Donde puedas Amarme
Acto Dos
El mundo 2009
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-¡Deja de decir locuras!- exclamó Kaoru enfadada. – ¡No sé qué bicho te picó mientras viajabas pero no eres el Kenshin que se fue de aquí!-
-¡Tú eres la que está trastornada, niña! Ya te he dicho: esta es mi casa, yo no he abandonado a nadie. Es más, a quien abandonaron fue a mí. ¡Y si alguien te ha mandado a fastidiarme, le voy a romper la cara en cuanto lo vea!-
Eso no podía estar pasando. Era demasiado extraño para Kaoru. Kenshin le hablaba de una forma rara… la tuteaba y no sólo eso. Se refería a sí mismo con gran seguridad, sin esa cuota de humildad que le caracterizaba.
Se empezó a sentir mal dentro de esa habitación. Había sido mala idea esperarlo tantos años porque sentía que no lo conocía. ¿O se trataría éste del battousai del que todos hablaban?
-¿Hey, chica, estás bien?... ¿Quieres un vaso de agua?- dijo el pelirrojo preocupado, sorprendido él mismo por ese sentimiento hacia ella. Kaoru sintió sed, pero no esperó a que él le sirviera y pasó por su lado. –Oye, pero, ¿a dónde vas?-
-A la cocina, claro está.- respondió la joven, caminando presurosa y seguida por Kenshin que protestaba por la intromisión de ella en "su" casa. Entró al lugar a oscuras para buscar la cubeta de agua a tientas, como siempre hacía cuando de repente, sonó un "clic" y todo se iluminó con una luz blanca. Kaoru dio un saltito del susto y en cuanto sus ojos se acostumbraron a la claridad, notó que su mano estaba sobre una cubierta diferente a la de madera que tenía su mesa. De hecho, al mirar en rededor, todo estaba total y absolutamente cambiado.
Lanzó un grito de terror y al retroceder, chocó con el pecho de Kenshin que aún tenía su mano en el interruptor.
-Esta no es mi cocina… - dijo ella al pelirrojo, totalmente desarmada.
-Claro que no lo es. Ya te dije que es mía. Como el resto de la casa.-
Kaoru parpadeó varias veces y Kenshin con extrañeza notó que estaba luchando por no ponerse a llorar. Sacó un vaso de vidrio de un estante y para sorpresa mayúscula de la joven, hizo salir agua de un extraño bastón metálico. Luego se la ofreció.
-Toma, esto te hará sentir mejor, muchacha.-
-Me llamo Kaoru Kamiya.- le reiteró ella. Miró con curiosidad todas las cosas de la cocina y abrió un estante grande y blanco que estaba en un rincón.- Brrr… está frío allí dentro.-
-Se llama refrigerador. – le informó Kenshin divertido, pensando que lo mejor sería seguir la corriente de la graciosa muchacha por un rato. – Y siempre está helado allí dentro.-
-¿Y cómo lo hicieron para meter el invierno ahí?- preguntó Kaoru inocentemente. Kenshin se apretó la panza para no reír. Ella le divertía.
-No han metido ningún invierno, Kaoru. Mira, en el siglo pasado… (se detuvo al comprender que la chica debía saber todo eso) pero… pero, oye, no nos desviemos de lo importante. Dime de dónde rayos has salido.-
Kaoru no le prestó atención, porque estaba estudiando el funcionamiento del bastón que escupía agua. Se trataba de hacer girar unas perillas. En un momento el agua empezó a salir tibia y después muy caliente. Retiró la mano con un gemido y dejó correr el agua. Kenshin corrió a su lado para auxiliarla.
-¿Te quemaste?-
-Ese bastón se ha enojado conmigo- dijo en tono lastimero, con los ojos húmedos y la mano enrojecida-… ¿a ti también te quema cuando juegas con él?-
Kenshin la llevó a sentarse a una silla alta, frente a una mesa en el centro de la cocina. Le tomó la mano para examinarla. Si era una actriz contratada por Sanosuke, lo estaba haciendo bien y se esforzaba mucho.
-Lo que pasa es que la presión del agua está un poco mala y de pronto sale hirviendo y luego muy fría. Hablaré con un gasfitero para que lo arregle. Parece que fue una quemadura leve… - Kenshin sintió la mirada de Kaoru sobre él. -¿Qué pasa?-
-¿De verdad estamos en el 2009? Yo no creí que el mundo pasara del 1900… -
-Yo no pensé que pasara del 2000. Ni puedo creer que tú digas que eres del 1882.-
-Pero lo soy, y no sé qué pasa. Me estoy asustando.-
Kenshin suspiró al mirarla. La actriz estaba llegando muy lejos. Quizá si le hacía preguntas, ella
cayera en alguna inconsistencia que la delatara finalmente.
-Kaoru, antes me has dicho que tenías veinte años.-
-Sí, los cumplí hace poco.- respondió en voz baja. No sabía qué pensar de este mundo y de este Kenshin.
-¿Y tienes familia?-
-No. Mi padre murió en la guerra hace cuatro años… o sea… (si estaban en el 2009, ¿cuántos años habían pasado?)… estee.. en 1878. Mi madre murió antes. No tengo hermanos.-
-Y algún novio o esposo.-
Kaoru lo miró intensamente, traspasando los ojos violetas con su mirada de desilusión. Por un momento Kenshin se sintió conmovido hasta que se recordó que estaba actuando.
