Hola, hola, Luna de Acero reportándose. Yyyy... quedó en 3 capítulos porque con este no me alcanza... hubo un lemon inesperado y quedé agotada, espero que disfruten de la segunda parte de esta historia. Por si quedan dudas aclaro: Levi es mujer, si, pero ella quiere ser hombre, es decir, es un hombre en un cuerpo de mujer. Espero puedan abrir su mente y entender su pensamiento. Bien, si tienen dudas o consultas les respondo en los reviews. Besitos!

Disclaimer: Los personajes no me pertenecen son de Isayama Hajime.

Advertencias: Lenguaje vulgar, palabras altisonantes, R18, Lemon hetero muy explícito, así que ya saben.

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"Quien sobrevive a los estereotipos de la sociedad,

sin perder siquiera un gramo de esencia,

puede con todo y con todos".

Benjamín Griss

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Se acercaron con cautela, Levi se apostó entre unas rocas dejando a Erwin mucho más lejos: "Llamas mucho la atención", le dijo mientras lo ataba a un árbol. Desde allí vio un escuadrón de al menos unos veinte, entre ellos reconoció a "Cogote y Cuero de Sapo", eran hombres que trabajaban con su tío. Sin duda la hija de puta de la condesa los había contratado.

Estuvo aplastada ahí hasta entrada la tarde, cuando recién partieron, luego de revisar un poco los alrededores. Para cuando pudo bajar solo quedaban cenizas, carbones encendidos y uno que otro hueso o calavera chamuscados. Observó todo el desastre sintiendo verdaderas ganas de destruirlos a todos. Nadie había sobrevivido, nadie.

Cosas del destino, se había salvado, sí, pero ahora estaba sola. Fue a buscar a Erwin, aún tenía algunos dólares consigo. El hombre estaba algo dormido y adolorido.

—¿Qué pasó?

—Pasó que la hija de puta de tu madrastra, la "condesa", mandó a seguir la caravana y quiso eliminarnos a todos. Claro, era lo lógico. Este asunto nunca olió bien desde el principio. ¿Por qué qué mierda investigaría la policía la desaparición de unos cuantos cuatreros? ¡Maldita bruja! Lo planeó así desde un comienzo, se encargaba de ti y de paso del pago…

Erwin se refregó las muñecas donde la cuerda había dejado sus marcas. Levi tenía la mirada perdida.

—Escucha gigantón, esto parece más complicado de lo que creía. Esa tipa es una asesina de sangre fría. No le importa cómo, quiere conseguir su objetivo, es decir tú. Deberías honrar la memoria de tu difunto padre y mis camaradas e ir y reclamar lo que es tuyo, dejarla sin un maldito centavo. Te diré una cosa. Te ayudaré –lo miró con determinación-. Si aceptas, yo seré tu guardaespaldas, protegeré tu vida a toda costa, cobraré mi venganza con esos hijos de puta, mataré a la bruja, y tú heredarás lo que te corresponde. Si lo haces, exigiré que me des cincuenta grandes. Y entonces desapareceré. Iré a vivir a una granja apartada del mundo. Tú vivirás sin problemas y yo también. ¿Qué dices? No encontrarás a alguien mejor.

—Esto era lo que yo quería evitar –dijo Erwin con el semblante triste-. Este… inútil derramamiento de sangre, no tenía intenciones de volver o quitarle nada.

—Bueno, entonces te cerceno la cabeza y se la llevo, ¿eso quieres? Pero aunque lo hiciera… lo mismo voy a matarla, no se salvará de mí. Así qué… ¿Qué decidirás?

—Ella no se detendrá, ¿cierto? Me perseguirá hasta asegurarse de mi muerte… -pensó algunos segundos y luego miró al joven-. Está bien Levi, acepto, pero con una condición. No vuelvas a tratarme como un prisionero, trabajaremos como un equipo, hombro a hombro, ¿hecho?

Extendió su mano y también la observó con seriedad. Levi tomó su mano.

—Hecho. Ahora vamos, el pueblo más cercano está a veinte millas, con suerte llegaremos en la noche. Necesitamos conseguir unos caballos también. Una vez allí, primero lo primero, debemos camuflarnos y luego iremos al escondite que teníamos con Farlan, tomaremos todas las ganancias, le daremos a las familias de mis amigos lo que corresponde y finalmente iremos a destrozar a esa infame. Oh, sí, se metió con la persona equivocada.

Erwin decidió confiar en el menudo muchachito, después de todo no tenía muchas opciones y el joven parecía seguro de lo que había que hacer.

Luego de unas tres arduas horas caminando entre montes, pinches, cactus, piedras y riscos, llegaron a un alejado pueblecito de la zona. Se notaba que Levi tenía experiencia, puesto que caminaba con seguridad. Estaban agotados, además de sedientos y hambrientos. Por lo que primero visitaron la taberna, de paso Levi consiguió información sobre alojamiento. Tomaron cerveza artesanal, junto a un suculento horneado de carne de cerdo y batatas. Erwin miró de reojo la voracidad con la que comía su, ahora, compañero y la rapidez también, sin dejar de otear a los costados atento a cualquier conversación o movimiento.

