I.-

Malas noticias.

Le tomó una eternidad llegar hasta la cima de esa colina, ni siquiera era tan empinada, pero por momentos llegó incluso a tener que arrastrarse sobre su estomago, costaba demasiado avanzar. Cuando al fin llegó, ella ya estaba ahí, de pie en el borde mismo del abismo; abajo, una caída libre de varios metros hasta el suelo.

.- Fé…- La llamó, sin alzar demasiado la voz, no quería sobresaltarla y que resbalara. Ella no se volvió a verlo, continuó mirando hacia abajo, con el cuerpo peligrosamente inclinado hacia delante.

.- ¿Cuántos metros crees que haya hasta abajo, Leo? ¿Crees que me mataría si caigo? - Preguntó.

Leonardo avanzó hasta ella, pero se quedó a distancia, no pudo acercarse más, no supo por qué, sólo no pudo.

.- Ven acá, Fé, puedes resbalarte.- Advirtió, temeroso.

Ella no le prestó atención y siguió mirando hacia abajo, moviendo los dedos de sus pies entre la hierba.

Estaba vestida como aquella vez, cuando fueron juntos al campo cerca de la casa de Casey por primera vez, los pantalones cortos de jeans, una camiseta blanca, aquel sombrero de paja con las flores prendidas que tenía que estar sujetando constantemente porque el viento insistía en arrebatárselo. Iba descalza, corriendo sobre la hierba, entre las flores. Siempre que pensaba en ella, la recordaba así, como ese día, con el cielo de un azul intenso, el aire lleno del olor de las flores, los rayos del sol reflejándose en su pelo, su rostro brillaba, sonreía a cada instante y verla a ella tan feliz lo hacía a él muy feliz también. Un día, irían a un lugar como ese, se quedarían ahí, vivirían ahí y lo llamarían hogar. Pensaba en eso constantemente.

.- Leo…- Llamó. Alzó la vista en seguida, pero Fénix seguía hipnotizada por el vacío a sus pies.- Tal vez debería saltar, Leo. – Dijo, pensativa.

Él trató de avanzar más, pero no pudo, no supo porqué, era como si una barrera invisible le impidiera acercarse más, estaba clavado en su lugar.

.- No, Fé. Vuelve acá, vuelve conmigo.

.- No puedo… he tratado, no creas que no. Es sólo que no puedo…

.- Fé…

.- Tal vez debiera simplemente saltar…

Trataba de atraer su atención, pero ella seguía obsesionada con el precipicio, si no lograba sacarla de ahí…

.- Fé, vuelve.

Se produjo una larga pausa, el pelo de Fé volaba al viento, ella finalmente dejó ir el sombrero que flotó suavemente en la corriente, Leo se distrajo un momento viendo como se mecía en el aire.

.- Voy a saltar, Leo.- Escuchó otra vez su voz. Se volvió hacia ella de golpe, ahora las puntas de sus pies estaban prácticamente colgando en el aire.

.- ¡No!

Empujó la muralla invisible frente a él, con toda la fuerza que pudo, pero no se movió.

.- Voy a saltar.- Repitió ella, Leo la vio avanzar un paso más hacia delante.

.- Voy a saltar…

Despertó, sentándose de golpe en la cama, con el corazón en la garganta y respirando por la boca, cubierto de sudor. Miró alrededor, a la oscuridad de su habitación, tratando de recordar dónde estaba, qué pasaba, qué hacía; trató de respirar profundo, calmarse, pero todavía estaba muy agitado, le tomaría un rato relajarse.

Todas las noches era lo mismo, el mismo sueño, sólo que cada noche Fénix se acercaba un poco más al borde, cada vez parecía más dispuesta a saltar y estaba a punto de hacerlo, lo sabía. Eso no podía ser sólo un sueño, tenía que ser algo más, una advertencia, una señal, una visión. Se limpió el sudor de la frente con la palma de la mano, inclinándose hacia delante en la cama, tratando de calmarse.

La vida de Fé estaba colgando de un hilo y él no podía hacer absolutamente nada por ella, trataba de alcanzarla, pero no podía, no podía siquiera acercarse, ni siquiera en un maldito sueño.

Se volvió hacia la mesa de noche y tomó el teléfono; vio la hora, las 4 de la mañana, recién. Hacía sólo hora y media que se había metido en la cama, pero no estaba durmiendo demasiado, no desde hacía meses. Corrió las ropas de la cama de un golpe y se sentó en el borde, pero no llegó a ponerse de pie, se quedó sentado, con los brazos apoyados en las piernas, la cabeza gacha. No podía ir al hospital, no todavía, en una hora más harían el cambio de turno y habría gente revoloteando por todo el piso de Fé y luego tocaba la ronda de inspección. Las cosas se tranquilizarían recién a eso de las seis, pero para entonces comenzaría a clarear y sería peligroso acercarse.