-Alguna vez tuve un amigo con el que pudimos ser novios. Se parecía mucho a ti y se llamaba igual
que tú: Kenshin Himura. Pero se fue. Y yo… me quedé esperándolo, pero no volvió. Supongo que soy una solterona, después de todo.-
-¿Solterona?- dijo Kenshin extrañado.- ¿A tu edad?... ¡Pero si recién estás empezando a vivir!-
-De donde yo vengo, a los veintidós ya se es solterona si no se está casada… -
-Pero ahora estás aquí, Kaoru.- repuso siguiéndole la corriente, impresionado de que ella tuviera esos datos.- Y aquí, a los veinte años eres una joven muy joven. Recién se empieza a hablar de solterona si llegas a los cuarenta años sin un matrimonio a cuestas.-
-¡Eso es imposible! La gente de cuarenta años ya no puede casarse. ¡Está muy vieja!-
Kenshin reprimió una carcajada al ver su cara se asombro.
-Acá están en lo mejor de la vida. Definitivamente viniste a caer en un mundo mejor.-
Kaoru miró sus propios dedos, entrecruzados.
-Pero no sé cómo, ni por qué llegué aquí. Yo te prometo que me acosté a dormir… estaba sola y de pronto desperté y te vi. Yo sólo quería ver a Kenshin pero…-
De pronto el pelirrojo se sintió un poco fastidiado.
-Por favor, no me hables más de ese Kenshin que te abandonó. Tuvo que ser un tonto para dejarte abandonada en tamaña casa. Tú seguramente lo amabas y por eso esperaste tanto, ¿no?-
La joven sólo asintió con la cabeza. Se levantó de la silla y ya iba saliendo cuando Kenshin la tomó de la muñeca.
-Espera, ¿qué harás ahora, niña?-
-Voy a dormir por ahí. Quizá si me acuesto a dormir regrese a mi mundo.-
-Eso suena bien pero no creo que resulte.- A Kenshin no le gustaba la idea de que la función terminara tan pronto.- De todos modos te ayudaré a hacerte una cama.- agregó, esperando que ella dijera que se iba a ir en serio, acabando con todo.
-¿Cama? Pero si yo duermo en mi futón.- luego Kaoru recordó.- Ah, sí, es el 2009. ¿En qué duermen ustedes?-
-A veces en cama, camarotes, literas y otras en futón. No te preocupes, eso no ha cambiado mucho. Puedes dormir en el cuarto en el que estabas. Yo duermo en la pieza del lado.-
No lo sabía, pero este Kenshin Himura dormía en el cuarto del antiguo Kenshin Himura. Kaoru no se lo dijo.
Miró hacia el cielo y le sorprendió ver tanta claridad en la lejanía. Muchos pequeños soles estaban suspendidos en el aire y preguntó a Kenshin por eso.
-En el 2009, el mundo no duerme, querida. Es por eso que han puesto esos pequeños soles, como tú les dices, para que la gente pueda transitar por las calles. Todas las calles tienen.-
-Ya veo… - dijo ella. Le dio las buenas noches a Kenshin y se metió a su cuarto, pero él la siguió hasta dentro.
-Veo que ya habías sacado el futón, pero a veces aún refresca por las noches. Tal vez sea bueno que tengas una frazada, por si acaso.- le comentó, abriendo el armario y descubriendo… el futón de ese cuarto enrollado dentro. Miró con extrañeza a Kaoru que ya se había acostado. - ¿Reconoces el futón donde estás acostada, verdad?-
Kaoru lo miró.
-Claro, es en el cual mi madre bordó mis iniciales.-
Kenshin revisó el futón de la joven y comprobó que estaba cosido a mano. Pero no era eso lo extraño. Lo realmente raro era que él no tenía dos futones para ese cuarto. Sacó del armario una frazada para pasársela a Kaoru y después abrió el otro lado. Ahogando un gemido, sacó dos kimonos del interior.
-¿Esto también es tuyo?- preguntó.
Kaoru estaba tan sorprendida como él.
-Si, lo es.-
Sólo el sonido del reloj se escuchaba en el cuarto. Al parecer, Kaoru había hecho un viaje en el tiempo con todo y equipaje.
Kenshin metió la ropa en el armario y pensó en que todo era muy elaborado para ser una broma.
Por un momento hasta se le ocurrió pensar que Kaoru podía ser un fantasma pero al recordar el modo en que había estado entre sus brazos, en el contacto con su piel y sus labios, el estaba seguro de que ella era muy real.
-Ya casi es medianoche, Kaoru. Te dejaré para que descanses. Y… - agregó un poco incómodo.- te pido disculpas por… por besarte y manosearte. Lo lamento. No volverá a suceder.-
-Comprendo.- dijo Kaoru de mejor humor.- De todos modos no te preocupes porque si algo así sucede nuevamente, te volveré a golpear.-
Por un momento, Kenshin pensó que el beso que le había dado había valido la pena del golpe. Pero lo mejor era no seguir con esa línea de pensamiento o acabaría, tarde o temprano, todo machucado. Ya cuando terminara todo eso, le pediría a Sanosuke la dirección de la niña y su teléfono para invitarla a salir.
