Un viaje y una tregua & Touchdown
Ya hacía 12 días que Regina viajaba por las carreteras de Nueva Inglaterra.
Salió de la hacienda al día siguiente de la conversación de la señora Swan y solo se despidió de ella y de Granny, la gobernanta de la casa. No había visto más a Emma, ya que se había ido a pasar la noche a casa de Ariel Fish.
Aparentemente la matriarca de la familia tenía razón y la rubia estaba enamorando con la pelirroja, lo que solo servía para aumentar la irritación de Regina y hacerla desear irse bien lejos de la granja Swan.
Cuando se despidió de la anciana, le dijo que probablemente estaría fuera siete días, pero ahora que estaba lejos de la hacienda, de Emma y de su enamorada, Regina pensaba seriamente en continuar su viaje hasta Texas, pues se estaba sintiendo como las propias Thelma y Louise, queriendo explorar esas áridas tierras y tal vez ver a su madre, Cora Mills, que vivía allí con su actual marido.
La morena siempre se acordaba de su madre con pesar, ya que, con el pasar del tiempo, esa mujer e habían vuelto cada vez más amargada.
Siempre oía a Cora decir: Regina, cásate con un hombre rico, aprovecha tu belleza con la que fuiste premiada. No seas burra como yo que me case con tu padre y después de que él falleciera, dejándome sola con una criatura pequeña que mantener, tuve que prostituirme para no pasar hambre.
En ese momento, comenzó a sonar una canción suave en la radio del Mercedes, y la letra y la melodía de aquella música desconocida le trajo antiguos y dolorosos recuerdos.
Regina se acordó de Daniel, aquel muchacho puro, pobre y sencillo que la hacía sentirse tan especial. Era tan fácil amar a Daniel. Se conocieron en el Instituto y cuando Regina se fue a estudiar Administración de empresas a la Universidad pública de Texas, localizada en Austin, Daniel se quedó en Houston, donde trabajada como mecánico.
La distancia entre las dos ciudades es de aproximadamente 230 kilómetros y apenas se veían los fines de semana, cuando ella regresaba a Houston o en las pocas veces que él podía ir a Austin.
Su madre, obviamente, condenó la relación y trataba a Regina de forma cruel, tanto con palabras como con agresiones físicas, principalmente cuando se emborrachaba, cosa que sucedía con frecuencia, ya que se había vuelto alcohólica después de la muerte de su primer marido, Henry Mills.
Cuando Regina terminó sus estudios, a los 21 años, y regresó a Houston decidió casarse con Daniel, del que ya era novia desde hacía tres años, pero a él le diagnosticaron una dolencia rara en el corazón.
A pesar del diagnóstico y de la evolución terminal de la enfermedad, de la resistencia de Daniel que no quería que la morena estuviese atada a él, presenciando día a día su calvario, Regina se casó con el joven mecánico.
Pero 18 meses después él murió, en un bello día de otoño, llevándose con él el corazón de la morena y su capacidad de amar y de entregarse de nuevo a otra persona.
A los 25 años, Regina conoció a Robin. En esa época, trabajaba en Nueva York como gerente de un hotel de tres estrellas.
El muchacho, entonces de 30 años, se enamoró perdidamente de la morena. Regina no le correspondía, ya que la muerte de Daniel era reciente, hacía menos de dos años, y se había cerrado a cualquier tipo de relación. Sin embargo, Robin fue durante seis meses a todas las convenciones posibles e inimaginables, desde el tratamiento de la madera para la elaboración de muebles hasta un encuentro de odontólogos que tenían lugar en aquel hotel solo para ver y cortejar a la hermosa morena.
Al fin, Regina cedió y aceptó el noviazgo, aunque solo sintiese un cariño especial por el muchacho, ya que sabía que nadie conseguiría sustituir a Daniel en su corazón.
Después de tres meses saliendo con Robin, él le pidió casamiento.
Al principio Regina lo rechazó, pero, de nuevo, subyugada por la insistencia del chico, acabó aceptando el pedido.
Se hicieron novios en el día del cumpleaños de la joven, después de una magnífica cena a la luz de las velas en el Lincoln Ristorante.
En ese momento de la relación, Regina ya admiraba bastante a ese hombre tan bondadoso, generoso y tenaz.
En ese instante no pudo sino pensar en la cuñada, Robin y Emma compartían ese último rasgo de personalidad.
