YA ES VIERNES! Y ESO SIGNIFICA NUEVO CAPÍTULO! Espero que este os guste! Aquí conoceréis un poco más la situación de Katniss y de su trabajo! Quería proponeros una cosa si un buen número de personas me escribe un review os pondré un adelanto del siguiente capitulo en cada capitulo. Y si veo que los reviews sobrepasan mis expectativas colgaré dos capitulos esa semana (todo esto lo haré basandome en la cantidad de follows que tengo, por ejemplo si tengo 16 follows y tengo 8 reviews os pondré un adelanto y si tengo 16 o más reviews colgaré dos capitulos esa semana) ¿Os parece? No se me ocurre mejor manera de agradeceros los reviews!

Aquí os dejo el siguiente capítulo!


Llamé a la puerta y esperé a que Gale me abriese la puerta. Un minuto más tarde apareció tras la puerta sin camiseta y con una toalla agarrada alrededor de su cintura.

-Hola, ¿estás ocupado? –le pregunté con una amplia sonrisa.

-No, acabo de salir de la ducha. ¿Quieres pasar?

-¿Me lo preguntas? –dije con una sonrisa mientras pasaba a su habitación. -¿Sabes? Estás muy sexy con el pelo mojado y la toalla alrededor de la cintura. –enarqué una ceja y me senté en el borde de su cama.

Gale y yo manteníamos una relación un tanto extraña. Nos gustábamos y aunque sabíamos que no funcionaríamos como pareja no nos privábamos de pasar muy buenos ratos juntos cuando necesitábamos calor humano. Aunque en realidad cada vez que él aparecía con una chica una esquinita de mi corazón se retorcía de dolor. No podía admitir en voz alta que estaba completamente enamorada de Gale.

Entonces mi amigo llevó lentamente una mano al nudo que había hecho a un lado de cadera y lo sujetó mientras me miraba con la cabeza inclinada. Lo desató y sonrió pícaramente.

-Dios mio, ahora estás infinitamente más sexy. –murmuré. Se acercó a mí y me tumbó en la cama delicadamente antes de colocarse encima de mí.

-Tú siempre estás sexy te pongas lo que te pongas. –dijo antes de posar sus labios sobre los míos.

De mi garganta salió un breve y vergonzoso gemido pero lo ignoré y enrollé mis brazos alrededor del cuello de Gale. No me costó mucho tiempo notar su erección contra mí. Era inevitable que todo mi cuerpo temblase cada vez que Gale me acariciaba, él me veía como una amiga con la que satisfacer una necesidad física, pero yo no podía verlo únicamente así. Mi corazón latía con fuerza cada vez que lo veía, no había sentido eso hacia nadie más. Tampoco sabía si estaba realmente enamorada de mi amigo o si simplemente le estaba eternamente agradecida ya que él había conseguido que saliese de la pobreza al introducirme en este trabajo. Me enseñó todo lo que tenía que hacer y lo que no para ser perfecta con otros hombres.

La camiseta y los pantalones que llevaba puestos desaparecieron y antes de que me diera cuenta la lengua de Gale recorría todos los rincones de mi cuerpo. Mis manos se dirigieron al cierre de mi sujetador y me lo quité a la vez que él se deshacía de mis bragas. Me coloqué encima de él y recorrí toda la largura de su miembro con mi intimidad, sin introducirlo en mí, extendiendo mi humedad e intentando que se vuelva loco.

Sus gemidos me confirmaron que mis intenciones se habían cumplido. Gale se estiró para abrir un cajón de su mesilla y cogió un condón y menos de dos segundos ya lo tenía puesto. Agarré su miembro con mi mano y me senté sobre él haciendo que me penetrase lentamente. Ambos gemimos y yo comencé a moverme para que su miembro se introdujera más en mí. Gale puso sus manos en mis caderas y me ayudó con los movimientos consiguiendo que descontrolase por completo mis gemidos y haciendo que me pusiese roja de la vergüenza.

