Un malentendido

En la sala de radiografías, Asami se encontraba observando el tórax de un paciente cuando Jinora apareció por detrás de ella, llamando su atención.

- Asami… no importa cómo lo mire, pero creo que el paciente de la motocicleta se volvió a escapar.

Asami suspiró, tomando la radiografía de la pantalla para guardarla nuevamente en su sobre.

- ¿De nuevo?

- Pero ahora su tutor a llegado. Está esperando en el lobby.

Salieron juntas de la habitación para encaminarse hasta la recepción de aquel edificio, cuando a lo lejos Asami observó a una mujer vestida con el uniforme militar.

- Es ella – le susurró Jinora, apuntándola.

- Oh – emitió, adelantado el paso hasta quedar a pocos metros de la uniformada -. ¿Opal?

La mujer se volteó en el momento en que escuchó aquel conocido tono de voz.

- ¿Sato?

- ¿Tú eres la tutora de este paciente?

- ¿Eres tú su médico de cabecera? ¿Dónde está él? ¿Dónde está su ficha médica? – le respondió Opal

- Oh. ¿Tú crees que le entregaría la ficha clínica a cualquier persona que no perteneciera a este hospital? – la desafió Asami -. Parece que siempre debe haber un hombre entremedio para que nos encontremos.

- No tengo tiempo para bromear contigo. Solo dame la ficha rápidamente. Para mí él es una persona importante

- ¿Una persona importante? – preguntó sonriendo irónica Asami

- ¿Él está herido?... ¿Cómo es posible que el médico ni siquiera sepa que su paciente escapó? ¿por qué es que se fue? – le preguntó Opal levantando cada vez más la voz.

Asami sonrió. Aquella mujer no había cambiado en nada. Jinora en cambio, cerró los ojos apenada. Que el paciente haya escapado, de nuevo, era su culpa.

- Es lo que también me pregunto. Parece que esa persona tan importante para ti abandonó el hospital incluso sin pagar el tratamiento. Entonces ¿Por qué no pagas sus facturas medicas mientras estás aquí? Antes de que también tú escapes.

Asami se volvió hacia la enfermera, quien miraba apenada la situación.

- No te preocupes, Jinora. Ahora tienes que encargarte de llamar a seguridad para que busquen al chico en los baños de hombres, y no dejes ir a esta mujer sin que haya pagado por el tratamiento de su "persona importante" – le dijo mientras se volteaba a irse

- ¿Y te irás así sin más? – la detuvo Opal, y Asami se volteó a hacerle frente

- El hospital se ha encargado dos veces de darle tratamiento a ese paciente, y en ambas él escapó. Creo que hemos hecho lo suficiente por él. Ahora, si me permites, tengo trabajo que hacer.

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- ¡Katara! ¡Te tengo una gran noticia! – le dijo Asami a su amiga, entrando apresurada a aquella oficina pediátrica, alejadas de todo el mundo – Opal Beifong se encuentra en la sala de emergencias en éste momento

- ¿Opal? ¿La que entró a la escuela militar? ¿ésa Opal?

- ¡Esa! La chica ruda que estaba de internas con nosotras, esa que nos fastidiaba todo el día

- ¿Así que está la bella Opal, la que robó en ése entonces a tu amor no correspondido? – le respondió divertida Katara

- Tsk ¿a quién llamas bella? cualquiera lo es con maquillaje

- Ella lo es incluso sin él

- Incluso sin… ¿de qué lado estás?

- Hahaha ¿por qué está en la sala de emergencias? ¿se lastimó?

- No, su novio lo hizo. Pero no importa como se mire, el chico tendrá como máximo unos veinte años, y ella… ¿es que eso no te dice que está loca?

- ¿De qué estás hablando? El novio de Opal es un soldado

- ¿Qué quieres decir con un soldado? Él tenía un corte de bandido y tenía perforaciones en su piel.

- Te equivocas – le dijo Katara – Él es un soldado. Su historia de amor es muy famosa entre sus compañeros. El novio de Opal es Sargento Mayor

- ¿Sargento Mayor? ¿qué es eso?

- Entre los rangos militares hay cosas como sargento, sargento de primera clase y sargento mayor – le dijo como si fuera obvio.

- Por supuesto, por un momento se me olvidó la importancia vital de ello – le respondió con ironía Asami

- De todos modos, el novio de Opal es alguien importante. No puede ser la persona que me estás describiendo. Por lo que sé, ella también tiene un alto cargo militar. Además, es cirujana del ejército. Su padre es un general de tres estrellas.

- Wow… - respondió Asami – Veo que las horas libres gracias a ese prenatal que llevas están dando frutos como detective.

- Hahaha, está todo en la web

- Entonces ¿quién es el que dejó ése teléfono y escapó?

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Korra estaba sorprendida. Estaba allí, en medio del lobby del hospital, sujetando por la cintura al herido Kai mientras este se apoyaba pasando un brazo por el cuello de la morena, observando sin comprender la escena. Delante de ellos, una mujer vestida de militar los observaba molesta, pero más que nada su molestia se enfocaba en el joven de ojos verdes ubicado junto a él, quien solo la observaba serio, sin ninguna expresión en su rostro.

- ¿Qué le sucedió al paciente? – llegó apurada Suki junto a Jinora, interrumpiendo la escena, tomando al paciente que Korra sostenía.

- Jinora, llama rápido al Doctor Sokka

- Hehe, tuve un pequeño accidente – le dijo sonriente Kai

Enseguida Jinora salió corriendo a buscar al doctor, mientras Suki, con ayuda de Korra, cargaba a Kai hacia la sala de urgencias ambulatorias.

El ambiente cambió completamente.

Bolin observaba concentrado a Opal, mientras esta se había acercado a él, con una expresión fría en su rostro.

- ¿Qué sucedió? – le preguntó extrañada, como si fuera una violación interrumpir aquel silencio que se había formado -. Escuché que te lastimaste, pero veo que te encuentras muy bien… Sígueme – le ordenó.