«Agg, no sé por qué todavía pienso en esa maldita rubia, que a estas alturas debe estar revolcándose como animal en celo con la maldita pelirroja» se encolerizó al pensar en esa posibilidad
Regina llegó al estado de Vermont, todavía en Nueva Inglaterra, antes del anochecer.
Se instaló en un acogedor y bien decorado bungaló . Decidió ir a tonar un relajante baño caliente en la bañera, ya que hacía más frio de lo acostumbrado para esa época del año ene se región.
Cuando ya estaba yéndose a dormir, vestida con su cómodo pijama gris, comenzaron a tocar en la puerta como si quisiesen echarla abajo.
Una de dos: o era un asesino en serie sediento de sangre que la vio llegar sola a aquel sitio medio solitario, o alguien huyendo de uno y buscando refugio en su casa.
«¿Quién es?» pregunto con tono receloso
«Tu cuñada querida, Emma Swan» respondió la voz del otro lado. Y continuó «Abre ahora mismo esta puerta, Regina, que estoy cansada, con hambre y con sueño, si no la tiro abajo a patadas»
Regina abrió la puerta refunfuñando
«Señorita Swan, ¡encantadora como siempre!»
Emma, con toda su delicadeza, abrió de golpe con una patada la puerta que todavía estaba entreabierta, pasó por delante de Regina y se echó en la cama.
«Señorita Swan, no sea tímida, entre, como si estuviera en su casa, si quiere puede echarse hasta en mi cama» Regina habló, indignada con el atrevimiento de la descarada rubia.
Emma rio y dijo
«Señora Mills-Swan, ¡qué acto más feo salir de noche y sin despedirse de su querida cuñada!»
«Querida, antes que nada, no salí callada en la noche, me fui a las siete de la mañana. No tengo culpa si no estabas allí para despedirte de mí y tampoco podía esperar a que regresaras de la casa de tu "enamorada"» se arrepintió de esa palabra en el mismo momento en que salió de su boca y, antes de que la rubia pudiese contestar con algún comentario provocativo, añadió «También desconocía esa necesidad tuya de despedirte de mí y de desearme buen viaje»
«Tienes que saber que todo lo que respecta a mi amada cuñada me interesa» habló en tono jocoso.
«Estupendo, ahora que todo está aclarado, quieres hace el favor de salir de mi casa ya que antes de que llegases como las trompetas del Apocalipsis, me estaba disponiendo para ir a dormir»
«Querida, ¿no quieres saber por qué estoy aquí? ¿Sabes desde hace cuántos días te estoy buscando, entrando y saliendo de hoteles, aviones y jet particulares?»
«Espero, sinceramente, que no hayas venido aquí solo para irritarme con tu insoportable presencia» dijo Regina.
«¡No! Vine a causa de la abuela»
Regina se quedó preocupada y preguntó
«¿Qué le ha pasado a la señora Swan?»
«¡Echa de menos a su nietecita de adopción! Está deprimida y se le ha metido en la cabeza que no vas a volver, como si fueses a abandonar la gallina de huevos de oro» sonrió con ironía «¿Pretendías volver, no?» preguntó Emma , con un tono algo afligido, aunque quisiese disfrazarlo con una sonrisa ladeada.
Regino se quedó pensando y después de un rato respondió
«¡No!»
Emma abrió la boca en una clara demostración de espanto y dijo
«Entonces, ¿realmente vas a abandonar a una anciana que tanto te quiere? ¿Por qué Regina? ¿Te cansaste de representar el papel de pobre viuda dedicada a la memoria de su marido?»
«¡Ya basta, Emma! » gritó Regina «Estoy cansada de tus ironías. En realidad, había decidido irme de la hacienda y hacer visitas periódicas a tu abuela, ya que no soportaría vivir las 24 horas del día en la misma casa que tú» suspiró exasperada «Porque eres una muchacha arrogante, maleducada, cruel y ciertamente vas a hacer de mi vida un infierno si continuo allí. Y no pienso que tu abuela se merezca eso. Se pondría muy triste con la situación, y por si no lo has notado, Eva también se ha dado cuenta de que existe "algo" entre nosotras» concluyó.
Emma todavía estaba sentada en la cama, mirando para Regina que caminaba de aquí para allá en el cuarto, pasándose la mano por el cabello.
La rubia se levantó y se acercó a la morena, cogió la mano de la cuñada y dijo
«¡Discúlpame! Sé que a veces traspasó los límites contigo, pero sabes por qué actuó así, ¿no?»
