Twilight y sus personajes son propiedad de Stephenie Meyer, exceptuando aquellos que no pertenecen al universo Twiligth, la trama es mía, aunque hay elementos basados en el libro "Sleepers" de Lorenzo Carcaterra
La calma antes de la tormenta
Hacía dos meses que Matty, había cumplido dieciocho años y solo esperaba terminar la secundaria para hacer efectivo su reclutamiento en la armada, estaba realmente orgulloso de mi hermano, pero no podía evitar la sensación de que esta sería la última vez que mi familia estaría completa, lo extrañaría mucho, ya no tendría a quien acudir para hablar, se que tendría a mis padres, pero la complicidad que tengo con mi hermano, simplemente no la tendría con nadie más. Faltaba una semana para su graduación y yo me había convertido en la sombra de mi hermano, se me acababa el tiempo con él y no quería desperdiciar ni un minuto.
― ¡Matt, por favor no te vayas! Yo te necesito, no me puedes dejar ―volví a rogarle, para hacerlo cambiar de opinión, pero sabía que cualquier cosa que hiciera o dijera, seria en vano.
―Enano, sabes que no puedo hacerlo, debo presentarme en la base o sino, vendrán a buscarme hasta acá ―dijo tratando de hacerme entender―. Además, yo soy un hombre y los hombres de verdad…
―Cumple con sus responsabilidades ―complete por él la frase que siempre me solía decir―. Lo sé… es solo que te extrañare, nada será lo mismo sin ti; presiento que no volveré a verte mas y me asusta.
―Eddie, quiero que me escuches, ¿está bien? ―Asentí débilmente, pero dándole toda mi atención―. Te prometo que regresare a casa, sano y salvo, debo cumplir con mi deber. Quiero que entiendas que esto lo hago por ustedes.
―Entiendo Matty, pero igual sigo sin querer que te vayas.
― Es muy valido hermanito ―me dijo con una débil sonrisa en sus labios, mientras me revolvía el cabello―. Ahora anda a lavarte, pronto mama servirá la cena.
Lo mire una vez mas y asentí lentamente mientras caminaba al baño. Comprendía totalmente su decisión, si yo estuviese en sus zapatos, haría exactamente lo mismo, pero no era yo el que se iba, era mi hermano y no pueden pedirle a un adolescente de trece años que acepte la posibilidad de que su hermano mayor sea asesinado en combate.
La dinámica de la familia de la familia Masen, cambio durante esa última semana, aunque mamá y papá decían a vox populi lo orgulloso que se sentían de Matty, no podían ocultar la tristeza que sentían por la partida de su primogénito, tristeza que se respiraba por todos los rincones del pequeño departamento en el que habitamos. Vivíamos aterrados por la eminente llegada de la partida de Matt, mamá lloraba silenciosamente todas las noches y el hábito de fumar de papá simplemente se agravó y yo, simplemente seguía a mi hermano a todas partes. Lo asombroso de la situación, es que Matt nunca perdió la paciencia con nosotros, solo se limitaba a sonreír y dejarnos hacer, porque sabía que esa era nuestra manera de lidiar con el estrés.
El día, había llegado, mis padres, ya no se preocupaban por ocultar sus lágrimas, quería acompañarlos en su dolor, pero un terrible nudo en mi garganta, evitaba que dejara salir todo lo que sentía por dentro. Llegamos al aeropuerto para despedirlo y allí estaban esperándolo algunos oficiales que estaban pasando revista (1). Matt, debía ir a Carolina del Norte para recibir su entrenamiento de capacitación, al menos eso era un aliciente para mi creciente preocupación, él estaría durante seis meses entrenándose para luego ser llevado posiblemente hasta Saigón junto con su compañía y llevar a cabo la operación para la que fue entrenado.
La despedida, fue amarga y desgarrada, no podíamos irnos sin ver que su avión despegaba, sin embargo debíamos hacerlo, aunque nos rompiera el corazón, existía la esperanza de su feliz regreso.
