Bleach no me pertenece es propiedad de Tite Kubo.

bueno después de algún tiempo se me ocurrió hacer esta "pequeña" continuación... de antemano esta decir que es algo sino demasiado Ooc, sin mas que agregar les agradezco a aquellos que leyeron esta historia y a quienes la marcaron como favorita y a quienes la agregaron... gracias.

Y después de todo.

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Byakuya Kuchiki era un hombre que jamás dejaba demostrar más de lo necesario, en casi todo el Seireitei se le catalogaba como un hombre serio y frió, un hombre que se apegaba a las reglas y normas establecidas, ya que su fuerte creencia de que "las reglas estaban hechas para cumplirse" estaba muy arraigada a su persona.

Al menos así era hasta antes de conocer a Kurosaki Ichigo, el joven o mejor dicho "mocoso" (como él solía llamarlo) que salvó a su hermana adoptiva de su injusto destino impuesto por la sociedad de almas. De eso ya hacia tanto tiempo, pero para él era apenas un corto lapso del mismo, ¿Qué era ese lapso de tiempo comparado con su larga existencia?, nada… apenas un pestañar en el tiempo.

Kurosaki Ichigo era todo lo contrario a él, irrespetuoso como ningún otro, arrogante a su manera, impulsivo y desafiante; un cabezota en todo el sentido de la palabra. Por esas y otras razones más era que a Byakuya no le agradaba demasiado aquel joven, además de su parecido al fallecido teniente de la treceava división a cargo de Ukitake, Kaien Shiba, sin mencionar el parentesco que tenia con Isshin Kurosaki, mejor dicho Shiba.

¿Acaso era el único que notaba eso de aquel joven?, al parecer la respuesta era "si", todos en el Seireitei se referían a él como el héroe de la sociedad de almas, "claro, como no" pensaba el noble, pero lo que más le desagradaba era que su hermana menor parecía estar bajo una fuerza sobre natural que le hacía estar todo el tiempo con el pelinaranja, "magia demoniaca" afirmaba Byakuya, pues era la única explicación razonable para el aparente estado de embelesamiento de la joven y en verdad creyó que eso pasaría en algún momento, pero para su desgracia ocurrió todo lo contrario, pues mientras más tiempo pasaba, los lazos entre esos dos se hacían más estrechos, muy a su pesar.

—Capitán Kuchiki, tiene visita— la llamativa cabellera de su teniente se asomó entre las puertas de su oficina—alguien solicita verlo de inmediato— Renji apenas podía contener la enorme sonrisa de su rostro, que más bien se asemejaba a una de burla.

—Estoy ocupado Renji, no puedo recibir a nadie el día de hoy… hazle saber a quién sea que solicita una audiencia conmigo que eso no será posible—regresó su atención a los papeles que tenia sobe el escritorio, dando por terminada la conversación con el pelirrojo.

—Creo que eso no será posible capitán—dijo Renji mirando algo a sus espaldas, justo cuando Byakuya iba a decir algo más la puerta se abrió por completo revelando al que pedía con desesperación verle.

Entró como un torbellino a la oficina, su mirada se clavó en el pelinegro que se encontraba en el escritorio con una pila de papeles, de inmediato corrió hacia él colgándose de su Haori, aferrándose a él.

—Akuya… Akuya…— sus enormes ojos lo veían suplicantes, sabía exactamente lo que quería, y sus pequeños bracitos extendidos eran la confirmación.

Dejó a un lado todo el papeleo y de inmediato tomó en sus brazos al pequeño niño que pedía toda su atención, lo sentó sobre su regazo, Renji observó la escena desde la puerta, la primera vez que observó esa actitud de su capitán para con el pequeño se impresionó demasiado, ese no era el capitán frío que él conocía, es más, ni siquiera sabía de dónde había surgido semejante actitud del noble.

—Renji…— el pelirrojo dio un respingo al escuchar su nombre, estaba muy sumido en sus pensamientos— ¿hace cuanto que Mamoru está aquí?—

—Hace como veinte minutos capitán— la mirada del pelinegro se concentró en él, Renji tragó duro.

