CAPÍTULO II. "Palabras silenciosas".
Apenas eran las once de la mañana cuando el doctor llegó a revisarlo por última vez, darle recomendaciones y avisarle que podía salir de la clínica. Lo único que tenía mal eran aquellas quemaduras molestas que le impedían mover el hombro o realizar fuerza con su brazo derecho, lo cual para él suponía no poder hacer nada, teniendo en cuenta que era diestro.
Natsu aprovechó el baño del hospital para darse una ducha y cambiarse a la ropa que Erza le había dejado en el sofá. A pesar de olor puro, seguía sintiéndose sucio, como si las cenizas no fueran a irse nunca.
Soltó un suspiro y se inclinó frente al espejo.
—Vaya mierda.
Jude Heartfilia estaba muerto, y había sido su misión rescatarlo. Claramente no lo había logrado, y ahora solo quedaba su hija muda para entender todo el desastre del incendio.
En el fondo, oyó las palabras de la reportera que hablaba por televisión.
«¿Qué habrá pasado con Jude Heartfilia? En los sucesos ocurridos esta noche, el gran magnate fue encontrado muerto entre los escombros de su casa. Medicina legal aún no ha hecho ningún anuncio sobre su muerte, pero se rumora que pudo haber sido un asesinato. Ahora su única hija, Lucy Heartfilia, deberá tomar las riendas del negocio y hacer declaraciones en cuánto a lo pasado, pero se encuentra internada en el hospital con graves quemaduras y problemas psicológicos que…»
Natsu apagó el televisor y tiró el control remoto a la cama con desprecio.
Todo era su culpa.
No había podido salvar a Jude, y Lucy había terminado herida.
Lo que aún no entendía era supuesto problema psicológico suyo.
—¡Natsu! —El grito lo despertó de sus pensamientos, pero lo fue lo suficientemente rápido para evitar el abrazo de Lisanna—. ¡Que bueno que estés bien!
Soltó un alarido de dolor por la estampida, pero le devolvió el abrazo como pudo.
—¿Qué haces acá? —le preguntó.
Lisanna se separó pero no se alejó mucho.
—Estoy en mis prácticas con Mira, ¿recuerdas? La tengo que acompañar a todas sus consultas —explicó, aunque Natsu ya sabía. Lisanna era la hermana menor de la psicóloga que estaba encargada de los afectados por incendios, y ya que ella también había decidido irse por esa carrera, había conseguido que le dieran permiso para tomar aquello como prácticas, por lo que siempre se le veían juntas. A donde fuese Mira, ahí también estaba Lisanna con su actitud alegre y una libreta donde anotaba todo.
Natsu asintió.
—¿Y a qué vinieron acá al hospital?
—Mira está teniendo una sesión con Lucy —respondió, haciendo que él se interesara aún más—. No habla con nadie, pero necesitamos saber lo que recuerda del incendio.
—Por el posible asesinato.
—Exacto.
—Llévame a donde Lucy —soltó Natsu de repente, sorprendiendo a Lisanna.
Ella retrocedió y soltó un suspiro.
—No creo que ayudes en nada. La puedes devolver al trauma.
—O tal vez no.
—Natsu.
—Por favor.
Lisanna negó con la cabeza con rendición, y Natsu supo que lo había logrado.
—Bien —accedió—. Espero no arrepentirme.
.
Durante el camino, Lisanna le contó un poco sobre la historia de los Heartfilia.
—Todo el mundo los conoce en Fiore —empezó ella, y Natsu asintió. Incluso él, al cual no le interesaba en nada el mundo de los magnates, había escuchado aquel apellido aunque sea una vez—. Son dueños de muchas empresas, pero son más conocidos por los ferrecarriles. Y también por haber ganado las elecciones una vez acá en Magnolia con el porcentaje más alto visto. Desde eso sus ingreso se duplicaron cada año.
—No entiendo a que viene todo eso —dijo Natsu.
—Durante el período de su candidatura, Layla Heartfilia fue asesinada —continuó Lisanna, sin prestarle atención—. Se corrieron los rumores de que los Heartfilia estaban en algún problema con mafias o dinero sucio de ese estilo. Eso fue hace diesiocho años, pero nunca dejaron de sospechar sobre eso. Nadie sabe cual fue el problema.
—Por eso creen que pudo ser un asesinato también.
—Así es.
—¿Y Lucy cómo está relacionada?
Lisanna negó con la cabeza.
—No lo está… por además de tener el apellido, claro. Eso ocurrió cuando ella tenía cinco años.
Natsu se rascó la barbilla y miró al techo.
—¿Cómo sabes todo eso? Eras una bebé en ese tiempo también.
—Elfman me lo contó todo. Él estaba en sus prácticas con la policía cuando sucedió, y su jefe fue encargado de la escena del crimen.
