Empty Hearts.
Capítulo 1: Amanecer de la aventura.
Observó el tono rojizo del atardecer del que sería su último día en aquel pueblo. Se le antojaba nostálgico, dado que cuando llegó el cielo estaba pintado de los mismos colores.
Comenzaban a divisarse estrellas en lo alto, junto a una luna menguante todavía semitransparente en el cada vez más oscuro cielo. El viento soplaba suavemente, meciendo los árboles como con dulzura; acunándolos en su pecho.
Era el atardecer más hermoso que había visto, como si nada pudiera campársele.
Dejó que el viento revolviera sus largos cabellos negros en todas las direcciones. Lo llevaba suelto y aún estaba algo mojado, pues acababa de darse un largo baño. Todavía no asimilaba que sus amigos supieran que ella era una esclava, ni tampoco que a la mañana siguiente se harían a la mar en busca de un destino incierto.
Cerró sus ojos, azulinos como la fresca noche que se avecinaba, disfrutando del agradable roce que la brisa producía en su piel.
Llevaba una camiseta básica blanca de tirantes, con una sudadera que le había robado a Kid que evidentemente le quedaba grande y unos pantalones sueltos que se le antojaron cómodos para dormir.
Aquella noche era suya, tal como le habían prometido sus amigos. No la estorbarían, tampoco le preguntarían a la mañana siguiente. Podía haber ido a cualquier parte, podría haber estado con cualquier persona, pero había preferido la dulce compañía del viento en su rostro y su cómodo sitio sobre el tejado de su casa.
Aquel pueblo la había visto crecer y madurar, también caerse y tropezar, chocar contra la pared. Allí la habían querido, le habían dado un hogar, nunca le pidieron nada a cambio de aquella amabilidad.
Estaba algo triste por abandonarlo, pero la emoción de convertirse en pirata la recorría por dentro, impidiéndole preocuparse por el peligro que alguna vez correría. Y, si alguna vez le hubiera hecho caso a la razón, nunca hubiera terminado tan mal.
Desperezándose, se levantó para recorrer con la mirada la totalidad del que por tantos años había sido su hogar. Lo conocía como la palma de su mano, recordaba cada calle, cada recoveco, cada escondite…
A lo lejos, a su izquierda, pudo contemplar el bosque. Tal vez alguno de sus compañeros estuviera deambulando por allí. Y no era para menos, ella misma también estuvo tentada de recorrerlo una vez más.
Pero como dicen, las mejores despedidas son las que se hacen con una sonrisa y sin mirar atrás.
Porque ella no quería sentirse peor de lo que ya se sentía, en aquel bosque había vivido tantas cosas…
Fue allí donde se hizo amiga de Kid y Killer, donde entrenó y vivió tantas cosas con ellos... Día tras día, ella había acudido a aquel lugar y estaba algo triste por haberlo abandonado.
Aquel bosque, aquel pueblo, la habían hecho fuerte, le habían enseñado tantas cosas que no podría nombrarlas todas; y, sobre todo, la habían convertido en una luchadora, le habían hecho olvidar todas las malas experiencias, sustituyéndolas por nuevas y mejores.
Con una sonrisa y un último repaso al pueblo, saltó del techo y cayó sobre su balcón, algo torpe por las emociones que estaba sintiendo y que estaba segura que sentiría. La emoción la recorría de punta a punta, pero la nostalgia la carcomía por dentro.
Decidió entonces que de nada serviría lamentarse, dado que la decisión estaba ya tomada y no se echaría para atrás. Por mucho que aquel lugar hubiera hecho por ella, de una u otra manera solo Kid y Killer la ataban allí.
Ella le había prometido a su ahora capitán, que lo convertiría en el rey de los piratas, y ella era una mujer de palabra.
Demasiado emocionada para dormir, Raven comenzó a preparar su equipaje.
No tenía pensado llevar mucho, puesto que ya se compraría ropa en el viaje, pero ávida supo que algo tendría que llevar.
Colocó bastantes mudas de ropa interior, tres pares de jeans, varias camisetas y chaquetas, algunos zapatos y, finalmente un poco de maquillaje. Quién sabe si algún día le llegaría a hacer realmente falta.
Seleccionó lo que se pondría al día siguiente y, rápidamente encontrándose sin nada que hacer, decidió deambular un rato por los tejados del pueblo.