— ¿Por qué no me comunicaste de su llegada en cuanto llegó aquí?— el pequeño miró a Renji con inocencia con sus enormes pero hermosos ojos avellana, mientras le sonreía.

"Ese niño" pensó Renji viendo de manera un tanto acusadora al pequeño que desvió la mirada y se dedicó a jugar con uno de los mechones del pelinegro… ya sabía lo que seguía después de esa pregunta. Pero no era su culpa, es decir, en primer lugar era culpa del niño por llamar la atención de las mujeres del cuartel, siempre era así, todas las mujeres se acercaban para mimar al niño y poder abrazarlo ¿Qué podía hacer él… encerrarlo en una caja para que nadie lo viera? Era una opción, pero no creía que fuese lo correcto; y en segundo lugar, sabía que Byakuya estaba muy ocupado con el papeleo del cuartel, no creía que dejara todo aquello solo por la petición de un chiquillo, pero al parecer se equivocaba, pues apenas vio al pequeño mandó todo al carajo.

—Todo es culpa de ese niño—apuntó hacia él, pero éste solo hundió su pequeño rostro en el pecho del capitán— atrae a las mujeres como abejas a la miel, además, creí que estaría muy ocupado para poder verlo— se defendió Renji.

— ¿Qué hay de sus padres?— Byakuya le acaricio la cabeza, tocando el cabello oscuro que tenía el pequeño.

—Bueno… Rukia e Ichigo se encuentran con Ukitake Taicho, al parecer él necesitaba hablar con ambos de algo muy importante, así que decidieron dejar aquí al pequeño, Ichigo dijo algo como "ni loco dejo a Mamoru a cargo de Rangiku-san de nuevo"— tanto a Renji como a Byakuya les recorrió un pequeño escalofrió por la columna, aun recordaban cuando por primera vez se le encomendó a la voluptuosa mujer cuidar del pequeño; la imagen del pequeño jugando en el suelo con dos botellas de sake vacías y una Rangiku dormida y ebria en la mesa se les vino a la mente, afortunadamente en esa ocasión el pequeño no había salido de la oficina en la que se encontraba la teniente, claro que gracias a ello Matsumoto se ganó un buen regaño por parte de Hitsugaya por abandonar sus deberes y por descuidar al pequeño.

—De acuerdo Renji eso es todo, puedes regresar a tus deberes— ordenó Byakuya al pelirrojo, quien de inmediato obedeció el mandato y se retiró del lugar con una reverencia.

Dirigió su mirada hacia el niño quien solo miraba hacia todas direcciones como tratando de encontrar algo, el pequeño frunció el ceño en clara señal de disgusto, vaya eso le hacía parecerse a su atolondrado padre; Byakuya suspiró con resignación, por más que trató de todas las maneras posibles alejar al pelinaranja de su hermana no lo logró, sino todo lo contrario, y ese pequeño era la prueba de ello, pero agradecía que lo único que hubiese sacado del muchacho eran sus ojos y por desgracia su ridículo ceño fruncido, aunque claro, solo se hacía presente en raras ocasiones, como ésta. Tenía la inteligencia y curiosidad de Rukia, además del hermoso color de su cabello y su blanca tez, sin mencionar que al parecer el niño de alguna extraña manera se había encariñado con él, cosa que la verdad le extrañaba, pues eran escasas las ocasiones en las que tenía la oportunidad de verlo.

Jamás imaginó que algo como eso pudiese suceder, si la sola mención de la noticia lo dejó perplejo.

Aun recordaba ese fatídico día en el que sus esperanzas de deshacerse de Kurosaki se fueron por un caño.

-FlashBack-

Se encontraba de pie frente a la puerta con el número 115 de ese modesto edificio, no podía decir que fuese lo mejor del mundo pero sin duda tampoco podía quejarse, tocó unas dos veces la puerta antes de recibir una respuesta del otro lado, no sabía muy bien por qué, pero tenía un extraño presentimiento, como si algo importante estuviese a punto de suceder.

