Capítulo 1: La llegada

El avión aterrizó en el aeropuerto de Washington. La gente salía presurosa queriendo rencontrarse con familiares y amigos. Tan solo un hombre iba sin prisa, caminando con desgana por las puertas de desembarque, viendo a todas esas familias abrazarse y besarse.

Suspirando, salió de la terminal y subió al coche que lo estaba esperando. Emmet cerró la puerta después de que él subiera y entró por el otro lado mientras el chófer los llevaba por las calles de Washington hacia el lago.

—¿A qué viene esa cara tan larga? ¿Acaso no te alegras de volver? Creía que eso era lo que estabas deseando.

—Y así es, pero no sé qué recibimiento voy a tener. —Suspiró de nuevo—. Ayer tuve una discusión con Bella por no haber estado en el cumpleaños de Renesmee.

—Es normal, es una fecha especial. No te pongas así por una discusión.

—Últimamente es lo único que hacemos. —Bajó la mirada—. Ayer ni siquiera volvió a llamarme por la noche como de costumbre. Creo que esta vez se ha enfadado de verdad.

—Estoy seguro de que un rato a solas los dos metidos en la habitación y se le pasará todo.

—No estoy seguro, nunca antes habíamos tenido una discusión tan fuerte como la de ayer. —Edward quedó pensativo—. Lo de ayer no me lo va a perdonar tan fácilmente, tú no escuchaste la voz de Renesmee al decirle que no iba a poder ir.

—Edward, no te martirices. Todo esto es necesario hasta que atrapemos a esos asesinos. Hasta entonces, aunque lo pasen mal ahora, cuando todo acabe podréis ser felices. —Emmet palmeó la espalda de Edward—. Estamos a muy poco de conseguirlo… En cuanto encontremos a ese Withlock tendremos todo lo necesario para acabar con ellos.

—Espero que tengas razón, no sé si podré mantener mi tapadera mucho más tiempo.

El resto del camino fue silencioso. Edward miraba el paisaje ansioso; a pesar de la discusión que había tenido con Bella, solo deseaba estrecharla entre sus brazos y hacerle ver lo mucho que la quería. Y deseaba abrazar a su preciosa Renesmee, compensarle su ausencia del día anterior, sabiendo lo mucho que la niña había sentido que no asistiera.

Llegando a los límites de su terreno, el coche se detuvo. Emmet y Edward se miraron extrañados. Miraron por la ventana sin ver qué era lo que había hecho detenerse el coche.

—¿Qué ocurre, Mike?

—Señor Cullen, hay un cuerpo tendido en medio del camino —dijo Mike—. No estoy seguro, pero parece la joven niñera de la señorita Renesmee.

—¿¡Qué!? —Edward gritó asustado y salió corriendo del coche. Emmet lo siguió de cerca y ambos se acercaron rápidamente al cuerpo que había en el camino. Edward reconoció a Rosalie—. ¡Rose! ¡Rose! —No hubo respuesta—. ¡Maldita sea!

Al llegar junto a ella, Emmet comprobó su estado mientras Edward miraba su rostro cubierto de sangre. Parecía haber sufrido.

—Está viva, pero muy mal herida.

—¡Joder! —gritó exasperado.

—Edward... —susurró Rosalie con dificultad al escuchar su voz. Medio abrió los ojos buscándolo.

—Estoy aquí, Rose. Estoy a tu lado. —Le tomó la mano con firmeza—. ¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué estás así en mitad de la carretera?

—Nos han descubierto, Edward... Vulturi mandó a su nieto... Saqué a tu mujer y tu hija pero tuve que dejarlas para cubrir su huida. —Rosalie empezó a toser sangre—. No sé si lo consiguieron… —Volvió a toser.

—No hables más, Rosalie… —Edward meditó unos segundos—. Emmet, sube a Rosalie al coche. —Miró al chófer—. Mike, llévala a un hospital y pide que venga alguna ambulancia.

—Sí, señor.

Mike obedeció en el acto. En cuanto Emmet dejó a Rosalie en el interior del coche se marchó de allí. Edward no esperó ni dos segundos; corrió en dirección a la casa con la esperanza de que Bella y Renesmee se encontraran allí sanas y salvas, preocupado por lo que podría haberles sucedido a sus padres y aterrado ante la idea de que le hubieran hecho algo a cualquiera de ellos. Emmet lo seguía de cerca, sin saber muy bien cómo reaccionar.

