Hola, aqui traigo un nuevo capítulo pero antes me gustaría agradecer a Shadechu Nigthray, a Magua y a Chunny por leer el prólogo y comentar. Bueno, sin más demora aquí esta el primer capítulo de esta gran historia.
Capítulo 01
Una misión, un chico misterioso y una linda chica
Era un día hermoso en la región cercana a Kanto, conocida como la región Johto. El sol brillaba con un gran resplandor y hacía que tanto el pueblo New bark como sus alrededores se vieran muy hermosos. En el interior de una pequeña casa, de paredes blanquesinas, tejado rojizo y algunas cristalinas ventanas, junto a una puerta de madera, ubicada al norte del pueblo, en su respectiva habitación… un chico de 12 años, cabellos negros algo alborotados, tez morena, cuyo nombre era "Habieru Nagatsuka", dormía profundamente en su cama de sábanas blancas. Estaba a punto de despertar y sin saber que en ese mismo día comenzaría su aventura Pokémon, casualmente a la hora de 9:00 AM, el despertador con forma de Pidgeot que yacía en la mesita de noche a la derecha de la cama sonó y despertó al joven.
Habieru abrió lentamente sus ojos, revelando que eran de color marrón sentándose en la cama y apagando la alarma del "Pidgeot-tador". Soltando un bostezo comienza a estirarse los brazos, para desperezarse. —Uaaaaaa… Que bien dormí…
El joven se quedo observando los alrededores de su habitación de paredes verdosas, las cuales eran adornadas por algunos poster de su equipo de baloncesto favorito: "los Gyarados dorados". Giro su vista hacia la cristalina ventana, que estaba abierta y donde se colaban los rayos del sol, dándole un luminoso aspecto al lugar, luego se fija en la hora de su "pidgeot-tador".
—Creo que pasearé por el pueblo—. Decidió sonriendo tranquilamente.
Dicho esto se levanto de su cama, dirigiéndose con algo de pereza al baño, una vez allí se para frente al lavabo, lavándose las manos y la cara con su fría agua de este (logrando por fin despertarse totalmente), luego se cepilla los dientes con su cepillo dental azulado, (rematando a las caries con el aliado del cepillo de dientes: el hilo dental), luego secándose con una toalla que reposaba en el toallero. Al salir del baño se dirige a su armario, tras abrirlo se viste con las ropas que saco de allí: una camiseta negra y de manga corta, debajo de una chaqueta azul oscuro y que poseía capucha, junto con pantalón largo de color beige. Tras buscar en la zona inferior del armario, saco unas deportivas negras, con líneas blancas y una línea azulada que pasaba por los lados de manera ondular.
Acto seguido salió de su cuarto, bajando por las escaleras de dos en dos escalones, llegando a la pequeña sala de paredes amarillo crema, suelo de madera y no exageradamente grande ni pequeña, que se encontraba unida a la cocina por la zona este. En la zona central del lugar se hallaba una mesita/comedor, con 2 platos de porcelana blanca ya puestos, con el desayuno de waffles con miel y jalea sobre estos, así como unos cubiertos de plata y vasitos de cristal transparente, con jugo de naranja servidos en su interior. Sentada en el sofá de la zona oeste, sentada sobre el sofá verde manzana, se encontraba viendo las últimas noticias en la televisión frente a ella una mujer de largo cabello castaño, adornado con una pañoleta rojiza y ojos verdosos. Iba vestida con un vestido simple de color amarillo y detalles lilas, junto a un delantal blanco y sandalias cafés. Cuyo nombre era "Hana Nagatsuka". Esta se giro y le sonrió al joven Habieru al verlo.
—¡Ah, Habieru! ¡Madrugaste, hijo! Aunque eso no me sorprende, ya que hoy "es un día muy especial"…—. río muy divertida al final.
—¡Buenos días, mamá! —. saludó alegremente el chico, algo extrañado por lo último que dijo su madre, pero alzándose de hombros se sentó en la mesita/comedor y comenzó a comer el apetitoso manjar de waffles que allí había. — "Ñam-ñam" ¡Ghow, guagua! Egue ghesabuno gue qhedo ghuegduguendo! (¡Whow, mamá! Este desayuno te quedo estupendo!)—. Alagó con la boca llena.
—Jeje, que bueno que te gustara, hijo. Pero no hables con la boca llena ó puedes atragantarte… —. Al ver que el joven asentía en respuesta, añadió—. Y debo decirte que el profesor Elm toco a la puerta en la mañana. Me dijo que necesita hablar contigo, acerca de algo muy importante. Así que cuando acabes de desayunar, (y de lavarte las manos, claro) ve a su laboratorio, no te costara llegar ya que está prácticamente unos pocos metros junto a nuestra casa.
Habieru se mete a la boca el último waffle y tras masticar y tragar responde. —Muy bien, mamá. Si es algo tan importante iré… Pero, antes… dejame ayudarte con esto… —. Habieru llevo los platos, vaso y cubiertos a la vajilla llena de agua cristalina. Lo friega todo con la esponja que allí había, llena de espuma y al acabar de lavar todo lo coloca en sus respectivos puestos.