La puerta se abrió dejando ver a un pelinaranja algo tenso que lo miraba de arriba hacia abajo, eso lo incomodó de cierta manera y al mismo tiempo lo enojó, pero no lo demostraría frente a él, eso jamás.

—Byakuya— fue todo lo que Ichigo le dijo indicándole que pasara al departamento que para su desgracia compartía con su hermana desde hacía algún tiempo, cosa que a él por supuesto no le agradaba demasiado.

Al entrar pudo notar que él no era el único que había sido citado en aquel lugar, pues en uno de los sillones de la pequeña sala se encontraba Isshin Kurosaki con la misma cara de confusión que la que él tenía en esos momentos. Tomó asiento en uno de los que quedaban disponibles mientras buscaba con la mirada a su hermana pero no la encontró en esa habitación, tal vez había salido o algo parecido.

—Buenas tardes Byakuya— le saludo Isshin con ese tono tan alegre y su enorme sonrisa que era característico de él.

Byakuya solo se limitó a asentir con la cabeza de manera respetuosa, pues a pesar de que el Kurosaki no le terminara de caer bien, la formalidad y el respeto eran indispensables para él como el noble que era.

—Isshin-san, Nii-sama… que bueno es tenerlos aquí— Rukia se asomó por la cocina sosteniendo una bandeja con algunas bebidas, las dejó sobre la mesita y se sentó en el sillón sobrante.

—Oh Rukia-chan que hermosa estas el día de hoy—habló Isshin haciendo que la pelinegra se sonrojara por su comentario— en verdad mi estúpido hijo tiene suerte de tenerte—

—Ya cállate viejo— apareció el pelinaranja con una venita en la cabeza en señal de que la presencia de su padre empezaba a molestarle un poco. Fue directamente a donde Rukia se encontraba sentada, pero como el asiento era solo para una persona, optó por sentarse en el reposabrazos del sofá pasando un brazo por los hombros de la pelinegra pero sin llegar a abrazarla por completo.

— ¿Y bien, qué era eso que no podía esperar?— se apresuró a preguntar Isshin a su hijo y a Rukia, la seriedad había aparecido en su rostro dejando atrás esa expresión infantil que hasta hacia unos minutos tenia con Rukia.

El pelinaranja miró a Rukia a los ojos, buscando la seguridad para hablar de aquello que era el motivo de la reunión, ella solo se limitó a tomarle de la mano mientras le aseguraba con la mirada que todo resultaría bien. Ese pequeño gesto le llamó la atención a Byakuya, sabia de sobra que tanto Ichigo como su hermana no eran de aquellos que demostraban su afecto tan abiertamente, o al menos no estando él presente, pero ahora algo andaba "mal" según él, no era una buena señal y eso lo alarmó.

—Bien… los llamamos aquí el día de hoy para…—Ichigo comenzó a rascarse la cabeza en señal de nerviosismo… ¿Cómo podría decir aquello?, bien solo lo diría y ya—bueno… Rukia y yo hemos tomado la decisión de casarnos—

Mutismo, era lo que prevalecía en la habitación. Así que de eso se trataba, como lamentaba no traer su Zampakutō con él en esos momentos que mucha falta le hacía.

— ¡Al fin!... creía que eso jamás iba a pasar—enseguida Isshin se abalanzó hacia Rukia para abrazarla, se fundió en un abrazo de "oso" como él solía llamarle a ese tipo de muestras de afecto que le daba a sus hijos, y dado que ahora la pelinegra iba a pertenecer a su familia oficialmente, era justo que comenzara a acostumbrarse.

Pero pronto a Rukia comenzó a faltarle el aire haciendo que se mareara un poco, lo que notó Ichigo quien de inmediato le lanzó una patada a su padre para que se apartara de ella.

