en Azkaban, un hablador petulante que se pavonea de aquí para allá diciendo cosas que ni al caso, amenazando a gente más pequeña que él, haciéndole la vida imposible a personas que no le han hecho nada. ¿Crees que eres mejor que yo? No lo creo, no me compares contigo, ya que vas a terminar sintiéndote pequeño. Tú no te has enfrentado a las cosas que yo he vivido, no has perdido a tus padres, no has sido abusado por una familia que no te quiere, nunca te has sentido terriblemente solo y usado, tú no..." sus manos comenzaron a temblar, al momento en que dejaba de escribir y sentía que las lágrimas querían fluir de sus ojos, estaba tan enfadado.

Cerró los ojos y vio que ya nada había aparecido después de lo que puso en el papel. Estaba seguro que Malfoy estaba hecho una furia, pero no le importó, ya nada importaba. Con algo de torpeza se levantó y se dirigió al baño para darse una rápida ducha y mientras abría el grifo del agua caliente y se desnudaba una punzada de remordimiento invadió su pecho. Había sido muy cruel con él, después de todo no le conocía lo suficiente como para afirmar sus palabras, pero es que él tampoco se medía con lo que decía y hacía. Se llevó una mano a la boca y de repente sintió un vacío que últimamente experimentaba a menudo, un vacío que había intentado llenar con cualquier cosa que le distrajera, pero nada podía hacerlo.

Meneó la cabeza rápidamente e intentó borrar de su mente cualquier pensamiento de tristeza que pudiese hacerle daño, pero no lo logró. Se terminó de desnudar y se metió en la ducha, pero en vez de permanecer ahí se derrumbó en el piso y sollozando se abrazó a sí mismo, sintiendo por primera vez en mucho tiempo un dolor que no parecía comprender...

Pasaron los días, pero el pergamino no emitía señales de vida. Incluso había estado esperando algún insulto, una amenaza de muerte, un algo, pero nada aparecía, hasta había intentado escribir algo, aunque nunca le respondían. No es que se sintiera culpable, no, claro que no, pero necesitaba saber que las cosas estaban bien y que el rubio no iba a intentar matarle la próxima vez que se vieran. La espera se hacía cada vez más extenuante, no recibía ningún mensaje, no recibía nada, nada. "Está enojado porque le dijiste la verdad, no te sientas culpable", pero aún la vocecita en su cabeza lo dudaba. Sí, dudaba que Malfoy fuera como lo había descrito, y por primera vez en su vida quiso conocer al rubio lo suficiente como para afirmar o negar lo que le había dicho...

Se enredó en las cobijas y se acomodó en la cama, suspirando tranquilo, cuando un golpeteo en su ventana lo despertó. Maldiciendo por lo bajo se levantó, tomó sus gafas y poniéndoselas abrió la ventana, por la cual pasó un ave ululando y volando frenética. La conocía perfectamente, era Pig, la lechuza de Ron. La miró, viendo el paquete que ésta traía en sus patas, cuando a lo lejos divisó una parvada de lechuzas. Una era de Hermione, otra de Remus, otra de Tonks y sabría de quién más. Con algo de asombro miró cómo todas le dejaban un paquete en su escritorio y echaban a volar, mientras se acercaba para ver lo que cada uno contenía.

Era su cumpleaños, por un momento lo había olvidado, pero con gusto se sentó en la cama y abrió el obsequio que su mejor amigo le había mandado; menudos gustos, ya que el pelirrojo le obsequió meigas fritas y algunas chucherías más.

Para no "variar" Hermione le había mandado un libro de "LEYENDAS MÁGICAS ANTIGUAS", Remus, que había sido el más "bondadoso" le obsequió una cartera Muggle en donde había colocado unas fotografías de su padre, Sirius y él cuando eran jóvenes. Tonks le mandó un manual para que viera las Escuelas en donde podía cursar para ser Auror, uno de sus más grandes sueños, junto con una pluma que escribía con el color que tú estuvieses pensando. Alastor Moody, aunque pareciera algo loco, le mandó un extraño colguije que parecía Muggle, en donde un Ángel plateado parecía elevar una oración, junto con una tarjeta que decía las cortas palabras: La oración del Ángel.

Se llevó una mano a la cabeza y negó con la cabeza un par de veces. Él que esperaba algo decente, pero no, todos parecían compadecerse de él porque tenía qué prepararse para una guerra, una guerra que ya estaba en pie y que muy pronto lo rodearía, una guerra que le había arrebatado a sus padres, a sus amigos, a la gente que él más amaba. ¿Qué tanto faltaba para que la profecía se cumpliera? ¿Sería él o Voldemort? ¿Sería que muy pronto alguno de los dos caería?

"La oración del Ángel", volvió a leer en la tarjetita, un extraño regalo. Era como un rayito de luz entre tanta oscuridad, el anochecer que sería eterno muy pronto si él dejaba que todo el peso que cargaba sobre su espalda lo agobiara tanto que no pudiera un día llevarlo a cuestas, y entonces todo por lo que luchaba y todos por los que luchaba se perderían para siempre de su vida. A no ser que el que perdiera la vida fuera él...