Una vez ayudado a su madre con la limpieza de los platos, sube a veloz a su cuarto, donde (por acuerdo de su madre) volvió a lavarse las manos y los dientes. Al acabar baja por segunda vez a la sala y allí se despide de su madre, ambos dándose un dulce besito en las mejillas de ambos; tras esto Esperanza se dispuso (sin entrar en detalles para no alargar demasiado el asunto) a seguir con las tareas que una madre y dueña de casa suele hacer. Habieru por su parte, tras abrir la puerta principal de su casa y salir, no pudo evitar el sonreír al sentir una traviesa y refrescante brisa en plena cara suya, aunque la verdad ya estaba acostumbrado a ese hecho cada vez que salía a pasear por los alrededores del pueblo, sabía plenamente que nunca iba a cansarse de ello.
Tal y como dijo su madre, el laboratorio del prof. Elm estaba prácticamente al lado izquierdo de su hogar, por lo que no tardo mucho en verlo y comenzar a acercarse caminando tranquilamente sobre el pasto del pueblo, (que se movía constantemente por el famoso "viento del norte" que allí soplaba; al igual que el viento movía los 3 largos molinetes de viento de blanco color y grandes setas), mientras silbaba su canción favorita. A medida que se acercaba, apreciaba que sus conocidos y amigables vecinos, (el pueblo New Bark era tan pequeño que todos se conocían) hacían sus labores comunes en la mañana. Finalmente Habieru se detiene unos pocos metros en frente del laboratorio del pueblo: un edificio algo más grande que los otros del pueblo, de paredes de colores blanco más brillante y con cierto aspecto metálico, con las tejas del techo igual blanqui-plateadas, así como una puerta principal de color beige y unas cuantas ventanas cristalinas. Habieru se acercó y toco a la puerta 3 veces. Pocos segundos después un hombre de bata blanca, cabello azulado, ojos oscuros, que llevaba lentes le abrió la puerta.
—¡Hola, Mark! ¿Cómo va todo? —. Saludó amablemente el chico al hombre que lo recibió.
—¡Ah, Habieru, aquí estás! Todo está bien, ya sabes… investigando, comiendo… buscando novia… ¡esto! Ignora lo último, jejejejeje… —. Se reió nerviosamente el asistente del prof. Elm, mientras le daba paso para que entrara— el profesor Elm te ha estado esperando, esta al fondo del laboratorio.
Al entrar al laboratorio, se pudo apreciar que su interior era distinto de las demás casas de sus vecinos: Las paredes y el suelo eran de una especie de cerámica plateada, cuyas paredes eran adornadas por varios estantes de ciencias como del proceso evolutivo Pokémon; bayas silvestres, etc. Algunas bibliotecas/estanterías llenas de libros de los mismos temas, aunque predominaban los de "Crianza Pokémon", estaban en algunas esquinas. Y el techo era igual blanco, con algunas lámparas alargadas alumbrando todo. Tras caminar por el pasillo, charlando junto a Mark, el asistente del profesor, Habieru llego al final del lugar. Se encontró con un señor algo más joven que su madre, iba vestido con una camisa agua-marina, que tenía una raya cruzada y era ligeramente cubierta por su bata blanca de laboratorio. Llevaba unos pantalones largos de color café y, por alguna extraña razón, llevaba pantuflas blancas, (esto podría deberse al hecho de que era un hombre muy centrado en su trabajo y a veces pasaba por alto detalles como esos). Este estaba sentado en una silla negra, de esas que eran giratorias, en frente de una mesa beige, aparentemente observando su correo electrónico en una computadora de color negro.
—Hola, profesor. ¿Cómo le va? ¿Quería decirme algo importante? —. Saludo el chico al señor, tras acercarse junto a Mark.
—¡Oh, sí, Habieru! Todo está normal, estaba investigando sobre unas especies de Pokémon, así como ayudando a Mark a encontrar una linda chica en uno de esos sitios de citas por internet y…—. Pero antes de terminar, al ver que el profesor iba a revelar su secretito amoroso, Mark le hizo señas para que cambiara de tema, justo detrás de Habieru.
—¡e… esto! Estaba… realizando investigaciones importantes, cuando de pronto me llegó un e-mail del Sr. Pokémon. Al parecer quiere mostrarme algo de suma importancia, y que me dirigiera a su casa. Pero el problema es…
—Que ni el profesor, ni yo podemos ir personalmente a ver de que se trata, ya estamos demasiado ocupados aquí… Así que… ¿podrías ir tú en nuestro lugar y traer lo que necesita enseñarle al profesor?—. Dijo Mark, terminando la oración del profesor Elm.
Habieru abrió mucho su boca de par en par, con su mandíbula inferior cayendo totalmente — ¿¡Quéeeeeeeee!? ¿Por qué yo? —Preguntó mientras lloraba grandes lágrimas, que eran similares a las cataratas Tohjo de la misma región.
—Es que ni Mark ni yo tenemos a nadie más a quien confiarle algo de tal importancia… —. Argumentó el profesor intentando convencer al chico.
—Sabemos muy bien que tú adoras a los Pokémon, desde que eras muy pequeño, así como que quieres viajar por la región Johto, ¿ó no?
