Copia Perfecta.

Por Noe

Disclaimer: Nada es mío y cuando digo nada, es nada. Todo de Fujimaki, por ser un hijo de su Fujimaki madre y no hacer una continuación para estos chicos tan suculentos que son más BL que otra cosa, pero el OVA está a la vuelta de la esquina y me voy a recrear la pupila con todo ese fan service que estará ahí disponible *laugh*… en fin ¿Dónde iba? Desbarres y pseudoescrito a su servidora, ya saben, me doy por bien aludida al someter a estos preciosos niños a mis idioteces. Es tan gratificante ¿verdad Aomine?

Raiting: Sin clasificar. Muchas cosas sosas, empalagosas, rosas e inverosímiles. Es un UA, OOC en abuso y el exceso al más puro estilo Hollywoodense (vivir en Gringolandia pudre el cerebro) Así que queridas mías, cualquier parecido con la realidad, el intento de autora, porque no llego a escritora, se lava las manos… ya saben cómo es esto, a veces va, a veces viene y así hasta el infinito y más allá. Gracias.

Nota de Autora: Dia 2 del reto 12 días antes del año nuevo por parte de mis queridas Ayann y K-Ro ¡terminemos el año con mucho amor yaoi!

Aclaro, que me venció el amor por los chicos de kuroko no basuke*

Aomine Daiki x Kise Ryota

¡Forevah!

Ayann, este capítulo es para ti ¡Eres fantástica e increíble! Agradezco a la vida el tenerte en mi camino.

2

El primer destello del amanecer apareció en el horizonte.

A Kise le pareció que había pasado mucho tiempo antes de que decidiera sentarse sobre el balcón de aquella prisión donde se observaba un mar de arena.

Habían pasado días en que la casa Azraq estuvo tranquila, ya que su Majestad realizaba un viaje a Nueva York. Según escucho de las doncellas que le atendían, el regreso del sultán se efectuaría con celeridad por sus múltiples compromisos para con la nación. Aparte de su secretario, el personal no comentaba más de lo estrictamente necesario.

Suspiro con hastío.

—Todo esto parece sacado de las mil y una noches—Sus labios formaron una sonrisa despectiva—.Solo falta que al tarado de Aominecchi se le dé por tomar una esposa nueva cada noche y matarla por la mañana en frente de mis narices —y ahí estaba de nuevo, el mote que otorgaba sin querer al moreno—, con tantos negocios y juntas importantes, el muy idiota.

Perdió nuevamente su dorada miranda en el sol que se elevaba en el cielo y el desierto que se matizaba por una luz pálida, tenue y misteriosa. Por primera vez se dio cuenta del tamaño que tenía. Era enorme, sin límites y potencialmente peligroso como el hombre que lo tenía cautivo.

Los recuerdos de su segundo encuentro llegaron a él súbitamente.

« —Es un arrogante —musitó Kise Ryota, con un gesto nervioso, mientras acomodaba uno de sus rubios mechones tras su oreja izquierda. Dueño de unos fantásticos ojos dorados y un atractivo lo suficientemente cotizado, el joven Ryota, proveniente de una de las familias mejor acomodadas en Japón, termino sus días de instituto como modelo principal de la importante Semana de la Moda en Tokio, al que fue invitado por petición especial del benefactor mayoritario del evento.

—Sólo para aquellos que no logran sobrellevarlo —repuso Takao con una traviesa sonrisa—. Los que sí, son tan malos aparentando como siempre.

Takao Kazunari, amigo íntimo del rubio y fotógrafo privado de profesión, con el que coincidía en la mayoría de los eventos, no tenía nada que envidiarle a su acompañante, claro, salvo la estatura. Dueño de unos ojos únicos semejantes a los de un halcón, guapo, bonachón y de cabellos negros, fungía por petición de propio Kise como su ayudante y tapadera, para que la mayoría de los medios no le importunaran con sus preguntas, mientras recorría el elegante salón para la recepción de tan distinguidos invitados.

—Suenas mortalmente impresionado —comentó indignado, mientras bebía un poco de vino.

— ¡Todos lo estamos, Kise! Mira a tu alrededor. Todos los hombres y mujeres que hay aquí desean poder acercarse a él y si tienen suerte, acostarse con él.

—No todas las personas —aseguró—. Yo no.

Sus dorados ojos observaban cómo la manzana de la discordia besaba la mano a una mujer, agraciando su gesto.

Y ahí estaba otra vez su nerviosa mirada perdiéndose en Él

No se trataba de sus facciones atractivas y de la combinación de poder y gracia de su cuerpo, había algo en él que parecía proclamar que era diestro en cualquier cosa que se propusiera; por ello, hombres y mujeres lo contemplaban con envidia y deseo de meterse en sus pantalones.