No supo cuanto tiempo pasó caminando de techo en techo, pero cuando quiso darse cuenta el sol ya había descendido y el viento soplaba más frío y con más fuerza. Con un estremecimiento se cerró hasta el cuello el cierre de la sudadera de Kid y se dispuso a volver a su casa cuando captó algo por la mirilla del ojo.
Unos orbes color zafiro la observaban con odio y resentimiento. Se dio una bofetada mental por no haberse dado cuenta antes de la compañía no deseada y volteó a encararla.
Era la admiradora no tan secreta de su amigo Kid, la que odiaba a Raven con cada fibra de su ser y la que no se molestaba en ocultarlo.
Era alta e increíblemente hermosa. Podría decir que muchísimo más que ella. Si a Raven la llamaban la Diosa Vacía a ella sin duda el apodo de Afrodita le vendría de perlas.
Su largo cabello rubio caía en dulces bucles hasta la mitad de sus pantorrillas, tan fino y suave que Raven pensó que podía fácilmente verse traslúcido, místico. La chica tenía un aura de elegancia y delicadeza de las que Raven carecía.
Sus curvas eran redondas y pronunciadas, podía adivinarse su generoso pecho debajo del camisón que llevaba. Sintiéndose de pronto fea en presencia de aquella mujer, Raven cruzó sus manos sobre el pecho, aún sin creerse cómo no se había fijado antes en ella.
Y fue entonces cuando se preguntó cómo es que Kid tampoco se había fijado en ella. ¡Si era la mujer más hermosa que había visto en su vida! Estaba segura de que si hubiera nacido hombre, ella había sido la primera en la lista.
Llegó a envidiarla durante unos segundos, pero rápidamente se sacó aquella idea de la cabeza. Según tenía entendido, ella era la hija del hombre más rico del pueblo, gozaba de todos los lujos que toda la buena vida le podía proporcionar. "Como yo", pensó. Pero aquel pensamiento desapareció tan rápido de su cabeza que casi creyó no notarlo.
Después de observarse en silencio un rato, fue ella la que rompió el silencio.
—Así que te marchas. —Comentó ella desde la distancia, como quien no quiere la cosa.
—Sí, me marcho mañana mismo, al amanecer. —Respondió ella, esperando algún grito o reproche por parte de ella al embarcarse en un viaje que quién sabe cómo y cuándo terminaría, con el amor de su vida.
—Te marchas… Con Kid. —Dijo ella, extrañamente serena. Aquello no sonó a pregunta, sino a afirmación.
—Así es. —Contestó Raven, para después puntualizar—. También con Killer. No tienes que sentirte amenazada si crees que voy a robarte a Kid, no estoy interesada en él.
Aquello pareció iluminar su mirada. Aquellas palabras eran las que había querido escuchar durante tantos años… Y justamente eran pronunciadas justo en el momento que él se marchaba.
—Comprendo.
Aquella fue su única respuesta, estaba triste, puesto que tal vez no volvería a ver al pelirrojo. Raven comprendía lo que era un amor de la infancia y lo lacerante que podía llegar a ser verlo embarcándose en un peligroso viaje de futuro incierto.
—No... No tienes que estar triste. Yo me encargaré de que sobreviva, se lo prometí. Convertiré a Kid en el rey de los piratas, así que no te preocupes. Estoy segura de que cuando él regrese se interese un poco en ti. Luego lo demás es cosa tuya…
—Gracias—. Cortó ella de repente, con lágrimas en los ojos—. Gracias por todo lo que has hecho por él en todo este tiempo, antes Kid era un chico sombrío, violento y agresivo. Y, aunque no haya cambiado mucho en esos aspectos, contigo es como si una luz en él volviera a brillar…
—Tú verdaderamente lo amas, ¿verdad?—Comprendió ella por sus palabras, pero sobre todo por su mirada.
—Sí, lo amo con toda mi alma, con todo mí ser. Lo he amado desde que soy una cría y lo seguiré amando hasta mi muerte—. Ella había comenzado ya a sollozar, llevándose el dorso de la muñeca para limpiarse sus húmedos ojos.
Raven entonces comprendió lo que Kid significaba para aquella chica y por un momento sintió pena por ella, pero nada podía cambiarse ya.
—Lo siento, de verdad que lo siento… Pero la decisión ya ha sido tomada, no podemos volver atrás ahora que todo está listo.