Me mordí el labio para intentar no gritar ya que si alguien se enteraba de que Gale y yo manteníamos este tipo de relación podíamos tener problemas. No estaba permitido que nadie mantuviese relaciones con nadie puesto que podía peligrar la calidad de nuestro trabajo y eso el jefe no se lo podía permitir.

Entonces Gale empezó a gemir más fuerte debido a que mis caderas se movían cada vez más rápido, le puse una almohada en la cara para ahogar sus gritos y no pude evitar reír. Rápidamente cambió de posición y me dejó tumbada contra el colchón para que él pudiese aumentar la velocidad de las penetraciones; por su cara supe que pronto acabaría por lo que llevé mi mano a mi clítoris para masajearlo y conseguir llegar al orgasmo a la vez que Gale. Era inevitable gritar llegados a este punto y lo único que podíamos hacer era confiar en que ninguno de nuestros compañeros comentase nada de lo que estaba escuchando por los pasillos.

-¡Más rápido, Gale! –pude decir entre gemidos.

Y ambos explotamos a la vez. Me embistió un par de veces más y después se dejó caer sobre mí. Le acaricié el pelo mientras intentábamos recuperar el aliento.

-Asegúrate de que nunca me enfade contigo, Catnip. –murmuró contra mi cuello. –No podría vivir sin esto.

Solté una carcajada pero por mi cara cruzó una sombra de decepción. No entendía cómo podía ser para Gale alguien con quien pasar el rato con todo lo que habíamos vivido juntos, yo me sentía incapaz de considerarlo solo eso. Pero esto era lo que me merecía, en la vida cada uno tenía lo que se merecía.

Tenía el trabajo que me merecía y el amor que me merecía. Y estaba contenta con ello porque no aspiraba a tener nada más.

Me quité a Gale de encima y me tumbé de lado en la cama para poder verlo a la cara.

-Vas a tener que ducharte otra vez… -comenté.

-He consumido tantas calorías entre esto y las dos horas de entrenamiento que me podría comer una vaca entera sin engordar un solo gramo –me reí y me mordí el labio. ¿Cómo podía ser tan guapo? –Además, esta noche trabajo fuera. Una señora rica cuyo marido se ha ido de vacaciones y no quiere dormir sola, ni siquiera sé si quiere follar… Darius sólo me ha dicho que busca compañía masculina.

A veces pasaba, nuestros clientes no nos contrataban únicamente por el sexo, también nos contrataban como acompañantes a algún evento o para hablar. Una vez contrataron durante un fin de semana entero a Johanna para acudir a unas jornadas en otro país y simplemente tenía que fingir en público que era la pareja de su cliente.

-A lo mejor tienes suerte y no tienes que tirártela.

-Hombre… si es una vieja sí que tendré suerte. Pero si es una de estas ricachonas de cuarenta años con la libido de una de veinte… espero que quiera hacer algo porque esas mujeres son geniales.

Puse los ojos en blanco y suspiré. Gale era así. Pero me gustaba tal y como era.

-A mi Darius de momento no me ha dicho que tenga que trabajar hoy, así que estaré feliz de estar en el club hoy. Aunque necesito enviar el dinero a Prim… -suspiré hablando más para mí que para Gale.

-¿Por qué sigues enviándole dinero? Te abandonaron… que les jodan a las dos.

-No –le corté. –Mi madre me abandonó y arrastró a Prim con ella. Es diferente. No lo entenderías. –volví a suspirar y me levanté de la cama antes de vestirme. –Voy a maquillarme y a darme un masaje, creo que me lo merezco. –le guiñé un ojo y salí de su habitación.


-Te he comprado un regalo, descerebrada -miré interrogante a Johanna, no era propio de ella hacer regalos a nadie. -Deja de mirarme así y abre el paquete antes de que me arrepienta.

Cojo la pequeña caja envuelta en papel plateado y lo rasgo ilusionada por la sorpresa que me esperaba. Al verlo abrí los ojos y la boca y miré a Johanna alucinada.

-¿Son...? -dije sin poder terminar la pregunta.

-Sí, dos pezoneras con tachuelas de pinchos.

