LA HERENCIA SECRETA DE LOS MCCOY
Juego de espías
-¿Qué buscas aquí?-preguntó una voz, pillando a Alice por sorpresa.
La rubia se dio la vuelta para encontrarse con su padre, en cuya cara se reflejaba la preocupación.
-No podía dormir, papá.-se excusó Alice.
-No deberías pasear por aquí por la noche. Podrías perderte.- la reprendió Russ.
-Claro.- contestó Alice con apatía. Después de eso, se fueron a sus respectivas habitaciones, pero Alice no lograba conciliar el sueño.
Esa misma noche, en la base de la RAF(Royal Air Force) en Leuchars, cerca de St. Andrews, hacía su entrada Mitsuo Yamaki. Un soldado intentó cortarle el paso. El director de HYPNOS se limitó a sacar un papel de su bolsillo. El soldado realizó un saludó marcial y guió al recién llegado al despacho del oficial a cargo de la base, el Comodoro del Aire O'Shea.
Pese a que eran las 3 de la madrugada, el eficiente oficial estaba más que despierto para recibir a su visitante. Lo único que sabía es que aquella tarde el primer ministro en persona había ordenado a sus superiores que se pusieran al servicio de un misterioso hombre japonés que llegaría a su base de madrugada, y que su rango estaba en juego. Ahora, aquel hombre no solo se había presentado en Leuchars, sino que uno de los hombres a su cargo le había llevado a su mismísimo despacho. No le gustaba que pasasen esas cosas en su base.
-Soldado¿Por qué motivo no ha retenido a este civil en la entrada de la base?- inquirio mientras miraba al hombre de traje con mirada despectiva.
El confundido soldado tragó saliva. Miró a Yamaki, que permanecía imperturbable, luego a su superior, y luego al papel que el japonés llevaba en la mano.
El oficial, percibiendo la mudez repentina del joven, optó por acercarse él mismo.
-Señor, ¿Me permite?-dijo el Comodoro del Aire, haciendo referencia al misterioso papel.
-Por supuesto.-contestó el visitante, entregándole el papel. Su expresión era inescrutable tras esas gafas oscuras, aunque el oficial creyó discernir un amago de sonrisa.
O'Shea leyó el papel. Era un documento firmado por el secretario de la ONU, los representantes del Consejo de Seguridad y la mayoría de los altos mandos militares de Europa, América y Asia. En él se concedían poderes absolutos a su portador, no a nadie en concretó. Ahora fue él quién tragó saliva: quien portara ese documento sería la persona más poderosa del mundo. Lentamente levantó la vista del papel hacia el hombre que aguardaba pacientemente en su despacho.
-¿Quién es usted?-preguntó, con temor.
-Mi nombre es Mitsuo Yamaki- reveló-Soy el director de HYPNOS.
-¿HYPNOS?¿La agencia japonesa de control de la red?¿Los tipos que se cargaron al D-Reaper?- preguntaba impresionado el oficial.
-Sí- Yamaki se quitó las gafas y con sus fríos aunque sinceros ojos azules mirando a O'Shea añadió- Somos los tipos que salvamos el mundo.
A la mañana siguiente, Alice y su padre estaban en el jardín trasero del castillo, el que daba a la carretera, esperando a Mr. Chapman. Alice le preguntó a su padre:
-Papá¿Mr. Chapman es tu abogado, no?
-No exactamente-explicó Russ-Mr. Chapman es el abogado de tu abuelo para sus asuntos en Europa.
-¿Qué asuntos tiene el abuelo en Europa?-se extrañó la joven.
-Ninguno, por eso hasta ahora no le conocíamos. -dijo Russ con una sonrisa-Pero cuando derribaron el ala norte remitió una carta del ayuntamiento al abuelo, pero el no quería saber nada, así que vinimos nosotros.
-Pero Mr. Chapman nos presta mucha atención para ser solo un abogado.