—¿Nunca te relajas?

—Estamos cerca de la zona donde nos atacaron, los cuatreros que te buscaban podrían andar por aquí o tener informantes. Nunca se debe ser descuidado con esas cosas. Termina rápido, quiero ir a dormir.

Fueron hasta la posada "Del buen dormir", que dejaba bastante que desear, pero al menos no era una completa tragedia. Levi fue al baño y tomó una rápida pero eficiente ducha de agua fría. Prefería morir helada que sucia. Erwin esperó el servicio al cuarto de agua caliente y procedió a bañarse de nuevo, porque a pesar de haberlo hecho en la mañana, con tanta caminata estaba completamente sudado.

Cuando llegó al cuarto Levi estaba dormido en su cama. Se acostó y apagó las velas. Se quedó mirando en las penumbras el rostro del forajido. Era lindo, desde un punto de vista estético. No tenía cicatrices visibles, ni marcas, su nariz era pequeña y recta, su piel estaba algo bronceada en el rostro, tal vez por tanto cabalgar, pero del cuello para abajo era blanca, suave, cremosa. Incluso su cabello negro parecía suave. ¿Por qué lo había besado de esa forma tan necesitada? Ahora no parecía prestarle ninguna atención, al menos desde el punto de vista amoroso o sexual. Tampoco podía decir que era una mala compañía. Hablaba poco, pero también era muy práctico, a su lado tenía comida y techo, al menos hasta que fuera a reclamar la herencia.

Había amado a su padre, lo había añorado mucho tiempo, siempre esperando, mirando el horizonte que alguna vez trajera el carruaje con su figura. Las pocas veces que tuvo la dicha de encontrarse con él, le había parecido un sabio, tan elocuente, tan carismático, tan bueno con todos a su alrededor. Incluso se le hacía tan extraño que se hubiera involucrado con una mujer tan perversa como la condesa. Pero ni modo, honraría su deseo al fin, ya no huiría más, ya no quería más muertes en sus hombros. Antes no lo hubiera creído posible, porque estaba seguro que apenas pusiera un pie en la ciudad ella lo rebanaría con sus propias uñas. Pero al lado de Levi, aunque fuera un solo hombre, y mucho más pequeño que él… de alguna manera se sentía seguro, de alguna forma funcionaba, y ahora estaba dispuesto a llegar hasta el final, esa mujer merecía ser castigada por sus pecados.

—0—

Levi salió del baño, pero llevaba puesto un hermoso vestido, seguramente parte de lo que había comprado en la tienda del pueblo. La noche anterior cayeron a la posada rendidos de cansancio. Al otro día, muy temprano, Levi fue a un negocio local y compró algunas cosas importantes. Luego después del desayuno se apareció en la pieza y lo único que dijo es que la hora del camuflaje había llegado.

Algo que no pasó desapercibido a los ojos de Erwin fueron los preciosos hombros del delincuente, era obvio que no estaba usando las vendas que había visto que se ceñía habitualmente sobre los pectorales. Siempre se había preguntado si es que estaría herido o sería para ocultar alguna horrible cicatriz, pero por discreción nunca se lo preguntó al otro.

—Ven, necesito ayuda con esta mierda –le dijo mientras se giraba, la parte de atrás del vestido estaba abierta, el corset estaba desprendido-. Ajústalo.

—¿Vas a vestirte así? – consultó el hombre mientras se acercaba y empezaba a tirar de los cordones.

—Estarán buscando a un hombre rubio, con probablemente un par de escoltas, no una pareja. Así podremos atravesar Dinglestown pasando inadvertidos. Hay un par de cosas que quiero averiguar sobre esa condesa. ¡Ugh! No aprietes tanto, me vas a dejar sin aire.

—Lo siento, nunca hice esto antes –los celestes ojos descendieron por la blanca piel, en su espalda había notado algunas cicatrices, tenía músculos definidos, pero le quedaban bien. Sin embargo no tenía hombros anchos, porque incluso en un hombre menudo deberían notarse más. Y su cintura…

—¿Ya terminaste? No puede llevarte todo el día.

—Ya un poco más. Tienes el cabello corto, llamarás la atención –dijo alejándose luego de subir el cierre. Impresionante, ese chico tenía una cintura que envidiarían todas las mujeres.

Levi se puso un pequeño saco de encaje negro en los hombros, algo transparente con flores negras bordadas, combinaba perfecto con el vestido lavanda y gris, más que nada para tapar sus brazos tonificados y musculosos. Abrió la otra bolsa y sacó dos pelucas, una de color castaño claro que se la aventó a Erwin sin cruzar palabra, y luego otra rubia que simulaba un peinado con rodete, se notaban que eran costosas y de excelente calidad. La joven se sentó frente al dressuar de la habitación que tenía un espejo ovalado, y se ajustó la peluca con trabas invisibles. Y luego desplegó un pequeño arsenal de maquillaje. Erwin terminó de colocarse el traje celeste, se sentó en la cama y lo observó con detalle. Estaba descalzo.

