Lágrimas Agridulces
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Capítulo 1
…¡Levántate!... ¡Levántate!...
¡Atemu, levántate!
—¡ATEMU, LEVÁNTATE DE UNA BUENA VEZ!—la mujer comenzaba a zarandear con fuerza el cuerpo del joven. Sus largos cabellos rubios se mecían con el ritmo de su cuerpo. —¡ATEMU!... ¡Hagh!—la mujer jaló las sábanas y las arrojó al suelo. Preparada para una sesión de gritos y majadería, suspiró. Pero, sus ojos violetas se suavizaron al ver la imagen ante ella: El menudo cuerpo pálido, los cabellos alborotados color escarlata, –con sus mechones rubios cubriéndole los costados de la cara- de apariencia encantadora y quizá cándida. Podría decirse que se trataba de un niño.
La rubia extendió el brazo… quería tocarlo, abrazarlo… Ra¿cuánto tiempo había pasado?... Pero, no. No podía. Atemu había pecado… y ella como fiel creyente debía obedecer al Padre para no ser castigada también.
Sus ojos recobraron la dureza. Retiró su mano, y en vez de dirigirlo a la mejilla, cambió el rumbo hacia el hombro. Lo meció bruscamente, apretando sus dedos delgados, gritándole cosas molestas. El joven reaccionó, y abrió sus párpados con el ceño fruncido. Sus pupilas rubí adquirieron dejos de ira y molestia.
—¡YA¿No te han dicho como friegas, eh? —su voz reflejaba resentimiento. Todos los días era lo mismo.
—¡Mocoso inútil!... ¡Respétame!
—…¡Respétame tú primero!—El joven se levantó bruscamente del colchón. La mujer se alejó de él y caminó a la puerta de entrada de la habitación—Y cállate que estas hartándome…
—¿¡Con qué me calle, eh!?... ¡Le llamaré al Padre, el castigará tu impertinencia!—la mujer se acercó peligrosamente al pelirrojo, gritándole en la cara. —¡ESCUCHASTE!
—Jajaja… ¿Al Padre?... —comentó, sin inmutarse por la cercanía de la mujer— ¡ES LO ÚNICO QUE SABES DECIR¿A poco crees que le temo a ese maldito viejo?... ¡Yo…!—la mujer lacrimosa lo calló con una bofetada, y se fue azotando la puerta.
—…¡MALDITA SEA!... —Estampó sus nudillos contra la pared. Sus lágrimas saladas se deslizaron por las mejillas y calleron secamente hasta el suelo.
¿Por qué seguía doliéndole?
Limpió las lágrimas con aspereza, y miró con odio las pequeñas gotas que se habían estampado en el suelo. Se sentía patético. Debería ya de estar acostumbrado a los gritos de su madre, pero no. No era posible…
No podía odiarla. Sabía que el único culpable de todo eso era ese maldito viejo. Viejo, el cual suponía que estaba próximo a llegar. Era increíble que su madre lo llamara para cada tontería. O peor aún, para castigarlo a él.
¿Cómo no se daba cuenta que aquel ser la utilizaba como un instrumento –literalmente– de guerra?
Caminó con pasos trémulos, se sentía algo débil. Trabajar, estudiar, y cumplir con los estúpidos castigos sin fundamento que le obligaban a cumplir erauna carga pesada, y más cuando su orgullo lo orillaba a no comer.
—Yami…—se escuchó con suavidad desde el marco de la puerta.
El nombrado se giró rápidamente. Genial… era Yuugi. ¿Y si escuchó la pelea matutina del día?... Oh, rayos. No tenía animos de mentirle esta vez. De reanimarlo…
—¿Yami, estás bien?—murmuró otra vez. Sus ojos violáceos estaban cristalinos.
—Ehh… sí¿por qué?
—Estás distraído, y además, te escuché gritando con mamá—el mayor bajó la vista— ¿Ese señor vendrá a castigarte? —el otro asintió. El inocente rostro de Yuugi optó pesar. Se acercó a su hermano y lo abrazó fuertemente por la cintura. —¡Yami, por Ra!—sollozó— ¿Qué tal si esta vez te hace algo malo?... no quiero perderte…
—Aibou… —El ojirubí se enterneció y correspondió al desesperado abrazo. Sentía calor en la mejillas. ¡Ra¡Esa era la justa razón por la que amaba a Yuugi!