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Asami iba haciendo su ronda por la sala de emergencias cuando observó a Suki y Jinora atendiendo a un malherido paciente. De inmediato se apresuró hacia ellas, reconociendo al pequeño ladrón.

- ¿Qué le sucedió? ¿por qué está tan mal?

- Tuvo un desafortunado accidente muy cerca de aquí – le contestó Korra, que se encontraba ubicada al lado de Kai. Asami por primera vez se fijó en ella.

- Esto no es un accidente, claramente es un ataque – le respondió molesta, enfrentándola -. ¿Ustedes, dos adultos, le hicieron esto a un chico?

Korra abrió los ojos sorprendida, abrumada ante la horrible suerte que estaba teniendo ese día.

- ¿Qué estás diciendo?

- Kai ¿quién te hizo esto? – se agachó a la camilla -. ¿Fue ésta mujer?

- No, te equivocas – le respondió con dolor Kai -. Ella junto al otro… me salvaron

- Kai, estás en el hospital, a salvo. Ellos no te pueden dañar aquí. Dime la verdad – dijo mientras fulminaba con la mirada a una divertida Korra -. ¿Ella te golpeó?

- Ah… te dije que ella no fue

Korra carraspeó llamando su atención. Dio unos cuantos pasos más cerca de la doctora, y sin perder su sonrisa se dirigió a ella.

- No importa cuántas veces él le diga que no. Usted no va a creerle ¿cierto?

Asami la observó levemente abrumada, perdiéndose en aquel tono de color de ojos que se burlaban de ella.

- Te voy a dar un analgésico, y luego te tomaremos radiografías para ver el daño por todo su cuerpo ¿vale? – le dijo a Kai, ignorando una vez más a la morena, escuchando como esta se reía ante su infantil acción.

- No te preocupes esta vez. Yo llevaré a Kai a la sala de radiografías – le dijo Suki

- Ok. Te encargo eso. Jinora, llama tu a seguridad y dile que se pongan a revisar todas las cámaras de vigilancia que hay en los alrededores del hospital. Yo iré a llamar a la policía – le dijo, dándole una mirada a Korra, quien aún estaba sonriendo. Apenas dijo eso, salió enfadada de la habitación.

Korra se irguió y la siguió saliendo por la puerta.

- Hey ¡espere un momento!

Korra corrió rápidamente para alcanzar a la doctora, quien ya se había desplazado con presteza hacia el lobby. La morena corrió un poco más rápido y tomó su brazo, deteniéndola.

- Espere – le dijo, posicionándose frente a ella

- Muévete – la fulminó

- Lo haré después de que se resuelva este malentendido – le dijo dándole una mirada de convicción con aquella insultante hermosa mirada azul -. Todo lo que dijo ese chico es verdad. Ese chico -

- ¿Ese paciente es familiar tuyo? – la interrumpió Asami

Korra se calló. Cerrando los ojos buscando rápidamente algo en su mente con que convencer de la verdad a esta terca mujer que tenía delante de ella. Era asombrosa, tan preocupada por su paciente, tan molesta con ella, sin ninguna razón, sin siquiera darle la oportunidad de explicarse. Era demasiado interesante. Desde el primer desprecio que le había dado había captado completamente su atención. Ya no hacía eso para recuperar el celular de Bolin y ver así las fotos de su prima, no, era para salvar su honor, para convencer a aquella atractiva doctora de que ella era una buena chica, y no una matona que andaba golpeando a chicos pequeños en sus días libres.

- Bien – comenzó la morena -. Mira. El chico le robó el teléfono a mi compañero, así que por eso es que vinimos aquí. Cuando nos íbamos yendo por casualidad vimos al chico que estaba siendo golpeado por otros tipos de una pandilla, así que lo ayudamos.

- ¿Ayudaron al ladrón que robó su celular?

- ¡Por supuesto!

- ¿No es más lógico haberlo golpeado hasta dejarlo en ese estado? – dijo mientras marcaba el número de emergencias. Al otro lado de la línea contestaron -. Si ¿la policía?, llamo desde emergencias del Hospital Nómada Aire…

En ese momento Korra rápidamente levanto con gracia su mano, golpeando levemente uno de los extremos del celular de la doctora, alejándolo de sus manos.

Asami observó todo como si fuera en cámara lenta. La extraña morena de ojos azules acercarse a ella. Su celular como ascendía lentamente por los aires. El cuerpo de la chica, su olor, su esencia, tan cerca de ella hasta que su cabeza estuvo cerca de su hombro, observando el contraste del color de su piel con el de la blanca bata que llevaba, pero admirando como sus ojos casi parecían combinar con el uniforme médico que llevaba debajo de aquella bata abierta.

Fue un segundo, pero en un segundo se dio cuenta de todo esto. Estaba acostumbrada a pensar y admirar todo en tan poco tiempo, lo que le servía enormemente en la toma de decisiones durante las cirugías.

La chica casi apoyada en su hombro, sin tocarla, estiró su mano, agarrando así el celular que amenazaba con estrellarse en el suelo. Quitándoselo.

Todo fue demasiado rápido. Ella aún tenía levantada su mano cerca de su oído, como si aún sintiera su celular allí. Sorprendida observó a la morena, que sin decir nada, con su celular en sus manos, miró a la pantalla, colgando la llamada que Asami había realizado.

- ¿Qué fue lo que hiciste? – pregunto Asami, volviendo a la realidad

- Te lo diré francamente: llamar a la policía me causará un montón de problemas

- ¿Ah sí? – dijo levantando una ceja, observando como la coqueta mujer cerraba sus ojos y asentía como si fuera una niña -. Dame el teléfono.

- Honestamente… somos soldados – comenzó a decir Korra -. Estamos en nuestros días libres. Si nos vemos involucrados en un caso de ataque, será problemático. Tendremos que escribir declaraciones y hacer un gran papeleo. En verdad, te estoy pidiendo colaboración.