Primero aplicó una crema con color que le dejó la piel tersa, más aún si era posible y luego procedió a delinearse los ojos con khol negro, para luego con un pincel dejar sus labios bordó como una cereza madura, por último dejó una gruesa capa de rímel en sus largas y tupidas pestañas. Luego pintó sus finas cejas hasta dejarlas más suaves y no tan obscuras. Se miró bien y se sintió satisfecha con el resultado. Era casi irreal, hacía tanto tiempo que no se arreglaba como una mujer, que incluso sus modales, su propio cuerpo, no lo recordaban, ni tampoco lo había extrañado. Luego se calzó unas delicadas botitas cortas grises y con eso terminó su atuendo.

—Ven aquí, te pondremos esa mierda en la cabeza.

Erwin estaba embelesado, aunque no diría nada. Hizo caso, sintió los blancos dedos acomodar la peluca castaña y ajustarla. Miraba a través del espejo al menudo chico. Y pensaba que debía estar bastante trastornado para pensar que era increíblemente hermoso, y que cualquiera que lo viera jamás pensaría que era un hombre.

—Bien terminamos. Ahora a hacer las valijas, nos largamos de aquí.

No era mucho lo que tenían para cargar, pero Erwin casi se cae en sus cuartos traseros, cuando lo vio poner uno de sus pies en una silla y subir el faldón hasta la cadera. No pudo dejar de mirar esa pierna deliciosamente torneada, firme, marcada por algunos leves músculos y… ¡no tenía pelos! Sintió que su entrepierna se endurecía de solo ver eso. Sino fuera porque sabía quién era, en otras circunstancias la habría cortejado sin dudar.

Levi tomó unas correas con fundas de cuero y las ató a sus muslos, en una puso una pequeña pistola y una navaja en sus botas. Luego subió su otra pierna y guardó un cuchillo en la funda de las correas. Cuando levantó el rostro vio la cara del hombre que la miraba descaradamente y frunció el ceño.

—L-lo siento –dijo Erwin corriendo la vista-. No lo tomes a mal, pero realmente… eres hermoso.

Levi sintió que algo se removía en su pecho, y un escalofrío le recorría la espina. Vaya, no le era indiferente al gigantón. Se acomodó la falda e ignoró lo último.

—Bien, ¿ya estás listo? Contraté un carruaje, vendrá a buscarnos después del almuerzo, aprovechemos para alimentarnos bien. Oh, cierto me olvidé de este detalle –sacó dos anillos dorados y se colocó uno en la mano izquierda en el dedo anular. Luego tomó la mano de Erwin, al parecer no había tomado las medidas correctamente-. ¡Joder! Aguanta un poco.

Escupió en el dedo de Erwin que se sobresaltó un poco, embadurnó la pieza y empujó con fuerza, mientras el hombre contenía un quejido. Le quedó algo apretado pero entró.

—Creo que nunca podré sacarme esto –dijo Erwin frotándose la mano.

—No seas dramático, si después no puedes, con gusto te corto el dedo. Vamos, muero de hambre. Seremos el matrimonio Carrigan, somos del sudeste de Oregon. ¿Entendiste?

—Sí.

Caminaron hasta el comedor, Levi iba del brazo de Erwin como una devota esposa. Al llegar Erwin le corrió la silla y el delincuente aceptó. Pidieron una sopa de cebollas dulces y un filete con papas doradas. Levi comió con tranquilidad pero no escatimó su apetito hasta terminar todo su plato.

—Comes bastante para ser tan pequeño –comentó Erwin limpiando sus labios con la servilleta de tela blanca.

—Bueno, no sabemos cuándo vamos a poder tener tan fabulosa comida, así que hay que aprovechar. Quiero postre.

—Yo no, ha sido suficiente.

—Comes demasiado poco para ser tan gigantón.

—En verdad sé que tengo una altura privilegiada, pero no me considero un gigantón, tal vez sea que tienes una estatura un poco… limitada.

—Es una de mis mejores armas, la gente cree que soy débil e incapaz y luego, bum. Factor sorpresa lo llamaba Farlan –sus ojos se ensombrecieron un poco al recordar a su amigo.

Luego de una ensalada de frutas con miel y crema, estuvieron listos para partir.

Hacía calor afuera, con el bamboleo del carruaje y el sol de la tarde, pronto Levi estuvo apoyado en una esquina dormitando de a ratos. La piel sobre su clavícula y parte de los pómulos estaba cubierta de pequeñísimas gotitas de sudor. La peluca era calurosa, Erwin se pasaba un pañuelo blanco por el rostro de tanto en tanto. ¿Cómo podía un hombre ser tan atractivo?

—¿Qué miras? –la voz poderosa de Levi lo sacó de su ensoñación y Erwin se ruborizó un poco al notarse descubierto.