Pasada la primera impresión y los nervios y todo, Kaoru pensó que este Kenshin era en esencia, tan gentil como el anterior. De pronto se le ocurrió una pregunta para hacerle.
-Kenshin, dime, ¿Cuántos años tienes?-
Distraído, el pelirrojo contestó:
-Treinta y uno.-
-¿Naciste el 20 de Junio?-
-Sí, algo así. Oye, ¿quién te contó eso?-
-Nadie. Yo sólo lo sabía.-
El pelirrojo pensó, suspicaz, en su amigo.
Kenshin miró hacia fuera, soltando aire. Luego dio las buenas noches y se retiró.
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Kenshin estaba de vacaciones y se levantó sonriente, pensando en el desayuno. Aunque amaba su trabajo, había decidido tomarse un año sabático porque no descansaba desde que salió de la universidad. Era actualmente un profesor universitario de Historia Japonesa y francamente, le apasionaba su trabajo.
Era por ese motivo que a veces estaba más interesado en el pasado que en el presente, y por lo mismo, su amigo Sanosuke le hacía regalos de lo más variopintos. Un día, para su cumpleaños número 29, le contrató a una geisha genuina de Kyoto y Kenshin realmente disfrutó con la compañía culta y refinada de esa hermosa mujer que lo esperaba en casa esa tarde en que él regresó. Conversaron mucho y él se relajó, especialmente con la música que ella tocó para él.
Ahora que lo pensaba, Kenshin recordó que Sanosuke últimamente andaba en plan de cupido, porque le decía que lo que él necesitaba era una mujer y ya le había concertado algunas citas a ciegas que terminaban en general, desastrosamente. Como la de la doctora sadomasoquista o la chica tierna que tenía la casa llena de peluches a los que les hablaba como si estuvieran vivos… citas en las que Kenshin no pasó de un beso de despedida, antes de meterse en su auto y apretar el acelerador a fondo para salir de allí.
Tal vez por eso Sanosuke decidió contratarle a una chica actriz que se hiciera pasar por una niña venida de la Era Meiji. Hasta el momento la joven iba bastante bien… casi le creyó que en su vida no había visto un refrigerador o su entusiasmo por los faros de la calle o las ampolletas de la casa. Posiblemente ella se habría ido durante la noche: sin duda Sanosuke la ayudó a entrar y a meter su ropa en el armario. Ojala, pensó Kenshin esa mañana, levantándose, Sanosuke fuera a verlo con ella para reírse un poco y conocerla mejor porque si ella sabía tanto de la Era Meiji, tendrían tema para conversar.
Iba relajado, camino a la cocina, cuando en medio del patio vio una escena sacada de alguna película de época.
Kaoru estaba agachada, lavando ropa en una cubeta de metal, restregándola a mano. Reprimió una risita. ¡Ella seguía allí y se tomaba eso realmente en serio! Se merecía un Oscar…
-Oye, oye, no tienes qué hacer eso… -
-Ah… hola, Kenshin. Buen día.-
Ella estaba muy animada y sonreía, a pesar de que casi lloró de la desilusión al despertar por la mañana y ver que seguía donde mismo.
-Hem… ¿Kaoru, se podría saber qué haces?-
La joven hundió la manga de un kimono en el agua jabonosa.
-Lo que sea que me mandó hasta aquí, me envió con la ropa sucia. Lavo mis vestidos.-
Kenshin tomó el jabón que ella usaba notando que era su jabón de baño.
-Hem… Kaoru, no te apures por estas cosas. Ven conmigo. Te enseñaré algo.-
Tomó a la joven de una muñeca y con la otra se llevó la cubeta con los kimonos mojados. Kaoru vio que Kenshin metía la ropa en una caja blanca enorme con un círculo transparente al medio, en un cuarto que ella no recordaba estuviera allí antes.
-Mira, esto se llama lavadora. Le echas un poco de esto aquí.- dijo, metiendo detergente en una cajita salida del alguna parte.- Luego presionas este botón, y después la cierras. Dentro de treinta minutos tu ropa saldrá limpia y casi seca.-
-Imposible…- dijo Kaoru, acuclillándose para ver la ropa girar y girar dentro del aparato que hacía un extraño ruido después de llenarse de agua. Kenshin sonrió y pensó que no pasaba nada si la dejaba sola y se iba a vestir. Le había gustado ver que ese día seguía allí.
Al cabo de un rato regresó al cuarto de lavado. Kaoru se había sentado abrazando sus rodillas y miraba atentamente la máquina.
-Kenshin, no vas a creerlo pero de pronto esta lavadora tenía agua. Luego no y después se llenó nuevamente. Ahora se empieza a vaciar… -
Ella se detuvo abruptamente cuando vio al pelirrojo vestido de una forma tan diferente. Kenshin se sintió incómodo por unos momentos, levemente ruborizado bajo su escrutinio.
-¿Esta es la ropa del 2009?-
-Si.- le respondió el joven hombre.- Este es un pantalón y se llama jean.-
-Yo he visto pantalones en mi época, pero ninguna tela como ésta.- dijo ella, acercándose y tocando la mezclilla azul del pantalón. –La prenda de arriba es rara también.-
Kenshin sonrió.