No pude evitar gritar de la emoción. Siempre había querido unas pezoneras así para poder lucirlas en el espectáculo. Johanna rio ante mi grito y me enseñó otras completamente iguales a las que me acababa de dar y supuse que se habría comprado otras para ella. Rápidamente nos quitamos la camiseta y el sujetador y nos ayudamos a ponérnoslas, los siguientes minutos los dedicamos a sacudirnos delante del espejo para probar su resistencia. Gracias a su regalo íbamos a sacar buenas propinas esta noche.

La mitad de las chicas salieron del vestuario ya preparadas para que empezase el espectáculo, las demás seguimos frente al espejo para terminar de maquillarnos.

-Katniss... -estaba tan concentrada en ponerme bien las pestañas postizas que no me enteré de cuándo había entrado Darius. Todo mi cuerpo empezó a temblar de nervios, cuando Darius venía era para darte trabajo. A pesar de llevar varios años trabajando con él seguía poniéndome nerviosa a la hora de entregarme a un hombre, no era miedo sino una preocupación por mi propia integridad física ya que podía encontrarme con cualquier tipo de persona aunque últimamente mis clientes eran personas pudientes que me trataban y me pagaban muy bien.

-Hay alguien que pregunta por ti en la barra –aliviada suspiré y asentí mientras cogía una bata fina de encaje que no tapaba mucho pero algo hacía –Si quiere habitación se la das –puse los ojos en blanco y asentí seria.

Salí del vestuario y recorrí los pasillos en silencio. Entré en el salón principal donde la música estaba sonando a gran volumen y los hombres gritaban a las chicas que bailaban mientras agitaban sus billetes.

-Thom –hice una señal al camarero que servía las copas y se acercó con una sonrisa.

-Buenas noches, Katniss. ¿Te pongo algo?

-No, no gracias. Darius me ha dicho que alguien había preguntado por mí.

-Sí, es cierto. Lleva unos quince minutos ahí sentado y cuando ha empezado el espectáculo ha preguntado por ti –Thom levantó la mano y señaló a la otra punta de la barra.

No pude evitar morderme el labio a la vez que sonreía cuando reconocí a Peeta sentado en un taburete de espaldas al escenario mientras le daba vueltas a su copa concentrado.

-Apunta en mi cuenta todo lo que se tome –le dije a Thom antes de separarme de la barra para sortear a todos los hombres y poder llegar a Peeta.

No me podía creer que hubiese venido. Había pasado más de una semana desde que nos conocimos en el hotel y ya había perdido la esperanza de volver a verlo. La mañana siguiente de estar bebiendo con él en la habitación del hotel recibí un mensaje de Gale que me pedía que fuese a su casa y yo acudí a su llamada tan rápido que ni siquiera caí en la cuenta de darle mi teléfono para ir al cine con él, como me había prometido.

Me coloqué detrás de su ancha espalda y carraspeé fuerte para que me escuchase por encima de la música.

Se giró levemente y cuando me reconoció me dedicó una preciosa sonrisa.

-¡Has venido! –dije contenta pasando los brazos alrededor de su cuello para abrazarlo. Dios, que bien olía.

Él me devolvió el abrazo rodeando mi cintura, cuando no separamos no apartó su mano derecha de mi cuerpo e inevitablemente, e incomprensiblemente, me puse nerviosa.

-¿Hoy no bailas? –me preguntó acercando su cara a la mía para que le escuchase mejor.

-Sí, salgo dentro de media hora, ¿vas a quedarte a verlo? –me encontré preguntándome a mí misma si realmente quería que Peeta se quedase a verme o no.

-Sí, si no te importa.

Me mordí el labio de nuevo mientras le volvía a abrazas para después tener una excusa por la que estar más pegada a él.

Hice una señal a Thom para que se acercara.

-Trae cuatro chupitos de tequila –Peeta me miró asustado y yo me reí. –Son para celebrar que me has encontrado.

Cada uno cogimos uno de los vasos que había traído Thom, le puse sal en la mano y le acerqué una rodaja de lima, yo también me puse sal y cogí otra rodaja.