-Es cierto. Verás, su padre era un gran amigo de mi abuelo Russell, tu bisabuelo, es posible que pretenda honrar su memoria.-indicó el padre de la chica-De hecho, ambos murieron en el mismo accidente aéreo. Je, no se parecían mucho, su padre era un tipo muy alegre y extrovertido, siempre estaba en el castillo en Navidad.
-Entonces ya os conocíais de niños.- dedujo Alice
-En realidad no. Él siempre estaba en un internado de Londres, incluso en Navidad.-denegó Russ.
Interrumpieron su conversación al discernir como se acercaba el Citröen 2Cv del abogado. Este se paro a recogerles.
-Buenos días, señor McCoy. Buenos días señorita Alice.-saludó el serio Mr. Chapman, mientras los norteamericanos subían a su preciado coche.-¿Qué tal han pasado la noche?¿Algún fantasma?
Alice se sobresaltó. No había pegado ojo en toda la noche pensando en lo sucedido. Había visto un digimon. Y las interferencias no podían ser otra cosa que una puerta digital. Pero había oído varias veces a su abuelo decir que tras destruir a D-Reaper haciéndolo involucionar hasta el infinito, todos los digimons habían tenido que regresar a su mundo para no seguir el mismo camino. Al no quedar digimons en el mundo real, no existían interferencias entre su mundo y el nuestro, lo que impedía la existencia de puertas digitales.
Pero Dobermon nunca había regresado, pensaba Alice. Ella sabía que los digimons eran datos, pero tal vez, cuando Dobermon desapareció, algunos de sus datos, su "espiritú", había permanecido en este mundo. Pero eso no explicaba porque se había abierto una puerta precisamente allí. Probablemente debería decir lo que pensaba a su padre, al fin y al cabo, sin los dibujos que este había hecho de pequeño, los digimons no existirían.
Interrumpió el hilo de sus pensamientos al escuchar las quejas de su padre:
-¡Mr. Chapman, se ha saltado el pueblo!Creía que ibamos a desayunar en Redwood.
-Ummm, es cierto que cuándo usted llegó quedamos en eso. Pero ayer estuve en Redwood y los ánimos están muy tensos después de que usted impidiera la demolición del castillo.-se excusó.
-No lo entiendo¿Por qué tienen tanta manía al castillo?- preguntó Russ.
-Como le dije ayer, creen que esta maldito y le tienen un pánico atroz. Llegaron a ponerse agresivos conmigo.- explicó el escocés..
-¿Está usted bien?- se preocupó el hijo de Dolphin.
-Por supuesto señor, casi todos los habitantes del pueblo tienen más de sesenta años. Pero juzgue inconveniente pasar por allí- Russ asintió con comprensión- así que les llevo a pasar la mañana a Haddington. Además, quería estar en casa para ver el fútbol. Hoy se juega el Celtic-Rangers.
-Ah, así que es por el fútbol.-dijo Russ con una sonrisa-si alguna vez va a Oakland, puedo conseguirle entradas para los Raiders.
En ese momento, Mr. Chapman pegó un brusco frenazo, giró la cabeza, miró a Russ como si le hubiera cortado un brazo y le dijo:
-Yo veo fútbol. Los Raiders no son fútbol, son basura comparada con el fútbol.- declaró con mirada amenazadora antes de reanudar la marcha.
Alice había contemplado este episodio y había llegado a la conclusión de que su padre no era la mejor opción. Aunque hubiese dibujado a los digimons, poco o nada sabía de lo que estos eran actualmente. Además era un poco torpe. La mejor opción era llamar a su abuelo, o al señor Yamaki, aunque no se fiaba mucho de él desde lo que paso en el aeropuerto. Entonces tuvo una súbita revelación. ¿Para qué había ido el director de HYPNOS en persona a casa de su abuelo? Según Dolphin, estudiaban la posibilidad de traer a los digimons de los tamers de vuelta sin comprometer la integridad de ambos mundos. Pero Alice no podía dejar de pensar en que había alguna otra razón oculta, y que tenía que ver con ella y Dobermon, lo que explicaría el ofrecimiento de Yamaki de acompañarla a Escocia.