Los días sin mi hermano en casa eran vacíos y monótonos, se podían contar nuestras vidas desde una llamada a la otra y el espacio entre cada una, era llenado por situaciones un tanto tragicómicas para no enloquecer por la ansiedad. Hasta que un día, pasada dos semanas desde la partida de Matt, Carlisle, Jasper y Emmett, se presentaron en mi casa para comprobar que seguía vivo.
― ¡Vamos, Eddie! No puedes quedarte encerrado en estas cuatro paredes. Matt, regresará y estoy seguro que no estará nada feliz de que este como zombi ―dijo Emmett, con su muy particular tono de voz, parecía que estuviese gritando y exigiendo cumplir su voluntad, pero en realidad solo lo hacía para enfatizar sus palabras.
―Chicos, no lo sé, extraño demasiado a mi hermano y en realidad no me interesa hacer otra cosa ―comente sin emoción.
― ¿Acaso no dijiste, que tomarías un montón de fotos con la polaroid, de todo lo que haría durante el verano y enviárselas a Matt? Dudo que puedas hacerlo encerrado aquí ―dijo Carlisle mientras Emmett y Jasper asentían frenéticamente―. Además, mañana es cuatro de julio y Luchesse, prometió que la cocina tendría los mejores fuegos artificiales de toda Manhattan.
Luchesse, o mejor dicho Aro Luchesse, es el mafioso que controla toda la actividad ilegal en Manhattan y procuraba que la cocina fuese un lugar tranquilo para vivir, suena absurdo, pero al ser Aro un delincuente de gran marca, no permitía que el índice de criminalidad sobrepasara la media. Aro era muy generoso con los residentes de la cocina, siempre estaba realizando algún evento en donde se podía disfrutar de buena música y buena comida y estaba completamente seguro que la celebración del día de la independencia, sería mejor que la de años anteriores, esta era su festividad favorita ―al menos eso nos contaba― desde que llego a América desde Trieste, un pueblito que está ubicado al norte de Italia, decía que era increíble la libertad y las oportunidades que ofrecía este país, nunca entendí a que se refería, pero presiento que era la misma sensación que tenía el abuelo Arthur al hablarnos de cómo llego aquí.
―Lo sé, le prometí a mi hermano, disfrutar de mi verano, es solo que de verdad lo extraño y nada se siente igual sin él, pero tienen razón, quiero enviarles las fotos para que no se sienta tan solo ―dije, poco convencido, pero con la plena intención de cumplir con la promesa que le hice a mi hermano, debía honrar lo que me enseñó Mathew, "un verdadero hombre, cumple sus promesas".
―Entonces… ¿Qué estamos esperando? ―Pregunto Jasper con una mirada juguetona―. El Hudson nos espera, vamos a nadar de una maldita vez.
Me puse de pie inmediatamente y salimos como trombas del apartamento, mientras mi madre, un tanto preocupada, gritaba que no nos metiéramos en problemas, bueno… no demasiados. Salimos del edificio rápidamente y pensamos en lo primero que haríamos, era definitivo que iríamos a nadar, pero en bien conocido que el mejor momento para hacerlo era al atardecer, cuando el calor fuese tan insoportable que debíamos refrescar nuestros cuerpos, así que decidimos primero buscar a Bella.
Isabella Swan, era la chica nueva, la habíamos conocido en marzo, cuando se mudo con su padre el agente de policía Charles Swan; él es muy respetado en la cocina, es uno de los poco hombres que no se dejan corromper por la ilegalidad y mucha gente lo admira y por esa misma razón, su princesa fue bien recibida por los vecinos. Nosotros la conocimos en la escuela, mientras éramos llevado por el entrenador Clapp a la oficina del director por descubrirnos tratando de mascar tabaco, estábamos curiosos y deseosos de experimentar cosas nuevas, aunque en realidad sabia a mierda y no valió en nada el castigo que ganamos, lo bueno de aquello es que vimos a una linda chica frente al escritorio de la Sra. Cope, atendiendo a las indicaciones que le daban. Parecía muy dulce y casi etérea o al menos eso veíamos con nuestros ojos de adolescentes ávidos de belleza; la observamos por largo rato sin darnos cuenta que ella hacía lo mismo, hasta que de sus labios broto una linda sonrisa y como bobos, los cuatro correspondimos el gesto.