— ¡Que cruel eres hijo!— lloriqueo Isshin mientras se levantaba del suelo— es justo que quiera felicitar a mi tercera hija, ahora en todo el sentido de la palabra… oficialmente bienvenida a la familia Rukia-chan—

—Te lo advierto viejo, aléjate de ella, no está en condiciones para tus tonterías—amenazó el pelinaranja a su padre que estaba más que listo para abalanzarse sobre Rukia de nuevo.

Byakuya observó detenidamente a su hermana, se veía más pálida de lo normal y más cansada, sus ojeras le indicaban que no estaba durmiendo lo suficiente.

—Kurosaki, ¿se puede saber quién te dio la autorización para semejante decisión?—habló el capitán por primera vez después de ver el alboroto que Isshin y el pelinaranja estaban armando, le exasperaba ver ese tipo de comportamiento.

—Nii-sama… —Rukia se puso de pie de inmediato, pero volvió a sentarse cuando sintió un leve mareo.

Ichigo le acaricio la espalda tratando de calmarla.

— ¿Estás enferma Rukia-chan?— se apresuró a preguntar Isshin, Rukia solo le sonrió.

—Ese es el otro motivo por el que les pedimos que vinieran—el pelinaranja le indicó a su padre que tomara asiento de nuevo mientras comenzaba con su explicación —con respecto a tu pregunta Byakuya, quiero dejarte en claro que la decisión ya está tomada y nada me hará desistir de ello; la razón en muy simple—el tono era de claro desafío hacia el pelinegro, "mocoso impertinente" pensó Byakuya.

—Explícate Kurosaki—

—Nii-sama, lo que Ichigo trata de decir es que—

—Rukia va a tener un hijo mío— terminó de decir el pelinaranja aun con el pendiente de que Byakuya sacará a Senbonzakura, pero eso no sucedió pues el pelinegro solo atinó a abrir de sobre manera los ojos tan solo por un instante como señal de sorpresa.

Por el contrario Isshin chilló desde su lugar, sacando la imagen de su difunta esposa de entre sus ropas, al fin su más anhelado deseo se había cumplido, después de mucho tiempo, no cabía de felicidad, trató de abrazar a su primogénito pero éste solo le dio una patada que lo mandó al otro extremo de la habitación.

— ¿Nii-sama?...— al ver que su hermano no respondía, Rukia se aterró un poco, recordó que entre las condiciones que le había dado su hermano para consentir su "noviazgo" con Ichigo estaba esa, cosa que evidentemente no habían cumplido, pero no se arrepentía de ello ni tampoco el pelinaranja.

—Entiendo… ¿Cuándo planean concretar la unión?—preguntó el dueño de Senbonzakura en total calma, la noticia no se la esperaba y en verdad temía que ese día algún día llegara pues significaría que ya no podría deshacerse de Ichigo. Resignación, esa era la palabra correcta para su estado.

—Lo antes posible de ser necesario—contestó Rukia, querían estar casados antes que el bebé naciera, y para eso faltaban seis meses, si, ya había pasado un mes desde que le había dado la noticia a Ichigo en la fiesta de navidad que Byakuya dio en la mansión Kuchiki, claro que después de aclarar el mal entendido que surgió con Ishida, y de eso no le había comentado nada a su hermano temiendo que se las agarrara contra Ichigo por su estupidez.

—De acuerdo, la unión se llevará a cabo en dos meses— se incorporó y se dirigió hacia la puerta—permiso, debo regresar a la sociedad de almas ya he estado fuera suficiente tiempo, tengo deberes que atender—

No dijo nada más, no estaba molesto, al menos no con su hermana, y se lo hizo entender con la mirada que le dedico antes de salir de aquel lugar.

El se encargaría de organizar todo lo referente a ello, por su hermana, ya se las cobraría a Kurosaki después, de eso estaba más que seguro.

-fin de Flashback-

Y así lo hizo, todo salió como quería… ese día su hermana se veía más hermosa que nunca y sobre todo, más feliz, aun no se le notaba demasiado su embarazo pero para ese entonces ya todos estaban enterados de su estado, y todo gracias al hablador de Isshin Kurosaki que se encargó de vociferarlo a todo el Seireitei y el mundo humano, creyó incluso que a Hueco mundo también.

