Unos labios

Podían irse al carajo todas y sin retorno, ojalá se pudrieran y la dejaran en paz, porque estaba harta de preguntas y de acosos, hasta Millicent con su estúpido andar le quería sacar algo de lo que le pasaba, pero ella no iba a hablar así le quemaran viva; si no quería salir a criticar, si no quería sentarse a tomar el sol en los jardines, si le daba su jodida gana encerrarse en el baño para que no la molestaran, a ellas ¿qué? No sabía nada, no entendía lo que tenía en la cabeza, no sentía calma, no tenía sosiego y ellas con su estúpida necesidad de información la iban a volver loca; cada noche, luego de ir a Draco para mimarlo y darle de besitos coquetos, regresaba a su cuarto a intentar dormir, sí, a intentar, porque dormir como antes ya no podía. Toda la noche era un girar endemoniado, un gemir desesperado y un rabiar por dentro; hervía en ira y no comprendía por qué carajo no podía dejar de pensar en esos ojos, ¿qué tenían que no hubiera visto ya antes?, era lo mismo que tenían todos los varones del Colegio, lo mismo; Weasley dormía, comía y vestía quizá peor que cualquier otro y sin embargo ella se desesperaba por saber dónde estarían posados esos ojos.

En la única clase que compartían la pasaba mirando a otro lado, convencida de que él no le hacía caso, encerrada en su testarudez acostumbrada porque él era un pobretón idiota que comía con la boca abierta y ella una doncella prestigiosa que se perfumaba en las noches con canela; era absurdo seguir pensando en él, era idiota creer que seguramente la pensaba, era la estupidez del siglo y a esa verdad se aferraba.

No era para nada algo normal, dos veces en lo que iba de la semana le había dado por confundir mentalmente el nombre de Pansy por el de su hermana, sería por la terminación en y, sí, quizá era por eso; Hermione seguía siendo la misma de siempre y aunque ya dos veces había podido decirle que era genial y con ello ponerla colorada, no dejaba de pensar en sus momentos a solas en la otra. Podía sentir frente a su rostro el aliento que había salido de su boca para decirle lo que pensaba: "¿Por qué te besaría?, me daría asco tenerte tan cerca" y quebraba en dos su pluma ante la mirada sorprendida de Neville, que susurraba algo al oído de Harry, demasiado absorto en sus propios problemas para darle interés.

Estaba costándole la calma, era la verdad, en las noches cuando soñaba con Hermione, justo en el momento en que la tomaba entre los brazos para besarla, se aparecía ante su rostro el de Pansy, sonriendo mordaz, con las mismas cuatro palabras malditas saliéndole de entre los dientes como el silbido de una pitón maldita "¿Por qué te besaría?" y desesperado se levantaba de la cama, pateaba su baúl, daba de maldiciones despertando a medio mundo y se tiraba ante la chimenea de la Sala Común, echado como un perro por hacer tanto escándalo. Estaba perdiendo la cordura, no la quería, no sentía nada por ella, pero la atracción de esa pregunta era más un tatuaje a fuego que un hechizo convocador; empezó a temerse que algo de encantadora tuviera esa mujer y que ahora no pudiera ser libre hasta que lograra besarla, luego tiraba esa opción por la ventana, se envolvía en una manta y hacía por dormir sin resultados.

Ya Hermione le preguntaba qué le pasaba, ya Ginny le había dicho algo a su madre que ahora mandaba dulces para confortarlo, ya Luna se reía a su lado diciendo cosas que parecían ser verdades absolutas: Si no te cuidas, vas a terminar volviéndote loco. Y se estaba volviendo loco, estaba tocando fondo de una forma casi estúpida, no, no casi, totalmente estúpida, cayendo en las redes de una tipa que cada vez que compartían aula se iba al otro extremo, sonriendo con Draquito y soltando risitas que lo hacían sentirse rata.

Por eso la noche de jueves salió al pasillo descalzo, porque había tenido un sueño distinto en el que a la que besaba era a Pansy, mientras la que se asqueaba de su cercanía era Hermione; tomando eso como un aliciente a su locura, echó a andar importándole poco si alguien lo encontraba, decidido a visitar a Hagrid o en un momento de desesperación a aparecerse por la oficina de McGonagall y acusar a Pansy de haberlo idiotizado con alguna poción de amor; qué más daba ya si lo creían imbécil o loco, de todas formas, estaba ya seguro de ser cualquiera de esas dos.