Se frotó la frente con la palma de la mano. Estaba cansado, inmensamente cansado, pero no podía dormir, tenía terror de cerrar los ojos y soñar con que Fé lograba finalmente saltar al vacío. Se puso de pie de un salto y sin detenerse, siguió hasta la pared más cercana y descargó un golpe tan fuerte como pudo. El muro tembló y se agrietó levemente, pero apenas si sintió el golpe, apenas si se había dado cuenta; volvió a golpear nuevamente y luego otra vez y otra… golpeó sin parar hasta que por fin comenzó a sentir dolor en la mano. Estaba retirando el puño para volver a descargarlo contra la pared, cuando se miró los nudillos, vio la piel alrededor, despellejada y sanguinolenta.

.- Para…- Dijo en voz alta.- Para, te vas a romper la mano.

Su puño tembló, indeciso entre seguir o hacerle caso. Finalmente logró hacerlo a un lado; la última vez se había lastimado bastante la mano, estuvo a punto de quebrársela y después había tenido a los demás vigilándolo a cada instante, creyéndolo un desquiciado. Seguramente pensaban que no se había dado cuenta, pero era bastante obvio para él que no le sacaban los ojos de encima y lo seguían a todas partes y realmente no había necesidad de eso; estaba destrozado, sí, pero no era ningún suicida. No todavía.

Se dejó caer contra la pared y su frente golpeó el cemento frío. Cerró los ojos, no, no quería hacerse daño, no quería lastimarse de verdad, era sólo que… todo parecía ser un poco mejor con un poco de dolor. De alguna forma ayudaba, lo calmaba, sólo de vez en cuando, sólo un poco, como ahora. Era más fácil antes, cuando Raphael aceptaba trenzarse a golpes con él a la menor provocación, pero entonces comenzó a darse cuenta de que se estaba dejando golpear y ahora lo evitaba. Era una pena, incluso Raphael parecía disfrutar descargándole un par de golpes encima.

Aspiró profundo y dejó ir el aire.

Debía reconocer que no sabía qué hacer, la visitaba en el hospital tan seguido como podía, pero ni eso podía hacer bien, al menos tenía a Abril; ella podía estar ahí cuando él no pudiera y se lo agradecía de verdad, no sabía qué habría hecho de no haber sido por ella, si hubiera tenido que pasar días completos sin saber cómo estaba Fé, se habría vuelto loco. Aunque la noche anterior no había sido muy alentadora.

Llegó del hospital y fue directo donde él, antes de que hablara, supo que era malo, le bastó con mirar su cara, ni siquiera le sorprendió demasiado, era lo que había estado temiendo que escucharía en cualquier momento. Cuando la chica terminó de hablar, él sólo se fue de su lado, simplemente dio media vuelta y se fue, Abril trató de agregar algo, frases de consuelo tal vez, pero él no la dejó, sólo desapareció de su vista. No había nada que Abril pudiera decir que fuera a servir de algo en ese momento de todas formas.

Se fue al dojo y se sentó solo en la oscuridad, tratando de concentrarse, tratando de bajar a lo más profundo de su mente, tratando de encontrar un lugar seguro donde digerir la noticia y evitar destruirlo todo. Lo intentó, pero a lo lejos podía escuchar a los demás hablando en la cocina.

Abril se había sentado a la mesa, con aire cansado.

.- ¿Y?- La urgió Raph y los demás la miraron expectantes. Ella les devolvió la mirada y botó el aire de golpe; ellos supieron en seguida que no tenía nada bueno que contar.

.- Los doctores dicen que Fé está bien.- Comenzó.- Hace un mes que sus heridas sanaron, las fracturas ya están bien y no dejarán secuelas, su recuperación ha sido más que satisfactoria, considerando cómo estaba cuando llegó…

.- Entonces por qué aún sigue en coma.- Gruñó Raph y Abril bajó la cabeza, suspirando.

.- No saben qué pasa, Raph, físicamente está perfectamente bien. Sólo que no despierta. No saben por qué.

.- ¿Cuál es el pronóstico?- Preguntó Don en voz baja, Abril volvió a suspirar y se rascó la frente, nerviosa.

.- Los doctores dicen que en casos así, no pueden hacer nada, que es sólo cuestión de tiempo hasta que… hasta que muera.