«Emma, no quiero hablar de eso»
Emma se quedó mirando esos profundos ojos color chocolate y dijo
«¿Qué tal si hacemos una tregua? ¿Por el bien de la vieja Swan?»
«Muy tierna la manera de referirte a tu abuela» la morena sonrió ligeramente.
«¿Lo ves? Tampoco dejas de provocarme» Emma también sonrió.
«¿Cómo sería esa tregua? Dejarías de llamarme majestad y referirte a mí como una puta arribista interesada?
«Nunca use ese término para referirme a ti»
«Emma, vives diciendo que di el "braguetazo", eso es un eufemismo para puta arribista interesada» Regina sonrió tristemente.
Emma pasó sus dedos por las mejillas de la morena y habló
«¡Disculpa mi mal genio! Pero, respondiendo a tu pregunta: sí, no usaré eufemismos despreciativos» sonrió «¡Estoy cansada! ¿Podría tomar un baño?» preguntó la rubia y añadió «no lo quieres saber, pero volé durante cuatro días buscándote. Lo más cerca que llegué fue en Bangor, cuando conseguí la dirección del hotel, ya te habías ido hacía una hora»
«¡Lo siento mucho!» fue lo único que la morena consiguió decir, pero su corazón dio saltos de alegría al saber que la rubia se había esforzado tanto por encontrarla.
«Sabes cómo soy de lenta, solo ayer se me ocurrió fletar un avión particular» dijo sonriendo
«¿Y cómo me encontraste aquí?»
«El recepcionista del último hotel me dijo que habías comentado algo de los bungalós de Vermont, llegué hace tres horas y he mostrado tu foto a los recepcionistas de la región» deja de hablar «Lo interesante es que todos pidieron quedarse con una copia de la foto, alegando que no se acordarían de tus facciones cuando te viesen. Obviamente, no creí en esa tontería, así que mañana iré recogiendo todas las copias, ya que si aprendí una cosa con Psicosis es que no debemos confiar en los recepcionistas de los hoteles y no quiero ponerte en peligro» concluyó en tono suave, pasando su dedo índice y medio por el lóbulo de la oreja y tocando algunos cabellos de la morena.
Regina enrojeció ante aquel toque y aquella extraña declaración de la rubia.
Emma, al percibir el rumbo que aquella caricia estaba tomando, retiró la mano y dijo que se iba al baño para ducharse y pidió a la morena que llamara a recepción para pedir algo de comer.
También le pidió pasar la noche allí con ella, ya que no había más bungalós disponibles y no quería salir en plena noche en busca de otro hotel.
La morena asintió y después de que Emma saliera del baño y comiese, ambas se echaron en cama de matrimonio que había en la casa y se durmieron.
Y mientras que Regina soñaba con fuertes brazos rodeándola por detrás, Emma soñaba que olía el cabello negro con olor a manzana.
No sabían que, durante la noche, virándose de un lado para otro, buscando una posición cómoda, acabarían inconscientemente agarradas, durmiendo en la posición de la cucharita.
Regina abrió los ojos lentamente debido a la claridad que ya comenzaba a invadir la habitación.
Sus ojos recorrieron perezosamente aquel lugar, acordándose de que no estaba en su cuarto de la hacienda, sino en un bungaló en Vermont.
Fuertes brazos la envolvían, en un abrazo cálido y confortable, y giró levemente la cabeza, reconociendo los mechones rubios de Emma desperdigados por su rostro y hombros, y sintió un leve temblor recorrer su cuerpo, pero, extrañamente, no quería salir de ese abrazo.
Miro para el reloj que estaba en la mesita de al lado y se dio cuenta de que ya eran más de las nueve de la mañana. No se acordaba de la última vez que había dormido tanto, ya que se había acostumbrado a levantarse a las seis, máximo las siete de la mañana.
Infelizmente iba a tener que levantarse y despertar a la bella durmiente de su lado que, aparentemente, no tenía intención de despertarse tan pronto.
Lentamente giró su cuerpo para quedarse de frente a la rubia que, rápidamente la atrajo más hacia ella.
Un ardor recorrió el cuerpo de Regina, deteniéndose entre sus muslos cuando sintió el aliento cálido de la otra sobre sus labios, sus piernas entrelazadas y sus pechos tocándose.
Lo único que separaba sus cuerpos era la tela del sujetador y de las braguitas de Emma y el tejido del pijama de Regina.
La morena no se había dado cuenta de que la rubia se había quedado con la ropa interior.
