Sango termino de hablar y Kagome suspiro pesadamente; todas sus fuerzas habían desaparecido.
-...Kagome- la exterminadora miro preocupada a su amiga. Tal vez no había sido buena idea contarle lo ocurrido durante su ausencia.
-Está bien Sango- intento sonreír la peli negra, pero solo consiguió mostrar una mueca torcida.-Después de todo era algo importante- y se encogió de hombros intentando restarle importancia al asunto.
-No es necesario que te despidas de el-Sango intento confortarla- Yo puedo decirle si quieres- Kagome la miro un momento y sonrió.
-Gracias Sango- y la abrazo con fuerza -Gracias por todo.
-No tardo -dijo Sango mientras se levantaba del pasto. Kagome asintió y la exterminadora comenzó a caminar hacia la aldea.
En cuanto Sango se perdió de vista los ojos de Kagome se pusieron vidriosos. Intentaba reunir el valor y los ánimos con los que había llegado, pero fue inútil.
Sango hablo con ella sobre lo que ocurrió cuando se fue: Inuyasha había regresado a la aldea con Kikyo malherida en brazos, y ahora en este momento ambos se encontraban en la casa de la anciana Kaede. Él estaba cuidándola y no se había separado de ella ni un momento.
Kagome no podría soportar ver eso; verlos juntos la terminaría de derrumbar. Saber que ella no era la única era malo, pero ver que el sufría por otra era aún peor.
-¡Kagome!- la voz de Shippo la saco de inmediato de sus pensamientos. El zorrito corría alegre hacia ella, parecía realmente aliviado, y detrás del venían Sango y Miroku caminando tranquilamente.
-Shippo- Kagome lo recibió y estrecho entre sus brazos.
- Creí que no volverías- Shippo restregó su cara en el hombro de la chica cariñosamente- Ese idiota de Inuyasha no sabe lo que hace...-agrego mientras se separaba de Kagome para mirarla a los ojos, entonces lo noto: algo no iba bien.
-¿Pasa algo señorita Kagome?- pregunto Miroku mientras se inclinaba para tener una mejor visión del rostro de la joven. Miroku y Shippo esperaban que dijera que todo iba bien pero ella solo quedo en silencio.
-Me iré un tiempo a casa- dijo la peli negra por fin, enseguida pudo sentir las manos del zorrito aferrarse a su blusa.
-Shippo- Sango intento acercarse a él pero el demonio se quitó del alcance de su agarre.
-Inuyasha es un idiota- susurro Shippo mientras ocultaba su rostro-¡Inuyasha!- grito de pronto al aire, su rostro estaba rojo y tenía lagrimas rodando por sus mejillas-¡Le pateare el trasero, ese idiota!- estaba por correr en dirección a la aldea cuando la mano de Kagome lo detuvo; Shippo la miro sorprendido, nunca había hecho nada para detenerlo, eso lo hizo entender la gravedad del asunto.
-Shippo, por favor, no lo hagas- por primera vez en todo este tiempo el zorrito vio cuan triste estaba Kagome, y lo único que quiso hacer fue abrazarla muy fuerte pero no lo hizo; sabía que si lo hacía lloraría mucho, le rogaría que se quedara y Kagome que era tan buena, no se negaría, eso tal vez le causaría más dolor, no quería eso.
-¿Pero volverás verdad?- pregunto Shippo en un último intento de ser fuerte.
-Por supuesto que lo hare Shippo- y lo estrecho otra vez entre sus brazos.
El camino hacia el pozo había sido más corto que de costumbre; tal vez era porque sería la última vez que caminaría por ahí en un tiempo, o quizá porque se había quedado a las afueras de la aldea en todo momento.
En fin, fuera como fuera, no importaba. Simplemente quería hacer lo correcto, sin importar que doliera.
-Asegúrense de despedirme de la anciana Kaede- comento Kagome al tiempo que se detenía junto al pozo, seguida de cerca por Miroku, Sango y Shippo.
- Cuídate mucho- respondió Sango mientras abrazaba a su amiga una última vez.
-Lo hare Sango, no te preocupes- dijo Kagome intentando tranquilizarla.
- Tómese el tiempo necesario señorita Kagome- agrego el monje Miroku.
-Perdone hacer esto en plena recolección de los fragmentos...-intento disculparse Kagome
- No se preocupe- la interrumpió mientras negaba con la cabeza- Sango me puso al tanto de la situación y también opino que es lo mejor. Después de todo no debe ser fácil...- Kagome lo miro con agradecimiento y le sonrió ligeramente.
-Vuelve pronto Kagome- intervino el zorrito con la voz quebrada
-Lo hare- fue lo único que pudo contestar.
El momento de irse llego. Kagome se sentó en el borde del pozo y les dio una última sonrisa a todos.
Miro una última vez a su alrededor y rápidamente salto al pozo: tenía la sensación de que el dolor en su pecho la consumiría.