- ¿Por qué debería hacerlo? ¿Cómo puedo saber si me estás diciendo la verdad?... Devuélveme el teléfono

Korra suspiró. Con su mano cogió uno de los extremos del collar que llevaba, sacando las placas de militar que llevaba escondidas debajo de su polera.

- Toda persona puede comprar esto, así que no servirá – le dijo mostrándole las placas con su nombre, que ahora colgaban en su pecho, brillando sobre la polera negra que vestía. A continuación, buscó en sus pantalones su billetera, sacando una credencial para mostrársela -. Tampoco creo que te convenceré con esto, ya que cualquiera puede falsificarla… ¿En qué universidad estudiaste? Si estás aquí probablemente hiciste la práctica con muchos militares.

- ¿Por qué preguntas eso?

- ¿Por casualidad conoces a Opal Beifong? Ustedes deberían ser del mismo año. Ella también hizo la práctica aquí.

Asami dudó un momento.

- ¿Cómo es que tú la conoces?... de casualidad tú eres… Ah… Sargento grande… sargento… alto, de escuadra… tsk – dijo Asami recordando su conversación con Katara, sin éxito -, ¿o algo así?

- ¿Sargento Mayor?

- ¡Eso mismo! – respondió efusiva Asami, pero de inmediato carraspeó para volver a su enfadada posición de antes -. ¿Eres tu él… ella? – le preguntó, abriendo los ojos ante el descubrimiento del gusto por las mujeres de su antigua rival de práctica. Pero no la culpaba…

Korra rió, divertida.

- No soy esa persona, pero veníamos juntos. Al fin alguien puede confirmar nuestra identidad.

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Estaban solos en uno de los accesos del estacionamiento hacia el hospital. A esa hora pocas personas transitaban por allí, otorgándoles un sepulcral aire de soledad, de incómoda soledad.

- Ha sido mucho tiempo – le dijo Opal a Bolin.

- Así es – respondió marcialmente el Sargento

- Deber haber sido difícil evitarme, pero te ves bien

- Así es

- ¿Cuándo seremos capaces de hablar sin rangos ni honoríficos? – le reclamó Opal, alzando la voz -. Ah ¿si no hubiera rangos, me ignorarías completamente?

- Así es

- Realmente te mataría… ¿Por cuánto tiempo más continuarás ignorándome? ¿Por qué no contestas mis llamadas? ¿Por qué siquiera me dejaste de confirmar a ver si estabas vivo o no? – le dijo claramente afligida -. ¿Hasta cuándo más estarás ignorándome? ¡Responde! No te pregunto porque no sepa el motivo… Al menos, déjame oírte en ocasiones.

- No es el motivo por el que está pensando – le respondió formalmente -. No fue por usted. Simplemente fue un cambio de parecer, y cuando eso sucede, no hay nada más que explicar.

- No te creo – respondió Opal, luchando para evitar que sus ojos se enrojecieran

- Así es.

- No…

- Ahora me iré – dijo Bolin, dándose la vuelta, alejándose de ella.

Opal lo vio alejarse, sin atreverse a decirle nada más. Era un cobarde ¿por qué estaba haciendo todo eso?

- No te atrevas a irte… Detente ahí – le decía mientras Bolin se alejaba cada vez más, ignorándola -. ¡Sargento Mayor Bolin!

Ante su nombre Bolin se detuvo abruptamente, juntando sus dos pies, demostrando su respeto.

- ¿Te estás yendo sin saludar a tu superior? – le gritó enfadada Opal

Bolin se dio la vuelta, mecánicamente. Irguió su postura, y observando al frente, pero no hacia ella, distante, se llevó la mano a la altura de los ojos, saludándola.

Opal se acercó a él. Observando como este mantenía su postura, con su mirada al frente, sin observarla.

- Quédate donde estás. Quédate así toda la noche. Por siempre…. Hasta que mueras si es que aún no ves la clara respuesta ante todo esto.

En ese momento Korra y Asami aparecieron por detrás. De inmediato Korra se adelantó y tomando la mano de Bolin la quito de su frente, permitiéndole descansar. Luego de esto se pudo delante de él, entre su subordinado y la mujer frente a él.

- Oye… eso es abusar de tu poder – le dijo a Opal

- Es entrenamiento para un soldado cobarde – le respondió, sin dejar de mirar a Bolin -. ¿Qué necesitas, Korra?

- Soy un soldado no identificado que busca que su nombre sea recuperado – le dijo apenada, mientras Asami observaba toda la situación -. Tienes que identificar nuestra identidad con la doctora aquí presente.

- Esta mujer no va a creerme – respondió Opal dándole una mirada a Asami

- Mejor creerle a un conocido sobre un extraño – le dijo Asami -. Así que dime

- Oh, muy bien – le dijo Opal, levantando las cejas complacida -. Entonces… tienes que reportar a estas dos personas a la policía – dijo sorprendiendo a todos los presentes -, son desertores.

Con una maliciosa sonrisa en sus labios, sabiendo que había complicado aún más todas las cosas, Opal se burló con la mirada de Korra y se dio la vuelta para salir hacia los estacionamientos, dejándolo a los tres solos.

- ¡Oye! – le gritó Korra, pero ella la ignoró -. Ah… esa malvada mujer… mujer de malos sentimientos…

Bolin descansó de su posición, sonriendo suavemente ante Korra, que se encontraba de espaldas delante de él.

- Espero que me regrese mi teléfono – le dijo Bolin a la doctora

- Su identidad fue confirmada. Por favor, entrégueselo – le dijo Asami a Korra.

Korra carraspeó.

- Dado que las cosas se complicaron de esta manera, voy a revisar tu teléfono más tarde – le dijo a Bolin, entregándoselo -. ¿Entonces nuestro malentendido está resuelto?