Al escuchar eso Habieru dejó de llorar las catara… esto… lágrimas enormes y asiente. —No, tienen razón… siempre quise viajar por mi región natal, así como mi padre hizo. Claro que por diversas razones, no pude iniciar mi viaje a los 10 años, como los demás niños de New Bark…
—Y justamente por eso… te daré un Pokémon para que te acompañe en tu misión, tu viaje y tu aventura por todo Johto. Sera una gran experiencia para ti como para el Pokémon, así podrán explorar, viajar y formar un buen lazo de amistad, para lograr todos sus objetivos y…
En ese momento Mark tosió un poco, dándole a saber al profesor que estaba alargando mucho su "discurso", por lo que fue al grano—. "cof… cof"… bueno, entonces elige uno de estos tres Pokémon iniciales que hay aquí…—. Dijo señalando a la esquina derecha del lugar, donde se encontraban 3 pequeños Pokémon comiendo alimento en sus respectivos platos, que decían "Chikorita", "Cyndaquil" y "Totodile".
El Pokémon que comía en el plato de Chikorita tenía la forma de una criaturita de color crema y cuadrúpeda, con unas especies de pequeñas semillas verdes cruzando su cuello, formando un collar. Poseía una pequeña colita, una hoja verdosa en su cabeza y ojos rojos, con 3 grandes pestañas, así como una alegre sonrisa mientras devoraba su alimento. En el plato de "Totodile" comía un Pokémon con la apariencia de un pequeño cocodrilo azulado, con 3 crestas rojas en su cabeza, lomo y cola. Una franja amarilla en su pecho, hocico largo y ojos animados. Y finalmente en el plato donde decía "Cyndaquil", comía un pequeño Pokémon con la apariencia que recordaba a un equidna. Poseía un pelaje de color verde azulado en la parte superior de su cuerpo, junto a 6 círculos rojizos, mientras que en la inferior era amarillento. Sus ojos estaban cerrados, a un chistoso estilo "asiático".
—Mmmmmm… —. El moreno se cruzo de brazos, mirando a los 3 seres mientras comían, al parecer muy indeciso—. … es una difícil decisión… ¿eh? —. En ese momento se sorprendió, ya que el Chikorita, al acabar su plato se acerco a él, comenzando a frotar su cabeza cariñosamente en sus piernas, mientras le sonreía. El chico le devolvió el gesto a la criaturita y dictó—. Jeje, este se ve que es muy cariñoso, me quedo con él…
—«¡Chiko-chiko-chiko!» —. Replicó ofendido… ó mejor dicho: ofendida la Pokémon inicial de tipo hierba, mientras miraba al chico haciendo un chistoso puchero.
—¿eh? Entonces… —. Al mirar a ambos hombres, y que estos asintieran con unas divertidas sonrisas, se puso de cuclillas frente a Chikorita—. Esto… disculpa, pequeña. No quise ofenderte, fue una confusión de género, ya que soy un novato en esto de los Pokémon, ¿me disculpas?
Al parecer la Chikorita, que por obvias razones anteriores era hembra, tras pensar un rato le sonríe, moviendo su pequeña colita y le lame la mejilla con su lengüita.
—Jejejeje. Bien, ya se están conociendo mejor… ¡eso es buena señal! —. Dijo Mark sonriéndoles a ambos.
—Y Habieru… si quieres puedes mantener a tu Chikorita fuera de su Pokébola. Creo que será una buena experiencia para ambos el que estén viajando uno al lado del otro, puede que influya en su crecimiento y esas cosas… —. Sugirió el profesor mientras sonreía.
—¡De acuerdo! Bueno, profesor… Mark… con su permiso… me iré a la casa del Señor Pokémon. ¡"Vamos, que nos vamos", Chikorita! —. Exclamo Habieru muy vivaz, mientras se daba media vuelta e intentaba marcharse del laboratorio con paso decidido, seguido de su amiga de hierba.
Pero en ese preciso instante ambos investigadores lo ven alejarse con sus cejas arqueadas y le preguntan —¡Ey, espera! ¿Sabes por lo menos donde queda la casa del Sr. Pokémon? ¿Cierto?
Habieru al escuchar ese cuestionario, se detuvo repentinamente, justo frente a la puerta del laboratorio, duro exactamente 5 segundos así y finalmente añadió con una gotita de sudor resbalando por su nuca.
— Am….… la verdad es que… no lo sé, jejejeje… —rió nerviosamente, rascando su nuca con una mano.
—«Uy, que tonto… pero es lindo…» —susurró la pequeña Chikorita viéndolo con una gotita de sudor resbalando por su cabeza.
El profesor miró al chico con una gotita de sudor resbalando por su nuca, al igual que Mark. —Es muy fácil llegar, solo debes dirigirte hacia Ciudad Cherrygrove y tomar luego todo el camino recto por la Ruta 30.
—¡Oh, sí! Antes de que te vayas, mejor ten estas pociones, por si algo pasa en el camino… —Y dicho eso Mark se acercó a un estante, lo abría y sacaba de este 5 pequeños frasquitos transparentes, que tenían forma de spray, con un líquido azulado en su interior—. Esto restaurara la salud de Chikorita, en caso de que tengan dificultades en algún combate con un Pokémon salvaje.
—¡Muy bien! Gracias, Mark… —agradecíó Habieru mientras tomaba las cinco pociones y las guardaba en sus bolsillos, cuando de pronto sintió una extraña sensación—. ¿eh…?
Al alzar lentamente su vista hacia una de las ventanas más altas del laboratorio… nuestro joven amigo noto la presencia de un misterioso chico de cabello algo largo y rojo, al igual que sus ojos y tez algo pálida, cuyos ropajes eran de colores algo oscuros y levemente tétricos, así como botas oscuras y un cinturón morado oscuro, cuya hebilla tenía una forma que recordaba a un murciélago de 4 alas. Este estaba levemente asomado en una de las ventanas más desapercibidas de todo el laboratorio, con un semblante algo serio.
