¡Hola a todos! Wow, qué de tiempo... lo siento mucho si algunos de vosotros habéis estado esperando alguna actualización todo este tiempo . No voy a venir con escusas, he estado bastante ocupada con las obligaciones de la vida, pero lo que quiero que sepáis es que he estado trabajando en este nuevo capítulo durante el año entero. No me gusta dejar las cosas a medias, tarde o temprano siempre las termino.

Bueno, pues aquí os dejo con el segundo capítulo de esta historia. Espero que os guste tanto como el anterior ^^

¡Advertencias! YAOI (chicoxchico); LEMON (sexo explícito) y SPOILERS (aunque a estas alturas quién no se sabe la trama entera de SDR2...)


Capítulo 2

Hajime mastica con desgana otro bocado de su cena. A pesar de que finalmente puede satisfacer los restos de aquel hambre voraz, no consigue disfrutar de tal ansiado banquete. Y al parecer tampoco pueden sus acompañantes. Alza la vista y observa los rostros pálidos de sus compañeros comiendo apáticamente junto a él. Bueno, todos salvo Akane, a la cual parece ser que el apetito se le mantiene firme en cualquier situación. Pero aparte de sus enérgicos bocados no se escucha ni un sonido más en aquel comedor del hotel. Nadie dice ni una palabra, ni siquiera para animar el ambiente. Están ya cansados de todo. La ausencia de Nidai y de Tanaka pesa demasiado en la atmósfera, haciendo que el grupo se sienta más reducido que nunca. Pero sorprendentemente otra falta se añade a esa desolación. Hinata posa la mirada en una silla vacía que se encuentra a un lateral de la mesa.

Komaeda no está.

Desde que abandonaron la odiosa casa de las sorpresas no se le ha vuelto a ver el pelo. ¿Dónde está? ¿Por qué no viene a cenar? Nunca antes ha actuado así… aunque en realidad nada de lo que ha hecho últimamente se asemeja a como suele comportarse normalmente. Hinata recuerda la manera en la que lo atacó verbalmente durante el juicio del asesinato de Nidai. Entiende que ese cambio de actitud se deba a que acaba de descubrir que Hinata no tiene ningún tipo de talento. Ha sido gracias al archivo entregado por Monokuma a Komaeda, el cual contiene tan sólo el perfil del castaño, por el que se ha podido conocer esa información. Para Hinata mismo ha sido un gran shock descubrir que él en realidad es un estudiante normal y corriente que viene de la 'Prep School', un colegio afiliado a 'Hope's Peak Academy', y por lo tanto él no tiene ni punto de comparación respecto al resto de sus compañeros.

Es por eso que entiende la gran decepción de Komaeda. El peliblanco tan sólo lo trataba con tal admiración porque pensaba que Hinata era también un 'símbolo de la esperanza', pero ahora que ya sabe que ese no es el caso lo considera incluso inferior a sí mismo. Por eso Hinata puede llegar a comprender el desprecio que sienta hacia su persona. Pero lo que no comprende por mucho que lo intente es el desprecio que muestra hacia el resto de los chicos. ¿Por qué? ¿Acaso ellos no siguen siendo los 'símbolos de la esperanza' que Komaeda tanto adora? ¿Por qué también ese cambio de actitud respecto a ellos?

Hinata suspira. Tantas cosas han cambiado, tantas cosas han pasado en aquella casa… De repente se le cruza por su mente un flashback de lo que hicieron Komaeda y él aquella noche, y en consecuencia se ruboriza profundamente. Aquella noche Komaeda mostró una gran devoción hacia él, tanto que casi rozaba el delirio. Pero no sólo durante el acto en sí, incluso luego se mostró totalmente dispuesto a cuidar de Hinata y atender a sus necesidades en lo que hiciera falta. Pero eso se debió solo a que lo había sobreestimado. Lo había puesto en un pedestal, el cual resultaba ser falso. Ahora que ya conoce la verdad, su idealizada imagen de Hinata se ha desmoronado y seguramente se condene a sí mismo por haber estado tan ciego.

El castaño se muerde el labio inferior con un toque de humillación. Sí, seguramente Komaeda se arrepienta ahora de haber compartido un momento como aquel con Hinata.

Al día siguiente, Hinata se reúne como es de costumbre con el resto de sus compañeros para desayunar en el restaurante del hotel. Hoy tampoco hay ni rastro de Komaeda, pero su ausencia es sustituida por la aparición de Monomi. El peluche robótico con forma de conejo les informa de su costosa victoria contra otro de los "Monobeasts" y por tanto hay acceso libre hacia la última isla. Ante esa novedad, Hinata decide apartar por un momento sus pensamientos de Komaeda para centrarse en la exploración del nuevo territorio desconocido. Pero incluso en esta nueva isla, la cual es bastante distinta a las demás por su aspecto industrial, tampoco se ha encontrado una salida ni nada útil que les sirva de ayuda. Deciden hacer una reunión todos los chicos juntos para analizar la realidad en la que se encuentran y llegan a la conclusión de que entre todos podrán salir de esta. Hinata también está de acuerdo. Juntos podrán superarlo.

- Débiles… - suena una voz suave con un tono burlesco.

A Hinata le da un vuelco el corazón.

Parece mentira, pero siente como si hubiese pasado mucho tiempo desde la última vez que escuchó esa voz… la voz de Komaeda.

Todos se dan la vuelta alarmados para encontrarse con la silueta de Komaeda desprendiendo una actitud distante y fría. Sin prestar especial atención a Hinata, Komaeda procede llamándoles débiles y diciendo que está decepcionado con ellos porque no se están enfrentando de cara a sus problemas. El castaño escucha con atención cada una de sus palabras y se sorprende al oír que el peliblanco había intentado aliarse con Monokuma. "¿Pero qué demonios ha estado tramando Komaeda todo este tiempo?" Piensa Hinata preocupado. "En serio, le dejamos solo durante una noche y ya la va liando…" Pero lo que realmente le choca es cuando el peliblanco dice con todo el convencimiento del mundo que va a desvelar la identidad del traidor aunque le cueste la vida y que esta vez sería ya la última. Ante esas palabras Hinata no puede evitar el acto de reflejo de retroceder unos pasos. ¿Cómo que esta vez sería la última vez? ¿Se refiere a los asesinatos? ¿Está planeando un último y definitivo asesinato? Komaeda siempre ha actuado de manera extraña dejándose llevar por sus retorcidos ideales, pero esa vez está siendo mucho más amenazante con todos, tratándolos con un desprecio que nunca lo ha caracterizado, al menos no con los mismísimos símbolos de la esperanza. Además, Komaeda prácticamente no le dedica ni una mirada a Hinata y dejando las palabras de que confía en su suerte en el aire se marcha con una carcajada. El castaño lo ve alejarse y siente como la ansiedad empieza a apoderarse nuevamente de él.

"Has cambiado, Komaeda…"

Un día más tarde de aquel acontecimiento Hinata se encuentra en su cuarto sumido en sus pensamientos. El sol se está poniendo lentamente desde su ventana. Ya va llegando la hora. Sí, esa misma mañana su compañero, Souda, les explicó el plan que se le ha ocurrido para capturar a Komaeda. Opina que dejarlo andar a sus anchas es demasiado peligroso y que deberían encerrarlo como lo hicieron aquella vez después del primero juicio. Tras un corto debate entre sí sería moralmente correcto o no se votó a favor. Por la noche Nanami serviría de señuelo para acercar a Komaeda a la recepción del hotel y allí caería en la trampa. Cada uno juega un papel en esta artimaña salvo Sonia y Hinata; ella por ser una princesa y él… a decir verdad no sabe muy bien por qué él ha sido excluido del plan, pero en el fondo lo agradece.

La idea de encerrar a Komaeda no le hace mucha gracia, le preocupa. No sabe exactamente por qué, pues tiene el corazón dividido en dos. Por una parte le inquieta moralmente aprisionar al peliblanco, pero por otra parte Komaeda le da miedo, y mantenerlo confinado es una buena manera de tenerlo bajo control. Desde que han salido de la casa de las sorpresas el chico de pelo rizado ha cambiado, ahora desprende un aura más inquietante que antes. Pero el castaño no se deja intimidar del todo por ello y tras la escena del día anterior se ha dedicado durante el día de hoy a intentar hablar con Komaeda en cuanto ha encontrado un poco de tiempo libre. Pero éste se niega a hablar con él. Antes nunca había rechazado su compañía de esa manera. Es más, si Hinata la proponía, a él se le iluminaría la cara de alegría y le seguiría a todos lados cual perrito a su dueño sin parar de repetirse la suerte que había tenido que 'Hinata-kun' lo haya invitado a salir. Pero ese ya no es el caso… Cuando se pone a recordar al Komaeda de siempre no puede evitar acordarse de aquella noche en la habitación lujosa.

