Los personajes de esta historia no me pertenecen, la historia por otro lado, es 100% mía.

Sakura

Caminaban por las arenas del desierto, el frío aire cortando las partes de su cuerpo expuestas y la luz de la luna iluminando su camino.

La esmeralda se detuvo, observando a su alrededor.

El viento era tan fuerte que hacia remolinos con la arena, a donde quiera que volteara no alcanzaba a distinguir ninguna señal de vida… ni escorpiones, serpientes… nada.

Esto no le daba buena espina.

Sakura conocía este desierto como la palma de su mano, sabía en qué lugares resguardarse en caso de ser necesario, sabía en donde podría encontrar agua y comida, así como a que lugares no ir.

Tenía una conexión especial con este desierto, es casi como si estas tierras se comunicaran con ella, de modo que si no se equivocaba… el desierto estaba dándole una advertencia.

Una tormenta de arena estaba cerca.

Por experiencia sabía que las tormentas de arena no debían tomarse a la ligera.

Debían darse prisa.

Gruñó por lo bajo, maldiciendo internamente su toma de decisiones.

Y es que a estas horas tanto ella como su gente ya estarían a un par de metros de su hogar… pero no…

Sakura tenía que salvarlos…

Sakura tenía que hacer su buena acción del día…

Buen trabajo tonta.

Reprimió las ganas de pegarse con la palma de su mano en la frente, regresó su mirada esmeralda a la parte de atrás, donde poco a poco se acercaban las siluetas de los príncipes de Terra y Windland.

Ellos no eran el problema… a pesar de su estado, habían logrado seguirles el paso.

Pero la princesa de Aqua era otra historia.

—¡Aguarden un momento por favor! —exclamó el ojiazul por millonésima vez.

¿Ahora qué?

No tuvo que voltear para adivinar la causa de su nuevo retraso.

—Lo… lo si… siento. —hipaba la princesa, sus rodillas hundidas en la arena.

—Tranquila… tomate tú tiempo. —la tranquilizó el castaño, hincándose a su lado.

¿Qué se tome su tiempo?

¿De qué demonios estaba hablando?

¡Estaban en el desierto! ¡En el mortífero desierto! ¡Cansados, hambrientos y sedientos!

¡Ya había tenido suficiente!

—¡Claro linda! Tú tomate tu tiempo— gritó sarcástica, liberando todo el enojo que había estado reprimiendo desde que salieron de la guarida de los demonios.

Sus amigos parecían igual de frustrados que ella, la apoyaron con la mirada, mientras que la amatista por otro lado tardó en detectar el sarcasmo en sus palabras pues había comenzado a esbozar una tonta sonrisa de agradecimiento.

—Después de todo tú eres experta deteniendo tormentas de arena ¿cierto? Y aliviando la deshidratación, y curando mordidas de serpientes o piquetes de escorpiones ¿verdad? —agregó dando grandes zancadas hasta alcanzar el lugar en donde la princesa continuaba sollozando.

—Lo… lo lamento. —hipó ocultando su rostro con sus manos. —Pe…pero… no puedo.

—¡Bien si no puedes entonces aquí te quedas! —gritó al mismo tiempo que la ponía de pie jalándola de uno de sus brazos. — No estás en tu palacio de cristal en donde todo te lo dan en bandeja de plata… bienvenida a la cruel realidad… aquí si no te mueves te mueres.

—Vamos Tomoyo… inténtalo. —la animó Eriol, con un leve dejo de desesperación en su voz.

Sin embargo escucharlo solo pareció sumirla más en su desesperación.

—No le griten… solo déjenla descansar un poco. —los reprendió el castaño, por lo cual se ganó una mortífera mirada de su parte.

—Sakura a este paso vamos a llegar mañana. —se quejó Meiling.

El gemelo con la gran hacha suspiro y le entregó su arma a su hermano.

—Está bien está bien…. Que nadie diga que la caballerosidad ha muerto. — dijo estirando sus brazos. —Yo la llevaré.

—Por supuesto que no lo harás. —exclamó Sakura, fulminándolo con la mirada.

Nuevamente la puso de pie de un tirón, la observó de pies a cabeza, odiando todo de ella.

—No me sorprende que no puedas caminar… con ese vestido y esos zapatos ¿Quién podría? —le dijo. — Deimos dame uno de tus cuchillos.

Al instante el gemelo que había sostenido el hacha de su hermano, se la regresó tirándolo en el proceso, desenfundó uno de los cuchillos que llevaba en el pecho y se lo arrojó a la esmeralda, quien lo atrapó con una mano, sin tan siquiera mirar la trayectoria del arma.

—Gracias. —le dijo a su compañero y procedió a cortar el vestido de la amatista.

Tomoyo la miró con los ojos bien abiertos, silenciosas lágrimas aun abriéndose paso hasta su mentón, mientras Sakura rasgaba la fina tela, liberando sus piernas.

—Meiling, ocúpate de los zapatos. —le indicó a la azabache.

La aludida meneó sus caderas hasta llegar a la princesa de Aqua.

Juntas se fueron deshaciendo del estorboso atuendo de la amatista, hasta que al final su elegante vestido de cumpleaños quedó convertido en uno más corto y holgado, mientras que sus zapatos de tacón fueron modificados en zapatos de piso.

—Listo… esto debería ser suficiente. —comentó Sakura examinando su trabajo, Tomoyo por fin había dejado de llorar, sin embargo la desdicha de sus ojos seguía ahí. —Una queja más y te dejaremos atrás…

Dicho esto retomaron su camino.

El viento se había hecho más fuerte, tanto que les aventaba la arena, dificultando más su visibilidad, ahora hasta ella estaba teniendo problemas para avanzar.

—Mierda. —gritó tragando algo de arena en el proceso. — ¡Arrow! ¿Qué ves?

—¡Nada! —exclamó su compañero unos pasos a su izquierda. — ¡Estamos en el ojo de la tormenta!

Mierda Mierda Mierda

—¡Ya saben que hacer! —les gritó a sus compañeros.

—¡Princesa Sakura! —gritó el príncipe de Windland un par de pasos frente a ella, evidentemente dudoso sobre cómo proceder.

—Amárrense un pedazo de tela que les cubra bien la boca y la nariz. —les indicó. —Sosténgala con sus manos, cierren los ojos y no los abran por nada.

—Tírense en la arena y esperemos que no sea tan fuerte. —les gritó Arrow.

—¡Sujeten bien sus armas, no quiero ninguna volando con el aire! —agregó antes de cortar un pedazo de su blusa y amarrarlo a su cabeza. — Sujétense de alguien más.

Se tiró al suelo y movió su mano a la derecha, en busca de alguien más, si lograba encontrar a alguno de sus acompañantes, el peso de ambos ayudaría a que la tormenta no los levantase y terminara lanzándolos lejos de los demás.

Por fin su mano se encontró con otra mano, una mano grande.

No era el momento de averiguar a quien pertenecía, así que se aferró a esa mano y esperó.

En cuestión de segundos el viento rugió, anunciando la tormenta, la arena debajo de ellos tembló fuertemente al elevarse para volar con el viento.

Su mano izquierda mantenía en posición la parte rasgada de su blusa contra su rostro, mientras que la derecha se agarraba fuertemente al cuerpo junto a ella, sin embargo ambas tareas comenzaban a ser demasiado complicadas para ella. La arena los golpeaba sin piedad, tratando de colarse entre su ropas, sus ojos y más importante en sus vías respiratorias.