- Tu identidad ha sido confirmada, el ataque es otro asunto – le respondió Asami -. Ven…

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Estaban esperando a las afueras de la sala de vigilancia a que el guardia buscara la escena de la agresión. Korra aún no entendía como las cosas se había salido tanto de control. Culpaba a Bolin, si él no se hubiera empeñado en meterse con ese problemático jovenzuelo de seguro nada de esto estaría pasando, y ella se encontraría hablando en algún pub con la misteriosa y flexible prima de Bolin, cortejándola, lista para tener algo de emoción en sus noches.

Pero no, ella estaba allí, apoyada en la pared a pocos centímetros de aquella fría y sensual doctora, quien claramente tenía algo en su contra, ya que no daba muestras de querer agradarle. Pero claramente sentía atracción a aquella pálida y profesional mujer. Aun no sabía cómo describir aquello.

- ¿Cómo conoces a Opal? – la asustó Asami, sobresaltándola ante el abrupto quiebre del silencio -. Hahaha, lo siento ¿te asusté?

- No, está bien – sonrió apenada Korra -. Tenemos una relación de superior-subordinado desde el ejército. Usted confirmó mi identidad ¿quiere confirmar también eso? – la molestó Korra.

- No, discúlpame por eso. No es que no te creyera… solo estaba molesta – le confesó Asami -. Debido a mi trabajo sé cuando alguien miente o me esconde información. Sé cuando alguien se aprovecha del más débil – le dijo Asami, observándola a los ojos, confundiéndola con su respuesta.

¿Qué quería decir? ¿Qué sabía que Korra no había hecho nada malo o que confirmaba que ella era la matona?

- Hmm, es bueno que sepas eso

- ¿Por qué me dices eso ahora? No me asustes, mira que estamos solo las dos en este solitario pasillo.

- Hahaha, no te preocupes. Proteger niños, mayores y bellezas es mi ley.

- Es un alivio, dado que entro en una de esas tres categorías – sonrió alagada Asami.

- No, usted no – le dijo Korra

- ¡Por Dios!

- Hahahaha – rió fuerte Korra, llenando de eco el blanco pasillo en el cual esperaban.

Asami la observó sin aliento, era increíble como aquella chica estaba jugando tranquilamente con ella, como si no hubiera una barrera entre ellas, como si fueran viejas conocidas que bromeaban entre amabas. Aun así, aquella radiante sonrisa no le fue inadvertida, era completamente lo opuesto, había provocado en ella un corto circuito.

No estaba segura de la razón. No sabía qué es lo que sentía en ése momento, por qué había hecho todo eso con aquella chica. Quizás era para convencerse a sí misma, de que ella era una buena persona, tal como ella lo decía. ¿Pero qué ganaba con saber eso de ella? ¿Hubieran cambiado las cosas si efectivamente ella era la matona que había golpeado a Kai… y que luego lo había traído a tratamiento? Era ridículo. Toda esa situación lo era.

- Gran Avatar – la llamó divertida Asami -. ¿Cuál es tu nombre?

- Korra. Mi nombre es Korra ¿y el suyo, Doctora Sato? – le preguntó, leyendo la inscripción en su delantal.

- Asami

Korra sonrió. Se levantó de la pared y se volvió hacia la doctora levantando su mano, ofreciéndosela.

- Un placer, Asami – le dijo dándole una de aquellas encantadoras sonrisas

- No actúes tan amigablemente – la cortó sonriente Asami, sin aceptar su saludo.

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En la camilla de la sala de urgencias, Kai abrió los ojos. Por un momento todo le dio vueltas, sin ser capaz de comprender todo. Pero cuando enfocó más la vista lo vio ahí, junto a él, aquel hombre que lo había salvado. Todo se aclaró y le vino rápidamente a la cabeza, profiriéndole un agudo dolor que lo hizo quejarse.

- Veo que solías practicar un deporte… ¿cuál era ese? – le preguntó de repente Bolin, confundiéndolo

¿De qué demonios estaba hablando?

- Yo practiqué judo hasta mi segundo año en la secundaria – comentó Bolin - ¿Por qué tú, sabiendo un deporte, te dejaste golpear?

- Porque así termina más rápido – le respondió Kai

El silencio volvió a hacerse presente en aquella camilla.

- De todas formas ¿cómo supiste que practicaba algún deporte? – preguntó Kai

- Por la posición que adoptabas cuando eras golpeado. Uno aprende como recibir golpes antes de darlos.

- Practicaba taekwondo, toda mi vida lo hice.

- ¿Eras bueno en eso?

- Hmm… gané unos torneos, si es a eso a lo que te refieres.

En ese momento llegó la enfermera Suki, con una carpeta entre sus manos.

- Kai ¿ya llegó tu tutor? Los documentos de tu hospitalización necesitan ser llenados.

- Le dije que no tengo tutor – le respondió sin ganas

- Te equivocas. Tú ya tienes un tutor – respondió Bolin, provocando que tanto Kai como la enfermera lo observaran.

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Asami estaba observando en la pantalla anonadada cómo los dos soldados se encargaban sin dificultad alguna de los nueve pandilleros. Bolin evadía con gracia y soltura los ataques que los tipos le daban con sus armas blancas. Jamás ocupó su propia fuerza, no, él se encargaba de lanzarlos lejos ocupando el mismo impulso con que sus agresores se dirigían a él. Por otro lado, Korra estaba junto a Kai, socorriéndolo mientras se encargaba de defenderlo de otros pandilleros que habían ido molestos a por ella, buscando a alguien en quien descargar su frustración ¿y qué era mejor que una mujer? En serio, ellos no hacían distinción de género. Igualdad ante todo. Pero Korra no era tan suave como Bolin.

En pocos minutos los pandilleros se encontraban a duras penas huyendo por el estacionamiento, alejándose con terror de aquellos dos sujetos que habían venido a prestarle ayuda a Kai.

Una vez terminado el video, Asami se levantó divertida del asiento. Y por primera vez le dedicó una tierna sonrisa a Korra.

- Ok, la situación esta aclarada – le dijo levantándose y dirigiéndose hacia la salida -. Lamento el malentendido.