Ella asintió lentamente y sorbiendo los mocos e intentando en vano contener las lágrimas que caían incesables sobre sus sonrosadas mejillas, se echó a los brazos de Raven a llorar.
Pasaron largo rato así, ella llorando en el regazo de Raven y esta última abrazándola y acariciándole con dulzura sus cabellos como una madre que consuela a su hija con el corazón roto.
Después de un tiempo de silencio y una vez que su llanto hubo cesado, Raven se dispuso a presentarse.
—Por cierto, mi nombre es Raven Blackdragon. ¿Cuál es el tuyo?—Inquirió, alzándole la barbilla mientras ella la miraba con sus profundos ojos color rubí.
—Soy Rena, Mikoto Rena—. Respondió ella secamente, mientras se separaba de Raven y se erguía para después arreglarse el camisón.
—Es un bonito nombre.
—Tenéis… ¿Tenéis un barco ya?—Preguntó Rena, una vez calmada.
—En realidad, aún no realmente. Tenemos uno pequeño que…—Raven no pudo seguir hablando dado que fue interrumpida por la rubia.
—No se hable más, mi familia tiene barcos de sobra, estoy segura de que podremos adaptaros alguno.
Con una amplia sonrisa Raven abrazó a Rena, agradeciéndole mil y una veces por su amabilidad. Ambas bajaron rápidamente del tejado, corriendo hacia la casa de la de ojos rubí, junto al puerto.
No tardaron mucho en llegar allí, dado que el pueblo era pequeño. Raven quedó impresionada por la pequeña flota que la familia Mikoto poseía. Rena no perdió tiempo y llamó a criados y albañiles para que ayudaran con el barco que ella misma había escogido.
Trabajaron arduamente aquella noche, amueblando el barco, decorándolo y poniéndolo a punto. El mascarón fue la parte más complicada, dado que no había muchos carpinteros que trabajaran de madrugada.
Finalmente terminaron, satisfechas con su trabajo. A la luz de la luna pudieron comprobar lo bien que les había quedado.
Era un balandro bien grande, de estilo gótico/punk y con las velas negras. El mascarón consistía en una gran calavera blanco azulada y la madera del suelo era de un color parecido al morado.
Los camarotes eran sencillos, aún así eran grandes y contaban con todo lo necesario. Un baño propio, un armario que cubría la mayor parte de la pared contigua a la del aseo, un gran escritorio de madera pulida junto con una silla y una cama perfectamente hecha.
Solo tres de los camarotes contaban con camas matrimoniales, si a la de Kid se le podía considerar así. Rena se había empeñado en que Kid tendría que llevarse un agradable recuerdo de ella, por lo que había decidido colocarle una cama King Size en la que perfectamente cabían tres personas bien estiradas sin tocarse entre sí, hecha con las mejores y más caras sábanas del South Blue, con un colchón de primera calidad y una almohada de plumas naturales.
Raven suspiró, Rena pondría cualquier escusa para darle lo mejor a su amigo, ya resignada a su partida. No solo eso, sino que también notó que aquel era el barco más grande de la flota Mikoto.
Levaron el ancla y lo sacaron del pequeño puerto privado de la familia de Rena, llevándolo a una cala algo alejada de miradas curiosas.
No querían llamar la atención a la hora de irse, puesto que así estarían más tranquilos de que nadie se fuera de la lengua con la marina.
Porque todos en aquel pueblo sabían de los 30 millones que caían sobre la cabeza de Raven y el crimen que había cometido. Nadie había osado jamás asesinar a sangre fría a un Dragón Celestial y además liberar a todos sus esclavos, nadie.
No querían que comenzaran a perseguirlos, ya tendrían tiempo suficiente de provocar a la marina.
Contentas con su trabajo, ambas volvieron al pueblo, llegando rápidamente a la gran verja de la mansión Mikoto. Ella se preguntó si Rena se despediría de Kid, pero el sonido de la verja cerrándose le respondió.
Desde el otro lado Rena habló.
— ¿Podrías despedirte de Kid de mi parte? —Aquellas palabras sorprendieron a la morena—. No… no quiero tener problemas con mi familia se ellos descubren que he ayudado a unos piratas.
Al final, se dijo Raven, aquella chica era como todas las demás.