De repente sintió que el agarre de la mano que sujetaba se tensaba, jalándola con él.

Trató de gritarle para decirle que no hiciera eso, que no se moviera tanto o terminarían siendo azotados por el viento, pero no podía, cualquier intento por hablar daba paso a montones y montones de arena en su boca, así que en su lugar jaló en dirección opuesta a su compañero.

Esto pareció calmarlo un poco pero pronto hizo lo mismo de nuevo.

¿Qué demonios le pasaba?

Sabía que aunque lograra preguntarle, él probablemente no podría responderle, aunque tampoco lo necesitó, sintió algo largo y fuerte enroscándose en su pierna derecha y jalándola en el proceso.

¡Tenía que ser una broma!

Gusanos de arena.

Shaoran

¡Esto era increíble!

Primero demonios, luego gente de fuego, una tormenta de arena y ahora esto…

No sabía que eran, pero fueran lo que fuesen trataban de jalarlo y probablemente tragarlo como su desayuno…

La arena lo golpeaba como millones de alfileres, a pesar de que hasta el momento había mantenido los ojos bien cerrados sentía un fuerte escozor y no estaba seguro de seguir en la superficie, a donde quiera que se moviera sentía la arena fluyendo.

Lo único que lo mantenía seguro era la mano que lo sujetaba a su izquierda.

Movió sus pies como loco, tratando de hacer contacto con algo, de lastimar a lo que fuera que tratara de jalarlo para liberarse, pero nada daba resultado.

La criatura seguía ascendiendo por su cuerpo, comenzando a sujetarlo por la cadera…

Piensa Shaoran, piensa.

Y por fin una idea coherente le vino a la cabeza.

No podía ser la mano de Tomoyo, pues ella no habría tenido la suficiente fuerza para sostenerlo por tanto tiempo, tampoco podía ser de Eriol o de alguno de los demás hombres del grupo pues se sentía más pequeña que la de él y también más suave, por lo tanto esa mano debía pertenecer a Sakura o a la mujer del látigo Meiling.

Y quien fuera de las dos debía de tener un arma.

Tiró con todas sus fuerzas de la mano de la mujer, tratando de vencer la resistencia que ponía, trabajo nada sencillo pues la criatura no se daba por vencida y para desgracia del príncipe de Terra, un segundo tentáculo, lengua o lo que fuera comenzó a escalarlo.

¡Maldita sea!

Toda la parte inferior de su cuerpo se le estaba adormeciendo por la presión, tenía que darse prisa o llegarían hasta su pecho y le cortarían la respiración.

Rezó por haber amarrado el pedazo de tela a su cabeza con suficiente fuerza para que aguantara en su lugar sin la asistencia de su mano, estiró su mano ahora libre hasta el brazo de la mujer junto a él y la sujetó por encima del codo.

Funcionó.

La atrajo más hacia él, comenzó a tocar el cuerpo femenino en busca de un arma, diciéndose asimismo que se disculparía más tarde con ella por el exceso de "confianza", tanteó otro poco alrededor de la cintura y finalmente encontró lo que necesitaba.

El mango de un cuchillo, lo tomó y lo descargó con todas sus fuerzas contra el monstruo que continuaba subiendo por su cuerpo. Escuchó un chillido semejante al de un puerco y a continuación sintió una sustancia espesa empapándole el abdomen y las piernas, el agarre en su pierna izquierda se volvió más débil hasta que los tirones cesaron.

Trato de hacer lo mismo con la cosa en su otra pierna pero le resultaba un poco más complicado, además en ese instante, el viento soplo con fuerza alzándolos ligeramente del suelo.

—¡Sostente! —le gritó la voz de la castaña.

De manera que era ella quien lo había sostenido todo ese tiempo.

Parecía que nuevamente estaba en deuda con ella.

Aunque tal vez no tendría oportunidad de agradecerle…

El contacto entre sus manos se estaba rompiendo, la fuerza del aire más los tirones de la bestia restante estaban venciendo su unión, se atrevió a entreabrir los ojos para ver como la otra mano de la esmeralda se reunía con la de él.

De igual manera vio el pañuelo que evitaba que la arena se colara en sus pulmones salir volando y perderse en la nada, seguido de un asqueroso gusano, que seguramente había estado enroscado a su pierna.

—¡Princesa! — gritó horrorizado.

La arena… la asfixiaría.

Por haberlo ayudado.

No podía permitirlo.

No podía.

No podía.

No podía.

¡NO!

Y de la nada, así como había empezado todo… terminó.

El viento seguía golpeándolos con rudeza, pero extrañamente ya no era capaz de alzar la arena, está ahora parecía pegada al suelo.

Shaoran escuchó un pequeño zumbido en sus oídos, pero lo ignoró.

Ahora podía ver al ser enroscado en su pierna. Se trataba de un gusano, igual al que había salido volando, de unos cinco metros de largo, ojos rojos y vidriosos y una boca circular llena de colmillos hasta la garganta.

Hundió su cuchillo en uno de sus asquerosos ojos, igual que el que mató durante la tormenta, chilló y se retorció, hasta quedar inmóvil.

El ambarino lo pateó lejos de su vista y centró su atención en la princesa del Fuego.

La encontró a un par de metros a la derecha, le alivió ver que estaba hincada tosiendo la arena que había ingresado a su cuerpo al ayudarlo. Llegó a su lado y comenzó a palmearle la espalda para ayudarla.

—Gracias. —le dijo una vez que sus excesos de tos hubieran terminado.

—Devuélveme… mi cuchillo. —le ordenó luego de esbozar una pequeña sonrisa.

Ni siquiera se planteó la idea de convencerla para que le permitiera quedárselo, se lo tendió por el mango y la ayudó a incorporarse.

—¡Sakura! —gritó su súbdito Arrow a lo lejos. —¡¿Estas bien?!

La aludida trató de responder pero, su garganta se había cerrado por la arena, así que al final le pidió en voz baja que respondiera.

—¡Estamos aquí! ¡Ella está bien! — le dijo al sujeto del arco. —¿Y los demás?

—¡Estamos bien Shaoran! —gritó Eriol, aunque indiscutiblemente pudo escuchar los lloriqueos de Tomoyo.

—Buen trabajo… con esos gusanos. —le dijo la esmeralda volviendo a toser.

El ambarino no dijo nada, solo asintió con la cabeza y volvió a mirar en dirección a los demás, esperando a que los alcanzaran.

—¡UHU! —exclamó uno de los gemelos emergiendo de la arena a unos cuentos metro de él, como si fuera uno de esos gusanos. — Tenia tiempo que no lidiábamos con una tormenta como esta…

—Tormenta de arena más gusanos—lo apoyó su hermano saliendo de la arena tal y como había hecho su hermano. — Excelente… creo que tengo arena en el trasero.

—¿Tenemos que enterarnos de todo lo que se aloja en tu trasero? —le preguntó Deimos haciendo un rápido recuento de sus cuchillos.

—¿Sakura estas bien? —le preguntó Phobos acercando a ella, cargando su hacha al hombro.

Ella asintió y continúo tosiendo.

—¿Deberíamos de darle agua? —preguntó el castaño comenzando a preocuparse.