- Oh – dijo Korra, alcanzándola mientras caminaban por el pasillo -. Si lamenta eso, en realidad tengo algo que me duele ¿puede tratar eso?

- ¿En dónde te duele?

- Aquí – dijo Korra, apuntando a la zona sobre su iliaco izquierdo.

- ¿Aquí? – le preguntó Asami, tocando sin ningún cuidado la zona que ella le indicaba. Divertida ante la clara provocación que le estaba haciendo Korra. Esta de inmediato se dobló haciendo ademán de dolor, aullando mientras presionaba su herida -. Hahaha, eres bastante exagerada para ser soldado – le recriminó Asami

Korra sonrió con dificultad, reglándole una extraña sonrisa. Asami no lo supo, no hasta que observó como la morena levantaba lentamente su polera, descubriendo su piel desnuda, justo en la zona donde le había mostrado. Asami con terror vio que ésta tenía parchada una gasa, la cual estaba completamente enrojecida, la sangre la estaba llenando. De inmediato dio un alarido, completamente apenada por su acto. Korra no mentía. Ella estaba herida.

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En la sala de cuidados Korra se encontraba recostada sobre una camilla, mientras Asami estaba inclinada sobre su torso, suturando la herida que se había abierto.

- Durante la pelea tus puntos deben haberse aflojado, abriendo la herida

- Hmm – emitió Korra

- ¿Cuándo fuiste herida?

- Hace unos días – le respondió, apartando la mirada.

- ¿Cómo? – le preguntó Asami, mirándola a los ojos. No era una pregunta, era una demanda.

- Mientras estaba escavando con mi unidad – le mintió Korra -. Lo primero que los soldados deben hacer es saber escavar.

- ¿Es cierto eso? Qué extraña unidad… que se daña mientras cava un simple agujero, que recibe cuchilladas mientras lo hace, junto a las balas que dejaron rastro en tu abdomen… - le dijo, sabiendo que había atrapado a Korra en su mentira, observando como un encantador rubor comenzaba a expresarse en sus mejillas.

- ¿Has visto antes una herida de arma blanca y de balas?

- Por supuesto. No lo habría visto si es que siempre hubiera trabajado aquí. Ese fue un gran cuchillo militar. Lo sé porque trabajé de voluntaria durante la guerra entre el Polo Norte y Sur, hace algún tiempo.

- Recuerdo aquella vez. Fue en el Polo Sur. En aquel entonces las balan llegaban como lluvia – dijo recordando divertida Korra -. Pasé por entre ellas para salvar a un pequeño grupo de mis hombres que estaban completamente acorralados en un bunker.

- ¿Era uno de ellos el soldado Ryan? – bromeó Asami, con una sonrisa en su rostro.

Ella ya había terminado de suturar, pero aún tenía una de sus manos contra la caliente piel de la morena, sentada frente a ella. Podría perderse en aquella mirada siempre, jamás había visto una mirada tan penetrante, experimentada, expresiva e infantil en alguien, y le sorprendía que se sintiera atraída por una chica.

Por su parte Korra sentía casi lo mismo. Ella estaba acostumbrada a estar con chicas, o chicos. No es que fuera promiscua ni nada, antes lo hacía, cuando contaba más tiempo, pero ahora la situación diplomática del mundo estaba un poco complicada, por lo que apenas podía recordar la última vez que se había sentido tan atraída por una persona. Si es que lo había hecho.

Asami observó como Korra había cambiado el brillo de sus ojos. Observándola como mujer, atractiva y deseable, tragó saliva con dificultad. Volviendo de vuelta a la realidad.

- Tu… tu sutura está lista – le dijo Asami, alejando con dificultad su mano de su abdomen -. Las puntadas pueden ser removidas después de una semana, pero necesitas mantener esa área con higiene desde entonces. Hay un hospital en el ejército también ¿cierto?

- ¿Puedo venir aquí? – se apresuró a preguntarle Korra

- ¿No está lejos?

- No importa… ¿puedo venir todos los días?

- Oh, todos los días es demasiado. Que tal ¿tres veces por semana?

- ¿Estás de acuerdo con ser mi médico?

- Tu herida sólo estará siendo curada ¿Qué importa qué doctor te atienda?

- Es importante. Especialmente cuando la que me atiende es alguien tan hermosa como tú

Aquello dejó sin aliento a Asami. Era la primera vez que la tuteaba y aquello era una clara insinuación, y no sabía muy bien que hacer. Su cerebro entró rápidamente en código rojo: corto circuito.

- Hmm… y pensar que antes dijiste que yo no ingresaba en tu ley de protección.

- Estaba bromeando. Es insultantemente hermosa, doctora Asami

¡Rojo! ¡Rojo! ¡Código rojo! ¡Abandonen el hospital!

- Si… - dudó, tragando con dificultad, intentando recuperar su compostura a pesar de que su cerebro la había abandonado -… Si la belleza es un estándar para que tu escojas a tu médico, entonces no te detendré, Korra – dijo, sonando lo más dominante y sensual que pudo, pero eso no pareció amedrentar a su paciente -. Te daré una cita, tienes que venir en dos días a las 2 pm.

Asami había bajado la mirada, recogiendo todos los utensilios que había ocupado con Korra. Intentaba concentrarse en eso, necesitaba controlar algo, pero de inmediato sintió que sus piernas temblaban (menos mal estaba sentada) cuando por el rabillo del ojo observó a Korra que se acercaba hasta su rostro.

- Si eres una doctora, no debe tener pareja, ya que debe estar muy ocupada – le dijo ronca y suavemente Korra, observándola intensamente a los ojos.

- Si eres un soldado, tampoco debes tener pareja, por tus repentinas misiones – respondió Asami. Sorprendida de poder unir las letras en palabras y éstas en una oración tan cuerda y desafiante como esa.

- ¿Quién contestará esa pregunta?

Se estaba volviendo peligroso.

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Dos días habían pasado. Hoy era el día.