¡Eeeeeeeh! ¡Miren, allí! —exclamó el azabache señalando hacia la ventana con mirada alarmada.
Pero un segundo antes de que el prof. Elm ó Mark se giraran, el misterioso chico se apartó de la ventana a sorprendente velocidad, no sin antes mirar con rabia a Habieru. Pero al girarse y no ver nada, tanto Elm como Mark le dijeron que quizás había visto una sombra, por lo que Habieru tras mirar fijamente la ventana se alzó de hombros.
— … puede que tengan razón… en fin… Ahora sí, vámonos, amiga—. Exclamó emocionado el chico mientras miraba a su compañera.
—«¡A darle!» -exclamo la pokémon de hierba, igual de emocionada que su nuevo entrenador, pensando en poder salir y ver el mundo fuera del laboratorio.
Pero antes deberías avisarle a tu madre, sobre el hecho de que saldrás de casa. Envíale nuestros saludos. Exclamaron ambos investigadores al unísono.
—Claro, eso haré… -asintió mientras que junto a su Chikorita salía del laboratorio por la puerta beige.
Al salir Chikorita no pudo dar unos saltos encima del césped del pueblo New Bark, emocionada de poder sentir una superficie que no fuera la del laboratorio, al igual que sentía la agradable sensación de que el viento soplaba en su rostro. Habieru miro a su amiga sonriendo dulcemente, así como veía divertida como la hojita sobre la cabecita de ella ondeaba como una bandera verdosa junto al viento. Entrenador y Pokémon se dirigen a la residencia Nagatsuka y entran, encontrándose con la madre del primero parada frente a la mesita/comedor del lugar, ordenando unos objetos en una mochila.
—¡Hola, mamá! Ya volví, déjame presentarte a alguien… —. En eso Habieru cargo en brazos a su Chikorita y se acerco a su madre —. Chikorita, ella es mi madre: Hana Nagatsuka… Mamá, ella es Chikorita, mi nueva compañera Pokémon.
—«Mucho gusto, señora» –decía de forma educada la Pokémon de hierba, saludando a Hana, esta acarició la cabecita de ella, haciéndole soltar ruiditos placenteros.
—«Que bien… masaje gratis…»
—Hola, pequeña. Es un placer conocerte… -saludó amablemente Hana mientras acariciaba a Chikorita y luego se giro a su hijo.
—Escucha, no tienes que hablar más. El prof. Elm ya me explico todo durante nuestra conversación en la mañana. Tienes todo mi apoyo, espero que tu viaje este lleno de experiencias buenas y emocionantes… aquí tienes tu mochila… —. Tras entregarle una mochila de colores plateados, junto a algunas franjas amarillas y onduladas, Habieru aprovechó de guardar las pociones que le dieron antes.
—Mientras dormías aproveche de prepararla para ti, metiendo algunos de tus ahorros, comida para el camino y esas cosas… ¡Oh, sí! ¿Recuerdas que me pediste comprarte un Pokégear hace unos días…?
Hana le entrego una especie de aparato electrónico, que recordaba a un celular, solo que con más detalles. Era de un predominante color azul oscuro, junto a unos detalles blancos y negros. Así como una zona dónde se podía sujetar. Habieru al cogerlo lo miro muy emocionado.
—¡Genial, mi primer Pokégear! ¡Muchas gracias, mamá! —. Exclamó el azabache muy emocionado, mirando con brillo en sus ojos su nuevo aparato y luego se lo guardaba en su bolsillo.
—Jeje, sabía que te alegraría. Tiene registrado el número de teléfono del prof. Elm, en caso de que pase algo y también el mío, así estaremos en contacto… y… ay… sé muy bien que este día llegaría… pero… para toda madre es difícil dejar que su hijo salga del nido… —Y en esemomento Hana abrazó dulcemente a su hijo y le dio un dulce y maternal besito en la frente a él, sonriéndole con algo de nostalgia—. Por favor, cuídate. Te quiero mucho.
—M… mamá… yo… también te quiero mucho… —dijo Habieru, igual de nostálgico, mientras la abrazaba de su cintura—. Y descuida, te prometo que me cuidare, al igual que a Chikorita.
—«Chiko»… —Susurró la inicial de hierba mientras miraba conmovida la tierna despedida entre madre e hijo.
—Y antes de que te vayas… debo decir que tu Pokémon es muy linda y simpática —la pequeña Pokémon de tipo hierba se sonrojo por ese comentario, ya que su rostro se torno de un leve tono carmín y se ponía un poco nerviosa.
—¡Jeje, gracias, mamá! Bueno… debemos irnos, adiós… —Dijo el chico, mientras le daba un último beso en la mejilla a su madre, y sale de la casa seguido de su Chikorita.
Hana por su parte veía a su hijo alejarse, aun desde la puerta despidiéndolo con la mano
—Habieru… eres un buen niño, así como un gran hijo. Tengo fe en que serás un gran entrenador Pokémon… al igual que tu padre… —dicho esto, volvió a entrar a su acogedor hogar a continuar con sus tareas, cerrando la puerta tras de sí.