-Oye, Kenshin… pero en estos días también se usa kimono, ¿verdad? Y hakamas… -
-Claro que si, sobretodo para fiestas en el templo y eventos especiales. La gente importante también la usa mucho.-
El pitido de la máquina de lavar los alertó de que había terminado su trabajo. Kenshin sacó la ropa seca de Kaoru, notando que las prendas estaban hechas enteramente a mano. Ella, feliz, salió corriendo para cambiarse, porque ya se sentía incómoda con la yukata puesta.
La lavadora del 2009 le empezaba a gustar.
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Después del desayuno, Kenshin decidió ordenar sus libros y apuntes. Kaoru barría el patio apaciblemente.
Él sinceramente esperaba a que ella en algún minuto le dijera que la broma había terminado pero todo era muy raro con ella. A veces aún creía que se trataba de una farsa y otras, muy a su pesar, empezaba a creerle.
Y eso era lo más desconcertante.
-Señorita Kaoru.- la llamó cuando ella terminaba su labor. Kaoru se dio vuelta de inmediato con una sonrisa que al verlo se desvaneció. Ella había olvidado donde estaba.
-Dime.- contestó acercándose a él.
Kenshin pestañeó. La había llamado sólo por el impulso de pronunciar su nombre con algún honorífico. Pero no se lo diría. Decidió tenderle una trampa.
-¿Te gustaría comer un trozo de sandía?-
-Si.- respondió. Y al segundo su cara se iluminó de alegría. Kenshin regresó luego de la cocina con dos trozos de sandía y una cuchara para cada uno. La idea es que ella la tomara con naturalidad y comiera la sandía ayudada por eso. Pero Kaoru miró extrañada el sencillo elemento.- ¿Y esto?-
-Úsalo. Te ayudará a no mancharte.- Dijo al verse derrotado y sintiéndose un poco tonto por decir algo que para él era obvio.
Kaoru observó como Kenshin usaba su cuchara y luego, con cierta torpeza, inició ella. Al rato ya dominaba la técnica.
-Y dime, Kaoru de 1882… ¿qué hacías allá?- Kenshin quería ver qué historia inventaría.
La joven escupió una pepita de sandía.
-Yo soy maestra de kendo. Imparto clases en mi dojo.-
Kenshin puso cara de sorpresa.
-¿Maestra de espadas?-
-Claro. Es decir… no espadas espadas así, metálicas, no. Espadas sólo de madera y bambú. Mi padre instauró esa idea de las espadas como un arte, no para matar. A Kenshin ese ideal le encantaba y decía que sería magnífico si en el mundo… -
-Kaoru.- la interrumpió el pelirrojo divertido.- Me alegra informarte entonces que el kendo actualmente se enseña con fines competitivos, para cultivar además la mente y el espíritu. Hay torneos a nivel mundial y gente de muchos países lo practica. Pero… yo pensé que ese tipo de kendo venía de principios del siglo veinte.-
-¿Es verdad?-
-Claro que sí. Yo mismo lo practico, pero por placer. No me interesa ganarle a nadie, salvo a mis propios defectos como persona.-
Kaoru sonrió. No entendió lo último que él dijo, pero sonó bonito.
A ella le gustaba mucho este nuevo Kenshin porque siempre parecía a punto de reírse con las cosas que decía y esa la hacía sentirse bien. Ella en muchas ocasiones hubiera deseado que en el pasado,
Kenshin se relajara más con ella y olvidara sus penas.
-¿Y tú en qué trabajas?- preguntó al pelirrojo.
-Yo soy profesor de Historia Japonesa, en la universidad de Tokio.-
-¿Eres un maestro?-
-Oh, yes… - respondió distraído. Al ver que ella no comprendía, respondió en su idioma.- Claro que sí.-
-Entonces, tal vez, tú sepas muchas cosas de mi época. Más que el común de la gente de aquí,
¿verdad?-
-Asi es. Por ejemplo, sé muy bien que debes estar sufriendo mucho calor con ese kimono que por lo que veo, no es de verano.-
Kaoru asintió.
-Busqué esta mañana en el armario más de mi ropa, pero sólo venía esto. No comprendo nada… -
-Sabes, Kaoru, no sabemos cuánto tiempo más estarás aquí, y la idea es que no te mueras de calor. Mira, en estos años sucedió algo con el planeta y ahora hace mucha más calor que antes. Si no quieres rostizarte como un pollo, lo mejor será comprarte un kimono.- Total, ya se lo descontaría a Sanosuke luego.
La joven abrió sus enormes ojos oscuros. No tanto por el temor del sol, sino porque no entendía esa frase de "rostizarse como un pollo".
-Espera, no puedes hacer eso. Los kimonos son muy costosos, yo por eso tengo sólo algunos y…-
-Kaoru… este es otro mundo. Te aseguro que los kimonos no son tan caros. Aunque yo te compraría un par de vestidos que de todos modos son más frescos.-
-¿Vestidos?... Vestidos… ¿occidentales?- dijo ella con ilusión, pensando en los grandes vestidos que vio una vez, visitando cierto puerto.
