Advertencia: Muerte(?)


Prepárate para descubrir varios momentos de la vida de nuestros personajes.

—Su esposa, señor Potter, está muerta —fueron las primeras palabras que Harry oyó decir luego de despertarse. No estaba del todo seguro qué había pasado, sólo recordaba luces superponiéndose unas a otras, un accidente del que no recordaba demasiado; sin embargo, los estragos sí que los recordaba. Los medimagos le habían explicado lo más claro posible todo lo que había ocurrido. Luego de que saliese de ese restaurante muggle, al parecer un conductor ebrio se salió de su carril y había terminado contra el pequeño auto de los Potter.

Harry estaba acostado en la cama de una de las habitaciones del hospital San Mungo. Sus paredes eran verdes, el color favorito, y, según Harry, éstas estaban horribles. ¿Cómo podría olvidar aquella pelirroja que lo había hecho sentir tan bien? Siendo él quien la había hecho sufrir. Era una mala jugada del destino, una macabra jugada para quitarle el amor de su vida, después de tanto que habían pasado juntos, después de aquella terrible batalla, no entendía cómo la vida aún podía estar cobrándole algo de lo que ni siquiera él mismo estaba seguro.

El día en que realmente supo qué sentía por ella, el día en que su corazón dio un brinco al verla versarse con Dean Thomas… aquel día aún estaba grabado en su memoria. Escondidos en el pasadizo, dándose un par de besos furtivos… un toqueteo por aquí, y otro por allá: así recordaba haberla visto ese día, cuando no pudo evitar ocultar sus sentimientos con un amor fraternal; sin embargo, aquello no duraría mucho.

Quizás Ron se molestaría; sin embargo, había una pequeñísima posibilidad de que esto no fuera así; pero fuera como fuera, no podía aguantar más. Estaba por explotar en mil pedazos, no aguantaría y un minuto más y, fue de lo más inesperado, cuando después de la victoria de quidditch la besó sin que nada le importara. Y la gran sorpresa, fue que la mínima posibilidad existente para que Ron lo aceptara, se dio a la perfección. Después de todo su pelirrojo amigo no puso mayores objeciones.

Sin embargo, esta felicidad no duró más que un solo verano. Harry la cambió drásticamente por infelicidad en sólo un segundo, cuando terminó con Ginny por temor a que alguien le hiciera daño. Y aún, cuando Ginny intentaba ser fuerte, un par de lágrimas escaparon de sus lindos ojos, lágrimas que le pesaron en el alma a Harry.

Con pesar Harry tuvo que partir a su aventura, aventura que le trajo desgracias y… un par de alegrías. Una aventura en la que se pasó viendo, en las noches, el Mapa del Merodeador para divisar a Ginny en él, verla caminar de un lado a otro en su habitación en la Torre de Gryffindor, o, quizá, andando por un pasillo. Pero fuese en donde fuese, la añoranza lo llevaba a pensar que ella estaba con él, podía sentir que su aroma inundaba toda la tienda de campaña, quería sentir de nuevo sus suaves labios contra los suyos. Quería estar de nuevo con ella.

Luego de batallas perdidas, batallas ganadas, la mayoría de los Horrocruxes destruidos, y un plan de ataque, llegó la guerra de Hogwarts. Rayos verdes, rayos rojos; enemigos, amigos… todo era una locura, algunas explosiones y paredes caídas alarmaban más a Harry, quien le imploraba a Ginny que se quedara a salvo, que no luchara junto a él. Pero gracias a Merlín nada malo le pasó y podría celebrar juntos. ¡La guerra había terminado!

La guerra había terminado, Ginny estaba viva, por fin podría ser medianamente feliz, todo en la vida le sonreía… bueno, casi todas las cosas. Ginny no accedería a volver con él tan fácilmente, quizá sería mucho más difícil que vencer a Voldemort. Pero él no se cansaría. Luego de implorarle varias veces, muchas cartas, y una que otra locura, Ginny accedió a una cita con él en un restaurante muggle.

La ansiada cita llegó, y Harry estaba cada vez más expectante por saber qué ocurriría. Fue a recogerla en La Madriguera, llevaba unos vaqueros, junto con una blusa ceñida a su cintura, era negra. Su pelo iba recogido en un moño, y de éste caían un par de rizos que se mantenían hasta las puntas. Harry estaba medio embobado.

La cena transcurrió de lo más normal, Harry de vez en cuando soltaba un comentario que sonrojaba a Ginny, pero sin llegar a más. Fue una simple y tranquila cena y, aunque Ginny no quisiera demostrarlo, esto le decepcionaba un poco. Quizá su madre tenía razón y ya Harry se había cansado de esperar por ella

—Harry, yo…

—No, no… —Harry se tocó un par de veces los bolsillos. No podía estar pasándole eso a él—. Ginny, tengo que ir a mi apartamento… ¿te importa si…?

—No, no te preocupes —aceptó con una sonrisa.

Harry le abrió la puerta del auto Ginny, subió rápidamente y se encaminaron a las afueras de Londres. Le sonrió abiertamente a Ginny, y ésta le devolvió el gesto; luego, apretó el botón del reproductor y comenzó a buscar una buena emisora. Ginny lo miró perpleja, no entendía cómo hacía eso, pero tampoco le importaba mucho.