Corrimos dos manzanas abajo, hasta llegar al edificio donde vivía Bella, lo rodeamos hasta llegar al callejón de servicio y subimos por las escaleras de emergencias para llegar a la ventana de su habitación, lo que vimos nos dejo sorprendidos y estáticos; Bella, estaba frente a un espejo de cuerpo completo y con una boa de plumas rosa, alrededor de su cuello mientras cantaba una canción de The Supremes (2).Aunque la imagen era un tanto cautivante por lo distinta que era de la Bella que conocíamos, no pudimos detener las carcajadas que salieron a tropel de nuestras gargantas, logrando asustarla y que nos diera la poco temible mirada del mal. Abrió la ventana, un tanto molesta para darnos fuertes palmadas en nuestras cabezas, sin embargo se calmo un poco cuando me vio y me dio la sonrisa del millón de dólares.
― Me alego que hayas decido al fin reintegrarte a la sociedad, Edward ―dijo con aquella sonrisa que tanto a mí como a los chicos nos mantenía a un paso del precipicio.
―Gracias ―solo agradecí por su preocupación por mi―. Los chicos tiene el merito de esto y como no quiero desperdiciar mas mi verano, vinimos a buscarte. Queremos jugar un poco de béisbol y después ir nada, ¿qué te parece?
―Es perfecto, solo debo llamar a papá a la estación y avisarle ―dijo un tanto emocionada por el plan.
― ¡Ay! Eso será tarea difícil ―dijo Carlisle en tono burlón
―Carl tiene razón, chicos. Será complicado ubicar al oficial Swan si esta patrullando ―dijo Emmett con tono serio bastante extraño en él.
―No será así, a papá hoy le toca trabajo de oficina, me dijo que pasaría todo el día allí por no sé qué cosa de una queja sobre el Gran Al ―contesto Bella de forma defensiva
―Entonces, a qué esperamos. Salgamos de aquí que no me hago más joven ―dijo un muy emocionado Jasper.
Después de unos minutos, bajamos de nuevo corriendo y nos dirigimos a la bahía para iniciar el partido. Estábamos jugando con unos chicos que no conocíamos, presumo que no eran de la cocina, no eran muy agradables, pero servían a nuestros propósitos, hasta que uno de ellos empujo a Jasper e iniciamos la pelea, no fue fácil separarnos, pero creo que tener una hematoma en mi ojo, fue el límite para mí. Con bastante esfuerzo nos separamos y nos fuimos para no meternos en mayores problemas, así que decidimos nadar en el Hudson. No me podía quejar, disfrute de mi día con mis amigos, jugamos béisbol y demostramos lo fuertes que somos delante de nuestra chica.
El día simplemente fue perfecto.
Al día siguiente, me desperté muy temprano y ansioso porque hoy es cuatro de julio, en todo el barrio, se que, el Sr. Luchesse, había planificado un espectáculo con fuegos artificiales y mucha comida italiana, incluso le pidió al padre Marcus —director de la Saint Andrew High School—, que oficiara una misa; no entendía mucho como un hombre como Aro Luchesse podría sentirse tan cómodo en una iglesia, aunque siendo un irlandés católico, podía entender su devoción por la religión.
Después de la misa, disfrutamos de la comida y postren que se ofrecían, a nosotros nos cayó de maravillas, teníamos un hambre voraz y más si se trataba de la gastronomía italiana, no tenía nada en contra de la comida irlandesa, pero para un chico de trece años, no es muy apetitoso el estomago de oveja.
Me aparte un poco de la gente y me senté en el muelle, era innegable que estaba pasando un buen rato, pero eso no evitaba que siguiera extrañando a mi hermano: había pasado cinco días desde su última llamada, en dos más, haría la próxima y gracias a Dios tenía algo nuevo que contarle, sé que no está muy contento, con la actitud que tome luego de su partida, pero deben entender que al mis padres estar prácticamente todo el día trabajando, mi único consuelo era estar con mi hermano mayor, no se equivoquen, mis padres no son negligentes, pero el dinero escaseaba y ellos se mataban por darnos lo mejor que podían permitirse. Sería hipócrita si dijera que el dinero que Matty enviaría, no hace falta; su salario nos permitía estar más holgados en el pago de las deudas y definitivamente me enviaría a la universidad, pero no tolero su ausencia, el departamento se me hace muy grande y vació cuando mis padres o amigos no están.