-Sí, son muy lindos. Las chicas se ven guapas con ellos.-
-Muy bien. Vamos a ver los vestidos occidentales.- dijo ella con entusiasmo. Kenshin fue hacia el interior de la casa para cambiarse los pantalones largos por unos cortos y sandalias. Kaoru al verlo, pensó que nunca antes había visto las piernas de Kenshin y éstas le parecieron bonitas, bien torneadas y proporcionadas, pero nada dijo. Ni hizo comentarios de la ropa. Era otro mundo y los hombres mostraban las piernas.
Kenshin se acercó a ella con algo blanco en la mano.
-Quédate quieta. Esto es por tu bien.-
Las manos masculinas se movieron sobre la cara de Kaoru, aplicándole una extraña crema con un rico olor dulce. Ante la pregunta que ella formuló, él respondió:
-Esto protegerá tu piel. ¿Recuerdas que te dije que la temperatura había subido y hacía mucho calor? Pues bien… eso nos hace daño y por eso esto nos ayuda a evitarlo.-
-Tu mundo del 2009 es práctico, pero también algo aterrador.- observó Kaoru.
-Yo también lo pienso, pero es lo que nos toca vivir. Oye, Kaoru, a todo esto, ¿no te gustaría cambiarte de ropa? Si vas a comprar ropa nueva, será incómodo ponerse y sacarse el kimono.-
-Me gustaría pero no traje nada… -
-Yo te prestaré un pantalón corto como éste y una camiseta.-
Kaoru pestañeó.
-¿Tengo que mostrar las piernas?- de pronto pensó en Misao.
-No pasa nada, Kaoru. Todo el mundo lo hace. Nadie te molestará por eso. Y si lo hacen, yo te
protegeré.-
La joven sintió como calorcito al oír a Kenshin decirle que la protegería. Sus mundos eran muy diferentes pero quizá, los Kenshin siempre eran gentiles en todas partes.
Mientras Kaoru se cambiaba, Kenshin atendió el teléfono. Era Sanosuke.
-Hola Kenshin, amigo… ¿te ha gustado mi regalo?- Kenshin iba a contestar que estaba fascinado con el obsequio hasta que Sanosuke agregó.- Lo dejé esta mañana en la puerta de tu casa. No pude ayer pero… -
-¿Qué no pudiste ayer?-
-No… es que tuve una emergencia. Mi tío Sozo se puso mal y la pasamos en el hospital. De hecho, te estoy llamando de Kobe, porque te dejé el regalo y me vine volando de regreso. No nos veremos en unos días.-
Si había alguien que para Sanosuke era sagrado, ese era su tío Sozo que lo había criado desde niño. Y él nunca inventaría una broma o una excusa con relación a él. O sea…
Kenshin corrió hacia la puerta de su casa en cuanto colgaron, y descubrió una caja envuelta en papel de regalo. Con el corazón martilleándole, la abrió y sacó un traje antiguo, con un hakama y un gi y todas esas cosas que componían un traje de fiesta tradicional.
Eso costaba una pequeña fortuna… y eso excluía inmediatamente la contratación de cualquier muchachita que se hiciera pasar por una japonesita de la Era Meiji. Kenshin volvió al patio muy confundido.
Al rato salió Kaoru vestida con una polera manga corta y bermudas hawaianas. Venía descalza.
-¿Podrías prestarme algo para los pies?- Kaoru lo miró con atención.- ¿Pasa algo?... quizá ya no quieras salir.-
-No es nada… - dijo él no muy convencido.- Es decir, saldremos… - y se metió a la casa.
Kenshin buscó entre sus cosas y sacó unas sandalias que usaba cuando niño, que le quedaron a la joven. Luego le echó protector solar en los brazos y para no intimidarla, le indicó como echarse en las piernas. Sólo que había un pequeño detalle que él no previó.
-¿No traes sostén?-
-¿Qué es eso?-
Kenshin pasó saliva con la idea de… movió la cabeza molesto con él mismo.
-Hem… por ahora no te preocupes… esteee… quiero que te sueltes el pelo y lo eches hacia delante.-
Kaoru hizo caso, pensando que el mundo 2009 era muy exigente. No sabía que Kenshin así trataba de tapar la visión de sus pezones a través de la camiseta.
-Muy bien. Ya estás lista… estee… -Kenshin estaba ideando algo.- Escúchame bien, Kaoru de 1882… el mundo ha cambiado mucho y puede que te lleves una gran sorpresa en cada esquina. Por eso, no te apartes de mí. ¿Entendido?-
-Si.- respondió ella.
La primera sorpresa fue cuando traspasaron el portón de la casa y ella vio la calle completamente pavimentada, de lado a lado. Era muy cómodo andar sobre el terreno liso. Luego vio los extraños faroles que muy alto, iluminaban la noche.
-Esos son los soles que viste ayer.- dijo mirándola de reojo. Ella abría sus enormes ojos, tratando de abarcarlo todo y él sólo pensaba en el modo de llevarla al registro civil. No sabía quien era y en estos tiempos no se podía confiar en nadie. Pediría que rastrearan su huella digital.
Para distraerla, Kenshin le explicó que los muchos cables que veían correspondían al tendido eléctrico. Kaoru le dijo que ella algo había visto de electricidad en su época, pero que no tenía tantos usos como ahora.