Volvía de la biblioteca exhausta y enojada, ahora que les había ido bien en un trabajo, todas esperaban que les fuera bien en todos y se reunían a estudiar con ella aunque la pobre no tenía ni cabeza ni humor para estudiar nada; volvía cabizbaja y furiosa por ver a Draco riendo con otra en un rincón de la biblioteca, pero quizá más porque los dos, cínicos y orgullosos verdes, le habían saludado deseándole buenas noches al salir. Iba rabiando y masticando maldiciones que habrían hecho sonrojar a su madre, iba desesperada por la falta de sueño y porque no era capaz de recordar el maldito hechizo que servía para hacer flotar las cosas, ese maldito movimiento y el condenado ritmo al mover la mano; estaba harta de todo y por eso volvía, hasta que a medio camino hacia su Sala Común alcanzó a ver esa sombra en el otro pasillo, a través de una ventana empañada; sería mentir si dijera que lo pensó dos veces, porque la verdad es que lo pensó una vez por paso, para ser exactos, diez hasta dar vuelta en el pasillo, entonces lo decidió, por ver sus ojos valía la pena cualquier cosa, quizá así pudiera volver a dormir; y se desató una persecución sin tregua.

Paso a paso que él daba, ella abrazaba con más fuerza su mochila y sigilosa como una serpiente resbalaba por el muro, valiéndose de las sombras para evitar que la notara, sonreía cada vez que alzaba la cara como queriendo olfatear el aire, como un felino, como un león que se sabe perseguido, sonreía cada vez que volvía a echar a andar, encorvado y delgado, sacudiendo la cabeza como diciéndose que no era nada, que nadie lo seguía, que nadie lo espiaba. Disfrutaba de mirarle las facciones de perfil luego de ocultarse tras alguna estatua, gozaba verle la espalda cubierta por el pijama de rayas y los pies descalzos que hacían, sobre la roca helada, el sonido de las patas de goma de un pato que avanza a la orilla de algún lago; el movimiento de sus hombros al andar, la forma casi perfecta de su espalda ligeramente recta y sus talones blancos asomándose bajo la vastilla del pantalón, todo él completo, le devolvía la paz y la emoción y cayó en la cuenta de que estaba enloquecida de algo que no era amor, pero se le parecía.

Riendo se mordió el labio cuando el chico bajó una de las escaleras movedizas volviéndose al pasillo que dejaba, porque estaba completamente seguro de que alguien le seguía; tan escurridiza como delgada, se inclinó para que no pudiera distinguirla y bajó siguiéndolo sin saber hacia dónde iba.

Cada vez que se daba la vuelta para descubrir a su perseguidor notaba el movimiento ansioso por ocultarse, entendía que podría ser cualquiera, Draco o alguno de sus secuaces para humillarlo, Filch tratando de atraparlo en algo o, cabía la recóndita posibilidad de que otra vez y como la vez pasada, a mitad del camino hacia su destino, fuera ella; sacudía la cabeza convencido de que se engañaba y volvía a tomar otro pasillo, alargando su trayecto, quizá convencido de que se acabaría la noche antes de decidir si ir con Hagrid o sólo detenerse en algún pasillo a pensar; otra vez creía escuchar pasos a su espalda y aguzaba el oído y levantaba la cara como si con ello algo en las alturas reflejara sus espaldas y le permitiera mirar a su perseguidor.

Decidió ir hasta las escaleras, quizá ahí su acosador perdiera un poco su ventaja y le fuera fácil verlo, pero no pasó, era hábil; debía ser alguien pequeño, debía ser alguien delgado y escurridizo, debía ser…

Sonrió, no le cabía ya duda alguna, apresuró el paso para dar vuelta en un pasillo antes de que le diera alcance, tenía un plan y uno bueno, no sabía para qué le serviría, pero estaba convencido de poder lograr algo; casi trotó hasta dar vuelta en el pasillo, abrió la puerta del armario a pocos pasos y se ocultó dentro, esperando.

Lo vio acelerar el paso y casi tropezando se ocultó apenas detrás de una saliente para poder ver a dónde iba, cuando lo perdió de vista corrió hasta la siguiente estatua y aunque los cuadros de las paredes ya intentaban decirle al chico quién lo seguía, ella no les dio importancia; corrió y cuando dio vuelta en el pasillo alcanzó a ver que ya no estaba y sofocada y confundida por la carrera se metió en el hueco de una puerta, que sin que ella supiera cómo, se abrió para comérsela como las fauces de un lobo o quizá, de un león.

