En este texto trato de reflejar un poco o algo, lo que podría ser a mi punto de vista lo que sintió Kiku, sentimientos encontrados, traiciones. La manera en cómo se mueve el mundo. Como es que todas las naciones le dieron la espalda por el miedo también de la radiación.
Todos manden mucho amor a Kiku, necesita más eso que 12mdd y comprensión. Los líderes del mundo son tan confusos. La gente muere y ellos se hacen más ricos.
El texto fue hecho con todo respeto hacía todo lo que conlleva una catástrofe. Tengo amigos japoneses y afortunadamente sus familias están bien =) así que sé por lo que pasa el pueblo por medio de sus ojos y oídos.
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Cuando el Sol cayó
Nadie oyó nada, tampoco yo. Estaba acostumbrado a los azotes de la tierra que uno más me era costumbre. Me quede de pie con todos los demás en las calles a esperar que se detuviera, pero no paso. Dos minutos se convirtieron en eternidad al mismo tiempo que todo se derramaba, conmigo en el instante. No oí nada. Fue como si algo no hubiera querido hacerme sufrir más o tratar de alivianar el dolor que próximamente experimentaría.
La garganta se me cortó cuando vi el primer poste de luz caer. De nuevo, sí, otra vez. Ahí venía la tierra bajo mis pies haciendo caso omiso a los rezos en el templo de mi gente. Todo dio vueltas. Seguía sin escuchar nada, sólo vi como los edificios hacían grietas y el estómago me hizo un hueco. Ellos corrieron a mí alrededor con calma. Sí estamos bien acostumbrados pero eso no significa que no sintamos miedo.
Todo se movió… Quería pedir que se detuviera pero no podía, no tenía voz ni sonidos. Mis ojos observaron detenidamente la muerte pasar con su jinete. Su mirada me saludó: "Kiku Honda, hace años que no te visitaba" Y se burló de mí, otra vez…
Fue en el norte, lo sentí, mi cabeza sintió un colapso y un dolor inmenso que mi cuello sintió calambres. La sangre comenzó a salir de mi cien izquierda junto con mi llanto y el dolor. Quería gritar pero no pude, mis pulmones estaban llenos de agua. Quise abrir los ojos pero me encontré sumergido entre escombros y el agua del mar. ¿Cómo había llegado ahí? Mis manos estaban heridas pero mis piernas tenían fuerzas para nadar. Subí a la superficie. Vi cadáveres a mi paso, restos de hogares, restos de vidas, restos de todo. Mis ojos dolían, tenían humo. Mi corazón se quedo en alguna parte antes del temblor.
Una anciana me miró caminar entre los escombros.
― A ti si te recuerdo… en la guerra y en Kobe. Sobreviviste siempre…
— Duele mucho― le dije. Me quede en lo que fue su casa por un par de días en lo que recuperaba mi fuerza, en lo que me permitía llorar.
Las ambulancias, los vecinos, la guardia nacional buscaba sobrevivientes y a mí. Las heridas que en su tiempo tardaron en sanar, ahora se abren mientras escuchó el llanto de la vecina de la señora que me recogió, busca a su hija, busca su vida. Miró por los restos de lo que una vez fue la puerta de entrada y puedo ver a nuestro mar que de vez en cuando nos traiciona.
— Tsunami― susurré. ¿Irónico o sarcástico?, esa palabra yo la invente, le di un nombre a esa acción natural, la misma que me comió esta tarde.
Ya en casa con el Emperador, China llama, tiene un nudo en la garganta, dice. No puede creer lo que mira en el televisor, todo devastado. A mí todavía me duele la cabeza, le digo. Asegura que saldrá lo más pronto de casa para cuidarme. Taiwán, Corea, Hong Kong y Vietnam, preocupados, piensan mandar ayuda. Taiwán hizo un programa para donativos.
Y así me encuentro diciendo a las cinco de la madrugada a Estados Unidos: no, gracias, no necesito ayuda, estoy bien, me has visto, me he levantado siempre, soy fuerte.
Todos me llaman el Ave Fenix de Asía.
Francia habló sobre mi orgullo y mi honor. Él que sabe de eso. Alemania sigue y sigue advirtiéndome algo pero no le entiendo por la mala señal, la interferencia se come algunas palabras. Inglaterra manda flores, gente, comida, cosas, muchas palabras dulces. Aquí es cuando te das cuenta quiénes son tus amigos por compromiso social y quienes te aman con sinceridad, ¿cierto Corea?
Un disparo ensordecedor me hirió los oídos. Grite muy fuerte que se escuchó por todo el palacio real. Las alarmas sonaron, mi oído sangraba, al tocarlo sentí la humedad de un hilo verde, asqueroso y mezclado con rojo.
Radioactividad, que le llaman.
— ¿Tanto te ha castigado, Dios?― susurró Yao— no es culpa tuya, es que la tierra se mueve, todo el tiempo, aru.