Seguí con mi diatriba, hasta que Bella, se sentó a mi lado y dándome un pequeño empujón sobre mi hombro, para que le prestara atención.
―No tienes que estar aquí solo, Eddie
―Lo sé, Bella, es solo que no es lo mismo sin Matty
— ¿Sabes que estará bien, no? Él te prometió volver y estoy segura que lo hará y mientras me tienes a mí… —dijo con un increíble sonrojo, mientras la miraba incrédulo por su declaración—. Y a los chicos.
Sonreí levemente y apreté su mano para tranquilizarla
—Tienes una sonrisa extraña, Ed. —dijo después de un rato mirándome, me sentí fuera de lugar y cohibido, a ningún chico le agrada que la chica que le gusta crea que hay algo extraño en él―. Es torcida, pero me gusta, es linda y solo es perfecta para ti.
Después de aquello, se levanto y regreso a donde se encontraba la multitud, sin saber que mi pobre corazón se encontraba galopando desenfrenado por sus hermosas palabras. No soy tonto, sé que de alguna forma le gusta, pero también sé que no soy el único que tiene sentimientos por ella, Emmett, Jasper y Carlisle, sentían lo mismo que yo y los cuatro estábamos conscientes de que Bella Swan, era terreno vedado para nosotros.
Dos días más tarde, me encontraba persiguiendo a mi madre por toda la estancia del departamento, mientras ella hablaba con Matt, era extraño que llamara entre semana, ya que siempre lo hacía durante sus días libre que generalmente eran los fines de semanas, sin embargo, creí que al no haber hablado con nosotros el pasado sábado, se tomo un tiempo libre para llamarnos hoy. Estaba desesperado por hablar con mi hermano, estuvimos haciendo lo mismo durante veinte minutos, hasta que por fin, mamá me dio el teléfono.
— ¡Matt! —dije, totalmente emocionado por hablar con él.
Rió lleno de júbilo y me saludo como usualmente lo hacía — ¡Hermanito! Qué alegría me da hablar contigo, mamá me ha contado que finalmente saliste de tú habitación.
—Sí, te prometí disfrutar de mi verano y enviarte algunas fotos
—Así me gusta, enano. Quiero que lo pases muy bien, para que el tiempo pase muy rápido y cuando menos lo esperes, estaré de regreso en casa — dijo mi hermano emocionado, y aunque me complacía escucharlo alegre por mis actividades, sentían una melancolía o añoranza en su voz.
Seguimos hablando por un rato mas, pregunto por los chicos y por Isabella, él sabía todo lo que esa chica me hacía sentir y siempre me animaba a que le confesara esos sentimientos, yo siempre le ponía excusas, pero en realidad no me sentía muy confiado hablando sobre eso y menos con la chica que es la protagonistas de mis ilusiones. Termine de hablar con Matt y me fui a mi habitación para cambiarme, debía ir a la foto-tienda a recoger las fotos que habíamos tomado del cuatro de julio, quería enviárselas a Matty lo más pronto posible, él me dijo lo ansioso que estaba de verlas y que deseaba haber estado allí. Calculaba que: de enviárselas mañana, el próximo sábado ya estarían en sus manos y tendríamos más cosas de que conversar.
Revelar fotografías es costoso, pero yo siempre fui precavido, ahorraba la mayoría de la mesada que me daban mis padres y recolectaba botellas de vidrio para canjearlas por dinero; no podía ser repartidor de periódicos porque no tenía una bicicleta, pero siempre de alguna forma lograba ahorrar dinero, hubo una oportunidad en la que me vi tentado de hacer pequeños trabajos para el Sr. Luchesse, pero el sentido de la honorabilidad y la ética que me enseño mi hermano, no me permitía aceptar el ofrecimiento de Aro, ya que sabía que todo lo concerniente a él, era ilegal. Pague las fotos y me fui directamente al muelle donde los chicos me estaban esperando.