—Por supuesto. —Respondió ella secamente, para después comenzar a caminar hacia su casa, cuando súbitamente se detuvo—. Muchas gracias, Rena.
Dicho esto desapareció como si nunca hubiera estado allí, dejando a la joven rubia muy confundida.
*oOo*
Las primeras luces del amanecer comenzaban a colarse perezosas por el horizonte. Finalmente había llegado el día y no había dormido en toda la noche.
Cansada terminó de prepararse. Llevaba puesta una camiseta básica de asas blanca con una chaqueta de cuero negro por encima de una tonalidad y textura mate pero con algo de brillo. No tenía adornos ni tachuelas, tan solo el puño terminaba en tela fruncida igualmente negra.
Por debajo llevaba unos pantalones vaqueros también negros, bastante ceñidos al cuerpo. Finalmente calzaba con sus botas negras favoritas, con tacón cuadrado bastante bajo y de una tonalidad completamente mate y con cinchas en la parte superior, casi en la rodilla.
Se recogió el pelo en una coleta alta, dejando su flequillo caer grácilmente sobre su ojo derecho. Contenta por el resultado, Raven cogió su mochila —que era extremadamente grande y se encontraba en su límite de capacidad— y su nodachi, hecho esto partió hacia el puerto, donde sus amigos seguramente la estarían esperando.
Caminó a paso ligero por el pueblo, sin mirar a nadie y con una sonrisa sincera plasmada en la cara.
No quería hacer las cosas más tristes de lo que ya eran, por lo que no volvió la vista atrás en ningún momento.
Llegó rápidamente al gran embarcadero de la isla, donde efectivamente sus amigos la estaban esperando. Al parecer se habían mentalizado bastante, puesto que ahora se veían como verdaderos piratas.
Kid llevaba el pecho desnudo, con un cinturón que lo cruzaba donde iban bien sujetos un puñal y un revólver. Sobre sus hombros descansaba un largo abrigo marrón oscuro, con el cuello levantado y forrado de plumaje nórdico y rojo. Como adornos, a cada lado del cierre del abrigo, descansaban unas placas doradas con tres picos cada una. Solo llevaba puesta la manga izquierda, y en sus muñecas podían divisarse varias pulseras y brazaletes de oro.
Su parte de abajo consistía en un pantalón pirata amarillos estampados, con un cinturón igualmente de tela sujetándolos, con otro cinturón de cuero y hebilla redonda por encima. El pantalón terminaba en una caída de tela roja que rodeaba sus pantorrillas. Calzaba unas botas militares negras hasta mitad de pantorrilla.
Como siempre, sus gafas descansaban sobre su frente, sujetando el flequillo del pelirrojo.
Killer, llamaba igualmente la atención como su capitán. Su cara se encontraba cubierta por una máscara de metal azul, con múltiples agujeros, con su pelo rubio cayendo rebelde hasta los tobillos. Raven se dijo mentalmente que después le preguntaría la razón de la máscara.
Vestía con una camisa negra de manga larga estampada a puntos blancos, con el cuello levantado y los botones únicamente abrochados en el medio, dejando a la vista la parte superior e inferior de su pecho.
Llevaba unos pantalones vaqueros, en todo el sentido de la palabra, dado que el sobre pantalón azul celeste con flecos que llevaba por encima le daba la apariencia de uno. Sobre su cintura descansaba un cinturón de tela rojo; también calzaba unos zapatos negros comunes.
Suspiró, sus compañeros eran demasiado llamativos. Entre aquellos dos, la única que parecería normal sería ella.
Raven vestía con unos pantalones vaqueros con los bordes rotos, de un azul bastante oscuro. En el muslo derecho llevaba un cinturón negro donde reposaba una navaja bien afilada. Llevaba una camiseta sin mangas color blanco, con escote medio y por encima una gabardina larga hasta los tobillos, sin ningún adorno y con el cuello levantado.
Calzaba unas botas negras hasta las rodillas. Sobre sus muñecas se encontraban unas muñequeras negras también, mientras que sus manos estaban cubiertas por unos guantes de este mismo color sin dedos.
Para evitar la visión de su cicatriz, la morena aún portaba la bufanda, aún sin ser necesario ocultar las cicatrices de su cuello y muñecas a sus amigos, era una costumbre que ya no podía evitar. Además, no quería llevarse ninguna sorpresa desagradable si alguien le hiciera alguna pregunta incómoda.