—No, nada.

—¿Estás tan necesitado que te excitas con el cuerpo de otro hombre?

—Pfff, no tan necesitado como para subirme a horcajadas de otro y comerle la boca –devolvió el rubio algo molesto. Levi se sentó más erguido y lo miró con seriedad. Erwin consideró que no debería haber soltado la lengua tan a la ligera. Ese jovencito cabreado no era nada agradable.

—Solo quería saber qué se sentía –dijo restándole importancia mientras sus ojos grises se perdían en una de las pequeñas ventanas en las puertas.

—¿Nunca habías besado antes? –preguntó Erwin con auténtica curiosidad. Creyó notar un leve rubor en el rostro del otro, quien por toda respuesta prendió un cigarro, mientras empujaba el vidrio para que entrara algo de aire y de paso tenía donde tirar las cenizas.

Estuvieron algunos minutos en silencio, el sol se estaba ocultando cuando estaban llegando a Dinglestown.

—No me molestaría que practicaras conmigo –se atrevió un poco más el rubio, mientras Levi aventaba el cigarrillo y procedía a sentarse a su lado. El hombre sintió que el corazón empezaba a acelerarse, ¿de verdad? ¿Por qué se sentía así? ¡Era otro hombre por todos los cielos!

—Entonces –habló Levi mirándolo con deseo-, ¿puedo hacerlo?

Esta vez Erwin se acercó, con una de sus grandes manos lo apretó desde la nuca y hundió sus labios contra los otros, Levi se sorprendió por las acciones del hombre y saltó un poco en su asiento, pero luego cerró los ojos y se dejó llevar. Abrió la boca muy despacio, recibiendo con gusto la lengua caliente y sedosa de ese hombre. Su cuerpo se sentía extraño, como sediento, anhelando más y más de esos roces. Era un beso lento, pero intenso. Gimió involuntariamente cuando Erwin la apretó de la cintura contra su cuerpo grande y musculoso. Suspiró pesado cuando lo sintió descender besando su mandíbula y dedicándose a su cuello. Apretó los hombros firmes y sobresalientes del rubio y dejó que sus manos exploraran su espalda, sus brazos, y parte de la piel expuesta. Volvieron a besarse con auténticas ganas, descontrolándose un poco, cuando unos golpecitos desde afuera los alertaron. Levi se sentó al frente de nuevo y Erwin se acomodó la ropa, ya que las manos del otro se habían deslizado sobre su torso con asombrosa rapidez. Habían llegado al pueblo.

Lo primero que hicieron fue instalarse en un hotel. Cenaron algo liviano y volvieron a la habitación.

Luego de que Erwin se bañara, Levi esta vez se pudo dar el lujo de tomar una ducha de inmersión. Debajo del agua caliente se sentía como volver a su niñez, a sus épocas de tranquilidad. No extrañaba la vida con su tío, pero era nostálgico. Cuando salió del agua se colocó un pantalón de mezclilla marrón con una camisa blanca, luego de colocarse las vendas. Ahora estaba más fresca que por la tarde y quería dormir a sus anchas. Aunque tuvieran que compartir la cama, ya que se registraron como una pareja, quería acostarse cómoda, pero lista por si sufrían cualquier ataque.

Si algo caracterizaba a Levi, era estar siempre preparada, siempre alerta. Una de las lecciones en el escuadrón de su tío que jamás olvidaría en toda su vida.

Erwin miraba por la ventana, pensando en todo lo que estaba sucediendo.

—Ey, toma –dijo Levi aventándole de cerca un revólver-. Necesitas tener algo con qué defenderte, supongo que lo sabes usar, ¿no?

—Sí, no presumo de una excelente puntería, pero asumo que soy bastante acertado.

—Mientras no me des a mí, estará bien.

—¿Qué hay de ti? –preguntó Erwin mientras revisaba la pistola-. ¿Cuál es tu historia?

—No tengo mucho que decir, mi madre murió cuando tenía cuatro, un tío me ayudó hasta los 16 y luego me abrí camino por el mundo.

—¿Dijiste que querías ir a vivir a una granja?

—En soledad, odio la gente, sus miradas, sus prejuicios, y no me gusta recibir órdenes.

—¿No sueñas con una familia?

—No me interesa, puedo arreglármelas solo –Levi abrió el bolso sobre la mesa y comenzó a revisar lo que había comprado en el otro pueblo. Sacó una franela y le empezó a dar lustre a sus cuchillos.

—¿Es divertido ser cuatrero?

—Solo digamos que no conozco otra manera de salir adelante solo.

—Hay muchas, podrías ser banquero, panadero, comerciante… se nota que te desenvuelves bien con los negocios y tienes instinto para leer a las personas.

—Quiero vivir en paz, Erwin, lejos de este mundo de mierda. No me interesa el respeto de la sociedad o que las mujeres chillonas me vayan a cazar para tener un buen pasar.