Y finalmente entiende. Entiende por qué esa indecisión respecto a encerrar y enemistar a Komaeda. La parte de él que no quiere eso se debe al tiempo que compartieron en la casa de las sorpresas.

"Mierda…" Piensa con frustración. Pensaba que aquella vez no había significado nada para él, que tan sólo había sido un acto de desesperación que es mejor olvidar… pero ahora se da cuenta de que él no es un desalmado, y por lo tanto no puede abandonar así porque sí a alguien con quien ha compartido un momento tan íntimo. Justo cuando empieza a sacudir ruborizado la cabeza para desechar de su mente esos pensamientos, el sonido de un timbre lo devuelve a la realidad.

"¿Han llamado a mi puerta?" Se pregunta Hinata a sí mismo. Le parece extraño que nadie vaya a querer nada de él a esas horas, pero también recuerda que el plan tal vez se ponga en marcha más tarde así que en teoría podría ser cualquiera que quisiese hablar con él. Ya más relajado por ese pensamiento se dispone a abrir la puerta. En cuanto lo hace y reconoce a su visitante siente como si el corazón se le hubiese detenido durante un instante para luego comenzar a latir ferozmente.

- Buenas. – le saluda Komaeda amablemente y con una sonrisa agradable.

Hinata no sabe cómo reaccionar. Se queda unos segundos en blanco con una mezcla de asombro y temor.

- ¿K-Komaeda…? – es lo único que consigue mascullar mientras su mente se llena de preguntas. "¿Por qué? ¿Qué hace aquí?"

Komaeda le dedica otra sonrisa que hace que le recorra un escalofrío por toda la espalda. El castaño sabe perfectamente que esa sonrisa es una de satisfacción al haber notado su reacción de cautela… ¡Cómo si a estas alturas no conociera ya al otro chico…!

- ¿Sorprendido? – pregunta el peliblanco con presunta inocencia. – Claro, es normal que lo estés. Después de todo, ahora mismo debería estar ocupado quedando con Nanami, pues ella me acaba de decir que quiere hablar conmigo en la recepción del hotel. Un tanto sospechoso… no os habéis roto mucho la cabeza en pensar cómo atraerme hasta vuestra pequeña trampa.

Hinata se sobresalta al oír eso. O sea que Komaeda está al tanto de que le están tendiendo una trampa. En el último momento evita con todas sus fuerzas preguntar que cómo se había dado cuenta de eso, pues no quiere delatarse, pero teme que Komaeda pueda leerle la mente.

- ¿Qué cómo he descubierto lo de vuestra trampa? – pregunta Komaeda al instante.

Mierda, sí que sabe leerlo como un libro abierto.

- Fácil. – prosigue. – Soy todos muy predecibles, demasiado. – sisea esa última palabra con cierta arrogancia.

Hinata entrecierra los ojos y ante este gesto Komaeda adopta una postura preocupada por calmar al otro chico.

- Venga, no te pongas así a la defensiva, después de todo no voy a arruinar vuestro querido plan. Me lo habéis preparado para mí y yo eso lo aprecio, así que voy a acudir.

- ¿Vas a acudir…?

- Sí. Yo también quiero hablar con todos vosotros, y teneros reunidos en un mismo lugar me ahorra el esfuerzo de buscaros uno por uno. Por eso mismo estoy aquí.

- ¿Qué tiene que ver eso con que estés aquí…? – nada más acabar esa frase Hinata se da cuenta del por qué.

Komaeda lo mira con soberbia:

- Me imaginé que te habrían marginado del plan al ser un SHSL "nada". Así que vengo a recogerte.

- Ugh…

Ese ha sido un golpe bajo para Hinata. Controla las ganas feroces que tiene de cerrarle la puerta en las narices al otro chico.

- ¿Puedo pasar? – pregunta Komaeda angelicalmente. Menudo morro tiene…

- No, lárgate.

- No me seas así, Hinata-kun, que me he tomado las molestias de quedar con Nanami más tarde y venir aquí antes de lo previsto. Y todo para poder visitarte expresamente a ti.

- ¿Y eso por qué?

- Me gustaría comentarte algo antes de la reunión.

El castaño se queda pensando durante unos segundos. Resulta tentador negarse a estar con él, tal y como lo había estado haciendo el peliblanco recientemente con él. Sin embargo, no quiere perder la oportunidad de tener a Komaeda receptivo, sobre todo cuando tiene tantas preguntas para él. Con un suspiro de derrota se hace a un lado de la puerta y le deja vía libre hacia su morada.

- Pasa.

- Gracias.

Una vez entra dentro, Hinata se cruza de brazos con impaciencia y con una curiosidad que no quiere mostrar, pero que seguramente Komaeda ya esté al tanto de ella.

- ¿Y bien? ¿Qué es eso de lo que quieres hablarme que requiere tanta urgencia? Teniendo en cuenta que me has estado ignorando cuando iba yo a pedirte explicaciones.

- No te tomaba yo por una persona rencorosa, Hinata-kun. – responde Komaeda con un tono burlesco.

La paciencia del castaño tiene un límite. Mira fijamente al otro chico a los ojos pidiéndole con la mirada que se pusiese serio.

- Komaeda, ¿Por qué has venido a verme?

El chico de pelo rizado se queda en silencio unos segundos con los brazos cruzados. Antes de contestar comienza a pasearse lentamente por la habitación:

- '¿Por qué…?' La verdad es que ni yo mismo lo sé. – dice con un tono pensativo. – En un principio había decidido no hacerlo. Pasar de todo y seguir adelante con lo mío. Pero al final no he podido… supongo que me ha podido la tentación.

Hinata entrecierra los ojos:

- ¿Qué tentación?

- Nee, Hinata-kun… - empieza Komaeda al principio con la cabeza alzada y mirando al techo, pero luego fija su mirada en la del otro chico. - ¿Recuerdas aquella vez en la casa de las sorpresas que acudiste a mí por desesperación y de la ayuda que te presté aquel entonces? Bueno, simplemente hoy estoy acudiendo yo a ti para que me devuelvas el favor.

En un segundo Hinata siente como todos los calores se le concentran en las mejillas. Finalmente comprende qué es lo que Komaeda viene buscando de él, y sinceramente no es sólo vergüenza la causante de tal rubor.

- ¡Vete a la mierda! – le espeta con furia.

Komaeda le dedica una sonrisa afligida, pero muy lejos de estar intimidado.

- Venga, venga, no te pongas así… - lo intenta calmar. – No te estoy pidiendo nada malo… ni imposible…

- Deja de burlarte ya de mí.

- No me estoy burlando de ti, voy totalmente en serio.

El peliblanco se va acercando poco a poco, haciendo que el primer instinto del otro chico sea, como siempre, el de retroceder. No obstante, mantiene su posición con firmeza.

- ¿Qué pasa? ¿No te gustó aquella vez? – le pregunta Komaeda insinuante.

- ¿C-cómo?

- Sabes, Hinata-kun… a mí sí.

Komaeda posa sus manos sobre los hombros de Hinata acercándose a su oído:

- ¿Te acuerdas de lo bien que nos lo pasamos los dos juntos? En especial tú…– le susurra sensualmente e incluso se toma la libertad de lamerle ligeramente la oreja.

Esa fue la gota que colmó el vaso. Hinata reúne todas sus fuerzas para apartar al otro chico de sí con un empujón que casi lo tumba en el suelo.

- ¡¿Pero quién te crees que eres?! – Hinata alza la voz claramente enfurecido y apretando los puños con firmeza. No se puede creer el atrevimiento del otro chico. ¿Con qué derecho se cree poder dirigirse a él como si fuese un objeto que poder usar cuando tenga el deseo de hacerlo?

Un par de metros más allá se encuentra Komaeda acariciándose suavemente la zona que ha recibido el impacto del empujón.

- Ay… eso ha dolido. – se queja con desgana.