Habieru y Chikorita por su parte caminaban en dirección a la salida este del pueblo, que daba a la Ruta 29 y donde había un pequeño letrero, de madera blanca y algo antigua que decía: "Pueblo New Bark: El pueblo donde soplan vientos de un nuevo amanecer". Mientras que el chico le explicaba algunas cosas de su pueblo a su compañera, se detuvo a medio camino a mirar nostálgicamente su hogar y el pueblo dónde nació y creció. Chikorita por su parte miraba curiosa al chico, mientras que el viento soplaba la hoja de su cabeza cual bandera verdosa.
Así entrenador y Pokémon salen por la salida Este de pueblo New Bark, accediendo y caminando por la Ruta 29.
Esta constaba de mucha más hierba que el pueblo, así como más larga. Varios árboles que iban en hileras como desfilando. El cielo se encontraba totalmente despejado y el viento soplaba menos que en el pueblo. De vez en cuando ambos se topaban con Pokémon salvajes, mayormente unos muy comunes: como Pidgeys y Rattatas. Por lo que Habieru muy emocionado le ordenaba a Chikorita usar su ataque Embestida contra estos, embistiéndoles fuertemente. Los contrincantes por su parte realizaban la misma acción, (ya que Embestida era un ataque muy conocido por los Pokémon de bajo nivel de allí). Los combates normalmente duraban pocos minutos ó incluso nada de nada, ya que algunas veces los Pokémon se escapaban, cosa que decepcionaba un poco al chico y su compañera, aunque gran cosa no podían hacer ya que aun no tenían Pokébolas para capturar, además de que su objetivo era llegar a la casa del Sr. Pokémon. Después de ese jaleo, se dan cuenta que llegan a la entrada de un nuevo poblado, allí había un letrero similar al de pueblo New Bark, solo que decía: "Ciudad Cherrygrove: La ciudad que huele a flores".
—Bueno, uff… hemos llegado a Cherrygrove. Tantos combates contra Pokémon salvajes nos dejo molidos a ambos… Mejor antes de seguir hacia la Ruta 30 descansemos en el centro Pokémon, ¿te parece, amiga? —.preguntó Habieru mientras bajaba su mirada hacia su agotada compañera.
—«Si, será mejor… porque ya estoy muy cansada» –decía con sus ojitos en forma de espiral y movía su cabecita de lado a lado, un poco mareada.
—Jejeje, bueno, tomare eso como un sí… —. Dicho esto, sujetó a su amiga y la carga entre sus brazos, decidiendo llevarla así al verla tan agotada por los anteriores combates.
Al entrar a ciudad Cherrygrove, podían apreciar que era un poco más grande que New Bark, con una larga cerca blanca que mantenía la distancia entre el camino y un lindo jardín de flores de pétalos lilas y fresco aroma, que era agradable para todos los que allí habitaban.
Había unas pocas casas más, con tejas rojizas y paredes amarillas. La gente del pueblo estaba ocupada en sus cosas, y los viejitos de allí hacían las mismas tareas que en New Bark, alimentar a los Pidgeys con migas de pan y solían regar el jardín de flores con sus regaderas con forma de Corsola. Algo que resaltaba de allí, era que el poblado estaba al lado de playa de doradas arenas, donde los niños más pequeños corrían, jugaban y hacían castillos de arena. Al lado de esta playa había una no muy pequeña, pero tampoco exagerada zona marítima, donde saltaban algunos Pokémon acuáticos, como Goldeen y Magikarp. Luego de recorrer los alrededores de la ciudad, el joven llega al frente de un edificio de gran tamaño, cuyo tejado era de color rojo, con el símbolo de una Pokébola blanca al frente de su tejado y junto a la entrada, que era de puertas cristalinas y electrónicas decía "Centro Pokémon de ciudad Cherrygrove: bienvenidos sean todos los entrenadores".
Sin pensarlo 2 veces Habieru entro por las puertas, las cuales se abrieron de inmediato. El interior del CP era similar a un hospital normal, con paredes y suelo muy limpios. Algunas sillas donde los entrenadores podían sentarse y esperar, leyendo algunas revistas ó tomando cualquier bebida de las máquinas expendedoras que yacía al lado de estas. Al final del lugar había una especie de escritorio, donde esperaba sentada una mujer joven y hermosa, de ojos celestes, cabello rosa atado en 2 grandes coletas. Vestida con uniforme blanco de toda enfermera consagrada, junto a un gorrito blanco, con el símbolo de una cruz verde al frente. Esta era mayormente conocida por los entrenadores como "Enfermera Joy", "enfermera" ó solo "Joy" a secas.
—¡Hola! ¿Qué tal? —saludó el azabache alegremente a la señorita peli-rosa, al igual que Chikorita.
—¡Hola, bienvenido seas! Nunca te había visto por aquí antes. De seguro eres un nuevo entrenador que acaba de empezar, ¿cierto? —sonrío dulcemente la enfermera, al ver que el chico asintió —. Bien, me encargare de tu Chikorita, puedes colocarla en esta bandejita, tanto dentro como fuera de su Pokébola.
