. La curiosidad mató al gato .
Mis ojos hinchados contemplaron las primeras luces matinales, Charlie por supuesto ya se había marchado a la estación.
¿Yo? No pude pegar ojo toda la madrugada, mientras mi mente perturbada y dolorida resentía los achaques de mi confianza rota, al igual que mi orgullo y dignidad.
El todo de mi celular sonó, y como en un estado zombi estiré la mano y contesté.
-…bue…-
- Dime que no lo hiciste…BELLA, DIME QUE NO LO HICISTEEEEEEEEE!! – la voz enojada de duendecillo chilló – No lo pude ver todo, dime, dime!!
Tiré el celular por la ventana. De todas formas, era el celular que Edward me compró. Me puse unos jeans y una blusa cualquiera y bajé a la cocina. Regresé a mi habitación con una bolsa de basura negra. Me arrodillé y al tocar el primer trozo de encaje sentí como si estuviera tocando una extensión de mi misma.
Dolió.
Dolió tanto que achoqué atrabancadamente todo como pude dentro de la bolsa de plástico lo que antes fue un vestido de novia y ni siquiera hice un nudo. Bajé las escaleras con la bolsa arrastrada por detrás y llegando a los últimos escalones mi pie derecho se atoró con la bolsa y caí de boca contra el suelo de madera. Tendida ahí, quizá herida y con alguna extremidad rota, el dolor punzante me regalaba la capacidad de mirar en retrospectiva a los fatídicos eventos de ayer.
Uno de los neumáticos de Carlisle fue desinflado por algún chiquillo travieso mientras estaba estacionado en el Hospital Comunitario de Forks. Nada fuera de lo común y no hubiera significado problema alguno para Carlisle el regresar a casa corriendo pero, como el Dr. Cullen debía guardar las apariencias…así que llamó a Edward para que fuera por él y le llevara una llanta de repuesto. Gruñó pero reluctuoso fue por su padre. Antes de cerrar la puerta de su habitación me dedicó un "Recuerda que estas en una casa llena de vampiros, así que…mantente a salvo, ángel".
Rememorarlo me partía en pedazos.
Dí una vista panorámica a su habitación y me percaté de que había dejado su computadora portátil cargándose, tentadoramente con la pantalla abierta. Luché, juro que luche contra la tentación de ir hasta ahí y satisfacer mi curiosidad sobre las mil y una maravillas que podría encontrar de mi reluciente prometido. Y…la curiosidad ganó.
Apreté el botón de inicio y el Sistema Operativo cargó de inmediato e inició en lo último que Edward había usado: el procesador de textos. Habían párrafos y párrafos narrando lo que habíamos hecho los últimos meses, lo que sentía…lo que verdaderamente pensaba.
Era el diario de Edward.La culpa me sorprendío, reprendiéndome por revisar algo tan personal. Digo…si yo tuviera un diario ultra-secreto, no querría que lo leyeran y peor aún que lo lean sin permiso. Además de que siempre he criticado a los chismosos…no ahora me convertiré en una vieja de lavadero que busca saber las cosas de mi novio si el mismo me puede contar lo que sea. Recuerdo la sensación de rubor cuando me avergoncé de mi misma y me sentí terriblemente arrepentida por revisar las cosas de Edward.
Cerré el programa y apareció el escritorio de la computadora, que era de color plateado con algunas formas en tercera dimensión. Un icono solitario flotaba a la diestra de la pantalla.
"Transcripciones"Mi dedo voló a través del ratón táctil de la máquina y se posicionó encima del icono en forma de nota.
Una batalla interna se estaba librando en mí, y me puse a pensar que quizá era otra cosa muy persona…pero, si lo fuera entonces no estaría a la vista. Claro, seguramente se trababa de algún libro que había trascrito a su portátil o algo por el estilo.
Le di doble clic y en seguida me transportaba a un índice por fechas. Una en especial, remarcada en negritas llamó mi atención. Así que la seleccioné.
28 de Febrero, 1930.
Otro día mas en el cual la sangre humana se derritió en mi boca. Científicamente estoy seguro de que es un hecho imposible, de que mi existencia aún que cierta era también imposible para la ciencia moderna… ¿Asegurar que la sangre humana se derrite en mi boca como una suculenta trufa también sería imposible? A mi punto de vista era completa e irrefutablemente posible. Sentir como se extendía, caliente y diáfana por todo mi sistema era una sensación sublime.