—Pareciera que odiaras a las mujeres.

—No, no las odio. ¿Pero sabes qué me molesta? –dijo girándose con el ceño fruncido-. Que se dejen usar, que se dejen manipular, que deban agachar la cabeza y esperar a sus maridos en sus malditas casas, con una maldita y reluciente cocina y los niños dormidos en sus camas, mientras ellos se revuelvan con una puta o desperdician el dinero en bebidas. No olvidemos que pueden golpearlas a su antojo, porque simplemente son hombres. ¿Y quieres que yo viva en esa sociedad? No, gracias, viviría a las trompadas con todos. Yo no me callo lo que pienso y no soy nada dócil. Este mundo es para los conformistas. Así que… me iré a la mierda, solo y tranquilo.

—Vaya, yo nunca… lo había pensado de ese modo. Sin dudas la condesa no es una mujer sumisa precisamente.

—Supongo que tuvo suerte de enredar a un tipo rico y débil de mente –Levi miró de reojo a Erwin pero ya había soltado su ácida lengua-. Lo siento, no quise referirme así a tu padre.

—Aunque me duela un poco en mi orgullo, es la verdad –dijo Erwin suspirando-. Yo lo amaba y creo que él sentía algo similar, pero no podía contra ella. Sin dudas, él era el débil. O el amor lo debilitó.

—El amor… es sólo una fantasía, una venda que la mayoría acepta con gusto, esa es la mayor debilidad del ser humano…

—¿Eres inmune al amor?

Levi sonrió de espaldas a Erwin, y no contestó más nada. Dejó el cuchillo, apagó la vela de la mesa y se acercó aparentando seguridad.

—No lo sé… pero sin duda no soy inmune a tus besos –luego se puso en puntas de pie para guindarse del cuello de Erwin. El hombre se estremeció ante su osadía. Pero no se quedó atrás.

Lo apretó contra la pared y lo besó con ganas, con todo el deseo que venía acumulando, y que tal vez ni él mismo era consciente. Levi besaba suave, su lengua era intrépida, pero no dejaba de ser tímida, como si tuviera cierta vergüenza. Bueno, no podía culparlo, probablemente era la primera vez para el otro con un hombre y bueno, para él también.

Erwin metió uno de sus fornidos muslos entre las piernas del otro, sin abandonar su boca y refregó con descaro, arrancándole algunos gemidos ahogados, le llamó poderosamente la atención no sentirlo erecto, como él estaba, pero recordó vagamente que Levi le había dicho que su miembro no le funcionaba, o algo por el estilo. Trataría de cambiar eso. Atacó su cuello y lo besó repetidas veces, embriagándose con su calidez. Era tan suave, ni siquiera su nuez de adán sobresalía lo suficiente.

Sintió las pequeñas manos del muchacho escalando por su pecho, tocando, probando y se sintió feliz de que quisiera seguir adelante. Bueno, no era tan complicado, había un lugar donde podría alojarse en ese menudo cuerpo, sólo que esperaba que no fuera tan pequeño… le mortificaba un poco poder lastimarlo.

—De-déjame t-tocarte –casi le suplicó Levi, se sorprendió que su voz saliera tan aguda, ese joven lo confundía tanto, le gustaba demasiado, se daba cuenta que estaba cayendo como una mosca envuelta en una telaraña.

—Toca cuanto quieras –aceptó antes de seguir pensando, sencillamente su razón estaba perdida, lo único que quería era seguir avanzando y no cuestionarse tanto si estaba mal o bien. Quería un poco más de placer.

Levi le desprendió la camisa con dedos temblorosos, con las mejillas rojísimas, acarició su torso desnudo, con verdadera curiosidad, y acercó su boca para besar, probar, lamer, incluso morder un poco fuerte por momentos.

Erwin hizo lo propio con la blanca camisa del otro y la deslizó por la delicada figura. Malditos vendajes sobre sus pectorales, porque quería besar sus pezones, quería tenerlo desnudo por completo, aunque estuvieran en penumbras, sus manos ansiaban tocar su piel. Apretó por encima de las vendas y sintió que Levi se retorcía, vaya descubrimiento. El joven era más que sensible en esa zona, ¿sería por eso que se cubría? Quiso sacar las vendas pero las manos y la voz del otro lo detuvieron.

—¡No! Me gusta así, no las saques.

—Quiero tocarte –replicó Erwin.

—Toca otros lugares.

Acatando la orden, deslizó sus enormes manos desde los hombros de Levi, cayendo por su espalda hasta los redondos glúteos, aaaah, que sensación maravillosa, lo había deseado tanto. Apretó con algo de tosquedad y el jovencito jadeó enardecido.

Mientras volvía a besarlo, ágilmente movió su mano al botón del frente del pantalón y lo desprendió, el cuerpo de joven olía tan bien, casi no transpiraba, no pudo resistirse y por encima de las vendas comenzó a mordisquear y apretar de nuevo con algo de rudeza. Levi se retorcía, mientras se mordía el labio inferior. Pero era solo un factor de distracción, porque con su otra mano le bajó el cierre de la bragueta.

