Capítulo 1. Regreso.

Hermione sentía que hacía siglos que no se paseaba por los pasillos del castillo como alumna, se sentía extraña de estar de vuelta. Y a pesar de que no hacía mucho tiempo de la batalla, el colegio se había recuperado de forma drástica. Hermione sabía que la primera cena del año no tardaría en comenzar, pero pese a sentirse como en casa se sentía extraña sin Harry y Ron allí, habían decidido no acabar sus estudios. Privilegios de ser héroes de guerra, Hermione por su parte, rechazó dichos privilegios. Así que en cierto modo, estaba sola. O eso pensaba.

-¿Hermione?¿eres tú verdad?- una voz dulce y cantarina sacó a Hermione de sus pensamientos. Miró donde había venido la voz y esbozó una enorme sonrisa. Claro que no estaba sola, allí, aún había gente que la apreciaba y quería tanto como Ron y Harry.

-¡Luna!- exclamó la leona y abrazó fuertemente a la Ravenclaw quien sonrió gozosamente. Detrás de ella estaban Neville y Ginny. Hermione abrazó a sus tres amigos y fue con ellos hacia el gran comedor, olvidando todo lo que habían sufrido, dejándose inundar por la alegría.

Una vez llegaron al gran comedor se separaron de Luna quién se dirigió a su mesa. Y los otros tres se fueron a la mesa de los leones. McGonagall dio el discurso de apertura del nuevo curso y bienvenida a todos los alumnos. Más tarde el sorteo seleccionador terminó de adjudicar a cada alumno de primero en una casa nueva. Pero antes de empezar la cena, la directora volvió a levantarse.

-Estimados alumnos casi se me olvida anunciar a los premios anuales de este año.-Hermione tragó saliva, solo Merlín sabía cuanto había soñado con ese título. Sus amigos la miraron con una sonrisa cómplice y Ginny le guiñó un ojo.- Así que sin más preámbulos, los premios anuales de este año son, Hermione Jane Granger de Gryffindor,- al escuchar su nombre Hermione se quedó atónita. El Gran Comedor estalló en aplausos y vítores, por que claro, todo el mundo sabía quién era ella y su papel en la guerra. Finalmente la directora tuvo que silenciar a los alumnos para continuar hablando.-y Draco Lucius Malfoy de Slytherin. Disfrutaran de su torre privada como premios anuales de este curso.- Hubo aplausos pero más comedidos, por supuesto que la gente conocía a los Malfoy, una familia de mortífagos que al final habían rechazado a su señor.

Ginny y Neville en un principio, habían celebrado con gran entusiasmo que su amiga fuese premio anual ese año, pero en cuanto escucharon el nombre de su compañero de torre, el rostro se les ensombreció por completo. Hermione ante la visión de sus semblantes sonrío ampliamente y se mostró firme.

-Venga chicos, no me hará nada, sabe que no debería, por como de frágil es ahora mismo su posición en la comunidad mágica.- Sus amigos parecieron relajarse, Hermione, como siempre tenía razón pensaron. Así que volvieron su atención a la comida que había comenzado a aparecer frente a sus narices.

Sería mentira decir que Hermione se había relajado ante sus propias palabras y menos cuando al ver que sus amigos desviaban la atención de ella, esta se giró y encaró la mesa de las serpientes. Y allí, en una esquina, apartado estaba él, con sus ojos fríos, fijos en ella. Un escalofrío le recorrió la columna vertebral y al ver que no apartaba la mirada se volvió. Durante toda la cena sintió su mirada en la nuca pero no fue capaz de volver a girarse y enfrentarle, como tampoco fue capaz de probar bocado.


Aunque nunca lo habría admitido, agradecía fervientemente el haber sido nombrado premio anual, era la única forma que le permitía escapar de su sala común, de sus compañeros de casa y no volver a no ser que fuese estrictamente necesario.

Aunque le había hastiado que su compañera de torre hubiese resultado ser ella, aunque hubiese sido extraño que no lo hubiese sido. Quién mejor que ella para ser premio anual. Nadie se lo merecía más que ella, aunque nunca lo admitiría en voz alta. Pero a pesar de ello, le había producido un profundo fastidio compartir torre con ella. Por ello había decidido que cuando ella estuviese presente, ignorarla, transformarla en un invisible, por odio, por miedo, por que ella era lo que más débil le hacía. Y un Malfoy nunca podía ser alguien débil Por ello caminaba con aires de grandeza tan típicos y elegantes de la aristocracia. Posiblemente su imagen, la imagen de su familia, nunca había estado peor vista hasta ahora, por la guerra, por todo lo ocurrido. Pero eso no cambiaba nada, tenía que seguir siendo un Malfoy, siendo algo grande, ya que era lo que siempre se había esperado de él.