—…no sabría vivir sin ti…
Demonios. Siempre era lo mismo… Yuugi tenía la increíble habilidad de encenderle las hormonas…
—…por que eres mi hermano, el mejor…—sonrió— Y me duele que te castiguen, yo sé que no me haces nada malo… al contrario, me quieres mucho…
…Y apágarselas casi al instante…
—Yami…
—¿Sí?
—¿Por qué mamá te regaña?...
Oh, diablos. La pregunta que siempre le hacía y siempre inventaba una excusa tan estúpida para no responderla.
Yuugi miró el rostro de su hermano. Estaba sereno, pero tenía los ojos brillosos. Como si un huracán estubiera azotando su cerebro. Pero, era más la duda de Yuugi.
—Y bien…
—Pues… verás, es difícil de… explicártelo
—Yami, Yami, Yami… tendré 10 años, pero no soy un niño aquí—se señaló la cabeza. Yami suspiró. —Créeme que te entenderé… ¡Vamos, cuéntame! —gritó impaciente.
—Sí claro—imaginó decirle—Lo que pasa, es que me enamoré de ti y eso es malo. Incesto. Mamá me regaña por que no quiero obedecerla, y quizá tenga miedo de que algún día… te robe y te viole. Por eso la entiendo… y no la odio, pero no puedo dominar mi odio momentáneo… Y pierdo el control. Y como siempre… allí está el maldito viejo que envenenó la blanda mente de nuestra madre. Pero… no estamos hablando de ese viejo cínico. El punto es que te amo, pero es un amor dulce… y jamás te dañaría. Primero asesinaría a Mamá… cosa que nunca haría.
—¡¡YAMI, DIME!!—el pequeño zarandeó al mayor en un intento de que aterrizara al mundo real.
El pelirrojo sonrió. Yuugi suspiró.
Yuugi sabía que esa sonrisa significaba un "No te diré, no entenderías", lo que provocó un puchero por parte de el.
—…¡Yuugi, baja a comer!—la voz inconfundible de la rubia llamó la atención de Yuugi. Y entristeció a Yami.
Ese día no desayunaría.
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—Hija mía… ese joven es un pecador, un mal ejemplo… tendré que castigarlo aún más. Tenemos que hacerle entender que lo que hace es asqueroso y maldecido por el santísimo… —la voz calmada y ronca del Padre resonó por la línea telefónica. La mujer rubia se estremeció, y susurrante preguntó:
—…¿Castigarlo más?...
—Sí. Si lo regaños y escarmientos no sirven, tendremos que utilizar otras medidas…—el anciano sonrió con malicia.
—¿Qué clase se medidas?... —la rubia comenzaba a tener un presentimiento, uno malo. Aunque Atemu se comportara así, lo quería. Lo amaba. Era su hijo después de todo. Pero el anciano había vagado mucho en su mente.
—Hija mía, no seas curiosa. Recuerda que el pez muere por la boca. Tráelo aquí enseguida— la mujer pronunció un débil "Sí" —Me quedaré con él unos días… te prometo que llegará curado a casa. Tengo que hablar de un tema nuevo con él… lo descubrí hoy en la mañana. —Una sonrisa maliciosa nuevamente adornó sus labios. El sonido inquietante de su zapateo estremeció a la mujer al otro lado de la línea.
—Sí. Enseguida… gracias Padre. —pronunció insegura. Pero el anciano no lo notó, y sereno se despidió.
—Claro hija mía… apresúrate.
La rubia colgó el teléfono. Un hueco en su estómago le invadió. Tenía un mal presentimiento, pero… ¿Por qué?. El Padre era un enviado de los cielos para salvar el alma y llevarnos por el camino del bien. Quizá estaba paranoica. Era pecado dudar de el Padre, el era un hombre de bien…
—Mamá… —la candorosa voz de Yuugi anunció su presencia. La mujer alzó la vista y se encontró con unos ojos gemelos a los suyos propios. Pero más jóvenes, grandes y brillantes.
—Mi bebé… ¿Cómo amaneciste?... —la mujer sonrió y entrelazó sus brazos a la pequeña cintura de el menor, alzándolo. Yuugi rió por el gesto de ternura.
—Como siempre…—contestó. La rubia lo posó sobre una silla de madera y sirvió los alimentos. La comida consistía en huevo, una salchicha tostada, frijoles en una pequeña porción y un vaso con jugo de manzana con hielos. Yuugi sonrió, la comida se veía deliciosa. —Gracias mami, se ve delicioso…
En la pared, Yami veía con tristeza. Antes el y su mamá se llevaban tan perfectamente bien, incluso le hizo recordar una escena de su vida. Una escena que recordaba como un tesoro en su corazón…
—Yami… ¿Niño, qué haces?—la voz confundida –más joven y suave- de la rubia asustó al niño. Tenía las mejillas un poco sonrojadas, quizá tenía fiebre.