—Démosle un rato más. —le respondió Phobos tomando su lugar en darle palmadas a la princesa del fuego en la espalda. — En cuanto disminuya la tos, podremos darle agua

—Hijo de perra. —gritó el otro gemelo matando a un gusano que trataba de alejarse de la zona. —¿Cómo es que estas porquerías no se extinguen?

—¡Dense prisa! —gritó Phobos para apresurar a los demás. —¡Tengo hambre! ¡Y en serio necesito ropa interior limpia!

Sin embargo con el viento aun molesto, tardaron al menos diez minutos en reencontrarse con ellos. El tal Arrow y la chica del látigo se aproximaron a Sakura, quien para ese entonces ya se había calmado mucho más, incluso Eriol pareció preocupado por su salud, más que por la del mismo Shaoran.

Luego de asegurarse de que todo el mundo estaba bien, nuevamente emprendieron la marcha hacia la nada.

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.

.

Por primera vez desde que emprendieran el viaje, todos iban tranquilos y en silencio.

El horizonte comenzaba a cambiar de color, anunciando el amanecer.

—Justo a tiempo. —suspiró la azabache estirándose.

—Sí, poco más y no lo logramos. — la apoyó la esmeralda con la voz un poco ronca.

¿De que estaban hablando?

Por la serenidad en su tono de voz, uno diría que habían alcanzado su destino, pero sin importar hacia qué dirección mirara el príncipe de Terra no podía ver otra cosa que no fueran dunas de arena.

—Bien… véndenles los ojos y sigamos. —les indicó Sakura luego de estudiar el horizonte por unos segundos.

—¿Qué? —preguntó él perplejo.

—¿No esperas que nos arriesguemos a que rebelen nuestra ubicación? ¿o sí? — se mofó Arrow.

—En realidad aunque quisiéramos hacerlo no podríamos. —le dijo Eriol, amarrándose el mismo la venda a los ojos.

¿Qué demonios le pasaba a su amigo?

—No dejaré que me lleven a ciegas por aquí. —les dijo con brusquedad.

—¡Maldita sea! —gritó Sakura. — ¡Míranos, estamos agotados y hambrientos! ¡Queremos llegar a casa lo antes posible! ¡¿Así que podrías por favor, dejar de quejarte y creerte el centro del universo por solo cinco minutos y ponerte la puta venda de una puta vez?!

A pesar del frio que sentía a su alrededor, sintió como el calor se agolpaba en sus mejillas.

Ni siquiera su padre la había hablado de esa forma. Un extraño sentimiento lo inundó por completo. No era enojo, era algo que nunca antes había experimentado.

Aun así le arrebató la venda de la mano y se la colocó.

—Gracias. —le dijo la castaña aliviada.

Retomaron su camino, en el caso del castaño dando trompicones cada tanto. Debieron avanzar medio kilómetro más antes de sentir el cambio en el terreno, sus pies dejaron de hundirse con cada paso que daba, por el contrario la superficie del suelo que ahora pisaba era lisa y dura, como si de roca se tratara, sumado a esto estaba el eco de sus pisadas.

No recordaba haber visto alguna cueva cerca antes de ponerse la venda.

Abandonó sus pensamientos en cuanto sintió un nuevo cambio en el terreno, ahora parecía que descendían por unos escalones demasiado empinados y altos. Escuchó los chillidos de Tomoyo en varias ocasiones, así como el impacto de su cuerpo contra el suelo resbaladizo.

—Veamos. —escuchó que decía la princesa de Fuego.

Todos se detuvieron y esperaron.

Shaoran no estaba seguro de que es lo que esperaban… tal vez se habían perdido.

Pero estaba equivocado, a pesar de la venda pudo distinguir a una poderosa luz bañando las paredes del lugar, supuso que la luz provenía del fuego de Sakura, tal y como había hecho en las celdas de los demonios, justo antes de liberarlos.

—¿Sakura? —preguntó una voz profunda e imponente. — Vaya, ya era hora.

—¿Todo bien? —preguntó una segunda voz, igual de imponente pero más fría y reservada.

—Todo bien, solo tuvimos un par de inconvenientes. —les explicó.

—Tormentas de arena, gusanos, demonios y uno que otro miembro de la realeza. —añadió uno de los gemelos.

Ambos hombres debieron de interrogar con la mirada, ya que Sakura les dijo que les explicaría en cuanto pasarán.

Caminaron en línea recta un par de metros, luego la luz del fuego iluminó el corredor por un par de segundos para después desaparecer, casi al instante las paredes comenzaron a temblar, como si algo muy pesado se estuviera moviendo. Conforme el temblor aumentaba también lo hacia la luz… la luz del exterior.

El ambarino sabía que era luz del exterior porque era mucho más brillante que la producida por el fuego de Sakura, además sintió una brisa de aire fresco darle de lleno en el rostro.

¿Cómo era posible que hubiera luz y aire tan fresco en una cueva?

—Espera… ¿Ellos son…? ¿En verdad son ellos? —preguntó una de las voces que los recibió. —¿Qué hacen aquí? ¿Por qué los trajiste?

—Sakura…—le dijo el de la voz fría.

—Kero… Yue… les explicaré luego… cuando hable con Touya. —les dijo cortante. — Lo único que quiero en este momento es comer.

—¡Esa es la actitud! —exclamaron los gemelos en coro.

—Si sabes que le dará un ataque a Touya cuando los vea ¿verdad? —le dijo Kero.

—Sip. —respondió Sakura como si nada. —Creo que aquí está bien… ya pueden quitarse las vendas.

Y así lo hizo el castaño.

—Bienvenidos al Oasis de fuego— les dijo Sakura sonriente.

Por un momento tuvo el impulsó de soltar una carcajada… porque era simplemente ridículo.

Seguramente se había golpeado la cabeza luego de la tormenta de arena, o tal vez su estado de deshidratación había llegado al extremo de hacerle ver alucinaciones…

Porque, era inaudito.

Estaban en una especie de plaza, junto a una fuente, a su alrededor se encontraban cientos de establecimientos, vendiendo diferentes productos… comida, ropa, joyas, etc.

Las edificaciones eran sencillas pero bonitas, casi parecían recién construidas, de ellas entraban y salían personas de todas las edades, saludándose y riendo, todos usando ropa de buena calidad, ninguno parecía hambriento o enfermo.

Observó el cielo, buscando una explicación sobre cómo podía haber luz de día en una cueva… y al ver el "techo" más preguntas se formularon en su cabeza, la única forma en podía describir lo que veía era como estar dentro de un volcán, la punta de este dejaba pasar la luz del sol del desierto… no entendía como, pero era impresionante.

Miró a la izquierda y vio más casas, a lo lejos veía un edificio más grande que los demás, alto y ancho, a la derecha había menos viviendas, vio muchos terrenos de cultivo con frutas, verduras y un poco más atrás vio un invernadero, detrás de él, probablemente por donde vinieron observó muchas palmeras y un pequeño lago…

Cuando miró al frente tuvo que hacer un gran esfuerzo para evitar que su mandíbula cayera al suelo.

El palacio del Oasis de Fuego era verdaderamente único, no solo era inmenso, sino que también era precioso. Estaba hecho de un material iridiscente que brillaba aún más con los destellos del sol, daba la impresión de estar cubierto de diamantes, tenía cuatro torres principales con grandes ventanales por donde se colaba la fresca brisa de la mañana.