Lamí mi mano y de un trago me bebí el contenido del vaso. Mientras chupaba el zumo de la rodaja me atreví a guiñarle un ojo a Peeta que sonrió poniéndose levemente rojo mientras se metía la rodaja en la boca.

Repetimos el proceso con el otro chupito y rodeé el cuello de Peeta para ponerme frente a él.

-¿Te ha costado mucho encontrarme? –le pregunté acariciando inconscientemente su pelo, supongo que el tequila ya empezaba a hacer su trabajo.

-No. Simplemente lo que me costó convencer a mi amigo de venir aquí, él fue el que te contrató –asentí escuchándole, me encantaba su voz y esta segura de que podía pasarme horas escuchando cómo hablaba. ¿Acaba de pensar eso? –Él está ahí en primera fila –miré hacia donde me señalaba y vi a un chico joven metiendo un billete de 50 en el tanga de Madge, no me sonaba de nada y suspiré aliviada al descubrir que no me había acostado con él –Pero yo creo que me iré antes que él, no estoy muy cómodo en este ambiente.

Hice un puchero involuntario e intenté borrarlo rápidamente de mi cara. Quería que Peeta se quedase a ver cómo bailaba pero por otra parte no me apetecía que viera cómo movía las caderas delante de otros hombres a cambio de dinero.

-¿A qué hora acabas? –me preguntó mientras acariciaba mi cintura por encima de la tela de la bata consiguiendo que me pusiese más nerviosa de lo que estaba.

-Entre semana hasta las tres, los fines de semana solemos acabar a las seis.

Peeta abrió tanto los ojos que parecía que se le iban a salir de las órbitas.

-¿Tienes que estar bailando hasta las seis de la mañana?

-No –me puse roja, no sabía si quería contárselo. Y no sabía si él quería saberlo. –Ahora me toca bailar y después si alguien me pude habitación se la doy.

-¿Pedir habitación? –preguntó inocente. Le lancé una mirada significativa y lo entendió al instante –Oh… Entiendo.

-Después de eso tengo que dar vueltas por aquí sirviendo copas o bailando para alguien.

-Katniss… -la voz de Thom al otro lado de la barra me sobresaltó –sales en cinco minutos.

Suspiré y me giré hacia Peeta.

-Lo siento mucho, me gustaría hablar más contigo pero tengo que bailar.

Le di un beso en la mejilla y lo abracé más rato de lo normal.

Fui casi a la carrera a los vestuarios y me puse la ropa para salir al escenario que consistía en una falda prácticamente inexistente que ni siquiera tapaba todo mi culo y un top que solo cubría mis pechos.

-¿Preparada para estrenar tu regalo? –Johanna me sonrió mientras se colocaba los tacones. Me puse rápidamente los míos mientras asentía con una sonrisa.

-Además hay alguien entre el público con el que quiero lucirlas.

-Vaya, vaya… A lo mejor le estampo las tetas a alguno en la cara para que las aprecie.

-De acuerdo –dije riéndome –pero ni se te ocurra tocar al rubio de la barra, te arrancaré las tetas con pezoneras incluidas.

-¡Chicas! –gritó Darius -¡al escenario!

Corrimos por detrás del escenario y cada una se colocó en cada una de las pasarelas, yo me aseguré de ponerme en la que estaba más cerca de la barra. Por primera vez en mucho tiempo estaba nerviosa antes de salir al escenario y sabía perfectamente cual era la razón.

Madge bajó al escenario y me guiñó un ojo para desearme suerte. Me coloqué detrás de la cortina esperando a que sonase la música.

Cuando las primeras notas atronaron mis oídos a través de los altavoces aparté la cortina de golpe y aparecí en el escenario con mi cara más seductora. No pude evitar que me ojos buscasen los de Peeta y cuando lo encontré sentado junto a su amigo con los brazos cruzados sobre el pecho me puse roja irremediablemente.

Seguí con mi coreografía concentrándome en la barra vertical a la que tenía que subir. Todas las chicas hacíamos prácticamente la misma coreografía a excepción de algunos pasos que improvisábamos, pero los hombres no se daban cuenta de que repetíamos el mismo baile noche tras noche a lo largo de un par de semanas.