- ¡Tu actitud me está superando, Komaeda, y no voy a permitir que me trates como te venga en gana! – ruge Hinata defendiéndose. – ¡Si ahora estás tratándome con desprecio porque te has desengañado de mí al ver que no tengo ningún talento ese es tu problema! ¡No voy a dejar que intentes humillarme!

Un silencio sepulcral es el que sigue después del eco de la voz de Hinata. Éste aprieta los dientes para canalizar su rabia. Lo que acaba de decir es la verdad de esta situación que le parece tan injusta. Enfrente de él está Komaeda con una expresión que parece confirmar que Hinata ha dado en el clavo. Por fin, es el castaño el que consigue leer al otro chico, esto tiene que significar que ha debido de dejar al otro desarmado. Tras varios segundos, Komaeda decide abrir la boca:

- Sí, me has decepcionado. Tú y todos los demás. – dice con un tono serio que nunca antes ha empleado. – Pero todo ha sido culpa mía, por creer que erais algo que no sois.

Hinata no comprende totalmente. ¿Por qué habla en plural, refiriéndose también a los demás? La decepción debería ser sólo con Hinata. Intenta averiguar lo que le pasa al otro chico por la mente:

- ¿Te refieres a que los demás no están siguiendo esa retorcida idea de esperanza que te habías esperado que hiciesen?

- Algo así. – responde Komaeda apáticamente y apartando la mirada.

El castaño frunce el ceño enfadado. Pero, ¿Qué le pasa a Komaeda? Hinata está haciendo un esfuerzo por intentar entender sus razonamientos y sin embargo el otro chico parece querer entorpecerlo.

- ¿Cómo que 'algo así'? ¿Por qué no me lo dices claramente? ¿Qué es lo que ocultas? ¡Habla conmigo!

Komaeda le lanza una mirada fulminante y fría:

- No he venido aquí para hablar con alguien mediocre como tú, estudiante de la 'Prep School'.

Esa frase se le clava en Hinata como un puñal. Mira dolido y con incredulidad a su compañero. Él está haciendo todo lo posible por entenderle. ¿Por qué se cierra a él por no tener ningún talento?

Finalmente acepta el hecho de que Komaeda ya es irrecuperable. Y nuevamente irritación es la que emerge en él.

- Muy bien… - empieza Hinata alzando la vista y retando al otro chico con la mirada. – Si tanto me detestas, ¿Cómo es que quieres volver a acostarte conmigo? ¿O es que es otra retorcida manera de humillarme para tu sádica satisfacción?

Komaeda sacude la cabeza lentamente.

- Estás equivocado. Aunque te resulte difícil de creer, ese no sería mi estilo para nada. No, lo que sucede en realidad es que no te detesto, Hinata-kun. Ese es mi verdadero problema. Yo debería detestarte, todo sería mucho más fácil si te detestase.

Hinata se queda confuso después de oír esa declaración.

- Te voy a ser sincero, Hinata-kun, así que escúchame con atención. - dice con el tono más serio que ha usado jamás. - Quiero tenerte una última vez antes de que todo acabe.

El castaño abre los ojos estupefacto con una mezcla de terror. Decide ignorar totalmente el hecho de que claramente le acaba de confesar que lo que busca de él es simple sexo y automáticamente se centra en la frase clave.

- ¿'Antes de que todo acabe'...? - repite temiendo el significado de esas palabras. - ¿Qué quieres decir con eso? ¿Qué es lo que se va a acabar? ¿N-no te estarás refiriendo a...?

"...que vamos a morir." Termina esa frase en su mente pues no encuentra las fuerzas de pronunciarla. En seguida se le pasan por la mente miles de posibilidades de a lo que podría referirse Komaeda y ninguna resulta tranquilizante. El miedo lo paraliza, haciéndole incapaz de pensar con racionalidad.

- ¡¿Qué es lo que estás tramando?! - espeta nervioso, dejándose llevar por el temor.

Komaeda, por otro lado, permanece apacible observando seriamente a su compañero con una mirada que expresa decepción. Tras unos largos instantes en los que Hinata habría dado lo que sea por saber qué es lo que se le está pasando al otro chico por la mente, el peliblanco finalmente baja la mirada y guarda las manos en los bolsillos de su chaqueta verde oscura.

- Tiro la toalla contigo. - dice con un tono de desilusión. - Nos vemos luego en la recepción del hotel. No llegues tarde.

Con esas palabras se da la vuelta y se dispone a salir de la morada.

Hinata lo mira alejarse con frustración. ¿Cómo se va así sin más? No puede revelarle que todo se va a acabar y luego simplemente marcharse sin dar ninguna explicación. Y sobre todo... No puede mirarlo con esos ojos de decepción al ver su reacción. ¡No puede! ¿Acaso qué se esperaba de Hinata? Por supuesto que va a reaccionar con terror ante esa revelación, pues él no deja de ser humano. Y no sólo eso, sino que también se ha descubierto que no posee ningún talento, por lo tanto más razón aún para saber que él es una persona normal y corriente como cualquier otra. ¿Y aun sabiendo eso, Komaeda se permite el lujo de mirarlo decepcionado? ¿Aun sabiendo eso, se había esperado algo distinto de él?

Hinata siente que toda la frustración se concentra en un solo punto en su pecho. Se muerde el labio inferior para aguantarse las enormes ganas que tiene de gritar desde lo más hondo de sus pulmones: ¡¿Qué es lo que quieres de mí?! Pero resultaría inútil, pues Hinata sabe bien lo que Komaeda quiere de él. Lo ha estado repitiendo desde que entró en su morada.

Komaeda agarra el pomo de la puerta que lo llevaría a la salida, pero algo logra que se detenga. Hinata se coloca detrás de él y rodea sus brazos alrededor de la cadera del otro chico en un abrazo. Hunde la cabeza en los hombros de su compañero.

- No te vayas. - susurra firmemente.

Nada más terminar esas palabras el castaño se abochorna de haber actuado así en un arranque de sinceridad, pero tampoco quiere rechazar a Komaeda, por lo que disuelve el abrazo lentamente intentando recuperar la compostura de la manera más digna posible.

- Q-quiero decir… - carraspea por el nerviosismo. – Que está bien… tú ganas… Hagámoslo.

Hinata no sabe exactamente qué es lo que ha logrado hacer que cambie de parecer, pero siente que no quiere que todo acabe así… No de esta forma… Y si la única manera de retener a Komaeda es cumpliendo con sus requisitos, pues que así sea. Espera pacientemente la respuesta de su compañero, el cual sigue dándole la espalda, pero pronto empieza a darse la vuelta lentamente.

En el momento en el que ambos chicos establecen y mantienen contacto visual, una sensación de déjà vu se apodera de Hinata. La última vez en la casa de las sorpresas, la escena fue parecida a esta, pero aquella vez fue Hinata el que se dio la vuelta seducido por las palabras del otro. Recuerda también que así fue como se besaron por primera vez y por un momento empieza a pensar que así lo iniciarían ahora también. Sin embargo, para su sorpresa, Komaeda comienza a avanzar hacia él, obligando a Hinata a retroceder, hasta que éste se encuentra acorralado contra el borde de la cama. Con un ligero empujón, Komaeda tumba al otro chico sobre la cama y se posiciona encima de él.

Sólo con este gesto el corazón de Hinata comienza a latir con fuerza, pero a pesar de ello no se siente agradado con la situación. "No está siendo como la última vez…" Piensa con cierto grado de desilusión cuando se percata de las diferencias entre aquella vez y esta. "Para empezar, no me ha besado ni una sola vez y ya me está abriendo la camisa…" En efecto, las manos cálidas del peliblanco ya están ocupadas deshaciéndole la corbata que siempre lleva atada al cuello y desabrochándole los botones de la camisa.

"¿Por qué este contacto tan frío?" Piensa Hinata mientras yace sin mover ni un dedo y simplemente dejando que Komaeda haga lo que le plazca. Komaeda no se ha preocupado por crear el ambiente apropiado, simplemente avanza con gestos sistemáticos. No se parece en nada a la última vez. Aquella vez parecía que buscase más el placer de Hinata que el suyo propio, pero ahora es como si no viese a Hinata como su compañero de encuentro, sino el medio por el cual alcanzar su propósito. Hinata se ríe de sí mismo internamente al haberse visto esperándose otra cosa. Por supuesto que el cambio de actitud hacia el castaño iba a afectar también en este aspecto. "¿Es por eso que no me besas, Komaeda?" Se repite en su mente con tristeza. "¿Es porque ya no me consideras digno de ello?"