Sintió como le aprisionaban las mejillas, tan sumido estaba en sus pensamientos que olvidó por un momento quien se encontraba con él.

— ¿Qué sucede Mamoru? No es digno de un noble realizar ese tipo de comportamiento—le reprendió Byakuya, pues a pesar de su edad, tenía una fuerza increíble, sus mejillas eran testigos de aquello.

—¡Algas… algas…!— el pequeño señaló un estante en la oficina, a lo que el pelinegro comprendió lo que su pequeño sobrino de año y medio quería.

Lo sentó sobre el escritorio y fue por lo que el pequeño señalaba, un muñeco del embajador de algas que él mismo había mandado a hacer cuando nació y que mantenía en su oficina para cuando iba de visita. Se lo entregó al pequeño viendo como se le iluminaban los ojos de inmediato, así se mantuvo por un buen rato mientras él terminaba con sus deberes, le encantaba mimar al pequeño, después de todo era el único heredero del clan Kuchiki, pero sobretodo era el hijo de su hermana y muy a su pesar también el de Ichigo.

La visita a Ukitake no duró demasiado, les había llamado para informarles de los cambios que quería hacer en la treceava división. Unos que incluía a cierto pelinaranja como posible futuro capitán, eso claro si él aceptaba, Rukia por supuesto seguiría como su teniente; necesitaba pensar mucho aquella opción, ahora no era solamente él, sino que ahora tenía que contemplar a Rukia y a su pequeño en cada decisión que tomara.

—Sabes que Ukitake no se molestará si no aceptas Ichigo, tranquilo— le reconfortó Rukia quien iba caminando a su lado con rumbo a la división de su hermano para recoger a su hijo.

—Lo sé, pero no estoy seguro de lo que debo hacer… por un lado está la posibilidad de poder protegerlos más a ambos pero eso significaría tener que abandonar nuestra vida en el mundo humano—se veía un poco afligido.

—Mamoru aun es pequeño, se acostumbrará rápido, en cuanto a tu familia, bueno, nuestra familia, aun podemos ir a verlos con ayuda del Senkaimon, y con ayuda de Urahara ellos podrán venir a visitarnos— Ichigo pareció pensárselo un poco, pero aun no tenía la respuesta correcta—escucha Ichigo, toma la decisión que creas la correcta, te apoyaré sin importar qué y sé que Isshin-san también, así como tus hermanas, no será un adiós. Y si decides no aceptar la propuesta de Ukitake, no pasa nada nadie puede obligarte a algo que no quieras, pero eso es solo decisión tuya y de nadie más— le tomó de la mano mientras seguían caminando.

Eso sin duda reconfortó un poco a Ichigo, esa pequeña mujer en verdad sabía como animarlo cuando no encontraba el camino, era una de las cosas que no habían cambiado entre ellos en esos años desde que la conoció en su adolescencia, y en verdad lo agradecía.

Al llegar a la sexta división se dirigieron a la oficina de Byakuya, querían ver a su pequeño, se entretuvieron un rato con Renji que iba de salida del cuartel, al parecer necesitaba entregar unos papeles a la división de Toushiro, no tardaron demasiado y al entrar se percataron de un pequeño detalle que los dejó un poco sorprendidos.

—Te dije que no tenias de qué preocuparte Rukia…— despegó su mirada de aquella escena, una imperceptible sonrisa se asomó por sus labios. No podía creer que a quien tenía enfrente era a Kuchiki Byakuya, su cuñado, el que le caía en la punta del hígado, pero que a pesar de todo no era tan mal tipo.

—Lo sé, me sorprende ver lo bien que se llevan… Nii-sama lo quiere mucho— se acercó sigilosamente hasta donde se encontraba su hermano y su hijo, ambos dormidos… Byakuya en su enorme silla y Mamoru en sus brazos.