Los jardines del palacio eran inmensos y muy bien cuidados, podía oler el perfume de las flores que lo adornaban, habían dispuestas varias bancas para sentarse y admirar la vista, todo rodeado por una gran reja de oro macizo, cuyas puertas permanecían abiertas.

—¿Impresionado? —le preguntó Sakura, siguiendo su mirada ambarina, hasta el palacio.

Él no fue capaz de responder nada coherente.

—Todo el mundo pensó que en el desierto no había nada que valiera la pena… sin embargo nosotros descubrimos que las tierras bajo las arenas del desierto son más fértiles que las demás. —le explicó Sakura, mirando orgullosa su reino. — en las cuevas más profundas hay infinidad de piedras preciosas y otros oasis conectados que nos brindan los recursos más básicos para nuestra existencia.

—Sakura… no creo que sea prudente compartir tanta información con un terrenal. —le advirtió el hombre de voz fría, Yue.

Shaoran siguió el sonido hasta encontrarse con el hombre de quien provenía…

Solo que no era un hombre.

O bueno, sí lo era, pero con un par de alas blancas en su espalda.

Era impresionante que alguien como él pudiera vivir en el desierto, pues su apariencia parecía más la de un ser de hielo.

Era alto, fornido, con una melena blanca que le llegaba hasta el suelo, sus ojos eran azules, pero a diferencia de los de su amigo, estos eran azul claro, muy claro. En su rostro apenas y había expresión.

—Por extraño que parezca apoyo a Yue. —dijo la segunda voz.

Y nuevamente se quedó boquiabierto.

Este ser no tenía nada de humano, parecía un tigre, solo que sin rayas, su pelaje era dorado al igual que sus ojos, de su espalda salían unas inmensas alas blancas que mantenía contra su cuerpo, sus colmillos eran suficientemente grandes para arrancarle uno de sus miembros…

Entonces recordó a los dos seres que se habían llevado al hermano de Sakura del campo de batalla, luego de la pelea contra los demonios…

La mujer con alas de mariposa y la pantera alada.

—Su hogar es hermoso. —le dijo Eriol uniéndose a la conversación.

—Gracias. —respondió Sakura. —Bueno… podrán hacer un tour después… no se ustedes pero yo me muero de hambre, vayamos al comedor.

Anduvieron por la calle principal, en dirección al palacio.

Aunque no quisiera admitirlo, el castaño quería verlo por dentro y también quería hablar con Sakura…

Tenía tantas preguntas en su mente.

¿Cómo había sobrevivido la gente del fuego al exilio?

¿Cómo habían erigido ese magnífico lugar?

¿Por qué no trataron de vengarse?

¿Quién les había enseñado a pelear de la forma en lo que lo hacían?

¿Cómo lograban controlar su poder?

Sin embargo no se dirigieron al palacio, una vez frente a las rejas de oro, dieron vuelta a la izquierda por un camino más angosto que terminaba a lo lejos frente a un edificio que parecía más una prolongación del mismo palacio ya que la arquitectura era la misma.

No eran los únicos en dirigirse hacia allá, de hecho la mayoría de los habitantes de Oasis se apresuraban hacia ese lugar entre empujones amistosos y risas. En cuanto veían a Sakura la saludaban joviales, al igual que al resto del equipo, ellos respondían con la misma efusividad.

—¿Qué tal estuvo su misión? —gritaba un muchacho que pasaba junto a ellos. —¿Es cierto que pelearon contra un ejército de demonios?

—¡Así fue! —respondió Phobos emocionado. —Cientos de ellos, pero cometieron el error de meterse con ¡PHOBOS el increíble!

—El increíblemente idiota—dijo su hermano pasando junto a él.

—¿Qué dijiste imbécil? —gritó el gemelo del hacha. —Te salvé la vida como veinte veces.

—Claro… ¿y que me dices de cuando empezaste a lloriquear en medio de la tormenta de arena? —continuo molestándolo su hermano Deimos.

Por un momento observaron la disputa que poco a poco se iba tratando más de sus problemas pasados hasta que comenzaron a luchar como niños chiquitos. Shaoran notó que ese comportamiento parecía ser común entre los gemelos puesto que algunos de los que pasaban por ahí sonreían resignados mientras que otros hacían apuestas sobre quien ganaría en esta ocasión.

—¡Por favor! ¡Quiero comer! —gritó Sakura aproximándose a ellos, los sujetó de la oreja y los jaló dentro del edificio. —No puedo creer que seamos parientes… me dan pena.

¿Así que los gemelos son familiares de Sakura?

—Vamos Sakura, sabes que eres nuestra prima favorita. —le dijo Phobos desde su incómoda posición.

—Touya… no tanto. —apuntó Deimos.

—Nop, porque él nos pega. —añadió el del hacha.

—Cállense y siéntense. — les ordenó la esmeralda, regresó a verlos y les indicó con un movimiento de cabeza que la siguieran.

El recinto por dentro era muy espacioso, era un lugar acogedor y animado, casi a todo lo largo del cuarto se extendían cuatro mesas de madera, repletas de comida y bebidas, la mayoría llenas de personas desayunando.

Esto era una cafetería comunitaria.

Al fondo de la habitación se encontraban dos puertas, la más colocada a la izquierda se dirigía a las cocinas, pues ahí se concentraba más el aroma a comida que inundaba el lugar, además de que Shaoran podía escuchar el ruido de los platos. La otra puerta casi podía apostar que comunicaba con el palacio.

En cuanto Tomoyo, Eriol y él ingresaron, el bullicio se redujo, todos voltearon a verlos, algunos amenazadoramente, fue entonces que Shaoran notó que todos, estaban armados.

El ambarino no se dejó intimidar y caminó con paso sereno hasta el lugar en que se encontraban Sakura y los gemelos.

—Coman y beban lo que gusten. —les dijo la esmeralda sirviéndose en su plato un poco de tocino y panqueques.

Eso pareció tranquilizar a los demás, las palabras de Sakura daban a entender que ellos eran sus invitados y que por tanto no debían lastimarlos… al menos no por el momento.

Eriol fue el primero en tomar asiento y comenzar servirse generosas raciones de comida, el castaño y la amatista no se sentían tan seguros, pero el hambre pudo más. Dejaron de lado todas las normas de etiqueta y procedieron a comer.

De donde venían la hora de la comida era algo importante, para empezar debían de sentarse de acuerdo a la jerarquía, aquel que ocupara la cabecera de la mesa sería el más alto o el rey, a su derecha estaría la reina y sus hijos, varones primero mujeres después, seguidos de familiares sanguíneos, a la izquierda del rey se sentaría su consejero, los familiares políticos y los demás miembros de la corte. Los sirvientes eran los encargados de llevar y traer los platillos, además de pasar los condimentos, en la mesa debía haber cubiertos adecuados para cada platillo, entiéndase un mínimo de tres cucharas, tenedores y cuchillos, una copa de agua y otra de vino, los codos no debían de entrar en contacto con la mesa, nunca hablar con la boca llena…

Todo esto se lo habían enseñado desde pequeño, esa era la monótona rutina de cada desayuno, comida y cena.

Sin excepciones.

Por lo tanto la imagen frente a él, violaba prácticamente todas y cada una de esas normas.

