Cambio interior
Draco pasó varias veces a través de un salón. Snape estaba dentro, hablando con los estudiantes de primer año. Lo habían escogido para ser el guía, Minerva estaba ocupada con los permisos de viaje a Hogsmade. En ese momento, daba una interminable charla sobre las reglas y sobre los peligros de incumplirlas. Al salir, Draco se ocultó tras una columna y con una sonrisa, hizo un gesto con una de sus manos.
Hermione entró detrás de él, sintiéndose ligeramente perdida. Patidifusa.
— Vamos a trabajar en tu confianza. Tienes que poder convencerme de que no debo entrometerme contigo o vas a lastimarme.
Hermione meditó en silencio. Aún los términos de su ayuda, no estaban claros. ¿Por qué quería ayudarle?
— Malfoy. ¿Por qué haces esto? ¿Por qué es tan sencillo?
— Shh— dijo, colocándose un dedo en los labios. Simulando un gesto de silencio. Hermione se mordió el labio inferior y lo miró con mucha perplejidad.
Se llevaba muy bien con el hecho de que estuviera en su presencia. Permanecía inalterable, pese a que ella lo miraba. no discutía, no decía que se trataba de una sangre sucia. ¿Cómo había logrado calmar sus ansias de insultarla? Bueno, le enseñaría bastante bien, entonces. Si eso era como lo que veía. Tendría suerte de poder contar con un maestro como él. Supuso.
Draco continuó sonriendo y movió un par de pupitres, con su varita. Inspiró y se paró al final del salón. La contempló desde allí, en silencio.
— Ahora quiero que practiques tu forma de caminar. Debes dejar de parecer bibliotecaria cargando libros y caminar como si todos estuvieran por debajo de ti. Quiero ver cómo te desenvuelves y me convences que debo seguirte.
No sabía como hacerlo. Realmente le temía a las miradas curiosas y no solía mirar a nadie para caminar. Mucho menos, para convencerlos de seguirla. De enamorar con la mirada, a los chicos con los que se encontrara.
— Yo no sé si...
— ¿¡Ves! Ese es tu maldito problema. Dudas mucho. Tienes que tener confianza en ti misma. Escucha. Mira con atención.
Caminó hasta ella sin bajar la vista. Su perfilada nariz, le daba un aspecto de pedantería. Miró por encima de su hombro y Hermione sintió que Draco ensayaba su caminar. Porque de lo contrario, le resultaba muy natural.
Bueno. Era Draco Malfoy, de quién hablaba. Inspiró y lo miró detenerse frente a ella y tomar sus manos. No estaba gritando ni diciendo que se le caerían, que ella era ácido nítrico corrosivo. Al contrario, la halaba para enseñarle a caminar.
— Mueves los pies muy juntos, ábrete un poco.— dijo y ella había comenzado a caminar. Como la halaba con fuerza, lo hacía torpemente y resbalaba de vez en cuando.— No...relájate. Sigue mi ritmo.
Hermione asintió en silencio y trató de caminar derecha, con las piernas abiertas. Y sin embargo, luego de tres intentos fallidos, Draco perdía la paciencia. Tenían que trabajar en su confianza. En un cambio interior.
Primero. Antes que nada.
— Hablemos de tu confianza. ¿Cuál es tu fuerte? El estudio. Utiliza eso como ventaja y triunfarás.
— ¿De qué estás hablando?
— Siempre te gusta contestar de primera. Con ello, ganas el título de sabionda, de come libros y todos te detestan. Pues demuéstrales que puedes fallar cuando quieres. Que puedes incluso reprobar y luego reponer las materias perdidas.
Hermione soltó un chillido y Draco la miró, arqueando una ceja. ¿Reprobar? Ella jamás habría reprobado algo.
¿Cómo se convencería de reprobar un examen? Iba a resultar complicado. Era pedir demasiado. Nunca podría...
Ella...
No estaba segura de poder conseguir lo que Draco esperaba de ella. Fuera la razón que fuera, por la cual lo esperaba. Y sin embargo, él insistía que el cambio tenía que venir desde adentro. Y bien, desde adentro tenía que suicidarse. Porque reprobar, no era una opción para ella. Ni por todo el oro del mundo.
Eso le causaba mucho temor.
Draco continuó hablándole sobre el auto control. Sobre tener confianza en ella. Si tenía que caer, se levantaba y sin mirar a nadie. Sin sentir lágrimas o vergüenza. Tenía que ser habilidosa en las respuestas. Sobretodo contra Snape, que parecía adorar odiarla y burlarse de ella. Hermione se dijo si Draco permitiría que ella criticara a Snape.
¿Qué estaba tramando?
— Respira hondo. Ejercicios de respiración, son muy útiles para centrarte en ti misma y concentrar las energías de manera adecuada. Te servirá para despertar los estímulos. Despertar los sentidos. Encontrarte.
¿Por qué ahora parecía Dumbledore?
— ¿Por qué esto es tan importante para ti, Draco?
— Luego te hablaré de detalles. Por ahora continúa respirando. Despeja tu mente, no pienses en nada más que en ti y lo importante que eres. Todos te necesitan. Sin ti no son nada. Ellos sin ti están perdidos. Solo tú tienes el control de tu vida y de la de los demás.
¿Cómo no pensar en nada, si tenía los ojos cerrados y Draco susurraba instrucciones como si estuviera a centímetros de ella?
Resultaba un poco inquietante.