Russ, Alice y Mr. Chapman desayunaron y pasaron la mañana en Haddington, visitando los lugares de interés. Tras ello, Mr. Chapman amablemente les invitó a comer en su casa, un pisito realmente confortable que contrastaba enormemente con la personalidad distante e introvertida de su dueño.
Tras "degustar" una presuntamente sabrosa comida , que reunía casi todas las "excelencias" culinarias de las islas, Alice pidió permiso para llamar por teléfono a su madre y a su abuelo. Pese a la reticencia inicial de Mr. Chapman, lo obtuvo y se fue a la otra sala, dónde estaba el teléfono. Tras saludar a su madre y mentir descaradamente al convencerla de que comía bien, la joven rubia, decidida a contar a Dolphin sus sospechas, llamó a su inteligente abuelo.
-¿Dígame?-se oyó la cansada voz de Rob McCoy, a quien la llamada de su nieta había despertado.
-Abuelo, soy yo, Alice.-indicó la chica.
-Ah, hola cariño ¿Qué tal te lo estás pasando por allí?¿Tú padre ya ha metido la pata invitando a alguien a ver a los Raiders?- preguntó Dolphin, que conocía muy bien a su hijo.
-Sí, pero quería hablarte de una cosa.
-¿De qué?
-Veras, anoche...-(clic)Alice paro en seco¿Había oído lo que había creído oír?
-¿Alice?¿Alice, sigues ahí?- preguntaba su abuelo.
-Abuelo, tienes que venir, no te lo puedo explicar ahora. Adiós.-dijo la rubia con agitación, colgando tras dejar sumamente preocupado a su abuelo.
Alice se volvió, y a punto estuvo de pegar un grito al ver a Mr. Chapman en la habitación.
-¿Va a venir tu abuelo?- preguntó, enarcando una ceja.
-No lo sé, tal vez.- contestó Alice yéndose de allí bastante confundida.
En cuanto comprobó que no había nadie cerca, cogió el teléfono y sin marcar ningún número dijo:
-La habéis cagado.
En ese momento, en una unidad secreta de contraespionaje en la base aérea de Leuchars, el Comodoro del Aire O'Shea se dirigía, no sin cierto placer, a su recién descubierto superior.
-Es cierto, señor.
-Es imposible-dijo Mitsuo Yamaki mientras abría y cerraba su zippo con furia-¿Cómo ha podido descubrir nuestra vigilancia?¡Repón la grabación!- ordenó al operario.
"-Sí, pero quería hablarte de una cosa.
-¿De qué?
-Veras, anoche..."
-Se para de repente, no tiene sentido.-se quejaba Yamaki.
-Repite la parte de "Veras, anoche..."-ordeno O'Shea.
"-Verás, anoche..."
-¿Lo oye?-preguntó el oficial al nipón.
-¿El qué?-inquirió a su vez Yamaki.
-Ponlo otra vez.-ordeno de nuevo.
"-Veras, anoche(clic)..."
-¿Qué es ese sonido?-preguntó el director de HYPNOS.
La contestación del operario y el Comodoro fue dirigir sus miradas al zippo de Yamaki, que pasaba uno de sus peores momentos. Yamaki también lo miro y frenó su tic.
-Pero no tiene sentido. Esta vía de escucha es unidireccional. Ese sonido no debería estar ahí.-dijo confuso el operario.
-Los salvajes-empezó a decir Yamaki.-Los salvajes sienten una fuerte conexión con esa chica. Si este equipo ha tenido un mínimo contacto con la red, los salvajes pueden haber interceptado el sistema.