Raph lanzó un gruñido, dándole un golpe a la silla contra la que estaba recargado.

.- Lo siento, Raph…- Dijo ella, en voz baja.- Ojalá hubiera algo más que pudiera hacer.

.- No es tú culpa, preciosa.- Murmuró él en respuesta.- ¿Leo lo sabe? - Preguntó.

.- Sí, acabo de hablar con él.

.- ¿Qué dijo?

.- Nada. No dijo nada, sólo…- Abril terminó moviendo la cabeza negativamente.

.- No es extraño.- Agregó, Don apesadumbrado.

.- Desearía… - Empezó Raph, en un murmullo, apoyado en la pared, dándole la espalda a los demás.- A veces desearía que simplemente se muriera.- Dijo al fin y los demás se crisparon de inmediato al escucharlo.

.- Mierda, Raph.- Saltó Miguel, hablando por primera vez en todo ese rato.- No puedes hablar sin cagarla.- Se puso de pie bruscamente y salió de la habitación casi corriendo, aprovechando el exabrupto para salir de ese lugar. Nunca había sido bueno manejando momentos angustiantes y de pronto no se sentía capaz de soportar una crisis como esa, no en ese momento.- Imbécil...- Murmuró a Raph antes de perderse de vista, pero éste no le prestó atención y se volvió hacia los que aún quedaban ahí.

.- ¿Ustedes piensan que no me mata verla así? Llena de tubos, inmóvil… Ya van tres meses de esta mierda, es insoportable. - Volvió a dar un golpe, esta vez a la pared.

Los demás no dijeron nada, más o menos entendían cómo se sentía.

.- Chicos…- Volvió a hablar Abril, pensando con cuidado lo que tenía que decir.- Creo que deberíamos ir pensando en contactar a su familia, prepararnos para lo peor. No me gusta la idea más que a ustedes, pero…

.- Sí.- Asintió Don.- Creo que debemos ir pensando en eso.

.- Ustedes… ustedes háganlo, yo…- Raph se revolvió nervioso, rascándose la cabeza.

.- No se preocupen.- Le interrumpió Abril.- Yo me haré cargo de todo, ustedes preocúpense de Leo.- Abril descansó la frente en la palma de sus manos.- Dios… esto va a ser tan difícil para él.

.- Si.- Donatello lanzó un suspiro con cansancio.- Lo será.

.- ¿Cómo está?- Preguntó ella.- Se ve tan…

.- ¿Triste?.- Se adelantó Don.- Sí, pero por mal que suene, lo prefiero así. Al menos ya no está destruyendo cosas. - Abril se volvió a verlo con los ojos de par en par.- El invernadero…- Comenzó a explicar él.- Después de que volvimos a casa, después de lo de la Torre Saki, se encerró ahí, lo hizo pedazos, no quedó una sola cosa en pie… Se quedó ahí varios días, nos costó mucho hacer que saliera. Por un tiempo tuvimos que mantenerlo vigilado, fue tan impredecible al principio, pero ahora sólo…

.- Ahora sólo se queda allá, en el departamento de Fé.- Interrumpió Raph.- Todo el día, toda la noche a veces. Sólo ahí, mirando la nada, no sé qué es peor…

Leonardo volvió a tomar aire y a botarlo de golpe, frotándose la frente contra la pared, sus músculos hormigueaban bajo su piel, pidiéndole moverse, correr, hacer algo, golpearse lo más fuerte posible contra cualquier cosa que hubiera disponible. Se hizo a un lado bruscamente, abandonando el muro, saltando en dirección a la puerta. Salir de la habitación y estar parado en la planta baja en dirección a la salida fue cuestión de segundos, tenía que salir de ahí, ya no lo soportaba más. Estaba a medio camino, cuando detectó una sombra por el rabillo del ojo. No se detuvo, sabía lo que se venía a continuación y no le importó, no tenía ánimos de discutir con nadie, menos con Raphael, además, si esa resultaba ser la provocación suficiente para cruzarse a golpes con él, la tomaría.

Raph sabía que lo había visto y que deliberadamente no le había prestado atención. Comenzó a sentir la tensión en seguida, pero esta vez sería más inteligente, no se dejaría utilizar: sabía lo que estaba haciendo su hermano, trataba de lidiar con la culpa a punta de golpes y en cualquier otra ocasión estaría más que dispuesto a patearle su pretencioso trasero, pero no así, no cuando agachaba la cabeza y esperaba por la paliza que él creía que se tenía merecida, sólo para sentirse mejor consigo mismo. No sería él quien lo ayudara con eso, pero la idea de que saliera a la calle en busca de alguien más dispuesto que él a patearlo hasta cansarse era aún peor. Salió de entre las sombras y se plantó delante de él, odiaba hacer de policía, pero sabía que tenía que ser él; los demás no conseguirían mantenerlo en casa, ni en un millón de años.