La jaló por la cintura y la hizo darse vuelta, teniéndola delante la miró fijo, nada en sus ojos denotaba miedo, sólo una infinita sorpresa y quizá un enojo venenoso que lo hizo erizarse; sintió que temblaba y respiraba agitada y de tan juntos que estaban, sus manos delgadas chocaron con su pecho y dejaron caer su mochila vaciándose todos los cuadernos; el ruido se vio menguado por las respiraciones de los dos, la de ella alterada, la de él calmada. Las cosas de la mochila de Pansy patinaron por las piernas casi entrelazadas de los dos y aunque ella se quedó con las manos rígidas como si trajera su bolsa, él sólo atinó a sonreír.

Seguían siendo igual de azules, de eso estaba completamente segura, quizá más de lo que recordaba y le dio por sonreír ante la cara de triunfo que él ponía por atrapar a la que lo acosaba; por primera vez no dijo nada al respecto y sólo atinó a notar que se le habían caído sus cosas y que lo tenía demasiado cerca, quiso agacharse y abrir la puerta para alejarse, pero él volvió a tomarla por la cintura y eso le hizo fruncir el ceño; no dijo nada y trató de empujarlo bajando el cuerpo doblando las rodillas para recoger sus cosas, pero él la sostuvo con fuerza haciendo que se diera unos golpes contra la manija de la puerta, que le resultaron dolorosos por ser insignificantes.

-Suéltame Weasley, ¿qué intentas? –Preguntó empujándolo pero él no la soltó.

-Te pillé siguiéndome, ¿qué es lo que intentas tú, Parkinson? –Escupió sonriendo con autosuficiencia y ella se desesperó, le soltó un golpe al pecho que ni siquiera le dolió y trató de agacharse de nueva cuenta por sus cosas; pero él estaba muy enojado y decidido para dejarla hacer, la hizo irse contra la puerta que había cerrado con seguro y la apretó de los brazos. –Te he preguntado que qué quieres.

-Bruto, imbécil… ¡Suéltame, idiota pobretón! –Arremetió ante la sorpresa y la rabia de Ron, que lleno de una fuerza más allá de lo que esperaba, la tomó por la barbilla y le levantó la cara con violencia desmedida.

-No vuelvas a llamarme así. –Dijo sin medir la distancia que había entre sus rostros, algo no salió bien, algo se le escapó en ese momento, porque recordó esas palabras, esas malditas cuatro palabras por las que llevaba noches sin dormir "¿Por qué te besaría?"; la odiaba, la odiaba más de lo que hubiera podido odiar a cualquiera, quería vengarse, quería humillarla como ella lo había humillado, por eso la besó.

Desorbitó los ojos cuando la tocó, gimió intentando soltarse, quiso empujarlo y alejarlo para siempre de su cuerpo pero no lo logró por mucho que intentó y se sacudió; con los ojos cerrados Ronald Weasley estaba besándola y a ella la consumía un asco indescriptible, una impotencia más allá de lo físico. Luchó por soltarse, quiso golpearlo pero le era imposible y lo peor es que él tenía los ojos cerrados; sin poderse contener lloró, lloró como una idiota porque no podía ver sus ojos y porque eso que le llenaba el pecho viniéndole desde la boca de él, pasando por su garganta, le era tan extraño que no podía tomarlo como bueno; él no la presionaba ya, había dejado de hacerlo, él ya no la forzaba en el beso, sólo con sus brazos que la tenían sujeta como una maldita cuerda apretada; la serpiente estaba sometida a unos anillos que no eran de un igual y no podía morder para defenderse.

Se removió tratando de empujarlo y cuando él se apartó de ella al fin, le miraba sorprendido, lleno de algo que jamás vería en otros ojos, esos dos ojos azules eran lo más bello que había visto, lo más perfecto incluso y aunque lloraba llena de rabia, aunque sentía en el estómago una revolución parecida a todas las lechuzas del correo del Colegio, no tuvo más cabeza que para darle una bofetada.

No lo entendía, no era parte del plan sentir tantas cosas, pero desde que había empezado a besarle todo había terminado patas para arriba, el hueco en su pecho provocado por el desasosiego de todos esos días sin dormir y sin entender, se había rellenado hasta los bordes de un sentimiento cálido que lo hacía sentirse inmundo; respirando agitado ahora él, la había mirado un instante esperando una reacción en ella y la reacción fue a estamparse contra su mejilla con la fuerza de un Desmaius.

-¡Imbécil! –Le gritó sin saber qué más decir, se agachó por sus cosas, las puso en su mochila abrió la puerta y salió huyendo; habría sido una locura que la siguiera y que se disculpara, habría sido una idiotez que intentaran algo más que sólo perseguirse y odiarse luego de aquél beso, era lo más estúpido que podía pasar ahora.

Y era lo que más ansiaba.

I want you so bad it's my only wish