¿Acaso en realidad yo no le importaba en lo más mínimo ella?, quizá aquella cena era sólo para decirle que, definitivamente, fueran amigos y nada más. ¿Ahora por su estupidez Harry se irían de su lado?…

Ginny iba cavilando tan concentrada en sus pensamientos, que no notó cuando Harry paró en un pequeño y modesto edificio, le abrió la puerta y le tendió la mano. Luego de salir del auto, en menos de quince minutos ya estaban entrando en el apartamento de Harry.

—Harry, yo…

¿Te casarías conmigo?

—Luego de esto no te lo pediré más —aclaró Harry, dando a entender que si la respuesta era negativa, no le quedaba de otra más que alejarse de ella. Las finas letras que habían aparecido en medio de la sala brillaban más que nunca, iluminando tenuemente el lugar.

—Harry… yo no… yo no sé… —comenzó a hablar. Pero de pronto rectificó—: Pero qué estoy diciendo. ¡Sí!, acepto —exclamó abalanzándose contra Harry, quien no soportó el repentino peso y se fue contra el suelo.

Ginny le sonrió por un momento, lo miró fijamente y, luego de unos segundos, lo besó tiernamente, lo besó como hacía tiempo quería hacer y lo que más ansiaba luego de que la guerra terminara. Lo besó con lentitud, queriendo aprovechar al máximo aquel momento que ambos deseaban; sus manos se perdían entre el alborotado cabello de Harry, entrelazaba sus dedos con las finas puntas de su pelo negro azabache.

Harry la separó por un momento de su boca, le dedicó una mirada que pretendía ser un gracias, y luego de pasar su mano lentamente por su mejilla, la besó de nuevo. Hizo un poco de fuerza, para cambiar de posición para quedar sobre Ginny.

Ella recorría con sus manos la espalda ancha de Harry, como si quisiera estampar de lleno el cuerpo de Harry en el suyo, con gran ansiedad por sentir de nuevo sus caricias, sus mimos. Y, tomando la iniciativa, comenzó a despojarlo lentamente de su camisa. Harry la ayudó un poco, y luego de que la prenda estuviera fuera de su cuerpo, Ginny la lanzó a un par de metros en medio de su éxtasis.

Harry, siguiendo el ejemplo de Ginny, comenzó a desprender los botones de su blusa, sin separarse de su boca. Pero cuanto la prenda estuvo del todo abierta, fue dejando lentamente besos cortos y sensuales por todo su torso, recorriendo con lentitud cada parte del abdomen de Ginny. Se detuvo un momento en los pechos de Ginny, y a cada uno le dio un pequeño beso. Como si tuviera el temor de dañarla de algún modo.

Ginny lo subió de nuevo hasta su acara, quería besarlo como hacía mucho no lo hacía… quería sentirlo como hacía mucho no lo sentía. Quizá fuera una locura, pero si eso era así, ella quería que siguiera siendo una locura.

Pero luego las cosas se aceleraron un poco, Harry la despojó de sus jeans, mientras los de él iban a volar un par de metros hasta el pasillo. Y, luego de que un suave beso Ginny le diera el permiso que necesitaba, Harry incursionó dentro de ella. Entrando lentamente, sintiendo como sus uñas se clavaban con fiereza en su espalda debido a la reciente invasión.

Sin embargo, luego de unos minutos olvidó el dolor, y unos gemidos sensuales comenzaron a emanar de su boca, adormeciendo a Harry, llevándolo lentamente a un mundo de fantasía, en donde todo era placer. Un placer que ambos quería seguir sintiendo. Así estuvieron un poco más de tiempo, ninguno supo cuántos minutos fueron en realidad, pero de lo que sí estuvieron seguros es de haber sentido las últimas descargas eléctricas de placer antes de que Ginny se aferrase fuertemente a Harry y éste depositara un poco de su ser dentro de ella.

—Te amo… —susurró por lo bajo Harry mientras se acurrucaba entre el pecho de la chica. Como si temiera despertar y estar solo de nuevo, como queriendo refugiarse en ella.

—Yo también…

Un humo denso y negro de pronto nubló la mente de Harry, y luego lo primero que vio fue la habitación de una casa. Dirigió su vista a la derecha, allí estaba Ginny terminando de alistarse un tanto apurada. Pero ¿cómo…?

—Apúrate, llegaremos tarde para llevar a los niños al Expreso —dijo Ginny.

—Pero… ¿Estás viva? ¿En serio lo estás?

—Sí, aunque si quieres que me muera, creo que es mejor…

—No, no… deja, yo me entiendo —se disculpó Harry dándole un pequeño beso.

Luego fue hasta el baño a alistarse. Ginny no estaba muerta, sus hijos estaban felices, irían a Hogwarts, y su vida volvería a la normalidad. Aunque, en realidad, nunca salió de ella.


Hola a todos ^^

Espero les gustara y también espero sus reviews. :) Cualquier error, no se apenen en decírmelo

Dann