—¡Espera! –dijo el joven deteniendo su mano hábilmente-. Y-yo, q-quiero tocarte p-primero…

—Está bien…

Levi con sus manos temblorosas desabrochó el cinto… el botón… no era momento de echarse atrás… bajó el cierre y finalmente comenzó a tirar hacia abajo la ropa muy lentamente.

—Nunca hiciste esto antes… - Erwin quiso preguntar, pero no era necesario ante lo evidente.

—¿Acaso te molesta?

—En absoluto, estoy honrado de ser el primero para ti.

Levi se sonrojó furiosamente, pero contuvo la respiración, ya había visto pollas antes, no debería ser demasiado diferente.

—¡Ah, jo-joder!

Definitivamente esta era por lejos muy diferente del promedio. Levantó un poco la mirada encontrándose con la divertida cara de Erwin.

—Me compadezco de quien vaya a ser tu esposa.

—No te compadezcas tanto, la tendrás dentro de ti en unos minutos después de todo.

—N-no… no cabrá… -Levi estaba tan abochornado que el sonrojo le llegaba por debajo del cuello.

—Si lo hará, me encargaré de dilatarte como corresponde.

Levi no entendía ¿dilatarlo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Cómo hacían los hombres para…? Luego recordó esa noche que Farlan "se equivocó" de cama y terminó encima de ella bastante borracho diciéndole que le haría sentir rico "por atrás". ¿Por qué se estaba acordando de eso ahora? Inspiró y se dijo que tenía que dejar de comportarse como un pollito mojado, era una Ackerman, y los Ackerman no le tenían miedo a nada.

Agarró con firmeza la tiesa polla de Erwin y comenzó a acariciarla con sus manos.

—Hazlo como si fuera la tuya –Le susurró Erwin sobre el oído, mientras resoplaba. ¿Cómo si fuera la suya? Oh, recordó una vez que pescó a uno de sus compañeros resoplando y acariciándose con descaro. Tomaba su pene y lo envolvía con sus manos y luego subía y bajaba, lo había visto en los hombres de su tío también. En general estaba convencida casi a un 100% que conocía prácticamente todo sobre el comportamiento masculino. Solo era cuestión de ponerse seria y fingir que podía con esto.

Trató de imitar los movimientos, pero era algo bruta, Erwin envolvió con sus manos las otras más pequeñas y le mostró la fuerza y el ritmo, apoyando la frente en su hombro. Empezaba a entender cómo iba la cosa, tragó un poco de saliva, se sentía como afiebrada. Erwin tenía una mata algo rizada de cabellos rubios en la base, estiró los dedos para tocarlos.

—Es… tan caliente y resbaladizo… - dijo con diminuta voz. Erwin tomó una de sus manos y la llevó a sus testículos.

—Acaricia aquí también, lame tu mano para que sea más suave.

Bien, clases prácticas de cómo acariciar, sí, esto definitivamente era divertido, poco a poco empezaba a perder el pudor. Le encantaba sentir el aliento caliente del rubio sobre su cuello, escuchar esos ruidos ahogados que le demostraban que le estaba dando placer. ¡Joder! Por primera vez en su vida le estaba dando placer a otro ser humano. Se sentía bien… y ella también quería… no sabía qué, pero quería más…

—Suficiente, me toca a mí –dijo Erwin sin poder aguantarse más, la tomó sorpresivamente de la cintura y la hizo agachar el torso contra la mesa que había en la habitación, la que se usaba para desayunar-. No te muevas… -le ordenó con firmeza, entonces le bajó los pantalones y la ropa interior de un solo tirón hasta las rodillas.

Levi contuvo la respiración, sintiendo que el corazón le iba a explotar. Ya no tenía manera de esconderse, cerró los ojos rogando a todos los dioses existentes que no fuera demasiado shock para el gigantón. Lo deseaba, por eso era capaz de llegar a esos extremos.

Con sus grandes manos el rubio acarició la ceñida cintura y luego el borde de sus caderas, Levi sentía que su piel se erizaba con tu toque. Se arrodilló y acarició las redondas nalgas.

—Eres increíblemente hermoso…

Lamió sutilmente y mordió sobre la carne expectante, sintiendo los espasmos que producía en el cuerpo de Levi. Y luego si atacó con ganas su retaguardia, succionando, apretando y lamiendo a conciencia.

—¡Ugh! ¡Aah, ah! –Levi se tapó la boca al escuchar los vergonzosos sonidos que era capaz de emitir. Erwin estaba muy ocupado con su trabajo, y aunque no quería bajar más y encontrarse con el falo de Levi, entendía que debía darle un poco de placer, ¿sería verdad que no se ponía erecto? No parecía por la forma en que lo estaba disfrutando. Además lo haría lento para él. Estiró su mano para tomar el falo de Levi subiendo por el muslo, pero…

Se alejó un poco algo desconcertado, ¿dónde estaba el pene de Levi? ¿Es que era tan pequeño? Se puso de pie en dos segundos y metió rápidamente una mano en la entrepierna del otro encontrándose con una cálida hendidura.