Llegaron a la casa y encontraron las puertas y ventanas abiertas. Algunos de los sirvientes yacían muertos en el suelo de la entrada y las huellas de los neumáticos eran visibles en la tierra. Había casquillos de bala por todas partes.

—Ve por la puerta de atrás. Si encuentras algo, dímelo —ordenó Edward.

—De acuerdo —respondió Emmet, corriendo hacia la parte de atrás.

Edward se adentró en la casa por la puerta principal. A pocos pasos de él estaba el cuerpo de su madre rodeado de un gran charco de sangre. Corrió hacia ella y la abrazó con fuerza. Puso su oído sobre el pecho de su madre y respiró algo más tranquilo al escuchar cómo latía su corazón. Su madre estaba viva.

—¡Edward! —lo llamó Emmet desde el salón. Edward corrió hasta allí—. Tu padre está consciente.

—Papá. —Fue hasta él a toda prisa y se arrodilló a su lado—. ¿Cómo estás?

—Teniendo en cuenta que me han disparado en el pecho y en el estómago… Creo que sobreviviré —dijo con dificultad.

—¿Qué ocurrió? ¿Cómo ha podido pasar todo esto?

—No sé qué sucedió… Estábamos tu madre y yo aquí hablando mientras Bella y Rosalie acostaban a Renesmee cuando entró un hombre buscándolas, me disparó dos veces y quedé sin sentido. —Miró a su alrededor buscando a más gente—. ¿Y Esme? ¿Dónde están Bella y Renesmee?

—Mamá está en la entrada, muy mal herida pero está viva, y Bella y Renesmee... Rosalie consiguió sacarlas de la casa, pero no sé dónde están, debo buscarlas de inmediato...

—Corre pues, y cuando lo hagas creo que tienes que explicarnos muchas cosas. —Carlisle lo miró de modo acusatorio, pero Edward no lo escuchaba, tenía la mirada fija en la ventana. Tanto Carlisle como Emmet miraron hacia donde él miraba.

—¿Qué ocurre, jefe? ¿Qué ves?

—Renesmee... —Sin decir más salió corriendo y saltó por la ventana. A unos metros se acercaba su pequeña a trompicones, con los ojos idos. Estaba pálida y desaliñada—. ¡Renesmee! —la llamó, pero la niña no parecía darse cuenta—. ¡Renesmee! —Por fin llegó junto a ella. La abrazó con fuerza y besó sus cabellos—. Mi niña, mi pequeña.

—Papá... —La pequeña enfocó sus ojos en el rostro de su padre antes de rodear su cuello con los brazos temblorosos—. Papá... —Se agarró con fuerza y abrazada a su padre lloró con fuerza—. ¡Papá! ¡Papi! ¡Tengo miedo, papi!

—Ya está, mi vida… Papá está contigo. —La abrazó y caminó hacia la casa de nuevo con ella en brazos, llorando de felicidad al encontrarse a su hija sana y salva—. No te preocupes, mi amor. Todo va a salir bien.

Los dos se adentraron en la casa. Edward no soltó a su hija en ningún momento hasta que llegó la ambulancia; Esme fue llevada con urgencia hacia el hospital y Carlisle subió en la ambulancia con ella. Emmet cogió uno de los coches del garaje y los siguió con Edward y Renesmee en el asiento trasero. La niña no dejaba de llorar y temblaba de pies a cabeza.

—Renesmee, ¿sabes dónde está tu madre?

—Ellos se la llevaron —fue lo único que pudo responder antes de ponerse a llorar con tal intensidad que fue incapaz de pronunciar palabra.

Aquí tenéis el siguiente, como veis ni Rosalie, ni Carlisle, ni Esme están muertos.

¿que os parece el capítulo? ¿os ha gustado? Espero que de verdad os esté gustando, le estoy poniendo muchas ganas a esta historia.

¿Edward es como os lo imaginabais? La verdad, espero que no, quiero que Edward sea el de siempre pero con un toque distinto.

¿Alguna idea de que sucederá en el próximo?

A los que dejéis reviews ya sabéis que os dejaré un adelanto del siguiente si es que lo queréis

Además quiero decir que esta historia está siendo corregida por mi Betta reader "Heyvampiregirl", muchos besos a ella por ayudarme.

Nos leemos la semana que viene