Prompt: Introducción

Pareja/Personajes: El Raimon eleven-Go!

Fandom: Inazuma Eleven, Inazuma Eleven Go!, Inazuma Eleven Go! Chrono Stone.

Advertencia: Universos alternos, líneas del tiempo diferentes, Uso de algunos sufijos japoneses Genderbender. Que lo haya hecho yo es suficiente.

Disclaimer: Inazuma Eleven no me pertenece –si fuera mío, ah~ el horror.

Nota: Este fanfic nació de conversaciones random con mi querida Oveja-san. Así que dedicado a ella. Mezcla de lineas y paradojas de tiempo ¡Esto está raro!

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Capítulo 02

Lo que aquí es negro, allá era blanco

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Shindou sabía que su madre había esperado una niña antes de que él naciera, y en secreto esa era la razón por la cual llevaba el cabello un poco largo: su madre decía que le encantaba ver como sus rizos castaños caían por sus mejillas. Empero, aquella mañana al levantarse y sentir un extraño cosquilleo sobre sus hombros pensó que quizá había exagerado un poco con eso de dejárselo largo. Quizá lo más sensato sería cortarlo un poco esa semana.

Bostezó un poco, pero al instante cubrió su boca con su –extrañamente tersa- palma, sintiendo como el borde de sus uñas rozaba contra sus labios: Quizá también debería cortar sus uñas…

Se puso de pie con un movimiento fluido y no pudo evitar soltar un pequeño –y agudo- alarido al caer al suelo, por tropezar con lo largo de su pijama.

—Pero qué… ¿un camisón?

Preguntó al tiempo que frotaba su mejilla derecha, logró sentarse en el suelo y observó sorprendido como sus largas piernas estaban cubiertas por una fina tela blanca, un vestido blanco con encaje en la base.

Sintió su ceja derecha saltar un par de veces ¿aquello era una broma?

Pronto el sonido de pasos provenientes del pasillo principal llamó su atención, parecía que había hecho mucho ruido.

— ¡Takumi!—esa era su madre, quien venía con una mueca de preocupación única en la cara, se acercó a él y lo levantó con facilidad.

Raro, él juraba que pesaba un poco más.

Además… ¿Takumi?

Shindou quizo hablar, quejarse de porqué rayos estaba usando un ridículo camisón, pero sintió una fuerte oleada de dolor impactar contra su cabeza. Sin poder evitarlo soltó el agarre de su madre y tomó su cabeza con ambas manos, intentando mitigar las punzadas.

— ¡Hija!—la voz consternada de su madre hizo que una pequeña descarga de miedo le invadiera ¿Hija? ¿Qué –por el amor al fútbol- estaba sucediendo allí? Quiso hablar, pero nuevamente fue inútil.

— ¡Querido!—pudo escuchar como llamaba a su padre, y luego un par de fuertes brazos aferrándolo contra el cálido pecho de su progenitor. Pudo olfatear un poco el aroma de la colonia que usaba su padre, y por alguna razón le resulto embriagante.

— ¿Takumi, estás bien?—le preguntó en un susurro, con un tono de profunda tristeza.

Shindou no pudo protestar por el extraño cambio de nombre, de repente estaba muy cansado.

—Querido, creo que deberíamos llamar a un médico—La cálida mano de su madre pasó por su frente y apartó un par de los largos mechones que enmarcaban su rostro— Desde que llegó ayer estaba actuando raro, incluso Ranmaru lo mencionó... recuerda que últimamente estuvo quedándose hasta tarde en el club de música, y en casa no cenaba… ¿anemia?

¿Club de música?

—E-estoy bien, madre— Takuto trató de hablar, su padre logró acomodarle en la cama, sentándose y con las almohadas detrás. Mintió, su cuerpo le dolía por alguna extraña razón. Llevó sus manos al pecho, tratando de calmar su respiración y fue entonces que se dio cuenta. Había algo, es más. Había dos cosas que sin lugar a duda no debían estar allí. —Wow, ¿qué?