Hoy, no nos acompañaba Bella, probablemente estaba en una de las clases de ballet, a las cuales su mamá la obligaba a asistir, para ella era una tortura de inicio a fin, desafortunadamente, la chica no era muy ágil y mucho mejor ligera como una pluma, de no ser porque su madre se lo pidiera, hace mucho tiempo que ella hubiese desistido de practicarlo. No obstante, eso nos permitía ser hombres y hablar sin medir nuestras palabras por miedo a herir susceptibilidades femeninas. Estábamos hablando de los pechos de las mujeres, realmente teníamos discusiones filosóficas, respecto a ellos, sobre qué color nos gustaba más que tuvieran los pezones, la forma y sobre todo el tamaño; Jasper prefería los pechos pequeños porque no se caían al pasar los años, Carlisle le gustaban respingones porque invitaban a ser lamidos, Emmett optaba por los pechos grandes, mejor dicho masivos porque podías hacerles carantoñas y usarlos como almohadas, en cambio yo, me decantaba por un tamaño medio, que pudiera abarcar con mis manos sin que se derramaran. Todo esto, lo discutíamos basados en las revistas que le habíamos robado a mi hermano, aunque en Penthouse (3) mostraban mas desnudez, los chicos y yo preferíamos la elegancia con que Playboy (3) exhibía a las mujeres, pero siendo sincero, esto eran puras patrañas, somos adolescentes llenos de hormonas enloquecidas, es obvio que nos encantaba cualquier revista y mucho más en la privacidad de nuestras habitaciones.
— ¿Saben? Creo que es hora de que veamos nuestro primer par de tetas ―dijo Emmett, con característico lenguaje soez.
—Estoy de acuerdo con el chico cromañón, estoy un tanto casado de solo ver fotografías —hablo Jasper sin medirse en la forma de llamar a Em., él sabía que el gigante odiaba que lo compararan con un cavernícola o peor, con una antena de transmisión.
— ¿Y quién sería la candidata a tan noble causa? —Pregunté bastante escéptico. Pensamos por largo rato y luego nos vimos a los ojos con miradas picaras y conspirativas.
— ¡Tanya Vasilievna Gagarin! — gritamos los cuatro al mismo tiempo.
Tanya, era una chica rusa que llego a Nueva York huyendo del comunismo en su país; su familia provenía de la aristocracia moscovita, que luego de la revolución bolchevique, se vieron arruinados y perseguidos por el nuevo régimen instaurado, permanecieron ocultos hasta mucho después de la segunda guerra mundial, hasta que en 1955 comenzó la guerra fría y sus padres, Vasili Gagarin y Alexandra Gagarina, tomaron a su primogénito Vasili, y se establecieron acá en la cocina. La chica era una belleza rubia de profundos ojos violetas, pero su mejor atributo, era el fabuloso cuerpo que tenía: cintura estrecha, piernas torneadas, caderas amplias y un busto digno de ser inmortalizado; la conocimos gracias a mi hermano, de vez en vez, Matt salía con la chica y terminaban besándose salvajemente, tumbados en el sofá de nuestro departamento. Cada vez que mis amigos y yo la veíamos, no podíamos evitar salivar de lo sexy que era.
Planeamos meticulosamente cómo lograr ver a Tanya desnuda, era una tarea ardua y complicada, pero estoy seguro que valdría todo el esfuerzo aplicado.
Pasaron dos semanas desde que ideamos el plan "Vini Vidi Vinci" (4), y aun no lográbamos si quiera acercarnos a Tanya. El nombre del plan era bastante tonto, pero al menos usamos los conocimientos recibidos durante la clase de latín. Le había contado del plan a Matt, yo no tenía secretos con él, pensé que me sermonearía por una actitud tan inmadura, pero me sorprendió cuando luego de confesada mi futura travesura, el rompió a reír con fuertes carcajadas y aceptando que no me culpaba por querer admirar a la chica, ya que era preciosa, pero recordó otra de las cosas que me enseñó: "un verdadero hombre, no tiene memoria". Con esto me quería decir que nunca hablara mal de la chica y jamás dijera lo que vi, esto es algo que siempre recordaría.