Después de hacer unos cuantos giros en la barra me arranqué de golpe la falda y como respuesta recibí gritos por parte de mis espectadores y una bonita cantidad de billetes enganchados en mi tanga.

Continué con mi baile, calentando las braguetas de los clientes y entonces me arranqué el top consiguiendo que en mi tanga ya no cupiesen más billetes.

Bajé del escenario con la intención de acercarme un poco a Peeta pero sin que él lo notara. Abrí los ojos ante mis pensamientos, parecía una adolescente enamorada del guapo de su clase.

Me acerqué a un hombre y me senté encima de sus piernas dándole la espalda, no tardé mucho en notar su erección contra mi culo. Di un par de botes sobre él y me levanté para acercarme a otro.

Le acaricié sensualmente el pecho y di un lametón en cuello, disimulé la mueca de asco al notar el sabor de colonia barata.

Por fin me estaba acercando a Peeta, que me miraba con la cara teñida de rojo y lo brazos cruzados. El hecho de que él no me hubiese lanzado ningún billete me llenaba de alegría demostrando lo que me dejo sobre que quería volver a verme pero sin pagarme dinero.

Mi cerebro funcionaba a toda velocidad pensando en lo que podía hacer a Peeta cuando estuviese frente a él ya que no quería restregarme contra su paquete como hacía con todos los hombres, no me parecía bien.

Cuando estuve frente a él me incliné y le di un simple y tierno beso en la comisura de los labios, me miró sorprendido y le guiñé un ojo antes de volver al escenario y seguir bailando.

Intenté olvidarme de que Peeta estaba viéndome ya que me desconcentraba mucho y debía ser perfecta o tendría consecuencias. Pero dejar de fijarme en él me costó no saber cuándo se marchó, cinco minutos antes de acabar mi baile me atreví a mirar hacia donde estaba pero solo encontré dos sillas vacías. Acabó la música y bajé del escenario entre triste y enfadada, me metí en el escenario y recé para que nadie pidiese una habitación conmigo porque no estaba de humor para pasar el rato con nadie.

Johanna entró corriendo al vestuario y empezó a cambiarse de ropa, seguramente alguien le había pedido para pasar la noche con ella, se quitó las pezoneras con agua caliente y se sentó a mi lado para quitarse los tacones.

-El mordisco en el cuello nunca falla –dijo sonriendo. Johanna era la que más disfrutaba con aquel trabajo, se hacía la dura pero yo sabía que le gustaba -¿Qué tal con el rubiales de la barra?

Suspiré y me quedé mirando fijamente una toalla tirada en el suelo.

-Se ha marchado –murmuré.

-Oye –Johanna me miró seria –Deja de hacer el estúpido con ese chico antes de que te pilles.

Se levantó y se marchó con su cliente.

La noche para mí pasó lenta, me dediqué a servir copas y a entregar un par de caricias a los hombres que me daban propinas.

Cuando el último cliente se marchó encendimos las luces y empezamos a limpiar y recoger el local.

Ya estaba abriendo la puerta que llevaba al edificio donde vivíamos cuando Thom me llamó desde lo lejos.

-Mientras actuaba el rubio con el que has hablado me ha dejado esto antes de irse –no pude evitar sonreír como una tonta.-Katniss, deberías tener cuidado. Ya sabes lo que Snow piensa sobre tener pareja.

Puse los ojos en blanco ante la segunda advertencia de la noche y cogí el papel doblado que me tendía.

Fui corriendo hasta mi habitación y abrí la nota.

He tenido que irme sin avisar, mi amigo ha bebido mucho. No me ha dado tiempo de decirte lo que quería, pero una nota no me parece el mejor medio para hacerlo: 555-6289

Gracias por el beso, Peeta.

No me podía creer que me hubiese dado su teléfono. ¿Quería que le mandase un mensaje? ¿Qué le llamara?

Abrí la boca en un gran bostezo y decidí mandarle un mensaje al día siguiente. Me metí en la cama y me dormí en menos de 10 segundos.