Ya más lúcido reconoció el matiz de su voz. ¡Esa no era su voz!

—Tranquila allí, princesa—la sonrisa de su padre lo –o – la descolocó. Princesa… por favor—El Raimon puede estar bien un día sin su idol —agregó con un tono jocoso que no le conocía, sabía que él era su padre pero actuaba un tanto diferente— Llamaré a casa de Ranmaru, debe estar por salir a recogerte como todas las mañanas. Le diré que hoy no irás.

—P-pero padre—mucha información, debía pensar que de la noche a la mañana de había vuelto una mujer ¿por qué, qué otra razón existía para que un par de...de... pechos estuvieran allí como si nada?

—Pero nada—su madre apuntó con tono cantarino, ya más calmada pues su pequeña había recobrado el color en su rostro, aunque actuaba un poco extraño—Yo sé que eres muy diligente y seria con el club de música, pero debes poner tu salud primero, ¿de acuerdo?

Takuto- corrección se dijo con un tono de molestia— asintió, debía averiguar qué había pasado, recordaba vagamente estar en el autobús junto a sus compañeros, luego un ruido fuerte y haber despertado en ese extraño cuarto que sabía era suyo, pero no parecía.

—Además, no querrás que ese muchachito del club de fútbol del que sueles hablar piense que eres enfermiza. A los muchachos les gustan las chicas fuertes—y rió, con un tono que caracteriza a una amiga confidente. Recordó que su madre siempre había querido una niña para compartir secretos y hacer cosas femeninas.

Pero… alto.

¿Chico? ¿Club de fútbol?

Tenía que saber qué había ocurrido, sólo debía tratar de actuar normal

—uhm... ¿Q-qué quieres decir?

—Oh— cubrió con sus manos su boca, que formaba una perfecta letra "o"—Cierto, era un secreto— y pestañeo un par de veces—Una madre sabe de esas cosas, Takumi. Aunque siempre creí que escogerías por novio a Ranmaru, supongo que los sueños de mamá de ver a su pequeña casada con su fiel amigo de infancia no se cumplirán—hablaba como si de una telenovela se tratase, Shindou sintió una escalofrío recorrerle la espina—Pero, ese muchacho Tsurugi tampoco suena tan mal.

— ¡¿Qué?!

Bien, había fallado. Pero es que aquello era algo que simplemente no se podía ignorar.


Kariya acercó sus labios a la taza que acababa de levantar en ese momento de la mesa de desayuno. Su boca hizo un tic involuntario.

Aquella mañana se había levantado con un extraño mal humor y un mal presagio en su mente, cosa que se había acentuado al ponerse frente al espejo y ver un reflejo femenino saludándole.

Rio un poco, extraños sueños los que tenía. Afiló la mirada y dio un par de golpecitos al espejo que decoraba su pared- tampoco había cambiado mucho. Sus ojos y cabello habían crecido, y su figura se había espigado.

Levantó una de sus cejas, expectante. Si aquello era un sueño se sentía muy realista. ¿Se habría dormido en el autobús?

Se cruzó de brazos e infló los mofletes, comenzaba a aburrirse, sería mejor levantarse y volver a la normalidad; así que usando sus nuevas y largas uñas tomo un pedazo de piel de su brazo y lo pellizco tan fuerte como pudo.

Lo único que logró fue proferir un agudo alarido que sin duda levantó a los dos adultos de la casa.

— ¡Misaki!— Una peliverde, quien supuso era Midorikawa en ese extraño –y por demás realista- sueño se acercó y lo tomo de los hombros — ¿Estás bien?

—Uhm...—parpadeó con los ojos un poco aguados, dios que eso había dolido.

— ¿Todo bien, chicas?—y Hiroto –quien por alguna razón seguía igual que siempre- entró al cuarto con su infaltable periódico en mano.