.- ¿Dónde vas?

Leo alzó la vista hasta él, los ojos entrecerrados, con una expresión de fastidio y enojo.

.- No es asunto tuyo.- Dijo simplemente, apenas alzando la voz.

Raph examinó a su alrededor con la esquina del ojo. No había mucho con qué emboscarlo, ni paredes ni obstáculos, sólo él se interponía en su camino de salida. Se puso en guardia, pero lo más sigilosamente que pudo, aún sabiendo que si Leo de verdad quería salir de ahí, sólo tendría que moverse rápido y él no le vería ni la sombra.

.- Ahora sé como te sentías.- Sonrió.- Cuando tratabas de hacer que me quedara en casa.

Raph sabía que los puños no le servirían de nada, sólo ser increíblemente convincente, aunque si tenía la posibilidad de derribarlo, la tomaría. Si por alguna extraordinaria casualidad, Leo bajaba por un segundo la guardia y lo dejaba acercarse lo suficiente, todo lo que tenía que hacer era cogerle de un brazo, o del cuello, o de una pierna. Leo no podía ganarle en fuerza, ya no. Si llegaba a inmovilizarlo, sería suyo; pero si Leo llegaba a correr y burlarlo, no le vería ni el polvo.

.- No estoy de humor, Raph, déjame en paz.- Respondió y su tono sorprendió a Raph. Él venía listo para la confrontación, no para esa actitud suplicante.- De verdad necesito salir de aquí…

.- No creo que sea buena idea, Leo. Es tarde, estás cansado…

.- Necesito salir de aquí.- Repitió, cambiando la súplica por la urgencia.- Raph, por favor, hazte a un lado.

Leo tenía los dientes apretados, los puños también, parecía a punto de estallar, en cualquier momento dejaría de escuchar razones y simplemente actuaría, lo que le dejaba poco tiempo para pensar en algo. Se dio cuenta de lo lejos que estaba ese sujeto de ser el hermano al que estaba acostumbrado, en lo pesado que habían sido esos últimos meses para él, en la huella que estaban dejando en su mente y en su cuerpo. Le hacía sentir un vacío en el estomago y la sensación de no ser capaz de controlar la situación, de no saber qué hacer; podía, tal vez, dejarlo ir, ahorrarse un montón de problemas, de todos no había nadie más capaz de cuidar de sí mismo que él, pero no así, no como estaba. Dejarlo salir sería exponerlo a cualquier cosa, incluso a sí mismo.

.- No.- Repitió.- No quiero que salgas.

Leo lanzó un bufido.

.- Sabes que no podrás detenerme.

.- Tú no me dejarías salir así si yo fuera tú.

.- Hermano...- Leo dio un paso hacia delante haciendo que Raph se tensara, más notoriamente de lo que tenía planeado.- Deberías entender, deberías saber, tú más que nadie.

.- Si sé. Entiendo por qué quieres salir, pero no es lo mismo.

.- ¿No?¿Sólo tú puedes salir de la forma más irresponsable posible y descargarse con el primer desgraciado que encuentre?

Raph no pudo reprimir una carcajada.

.- Siempre envidiaste eso de mí.- Dijo, divertido.

Leo no dijo nada, tenía razón, eso había salido con más resentimiento del esperado. Siempre había enviado la capacidad de Raph de mandar todo a la mierda, sin culpa, sin responsabilidad, sin obligaciones. Debía sentirse como el paraíso, pero eso jamás lo sabría.

.- No eres como yo, Leo. Cuando salgo, cuando voy afuera, sé a lo que voy. Sé qué esperar de mí, sé el daño que puedo causar. Soy predecible, tú no. Esa es la diferencia entre nosotros; yo salgo allá afuera a recuperar el control, tú vas a perderlo.

Leo no respondió, se quedó mirándolo con la boca abierta, a punto de decir algo que finalmente nunca salió. Terminó bajando la cabeza, resignado.

.- Yo…

.- Lo sé.

.- No. No tienes idea de cómo es.

.- Sé que es difícil. Lo es para mí, ella es mi amiga, no se te olvide eso.

Leo respiró profundo y botó el aire pesadamente, relajando el cuerpo.