Todos estaban sentados por afinidad, cada quien se encargaba de llenar su plato con lo que le apeteciera, algunos ni siquiera necesitaban los cubiertos, simplemente los sustituían con pedazos de pan, ninguno tenía reparos en estallar a carcajadas cada tanto e incluso robar bocados del plato de alguien más.

En definitiva esto no es Terra.

—… creo que me torcí algo. — dijo Phobos sobándose el hombro.

—Mira ahí va tu novia. —le dijo su hermano señalando a una muchacha bastante atractiva con un tenedor rebosante de comida.

—Si… no creo que quiera hablarme… —respondió nervioso.

—¿Qué hiciste ahora tonto? —le preguntó Meiling tomando un sorbo de su jugo.

—Nada. —contestó poco convincente.

—Se acostó con otra. —adivinó Sakura sonriente.

—¡Phobos! —le gritó Meiling.

—¡No fue mi culpa! Estaba ebrio… y pues… pues ¡Todas se parecen cuando uno está ebrio!— se defendió con torpeza. — ¡Así que en teoría ustedes son las culpables!

De las manos de Sakura y de la azabache volaron dos flamas pequeñas hasta el pecho de Phobos, quien de la impresión cayó al suelo.

—¿Cómo hacen eso? —preguntó Eriol observando la escena con una sonrisa en el rostro.

—¿Esto? —le dijo Meiling al mismo tiempo que encendía una nueva flama. — Pues… es nuestro poder, ya sabes cómo gente de fuego, es como tu… eres de Windland ¿no? Entonces debes ser capaz de controlar el viento.

—No… no puedo. —respondió su amigo algo triste, empezó a mover su tenedor en círculos y de él se fue formando un pequeño tornado, apenas más grande que el salero. —Es lo más que puedo hacer.

—Espera… ¿no les enseñan a usar sus poderes? —pregunto la esmeralda asombrada.

—No… hace cientos de años que nadie usa su magia. —le contó Eriol. —Nos enseñaron que mientras menos magia hagamos nuestro cuerpo y mente permanecerán bajo control, los únicos que pueden desarrollarla un poco más son los miembros de la guardia real.

Le sorprendió ver tristeza en los ojos de Sakura.

—Pero ¿Por qué? —insistió la castaña.

—Para que no termináramos como ustedes. —soltó Shaoran. —Su poder los consumió, nuestros reinos temieron que lo mismo nos sucediera… así que llegaron al consenso de que se minimizara el uso de la magia.

—¿Terminar como nosotros? ¿Nuestra magia nos consumió? —preguntó molesto Arrow quien hasta el momento había permanecido en silencio. — ¿A qué te refieres con eso?

—A la causa de su exilio—le contestó firme.—Ustedes dejaron que la oscuridad los gobernara, atacaron a los demás reinos, fueron la causa de la división de los elementos y de su propia destrucción.

¿Acaso estás loco?

Estas en el reino del fuego.

Toda esa gente tiene armas

Y obviamente no les agradas.

Cállate por favor.

La vocecita en su mente tenía razón, aun así ya no podía retirar lo dicho.

Arrow no se molestó en buscar palabras para debatirle, tomó su arco y enfundó una flecha apuntándole, en su mirada podía ver autentico odio hacia él, al otro lado de Sakura, el tigre llamado Kero dejaba salir un gruñido amenazador. A pesar de que él estaba desarmado igualmente se puso de pie y les hizo cara.

—Eso es lo que pasó y todos lo saben. —agregó, los que desayunaban a su alrededor regresaron a observar la disputa. — Suficiente… no tengo por qué darte explicaciones a ti, tenemos que hablar sobre cómo ponernos en contacto con nuestra gente. —le dijo al joven con desdén, sus últimas palabras fueron dirigidas a Sakura.

—De verdad eres lento… Ustedes son los que están en deuda conmigo. —le recordó. —Creí haberte dicho que yo decidiría como me pagarían y cuando podrían irse.

—¡Vamos! ¡Nuestras familias deben de estar preocupadas por nosotros! ¡Nuestros reinos pueden estar en peligro! —gritó fuera de sí. — ¡No tenemos tiempo que perder! ¡Ya te dije te daremos joyas, tierras! ¡Lo que quieras!

—Lo que quiero en este momento es que te calles—respondió serena levantándose de su lugar. —A entrenar chicos… ustedes pueden descansar y empezar a entrenar mañana.

¿Esperar?

¿Entrenar?

¿De qué estaba hablando?

Los compañeros de Sakura se levantaron de sus asientos y recogieron sus armas, dispuestos a abandonar la habitación.

—¡NO! —exclamó molesto.

—Shaoran por favor…—murmuró Tomoyo asustada. —No los provoques.

Él la ignoró.

Tenía que convencerla de ayudarlos.

—¡Te propongo un trato! ¡Peleare con quien tú elijas! ¡Si gano, nos ayudas y queda saldada nuestra deuda… si no acataremos tus órdenes!

—¿Una pelea? —preguntó la esmeralda divertida con la desesperación del terrenal. — Y si pierdes, ¿dejaras de quejarte y ella de llorar?

El asintió, sabía que tenía su atención, la forma en que mordía su labio la delataba. Estaba considerándolo muy seriamente.

Estaba seguro que su discurso sobre no querer ni necesitar nada de ellos era una mentira.

—Está bien… pelearemos. —aceptó la esmeralda, su mirada fija en la de él.

El ambarino se quedó perplejo, no por el hecho de que aceptara su proposición, sino porque ella había dicho "pelearemos"…

—No puedo pelear contigo—declaró rotundamente, molesto por el brillo de picardía que se apoderó de la mirada esmeralda.

Podía apostar que ella había esperado esa respuesta.

El castaño no comprendía que era lo que le causaba tanta gracia.

—¿Y por qué es eso? —preguntó juguetona cruzando sus brazos.

Shaoran bufó exasperado, estaba jugando con él, burlándose, por lo tanto no respondió. En cambio su mirada se encontró con la verde de ella, comenzando una batalla silenciosa, él por su lado negándose a caer en sus juegos, ella por el otro midiendo el temperamento del príncipe de Terra.

Al final fue su amigo, el príncipe de Windland, el encargado de dar una explicación.

—Shaoran no puede pelear contigo porque eres una dama. —aclaró. —Nuestra educación no nos lo permite.

Las carcajadas no se hicieron esperar, todos los habitantes del Oasis del fuego se atrevieron a burlarse de ellos.

Todos menos Sakura, quien seguía observando atentamente a Shaoran.

—Elige a alguien más. —ordenó Shaoran haciendo su mejor esfuerzo por ignorar las risas a su alrededor. —Quien sea.

—Pelearas conmigo o no hay trato. —dijo la princesa del Oasis con firmeza. —¿O tal vez es que me tienes miedo?

Más risas.

Hasta aquí llegaba su paciencia.

—¿Miedo? ¿Por qué habría de tenerte miedo? —exclamó el terrenal fuera de sí. —¡Trato de protegerte!

—¿Protegerme? ¿De ti? —preguntó entre risas, para nada intimidada por la súbita explosión del castaño. — Mira querido, te vi "pelear" en la guarida de los demonios… creo que no representas una gran amenaza.

Esta mujer lograba sacarle de sus casillas.