—Claro, cariño— midorikawa sonrió.

Vaya, su imaginación sí que era rara, hasta juraba que tenían anillos de casados a juego…

—Muy bien—el pelirrojo se acercó—ya es tarde Misaki, creo que deberías vestirte ya. Hotaru pasará por ti en cualquier momento.

… Bien, quizá no era tan imaginativa para los nombres.

— ¿Hotaru?—alzó una ceja.

—Claro, Kageyama. Tu mejor amiga, o es que no la recuerdas—rió un poco la peliverde—vaya hoy sí que estás rara—le acarició la cabeza con cariño— y recuerda que prometiste que buscarías un club, necesitarás los créditos extra en un futuro.

—Pero si yo estoy en el club de fútbol—respondió más por inercia. Bien por algún motivo no podía levantarse de ese sueño, pero suponía que todos harían lo que él quería, así funcionaba el subconciente, ¿no? Quizá hasta podría imaginar a un Kirino-sueño y molestarlo un poco.

— ¿Fútbol?—Kira se sorprendió, sabía que en el tiempo que la pequeña había estado en el orfanato de su hermana adoptiva había demostrado cierta habilidad con el balón, pero al ir creciendo había dejado el deporte de lado diciendo que solo los tontos corrían tras un balón—Pero tu odias ese deporte.

—Cierto—concedió Midorikawa—siempre te quejas de lo tontos que se ven los muchachos de tu escuela —y aunque ni ella ni su esposo concordaban con la idea, simplemente reían un poco y acariciaban el cabello de su pequeña hija adoptiva.

— ¿En serio?—abrió los ojos desmesuradamente.

— ¿Segura que estás bien?

—Seh…—respondió algo ido—solo… debo cambiarme… se hace tarde.

Ambos adultos asintieron algo preocupados, pero al instante la dejaron sola.

Y tras un par de intentos-infructuosos- por despertar. Kariya llegó a la conclusión de que aquello no era un sueño.

Estaba en el cuerpo de una mujer.

Maldición.

No debía llamar la atención, ya había pasado por muchas cosas raras durante ese tiempo. Ja, viajes en el tiempo, osos que hablan, clones y robots. Algo así no era para desesperarse…¿verdad?

—Con cuidado cariño, el café está caliente—bueno, quizá la forma melosa en la que se trataban sus "padres" si era motivo de desesperación. Podía jurar que veía el aura rosa ser despedida de un muy sonriente Hiroto. Suspiró.

—Oh ¿escuchaste eso?—por suerte su "madre" parecía más sensata, y terminó con la melosa escena al escuchar el timbre del intercomunicador del apartamento sonar. Apuesto a que es Hotaru.

Kageyama.

Una luz se encendió en el cerebro de Kariya. Quiza Kageyama sabría que ocurría –bueno, en realidad creía que no, ese muchacho vivía perpetuamente en las nubes— pero debía hablar con alguien normal. O su cerebro estallaría.

Así que sin cuidado terminó el contenido de la taza, sintiendo como el líquido caliente rodaba por su garganta.

—Nos vemos luego— se despidió tomando lo que suponía era su mochila cerca de la puerta y aún muy incómoda por tener que usar una falta –prefería no recordar cómo había logrado cambiarse o la olímpica búsqueda de ropa interior y la pelea con los broches del sujetador- bajó las gradas del edificio sin cuidado, tropezando un par de veces y la imagen que la recibió la calmó al mismo tiempo que la alarmó.

—Kariya, veo que tú también estas igual— Kageyama y una muchacha rubia la saludaban agitando sus manos.

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Notas Finales: continuamos, y esto sigue raro

Además de las personalidades, en el género.

Midorikawa y Hiroto en este extraño universo ambos son esposos, adoptaron a la pequeña Misaki pero aún desean poder tener un hijo propio, además quieren darle un hermanito o hermanita a Misaki.