.- Lo sé. Lo siento. Y entiendo por qué están preocupados, sé cómo debo verme… Pero no es necesario que se sigan preocupando por mí, voy a lidiar con esto yo solo, no necesito que estén sobre mí todo el tiempo.

.- Lo siento, pero no voy a dejarte solo.

Leo alzó la mirada sorprendido. Raphael no sólo estaba genuinamente preocupado por él, además no tenía problemas en admitirlo.

.- Raph…- Comenzó, pero no tenía muy claro qué era lo que quería decir. Agradecer, suponía, pero en el fondo realmente le gustaría que lo dejaran solo.

.- Y Leo…- Le interrumpió Raph. Lo vio tomar aire y pensar un poco antes de continuar.- Nadie cree que sea tú culpa, nada de esto. Yo tampoco.

Leo sintió como las palabras lo desarmaban un poco, no esperaba eso, no lo esperaba y de pronto lo hizo sentirse increíblemente vulnerable, de una forma que nunca se sentía con Raph. La sensación era nueva y extraña y no supo exactamente qué hacer, si ceder o reprimirla, pero finalmente se decidió por lo último.

.- Sé...- Continuó Raph, haciendo lo que parecía un esfuerzo inmenso por empujar las palabras fuera de su boca.- Sé que dije que era tú culpa lo que pasó con Fé, pero no es verdad, sólo estaba… molesto. No contigo, con todo…

.- Pero fue a mí a quien le pateaste el trasero.

.- Estoy tratando de pedir disculpas aquí.- Interrumpió Raph, irritado.- Y no vi que te quejaras antes, masoquista de mierda.

Leonardo cerró los ojos con fuerza al escucharlo, cómo si lo hubiera golpeado en la cara. Raph lamentó de inmediato haber hablado, pero tal vez fuera bueno que él supiera que veía perfectamente bien a través de él y que sabía de esa enfermiza nueva afición a hacer que lo molieran a golpes.

.- Lo sé, viejo, sé lo que estás haciendo.- Dijo mientras Leo evitaba a toda costa mirarlo a la cara. Raph avanzó un par de pasos en su dirección.- Lo que no sé, es si tú te das cuenta, pero como sea, tienes que parar. Ahora.

Leo no dijo nada, sólo asintió levemente. No quería discutir, no quería pelear, no quería ganar el argumento, sólo quería que lo dejaran solo, pero parecía ser demasiado pedir.

Raph lo vio bajar la cabeza, de alguna forma encogerse. Verlo así, vulnerable, casi frágil, nunca había sido una buena cosa para ver. Sintió que debía hacer algo, pero no supo bien qué y de pronto comenzaba a sentirse realmente incómodo. La expresión de las emociones no era la especialidad de ninguno de los dos y al menos para él, ya había sido más que suficiente exposición.

.- ¿Quieres un abrazo?.- Preguntó de pronto.

Leo retrocedió instintivamente.

.- No, gracias.- Se apuró a decir, algo espantado, especialmente al ver que Raph ya se movía con los brazos abiertos hacía él.

.- ¿No? ¿De verdad? Porque yo podría…

.- Estoy bien, en serio.- Volvió a retroceder Leo, haciendo que Raph regresara a su lugar.

.- Si lo necesitas, sólo dilo.- Siguió Raph.

.- No…

.- No estoy diciendo que quiera, sólo digo que podría…

.- No quiero que me abraces, Raph.- Repitió Leo con voz más firme.

.- Ok, perdona por ser considerado.

Leo sonrió y se volvió a verlo.

.- Lo sé, eres muy considerado. Salgamos de aquí. Te apesta este lugar tanto como a mí, te sigo donde quieras, pero salgamos.

Raph se volvió a verlo sorprendido; Leo se veía cansado, incapaz de esparcir el caos apenas pusiera un pie en el exterior; al contrario, estaba ahí, casi encorvado, los ojos semi cerrados, esperando una respuesta. Tal vez el cansancio físico finalmente lo había serenado, después de haber sido impredecible e incontrolable durante gran parte de ese último tiempo, o bien es que estaba lidiando con el problema como lo hacía con todo, reprimiéndose. Podía ver que el pobre tipo realmente necesitaba salir de ahí y desde que no podía hacer absolutamente nada más por él, al menos podía acompañarlo a dar una vuelta, aunque por dentro sonrió. Sabía que Leonardo sólo le pedía eso para sacárselo de encima. Era tan sutil que a veces le daban ganas de molerlo a palos.

.- Bien.- le dijo al fin.- Salgamos un rato.