Ventajas de tener un hermano policía, pensó Natsu. Elfman era el policía más correcto y alegre que alguna vez en su vida hubiese conocido, y siempre era agradable cuando él era asignado a los casos de los incendios, ya que los hacía reír a todos. También era parte de la familia que conformaban en el cuartel, a pesar de no ser bombero sino policía. A veces incluso parecía pertenecer más a aquel lugar por todos los almuerzos en los que él aparecía para disfrutar con sus dos hermanas.
Así que si Elfman lo decía, no tenía motivos para dudas cualquier cosa.
—Pareces más una investigadora que una psicóloga —comentó Natsu.
Lisanna soltó una risita suave.
—A veces son lo mismo —dijo ella—. Si quieres conocer y comprender a una persona, primero debes saber que ha vivido.
Natsu se mantuvo callado ante aquel comentario. Si era así… nadie nunca de verdad lo conocería.
Pararon frente a la zona de cuidados intensivos, lo cual lo desconcertó. Si recordaba correctamente, Erza le había dicho que ella se encontraba ahí, pero no había logrado procesar en ese momento lo que significaba. Le habían dicho que Lucy estaba bien, lo suficiente para no morir ni tener su vida en peligro alguno, así que ¿por qué estaba en aquella zona tan apartada y lúgubre? A medida que pasaban por el pasillo, Natsu podía ver por las ventanas a las personas pálidas por falta de sol, con las ojeras sobresaliendo en sus rostros y expresiones más muertas que vivas. Eran muertos vivientes, que giraban sus rostros al escuchar pasos para suplicar con palabras silenciosas que los liberaran de su sufrimiento.
Pero todo se aclaró cuando logró ver a Lucy, el por qué ella también estaba ahí.
Sus ojos le gritaban en silencio.
«Mátame, mátame, mátame».
A Natsu se le encogió el corazón al verla.
Le habían cortado su largo cabello dorado irregularmente hasta la mitad de la espalda, tenían los labios cuarteados y sus ojos se veían tristes, muertos. La jovialidad de la joven que encontró en el fuego no se reflejaba en ella.
Los breves segundos de encuentro fueron sufiente para saber que algo estaba mal. Y luego Mira se giró y les sonrió.
—¡Lisanna, Natsu! —exclamó.
Dejándo de lado a Lucy durante unos segundos, los abrazó a ambos al mismo tiempo. Natsu casi dejó de respirar por la fuerza. Al menos no le estaba apretando el brazo lastimado, porque o sino se hubiera puesto a llorar.
—Que bueno que estés bien, Natsu —dijo Mira al soltarlo.
Él asintió, sin saber que decir.
—Natsu dijo que quería ver a Lucy, así que lo traje acá —explicó Lisanna a su hermana.
La rubia alzó la vista y la clavó en Natsu.
Sus gritos silenciosos lo desesperaron.
—Tal vez no sea la mejor idea.
—Lo sé —concordó Lisanna—, pero también puede ser una buena idea. No tenemos nada que perder. Igual ella no está respondiendo a nada.
—Es una manera de verlo…
Mirajane se volteó de regreso a Lucy, y esta inclinó la cabeza hacia abajo. Por un momento, creyó que se estaba quedando dormida. Pero su ritmo respiratorio era irregular, no como el pausado de un dormido.
—Lucy, ¿reconoces a Natsu? Él te salvó del incendio —dijo Mira, retomando su tono de psicóloga.
Natsu se acercó a la camilla. Hacía mucho frío, y no había sol. El cuarto era cerrado, con unas pequeñas ventanas cerradas y con cortinas en la parte superior de la pared que dejaban pasar muy poca luz. El olor a alcohol y limpieza casi lo embriagaba.
Luego de unos segundos, Lucy asintió.
Subió la mirada, y sus ojos chocolates volvieron a posarse sobre Natsu, el cual sintió escalofríos.
—¿Quieres hablar con él sobre el incendio? —siguió preguntando Mira.
No hubo respuesta.
Pasaron unos momentos de silencio total, en el cual nadie se movió ni habló. Finalmente, Mira soltó un suspiro y se recostó en el espaldar del asiento.
—Necesito un café.
—¡Yo te lo traigo! —exclamó Lisanna.
—Vamos juntas —terminó diciendo Mira, levantandose de su asiento.
Al pasar por el lado de Natsu, tomó su brazo no malo y le sonrió.
—Trata de hablar con ella. Hazla sentir segura.
Él asintió, incluso si no sabía como debía de hacer eso. Nunca había sido el que tranquilizaba a las personas; por lo general, hacía lo contrario. Traía destrucción y pánico. Él no era el más adecuado para tratar con una paciente traumada mentalmente.