El líquido aún salía de mi oreja, sentía como resbalaba mientras escuchaba los informes sobre la posible explosión de uno de los reactores nucleares, si eso sucedía, moriría junto con mi gente y peor aún, moriría Corea, China… otros. Sentí la mano de Yao acariciar mi cabeza y limpiar delicadamente mi oreja. "Son tiempos duros para todos" aseguró.
― La ayuda está en camino— oí la voz de Corea.
― No necesito ayuda de nadie. Tenemos suficientes reservas para desastres— dije.
Y de nada sirvió mi orgullo o mi honor. Francis vino con gente para tratar de enfriar los reactores mientras tanto, la tierra no deja de moverse.
― Los analistas mencionaron que no me queda más de veintisiete años de vida— observe al recordar ese balance que alguna vez hizo un hombre con todos los datos obtenidos de mi casa. Moriría. El jinete ha pasado tantas veces que ahora sólo espera que me rinda.
― Sólo un pueblo es quien decide cuanta vida tiene una nación. Esa gente es fuerte, tiene honor y valor para soportar, siempre han salido adelante y tú con ellos— dijo Yong Soo y se sentó a mi lado.
La sangré seguía saliendo cada vez que una nueva replica sacudía la tierra. A veces llegué a creer que no tendría fuerzas para levantarme, pero lo hice, nunca estuve solo. En realidad, nunca estamos solos. Vi a Vietnam entrar con un plato con sopa, dijo que era tradicional de su casa y que al beberla me sentiría mejor. La alarma volvió a sonar, a lo lejos las ambulancias no dejaban de pasar. La radio con sus notas, cifras de desaparecidos, damnificados, muertos.
― ¡Esto es peor que la guerra!— exclamé.
El oído me ardía demasiado como para seguir discutiendo. La sangre escurrió. Comencé a tener convulsiones mientras temblaba de nuevo. La tierra y yo estábamos unidos, la tierra y las naciones están unidas. Yao dijo que el daño que se hace a la tierra pasa por nosotros primero. Tengo que calmarme.
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Amaneció. El sol estaba frente a mis ojos, me senté mientras bebía el té y oía que las cosas empezaban a mejorar. Desde hace tres semanas no deja de temblar, aun hay peligro de la radioactividad. Alfred abrió su boca y dijo que tuvieran cuidado sobre lo que exporto, podría estar contaminado de radiación. El mundo no quería saber de mí, más que a distancia. Lloré al ver la hipocresía de su ayuda a distancia. A Yao ya no lo dejan venir desde que la alarma subió de color, al igual que a los demás. Me quede solo esperando un milagro. De haber sabido, nos hubiera tragado el Tsunami. De qué sirve estar de pie si nadie quiere darnos la mano de frente.
La distancia y el idioma siempre ha sido un obstáculo en mis relaciones con el mundo. Será mejor tratar de ponerme de pie solo. Como lo hice tantas veces, como lo seguiré haciendo, demostrándoles que no los necesito, porque al final, ellos son los que buscan de mis servicios, mi tecnología, mi inteligencia. Sonreír es la parte más simple, mirar de frente al sol es más complicado, pero retar al mar, eso es lo que mueve a este corazón.
Todos levantan lo que quedo de su vida. De nuevo oigo a los expertos hablar sobre mi nueva pobreza. Todo se fue con el mar, pero no la dignidad ni el honor. El minuto de silencio por las victimas aparece y me quedo frío al ver como toda mi gente esta tras de mí, en una imagen apocalíptica, una imagen de éxodo. Sólo los más fuertes se quedaran, los cobardes huyen, como los que esperan el primer vuelo a América a Europa.
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"Te he dicho que no mires atrás" decía una nota de Alemania. "Empieza poco a poco, el mundo te espera" con la nota venía un cheque, dinero… ¿De qué se trata? Me han dado la espalda y creen que con doce millones de dólares yo saldré adelante. Alfred me hizo pedazos en la guerra y Kobe no esta tan lejos. Se burlan de mí… ¿también quieren verme muerto? Tome el chequé y se lo di al ministro, le dije lo que pensaba, lo que sentía. Miró al suelo y dijo que no esperaba nada de nadie, nosotros podremos salir adelante, solos.
Aun me duelen las heridas, el cuerpo esta vendado y ese líquido asqueroso aunque ya no sale de la oreja, quedo el ardor y gotea un poco.
Estas son las noticias… todo cae por su peso. Tal vez estaba muy alto, por encima de todos y era momento de ponerme en la tierra ¿otra vez?
Entre todo el barullo de mi casa derrumbada, estaba Egipto en la pantalla, con sus hermanos, luchando por ser libres. El mundo tan contradictorio. Necesito más té verde y un analgésico para el corazón, si es que hay. Y esperar un milagro o que las oraciones de mi pueblo lleguen a algún lugar, que no se pierdan y Buda aparezca para detener la caída del sol.
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:/ cualquier cosa, dato, etc, es recibido. Gracias por leer.