Con mucho cuidado tomó a su hijo de los brazos de su hermano, esto no perturbo el sueño del noble pero si hizo una imperceptible mueca al sentir que la calidez de sus brazos se esfumaba.

Ichigo se apresuró a llegar hasta Rukia para abrazar a su hijo, era más una costumbre que había adoptado en ese tiempo pero enseguida frunció un poco el ceño al ver lo que su pequeño tenia entre los brazos, aferrándose a ese objeto con todas sus fuerzas.

— ¿Pero qué demonios?— exclamó el pelinaranja tratando de arrebatarle semejante cosa al pequeño, pero fue imposible— Rukia ¿qué rayos es esta horrible cosa?—señaló al muñeco que tenia Mamoru y se empeñaba en aferrar a su pecho.

—Cállate idiota que Nii-sama podría escucharte insultando al embajador de algas— ¿acaso quería morir tan pronto y dejarla viuda y a su hijo huérfano de padre?—fue un regalo que le dio a Mamoru el día que nació—

—Así que era eso lo que tenía en aquella bolsa— ese doce de junio había sido el día más feliz de su vida, bueno en realidad uno de los muchos días felices, pero eso sí, el más especial.

-FlashBack-

Desde que recibió la noticia de que iba a ser papá su vida había cambiado, incluso sentía que su vínculo con la pelinegra se había fortalecido, fue por ello que justo ese día intuyó que sería "el día", podría parecer un poco tonto el decir que no quería ni separarse de su ahora esposa, ya que en su avanzado estado de gravidez no le parecia lo más conveniente, a pesar de las discusiones que habían surgido debido a aquello.

Aunque Inoue le asegurara que estaría con Rukia en todo momento y que Ishida le dijera que le hablaría si surgía una emergencia. Después de su pequeño mal entendido con el de anteojos, Ichigo le había pedido disculpas, a su manera claro, y al igual que Isshin en conjunto con Urahara, Uryu se encontraba muy al pendiente de la pelinegra durante todo su embarazo.

Estaba por atravesar el Senkaimon, ese día unos hollows habían causado estragos en karakura pero no era nada que él junto con Renji, no pudieran resolver, el pelirrojo se encontraba ahí temporalmente en lo que Rukia se recuperaba. Petición de Ichigo por supuesto, ya que consideraba (aun antes de que el estado de Rukia se notara) que ella debía suspender los deberes como Shinigami pues no creía prudente realizarlos, alegando que podría afectar al bebé, y lo decía como médico y como futuro padre.

Claro que Rukia se negó a eso en un principio, sin embargo luego aceptó debido a unas cuantas complicaciones que surgieron, y era por ello que Urahara también se veía involucrado en el proceso controlando los flujos de energía en el reiatsu de Rukia y el bebé; esa fue una de las razones por la que habían decidido quedarse en el mundo humano mientras el niño nacía, cambiar a su forma de alma a un gigai podría resultar un tanto perjudicial.

Necesitaba llevar el informe hasta la decimotercera división, pero antes de cruzar al otro lado Urahara apareció llamándolo con urgencia. Al parecer Rukia había entrado en labor de parto e Isshin le había llamado de inmediato pidiéndole que le dijera al pelinaranja. No lo dudó y de inmediato se encaminó hacia el hospital del padre de Ishida, antes de retirarse le pidió a Renji que se encargara de lo demás y de que le diera el aviso a Byakuya.

Fue por su cuerpo hasta su departamento que se encontraba vacío, le llevó cerca de una hora llegar hasta donde Rukia.

— ¿Dónde estabas Kurosaki?— le reprendió Ishida apenas lo vio ingresar al lugar, llevaba esperándolo ya bastante tiempo.

— ¿Cómo están?—ignoró su pregunta, no era momento para dar explicaciones, tenía que verlos cuanto antes.

—Rukia está descansando en el cuarto de recuperación… lo ha hecho bien, es una mujer muy fuerte a pesar de su frágil apariencia— Ichigo asintió, las palabras de Ishida eran tan ciertas, él mismo lo sabía.