De hecho, cuando Emma se fue para la cama estaba vestida con una camisa azul marino, la morena se había quedado de lado, dando la espalda a la rubia, antes de que esta se acostase definitivamente en la cama.
Regina no sabía qué hacer. Emma la envolvían como un patriota agarrando la bandera de su país, y su intención al virarse hacia la rubia era despertarla, no disminuir todavía más la distancia entre sus cuerpos.
Subió la mano izquierda hasta el hombro de Emma y comenzó a empujarla despacio, para separarla, para que no se despertase y se encontrase ante esa escena tan perturbadora.
La rubia, todavía adormilada, se quejó al sentir que alguien la empujaba, ella no quería soltar ese cuerpo tan cálido y comenzó a pestañear, intentando despertar.
Cuando finalmente abrió los ojos, se dio de cara con una Regina que tenía una expresión de angustia en su mirar, bostezó y dijo
«¡Buenos días, Regina!»
Regina aterrorizada con la actitud de la rubia habló
«Buenos días Emma. ¿Puedes soltarme, por favor?» Tenía la certeza de que su rostro estaba completamente ruborizado en aquel momento.
Emma la miró a la cara
«¿Sabes? Debería quedarme pegada a ti por más tiempo, solo para continuar contemplando tu encantadora expresión. Nunca pensé que estarías todavía más linda con esas mejillas tan rojas como están ahora, pero te voy a soltar»
Emma se dio cuenta de que la morena se quedó con la respiración entrecortada y antes de soltarla por completo añadió, sonriendo maliciosamente
«Pero tengo que decir que ha sido un placer dormir contigo»
Cuando Regina se vio completamente libre, se levantó rápidamente y se fue para el baño, para controlar las sensaciones que se apoderaban de su cuerpo y ordenar sus pensamientos.
"¡Esa maldita rubia solo puede ser bipolar! Hasta ayer la trataba de forma hostil y ahora la estaba provocando de forma deliberada. Y además, ¿no tiene novia?" Pensó.
Al salir del baño, vio que Emma ya estaba tomando café en la mesita que había en el cuarto, leyendo la sección de deportes del periódico del día.
Regina se sentó frente a la rubia y comenzó también a comer.
«Cuando terminemos de tomar el café, voy a llamar al piloto del avión privado que me trajo aquí y marcar nuestro vuelo para las 13:00. ¿Te parece bien?» preguntó la rubia
«¿Qué? No voy a ir en avión, regresaré en mi coche»
«¿En serio, Regina? Aunque saliéramos ahora y condujéramos durante toda la noche, solo llegaríamos a Storybrooke mañana por la mañana, en cambio con el avión ya estaríamos allí para la hora de comer»
«Emma, ¡no voy a abandonar a mi "bebé"!»
«¿Bebé?» la rubia no contuvo la risa al oír la forma en cómo la morena se refería a su coche. Cuando se controló, prosiguió «No sugerí que abandonásemos a tu "bebé", vamos a dejarlo en algún garaje y mañana mandamos a August a recogerlo»
«¡No, Emma! Si tú quieres, regresa en el avión, yo iré en mi coche»
Emma suspiró «¿Cómo alguien puede ser tan tozudo?» preguntó, irritada «¡Está bien! Entonces, terminemos rápido de desayunar y partamos cuanto antes» añadió.
«Otra cosa, solo quiero viajar de día, desde el accidente no me siento cómoda conduciendo de noche» dijo la morena, esperando que Emma comprendiese su temor.
«¡Todo bien!» confirmó la rubia y añadió «Creo que si salimos dentro de media hora es posible que lleguemos a Orono antes del anochecer. Por la mañana cogemos carretera a las seis y llegaremos a Storybrooke por la tarde. Y ya que vamos a pasar la noche en Orono, quiero que vengas conmigo al partido de los Black Bears contra los Eagles» dijo «¡Es un partido de futbol americano universitario, Regina!» añadió al ver la cara de asombro de la morena.
«Emma, por favor, no entiendo nada de futbol americano, así que prefiero quedarme en una confortable habitación de hotel, leyendo un buen libro, mientras que tú vas a confraternizar con universitarios bebidos e insultar al árbitro del partido»
«Regina, por favor, yo estudié en la universidad de Maine y desde entonces soy una fanática de los Bears y hace mucho tiempo que no asisto a un partido del equipo. Si les das una oportunidad, verás cómo es emocionante confraternizar con bebidos, mientras animamos e insultamos al árbitro» dijo Emma, riendo
«He aceptado volver en coche contigo, cuando simplemente podría cogerte a la fuerza, amarrarte y arrastrarte hasta el avión» añadió.