Una vez le ha terminado de desabrochar la camisa, Komaeda se la quita a Hinata y la echa a un lado de la cama.

- Sitúate en el centro. Estaremos más cómodos. – le ordena.

Hinata obedece sin decir ni una palabra y se acuesta con la cabeza apoyándose sobre la almohada. Komaeda vuelve a colocarse encima de él y esta vez se inclina para lamerle el cuello al otro chico. El castaño se estremece ligeramente al notar el cosquilleo de esa acción, pero en cuanto nota que el otro chico comienza a succionar una zona lo aparta ligeramente de sí en un movimiento brusco. Ante la mirada perpleja de Komaeda, él simplemente responde:

- No quiero que me dejes un chupetón.

"Si yo no soy digno de ello, tú tampoco." Es la frase que Hinata calla en su mente, pero que seguramente haya logrado transmitir en su mirada. Komaeda asiente con su cabeza sin más y continúa haciendo caso a la petición del castaño.

Tras unos cuantos besos más en el cuello, Komaeda baja al pecho de su compañero con la intención de lamerle uno de los pezones. Hinata aguanta la respiración ante la sensación. Indudablemente se siente bien, pero… "…Pero no me concentro." Es a la conclusión a la que llega finalmente el chico cuando ya han pasado varios minutos y aún no consigue entrar totalmente en calor. Se siente incómodo, cohibido ante el trato distante y frío que recibe de Komaeda. No consigue desatar esa pasión que lo llevó hacia el límite la última vez si siente que tan solo está siendo utilizado por su compañero. Es todo mental, no cabe duda alguna, pues las caricias del peliblanco merecen su mérito. Sin embargo, cada vez que hace un esfuerzo por dejarse llevar acaba bloqueándose. Falta esa confianza en el otro que necesitaría ahora mismo.

Obviamente, Komaeda se percatada de lo que le pasa y es por eso que decide acercarse al oído del chico:

- Relájate, Hinata-kun... – le susurra suavemente.

Por un momento, Hinata piensa que precisamente esa frase iba a empeorar las cosas, al sentirse más presionado aun. Sin embargo, el peliblanco cambia su trato a caricias más dulces paseándose seductoramente por el pecho del castaño. Ese cambio hace que Hinata suelte un ligero suspiro.

- Así es… deja la mente en blanco… - le incita Komaeda con el mismo tono cautivador. – Tan sólo… siénteme.

En cuestión de segundos, Hinata nota como su temperatura corporal comienza a subir a la vez que sus latidos se hacen más fuertes. Komaeda realmente es un experto en manejar la psicología ajena. Si tan sólo tratase con la suya propia tan bien como trata con la de los demás…

Al observar que su tratamiento da resultados, Komaeda se atreve a dirigirse hacia uno de los pezones y estrujarlo suavemente entre su dedo índice y pulgar.

- Ah… - un ligero gemido se escapa por primera vez de los labios de Hinata.

Komaeda sonríe con satisfacción y prosigue un poco más con lo que está haciendo ganándose por ello otro de esos gemidos. Pronto baja su mano por el estómago del otro chico arrastrando las uñas de manera suave. Hinata se estremece y suelta fuertes suspiros. La cosquillas y el placer que le produce ese gesto van a volverlo loco.

- Hinata-kun… - le susurra Komaeda pesadamente al oído. – Me pones a cien…

La frase hace que al otro chico se le encoja el estómago placenteramente. Esto ya sí que es más del agrado del castaño.

En cuanto la mano de Komaeda llega al borde del pantalón, ésta consigue colarse ágilmente hasta debajo de la ropa interior del chico. No pierde ni un segundo en cerrarse alrededor del miembro duro que hay esperando con impaciencia.

- Vaya, vaya… - comenta Komaeda burlesco. – Mira lo duro que estás… y pensar que hace tan sólo unos minutos no estaba el horno para bollos… - alza la vista para encontrarse con la de Hinata mostrando una sonrisa pícara. – Y la expresión no va con segundas.

Hinata se ruboriza intensamente. Esa obscenidad que acaba de decir rompe totalmente con la imagen habitual de su compañero, lo cual hace que le ponga más de lo que le gustaría.

- Y-yo… ¡Ah!

Hinata intenta comenzar una frase para dar explicaciones, pero es interrumpido por la mano de Komaeda moviéndose, el cual no está interesado en lo que Hinata tiene que decir. "Yo no es que ya no me sienta incómodo." Piensa el castaño en su mente, con la frustración de no poder pronunciar estas palabras. Sabe que en el fondo Komaeda no ha cambiado su actitud respecto a él. Sabe que sigue mirándolo con desprecio por no tener ningún talento y que ha adoptado esta posición seductora tan sólo para calentar al chico e iniciar todo. Sabe que todo es una farsa, pero aun así… esta farsa se siente tan bien que lo envuelve completamente.

El peliblanco se detiene durante un momento para cambiar de posición. Al principio Hinata piensa que es para cambiar a una postura más cómoda para él, pero al ver al chico acercar el rostro a su pantalón entiende las verdaderas intenciones inmediatamente.

- También fuiste así la última vez… - comenta Komaeda mientras le baja la ropa interior, exponiendo su miembro por competo. – En cuanto te doy un poco de placer caes rendido a mis pies.

Hinata sabe que el fin de esa frase es mortificarlo. Una humillación dirigida para que no bajase la guardia. Un recordatorio de que él sigue mirándolo por encima del hombro. No había hecho falta tal burla, y justo cuando Hinata se plantea el hecho de reaccionar de manera digna ante ello, Komaeda le engulle el miembro y succiona con firmeza, desintegrando cualquier plan rebelde del otro chico. "Maldita sea… lo ha hecho a propósito…" Piensa Hinata en su derrota.

Sin dar tregua alguna, Komaeda establece un ritmo lento pero constante, en el cual se dedica a hacer círculos con la lengua en la punta del miembro para luego succionar con fuerza hacia afuera.

- Ah…

Hinata podría jurar que puede ver las estrellas, estremeciéndose en la cama y encogiendo los dedos de los pies. La sensación es impresionante, pero el ritmo lento lo está matando. Abre las piernas lo máximo que puede para ver si así consigue un poco más de estimulación, pero resulta inútil. Lo que realmente necesita es que Komaeda aumente el ritmo. Suelta un largo gemido, el cual muestra su frustración. Komaeda lo mira divertido, pero ignora totalmente su petición silenciosa. Hinata siente que no puede más y como último recurso decide apoyar una mano sobre la cabeza de su compañero y empujar de arriba hacia abajo marcando un aumento de velocidad. Sin embargo, Komaeda no le da oportunidad y en cuanto nota las intenciones del castaño separa la boca de su miembro. Hinata suelta un quejido reprimido.

- ¿Desesperado? – pregunta Komaeda sonriendo.

Hinata permanece en silencio y tan sólo se escuchan sus jadeos acelerados. Ya no sabe ni por qué se sorprende de que vuelva todo este tema de la desesperación.

- ¿Quieres que acelere el ritmo? ¿Es eso, Hinata-kun? – pregunta de manera seductora y se dispone a volver a dibujar círculos sobre la punta del miembro de Hinata, esta vez más rápidos.

- Aah… S-sí… - el castaño no encuentra más remedio que responder, a ver si así Komaeda decide obedecer de una vez.

Sin embargo, el peliblanco se detiene:

- Me temo que no va a ser posible, Hinata-kun. Quiero que te vengas con este ritmo, quiero que te vuelvas loco de la necesidad. Que me pidas más y más mientras ves que todos tus esfuerzos resultan inútiles.

Pronuncia estas palabras con una sonrisa maléfica que provoca al castaño un escalofrío.

- Saborea esta dulce desesperación. – dice Komaeda. – Es solamente para ti.

Sin decir ni una palabra más vuelve a introducirse el miembro del castaño en la boca y continúa con el mismo trato de antes.

Hinata cierra los ojos con fuerza mientras suelta gemidos entrecortados y se cubre los ojos con la mano. No está dispuesto a mostrar su expresión a Komaeda por nada del mundo, no piensa darle ese placer. Pero no puede evitar que se le escapen los gemidos de sus labios entreabiertos. El placer que le provoca el otro chico se va acumulando en su abdomen, a punto de explotar, pero no lo hace. No consigue esa intensidad que lo lleve hasta el final del todo. Arquea la espalda involuntariamente notando que sus sentidos se van agudizando por momentos para cubrir la necesidad que siente. Cualquier roce añadido podría servirle para lo que ansía. Y si Komaeda no está dispuesto a dárselo, tendrá que hacerlo él mismo. En cuanto se le cruza ese pensamiento por la mente decide llevarse una mano a su pecho, pero como si leyese sus acciones Komaeda le agarra la mano.