Un príncipe.

De los pies a la cabeza. Alto, mirada penetrante, cabellos de un azul profundo, con la cabeza en un ángulo orgulloso, el príncipe Azraq Bahrir, sultán del reino de Najma (1), atrajo la mirada de todos al entrar en la recepción.

Kise Ryota observó junto con los demás, pero sus ojos exhibían una mezcla de sorpresa, temor y nerviosismo, sabía que esto sucedería tarde o temprano con un propósito particular. Azraq Bahrir era el principal benefactor de ese desfile y por lo tanto era el hombre al que tenía la obligación de agradecer la oportunidad dada para que su carrera como modelo profesional traspasara sus límites al terreno internacional.

Su suerte no podía ser peor.

Era un modelo independiente, muy solicitado por su habilidad para retratar a la perfección lo que le pusieran enfrente. Los editores de las revistas de moda sabían que resultaba insuperable en portadas, pasarelas y desfiles en las que había involucradas grandes sumas de dinero. Y Azraq puso sus ojos en Kise, lo cual auguraba contratos más jugosos de por medio, pues era uno de los hombres más ricos del mundo.

—Mira eso —musitó asombrado Kazunari sin apartar la vista del avance imperial de Azraq en dirección a las mesas.

—Estoy mirando —murmuró—. No cabe duda de que se encuentra a la altura de sus controversias, ¿verdad? Al menos en apariencia.

—¿Cuál es el resto de esas controversias?

—No tiene que justificar ante nadie de dónde viene su dinero ni adónde va.

—Pero nosotros sabemos de dónde viene —indicó el moreno—. De esos pozos de petróleo que tiene en el desierto.

—Y mucho se pierde en apuestas, en mujeres y su mezquina diversión —.Kise miró alrededor con desaprobación. Toda esa ostentación.

—Eh, anímate ¿No puedes disfrutar de la vida al menos durante una noche? Es por una buena causa.

—Es por la causa de definir a un hombre al que no le gusta responder a preguntas sobre sí mismo, y al cual tengo la obligación de agradecer —afirmó.

Kazunari se pasó el dedo por el interior del cuello de la camisa. Parecía incómodo con el esmoquin que tenía que llevar por norma. Malditas etiquetas.

Azraq había terminado su marcha real y se acomodaba en una de las mesas. Kise se acercó más, tratando de observarlo sin parecer demasiado interesado.

Realizaba conversaciones estúpidas y cuando se perdía entre los elogios e hipocresías varias, se encogía de hombros y se plasmaba en su rostro esa maldita sonrisa arrogante, esa sonrisa del que todo lo tiene.

El rubio se atragantó al escuchar las sumas que despilfarraba como benefactor en varios eventos, como si no representaran nada. También notó que en cuanto comenzaba a hablar de negocios, se olvidaba de las mujeres de grandes pechos que tenía al lado. Era desconcertante, un instante coqueteaba con ellas y al siguiente dejaban de existir.

Es tan irritante.

Su mal humor empeoró cuando la conversación de negocios se detuvo y el príncipe volvió a concentrarse en la seducción, esperando reanudarla en el punto en que la había dejado. Y lo lamentable es que ellas se lo permitían.

—¿Ves eso? —le musitó a Takao que estaba perdido sacando fotos de todo el evento, emocionado de poder capturar con su cámara algo fuera de lo común… algo tan lujoso—. ¿Por qué no le escupen a la cara?

—Intenta hacerlo tú a la cara de cien mil millones de dólares —repuso Takao—. Comprueba lo fácil que es. ¿Por qué eres tan pueril, Ryo-chan?

—No puedo evitarlo. No es digno que un hombre tenga tanto... tanto.

Iba a decir «tanto dinero», pero el Sultan Azraq tenía demasiado de todo.

Había heredado el principado a la edad de veintiún años. Su primer acto había sido cancelar todos los contratos con las poderosas corporaciones petroleras del mundo para renegociarlos, consiguiendo para Najma grandes beneficios. Las empresas habían clamado al cielo, pero terminaron por ceder. El petróleo de Najma era de una calidad inapreciable. Eso sin contar la fortuna que obtuvo por medio de inversiones en propiedades y acciones.

—¿Sabe Haizaki que te encuentras aquí esta noche? —preguntó Takao de forma distraída, refiriéndose al hombre con el que solía salir Kise.

—Por supuesto que no. Jamás lo aprobaría. De hecho, no aprueba que ejerza mi carrera como modelo. Le pregunté qué podía decirme sobre Azraq, y me dio la versión oficial de su

gran importancia y el valioso aliado que era Najma. Cuando mencioné que había que venir al desfile ya que era el principal benefactor, se puso pálido y repuso con su entrecejo fruncido:

«Por lo que más quieras, no vayas a cagarla».