—También fui yo el que peleó con los gusanos de arena. —le recordó.

—Cierto… ahora si estoy preocupada. —dramatizó la muchacha.

Juró que salía humo por sus oídos y nariz… por un momento fue como si él también fuera descendiente del ángel de fuego.

—Tranquilo… haremos de cuenta que por los próximos treinta minutos tú no eres un caballero y yo no soy una dama. —concluyó Sakura despreocupada. —Por lo tanto podemos pelear.

Su mente le gritaba que no era correcto, sin importar por donde se le viera, él no debía hacerlo.

Aun así, su enojo pudo más, con un leve movimiento de su cabeza, aceptó.

—Bien… ¡a la arena! —exclamó entusiasmada Sakura, guiándolo no solo a él, sino que a su gente también.

Salieron de la cafetería, seguidos de toda la gente, se internaron en una calle bastante ancha, hasta llegar nuevamente a la fuente que había visto a su llegada, dieron vuelta a la derecha, donde un enorme edificio se erguía.

Pasaron por un par de pesadas puertas de madera para encontrarse con la mayor sala de entrenamientos que Shaoran hubiera visto nunca.

Como parte de su educación, Shaoran había aprendido a usar la espada, lo cual requería explotar sus capacidades físicas en la sala de entrenamiento de Terra, en conjunto con su ejército. La arena de entrenamiento en su reino era bastante grande, más grande que la de Windland y Aqua… pero en comparación a la del Oasis del fuego… parecía una burla.

El lugar era gigantesco, la mitad cubierto por un gran techo, mientras que la otra mitad permitía la entrada de los rayos del sol que se filtraban desde la abertura del volcán, alrededor se encontraban un sinfín de antorchas que seguramente iluminaban el lugar de noche. Como era de esperarse había una gran pista para correr, al menos tres circuitos diferentes llenos de obstáculos, justo en la pared frente a la entrada se encontraban todas las armas de la gente del fuego, una colección verdaderamente sorprendente, Shaoran pudo ver lanzas de diferentes tamaños, espadas comunes y otras con diseños más complejos, habían arcos con flechas, cuchillos, katanas, hachas, tridentes y combinaciones de estos que solamente alguien con mucha practica podría utilizar sin lastimarse.

A la derecha hasta el fondo, se encontraban dos habitaciones, una tenía un letrero indicando la enfermería y la otra una salida de emergencia.

Su mirada ambarina regresó a ver a Eriol, quien parecía tan anonadado como él y Tomoyo solo parecía profundamente intimidada.

—Bien… elige tu arma. —le indicó Sakura señalando el largo muro.

El príncipe de Terra se sacudió de encima la sorpresa y caminó con seguridad hasta la pared.

Inspeccionó la sección de las espadas con cuidado, comparando en su mente los tamaños, el peso y la forma que mejor se acoplara a su mano.

Al final se decidió por una espada ancha, con empuñadura de oro y diseño simple, volteó a ver a la esmeralda, ella observó la espada elegida por él, volvió su mirada a la pared e inmediatamente tomó la espada al lado de la suya, una réplica.

—Listo, pelearemos hasta que uno de los dos se rinda o no pueda pelear más ¿de acuerdo? —propuso jugando con su espada. —¿Seguro que quieres pelear?

Su último intento por burlarse de él.

—Estoy seguro. —contestó con firmeza.

Sakura

Debía admitir que admiraba la voluntad del terrenal, después de todo lo que había pasado, aún seguía firme en querer regresar a casa, tan desesperado que había aceptado a pelear con ella.

Ambos se alejaron de los espectadores hasta quedar en medio de la arena de combate, con un par de metros de distancia entre uno y otro.

Al igual que Sakura, Shaoran realizó un par de movimientos con la espada, para acostumbrarse al peso y calcular la fuerza que debía de ejercer con ella.

—Arrow. —dijo Sakura, refiriéndose al chico del arco y por tanto designándolo como el mediador del duelo.

El aludido alzó las manos, haciendo que los demás guardaran silencio.

—¿Están listos? —preguntó el joven, los dos castaños dijeron que sí. — Bien el área de duelo está delimitada por estas líneas, por lo tanto las formas de ganar son, sacando al otro del área de combate, noqueándolo… o matándolo.

La esmeralda no pudo evitar la risa que se coló por su garganta.

Arrow y su elocuencia.

—¡Que comience el duelo! —gritó Arrow.

Ella se puso en posición de combate, su gente comenzó a vitorearla.

Antes de empezar a atacar decidió analizar a su oponente, pudo ver como su mirada adquiría un brillo de concentración, su mandíbula y sus manos se tensaron.

Era obvio que había sido entrenado en el arte de la pelea.

¿Pero qué tan bueno sería?

Estaba a punto de averiguarlo.

Sakura corrió hacia él con toda su fuerza y chocó su espada con la de él, nuevamente sus esmeraldas examinaron los ojos ambarinos del terrenal, le divirtió ver sorpresa. El seguramente había esperado un duelo rápido y sencillo en donde ella principalmente correría para mantenerlo alejado, pero no, así como él, ella había pasado toda su infancia entrenando en todo tipo de pelea.

Era la única forma en que se podía vivir en este lugar.

La esmeralda no le dio tregua, no entendía exactamente por qué, pero sentía la urgencia de mostrarle de lo que estaba hecha, comenzó a asestar golpe tras golpe, el sonido de ambas armas chocando llenó el lugar.

Sakura se movía con gran destreza y casi sin ningún esfuerzo, mientras que él por otro lado sentía como si su cuerpo hubiera adquirido varios kilos de más y estuviera tratando de acostumbrarse al nuevo peso, sus golpes eran más que nada defensivos, no bajaba la guardia, pero tampoco había tenido mucha oportunidad de atacar.

Casi podía apostar que el ambarino aun no dejaba salir toda su fuerza.

¿Por qué no la atacaba?

¿Era por el cansancio?

¿O por el hecho de que ella fuera una mujer?

¿O…?

¿Podría ser que nunca nadie le había enseñado a explotar todo su potencial?

Interesante.

Quería saber hasta dónde podía llegar su fuerza.

Lanzó un golpe con toda su fuerza y lo vio a él alzar su espada para detener el golpe de su arma, justo en el momento en que entraron en contacto, el castaño la empujó con todas sus fuerzas, lanzándola varios metros para atrás, dándole un poco de tiempo para recuperar el aliento.

Así que si tenía más fuerza.

Solo tenía que alterarlo lo suficiente.

—¿Cansado? —le preguntó Sakura apenas comenzando a jadear.

Lo comenzó a rodear lentamente, como si se tratara de un depredador preparándose para dar el salto final a su presa.

—No me extraña que los hayan atrapado… eres tan débil. —le soltó burlona.

Ahí estaba, una especie de resplandor en su mirada…

Su verdadera fuerza quería salir.

—No soy débil. —le dijo a través de sus dientes apretados, ella soltó una carcajada.

—¿Necesitas más tiempo para recobrar el aliento? —le dijo alzando su espada de nuevo.

No obtuvo respuesta, sin embargo casi al instante la esmeralda se dio cuenta de que había logrado su cometido.

El piso debajo de sus pies comenzó a temblar, no mucho al principio, pero pronto más y más fuete, tanto que tuvo que desviar su atención del hombre frente a ella, para ver a su alrededor.