La cacería fue habitual, el grupo nómada con el que convivo asaltó a personas normales y aunque no dije nada no estoy de acuerdo con eso. La imagen de Carlisle en mi cabeza, decepcionado por la bajeza de la gente con la que elegí estar me deprimió. La última vez que lo vi, su rostro decepcionado quedó grabado con tinta imborrable en los recónditos de mi subconsciente y por esa misma cara de Carlisle me separé de ellos en busca de algún rufián que valiera el asalto sanguinario.
Ahora, lo que sucedió en ese momento fue el principio de la cadena de una serie de eventos que no esperé. Darla, una chica del grupo me siguió sigilosamente…por supuesto, sus pensamientos la delataron en el primer instante. Yo la ignoré, como siempre lo había hecho y continué en mi búsqueda de alimento, pero no duró tanto mi incertidumbre.
En una oscura callejuela un solitario transeúnte me afirmó con sus pensamientos lo que estaba buscando: Era una escoria. Violó a una niña, y al no haber suficiente defensa en contra de las mujeres ni siquiera tuvo que pisar prisión. Realmente, una plasta asquerosa. Se me hizo agua la boca al saber que sufriría más que aquella pobre criatura a la cual profanó con sus sucias manos, que moriría como lo que realmente es…una escoria de la humanidad y lo mejor de todo es que no me remordería ni un cacahuate en la conciencia.
Fue fácil, ni siquiera tuve que trazar un mapa mental de la matanza ya que el escenario estaba prácticamente listo para la acción. Al estar a punto de saltar sobre mi presa, Darla se adelantó y clavó la mandíbula en el sucio cuello de aquel hombre.
La ira, el hambre…la sed de venganza. Ventiscas huracanadas de reacciones animales. El hambre me consumía al observarla cubrirse en la chorreante sangre humana, deliciosa…en poco recuerdo notar que drenó al humano por completo. La bestia en mi interior rugió con fuerza, reclamando por su líquido vital que ahora estaba esparcido por todo el cuerpo de Darla.
Un nuevo tipo de hambre emergió de la bestia, esa hambre carnal y desenfrenada que incluso ahora, en la comodidad de mi habitación de hotel y solo la encuentro bizarramente intensa. Una indescriptible manera de haber experimentado mi primera vez….
Apreté los ojos, intentando borrar la imagen mental de todo lo que había leído.
La curiosidad mató al gato.
Impacto. Yo tambien estoy impactada. Tuve los ojos como platos en todo el proceso de escribir todo eso...es que, además de la revelación fué dificil escribir como pensaba Edward en su "Época Rebelde" (si, todo sucedió en su época de rebelde CON causa xD).
Muchas han dicho: "¿Por que siempre pones a Edward como malo?". Chicas, no me agrada verlo de malo...Edward es una de mis mas grandes adoraciones, pero a veces creo que es DEMASIADO perfecto( ¡Gracias Estephanie Meyer por tan maravilloso modelo de hombre!) . Por eso en lo que escribo trato de darle un lado mas humano.
Edward: Sabia que también me amabas - le sonrié con la sonrisa torcida mas sexy que tiene -
Autora: ehmmm...Mejor pasa a las peticiones antes de que aparte de mentiroso te cambie de bando ( xD mentira, no haria eso)
Edward: Lita Aino pidió un beso pero como Jasper está temporalmente sin emociones yo se lo daré - manda beso -. Edith, por favor no te sientas decepcionada de mi y le jalaré la correa a la floja autora para que actualice los demás fics. Sara eres MUY observadora, y creeme que como conocedor de toda la información Top Secret, esa canción tiene mucho que ver con el desarrollo de la historia. Misa Alucard te pagaré tu tatuaje con la frase "Bite me". Cecilia A. García lo siento, pero no me puedes matar...
Emmett: ¡PERO SI PUEDES TENER MI SUPER-RECONTRA-SEXY BESOOOO! - se lo manda-
Edward: Y creo que esas fueron todas las lectoras que hicieron peticiones. Ya lo saben, manden sus peticiones y nosotros les respondemos.
Emmett: ¡Ciertooooooooo!
Si tienes alguna petición para
Edward, Emmett, Jasper o
Carlisle, solo pincha el boton de GO!