Siguiendo las instrucciones el chico coloco delicadamente a su compañera sobre la bandejita. Acto seguido la enfermera cogió la bandeja verdosa, diciéndole a Habieru que en lo que atendía a su amiga, podía esperar sentado en las sillas de espera del lugar. Habieru observo como la señora entraba por la puerta trasera del centro, la cual se abrió automáticamente y desapareció en su interior. Luego se dirigió a una de las sillas de espera, la cual estaba al lado de una de las cristalinas ventanas del centro. Allí observo los alrededores de la ciudad Cherrygrove, cuando afuera vislumbró la presencia de una chica de clara tez, cuyos ojos y cabello (el cual era tan largo que le llegaba hasta la cintura), eran de color lila claro, el cual se encontraba adornado por un cintillo de bordados blancos, junto a una flor púrpura a un costado, una franja del mismo color en todo el medio, con algunos lunares rojizos. Iba vestida con una blusa púrpura claro, junto a unos shorts azules y unas deportivas blancas con detalles púrpuras. En su muñeca derecha llevaba un brazalete lila claro. Esta se encontraba jugando con un Cyndaquil, Pokémon parecido al que se encontraba en el laboratorio del prof. Elm. No sabía porque sentía una sensación extraña en su interior, ni se dio cuenta de que se había llegado a sonrojar levemente al verla.
Habieru observaba a la peli-rosa mientras jugaba con el pequeño Pokémon de tipo fuego.
—Vaya, que chica tan linda… ¿Ese Cyndaquil se lo habrá regalado el prof. Elm? Entonces… ¿por qué será que tenía otro cuando fui al laboratorio…? —pensó muy confuso, mientras los seguía observando jugar.
—¡Ey, jovencito! —Llamaba la enfermera Joy a Habieru mientras se acercaba con la bandeja, sobre la cual reposaba Chikorita ya con mejor aspecto —. Me alegra informarte que tu Pokémon ya está con las fuerzas renovadas… ¿eh? ¿Chico? ¿Sigues allí?
—Chikorita sentada sobre la bandejita que Joy sostenía, miró severamente a su entrenador—. «¡Tierra llamando a Habieru! ¡Te hablan!»
El chico al principio parecía no escuchar la voz de la enfermera, pero al escuchar el sermón de su Chikorita, su sonrojo desapareció y salió de sus pensamientos—. ¿Eh? ¿Qué? ¡Ah, sí! ¡Muchas gracias, enfermera Joy! Vámonos, Chikorita.
— «¡Yupi!» —. Exclamó la pequeña pokémon con una sonrisa en su rostro, ya restablecida salta de la bandejita a los brazos de Habieru.
Bueno, descuida. Y no hay de qué—. Le respondió la peli-rosa, con una gotita de sudor por el cambio del chico, dirigiéndose nuevamente a hacer sus labores—. Suerte en tu viaje, jovencito.
Jeje, sí, gracias. Bueno, nos vemos… —. Se despidió amablemente Habieru mientras se dirigía a la cristalina puerta, la cual se abrió tan pronto se acerco.
El joven salió del centro Pokémon junto a su compañera, mirando a todos lados, posiblemente buscando con la mirada a la chica del Cyndaquil. Pero curiosamente no podía verla, quizás esta había entrado a una de las casas de la ciudad donde vivía, ó se había marchado por una de las salidas del lugar. Algo decepcionado, Habieru se dirigió a la salida Este de Cherrygrove, decidido a continuar con su tarea, comenzando a adentrarse a la ruta 30, muy parecida a la anterior, solo que esta vez no hubo tantos encuentros con Pokémon salvajes, ya que iban por la zona de hierba corta. Caminaron alrededor de 10 minutos, pero curiosamente aun no encontraban ninguna casa.
—Veamos… por lo que el prof. Elm y Mark me dijeron… la casa del Sr. Pokémon… debe estar por aquí.
— «Me late que ya nos perdimos» —. Dijo la inicial de hierba mientras caminaba detrás de su entrenador.
En eso Habieru ve en frente suyo una casa algo antigua, de tejado negro y paredes cafés, en frente de esta había un letrero algo lleno de pasto, pero donde habían letras visibles que decían: "Casa del Sr. Pokémon". Con una gotita de sudor resbalando por su nuca, aunque aliviado de por fin encontrarla, se acerco a la puerta de madera y la toco, esperando a que le abrieran. Pocos minutos después la puerta es abierta por un señor aparentemente mayor, como de unos 70 años en adelante, con una pequeña barba grisácea, cabellos del mismo color y en su cabeza usaba un sombrero de copa de color marrón. Vestía con ropajes del mismo color, algo elegantes, donde se destacaba un chaleco marrón: el Sr. Pokémon. Este al ver a Habieru le sonrió.
—¡Ah! Tú debes de ser Habieru Nagatsuka. El prof. Elm me aviso por e-mail que vendrías en su lugar. Ven, pasen tu y tu simpática Chikorita —. Y dicho esto se hizo a un lado, dejando que el entrenador y su amiga pasaran al interior de su hogar.
El lugar era algo sencillo pero acogedor: paredes blancas, con algunos cuadros de huevos Pokémon y otras cosas más, junto a estanterías de varios y antiguos libros. Habían algunas puertas más, seguramente serían la del baño, (donde había un letrerito en la perilla que indicaba que alguien estaba usándolo), la cocina, la habitación del dueño y posiblemente el ático. Al final del lugar había una computadora blanca, donde seguramente le había enviado el e-mail al prof. Elm. Anterior a esta había una mesa pequeña, parecida a la del hogar de Habieru solo que con otros colores y 4 sillitas blancas, donde el señor mayor invito al muchacho a sentarse.
—Bien, tengan, creo que tú y tu Pokémon tendrán un poco de sed y hambre, por caminar tanto… —Decía el sr. Pokémon mientras le entregaba un vaso con refresco de piña y platito de porcelana, con unas galletas de chocolate a Habieru, mientras que a Chikorita le da unos platos con alimento Pokémon y otro con agua fresca.