Sus amigos también miraban a todos lados extrañados, Arrow regresaba a verla claramente preocupado, él único que no parecía enterarse de esto, era Shaoran.

Estaba furioso, colérico incluso, sus manos estaban tan fuertemente ceñidas a la espada que todo el color desaparecía de ellas, sus piernas parecían pegadas firmemente al suelo, todo su cuerpo temblaba, pero no fue hasta que volvió a contemplar sus ojos que supo lo que estaba pasando.

Sus ojos color chocolate con destellos ámbar, ahora se encontraban casi dorados, con un brillo antinatural…

Un brillo de magia.

Estaba poniéndose en contacto con su elemento.

La tierra.

Pese a la impresión, la esmeralda no pudo evitar sonreír.

Su momento de alegría no duró mucho, el temblor del suelo formó una grieta, de tamaño considerable, que se dirigía a ella con demasiada rapidez.

Logró saltar antes de que llegara a ella, rodó sobre su espalda y se puso de pie otra vez, aunque no suficientemente rápido, el terrenal ya había corrido hacia ella, espada en alto, amenazando con asestarle un buen golpe, y así lo hizo, sintió el filo de la espada abriéndose camino en uno de sus costados.

Lo alejó dándole una patada de lleno en el pecho, enviándolo al suelo.

Se examinó la herida, no era nada de qué preocuparse.

Shaoran se puso de nuevo en pie, la miró con toda la cólera que podía albergar y esta vez en lugar de una grieta pequeños pilares comenzaron a salir del suelo. Ella saltó lejos de donde la tierra se alzaba, pero cayó justo en el lugar donde brotó uno nuevo. El pilar creció por lo menos cinco metros de alto, tuvo que enterrar la punta de su espada en la tierra para asegurarse de no caer.

—¿Quién es débil ahora? —le preguntó el castaño aun con ese extraño brillo en los ojos.

—Todavía sigues siendo tú. —le dijo arrancando su espada de la tierra y lazándose desde esa altura hacia él.

Sus espadas chocaron con gran estruendo, se separaron y él tomó impulso para darle un buen golpe, pero ella se agachó en el momento justo, la espada del castaño quedó atascada en uno de los pilares que él había creado, lo observó tratando de sacarla, pero en vano.

Sus miradas se encontraron, ambos jadeaban ruidosamente.

—Perdiste. —le informó ella, Shaoran la miró sin comprender, bajó la mirada para comprobar sus posición dentro del área de batalla.

Y en efecto seguía dentro del área, sin embargo cuando alzó la mirada, se encontró con el pie de ella, antes de caer hacia atrás, fuera de la línea.

Perdió el duelo y también la consciencia.

—¡Shaoran! —gritó la princesa de Aqua a lo lejos, sus manos presionadas fuertemente contra su boca.

Sakura se acercó para ver de cerca sus ojos, abrió uno con cuidado.

Solo se encontró con el color del chocolate, sin resplandor, ni matices dorados.

—¿Qué demonios fue eso? —exclamó Deimos examinando el pilar.

—Pensé que no sabía cómo usar su magia. —dijo Meiling asombrada.

—Y no sabía… —le explicó Sakura. —El golpe que le di no debió noquearlo, era la primera vez que dejaba salir su magia de esa manera, quedó rendido.

—Eso… eso quiere decir que…—balbuceó Eriol. —¿Nosotros también… también podríamos…?

—¿Aprender a usar su magia para pelear? —terminó Sakura por él. — Claro, nosotros llevamos años haciéndolo, no es fácil al principio, pero es de mucha ayuda.

—¿Puedes enseñarme? —le preguntó emocionado.

De los tres el ojiazul parecía ser el único en sentirse cómodo en el Oasis.

—Eriol…—le dijo Tomoyo asustada.

—Entrenaran… a partir de mañana. —les dijo la castaña. — Hoy recobren fuerzas, Phobos llévalos a una de las casas disponibles, Deimos tu llévalo a él a la enfermería. —le dijo señalando a Shaoran

Ambos gemelos asintieron y pusieron manos a la obra.

—Sakura… ¿Piensas entrenarlos? —preguntó Arrow molesto.

—No… tú los vas a entrenar. —le dijo como si fuera lo más obvio.

El arquero puso mala cara.

—Y no es pregunta Arrow. —le aclaró, dando por terminada la conversación. —A entrenar todos.

Espero que su gente reanudara sus actividades, varios comenzaron a calentar, otros se fueron a los circuitos de obtaculos a terminar sus competencias, algunos más se dirigieron a la pared de armas y los restantes permanecieron como espectadores hasta que llegara su turno.

— Kero ¿Cómo están mis bebes? — le preguntó a su amigo alado, quería verlos con desesperación. Ellos lograrían relajarla luego de la madrugada que había tenido.

—Tan incontrolables como siempre que te ausentas. —le respondió su guardián.

—Será mejor que vaya a verlos. — le contestó caminando hacia la entrada. — Y luego iré a ver a Touya.

Suspiró cansada, imaginándose lo que se le avecinaba, un duelo más duro… en contra de su hermano.

.

.

.

—Creo que es un error—repitió Arrow por millonésima vez.

Era casi media noche, ella estaba agotada y solo pensaba en dormir, Arrow por otro lado parecía tener aun demasiada energía.

—Bueno, no es decisión ni obligación tuya, así que no tienes de que preocuparte. —le dijo estirándose debajo de las sábanas.

—¿Qué dijo Touya? —preguntó el arquero jugando con su cabello.

—Esta igual o peor que tú. —respondió recordando los gritos que había dado su hermano al enterarse de que un terrenal, una aqua y un hijo del viento se iban a alojar con ellos, y no solo eso, si no que planeaba entrenarlos.

Era comprensible su molestia, a decir verdad ella tampoco estaba cien por ciento segura sobre las decisiones que había hecho en las últimas veinticuatro horas, pero algo dentro de ella le decía que siguiera adelante.

¿Tendrían razón su hermano y Arrow?

¿Debía abandonarlos a su suerte en el desierto?

La insistente boca de Arrow la trajo de vuelta a la realidad.

Estaba encima de ella, inclinado sobre su cuello, dejando besos húmedos aquí y allá.

En un día normal, esto la excitaría, empezaría a gemir y abrir sus piernas a él.

Pero hoy no.

—Esta noche no. —le dijo liberándose de él y caminando hasta el balcón.

Admiró su ciudad, tan tranquila y cálida, resistió el impulso, pero al final terminó girando su cabeza en dirección a donde se ahora descansaban los tres miembros de la realeza.

—¿Por qué no? —demandó Arrow negándose a rendirse, enroscó sus brazos alrededor de su cintura.

—Necesito que estés fresco mañana. —le recordó, lo escuchó resoplar, aun así no apartó sus manos. —Hablo en serio.

La soltó casi de inmediato, lo había hecho enojar.

Lo siguiente que escuchó fue el sonido de la puerta al cerrarse.

Hombres.

Ya lo solucionaría mañana.

Shaoran

Despertó con un agudo dolor en la cara, no recordaba haberse ido a dormir.

Nuevamente se sentía como ese fatídico día en que había despertado en una celda inmunda, desorientado, adolorido, molesto e impotente.

Eso fue apenas hace un día.

—Shaoran ¿estas bien? —lo cuestionó la amatista a un lado de su cama.