Me reuní con los chicos al frente del edificio donde vive Carlisle, tres manzanas más arriba de donde vivo, hacía un calor endemoniado y bebíamos unas frías coca-colas mientras veíamos a los niños más pequeños jugar alrededor de un hidrante abierto para mitigar un poco la temperatura, hasta que vimos a Tanya salir de la tienda del Gran Al, llame la atención de los chicos y señalé a donde se encontraba la chica; rápidamente nos pusimos de pie y nos dedicamos a seguirla. Llegamos a la unidad donde vivía con su familia y nos dirigimos a las escales de emergencia, afortunadamente su departamento se encontraba en el primer piso, así que no corríamos el riesgo de morir si caíamos de la plataforma, aunque probablemente saldríamos muy lastimados.
Tanya, empezó a desvestirse muy lentamente mientras se miraba en el espejo de su cómoda, las impresionante de verla en ropa interior, fue admirar los ligeros que sostenían sus medias, parecían un instrumento de tortura, pero ella hacía que fuese la prenda mas provocadora de todas. Cuando estaba a punto de quitarse el brasier, un grito indignado nos llego de la ventana contigua; Vasili, nos capturo espiando a su hermana menor, nos quedamos paralizados hasta escuchar el grito de Tanya y nos dimos cuenta que Vasili, empezaba a salir por la ventana sosteniendo un bate de beisbol. Prestos y dispuesto, bajamos en estampida de las escaleras, asustados de que Vasili nos atrapara, Emmett gritaba desaforadamente, rogando por su vida, Jasper, lloraba y a la vez maldecía, mientras que Carlisle y yo enmudecidos solo pensábamos en cómo salir de esa situación.
Corrimos por dos calles y al voltear, nos percatamos que junto con Vasili, se encontraban dos policías, no reconocí a ninguno, pero estaba totalmente seguro que ninguno de ellos era el oficial Swan, de lo contrario si lográbamos escapar de esta, mis padres de igual forma se enterarían. Unos metros más adelante, se encontraba la entrada al subterráneo, no habiendo mas salida y agotados como estábamos, era la mejor alternativa que teníamos.
— ¡Debemos entrar al subterráneo!
— ¡Estás loco, Eddie! Si entramos allí nos atraparan más rápido ―dijo Emmett, totalmente perdido por la preocupación.
―Edward, tiene razón —dijo Carlisle—. Podemos perderlos cuando nos montemos en el tren.
Los cuatro accedimos, sin tener muchas opciones. Corrimos con más fuerza sin quitar la vista de nuestros perseguidores, sin darnos cuenta que saliendo de la boca del subterráneo, se encontraba la Sra. Claymore; los cuatro chocamos fuertemente con ella, empujándola por las escaleras. No pudimos alcanzarla para sostenerla, ya que el impacto, también nos tumbo a nosotros, la Sra. Claymore, rodó por cada uno de los escalones golpeándose fuertemente, cada vez que su cuerpo impactaba contra el piso, solo se detuvo al llegar al final de las escaleras, donde algunas personas se acercaron para auxiliarla, logramos salir del estupor cuando nos acercamos a la pobre mujer que yacía en el suelo y nos percatamos del enorme charco de sangre alrededor de su cabeza; desesperado me acerque para comprobar sus signos vitales, pero en el estado que estaba no sabía si detectaba su pulso o el mío, un hombre de traje marrón se acerco a la Sra. Claymore y toco su cuello en busca de alguna señal de vida, sentía que todo pasaba en cámara lenta, y solo era capaz de escuchar el flujo acelerado de sangre en mi cabeza, subí mi mirada hasta el rostro de aquel extraño y lo vi negar lentamente.
La Sra. Claymore, estaba muerta…
Pasando revista (1): acción de tomar asistencia, a través de una lista.
The Supremes (2): grupo femenino de la Motown en el que cantaba Diana Rose.
Penthouse y Playboy (3): revista para el público masculino mayor de 21 años, con alto grado de desnudes.
Vini Vidi Vinci (4): expresión latina que se traduce como "vine, vi y vencí"