—Esto…. Jeje. Pues… Tiene razón, señor. Tanto Chikorita como yo estamos algo hambrientos. ¡Muchas gracias! —Afiró el azabache con algo de penita, al notar que su panza rugía levemente, por lo que sin pensarlo 2 veces comenzó a comer algunas de las galletas de chocolate de su plato, llenándose la boca de migajas y acto seguido bebe su refresco, dejando soltar el conocido y refrescante sonido de: "Aaaaaaah…"
—«¡Wiiii, comida!» —Excalmó fuertemente la hambrienta Chikorita mientras dada saltos muy emocionada, agradeciéndole al ancianito con una sonrisa y empieza a comer.
—Jejeje, no hay de que, pequeños… —. Sonrió el hombre mientras que se dirigía a una de las estanterías de su hogar, buscando alguna cosa en específico—. Ayayay… ¿dónde lo habré dejado? Sé que estaba por aquí… ¡Ah, aquí esta! ¡Bien! Esto es lo que necesito que le lleves al prof. Elm…
Acto seguido saco delicadamente de la estantería un extraño huevo, este era de color blanco, adornado con algunas manchas azules y otras rojas, cuyas formas eran similares a triángulos. Lo depositó en uno de los recipientes transparentes con tapa amarillenta, donde normalmente los criadores colocaban los huevos Pokémon, para que no hubiera riesgo de que se rompieran y se acerco al joven, entregándole el recipiente con el huevito adentro.
—Ten, muchacho. Por favor, llévaselo al profesor para que lo examine. No estoy seguro de cual Pokémon haya en su interior, es todo un misterio. Pero de lo que estoy seguro es que si hay alguien que puede averiguarlo, ese es Elm.
—Está bien, señor. Descuide, lo haré —. Dijo Habieru mientras que cogía con cuidado el recipiente con el huevito adentro y lo guardaba en el interior de su mochila plateada.
Luego se levantó de su asiento y se puso su mochila a su espalda.
—Vamos, Chikorita, debemos irnos.
— «Bueno, total ya acabé de comer» —asintió Chikorita resignada, alejándose de los platitos completamente vacios y sin migaja alguna.
—¡Eh, eh! ¡Espera, muchacho, espera! —se escuchó fuertemente un grito en el interior del cuarto de baño haciendo que ambos se detuvieran en seco. Pocos segundos después la puerta se abrió y por esta salió un señor posiblemente de la misma edad que el Sr. Pokémon. Iba vestido con pantalón verdoso, camisa morada, cinturón negro y una bata blanca muy similar a la del prof. Elm. Tenía unas cejas algo gruesas y oscuras y cabello entre café y gris, calzaba mocasines marrones.
—¡Ah, jajaja! ¡Miren quien al fin sale del baño! —. Ríó divertido el Sr. pokémon viendo al otro
anciano cerrar la puerta del nombrado cuarto —. Nunca cambiaras, "Samuel"… en fin, amigo. Déjame presentarte a Habieru Nagatsuka, es un entrenador nuevo al cual Elm entrego el inicial de hierba hace poco. Es un joven responsable y confiable, por lo que me dijo tu estudiante Elm en el e-mail…
—¿eh? ¿E… el prof. Elm… era un estudiante de ese señor? —preguntaba muy curioso Habieru y algo sorprendido por eso, cuando algo sonrojado y rascando su nuca añadió —. ¿J… joven confiable y responsable yo? Jejeje, el prof. Elm exagera un poco, jejeje…
— «Ay, por favor. ¡Déjate de modestias, que me avergüenzas!» -Bufó Chikorita mientras lo miraba severamente.
Ambos hombres se rieron divertidos por la modestia del muchacho y luego el de bata blanca se acercó a Habieru.
—Jajaja, no tienes por qué ser modesto, muchacho. Permíteme presentarme, soy el prof. Samuel Oak, puedes decirme solo prof. Oak ó incluso Sam a secas. Muchos me llaman el experto en Pokémon… —. minutos después se queda observando a Habieru fijamente y luego a su Pokémon. —Mmm… Veo que has cuidado muy bien a tu Chikorita y que te quiere mucho… Debes de ser un buen entrenador, aunque acabes de iniciar en esto. Me recuerdas mucho a una entrenadora a la que le entregue un Bulbasaur en mi región natal de Kanto… se que ella aprobaría el que te entregue esto… —Le entregó a Habieru un aparato electrónico, de forma rectangular, era de dominante color rojo, con algunas franjas negras y un círculo azul en el centro.
Habieru lo cogió y comenzó a observarlo fijamente por unos minutos.
—¡whow! Genial, fabuloso, maravilloso… esto es… esto es… ¿qué es esto?
—jajajaja. Me alegra que preguntes… Esto es una Pokédex, con ella podrás analizar los datos de los Pokémon que veas y/ó captures en tu viaje, es decir su ó sus tipos elementales, altura, peso, movimientos, hábitat, entre otros datos.
—Whoooooow, ¿todo eso? ¿No tendrá conexión a internet, por casualidad?—. Pregunto fascinado el azabache, pero decidió probar su nueva Pokédex, señalándola hacia su Chikorita.