- N-no… suéltame… - implora.

Komaeda no dice nada y agarrando esta vez ambas manos las sujeta firmemente una a cada lado de Hinata. El castaño jamás se habría imaginada que el peliblanco fuese más fuerte que él, pues su constitución indica lo contrario, no obstante parece no poder liberarse de aquellas manos. Simplemente no hay manera… Komaeda se va a salir con la suya.

Justamente cuando piensa en darse por vencido y rendirse ante su compañero, éste suelta la mano izquierda de Hinata para mover la suya propia. Esta podría ser la oportunidad del castaño para retomar su intención previa, sin embargo para su sorpresa Komaeda es el que lleva a cabo tal acción. Así es, a la vez que parece succionar su miembro con un poco más de fuerza usa sus dedos para trazar suaves círculos con el pezón de Hinata.

- ¡Aaah!

Esto justamente es lo que Hinata había estado esperando. Echa la cabeza hacia atrás mientras se hunde rápidamente en ese nuevo placer, y puede sentir cómo se le derrama una pequeña y cálida lágrima. En tan sólo cuestión de segundos su cuerpo entero se tensa.

- ¡Aaah! ¡Aah! - Hace tiempo que dejó de preocuparse por sus gemidos. – O-oye…

No le da tiempo ni de avisar al otro chico y con un gemido ahogado suelta lo que lleva reteniendo en su interior. Es cierto que el trato lento recibido ha resultado agonizante, pero no recuerda haber tenido un orgasmo tan intenso antes en su vida.

Mientras aun siente leves réplicas de aquellas olas de placer, Hinata se hunde en la cama relajado. Por un momento quiere dejar la mente en blanco, sin pensar en absolutamente nada, pero una reflexión le despierta de un tirón de su trance. ¿Dónde ha ido a parar el semen que ha echado? Rápidamente se incorpora levemente para encontrarse con la imagen de Komaeda limpiándose los labios con la parte trasera de la mano. Hinata se pone rojo como un tomate:

- ¡L-lo siento! No me dio tiempo a avistarte que iba a… lo siento mucho…

- No te preocupes. – responde Komaeda sin mirarle a la cara.

"¿Le habrá molestado…?" Se pregunta Hinata intranquilo. Después de todo, no es de agrado el tener el semen de una persona a la que odias en la boca. Bueno, a lo mejor no odio… sino sea cual sea el sentimiento que el peliblanco mantenga por él, que desde luego no es positivo. Pero de pronto Hinata nota que no hay ningún pañuelo cerca en el que Komaeda haya podido escupir el líquido, y si el chico no se ha movido del sitio… ¿Cómo lo habrá hecho para…?

De pronto cae en la cuenta de la posibilidad más factible.

- ¿T-te… lo has tragado? – pregunta con nerviosismo.

Komaeda le dedica una mirada seria. No afirma nada, pero tampoco lo niega. Hinata no puede dejar de mirarlo incrédulo. Se habría esperado eso del Komaeda de la última vez, pero para nada del Komaeda de ahora.

- P-pero… ¿Por qué…? ¿Por qué te lo tragarías…? Si tan decepcionado estás conmigo que ya no me aguantas… No te entiendo. – su incredulidad pasa a convertirse en confusión frustrada. - Quieres tener sexo conmigo, pero mantienes una actitud fría y distante hacia mí. Comprendo que quieras sistematizar este acto y que no mantengas ningún aprecio especial mientras lo hacemos salvo el placer que te proporciona. Pero entonces… ¿Por qué te tragas eso? ¿Por qué no lo escupes como si fuese la basura que me estás haciendo sentir?

Komaeda chasquea la lengua. Parece que Hinata ha conseguido sacarlo de su zona de confort, algo que nunca antes se habría imaginado que conseguiría hacer.

- Tú qué sabrás como me siento… - murmura Komaeda.

Antes de que Hinata pudiese añadir nada más, Komaeda se reincorpora en la cama y se posiciona encima de él apoyando una rodilla a cada lado del otro chico mirándolo desde arriba. Mete una mano dentro de su bolsillo de la chaqueta verde oscura y saca un bote de lubricante y una caja de condones. Hinata reconoce ambos objetos de la casa de las sorpresas. "¿En serio se ha preocupado por sacar esas cosas de aquella casa…?" Piensa con cierto desdén, pero pronto se centra en el siguiente movimiento de su compañero. Éste se quita su chaqueta verde oscura y la tira al suelo, sin importarle donde caiga. Podría ser la primera vez que el castaño lo ha visto sin su característica chaqueta y la imagen le resulta extrañamente sensual. Sin embargo, poco puede disfrutar de esas vistas, pues Komaeda lo obliga a darse la vuelta y estar boca abajo.

- Alza más las caderas. – demanda el peliblanco.

- E-espera… - protesta Hinata ruborizado. Esta postura es de lo más vergonzosa.

Se apoya con las manos para elevarse y mirar atrás al otro chico, pero éste le agarra la cabeza y la mantiene presionada contra el colchón.

- Quédate abajo. – le ordena con un tonto firme.

"¿E-está enfadado…?" Piensa Hinata, un escalofrío recorriéndole el cuerpo.

- ¡Oye…! – protesta. Su voz casi amortiguada por tener un lado de su cara presionada contra la almohada.

A pesar de que le irrita la actitud de Komaeda recuerda que ha sido él mismo el que ha accedido a acostarse con él a pesar de las condiciones. Con esta reflexión en mente decide reaciamente dejarse llevar y hacer lo que al peliblanco le viniese en gana. Komaeda le agarra los muslos.

- Abre las piernas.

Otra orden que ruboriza profundamente al castaño. Sabe que Komaeda podría abrirle él mismo las piernas sin problema alguno, pero en vez de eso ha decidido que Hinata sea el que lo haga. Sabe que quiere ver como el otro chico se traga su orgullo y accede a sus deseos. Sabe que quiere demostrare que al fin de cuentas, Hinata no está obligado a nada y que si está así es porque también quiere esto. Todo esto lo sabe perfectamente. Y a pesar de la humillación que supone romper con todas sus excusas… reconoce que Komaeda está en lo cierto. Él también quiere esto y no hay manera de que vaya a parar ahora.

Finalmente Hinata obedece y se posiciona tal y como sabe que Komaeda quiere que este. Lo bueno de esta postura es que así no puede verle la cara, la cual hunde en la almohada, y así no se aprecia lo avergonzado que realmente está. Todo habría resultado más insoportable si además le estuviese observando el rostro. No hay mal que por bien no venga. "Genial, y ahora estoy empezando a pensar como él…" Se burla el castaño de sí mismo cuando se acuerda de cómo afronta Komaeda su ciclo de buena y mala suerte.

Una sensación fría lo saca de sus pensamientos. Komaeda ha empezado a prepararle la entrada con el lubricante.

- ¡Ah! – Hinata se queja instintivamente, sin embargo sabe por experiencia que la crema fría se calentará y que aquellos dedos empezarán a sentirse mejor por momentos.

Después de unos momentos más de preparación, los cuales Hinata no considera suficientes, Komaeda silenciosamente procede a desabrocharse los pantalones. Coge la caja, saca uno de los condones que hay en ella y se lo pone alrededor de su erección prestando atención en que cubra bien. El castaño lo mira sonrojado con la cabeza girada. Ya pensó lo mismo la última vez, pero es posible que la visión de Komaeda alistándose para tener sexo sea lo más erótico que haya visto jamás.

Tras restregarse lubricante alrededor de su miembro, el peliblanco se sitúa detrás de él. Hinata cierra los ojos esperando algún tipo de aviso, sin embargo pronto siente un dolor desgarrador.

- ¡Aaaah! – gime en agonía. – ¡Ay… para! Me haces daño.

- No seas quejica. – responde el otro chico sin interrumpir su acción.

Hinata tan sólo refunfuña ante el comentario de su compañero, esperando impacientemente a que terminase de ajustarse dentro de él. Una vez consigue entrar del todo, Komaeda se detiene unos momentos para cerrar los ojos y echar la cabeza ligeramente para atrás.