—¡No! –Levi le pegó un codazo que hizo trastabillar al hombre y se subió rápidamente los pantalones-. Cambié de opinión lo dejemos aquí –dijo mientras buscaba rápidamente su camisa. Erwin lo agarró de un brazo y lo estampó con algo de rudeza contra la pared.

—¿Qué está pasando? –le preguntó frunciendo el ceño. A Levi se le llenaron los ojos de lágrimas pero haciendo un estoico esfuerzo lo miró de vuelta.

—Es… e-este es el c-cuerpo con el que nací. Pero no te atrevas a decir una palabra al respecto, tal vez no tengamos lo mismo entre las piernas, pero eso no me hace inferior a ti. Este es mi secreto y si llegas a revelarlo, te haré añicos Erwin Smith.

—Tranquilízate un poco, aaah… - largó un suspiro contenido-. Ahora entiendo muchas cosas. Pero ya te lo había dicho, ¿verdad? Me gustas, Levi, como sea que seas, no me importa, me gustas.

Unió sus labios de nuevo, la joven estaba temblando como una hoja. Erwin acarició su mejilla con suavidad, ganándose una mirada altiva y rebelde.

—No soy un pedazo de porcelana que se va a quebrar, soy fuerte, no me trates así.

—Está bien, tu secreto está a salvo, no diré ni una sola palabra al respecto, puedes estar tranquila, tranquilo –se corrigió, aunque a estas alturas ya no sabía cómo debía tratarlo-. ¿Quieres continuar? –Erwin repartió cuantiosos besos en su cuello, mientras esperaba una respuesta desanudaba las vendas con lentitud, quería verla, tocarla, quería todo de esa mujer. Levi no respondió, pero tampoco se resistió a los avances.

Al fin Erwin tuvo su pecho desnudo, dos pequeños senos coronaban el precioso torso, se agachó para capturar una de sus puntas con sus labios, los dedos de la joven se enterraron en su sedosa cabellera, mientras empezaba a resoplar de nuevo, mordiéndose los labios, otra vez con la sensación de calor brotando de su cuerpo. El rubio se esmeró tomándose su tiempo para succionar y mordisquear con suavidad, luego la arrastró a la cama donde la tiró con poca delicadeza.

Tenía que tener cuidado y no parecer demasiado suave, pero tampoco iba a ir con toda su artillería, después de todo iba a tomar su virginidad. Erwin estaba en toda su espléndida desnudez. Le quitó los pantalones con algo de rudeza y apreció el cuerpo ya sin ropa lo poco que lo dejaban las penumbras. Escaló sobre Levi que lo esperaba.

Besó su cuello y subió hasta su boca abriéndole las piernas, el rubor volvió al rostro de la joven. Descendió por el trabajado torso, nunca había conocido un cuerpo de mujer más definido que ese, fibroso, y con cuantiosas cicatrices desperdigadas por doquier. Besó debajo de su ombligo, mientras Levi le tironeaba del cabello de tanto en tanto. Mordió sobre el pequeño triángulo de cabellos negros que resaltaban en esa piel blanca como la arena de las playas de Madagascar. La joven se arqueó un poco, respirando con dificultad. Finalmente Erwin enterró la cabeza en su entrepierna lamiendo con fuerza.

—¡Ah! S-se s-siente bien…

—Y esto apenas comienza –dijo con sobrada confianza, mientras volvía a repetir el movimiento. Sus manos acariciaban los muslos mientras su lengua se inmiscuía en todos los recovecos posibles. Asentó una de sus manos sobre el hueso púbico y descendió un poco buscando el lugar adecuado con su pulgar.

Levi se retorció cuando la tocó en determinada zona. Creía que iba a desmayarse por la falta de aire, por el placer que le había acariciado cada músculo del cuerpo. Hasta que Erwin puso su boca "allí" y entonces fue mágico. Gimiendo descontroladamente, olvidándose del pudor o la vergüenza, apretaba la cabeza del hombre contra sí misma y ondulaba las caderas asentando su peso en los talones, cerrando los ojos, más, más de "eso"…

Erwin estaba perdido en su sabor levemente picante, salvaje como toda ella. Succionó más fuerte y entonces sintió que el cuerpo debajo de él se tensaba un poco, con un jadeo casi doloroso, que luego fue reemplazado por un gemido dulce. Se levantó un poco relamiéndose los labios. Levi estaba como en un trance, mordiéndose el dedo índice de una manera demasiado sensual. La tocó con suavidad sabiéndola húmeda y lista para recibirlo.

Tomo su falo, que ya le pulsaba y le dolía un poco por tanta espera. Bombeó un par de veces y finalmente lo refregó en la entrepierna que ya estaba lubricada y pringosa.