Llevaba el pelo recogido en una coleta alta y su flequillo caía hacia el lado derecho de su rostro, ocultando levemente el ojo de ella. Éstos estaban levemente delineados, siendo el único maquillaje que portaba.
Cargaba su nodachi al hombro, firmemente sujeta a su cuerpo con una cadena de platino que cruzaba su pecho hasta su cadera.
Con su mochila al hombro y suspirando largamente, reprimió una vez más los deseos de volver la vista atrás. Dispuesta a comenzar una nueva vida de aventuras junto a Killer y Kid, Raven avanzó a paso rápido hacia ellos.
Cuando llegó junto a sus amigos, la morena observó que cada uno cargaba un macuto lleno de lo que supuso que sería ropa. Demasiado sonriente para ser Raven, los otros dos muchachos se extrañaron del comportamiento anormal de su amiga.
—Raven, ¿estás bien? No estarás borracha, ¿verdad?—Inquirió Killer inquisitivamente, a lo que Raven negó efusivamente con la cabeza, para luego responder:
—En realidad, os tengo una sorpresa preparada—. Comentó con una sonrisa aún más amplia—. Es un regalo de Rena, tu acosadora número uno, Kid.
— ¿Qué? Raven, no tenemos tiempo que perder con mierdas de ese tipo. —Dijo Kid, algo cabreado por la actitud de la morena.
—No, idiota. Tú solo calla y sígueme. Os aseguro de que os dejará con la boca abierta.
Caminaron en relativo silencio, cada uno ensimismados en sus pensamientos.
Rápidamente llegaron a la cala donde se encontraba el barco que Rena les había regalado, con una última comprobación a los alrededores por parte de Raven, los tres piratas atravesaron la cueva que conectaba el bosque con la pequeña playa que conectaba con la cala y, una vez salieron de la oscura y rocosa cavidad, ambos hombres se quedaron boquiabiertos.
Y no era para poco, ante ellos se alzaba imponente un barco gigantesco, de velas negras y estilo gótico/punk.
— ¿Mola, eh?—Los chicos estaban demasiado ensimismados para contestar, por lo que Raven siguió hablando—. Es un regalo de Rena, hemos trabajado toda la noche para dejarlo así. Fue una suerte que ninguno de los dos os pasarais por el astillero.
—Es… impresionante. —Consiguió articular Kid.
—Pues espera a verlo por dentro. —Respondió la morena con una gran sonrisa, guiando a los hombres hacia la escala que colgaba de uno de los bordes.
Aunque ninguno de los tres la usó, simplemente dieron un salto para llegar a la cubierta.
Los ojos ambarinos de Kid y los azulados de Killer recorrieron el barco entero, aún sin creerse lo que veían.
Pudieron observar todas las provisiones desperdigadas por aquí y por allá, a lo que Raven se apresuró a explicar:
—No tuvimos tiempo de ordenarlo totalmente, pero las provisiones fue lo único que nos quedó sin terminar. Eso sí, el Jolly Roger queda a tu elección ahora, Kid— Dijo Raven, después de sacar una gran bandera negra junto con unos cuantos pinceles y un bote de pintura blanca.— ¿Quieres saber que nombre tenía el barco original?— Inquirió ella.
—Ilumíname—Comentó no muy de acuerdo con no poder escoger el nombre.
—Su nombre es Magnees. —Respondió Raven divertida por la reacción del pelirrojo.
El nombre sonaba bien y además concordaba a la perfección con el motivo del barco, ni siquiera Kid hubiera podido pensar un nombre mejor.
Emocionados, Killer y Raven comenzaron a ordenar la cubierta mientras Kid se daba un paseo por el barco. Era grande, espacioso, imponía mucho y además contaba con unos calabozos de los que hasta Impel Down envidiaría.
No pasó mucho hasta que el barco se echó a la mar. Evidentemente nadie fue a despedirlos, pero tampoco les molestó. Tenían nombre, una insignia y un gran barco del que presumir, no necesitaban lazos emocionales que los ataran aún más a aquel pueblo.
Con una sonrisa deseosa, Eustass se encaramó a la barandilla del segundo piso mientras observaba como el sol ascendía perezoso por el horizonte.
A su lado, su primer hombre y la morena contemplaban también el amanecer de su nueva aventura.
