Algunos personajes pertenecen al maestro J.R.R. Tolkien, los demás son de la historia Nacional Mexicana. Este Fic participa en el reto #11 del Gran foro "El Poney Pisador"
Oscuridad...
Todo era oscuridad. El cielo sin luna, el firmamento sin estrellas.
¿Donde estoy? ¿Que ha pasado? ¿Estoy perdido? ¿Légolas? ¿Gimli? ¿Arwen?
Esas fueron las primeras interrogantes. Mis manos sentían el rocío sobre la hierba. Mi ropa húmeda y aquel dolor de cabeza. A pesar de no ver nada en aquella noche, mis sentidos podían distinguir perfectamente que me encontraba en una tierra extraña. Decidí mantenerme inmóvil hasta que alguna luz iluminara mi andar, que otra cosa podría hacer yo si no era capaz de encontrar el Norte. Y si, con todo y el miedo de que el alba nunca llegara me mantuve ahí, en silencio, escuchando todo en derredor mio.
Y el Sol se asomo entre las montañas, todo tomo color frente a mis ojos. Pero fue peor mi angustia al no reconocer nada de lo que mi vista observaba.
Nada... no reconocí nada.
Un paisaje árido, y un río a unos escasos metros de mí eran todo lo que podía observar. Jamás había estado en un lugar como este... y fue donde la necesidad de ubicación comenzó a hacer mella en mi persona.
Camine hasta el atardecer, entre vegetación seca y un calor infernal. Cansado, sediento y desfalleciendo de la labor que el sol había realizado en mi cabeza fue como logre encontrarla, una pequeña ciudad en medio de aquella seca región. Viviendas muy viejas, y tristeza en el iris de las personas que recorrían sus calles. Esa fue la primera impresión que me lleve de este nuevo lugar. Y después tan solo un dolor en la cabeza.
La siguiente vez que mis ojos percibieron luz me encontraba atado de manos y pies con grilletes de cadenas muy viejas, y no era el único. Unos 25 hombres se encontraban en mi misma situación, todos apretujados en una habitación sucia de unos 4m. X 4m. Y ahi estaba yo, Elessar Telcontar prisionero en quien sabe donde, con quien sabe quienes, y con quien sabe cual propósito. Después de analizar bien la situación y buscar con resultados poco productivos una manera de escapar, me decidí a hablar con alguno de los que conmigo se encontraban.
—¿Alguno de los presentes sabe por qué estamos aquí?—Pregunté a todo el auditorio sin recibir contestación—Bien, creo que he sido encerrado con un montón de sordo mudos.
—Ninguno de nosotros está mudo, tan solo no le damos respuestas a gente que no conocemos. Y menos a alguien que usa harapos tan raros—Contestó un hombre de unos 60 años y larga barba.
—Solo quiero saber donde estamos. He despertado en estas tierras que para mi son completamente desconocidas—
—¿Cuál es tu nombre?—Inquirió el viejo, con mirada curiosa.
—Me llaman Trancos—Respondí
—Vaya apodo te han puesto. Porque no me engañas, ese no es un nombre de pila. Jamás lo había escuchado en toda mi vida, y mira que ya he vivido bastante.
—Es porque no soy de por aquí—Le contesté de forma simple para acabar con el interrogatorio que me era impuesto—¿Dónde estamos?
—Trancos, nadie llega a tierra ajena y se pone exigente. Si quieres saber donde estás debes primero decirme de donde vienes.
—Del norte—Respondí sin saber muy bien si esa era la respuesta correcta.
—Eres americano. Con razón tu color pálido y tus ojos azules. Sin mencionar ese atuendo tan extraño que vistes. Y dime Americano ¿Qué se siente llegar a ser esclavo de Novohispanos?
—¿Esclavo? No, espera ¿Qué es eso de Novohispanos?—
—Novohispano, de la Nueva España. Es donde estas ahora. Año 1805. En el Virreinato que tiene España sobre nuestro pueblo. No pareces entender nada de lo que digo ¿O sí americano?
—Tal parece que no. ¿Haz escuchado hablar de Minas Tirith?— El Hombre negó con la cabeza—¿La comarca? Tampoco. ¿Bree? ¿Rohan? No nada, ¿al menos te suena el nombre?— De nuevo el hombre negó rotundamente con la cabeza.—Haber si te entendí bien. Estoy en la Nueva España. Y soy un esclavo.
—Es correcto Trancos, Y este pueblo se llama Santiago de Queretaro ¿Alguna otra duda?—
—¿De quien somos esclavos?— Era lo menos que me quedaba por preguntar.
—Nos vendieron como esclavos de un hombre llamado Miguel Domínguez. Actual Corregidor de Querétaro. Y en un rato mas dos soldados entrarán por esa reja y nos van a llevar a su Hacienda. ¿Te ha quedado todo claro, americano?
—Nada está claro en mi mente pero, gracias por la información— Eso es todo lo que me pude limitar a decirle a aquel hombre. Tenía que escapar y encontrar el camino de vuelta a mi casa. Pero en ese mismo instante no era capaz de diferenciar mi mano derecha de la izquierda. Todo era confuso, y ni siquiera estaba seguro de que fuese real todo aquello. Pero debía reconocer que existía la posibilidad de que por maldad del ojo que hubiese quedado aun dentro del Palantir yo estuviera en una de las pesadillas que Sauron estaba haciendo pasar a otro mundo. Y me planteaba si era mi misión también liberar de su maldad a estas tierras desconocidas. Aun con todas esas dudas en mi mente y corazón, tomé la difícil decisión de no huir hasta que todo fuese mas claro. Quizá y al lugar donde nos llevarían alguien supiera como regresar a mi hogar.
Bien, si me he equivocado en alguna fecha o en el orden de algún acontecimiento, pueden hacerme la observación y será corregido a la brevedad...
Gracias a los que se den el tiempo de leer.