- Ah… - suspira profundamente. – Se siente tan bien dentro de ti… tan estrecho y caliente. Me podría pasar una eternidad así y no me importaría…

Hinata se ruboriza profundamente, a pesar de que el comentario lo perturba.

- ¿P-pero qué dices…? Tú estás mal de la cabeza.

El peliblanco se ríe ligeramente:

- Sí… tienes toda la razón… Parece mentira que hayamos tenido que llegar a esto para que te dieses cuenta.

El otro chico no contesta, sin embargo siente como un sudor frío le recorre todo el cuerpo.

Sin más preámbulos Komaeda comienza a moverse en un ritmo más lento de lo que Hinata se había esperado. Sin embargo, al no haberse preparado apropiadamente puede sentir cada estocada con claridad. Aún no sabe si siente dolor o placer.

- Ah… ngh… - se queja apretando los dientes.

El castaño decide llevarse la mano derecha a su miembro y tocarse a sí mismo a la vez. Recuerda cómo la última vez fue Komaeda el que se le adelantó, pero tal y como están las cosas ahora sabe que esta vez su compañero no va a repetir lo mismo. Así que sin timidez alguna procede a auto-complacerse. Con esta ayuda adicional ya se le hace el acto más placentero y consigue relajarse más.

- Mhmm… Ah…

Esto ya es otra cosa. Las pequeñas olas de placer le incitan a que se deje llevar y que concentre todos sus sentidos en disfrutar, olvidándose de todo lo demás. Ahora que no puede ver a su compañero y nada en su vista le capta el interés, se centra más en las sensaciones que recibe y en su sentido del oído. Aunque débiles distingue los gemidos y suspiros de Komaeda, el cual suelta uno cada vez que embiste y se hacen más fuertes cada vez que acelera el ritmo un poco más. Se lo puede imaginar totalmente si cierra los ojos. Esos rizos en su melena revuelta rebotando en un ritmo continuo mientras los del flequillo se le pegan a su frente sudorosa. Esos ojos semi-cerrados con las pupilas dilatadas perdiéndose en el placer. Y esas caderas moviéndose lentamente contra él como si de una danza sensual se tratase. Imaginarse todas esas cosas lo estimulan cada vez más.

- Ah… Aah… - va soltando más gemidos despreocupados sin apuro alguno.

Comienza a masturbar su miembro a una velocidad más fuerte, mientras concentra todos sus sentidos en sentir esas estocadas. Se siente tan bien… a pesar de que Komaeda lo esté usando cual objeto… ahora mismo eso no le importa en absoluto… con tal de poder seguir sintiendo este placer, que haga con él lo que quiera.

- Ah… K-komaeda… - gime su nombre por primera vez en toda la noche. La manera en la que lo ha pronunciado ha sonado más afectiva de lo que le hubiera gustado mostrar, pero así se le ha escapado. Bueno, qué más da. No es como si nada importase en estos momentos.

De pronto Komaeda se detiene de golpe.

Hinata siente como si le hubiesen despertado con agua fría al notar que su compañero había dejado de moverse. Abre los ojos extrañado. ¿Por qué se ha detenido? Automáticamente gira la cabeza para observar al otro chico y, si tiene oportunidad, para poder quejarse.

Komaeda sigue en el mismo sitio, simplemente ha detenido sus movimientos. Tiene la cabeza agachada por lo que Hinata no puede verle la expresión. Algo no va bien.

- ¿K-komaeda? – pregunta el castaño sintiendo un escalofrío recorrerle todo el cuerpo. - ¿Sucede algo?

- Hinata-kun…

Al fin responde. Pero su voz no suena tan firme como lo hace normalmente.

- ¿Por qué me haces esto…? – pregunta el peliblanco en un tono pesado.

- ¿Eh…?

Hinata no entiende a qué se refiere. Intenta girarse más para tener una visión mejor del otro chico y al fin le ve el rostro. Komaeda lo mira seriamente, pero algo en él desprende vulnerabilidad. Su mirada indica que dentro de él algo se está desmoronando por momentos, y Hinata se pierde en esos ojos. Podría ser la primera vez que el castaño puede mirar en el interior del otro chico. Komaeda desvía la mirada y habla de nuevo:

- Esto no debería haber sido así… Tú no… Yo nunca quise… - las palabras se le amontonan. O más bien no sabe cómo expresar lo que por dentro se muere por salir.

- Komaeda… - Hinata susurra suavemente con ánimo de tranquilizarle, pero tan sólo consigue que el otro chico chasqueé la lengua.

- ¿Por qué tan sólo con oírte pronunciar mi nombre ya consigues sacar de mí una parte que no quiero reconocer? ¿Por qué tienes este efecto en mí?

Se queda un segundo en silencio, apretando los dientes con fuerza, hasta que por fin consigue volver a hablar:

- Yo te veneraba, Hinata-kun. A los demás también, pero a ti sobre todo. Y eso era porque sentía que tú y yo éramos parecidos. Sentía una conexión especial contigo que no sentía con nadie más. Sentía que podía estar contigo con normalidad, que no me sentía inferior a pesar de estar al lado de alguien sorprendente… - suelta una risa burlona entre dientes. - Y eso era porque resulta que realmente no eres nadie sorprendente.

Hinata siente una punzada en el pecho cuando le recuerda su lamentosa situación. Para él también ha sido muy duro descubrir que no era ni la mitad de la persona que creía ser, a la que aspiraba a ser.

Komaeda prosigue:

- Debí imaginármelo al ver que pasaban los días y seguías sin acordarte de tu talento. Pero de alguna manera quería seguir venerándote… quería seguir creyendo en esa ilusión. Quería seguir creyendo en ti. Así que cuando me enteré de la verdad… fue un choque muy duro, no lo voy a negar. Te me caíste de tu pedestal a niveles más inferiores que yo mismo en cuestión de segundos.

- No eres el único decepcionado, Komaeda. – responde Hinata con un tono molesto.

- Te equivocas, Hinata-kun. Mi decepción va más allá. Va más allá de ti. Estoy decepcionado conmigo mismo también. Por haber dejado que cales en mí más de lo que debería. Mírame, aquí estoy. Pidiendo más de ti cuando debería de haberte desechado en el momento que descubrí quien eras en realidad.

Hinata no sabe qué responder. Por una parte le está diciendo que siente afecto por él, pero por otro lado que le atormenta sentir ese afecto.

- Haz lo que quieras… - murmura el castaño finalmente.

Komaeda lo mira extrañado y Hinata le lanza una mirada fulminante.

- Si me amas, ámame. Si me odias, ódiame. Pero decídete de una vez. – no sabe cómo han podido salir palabras así de vergonzosas de su boca, pero no se arrepiente de ninguna de ellas. No piensa permitir que la indecisión de Komaeda lo martirice más.

Komaeda lo mira perplejo durante unos instantes y de pronto dibuja una sonrisa amplia en su rostro. Los ojos le brillan intensamente y un rubor colorea sus mejillas.

- Eso es, Hinata-kun. Eso es lo que me gusta de ti. Esa mirada desafiante… Eres fuerte. Eres fuerte en cualquier situación en la que te encuentres. Por eso me atraes a pesar de no tener ningún talento. Me atraes mucho, Hinata-kun. No lo puedo evitar. Te odio, pero me atraes.

El castaño no sabe si ha mejorado o ha empeorado su situación. Parece que Komaeda se está desequilibrando más de lo que ha estado mostrando previamente. De repente siente como Komaeda se sale de su interior y le da la vuelta, haciendo que estén cara a cara.

- ¡¿Pero qué…?! – exclama Hinata.

- Quiero verte. Quiero ver ese rostro tuyo cuando te hundas en mí.

Mientras pronuncia esas palabras le toma suavemente la mejilla en su mano. Con el dedo pulgar le acaricia el labio inferior, y como si estuviese cediendo ante una tentación que lo llevaba atormentando, junta sus labios con los del otro chico. A Hinata ese beso lo toma por desprevenido. Es la primera vez en toda la noche que lo besa, y se inquieta el sentirse extrañamente aliviado. No se había dado realmente cuenta, pero había estado añorando un beso suyo. Por lo que cierra los ojos e inmediatamente le corresponde ansiosamente.