Korra estaba en el cuartel, rodeada de todos sus amigos, quienes hablaban, vestían tanto a Naga como a Pabu, los peluches de sus superiores, o simplemente bromeaban. Bolin acababa de llegar, había salido a trotar cuando se encontró a Korra delante de un espejo viendo cuál de las dos chaquetas militares verdes le quedaba mejor.

- Subdirector de equipo – lo llamó Korra. Ese era otro de los rangos de Bolin, el cual indicaba que cuando ella no estaba, él quedaba a cargo del grupo -. ¿Cuál me queda mejor? ¿Este o este? – preguntaba mientras ponía sobre su pecho las chaquetas en cuestión.

- Aun no entiendo por qué quieres viajar 40 minutos en vehículo, sabiendo que aquí, a tan solo 5 minutos a pie, tienes a alguien que se pueda preocupar por eso.

- Que pregunta más boba Bolin. Me sorprende… ¿es que acaso no la viste?

- ¡Por supuesto que lo hice! No soy ciego

- Entonces me cuesta creer que me hayas preguntado eso

- ¿Así que de eso se trata? – dijo Mako levantándose – ¡Es por una mujer!

De inmediato los chicos comenzaron a aullar en el cuartel, intentando avergonzar a Korra, la única mujer entre esa jauría de lobos.

- ¡Estúpidos, no hablo solo de eso!... hablo de sus… atributos

- Oh claro – se burló Wing – debe tener unos grandes y atrayentes atributos para hacerte viajar a ti tanto por recibir una atención ambulatoria.

- A veces me pregunto por qué te elegí para mi pelotón – le dijo Korra mirándolo fijamente -. ¡No es eso a lo que me refiero!

- ¿Entonces? – la acosó Bolin

- Es porque es una gran doctora – respondió, encogiéndose de hombros

- Korra… - se acercó Mako a ella, poniendo una mano en su hombro -, no tienes para qué mentirnos, somos de los tuyos ¡Tú eres una de los nuestros!

- Hmm… eso podría malinterpretarse de tantas maneras. Primero, quiero aclarar que ustedes son míos, están bajo mi cargo. No es al revés. Y segundo, yo soy una mujer, tengo necesidades completamente distintas a las de ustedes… ustedes… animales en celo

- ¡Hahahaha! ¡Nuestra capitana se enojó! – gritó sonriente Wei

- Necesito tener la mejor atención médica – continuo Korra, ignorándolo -, así puedo tener un cuerpo y corazón sano para defender correctamente a mi nación.

- Y porque la doctora es sexy – dijo Mako

- Ardiente – bromeo Wing

- Y no hay doctores lindos en este polvoriento hospital – completó Korra -. ¿Cómo es que mi cuerpo va a querer sanarse si no tiene estímulo?

- Los hay – completó Bolin

- ¡Si! Han oído sobre la Primera Teniente Opal Beifong, ¿verdad? – comenzó a decir Meelo, el más joven del grupo -. Vaya, ella es tan bonita

De inmediato los gemelos se miraron serios. Mako abrió los ojos asustado mientras que Korra sonrió incómoda.

- Escuché que ella fue abandonada por el hombre con quién salía – continuó.

De inmediato Korra buscó con la mirada a los gemelos, apuntando al chico, y éstos de inmediato corrieron a levantarlo de los hombros.

- Quien sea ése inútil, quiero verle la cara… - alcanzó a decir Meelo antes de ser amordazado y llevado a una esquina de la habitación por los gemelos

- Oye ¿Por qué quieres botar tu vida solo por la simple curiosidad? – le preguntó duramente Korra a Meelo

- ¿Mi vida? – dijo con dificultad, a través de la mano de Wei, observándolos a todos. Tanto los gemelos como Mako estaban mirándose incómodos, intentando decirle con la mirada de que el inútil del que estaba hablando era el subdirector del equipo. Cuando Meelo lo entendió, la sangre de su rostro pareció abandonarlo.

- También iré al Hospital Nómada Aire, por favor, llévame contigo Korra – le dijo Bolin, intentando quedarse ajeno a todo lo que había sucedido.

- ¿Eh, por qué?

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- Aquí tiene, muchas gracias. Los gastos de la hospitalización están arreglados – le decía una enfermera mientras le devolvía los papeles y la tarjeta de crédito a Bolin.

Korra y Kai estaban detrás de él, esperándolo.

- Hm. No es como si un soldado fuera bien pagado – comentó al aire Korra, y enseguida se volteó hacia Kai -. Y tú, debes cuidar de tu cuerpo. Si vas a hacer algo estúpido no lo hagas enfrente a nosotros – lo retó.

Kai sólo asintió tímidamente

- No lo molestes, Korra – lo defendió

- Vale, vale… me voy. Iré a ser tratado – dijo finalmente abandonando la estancia.

Bolin apenas terminó con el papeleo se volvió hacia Kai, entregándole una bolsa.

- Toma de tus medicinas con regularidad, y asegúrate de comer antes de tomarlas.

- Estoy verdaderamente agradecido de que haya pagado por esto – le dijo Kai, bajando la mirada -, pero no sabré como regresárselo. No intente usar esto para darme una lección de vida o algo así –

- No planeo sermonearte – lo interrumpió Bolin -. Vete, yo también me voy.

Bolin se estaba dando la vuelta cuando Kai lo interrumpió.

- ¡Espere! – lo llamó, haciendo que Bolin se volteara -. Lamento robar su teléfono... Gracias por todo.

- No te preocupes, no fue nada.

- Ser golpeado no funciona. Tampoco darles dinero – comentó Kai -. Entonces, Bolin ¿cómo hizo para escapar de ahí?

Bolin sonrió. Él en verdad le traía muchos recuerdos.

- Escapé a donde ellos jamás podrían haberme seguido…

- ¿Dónde es eso?