—Respira, va a doler un poco, pero es solo al principio.

—Está bien… -dijo Levi con la voz un poco enronquecida-. Un poco de dolor me gusta también.

Enfiló su miembro y comenzó a empujar, sin ser bruto pero sin dejar de ser firme. Era demasiado estrecha, así que le dolía un poco, incluso a él. Levi hizo un gesto de incomodidad y apretó las sábanas debajo de ella.

—Relájate, por favor –le susurró dejando algunos besos en su quijada y cuello. Levi lo intentó, lo intentó de verdad, pero ahogó un grito cuando lo sintió empujar de nuevo y llevarse su barrera de virginidad de un solo movimiento-. Aaaaahhh… increíble, eres… increíble…

Levi no podía hablar, los ojos los tenía nublados, con lágrimas de auténtico dolor y un par le cayeron sin que pudiera evitarlo. Erwin se quedó quieto y apretó su labio inferior con su mano para que dejara de morderse.

—Respira, vamos, respira lento, sólo dolerá un poco más, lo prometo –cuando la sintió respirar entre cortadamente, con el cuerpo cubierto de sudor, comenzó a embestirla lenta y rítmicamente. Sin dejar de besarla por todas partes, los pechos, las clavículas, el cuello, la pequeña boca.

Levi lo empujó un poco y apoyó los codos, mientras miraba con dolor.

—¿En v-verdad, está… está adentro?

—Sí, por completo –dijo Erwin en susurros.

—Du-duele mucho… ngh…

—Lo sé, aguanta un poco más.

Erwin salía con suavidad y volvía a enterrarse en la deliciosa cavidad, tan apretada y sinuosa. El dolor descendió un poco, pero no desapareció del todo. Levi se preguntaba por qué la gente alababa tanto el sexo, si era tan complicado, y que el puto de Farlan le había mentido sobre que las doncellas también lo gozaban. Era un infierno. Pero le gustaba como la tocaba ese hombre, como la besaba. Y lo del inicio… eso le había gustado, había sido lindo. Con el correr de los minutos, empezó a entender de qué iba ese nuevo tramo.

Erwin la apretó de la cintura contra su enorme cuerpo y desde la nueva postura friccionó de nuevo en ese punto de placer recientemente descubierto. Los gemidos de Levi volvieron, enredó las blancas y cortas piernas a la cintura de piel bronceada del hombre y se prendió de su cuello con ambos brazos. El rubio se sentó arrastrándola consigo y apretando sus nalgas imprimió un ritmo más rápido, pero sin llegar a ser violento.

—¡Aaagh… mmm! Erwin… -su nombre en bajos murmullos hizo que el hombre se perdiera aún más en las exquisitas sensaciones. Levi se refregaba instintivamente buscando ese punto donde quedaba con los ojos en blanco. El dolor se iba y llegaba el gozo, muy sutilmente, pero sin detenerse. Mordió el hombro de Erwin que se quejó apenas. Arañó la masculina espalda, sin poder expresar de otra manera su necesidad, pero necesitaba transferir un poco de su dolor.

—¡Ahí! –casi gritó al sentir que el lugar adecuado era frotado, movió sus caderas para volver a sentirlo, ella era fuerte, ella podía con el dolor y desde esa posición no entraba tan profundo. Jadeó enardecida aferrándose a los rubios cabellos, sintiendo el roce de los bellos rubios del torso del hombre contra sus pechos, los cuerpos ya resbalaban un poco por el sudor. Lamió el cuello de Erwin, apoyando su nariz en su hombro llenándose de la masculina esencia, tal vez en otras circunstancias lo hubiera encontrado grotesco, más ahora no, ahora era delicioso.

Erwin la tomó de los glúteos, recibiendo las mordidas, los arañazos, los agudos gemidos con completo gusto. Levi era una fiera salvaje, que nunca podría domesticarse, era prácticamente una bendición poder disfrutar de esa manera con él… con ella… ¿con él?

Dejó de moverse un poco, apelando a todo su autocontrol para que Levi pudiera disfrutarlo también, además esos movimientos de vaivén que hacía con tanta vehemencia lo volvían loco, apretaba de una manera exquisita su hombría. Atacó sus pechos, succionando y mordisqueando los rosados pezones, hasta que unieron de nuevo sus bocas. Levi volvió a tensarse y a suspirar caliente. Erwin salió de su interior apenas la sintió relajarse un poco y tocando su falo se vino sobre uno de los candorosos y pálidos muslos.

—¿Qué… qué es eso? –preguntó la joven tocando sutilmente con sus dedos la esencia aún tibia.

—Se llama semen… es la semilla de la que nacen los hijos –Erwin apenas coordinaba sus ideas, pero vio como Levi abría grande sus ojos y miraba la viscosidad entre sus dedos con curiosidad.

La arrastró con él al colchón cubriéndolos con la manta, abrazándola contra su pecho.

Se besaron un poco más, hasta que ambos cayeron dormidos…

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By Luna de Acero… suspirando…