—Tenía hambre…—Yami bajó la vista. Se sentía apenado.
La cocina era un desastre. Piezas de panes, trapos húmedos y sucios, manchas de manitas y zapatos adornaban el azulejo blanco de ésta.
—¿Y… por qué no me dijiste?
—Por que… el doctor dijo que estabas enferma, y quería que descanzaras. No quiero cansarte con cosas que puedo hacer yo solito… oh, al menos… podría…
La mujer sonrió. Lo tomó entre brazos y le besó la nariz.
—No sabes cuanto te quiero Yami… estos detalles jamás los olvidaré.
Ambos sonrieron, y la mujer le preparó una torta. Yami la comió con afán y le dijo que era la mejor comida que había probado. La mujer se despidió con un beso en su mejilla y se dirigió a su habitación. Todavía se sentía cansada.
Esos recuerdos le hicieron sonreír, pero ahora, le hacían llorar. Anhelaba que todo fuera como antes… pero, era imposible. Ese cándido y bello niño había conquistado su corazón. Era el único que le demostraba cariño… pero, en realidad… ¿Lo amaba así?.
Siempre quería contemplarlo, siempre quería protegerlo… se sentía nervioso y amado cuando estaba cerca de él. Se sentía… bien. Debía ser amor. Si… su mamá no habría hecho un escándalo de lo contrario.
—Atemu…—la voz fría y seca de su madre lo despertó. Sin darse cuenta había caminado hasta la cocina. Yuugi cesó de comer y los miró. Yami estaba serio… y no tenía ganas de iniciar una plática amistosa como siempre.
Un incómodo silencio se apoderó del ambiente. Yuugi lo rompió con voz serena y preguntó, aún sabiendo que nunca le responderían:
—¿Por qué se odian?...
Otro silencio reinó. La rubia se acercó a Yuugi, y cuando comenzaba a pronunciar la puerta sonó, seguido de una voz joven que gritaba "¡Atemu!".
El nombrado caminó hasta la puerta de salida. Salió de la casa y se encontró con un joven rubio, y dos castaños. Una chica y un varón.
—Jounouchi, Hola— el rubio le respondió con similtud— Hola Anzu… y¿Kaiba? —Sus ojos se abrieron de la impresión. ¿Qué hacía el altanero de Kaiba allí, visitándolo?
—¿No me saludarás también?—contestó con sarcasmo al ver la estupefacción de el otro.
—No—se reincorporó— ¿Por qué estás aquí?...
—Yami, sucedió un percance—interrumpió la chica. Los rubí se clavaron con los celestes de ella, intimidándola.
—¿Percance?... ¿De qué hablas?
Un resoplido de molestia salió de la boca de Kaiba. Anzu y Jounouchi suspiraron.
—Yami… no sé por qué paso, pero… ¡Oh, Ra!... ¡Estoy tan avergonzada!
—¡Qué pasa!... ¡Hablen¿Qué sucedió?...
Un silencio prosiguió. Yami frunció el seño por la impaciencia. ¿Iban a decirle, o no?. Si no estaban preparados, mejor hubieran cerrado la boca.
—Par de inútiles, ya sabía que se acobardarían. Ya lo sabía. Mira Motou, lo que sucede es que tu entrometida amiga habló de más— Anzu bajó la vista, avergonzada. Kaiba prosiguió — Y por culpa de ella, te metieron en más problemas…—concluyó el castaño, sonriéndole con malicia. Y se enorgulleció más al ver el enojo y confusión de el de cabello escarlata.
—¡Habla claro!... ¿Qué problemas¿Con quién?
—Con el Padre…—susurró Jouno, con pena.
Sus ojos se dilataron. ¿Qué había pasado¿De qué había hablado Anzu?...
—Yami… no fue mi intención. No sabía que estaba allí…
—¿Qué dijiste Anzu? —preguntó con miedo. Si era tan malo como parecía, ya se hacía una idea… pero quería estar seguro.
La castaña inhaló y se frotó las manos con su falda blanca, limpiándose el sudor de ellas.
—Hablé sobre que veías a Yuugi a escondidas, en la noche… cuando tu mamá dormía— Yami la miró con estupefacción y descepción. Las lágrimas humedecieron las pestañas de la chica. La había regado.