En cuestión de instantes se besan apasionadamente, abriendo la boca y dejando que la otra persona explorase con la lengua cada rincón de su boca. Hinata ya no siente como si los besos fuesen torpes como la última vez, lo cual le crea más seguridad. Lleva una mano a la melena revuelta del peliblanco y la aprieta con fuerza cuando éste decide mordisquearle el labio inferior.

- Ah… - Hinata no puede evitar suspirar contra la boca del otro.

Komaeda aún lo recuerda. Recuerda que una de las debilidades de Hinata era que le mordisquearan el labio inferior, tal y como pudo descubrir en su primer encuentro. Ese hecho le enciende las mejillas al castaño, formándose un ligero rubor.

- ¿Te gusta, Hinata-kun? – le susurra Komaeda al oído mientras le lame la oreja.

- S-sí…

- Hinata-kun…

Komaeda poco a poco se posiciona encima de él mientras le va entregando besos furiosos. En una de estas, decide terminar rápidamente con uno para volver a introducirse dentro de Hinata una vez más.

- ¡Aah! – Hinata gime por sorpresa y con cierto dolor.

Ha vuelto a no avisarle, pero le da igual. Ya le da igual cómo se sienta Komaeda respecto a él, si lo odia o no le trae sin cuidado. Ahora mismo quiere aprovechar el volver a experimentar un sexo agradable, sabiendo que la otra persona se preocupa más por que él también disfrute. En seguida, el otro chico comienza a moverse a un ritmo más rápido que antes y probando distintos ángulos con cada estocada. Hinata vuelve a llevarse la mano a su miembro y sin vergüenza alguna procede a tocarse a la vez.

- Aah… Ah… - sus gemidos cada vez se hacen más fuertes y más continuos, pero no piensa reprimirse.

De pronto, una de las estocadas se siente especialmente bien.

- Ooh… Mmh…- ese gemido era distinto a los demás y Hinata se muerde el labio inferior, no por pudor sino como gesto de placer.

- ¿Aquí? – pregunta Komaeda con una sonrisa de satisfacción.

- S-sí… Más ahí…

Al mismo tiempo que su compañero dirige todos sus movimientos a ese lugar en concreto, el castaño aumenta la velocidad de su mano. Siente como una presión se va acumulando dentro de él y percibe que le queda poco para explotar.

- Komaeda… Komaeda… - sabe que a su compañero le enciende que gima su nombre.

Escucha los jadeos y gemidos entrecortados del otro chico y sabe que en efecto lo está disfrutando tanto como él. Se concentra en escuchar esa voz del peliblanco, la cual llena la escena con mucha más sensualidad, y a Hinata se le encoge placenteramente el abdomen al pensar en ello. Entre tantas sensaciones no se había percatado de que tiene los ojos cerrados, así que decide abrirlos para observar también al otro chico. No se espera la expresión de Komaeda.

Éste lo mira con deseo, no hay duda alguna, sin embargo algo en su mirada desprende también tristeza. Y una tristeza muy profunda. Hinata se pierde por un momento en esa mirada, intentando reconocer la fuente de ese desconsuelo.

- Sabes, Hinata-kun… - empieza Komaeda sin dejar de moverse. – Te voy a confesar algo. Desde el primer momento en el que te conocí pensé que había sido muy afortunado por encontrarte. Que parte de la mala suerte de haber acabado en esta situación había sido con el fin de conocerte y poder ver como brilla la esperanza en ti. Pensé que haber cruzado caminos contigo era la fortuna de mi destino. Pensé que ibas a ser mi suerte, Hinata-kun… pero estaba muy equivocado.

Komaeda hace una pequeña pausa, en la que usa para dibujar una sonrisa sobre su rostro. Una sonrisa que expresa burla hacia sí mismo y que esconde la verdadera pena que está transmitiendo con sus palabras.

- No eres mi suerte, eres mi desgracia.

Hinata no responde. No sabe realmente por qué Komaeda piensa así de él; por qué lo considera su desgracia. Pero ahora no es momento para indagar en ello. Esto es algo que van a tener que resolver el peliblanco y él en el futuro.

- Hinata-kun… - Komaeda susurra su nombre y aumenta el ritmo de sus caderas.

Parece que está cerca de terminar y Hinata mismo tampoco se encuentra lejos de ello. Aumenta la presión en su mano y se concentra en la sensación de ser tocados en dos sitios placenteros a la vez.

- Aah… Ah… e-estoy a punto… - le avisa el castaño con la voz entrecortada por gemidos.

- Ah… yo también…

El primero en correrse es el peliblanco, el cual cierra los ojos y sus gemidos aumentan a la vez que su velocidad. A Hinata le habría faltado un poco más de tiempo para llegar, pero notar a su compañero sumido en el placer el orgasmo le anima a terminar antes de lo previsto.

- ¡Aaah! Aah… Haa…

El orgasmo le recorre su cuerpo, tensando sus músculos y haciendo que quede un suave cosquilleo en su abdomen como prueba de que por ahí había pasado. Se relaja pesadamente mientras intenta recuperar el aliento. El latido de su propio corazón aún retumba en sus oídos.

Komaeda se aparta de él a los pocos segundos y procede a irse al baño, seguramente a desprenderse del condón. Sólo se asoma para preguntar a Hinata si tiene permiso para utilizar la ducha y él asiente con la cabeza. Mientras escucha el sonido del agua procedente de la ducha caer, Hinata simplemente yace sobre su cama mirando fijamente el techo. ¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Qué relación tendrá con Komaeda después de esto? Y entonces algo que no se había percatado de que existiese empieza a crecer en su interior. Quiere comprender a Komaeda. Quiere ayudarlo. Quiere convertirse en una persona en la que él pueda confiar. Ya no le tiene miedo, no después de haberlo visto tan expuesto. Él es al único al que el peliblanco le había abierto su corazón y quiere aprovechar ese empuje.

Con esa resolución se incorpora de su cama en cuanto ve al otro chico salir del cuarto de baño secándose el cabello con una toalla.

- Komaeda. – lo llama para captar su atención.

- ¿Mhm? – es la única respuesta asertiva que recibe.

- Quiero… quiero que empecemos de cero tú y yo. Quiero llegar a ser un apoyo para ti. Tú me has dicho que te atraigo a pesar de todo y que no puedes apartarme de tu lado… pues entonces déjame que pueda ser de provecho y ayudarte.

Komaeda dibuja una media-sonrisa sobre su rostro con prepotencia ante esas palabras.

- Qué ingenuo… - murmura. – No sabes de la historia ni la mitad y encima te atreves a decirme todo esto como si hubieses dado con la solución a todos mis males.

- ¿Cómo? – pregunta Hinata viendo sus esperanzas hechas trizas.

- Pronto verás que el problema no soy yo. Y entonces tendrás que tragarte tus propias palabras.

- ¿A qué te refieres?

- No seas impaciente y mejor vayámonos a la recepción del hotel, que ya va siendo la hora. Allí comenzará todo el proceso hacia la verdad.

Sin decir ni una palabra Hinata se levanta para dirigirse apáticamente hacia el baño. Antes de entrar escucha como Komaeda murmura para sí mismo:

- Realmente eres mi desgracia, Hinata-kun.

Tras una ducha rápida, juntos se marchan hacia la recepción del hotel. Sin embargo, el castaño se para ante la puerta del hotel. Le da miedo entrar después de las palabras de su compañero. "El proceso hacia la verdad…" ¿Con qué les sorprendería Komaeda ahora? Y por eso Hinata duda unos segundos antes de entrar en la recepción. No quiere que sus compañeros encierren a Komaeda y tampoco quiere empezar ese proceso hacia la verdad. ¿Por qué las cosas tienen que complicarse de esta manera? Komaeda se ríe ligeramente de él.

- ¿Tienes miedo? ¿Quieres que vaya yo primero?

No responde ante una provocación tan barata y el otro chico entra primero en el hotel riéndose entre dientes. "Supongo que ya no hay marcha atrás." Piensa Hinata mientras entra detrás de él.

-x-x-x-x-x-x-x-x-

Hinata cierra los ojos. Suelta un suspiro con el fin de intentar liberar al menos parte de la presión acumulada en su interior. No sabe si volverá a abrir los ojos, o al menos si los volverá a abrir siendo él mismo, por lo que estos momentos pueden que sean los últimos de toda su consciencia.