Antes de contestar examinó rápidamente el lugar.

Definitivamente mejor que una sucia celda.

Estaba en una habitación bien iluminada, en una cama mullida junto a un buró con flores dentro, cerca de la ventana había una mesa pequeña con dos sillas, un mueble pequeño para libros y un sofá.

—¿Dónde estamos? —preguntó ligeramente esperanzado.

—En el Oasis de Fuego… nos instalaron en este lugar. —le informó Tomoyo tratando de sonar alegre. —¿No recuerdas nada?

—Recuerdo haber atravesado el desierto, llegar al oasis y proponerle a Sakura una pelea. —le recapituló. —Pelea que supongo… perdí.

La amatista asintió.

—¿No recuerdas nada más? ¿Antes de desmayarte? —le preguntó algo temerosa.

—No… ¿se supone que deba recordar algo más? —preguntó extrañado, se sentía muy débil, aunque supuso que debía ser por el viaje la pelea y todo por lo que habían tenido que pasar.

—Usaste tus poderes. —le dijo Eriol ingresando a la habitación, ya no llevaba la misma vestimenta del día anterior, ahora vestía unos zapatos deportivos, pantalones negros y una camiseta sin mangas azul.

—¿Mis poderes? —repitió asombrado.

—¡Si y fue genial! ¡Podías manipular la tierra! —le contó entusiasmado. —Le diste una buena pelea a Sakura, aunque ella no necesitó usar su magia.

—¡No vuelvas a hacerlo Shaoran! —lloriqueó Tomoyo, a diferencia de Eriol ella continuaba usando su vestido rasgado.

—¿De que estas hablando? —exclamó el de anteojos, mirándola extrañado. —Si aprendemos a usar nuestra magia, no necesitaremos de ellos para llegar a Terra.

—No debemos usar magia Eriol, ¡Nos destruirá! —le espetó con lágrimas en los ojos. —Igual que a ellos.

—¿Estas ciega o que te pasa? —preguntó olvidándose de la caballerosidad. — ¡Ellos sobrevivieron gracias a su magia! ¡Mira todo lo que crearon con ella! ¡No seas tonta!

Tomoyo no dijo nada más dejo que las lágrimas bajaran por sus mejillas. El comentario de Eriol la había lastimado.

Era demasiado para asimilar en tan poco tiempo.

Sus dos amigos tenían razón…

Era cierto que si aprendían a usar su magia, podrían regresar a su hogar sin ningún problema y sin la ayuda de la gente del fuego.

Por otro lado, al igual que Tomoyo sentía algo de miedo…

¿Qué tal que su poder se adueñaba de ellos?

¿Y si perdían el control?

—Piénselo ustedes si quieren, yo ya he tomado mi decisión. —les dijo Eriol, caminando hacia la puerta. —Será mejor que se den prisa, todos estan yendo a desayunar y luego a entrenar.

Y salió de la habitación.

¿Qué le había pasado a Eriol?

Había cambiado tanto en cuanto conoció a Sakura y a los demás, parecía sentirse más cómodo en el Oasis que en Windland.

La amatista sollozó un poco más fuerte.

—Tal vez… tenga razón—le dijo el castaño a Tomoyo mientras se enderezaba. —Tendremos que esperar… analizar un poco la situación y luego decidiremos ¿sí?

La muchacha alzó su rostro anegado en lágrimas y asintió.

—Hay que ser fuertes Tomoyo. —la alentó poniendo su mano sobre su hombro. —Vamos.

Se vistió con un atuendo similar al de Eriol, Tomoyo fue a otra habitación y al salir vio que tenía un atuendo semejante al de ellos, deportivo y entallado, para permitir mayor libertad de movimientos.

Si parara de llorar y verse afligida, se vería linda… diferente.

Desayunaron algo rápido, en primera porque ya era tarde y en segunda por que el castaño quería evitar las miradas de los demás, la mayoría lo veía y llamaba la atención de sus amigos para hablar de su derrota de ayer, otros sin disimulo alguno lo apuntaban con el dedo.

No quería perder el control.

Caminaron en dirección a la sala de entrenamiento, al entrar vieron que muchos ya estaban calentando, entre ellos Eriol, quien corría al lado de Sakura.

En la entrada vio al arquero, pero el simplemente les dio la espalda, Sakura por otro lado se acercó a ellos en cuanto los vio.

—Bien ya están aquí… ¿estas bien? —le dijo a él alzando su mano como si fuera tocar el lugar donde lo había golpeado en el rostro, pero a medio camino se lo pensó mejor y bajó el brazo.

—Bien. —respondió cortante y desviando la mirada.

Fue entonces que sus ojos se encontraron con los pilares, y de golpe todos los recuerdos de la batalla regresaron a él.

¿Él había hecho eso?

¿Y la grieta?

Si, ahí estaba.

Ajeno a lo demás caminó hasta tocar las elevaciones de tierra.

—¿Ahora lo recuerdas? —le preguntó la esmeralda caminando hasta él.

—¿Cómo sabes que no lo recordaba? —le preguntó impresionado.

—La primera vez que pude crear fuego… me desmayé y desperté al otro día sin ningún recuerdo. —le contó sonriente. —En cuanto toqué las cenizas de la serpiente… todo volvió a mí.

—¿Te lastimé? —le preguntó preocupado.

Ella se alzó una parte de su blusa.

—Apenas… —contestó indiferente volviendo a cubrir el corte en su costado. —¿Sabes? Para ser tu primera vez… no lo hiciste nada mal.

Involuntariamente esbozó una sonrisa mientras recorría con la palma de su mano el montículo de tierra.

—¿Quieres ver que más puedes ser capaz de hacer? —le preguntó la castaña mirando su mano contra el pilar.

¿En qué momento había desaparecido la tensión entre ellos?

¿Por qué de repente se sentían más en confianza?

No lo sabía.

Pero lo iba a averiguar.

—Si… entréname. —le respondió decidido.

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Capitulo dos!

Tardó un poco, porque la inspiración nada más no llegaba, pero este lunes, la inspiración volvió y comencé a tener idea tras idea…

Este capítulo iba a terminar hasta la llegada de todos al Oasis, pero decidí que para compensarlos, por la tardanza alargaría el capítulo.

Y bueno, aquí está el resultado.

¿Les gusto?

¿Qué les pareció el recorrido por el desierto?

Creo que hay muchos peligros en esas tierras… ¿será posible que Eriol, Tomoyo y Shaoran regresen a casa?

¿El oasis de fuego? Un lugar escondido, misterioso pero muy bien abastecido, todo indica que la gente de fuego logró forjar un reino bastante fuerte. ¿Les gustó el reino de Sakura?

¿Por qué será que Eriol se siente tan a gusto en el Oasis?

¿Dejara Tomoyo de llorar en algún momento?

¿Qué tal la pelea entre Shaoran y Sakura?

¿Sakura tiene bebes?

¿Aguantaran Shaoran, Tomoyo y Eriol el exhaustivo entrenamiento?

La gente de fuego ¿aceptara a los tres foráneos? ¿O los echaran en cuanto tengan la oportunidad?

Cualquier duda, sugerencia, comentario, o reclamos déjenlos en sus reviews!

Me encanta leer cualquier cosa que tengan que decirme.

Nos leemos en el siguiente capítulo.