—Mi hijo… ¿cómo está él?... ¿Qué hay de…?—preguntó alarmado Ichigo.

—Tranquilo Kurosaki, el bebé no presenta señales que indiquen la presencia de tu Hollow en él… tranquilo Urahara siguió todo el proceso, si algo hubiese cambiado nos lo informaría— Ichigo soltó el aire que estaba conteniendo sin darse cuenta.

Desde el principio, Urahara le había indicado que esa era una posibilidad; así como era parte de Rukia también era parte de él, por lo que heredaría su parte Shinigami, humano y cabía la posibilidad de que también su parte Hollow. Eso le aterró, aunque ya había aprendido a controlar a su Hollow, la historia era diferente con su pequeño hijo quien apenas tendría la fuerza y voluntad de sostenerse a sí mismo.

Durante los meses posteriores los chequeos eran constantes, equilibrando la energía espiritual del pequeño que tendía a elevarse demasiado y eso sin duda podría atraer a los hollows hasta ellos; pero hasta ese momento todo resultó como el hombre del sombrero quería, ningún inconveniente que pusiera en riesgo la vida de ambos.

Caminó por un largo pasillo que se encontraba vacío, llegó hasta la puerta indicada por Ishida y con lentitud comenzó a abrirla intentando no hacer demasiado ruido.

Al entrar se encontró con la escena más hermosa que jamás hubiese podido imaginar; ahí estaba ella, descansando como Ishida le había asegurado, lentamente abrió sus enigmáticos ojos violetas… se veía bastante cansada, ni siquiera después de una pelea con hollows se le veía así de agotada.

— ¿Cómo estás?— se acercó hasta la cama para sentarse a la orilla de la misma, su semblante se veía bastante relajado.

—Cansada… —contestó la pelinegra con la voz en apenas un susurro que solo Ichigo alcanzaba a escuchar— ese pequeño sí que consumió mis energías—trató de sentarse pero el pelinaranja se lo impidió tomándola por los hombros y negando con la cabeza.

—¡Hey despacio tonta!… aun estás agotada, descansa— le hizo caso a Ichigo y no siguió protestando.

La puerta se abrió después de unos minutos, era Ishida seguido de una enfermera que traía un pequeño bulto con ella envuelto en unas cobijas blancas. El pelinegro revisó primero los signos vitales de Rukia, después tomó el bultito de los brazos de la enfermera y se acercó a la cama.

— ¿Quieres cargarlo?— le preguntó el de lentes a Rukia mientras ella asentía, Ichigo de inmediato se incorporó, él quería ver a su pequeño, pero tenía que esperar.

Le dio al pequeño con mucho cuidado, era pequeñito y tan frágil pero encajaba perfectamente entre sus brazos. "Al fin estas aquí" se repetía Rukia mientras veía al bebé hacer algunos gestos, en ese momento se acercó el pelinaranja, lo observó con cuidado, grabando cada parte de él en su mente. Su escaso cabellito en su diminuta cabeza era igual al de Rukia, su piel también lo era se veía tan tersa y suave que le provocó acariciar una de sus sonrojadas mejillas y así lo hizo; el pequeñito frunció el ceño levemente, sus escasas cejas lo dieron por hecho.

Ante tal gesto Rukia sonrió un poco, si bien su apariencia era como la de ella intuía que el carácter del pequeño seria como el del cabezota de su padre, Ichigo también pensó en ello y se sintió bastante orgulloso, ya quería ver de lo que ese pequeño era capaz y se juró a si mismo proteger con su vida a esa criatura.

—Es hermoso—soltó Rukia mientras seguía observando al pequeño. "Esa mirada" pensó el pelinaranja; le recordó a la mirada de su madre, esa que le dedicaba cada vez que lo veía, una mirada llena de amor; entonces el pequeño abrió los ojos dejando ver su color… avellana, igual a los del pelinaranja—tiene tus ojos, idiota— si, en definitiva Rukia Kuchiki sabia como arruinar los momentos.