Pero eso no fue nada hasta que llegaron a una calle principal y Kaoru quedó aterrada con los autos y el ruido que hacían al pasar. Por eso Kenshin decidió tomar un atajo por caminos más solitarios, sin tanto tráfico.
Le compró un helado a Kaoru para seguir la incursión.
-¡Esto sabe delicioso!- dijo ella.-Y está frío… pero es rico… dime, Kenshin, ¿acá todos tienen refrigerador?-
-Claro.- respondió comiendo su helado de menta.
Kaoru se quedó pesando y luego comentó:
-Con razón pasan tantas calores, si todos han capturado un pedazo del invierno.-
Kenshin casi se atragantó con la ocurrencia de la joven, aunque en cierta forma ella tenía razón con respecto a los refrigeradores.
Iban llegando a las tiendas cuando Kaoru notó que un tipo trataba de arrebatarle su cartera a una mujer. Ella forcejeaba para conservarla y aunque la gente los observaba, nadie hacía nada.
-¡Esto no puede estar pasando!- dijo molesta. Tomó rápido un mango de escoba y salió a la acción.
Kenshin se puso pálido al ver a Kaoru enfrentándose a un sujeto armado con un cuchillo que al menos soltó la cartera de la mujer, quien huyó luego tan rápido como pudo. Mientras, Kaoru enderezaba la espalda y se ponía en posición de defensa.
-Entrometida, hija de &... –
Se lanzó hacia ella con todas sus fuerzas pero la joven lo esquivó en el momento oportuno y le dio en la espalda un escobazo tal que el pobre tipo cayó al suelo. Su intuición le decía que no había acabado todo allí y rápidamente recuperó su guardia, a tiempo para darle de escobazos a otro que la atacaría por la espalda.
También quedó en el suelo, justo cuando se escucharon los pitazos de la policía.
Uno de los ladrones tomó a Kaoru de un pie y la hizo caer. Luego se incorporó para huir. No contaba con que se le estrelló un puño en el rostro.
Kenshin entonces tomó a Kaoru de una mano y la ayudó a levantarse.
-¿Qué pasó aquí?-preguntó un oficial con un gracioso uniforme azul que Kaoru nunca antes había visto.
-Estos tipos trataron de robarle su cartera a una señora…- dijo ella.
-Mentira, señor oficial. Esa maldita mujer me quitó a mi cartera y esta imbécil se metió.-
Kaoru sintió las mejillas arderle de la vergüenza. La mujer en cuestión había salido corriendo…
-Señorita, nos tendrá que acompañar como cómplice.- dijo el policía.
-Yo también ayudé a la señorita aquí presente, asi que nos tendrá que llevar a los dos.- dijo
Kenshin de pronto, poniendo las manos para que lo esposen. Ni loco la dejaba sola en esto.
-Pero si ellos estaban robando, señor policía… se lo prometo… - dijo Kaoru muy asustada.- todos lo vieron… - añadió, buscando entre la gente que miraba a alguien que avalara su historia. Pero la gente sólo dio la espalda y se fue. –Es la verdad… -
De pronto, detrás de un policía apareció la señora, jadeando.
-Ustedes me dejaron atrás, no he podido llegar antes… pero… ¡qué están haciendo!- reclamó al ver a la jovencita valiente con esposas y al pelirrojo.
-Ellos estaban asaltando.- dijo un oficial.
-Nada que ver.- dijo la señora.- ella me ayudó. A mí me atacaron entre dos hombres.-
Los policías cayeron en cuenta de su error y después de soltar a Kenshin y Kaoru, corrieron a buscar a los otros dos que ya les llevaban un par de cuadras de ventaja corriendo. Kaoru se sobó las muñecas y recibió el agradecimiento de la señora.
-Los policías son tan tontos como siempre. Eso no cambia. Y gracias por ayudarme y romperle la nariz a ese tipo.- dijo ella de buen humor. Pero Kenshin iba con cara de pocos amigos. -¿Qué pasa?-
El pelirrojo la miró y luego le tomó la mano con fuerza. Kaoru se ruborizó porque a ella nunca le habían tomado la mano.
-No te soltaré hasta que lleguemos a casa.-
-Pero ¿por qué?-
-Porque no puedes ir por la vida metiéndote en peleas ajenas. Si esos tipos hubiesen tenido un arma de fuego… en estos tiempos matan a la gente hasta por un cigarrillo, Kaoru. No es como antes que aún los ladrones tenían su código de conducta… Me asusté mucho cuando ese desgraciado te botó. Además, acá no existe ley de defensa personal como en otros países. Si tú le hubieras causado daño a los ladrones, te hubiesen llevado presa.-
-Pero Kenshin, no tienes que preocuparte por mí. Me sé cuidar muy bien yo sola.-
-Tienes veinte años… -
-Si, pero en mi mundo, a los diecisiete yo participé en batallas. Y al lado del mejor. De Kenshin. Si de verdad supieras tanto de historia japonesa, lo conocerías.-
Kenshin no quiso seguir pensando en eso porque eran sus vacaciones y por ahora no quería saber nada de historia japonesa. Desvió el tema cuando llegaron a una oficina del Registro Civil.