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Korra había recorrido las distintas salas del hospital, buscando a Asami. Llevaba un buen rato en ello cuando de repente un ajetreo llamó su atención. Cuando levantó la vista la vio, completamente ensangrentada, apretando con fuerza la herida de un paciente sobre el cual se encontraba a horcajas sobre la camilla, mientras otros empujaban velozmente el carro para llegar hasta la sala de operaciones.

- ¡Por favor despejen el camino! – gritaba demandando Asami, sin dejar de mirar al paciente.

- ¡Asami! ¡Necesitamos más sangre! – le dijo Suki, quien iba detrás de ella empujando

- ¡Jinora! Necesito que vayas a buscar 3 unidades de sangre al banco ¡rápido! ¡te veo en el quirófano!

Jinora rápidamente soltó el carro y se dirigió hacia uno de los pasillos, desapareciendo por él. De inmediato la camilla perdió velocidad. Llevar a dos cuerpos entre dos personas parecía complicado.

- ¿Qué están haciendo? ¡Incrementen la velocidad! – demandaba Asami, sacado más compresas sucias y ensangrentadas de la herida del paciente, mientras ponía unas nuevas al lado.

Cuando la camilla pasó junto a Korra, ella se unió a la carrera. Sin permiso agarró las manillas de aquella camilla con ruedas y comenzó a correr lo más rápido que pudo, empujando velozmente el carro mientras un doctor y la enfermera Suki le agradecían con la mirada, dirigiendo ellas el carro hacia unas puertas blancas, hacia los pabellones quirúrgicos.

Asami jamás se enteró, iba demasiado preocupada en su paciente.

A las puertas del pabellón Korra los soltó, sonriendo, admirando a la doctora, perdiéndose en ella mientras las puertas se cerraban lentamente entre ellas.

La morena miró la hora, eran las 1:20 pm

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El color del cielo era anaranjado. El ajetreo en el hospital a esa hora era mínimo, como si todos prefirieran disfrutar del cenit del sol en vez de accidentarse o hacer cosas arriesgadas, lo cual Asami agradecía ya que eso le permitía disfrutar de la vista.

Cansada, atravesó las puertas del quirófano hacia la sala de espera. No llevaba bata, solo su pijama azul. Levantó agotada las manos, flexionando sus brazos, estirando sus músculos. De repente una idea la asaltó. Rápidamente buscó su celular en el bolsillo.

Eran las 6:40 pm

- Mierda.

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Korra estaba entrenando en la sala de máquinas de su departamento. Trotaba, eso siempre parecía despejar su mente. Desde que había vuelto del hospital se había encerrado en la sala, y jamás supo de la hora hasta que sintió que la llamaban por teléfono.

Extrañada se sentó, agotada, para ver que un número desconocido la llamaba. No le quedó otra. Ya había interrumpido su entrenamiento.

- ¿Aló?

- ¿Korra? – escuchó por el otro lado de la línea, acelerando su agitado corazón.

- Oh… ¿La cirugía terminó? – le respondió sonriente, era una agradable sorpresa escucharla

- Si ¿escuché que viniste y te fuiste? La enfermera me dijo que incluso llevaste la camilla en la que iba

- Es la primera vez que soy plantada por una doctora. No sabía que ustedes pudieran hacer eso – bromeó Korra, escuchando la risa de Asami desde el otro lado.

- Lo siento, había que operarla urgentemente. No estaba planeado.

- ¿Sobrevivió?

- ¿Qué?

- La paciente… ¿pudieron salvarla?

- Si, ella está estable ahora.

- Oh… usted doctora Sato es tan genial – dijo mientras le sonreía -. ¿Este es su número de teléfono?

- Eh… si

- Así que tiene mi número

- Guarda mi número también – se apresuró a contestarle Asami

- Con seguridad quiero verla

- Hahaha ¿siempre eres tan directa?

- Me refiero a que con seguridad quiero recibir mi tratamiento mañana

- Oh claro… también me refería a eso

- ¿Ah sí? No sonó de esa manera – se burló Korra, riendo

- ¿Tomaste tu medicina? – se apresuró Asami a cambiar de tema

- Si no la tomo ¿me pondría peor?... quiero decir ¿me hospitalizarán?

- Tranquila – dijo dulcemente la doctora - ¿A qué hora quieres tu cita mañana?

- Oh, en vez de eso… ¿quiere que nos veamos ahora?

Un silencio se hizo de repente. El corazón de Korra se había detenido. Se había arrepentido de hacer la pregunta, pero era demasiado tarde cuando salió por su boca, sin siquiera pasar por su centro de comprensión y de aceptación. Y por eso ahora la vergüenza y el miedo le pasaban la cuenta. A veces era tan estúpidamente apresurada.

- … ¿No quiere? – preguntó, sin poder ocultar su miedo.

- ¡Oh, no! quiero decir ¡Sí! ¡Por supuesto!... rayos…

Korra rió. Su corazón había vuelto a latir, aliviado.

- Por favor ven – le dijo casi en un susurro Asami.

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Nuevamente estaba en el centro del hospital, pero ahora no vestía su uniforme militar. Unos pantalones negros y una blusa blanca, abierta, discretamente escotada, ocupaban ahora su vestimenta. No tan formal, no, sus tenis negros se encargaban de darle el aire casual al asunto.

Asami por su parte se estaba arreglando aprovechando el espejo del ascensor por el cual descendía hasta el primer piso. Tampoco iba vestida con su uniforme. Un vestido color crema, sin tantos adornos, casual cubría su cuerpo.

Sí, todo era casual y aleatorio. Solo faltaba que por "casualidad" empezara a sonar una canción en el ambiente y enseguida todos empezaran a bailar a su alrededor, como en las películas.

- ¿Dónde estás? – le llegó un mensaje de Asami al celular de Korra

- En el lobby

- Voy bajando. Estaré en unos segundos allí

Korra sonrió. De repente unas imágenes en la gran pantalla de la sala de espera del hospital llamaron su atención. En ella se mostraba como unos terroristas hacían explotar diversas partes de una gran centro comercial. Gente corría pavorida por las calles. Korra tensó su cuerpo, de inmediato supo de donde se trataba.