Tomó el puesto de Mira en silencio, sin compartir mirada con Lucy.
«Mátame, mátame, mátame».
Entendía a Lucy. Después de todo, él había pasado por lo mismo, muchísimos años atrás. Sin embargo, lo que recordaba de toda esa experiencia no le servía para tratar de hablar con ella, pues todo lo que recordaba era lo mucho que ansiaba estar solo, en un mundo blanco y negro en donde nadie puede molestarlo.
O matarlo.
Intercambió su lugar con Lucy. Se sintió de nuevo de aquel lado del cuarto, postrado sobre la cama del hospital y sin saber que hacer.
Las palabras silenciosas que quería que los demás escucharan.
—Natsu.
Definitivamente se había vuelto loco, porque aquella voz dulce y tranquila (aunque un tanto carrasposa) era idéntica a la zagás que encontró en el fuego.
Estaba mirando el suelo, con las manos sosteniendo su cabeza. Se negaba a mirar al mundo.
—Natsu. —Esta vez, lo voz había sonado más potente e impaciente. Se obligó a subir la cabeza y mirarla, a pesar de estar casi seguro de que había sido su imaginación. Pero no lo había sido.
Lucy estaba sentada en la cama, con las manos sobre sus piernas, y mirándolo fijamente. A pesar de tener el mismo aspecto que cinco minutos atrás, cuando él había llegado, había algo distinto en ella. Había seguridad. Sus ojos no eran tímidos ni tristes, sino que estaban llenos de un fuego que Natsu no podía describir.
—¿Hablaste? —soltó Natsu con incredulidad.
Ella rodó los ojos.
—Claro que no, genio.
—Vaya sarcasmo.
—Pero si haces esas preguntas tan idiotas, ¿cómo esperas que te responda?
—¿Acaso a dónde fue la inseguridad de hace poco? —cuestionó Natsu.
Lucy hizo una mueca y retorció los dedos.
—Es complicado de explicar.
—Puedes intentar.
De nuevo, el silencio se instaló en la habitación.
Natsu miró al techo otra vez. Blanco. La gran cantidad de blanco el los hospitales lo mareaba.
—Tú regresaste.
Las palabras de Lucy sirvieron más para confundirlo que como explicación. La miró con cofusión, pero ella estaba concentrada en sus manos.
—¿A qué te refieres? —cuestionó.
—En el incendio, cuando te fuiste —empezó ella—, prometiste que regresarías. Yo no lo creí, así que me preparé para morir ahí y luego… —Lucy negó con la cabeza, agitando su cabello al tiempo que pausaba—. Cuando más creí que moriría, tú regresaste y me sacaste del incendio para cumplir la promesa.
Natsu escuchó en silencio, sin saber que decir.
¿Eso quería decir que confiaba en él?
—¿Por qué…? —Natsu no sabía si podía preguntar más de lo que ella le había dicho, así que vaciló. Pero luego de tomar confianza, siguió—: ¿Por qué no hablas con nadie más?
—Ya te lo dije.
—Eso no me explicó nada.
—Tú cumpliste tu promesa.
—Eso ya lo dijiste.
—¿Entonces qué no entiendes?
Natsu se revolvió el cabello con frustración. Era como si ella hablase en código; como queriendo que él decifrara sus palabras al no querer decirle directamente. Si no lo entendía, no era merecedor.
—Siempre hablas en código —se quejó Natsu.
Para su sorpresa, Lucy solo rió. No era el tipo de risilla que Lisanna solía soltar, ni una carcajada llena de felicidad. En realidad, no tenía ni idea de que emoción traía aquel sonido.
—Te tendrás que acostumbrar.
Natsu alzó la cabeza y la miró con los ojos entrecerrados.
—¿Qué quieres decir?
La expresión de la rubia cambió enseguida. Pasó a ser seria, misteriosa. Ocultaba algo detrás de esas frases incompletas y actitud sarcástica.
—Ayúdame, Natsu —dijo Lucy—. Necesito resolver esto.
—¿Resolver qué?
—Luego lo descubrirás.
—¿Cuándo es "luego"?
Lucy soltó un suspiro, aparentemente frustrada por todas las preguntas que él hacía. Pero, ¿qué culpa tenía? Si no entendía, pues preguntaba. Era simple, por más que a Lucy la enervara.
—Lo diré de otra manera —soltó ella, después de unos segundos más—. Quédate a mi lado, protégeme. Eres un bombero, pero sé que tienes las habilidades para protegerme, y confío en ti. Yo necesito a alguien a mi lado para poder avanzar, y tú podrás tener una recompenza después.