-Kaoru.- le dijo al notar la cara de curiosidad que ella tenía.- pediré que te tomen la huella digital, ¿está bien? Luego seguiremos las compras.-
En ese momento Kenshin pensó que Kaoru se rehusaría o saldría corriendo a perderse acabando con la farsa. Pero sólo preguntó:
-¿Eso duele? ¿Y qué es una huella vegetal? No sabía que había que hacer eso en el mundo del 2009 antes de comprar ropa.-
Kenshin la llevó al interior de las oficinas, donde un amigo suyo trabajaba. Lo llevó aparte y le dijo:
-Tengo un problema… verás, mi prima se golpeó la cabeza hace un tiempo y tiene amnesia. Pero no me cree que se llama como se llama. Por eso me gustaría que ella misma viera su nombre en la pantalla de la computadora cuando le tomes la huella digital.- mintió.
El joven funcionario no tuvo problema. Hizo que Kaoru pusiera su dedo sobre una cajita muy pequeña con una luz roja.
-Con eso basta.- le dijo a Kenshin tecleando en el computador.- Ahora sólo debemos esperar unos segundos a que el banco de datos encuentre su nombre.-
Kaoru se quedó mirando los pequeños soles de la oficina mientras Kenshin miraba la pantalla. En eso, el joven fue llamado por un jefe y se levantó dejándolo solo. De pronto, el computador terminó su búsqueda y Kenshin, sin esperar a su amigo, hizo girar la pantalla hacia él, donde una frase remarcada le heló la espina dorsal.
"Huella desconocida"
Cerró el programa antes que nadie lo viera y le dejó una nota de agradecimiento a su amigo. Luego tomó a Kaoru de una mano (quien estaba interesada en unas aspas giratorias que hacían brotar viento) y salió de allí.
De pronto… no tuvo otra opción que creer que realmente ella era de otra época.
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-Hey, Kenshin.- llamó ella su atención.- Creo que tengo dinero y podré pagarte la ropa, si no es muy cara.-
Él la observó con genuino interés. Era muy bonita y ni tenía ni la más mínima idea de dónde había salido. Sin duda era japonesa. Su acento por ejemplo, sus rasgos… su contextura… y se veía muy mona con una gorra de béisbol que le compró.
Siguió pensando en eso hasta que llegaron a una tienda de ropa interior y él habló con una señorita.
-Necesito que ayude a mi prima. Ella vivía en las montañas con unos monjes y no sabe nada de estas prendas. Déle dos sostenes y unas siete bragas. Que ella escoja, que sea cómodo y bonito. Y recuerde usar tacto, ¿estamos?- luego se devolvió.- Ah… y muéstrele un traje de baño. Explíquele lo que es… -
La vendedora se extrañó con la petición del atractivo pelirrojo hasta que estuvo frente a frente con Kaoru. Realmente la chica no sabía nada de esas prendas y aunque la vendedora por un momento pensó que le tomaban el pelo, al ver tamaña sinceridad en los ojos de la chica, no pudo sino sucumbir ante su inocencia y encanto.
Al rato salió Kaoru de allí con una bolsa llena de cosas. Venía ruborizada pero feliz. La ropa 2009 era muy bonita y las bragas muy cómodas. Tanto así que se dejó una puesta bajo el bermuda. Y un sostén bajo la polera.
El siguiente paso fue una tienda de kimonos.
-Te compraré uno de verano. Los demás serán vestidos. Ya que no sabemos cuánto tiempo estarás… -
-Kenshin, te lo agradezco. Y te prometo que te pagaré y… -
-No te preocupes. Si en verdad eres instructora de kendo, podrás ayudarme con las prácticas. No he practicado últimamente.- dijo cortándola, sin mucho ánimo de conversar.
Pero Kaoru se animó. Su sueño de practicar con Kenshin estaba por cumplirse, aunque… aunque fuera con otro Kenshin.
Eligió un kimono sencillo pero de motivos hermosos y más tarde un par de vestidos de algodón, de
modelos románticos, de falda amplia hasta la rodilla y tela vaporosa ya que era lo más parecido a los modelos que vio alguna vez. También quiso comprar unas bermudas como las que traía porque eran muy cómodas, pero no encontró una iguales a esa y al final acabó comprando unas sandalias adornadas con piedritas brillantes y esas cosas.
Por alguna extraña razón que él no quería ni imaginar, no había podido llevarla a la policía para que se hicieran cargo de la intrusa en su casa porque de pronto pensó que se confundiría y aterraría de un modo espantoso, dando por sentado que lo que ella decía era verdad y que él quería evitarle ese trauma. Y es que, para ser sinceros, Kenshin comenzaba a creerle que venía desde hacía muchos años atrás. Y aunque el "cómo" no tenía lógica para él, ya a estas alturas era lo de menos porque lo importante es que estaba aquí.
Llegaron a casa y Kenshin pensó que no importaba la época de una mujer, ésta siempre era feliz después de las compras.
Kaoru corrió a su cuarto a cambiarse y luego de mucho pensarlo se vistió con el kimono nuevo. La tela se sentía bien, muy suave… luego recordó lo del dinero y buscó dentro del armario. Kenshin llegó a verla.