¿En qué ocupar sus posibles últimos pensamientos? Nunca antes se había planteado esa pregunta que ahora mismo resulta tan significativa. Por ello, decide dejar la mente en blanco y que su subconsciente se encargue de responder a esa cuestión por él. Imágenes empiezan a surgir en su mente y Hinata las reconoce a la perfección. Se centra en una de ellas. Es de aquella vez, esa última semana en la isla. Aquel entonces estaba seguro de que esa semana, la cual sin duda fue la peor de todas, se quedaría grabado en su mente hasta el final de sus días. Y a lo visto está que tenía razón.

Recuerda cómo Komaeda y él entran en el hotel. Aquella vez el peliblanco se burló de su indecisión y tomó la iniciativa de entrar él primero, a pesar de ser bien consciente de qué era lo que le tenían sus compañeros preparado para él. El castaño ya había supuesto que Komaeda traería algo muy gordo entre manos, pero jamás se imaginó todo lo que vino a continuación de entrar.

Una bomba. Komaeda había puesto una bomba en la recepción del hotel y amenazó con utilizar más para acabar con la isla entera si no se revelaba la identidad del "traidor".

- ¡Estás loco! – le gritaron el resto de los chicos.

- No… no es cierto… aquí el que está loco no soy yo…

En ese momento el pánico hacia Komaeda resurgió. Hinata no se atrevió ni acercarse a él para que entrara en razón. Es como si estuviese viendo a un monstruo, y el terror lo paralizó en el sitio, incapaz de reaccionar. Tan sólo quería huir y alejarse de él, tragándose todas las palabras de apoyo que había soltado tan sólo unos minutos antes. No quería tener que lidiar con él ya nunca más, pero su amenaza lo impedía.

Dos días y una noche fueron marcados por la angustia y la desesperación. Hinata tan sólo quería que el traidor se entregara de una vez. Él mismo se entregaría como traidor con tal de apaciguar la demencia de Komaeda, pero sabe que el peliblanco no le creería. No, no hubiese servido de nada. Komaeda lo tenía todo bien estudiado para tenderle una trampa al verdadero traidor.

Durante toda la estancia en la isla, Hinata había experimentado varios sentimientos de sufrimiento ante las adversidades. Desesperación, agonía y tristeza solían ser las más comunes, sobre todo ante la muerte de un compañero. Sin embargo, cuando vio el cadáver de Komaeda por primera vez no supo lo que sentía.

El shock que le produjo aquella imagen le parecía tan irreal en un principio, que no se podía creer que realmente estuviese muerto. Komaeda ¿muerto? ¿Komaeda? ¿Ese Komaeda? ¿… Su Komaeda? Imposible. Tiene que ser una broma de mal gusto, o algún tipo de malentendido. Komaeda no puede haber sido asesinado; él era demasiado astuto, demasiado previsor, lo habría visto venir. Tiene que haber una explicación por alguna parte. Sin embargo, no había duda alguna. Realmente se encontraba ante el cuerpo sin vida de su compañero.

Y entonces fue cuando se formaron en él sentimientos contradictorios. Komaeda ya no les atormentaría nunca más, por fin eran libres de él. Pero por otro lado, Hinata quería haberlo entendido. No quería perderlo.

En esos momentos no sabía si caerse de rodillas por la desolación o por el alivio que le producía la situación, lo único claro que tenía era que le flaqueaban las piernas. No sabía tampoco si llorar o no. Komaeda había sido una persona que lo había hecho sufrir mucho, pero también había sido la persona con la que había intimidado más en su vida. Y verlo sin vida, su cuerpo cubierto hasta de indicios de tortura, le rompía el corazón. Apretó los puños con fuerza y justo cuando parecía que se había decidido a reaccionar, Nanami se acercó a él. Ella supo convencerle de dejar los sentimentalismos de lado y animarle para empezar la investigación. Después de todo, tenían que averiguar qué había pasado. Es la única manera de hacerle justicia a Komaeda.

Y resulta que el malnacido se había quitado a sí mismo la vida. Había construido hábilmente su propio asesinato en un intento de tender una trampa al traidor. Una trampa que consiguió que Nanami acabase ejecutada. Muy a su pesar, pues su intención verdadera era ejecutarlos a todos, Hinata incluido, tal y como había afirmado en el vídeo que dejó grabado tras su muerte.

Al principio Hinata no podía creérselo. ¿Cómo se atreve a intentar acabar con todos ellos de forma masiva? Pero tenía sentido, ya que últimamente no solo había despreciado a Hinata sino también a los demás. Maldito Komaeda y sus ideales, los cuales siempre van por encima de cualquier moralidad. Y de cualquier sentimiento.

Llegados a este punto Hinata ya sentía como si su corazón estuviese entumecido en cuanto al peliblanco. Escuchó atentamente sus últimas palabras a través del vídeo, su última despedida. "Hasta aquí has llegado. Ya todo terminó." Pensó Hinata mirando las imágenes finales del video. "Adiós, Komaeda."

… O eso creyó en aquel entonces. Pero justamente ahora que ha descubierto toda la verdad, que sabe quiénes son ellos mismos en realidad, que se ha desvelado la identidad de la "Future Foundation"… Ahora, que ha vencido a Junko Enoshima, y sobre todo, que sabe que él mismo podría desaparecer en cualquier instante y resurgir como Izuru Kamukura… Justamente ahora, por fin logra comprender a Komaeda.

Por fin sabe por qué Komaeda trataba con tanto desprecio no sólo al castaño sino también a sus demás compañeros. Y finalmente también comprende por qué consideraba a Hinata su desgracia. Y es que no tiene que ser de buen gusto descubrir que la persona por la que has estado bebiendo los vientos representa todo lo contrario por lo que has estado luchando toda tu vida. No sólo fue el shock de descubrir que no poseía ningún talento, sino el hecho de que Hinata y todos los demás hubiesen sucumbido ante la desesperación hasta tal punto de querer ayudar a Enoshima en su misión de extenderla.

Komaeda es distinto. Él provoca desesperación para que la esperanza pueda combatirla y finalmente ganarla, tal y como ha estado demostrando durante toda su estancia en la isla. Pero Izuru Kamukura… Hinata no. Él es el gran símbolo de la esperanza y sin embargo su único fin es provocar desesperación por provocarla. No tiene intención alguna de crear esperanza a pesar de ser el más adecuado para ello. Realmente Izuru Kamukura es la tragedia más grande que le podría haber sucedido a "Hope's Peak Academy". Komaeda y él se encuentran en bandos contrapuestos. Descubrir que se siente atraído por un rival así tiene que haber sido muy decepcionante para Komaeda. Desesperadamente decepcionante. No es de extrañar que entonces que hubiese querido acabar con todos ellos, él mismo incluido, ni tampoco que hubiese rechazado hasta el final el apoyo que le ofrecía el castaño. No es de extrañar, pues, que considerase a Hinata su desgracia.

… Sin embargo, él conoce demasiado bien a Komaeda como para dejar las cosas así. Su ciclo de buena y mala suerte demuestra que el peliblanco nunca llega a realmente tener mala suerte, sino tan sólo es un contratiempo para que al final la suerte se ponga de su parte. Si no hubiese sucedido esto malo primero, no hubiese llegado esto segundo que es mejor. Así se resume la vida de Komaeda. Por lo tanto, le parece que no es suficiente quedarse en la superficialidad de la situación y decide mirar más allá, tal y como lo hizo en el último juicio. Tiene que haber sucedido algo en la que la suerte haya favorecido a Komaeda. No puede haberse quedado en la desgracia. Su ciclo no funciona así.

Y al fin cae en la cuenta.

El hecho de que Hinata esté dedicándole su último pensamiento a Komaeda antes de que se desactive el programa lo deja claro. ¿Cómo no se había percatado hasta ahora?

El castaño sonríe para sus adentros:

"Maldita sea, qué mala suerte he tenido."

FIN


Y he aquí la conclusión a esta historia. Gracias por haber leído hasta el final y espero que ahora el título de la historia tenga más sentido para vosotros ^^

He estado pensando durante un tiempo en hacer una especie de tercer capítulo, algo así como un extra... pero no estoy segura de cómo quedaría eso así que aun no me he decidido si escribirlo o no. Todo depende también del "destrozo" o la "maravilla" que hagan los creadores con los personajes en "Danganronpa 3", que aun está en emisión, pues me gustaría mantenerlo todo lo más canon posible (dentro de lo canon que pueda ser el Komahina, claro está...).

En fin, nos vamos leyendo. ¡Hasta la próxima! :)