—¿Po-por qué?
—…hablaba con Shizuka, quería ayudarte y…
—Te pedí que no se lo dijeras a nadie. Tú y Jouno eran los únicos que sabían… y ahora ese endemoniado viejo y… Kaiba—Yami cerró lo puños. Se sentía traicionado. —Confiaba en ti…
—¡Yami, por Ra… no seas tan duro…¡Fue un error, una equivocación!—dijo el rubio. Yami lo ignoró y continuó hablando.
—¡Quizá lo malinterpreten¡Pensarán que hize algo malo! —siseó histérico.
—…Lo que haces es malo. Bueno, no malo… si no mal visto. Rechazado. —comentó el rubio, siendo ignorado otra vez.
—¿Qué tal si me aislan de Yuugi¿O me mandan a vivir a otro lugar?... ¡O que tal si Yuugi se va!
—Yami… lo siento—comenzó Anzu alzando su rostro, sus ojos celestes chispeantes por lágrimas contenidas. —Me siento horrible…
—Niña… cállate. Tenemos que pensar en una idea para que Motou salga de ésta…—Anzu asintió, cabizbaja. —Bien. Motou… tendré que sobornar a ese viejo— Yami lo miró, sus ojos como platos… ¿Kaiba, ayudándole?. Kaiba sonrió. Le gustaba verlo confundido como un niño pequeño, el cual creía todo… sin saber nada.
—Yami. Aunque te cueste digerirlo, Kaiba es el único que puede hacerlo… que tiene los recursos para hacerlo— comentó el rubio. Algo resentido por que Yami lo había ignorado dos veces.
Suspiró… aceptaría. Asintió, y viendo de reojo a Kaiba, le sorprendió una sonrisa sincera adornando sus labios. Le extrañó y lo encaró… pero el gesto había desaparecido. La sonrisa era sarcástica.
—¿Cuál es el plan?...
Seto Kaiba agradeció mentalmente que el joven –en ese caso- no fuera orgulloso, y aceptara la casi desesperada oferta que le ofrecía. Quería que Yami lo admirara. Por que de allí comienza el amor.
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Ankoku: Y bien?... ¿Qué les pareció?. Es extraño... actualizé muy rápido. Creía que actualizaría primero el fic de navidad... el cual ya debió de haberse acabado hace 6 meses... -.-U, pero bien... la inspiración no se manda. Así qué... a esperar o.o
Díganme que opinan de esta historia, quizá no les interese y yo aquí escribiendo perdiendo un bello día soleado XD ajá claro, por mí que se pudra esa estrella ¬¬ sólo sirve para propinar calor, dolor y quemar la piel. T.T odio el verano... ¡¡LO ODIO!!
O.o bien, me emocioné. Estoy de los mil demonios y estoy desquitando mi furia con un peluche de mi hermana... jajaja. Se ve más lindo masacrado, lleno de cortadas y... ¡Ra!, ya empezé otra vez.
Nos veremos... en la próxima actualizada, que seguramente será en mi otro fic n.n
Gracias por lo reviews a: Lila Varney Wolff de Filth (Pues... es un YamixYuugi y SetoxYami XD, y sobre el lemmon aún no lo se. Pero creo que no... O.o tengo que pensarlo -.- Gracias otra vez por tu comentario n.n) y a Yami Rosenkreuz (Sí... habrá SetoxYami, te lo aseguro XD... jajaja, también se me juntó la tarea. Pero, es que la inspiración llega sola y no hay que desperdiciar... n.n Suerte con tu trabajo XD)
Sayonara!
Onegai... dejen review o... (Señala a Yami en un calabozo, amarrado con cadenas y espirales en lugar de ojos) Yami sufrirá XD...
Yami: T.T... de todos modos sufriré en el fic... T.T
Jajaja... ¡Cuídense!, y aléjense del Sol. Quizá se sienta ignorado y se large a otra galaxia... ¡Todo quedaría en penumbras, frío...! (Kaiba aparece de las sombras y le corta la cabeza a la autora con una daga O.o!)
Kaiba: ... La hiperactividad es mala para nosotros... -se justifica- Está... sonriendo (refiriendose a la cabeza que degolló) Bien... que importa... (mientras habla, detrás de Kaiba el cuerpo de la autora se estampa en una pared en busca de su cabeza) Es... raro O.Ou
Yuugi: ¬¬ sí...como sea ¡Sayonara! n.n