-No creo que tu dinero haya viajado contigo. No te preocupes por eso. En verdad.-
-Yo tampoco creo que mi dinero haya hecho ese viaje pero… este armario es el original que estaba en mi cuarto, aunque ahora se ve más viejo. Tú me dijiste que la casa se había quemado.-
-Es cierto, aunque exageré. Se quemó un ala de la casa. Esta pieza no, aunque la madera ha sido cambiada algunas veces.-
-Lo que pasa.- explicó Kaoru.- Es que mi armario tenía doble fondo y en él yo solía guardar mi dinero. Hem… acá está.- dijo la joven sacando una pieza de madera y luego un saquito polvoriento.- acá está mi dinero.
Kenshin la miraba boquiabierto. Él… el vivía en esa casa desde que tenía uso de razón y nunca imaginó que encontraría algo en ese armario donde tantas veces se escondió jugando, cuando era niño.
-Creo que esto estará bien para pagarte por lo que has gastado en mí.- dijo Kaoru dejando caer varias monedas de plata en la mano de Kenshin quien al verlas, quedó absolutamente asombrado.
Era monedas de plata genuinas, de la Era Meiji. Miró luego a Kaoru. Estaba seguro al fin de que no se trataba de una broma ni de una ilusión. Esa chica era de otra época. Todo eso era real…
-Toma.- le dijo, regresándole el dinero con el corazón latiéndole a mil por hora.- Guárdalo. Es tuyo.-
-¿Acaso no alcanza?- preguntó ella.
-Es que… Kaoru.- respondió con sinceridad.- En tu mundo no sé cuánto valdrá lo que tienes ahí, pero acá, ese saquito que tienes vale millones de yens.-
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1882, (En algún lugar)
Kenshin encendió una fogata, pues la noche estaba cayendo y quería asarse un pescado.
Como muchas veces, a lo largo de los últimos años, pensó en Kaoru y en la decisión que había tomado hacía cosa de un mes: regresar al dojo Kamiya. Ya le quedaba más o menos una semana de viaje hasta allá y aún iba pensando en lo que iba a decirle. No estaba muy seguro de cómo tenía que empezar para disculparse, o decirle para que lo aceptara de nuevo, pero si estaba seguro de lo que quería encontrar: A una Kaoru aún soltera y con ese corazón de oro que tenía. Porque sabía muy bien que con esos dos requisitos, podría volver a estar con ella.
Esperaba que todo saliera bien, ahora que estaba decidido a recuperarla. No se podía arrepentir de la decisión que había tomado antes, ya que había ayudado a mucha gente a sobrellevar sus penas y enfermedades y él mismo se sentía liberado ahora que pudo llevar a cabo su nueva misión. Pero aunque sabía que la extrañaría y estaba dispuesto a asumir ese costo, nunca pensó que la echaría tanto de menos y de un modo que le llegaba a resultar doloroso.
Se acostó rato después con la panza llena y una sonrisa de satisfacción en los labios: pronto la vería y gracias a eso, el futuro se veía luminoso, como nunca antes en su vida. Esta vez sentía que tenía la felicidad cerca y lucharía por ella, porque la mereciera o no, todos tenían el derecho a disfrutar de ella.
Incluso alguien como él.
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Fin Acto Dos
El mundo 2009
Marzo 29, 2009.
Notas de autora:
Hola!!
Las correcciones del fanfic hasta el momento son pequeñas, como las referentes al año que transcurre (como notaron, ahora se trata del 2009) y otros detalles que tienen relación con la vida en Japón. Me sorprendió descubrir curiosidades como el que las mujeres deben tender su ropa interior de preferencia dentro de sus casas porque corren el riesgo de que se las roben y me gustaría incluir una escena así más adelante.
En estos días estoy especialmente ocupada, debido a que se me viene pronto un cambio de casa. Es posible incluso que me quede sin actualizar un par de semanas.
Ante algunos comentarios que me han llegado, he de decirles que no es mi intención, bajo ninguna circunstancia, dejar tirada "Prisionera". Eventualmente puedo retrasarme un poco con las subidas a fanfiction porque mi vida está definitivamente en otra etapa de mucho trabajo y esfuerzo para lograr mis objetivos, como la casa propia y el ser capaz de sacar adelante un negocito de gas. Y cuando no estoy en eso, tengo un esposo que requiere de mi tiempo y es toda mi adoración. Pero es mi intención más sincera, terminar Prisionera cuanto antes, de preferencia, antes del mes de Julio.
Por otra parte, luego de Prisionera, la idea es retomar "Entre mis Brazos". Una vez comenté que al terminar la saga de Actuación sin Libreto, pensaría en el retiro, y bajo esa idea, quedan dos sagas más sin fecha de estreno aún. Ni siquiera creo que sea dentro de este año, asi que no me pienso ir todavía y por ende, hay muchísima esperanza de que finalice algún día las historias que me van quedando en el tintero como "La Fiera". Por lo mismo, les pido paciencia y tiempo. Uno necesita muchas horas y a veces días para sacar adelante un episodio tipo de quince páginas y como irán descubriendo al crecer, a medida que a uno le pasan los años, el tiempo para hacer cosas se acorta.
Mientras, les dejo un millón de gracias a quienes siguen esta nueva versión:
Okashira Janet
Tumba de Tomoe
A KaoruHimura
Maron-chan2
Cindy-Jhonny
Les dejo miles de besitos y cariños. Nos leemos pronto.
Blankaoru.