Justo en ese instante su celular sonó.

- ¿Aló? Sí, claro… Estoy en el Hospital Nómada Aire… Bien, estaré esperando – dijo mientras se dirigía al ascensor.

En el momento en que las puertas se abrieron Korra ingresó, pero de inmediato, al frente de ella apareció Asami saliendo de uno de estos, sin alcanzar a verla. La doctora la buscó con la mirada, pero no la encontró, por lo que decidió llamarla por celular.

- Estoy abajo ¿Dónde estás?

- Subiendo hacia la azotea – le respondió -. Vine, pero algo ocurrió, así que estoy camino de regreso

- ¿De regreso?

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Asami caminó a oscuras por la azotea, observando las luces de la ciudad, el ruido de los autos y el ajetreo propio de una urbe. No le costó encontrarla. Ella estaba en una esquina, a unos metros de la zona de estacionamiento de los helicópteros, observando las luces.

- ¿Qué estás haciendo aquí? – la llamó Asami, haciendo que esta se girara hacia ella.

- Asami… - la observó sonriendo apenada -. Estas hermosa… lo siento, pero esta vez tendré que dejarla plantada.

Un ruido de helicóptero se escuchó a lo lejos. Asami observó hacia el oscuro cielo. En la ciudad casi no había estrellas, pero si podía ver las luces parpadeantes rojas y blancas que mostraban los vehículos aéreos.

- Debe ser una emergencia – dijo aun mirando el helicóptero -. Deberías haber ido al primer piso en vez de venir aquí.

- No, eso está aquí para llevarme

- ¿A ti? ¿Por qué? – le preguntó abriendo un poco más los ojos -. Oh ¿estalló una guerra?

- En alguna parte, pero no aquí. Así que no se preocupe.

- Entonces ¿qué hace ése helicóptero aquí, recogiéndote?

- Después le contaré – le respondió observando como ya la nave se estaba posicionando para aterrizar -. Pero prométame algo. Veámonos la próxima semana, no en el hospital, sino en otra parte.

- ¿No vendrás para ser tratada? – le gritó Asami, haciéndose escuchar debido al ruido de las astas y del viento a su alrededor.

- Regresaré sana – le respondió sonriendo Korra -, así que veamos una película juntas en el cine

Asami observó preocupada como el helicóptero ya había aterrizado. Un soldado salió de sus puertas, parándose frente a ellos.

Korra supo que Asami no estaba concentrada, todo esto era demasiado nuevo para ella, así que tenía que llamar su atención. Acortó la distancia entre ellos, y agarrándola suavemente de los brazos la acercó a su cuerpo, quedando a pocos centímetros.

- Asami, apresúrese, no tengo tiempo – le gritó Korra, observándola agitada a los ojos -. ¿Sí o no?

Asami la observó asustada. Pero algo en aquellos profundos y alegres ojos celestes la tranquilizaron.

- ¡Cla-claro! – gritó sonriendo.

- Ha hecho una promesa – le respondió sonriendo Korra.

En seguida la soltó, y se puso a correr rápido hacia el vehículo, en cual esperaba por ella. El soldado la saludo y de inmediato se subió a éste, sin antes dedicarle una última mirada a Asami.

El helicóptero ascendió, y Asami observó con tranquilidad como este iba subiendo cada vez más, alejándose de ella, distanciándose de aquella intrigante y sonriente mujer que hace solo unos días había tenido la suerte de conocer, y que ahora se iba, llevándose el mundo con ella, llevándosela, sin entender aún por qué de repente se sentía tan vacía.

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Horas después Korra y su equipo se encontraban sobre un avión de combate, esperando pacientemente, aunque sus corazones estaban agitados, temerosos de la misión.

- Hemos llegado, estamos sobre la zona de combate – escucharon por el parlante hablar al piloto.

Korra abrió los ojos, observando a sus soldados. Giró su cabeza hacia la derecha, donde se encontraba Mako.

- ¿Por cuánto tiempo hemos volado? – le preguntó

- Por cerca de 7 horas – le respondió como si se tratase de una sentencia de muerte

- Entonces el destino es…

- Así es

- Muy bien – dijo Korra, sacándose su collar con las placas, de inmediato todos la imitaron, juntándolas para pasárselas. Hubo un par de soldados que viajaban con ellos que no entendieron la situación.

- No entiendo ¿por qué nos estamos quitando nuestras placas de identificación?

- Si morimos durante la operación, no deben saber quiénes somos – respondió Bolin, alargando su mano hacia ellos, para que les pasaran las placas.

El sonido de la sirena abriendo la compuerta del avión comenzó a sonar. Una luz roja llenó el hangar, parpadeando apocalípticamente, aportando más drama a la escena. Los soldados se agrupaban junto a la apertura, observando la oscura noche bajo ellos y las luces de bombas iluminando constantemente abajo, en la tierra.

- ¿Dónde estamos? – preguntó con timidez el soldado desorientado

Todos se volvieron hacia él. Nadie quería responderle, nadie quería dejar salir de sus labios aquel nombre maldecido por tantas tragedias a lo largo de su vida. Aquella ciudad de guerra. Korra lo observó condescendiente, era normal que él no supiera nada, era su primera vez, y había sido maldito de inmediato con aquella misión.

- Ba Sing Se.

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~o~


N. de la A.:

Causó furor Asami, hahaha.

Me cuesta un poco moverme entre tantas escenas, espero no marear con tantas líneas horizontales que utilizo, pero es para separar los ambientes. Más adelante todo convergirá en un solo lugar, así que estos saltos espaciales son solo temporales.

Cuando las cosas se compliquen contestaré comentarios, por el momento creo que todo está lo suficientemente claro. Aun así, gracias por sus comentarios. Siempre será interesante conocer su punto de vista, eso guía el énfasis que le doy a la trama.

Nos vemos~