— Veamos cómo funciona esta cosa…
El aparatito rojo de repente se abrió y la imagen de un Chikorita apareció en su pantallita, comenzando a decir con voz electrónica: "Chikorita: el Pokémon Hoja. De tipo hierba. Las hojas aromáticas de este dócil Pokémon son capaces de medir la humedad y la temperatura. Le encanta disfrutar del sol. Usa la hoja que tiene en la cabeza para localizar sitios cálidos"
—¡Genial! Veamos… según esto… Chikorita subió al nivel 10 por las batallas que tuvo… y que aprendió el movimiento Hojas navaja, de tipo hierba…
El profesor Oak asintió sonriendo, mirando a Habieru complacido.
—Me alegra ver que no me equivoque, confió plenamente en que serás un entrenador tan bueno como lo fue la joven "Akasuna" en Kanto… —. En eso miró su reloj, que colgaba en una de sus muñecas y se sorprende..
—¡Cielos! ¡Ya debo irme a mi programa de radio! Fue un placer pasar a saludarte, amigo. Y muchas gracias por dejarme usar el baño.
—¡Jajajaja! Igualmente, Samuel, y descuida. Mi baño es tu baño, solo… no vuelvas a comerte esos frijoles junto a un capuchino.
—Jeje, sí, tienes razón. Bueno, joven Habieru. Espero que volvamos a encontrarnos, saluda al Prof. Elm de mi parte —. Y dicho esto el señor de bata blanca sale de la casa, por la puerta principal, saca una Pokébola de su bolsillo arrojándola y dejando salir a un Pidgeot. Samuel se montó sobre el lomo de este, y el enorme Pokémon tipo volador emprendió el vuelo alejándose del lugar sobrevolando el cielo, que comenzaba a tomar un tono rojizo, a causa de que ya estaba volviéndose tarde. Fue tanta la impresión de Habieru al ver a imponente Pokémon, que se le olvido investigarlo con su nueva PokéDex, la cual guardo en su bolsillo.
—¡Whoooow! No puedo creer que haya conocido al prof. Oak en persona… y no solo eso, sino que me regalo una PokéDex… —. Exclamaba emocionado el azabache mientras miraba sonriente su aparato.
—Me pregunto quién será esa "Akasuna" de la que el hablo… Bueno… amiga, debemos irnos —. Acabó de decir Habieru mirando asu compañera de tipo hierna.
«Está bien» —asintió Chikorita sonriendo.
—Sí, jovencito. Se esta haciendo tarde… mejor vayan de vuelta a ciudad Cherrygrove… —. Aconsejó el Sr. Pokémon mientras acompañaba a ambos a la puerta de su casa, para despedirlos.
—Adiós y cuídense mucho.
—Gracias, señor. Fue un gusto conocerlo, nos vemos en otro momento… —se despidió alegremente Habieru del señor mientras se alejaba de su casa, junto a su amiga.
Ya estando algo lejos hasta que pierden de vista la casa siguen caminando por la ruta 30, con cuidado de ni siquiera rozar la hierba alta, ya que no estaban de ánimos de entablar un combate con algún Pokémon salvaje, y menos ahora que estaba oscureciendo. En un momento el chico saco el recipiente transparente apreciando el huevo que yacía en su interior.
—… Vaya, Chikorita… este huevo es extraño… ¿qué crees que salga de él? —. Pregunto el chico mientras la miraba.
—«No sé, pero de seguro el profesor sabrá que saldrá» —. Afirmó la inicial de hierba con toda fe en ello, aun caminando y mirando el huevo.
—Si con eso te refieres a que el prof. Elm puede saberlo, tienes razón. Sera mejor llevárselo cuanto antes… —asintió el azabache volviendo a guardar el recipiente del huevito en su mochila.
En ese momento y sobresaltando al joven y su Pokémon, suena su Pokégear, vibrando levemente mientras sonaba en el interior del bolsillo izquierdo de su pantalón marrón. Por lo que el joven lo saco algo confuso, mirando la pantalla que decía "llamada entrante del prof. Elm".
—Oh, hablando del rey de Roma. Me están llamando… —. Inmediatamente abrió su Pokégear y lo contesta, llevándoselo al oído.
—Aquí Habieru, ¿diga?
Y en pocos segundos comenzó a hablar, o mas bien a gritar el profesor. Su voz de escuchabs muy acelerada y alterada por la bocina del aparato, llegando al punto de que Chikorita pudiera oírlo claramente y gritaba tan fuerte que Habieru tuvo que apartarlo unos metros de su oído.
—¡Habieru! ¡Debes volver rápido! ¡Ha… pasado algo terrible aquí! ¡Regresa lo más rápido que puedas! —. Fue lo último que dijo el profesor Elm cuando de pronto se corta la llamada.
—¡Santa madre! Nunca había oído al profesor tan alterado… ¿Que habrá pasado? —. Se preguntó Habieru mientras que guardaba su aparato en su bolsillo.
—¡Debemos volver rápido, Chikorita!
—«¡Sí, vamos rápido!» –Asintió Chikorita con mucha determinación en su mirada.
Sin pensarlo 2 veces Habieru y Chikorita salen corriendo lo más rápido que pueden por la ruta 30, en dirección a ciudad Cherrygrove, decididos a llegar al laboratorio de Elm para ver qué fue lo que pasó. ¿Qué habrá pasado? ¿Llegarán a tiempo? ¿Podrá el prof. Elm averiguar cual Pokémon iba nacerá del huevo? No se pierdan el próximo capítulo.
Esta historia continuará…...
