Memorias de Boromir, día 1.

Desperté en un bosque. No había nadie por los alrededores, solo se oían gritos de guerra a lo lejos. De pronto, vi mi cuerpo tendido en el suelo. Sentí miedo. ¿Por qué me estaba viendo a mí mismo? ¿Por qué estaba allí tendido… sin vida? ¿Por qué estaba atravesado mi cuerpo? ¿Qué había pasado?

Me senté en el suelo. Estaba aturdido, y confuso. ¿Qué significaba todo aquello?

Cerré los ojos, intentando poner en orden mis pensamientos. Y, de pronto, recordé. Frodo. Merry. Pippin. Orcos. Gritos. Flechas. Remordimientos.

Me llevé las manos a la cabeza, cerrando los ojos con fuerza. "¿Qué has hecho, insensato? Todo esto es por tu culpa".

Estuve un rato con la cabeza gacha y las manos apoyadas en la tierra, mirando al suelo con los ojos abiertos, observando cómo las piedras y la tierra se empapaban con mis lágrimas.

"El Anillo Único es un objeto maligno, sin duda. Mira a dónde has llegado por su culpa.", me dije. "Frodo ha huído porque no supiste controlarte. ¿Quién sabe qué peligros le esperan en esta tierra y en esta época tan oscuras, sin compañía de nadie sino la de él mismo? ¡Insensato, Boromir, insensato!", me recriminé. "Y… ¿Los medianos? ¿Dónde están los otros dos medianos? ¡No los pudiste proteger! ¡Tonto de ti! ¡Esos malditos orcos se los han llevado!", pensé.

Le di un puñetazo al suelo con toda mi ira contenida en el golpe. Estaba furioso. Le había fallado a Gondor, a la Comunidad del Anillo, y, sobre todo, me había fallado a mí mismo. "Yo solo lo quería para salvar a mi ciudad…", pensé. Acto seguido deseché ese pensamiento, dando otro puñetazo al suelo. Pensando las cosas con claridad, era una estupidez. Ese Anillo solo trae desgracias a quienes lo poseen. Nubla las mentes, atrae al enemigo, y encima te hace ser una persona estúpida, cruel… "¿En qué estabas pensando, Boromir? ¿Tanto te cegó la situación que no pudiste pensar con claridad?", pensé.

Suspiré, y dejé mi mente en blanco. Me volví y observé mi cuerpo, inerte, frío.

"Estoy muerto… ¿Eh?" alcancé a susurrar. Me puse de rodillas y lloré. Lloré, al lado de mi cuerpo. Como nunca había llorado antes Boromir hijo de Denethor.

Pasó un largo tiempo, o a mí me pareció un rato bastante largo, cuando oí voces. Alcé la cabeza, secándome las lágrimas que aún bajaban por mis mejillas, y vi a Aragorn. Y, junto a él, a Legolas y a Gimli. Todos traían lanzas, escudos, yelmos... Y me pusieron algo por encima. Miré con atención y me acerqué a ellos. Vi cómo me cogían y me depositaban en una de las barcas traídas desde Lórien, junto con las lanzas y demás utensilios de guerra enemigos recogidos, amontonándolos a mis pies. También me colocaron bajo la cabeza la capucha gris y la capa élfica que llevaba conmigo durante el viaje. Me peinaron los cabellos hacia atrás y me los pusieron sobre los hombros. Al lado de mi cintura colocaron mi yelmo, y sobre mi regazo el cuerno que tantas veces había utilizado, junto a la empuñadura y los fragmentos de mi espada. Empujaron la barca hacia las aguas y allí marchó mi cuerpo inerte, a través de las aguas del río, tranquilas a esa hora.

Aragorn y Legolas cantaron canciones de despedida después de haber enviado mi cuerpo a lo desconocido, y yo sonreí. Pues aunque ellos creían que me había ido, no era así. Yo estaba a su lado, escuchando, complacido sin duda, esos cánticos que el montaraz y el elfo entonaban. Cuando quise darme cuenta, estaba sonriendo.

Tras pasar un rato allí, se alejaron, para decidir qué hacer a partir de ahora. A dónde debían dirigirse.

Y yo, ¿qué iba a hacer? Tras pensarlo unos segundos, asentí. Tenía que enmendar el error por el que me había quedado aquí. Pero, la pregunta era… ¿Cómo? ¿Y cuál de todos era el error principal? ¿Por cuál me había quedado?

Me senté en una piedra, y miré al cielo, dejando que mis pensamientos volaran. "Ya habrá tiempo de pensar en eso cuando asimiles que estás… Muerto. Eso es lo primero", pensé. Y allí me quedé, mirando a la nada, pensando qué hacer, hasta que cayó la noche y mis ojos se cerraron poco a poco. Sí, los fantasmas también necesitamos dormir. Y, como no, también tenemos sentimientos.

.