La pequeña criatura permanecía un tanto inquieta tratando de liberar su diminutas manos del envoltorio del que era cautivo, alcanzó a sacar una y tomó la enorme mano de su padre que contrastaba con la de él, Ichigo no lo soportó más y tomó de los brazos de Rukia al pequeño y lo llevo hasta su pecho, se sentía tan cálido, una sensación de estar completo lo invadió, pero como nada dura para siempre y este caso no era la excepción, de la nada la puerta se volvió a abrir, ,dejando ver a un Isshin bastante animado y con una enorme sonrisa, mayor a la que habitualmente tenia, tras él venía Byakuya con una enorme bolsa; en realidad ahora que se daba cuenta no se percató en qué momento Ishida se había marchado.

Mientras Ichigo y su padre mantenían una "amena" plática, Byakuya se acercó hasta donde su hermana y su recién nacido sobrino estaban, fue entonces cuando se percató de algo que antes no había notado, su hermana se veía diferente… si bien se veía algo cansada, su rostro reflejaba felicidad y en sus ojos se podía ver un brillo especial, la pelinegra le tendió al pequeño en señal de que quería que él lo abrazara, a lo que Byakuya no se opuso, tenía cierta curiosidad de ver al pequeño.

Lo cargó con tal delicadeza procurando mantener cómodo al bebé, lo miró de arriba hacia abajo, "tiene sus ojos" pensó Byakuya con un deje de reproche, sin embargo solo por un instante le pareció ver a la pequeña criatura sonreírle, ¿acaso había leído sus pensamientos y se burlaba de él? No lo sabía pero lo que si sabía era que a partir de ese momento protegería a ese pequeño de cualquier peligro porque ya estaba irremediablemente prendado de él.

-Fin de FlashBack-

El recordar aquello le trajo un sentimiento de felicidad, era un día que jamás olvidaría, miró a su alrededor, Byakuya aun seguía dormido y al parecer Rukia no tenía intenciones de despertarlo, y ni qué decir de su hijo que se encontraba inmóvil entre sus brazos.

—Rukia es hora de regresar a casa, así que despierta a Byakuya para agradecerle y despedirnos— le dijo a la pelinegra.

Y así lo hizo ella, comenzó a sacudir los hombros de Byakuya llamándole en un tono lo suficientemente alto para que pudiese escucharla. No tardó demasiado en el que el pelinegro abriera los ojos, de inmediato su mirada se dirigió hasta sus brazos los cuales se encontraban ya vacios, al principio se alarmó hasta que vio a Mamoru con su padre.

—Nii-sama, queríamos agradecerte por cuidar de Mamoru— la menuda mujer hizo una reverencia—pero es ya es hora de regresar a casa—

Byakuya se incorporó de su asiento recuperando la apariencia que lo caracterizaba.

—De acuerdo—fue lo único que dijo el pelinegro.

Ambos se despidieron del noble disculpándose por las molestias que le habían causado al dejarle encargado al niño más éste aseguraba que en realidad no era ninguna molestia.

—Hasta luego Byakuya— se despidió el pelinaranja… "insolente" pensaba el pelinegro, aun después de tantos años seguía llamándole por su nombre de pila.

Les dio una última mirada su hermana y a su sobrino antes de desaparecer por la puerta, no quería admitirlo pero, en verdad extrañaría a ese pequeño demonio, bueno al menos hasta que los tres regresaran al Seireitei, o quien sabe… tal vez él podría hacerles una pequeña visita al mundo humano.

Volvió a su escritorio, debía seguir con el fastidioso papeleo que dejó inconcluso tras la intromisión de su teniente junto con el niño, y así lo hizo… "el deber es el deber" se repetía, pero notó que algo faltaba… el embajador de algas no estaba, no le molestaba para nada pues en realidad era del pequeño, ahora al menos tenía algo suyo para que lo recordara cuando estuviera en el mundo humano, sin dar más importancia a aquello siguió con su molesto papeleo lo que restaba de la tarde de ese día.

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FIN.

hasta la próxima ^_^/