-¿Tan temibles son los salvajes?- preguntó el Comodoro del Aire.
-No debe temer nada de ellos mientras contemos con el apoyo de sus dioses. Pero la clave para conseguirlo la tiene esa chica.-fue la respuesta de Yamaki.-Debemos desplazarnos a Redwood.-agregó.
-¿Por?
-Los equipos de vigilancia de la red de ZAITZER que la RAF compró en secreto solo funcionan in situ.-dijo.
-¿Cree que puede haber salvajes en ese castillo?
-Averigüemoslo.
Mr. Chapman dejó a Russ y Alice en el castillo de Redwood, en el mismo lugar en el que los había recogido.
-¿Vendrá mañana, Mr. Chapman?-preguntó Russ al abogado.
-Me temo que no. Me ha surgido un importante caso en Londres que requerirá mi estancia allí varias semanas.-indicó el escocés.
-Vaya, qué lástima. De todas formas gracias por todo.-dijo Russ.
-Ha sido un placer. Y si me permite un consejo, no vayan a Redwood, no se que podrían intentar hacerles. Adiós, señor McCoy. Adios, señorita Alice.-se despidió Mr. Chapman.
Alice y su padre entraron al castillo. Mientras que Russ decidió aprender la diferencia entre fútbol y fútbol americano viendo el Celtic-Rangers, Alice quiso reconocer la zona donde vió a LordKnightmon y la puerta digital. Allí ya no quedaba nada. Paseando por la parte más antigua del castillo, encontró un pasillo que no daba a una puerta, sino a una pared. Aquella parte no la había visto con su padre, pero por lo que este la había explicado, parecía ser lo poco que quedaba del ala norte. Tanteando la pared distinguió una estrecha apertura. Al estudiarla, se percató de que realmente era una puerta, pero luego habían construido esa pared. No pudo evitar la tentación de intentar colarse. unque era estrecho, pudo pasar. Se encontraba en un campo abierto, y si miraba hacia el castillo, podía verse demolido. Alice dedujó que eso era la ampliación del cementerio de Redwood. Siguió andando hasta el cementerio propiamente dicho, que se encontraba cercado en el patio de una pequeña iglesia. Intentó abrir la verja, pero estaba cerrada. Frustrada, la dió una patada.
El ruido de esa patada llamó la atención del anciano sacerdote Gregory McMurray, que se encontraba en el interior de a iglesia. Inmediatamente, salió a ver que pasaba. Al ver a Alice atrapada, abrió la verja, para después preguntar:
-¿Cómo te has metido ahí, chiquilla?
-Llegué a través de la parte derribada del castillo.-explicó Alice, temerosa de la reacción del sacerdote.
-Oh, debes de ser la hija del nuevo dueño.-dijo sonriente-Cuando vuelvas dale las gracias por impedir que lo demolieran, y dile que podéis pasar por Redwood cuando queráis.
-¿No...no querían derribar el castillo?-se extrañó Alice.
-Por supuesto que no, es el orgullo local.- dijo el padre McMurray, ultrajado.
-¿Y lo de la maldición?-preguntó Alice.
-Cuentos de viejas. Estamos en el siglo XXI, hace 2 meses un programa de ordenador casi destruye el mundo.¿Quién teme a los fantasmas despues de eso?
-Ah, vaya.-Alice, miró su reloj.-Discúlpeme, pero debo volver al castillo.¿Le importa que vuelva por donde he venido?
-Supongo que no.
Alice se adentró en el cementerio. Se dirigía hacia el castillo cuando una tumba llamó su atención.
-Disculpe, padre McMurray.-llamó Alice-¿Podría hablarme de esta persona?
-Claro-dijo acercandose el sacerdote-se trataba del abogado local, una persona muy querida. Murió en un accidente de tráfico hace tres años. Lo curioso es que detestaba conducir.
En la lápida podía leerse "Germaine Chapman Jr.".