Miró el angelito que tenía ambas manos entrelazadas, implorando por algo, mientras sonreía. Con algo de indecisión se lo colocó en el cuello y quiso levantarse, pero la cartera que Remus le había obsequiado cayó al piso, haciéndole verla con detenimiento por primera vez. Sus padres y Remus le miraban y sonreían, mientras Sirius con una sonrisa traviesa parecía querer hacerle una broma a Remus, segundos después se veía que Remus saltaba, ya que Sirius le había picado las costillas, y Lily parecía desaprobarlo mientras James y su mejor amigo sólo atinaban a carcajearse. ¿Qué faltaba ahora? ¿Que Remus también se fuera y lo dejara solo?

Cerró los ojos y al abrirlos nuevamente vio cómo el pergamino emitía luces, mientras unas palabras aparecían...

"Una copa de sangre de nomo

un ramo de hiedra venenosa

un corazón de Pegaso

el cuerno de un unicornio pequeño

el colmillo de un basilisco

una lágrima 'De la diosa'

una gota de lluvia

En un caldero vierta la copa de sangre de nomo y deje hervir por cinco minutos, después baje el fuego. Con cuidado corte el ramo de hiedra venenosa en trozos pequeños y después añádalos a la infusión hasta que obtenga un matiz violáceo (Aproximadamente de 10 a 15 minutos). Con sumo cuidado agregue el corazón de Pegaso y bata la poción 15 veces como las manecillas del reloj y 50 del otro lado, después colóquele en el medio el colmillo del basilisco y el cuerno del unicornio, dejándole reposar hasta que la luna sea nueva. Si realiza la poción en un día así tendrá que esperar un mes. Al final vierta la gota de lluvia y la lágrima de la Diosa.

Recuerde que si falla en alguno de estos pasos la poción tendrá el efecto contrario. La Poción ACQUA DIVINA (AGUA DIVINA) deberá ser supervisada por un mago capacitado antes de ser suministrada y tomada."

Arqueó su ceja derecha sin comprender lo que sucedía. ¿Acaso Malfoy pretendía que estudiara Pociones en su cumpleaños? No, parecía como si hubiese escrito eso porque no tenía nada más en qué hacerlo. Tomó su pluma y escribió:

"Hola, Malfoy".

"¿Qué demonios quieres? el procedimiento de ésa extraña poción desapareció, para mostrarle la caligrafía desordenada del rubio; en simples palabras estaba que no lo calentaba ni el sol.

"Bueno, yo quería disculparme por lo que..." pero sus palabras fueron cortadas cuando el otro comenzó a escribir.

"Oh, ya veo, ¿acaso no te cansas de ser el héroe del mundo mágico con remordimientos que no para de abrir la bocota y que al último termina dando disculpas?".

"Sé que no debí de...".

"¿No debiste decir qué? ¿Decir que mi padre está en Azkaban por tu culpa? ¿Decir que soy un cobarde, un gallina, alguien más bajo que tú?".

"Malfoy, por favor..."

"No Potter, no me conoces, no sabes lo que yo vivo".

"Ni tú me conoces..." escribió a la defensiva.

"Supongo entonces que no sé lo suficiente de ti... Anda, cuéntame, ¿de qué lado de la cama duermes? ¿Cuál es tu comida favorita? ¿Babeas las almohadas y roncas por las noches? ¿Acaso duermes? ¿Cuánto me odias? ¿Crees que algún día podamos ser amigos?" las palabras se cortaron.

"No me conoces entonces... porque no sabes que duermo del lado derecho, mi comida favorita, em, me gustan muchas cosas, pero el chocolate me fascina, no sé si ronco, pero de vez en cuando babeo mientras duermo. No, nunca descanso, no duermo. Te detesto como no tienes una idea, incluso creo que más que a Voldemort... y... lo de amigos... no lo sé, ya depende de ti, porque creo que estoy abierto a nuevas posibilidades...".

"¿Así que estás 'abierto' a nuevas posibilidades?" lo escribió refiriéndose a "otras cosas".

"¿Por qué el énfasis en ésa palabra?" por algo no le agradaba lo que estaba escrito.

"No lo sé, descífralo tú. Y bueno Potter, te dejo, no se me vaya a pegar lo imbécil".

"Lo mismo digo, tarado".

Las palabras desaparecieron al igual que la vez anterior.

Se quedó pensando en los ingredientes de la poción que había leído en el pergamino, algo no le agrada en lo absoluto, comenzando con lo del corazón del Pegaso y el cuerno de un unicornio bebé. Sabía que la sangre de un unicornio era lo más puro que hay en el mundo, entonces ¿por qué atentar contra alguno?

Malfoy tramaba algo oscuro, de eso estaba seguro, y muy pronto, talvez más de lo que imaginaba se enteraría del asunto que el rubio traía entre manos...