Regina se quedó boquiabierta, la imagen de Emma sometiéndola y llevándola por la fuerza hasta el avión no salía de su cabeza
«¡No serías capaz!» fue lo único que logró decir.
«Si no aceptas ir al partido conmigo, puedo demostrarte que soy capaz de eso y mucho más» dijo la rubia con una mirada maliciosa, en tono de amenaza.
Regina se quedó callada, dividida entre enfrentar a Emma y no aceptar ir al partido para saber si ella, realmente, la arrastraría por la fuerza-se estaba excitando ante esa posibilidad-o aceptar la propuesta de la rubia.
«¡Está bien!» aceptó por fin, ya que la primera opción la amedrentaba demasiado.
«¡Buena chica!» respondió Emma, con una sonrisa victoriosa en sus labios.
Cuando llegaron a Oronto, buscaron un hotel, pidieron una habitación, pero solo tenían disponible una con cama de matrimonio.
Regina aceptó a disgusto esa situación, ya que era consciente de los "peligros" que corría al tener que compartir, una vez más, cama con Emma.
Después de tomar una ducha y comer, se dirigieron al estadio donde se jugaba el partido.
Emma vestía vaqueros, camiseta negra, botas y chaqueta roja.
Regina llevaba un vestido negro hasta las rodillas y un abrigo y botas de tacón alto del mismo color, desoyendo los consejos de la rubia que le decía que esa ropa no era adecuada para el evento al que iban a asistir.
Al entrar en el estadio, Emma ya noto algunas mirada lascivas dirigidas al escote del vestido que la morena usaba, ya que, encima, Regina llevaba el abrigo abierto.
Cuando finalmente llegaron a las gradas, enseguida miradas masculinas y algunas femeninas se fijaron en la bella morena al lado de la rubia.
Emma no tardó mucho en colocarse detrás de Regina y enlazar su cintura por detrás, lanzado miradas homicidas a su alrededor, como queriendo gritar ¡Mía!
Regina se extrañó de la actitud de la rubia, pero se inclinó un poco hacia atrás para poder encajarse en el abrazo de Emma.
A pesar de no entender prácticamente nada de lo que pasaba en el campo, la morena estaba sorprendentemente adorando estar allí.
Como Emma había dicho, era emocionante estar al lado de aquellos bebidos que explotaban en adrenalina cada vez que el equipo de casa marcaba puntos, principalmente cuando hacían un Touchdown, jugada que, según le había explicado la rubia, era la más importante en ese deporte.
El olor a cerveza impregna el aire. La propia Emma, mientras que con una mano enlazaba de forma posesiva la cintura de la morena, con la otra sujetaba un vaso de esa bebida.
Cuando el partido estaba casi a punto de terminar, una Emma ya medio borracha, no solo por la cerveza, sino también por el olor a manzana que emanaba de aquellos cabellos negros, hundió su nariz en el cabello de la morena y rozó sus labios delicadamente por la nuca de Regina, que se estremeció ante aquella caricia.
«Emma, ¿qué estás haciendo?» preguntó una Regina tensa y excitada.
«No me resisto a tu olor, embriaga más que cualquier bebida» dijo Emma, jadeando de deseo.
De repente, Emma giró a Regina, enlazó a la morena en sus brazos, apretándola contra su cuerpo y, mientras una mano presionaba en las caderas de la morena, la otra subía lentamente y se enredaba en los negros cabellos.
La rubia rozó su boca con la de la otra mujer, pasando la lengua por aquellos labios carnosos tan deliciosos.
Regina entreabrió los labios y gimió ante aquella caricia tan sensual.
Aquel gemido incendió aún más el cuerpo de la rubia, haciendo que su toda su piel se erizase.
Sin poder controlar más sus ganas, Emma se apoderó de la boca de Regina en un beso lleno de pasión y deseo, introduciendo su lengua entre los labios de la otra.
Regina también consumida por la intensidad de ese momento, llevó su mano izquierda hacia las mechas doradas tirando de ellos levemente, mientras que su lengua exploraba cada rincón de la boca de Emma.
Y en medio de aquella pelea de labios, lenguas y salivas, la pequeña multitud explotaba de alegría alrededor de aquellas dos mujeres completamente ajenas a la victoria de los Black Bears.