Una vez llegó ante el tapiz que le impedía el paso a su sala común, murmuró la contraseña, Draco dormiens meam, se rió por lo bajo al decirla mientras entraba en la sala común. Olvidando el paralelismo de su nombre y la contraseña, inspeccionó la sala común y como suponía estaba vacío. Se dirigió a las escaleras y empezó a subirla, hasta que se encontró dos bifurcaciones, dos puertas, una a cada lado. En la de la izquierda se encontraba grabado su nombre. Pero giró el rostro a la derecha y vio que efectivamente, estaba el nombre de Granger grabado allí también. Sacudió la cabeza y entró al pequeño pasillo que precedía a su habitación, posiblemente la chica de Gryffindor jamás pisaría esa torre sabiendo a quien tenía de compañero. Y ojalá fuese así, solo Draco sabía cuanto le facilitaría a él las cosas.

Una vez entró en el dormitorio, se dejó caer en la cama, sin deshacerse de la capa siquiera y observó su habitación. El platinó, buscó su varita y una vez con ella fuera, empezó a cambiar cosas de su cuarto. Al final, mientras hacía esto se incorporó un poco, pero sin abandonar la cama, para estar más cómodo. Cuando terminó y lo dejó todo a su gusto se encaminó al cuarto de baño que conectaba con su habitación, se duchó y se volvió a dejar caer en la cama. Y justo en ese momento escuchó el ruido de una puerta cerrándose. Se había equivocado, ya la primera noche y su compañera había ido a la torre también a dormir. Draco maldijo en voz baja. Y como tantas otras noche Draco se sumergió en lo que más anhelaba, en el fruto de su sufrimiento y su odio, pero que a su vez, era lo único que podía sacarle de ese agujero negro. Y así, finalmente, se sintió vencido por el sueño.


Hermione sabía que posiblemente fuese más peligroso dormir en la torre de premios anuales que en la de su casa. Pero no estaba preparada para volver allí, ni para volver a la habitación que solía compartir con sus compañeras de curso y casa. Así que finalmente resignada se dirigió a la torre de premios anuales, antes de llegar al tapiz, observó a su compañero murmurar la contraseña y entrar tras el. Hermione se quedó petrificada y se dirigió corriendo a la sala común de Gryffindor, pero una vez que llegó al retrato de La Señora Gorda, se sintió incapaz de pronunciar palabra.

-Vamos niña, no tengo todo el día, dime ya la contraseña.-La Señora Gorda le insistió varias veces pero Hermione incapaz, dio media vuelta y se dirigió nuevamente a la torre de premios anuales. Quién la viese, podría jurar que había visto a un fantasma en pena. Una vez llegó tras el tapiz, murmuró la contraseña resoplando. Parecía que la dichosa serpiente la perseguía. Una vez se corrió el tapiz, entró corriendo y se dirigió a su habitación, la cual sin darse cuenta cerró de un portazo. Había ido tan de prisa por miedo de cruzarse con Malfoy que no midió sus fuerzas al cerrar la puerta. Hermione suspiró, no es que tuviese miedo de enfrentarlo, tenía miedo de lo que eso suponía, no quería que se volviesen a abrir heridas recientes causadas por la guerra y tenía el presentimiento que en cuanto tuviese que enfrentarse a él, esas heridas se abrirían de par en par. Hermione se paseó por su cuarto y decidió cambiar varias cosas, sin ser consciente de que su compañero había hecho exactamente lo mismo, pero en distinta habitación, minutos atrás. Se dejó caer rendida, una vez hubo acabado, en la cama y sus pensamientos volaron hasta Ron y Harry al principio, pero terminaron dirigiéndose a él, en su cara de horror cuando fue testigo de como la torturaba su tía Bellatrix y poco a poco los ojos se le fueron cerrando, hasta verse atrapada en un oscuro sueño que a la mañana siguiente no recordaría. Nunca los recordaba, pero siempre se levantaba con el sentimiento de haber vivido algo terrible.