«Ah», pensó Natsu. Nada más le venía a la mente, pero al fin estaba empezando a entender todo lo que Lucy trataba de decir a base de códigos y frases incompletas. La miró fijamente, notando en ella de nuevo a la misma persona que encontró en el fuego aquella misma noche, solo unas horas antes. Llena de desición e inteligencia. ¿Qué podía perder él si accedía a sus extrañas peticiones? De igual manera, no tenía nada que hacer durante un largo rato por sus heridas.
—Tengo un mes, o tal vez un poco más —accedió Natsu al fin.
Lucy asintió.
—Eso es suficiente, espero —dijo—. Entonces, ¿es un trato?
No hubo tiempo para responder, ni para tomar la mano que Lucy le había extendido, debido a la repentina entrada de Mirajane y Lisanna, las cuales eran tan silenciosas como un fantasma. Ambos se sorprendieron, haciéndolos dar un pequeño salto en sus puestos y ponerse rígidos al instante.
Mira los miró con ojos interrogatorios.
—¿Qué pasó acá? —preguntó.
Natsu giró hacia atrás para ver a las hermanas con actitud desconfiada y sosteniendo un vaso de café cada una.
—Nada —respondió nervioso.
Casi pudo preveer que Lucy rodaría los ojos por su obviedad. Pero cuando volteó a verla de nuevo, todo rastro de la persona de minutos antes había desaparecido, como si aquella personalidad se hubiese escondido en un rincón de su mismo cuerpo, dejándo nada a la vista.
Mira no cuestionó nada más y solo lo dejó pasar por el cansancio. Caminaba a paso letargado.
—La prensa está reunida en la entrada principal, así que podemos salir por la entrada trasera y así sacarte de acá —dijo Mira, caminando por la habitación—. Vives en un apartamento, ¿no? Dinos a donde llevarte.
No hubo respuesta de Lucy, así que Mira solo suspiró.
—Se te asignará una enfermera para tus cuidados —siguió diciendo—, pero no podemos hacer nada si no hablas. Eres la única representante de los condominios ahora, Señorita Heartfilia. Si no nos dije su dirección y habla con nosotros para el contrato con la enfermera, no podremos hacer nada. Ni siquiera sabemos a dónde llevarla.
Después de sus palabras, solo hiso silencio de nuevo. Lucy estaba completamente ensimismada, como si ni siquiera estuviera en este mundo.
Sin embargo, Natsu pudo sentir sus gritos silenciosos.
No quería que supieran donde vivía, ni tampoco tenía las fuerzas para actúar como si no le importase que su padre había muerto y que todo el peso de los condomios quedaba sobre ella.
O más bien, eso es lo que él sentiría.
—Llevémosla a mi casa —soltó Natsu de repente, sin siquiera él mismo darse cuenta de lo que había dicho.
Las tres mujeres en el cuarto lo miraron con sorpresa, incluída Lucy. Al menos eso era bueno: había reaccionado ante algo mientras estaba en su cascarón.
Mira fue la primera en reaccionar.
—¿Qué?
Fue el mismo Natsu el último en entender que era él el que lo había dicho. Y, nuevamente, solo por instinto, haló a Mira fuera del cuarto mientras Lisanna se quedaba con expresión confundida.
—Ella me habló —habló rápidamente Natsu—. ¡Solo me habla a mi! Y sé que no responderá a nada de lo que le digas, así que mejor llevémosla a mi casa. Ella estará incómoda con cualquier otra persona.
Mira se quedó en silencio, mirándolo fijamente. Aquella mirada azul tan penetrante lo ponía nervioso; por eso siempre le había tenido miedo (además de a Erza, claro). Sentía como si estuviera mirando en su interior y tratando de desvelar todo secreto que ocultaba.
—¿Qué te dijo?
—Nada en especial —respondió él—. Que tiene confianza.
Al menos no era lo suficientemente idiota como para saber que no debía decirle todo a alguien más.
—¿Así que quieres tú encargarte de ella?
—Así es.
—Es una locura, Natsu —dijo Mira con su tono suave y dulce, como si se estuviera lamentando.
—Pero puedo hacerlo —insistió—. Ella no tiene a dónde ir, ni nadie en quien confiar. Tú eres la psicóloga. Deberías saber que no se va a recuperar si le pones a alguien desconocido a su lado por obligación.
Fueron solo unos segundos de meditación, pero fueron los más largos y tortuosos de su vida.
—Bien.
Natsu sonrió y se abalanzó sobre Mira.
—¡Gracias Mira!
—Aunque no entiendo tu emoción…
—Nah, no la tienes que entender.
Natsu no sabía en que problemas se había metido.
Sé que están un tanto OOC, pero denle tiempo al tiempo. Más adelante cambiarán las personalidades y el OOC dejará de existir.
¡Gracias por la paciencia!