—¡Qué bien que te conoce! Seguramente lo dice, por lo hiperactivo que te pones con este tipo de eventos y en las situaciones vergonzosas en las que sueles terminar por falta de saber cerrar la boca a tiempo —provocó Kazunari.

Kise le miro mal, mientras hacía de lado su cara, formando un pucherito de lo más gracioso ante los ojos de Takao, agradecía internamente ese lado infantil del rubio —Shougo no lo dijo por eso, pero es un periodista financiero y sus prioridades son las que tienen que ser.

—¿Y piensas casarte con él?

—Nunca he dicho eso —se apresuró a contestar—. Es probable. Algún día. Quizá.

—Sin embargo, no puedes entregarte a él, ¿no?

—¿Podemos concentrarnos en lo que hemos venido a hacer? —preguntó con voz borde. Mientras Kazunari reía por lo bajo.

—Ya rubiales, no te enfades, es que como a estado tras tus huesos tanto tiempo, pensé que ya había aceptado el paquete completo.

Las luces fueron apagadas de un momento a otro, dejando solo como vestigios de iluminación las pequeñas lamparitas que se encontraban en el centro de las mesas.

— ¡I´ts the show time! — Kazunari murmuraba emocionado a su acompañante, el cual lo ignoro olímpicamente para mirar de soslayo al sultán.

Azraq, siendo consciente de que era observado por esos ojos dorados que eran suyos, decidió ignorarlo por el momento, aún no era el tiempo propicio para acorralarlo, así que enfoco su mirada azul índigo hacia la atracción principal de la noche, la cantante, poseedora de un vestido rojo que dejaba poco a la imaginación, comenzó a entonar una melodía semejante a las de su tierra, chisto la boca y se reclinó en la silla con un supremo aire de indiferencia. Lo mantuvo mientras la castaña giraba en el escenario y hacían su aparición el resto de las bailarinas en ajustados atuendos rojos y negros, como si fuera sacado de uno de los fragmentos retorcidos de Alicia en el país de las maravillas.

—Como si fuera la reina de corazones que pide corten las cabezas.

El Sultan rio bajo la gracia de su propio comentario. —pero me pregunto si encontrare al sombrerero loco o tal vez a la encantadora Alicia.

Con el ceño fruncido, Kise observó a su majestad Azraq y a su irónica sonrisa mientras el espectáculo alcanzaba el clímax. El príncipe ni siquiera presto atención a las conversaciones sobre la cuantiosa fortuna obtenida en la última de sus inversiones. Toda su atención estaba centrada en la cantante de grandes atributos. Cerrando sus ojos y dejándose llevar por la hipnótica melodía.

De pronto, el tiempo se detuvo cuando esos ojos índigo lo enfocaron.

Ryota se quedó boquiabierto. Esa profunda mirada azul como el océano de noche logro inmovilizarlo.

Entonces Azraq sonrió; fue la sonrisa más perversamente seductora que él había visto jamás. Le invitaba a una silenciosa conspiración y algo en el despertó para aceptar. Descubrió que le devolvía la sonrisa; no supo cómo ni por qué. Sencillamente el gesto se apoderó de su boca, luego de sus ojos y al final de todo su cuerpo.

El sentido común le informó de que sólo el azar había hecho que mirara en su dirección, pero no lo creyó. Le había percibido ahí. Entre mucha gente, supo que lo miraba y había sentido el impulso de que sus ojos se encontraran.

Azraq se disculpó con los invitados que compartían su mesa y se adelantó hacia Ryota, extendiendo la mano por la estrecha mesa sin borrar esa encantadora mueca. Cayendo una vez más bajo el embrujo, Kise apoyó su mano en la suya. Él la sostuvo un momento y experimentó la sensación de una fuerza acerada en esos dedos largos. En ellos había poder suficiente para quebrantar lo que quisiera…

Otra vez.

Entonces se llevó la mano a los labios. El rubio contuvo el aliento cuando la boca le rozó la piel. Fue un contacto leve, pero bastó para que sintiera al hombre poderoso, vibrante, sensual, peligroso.

—Así que después de todo, si te encontré Alice.

Pronuncio en su perfecto japonés. Lo soltó para adelantar sus pasos, dejando en la corta distancia una carcajada cáustica, confundiendo más al modelo por su último comentario, sin dejar la vista allí.

—¿Disculpa?

Olvidaba a las personas que le rodeaban, aquellas que deseaban agraciarse ante sus ojos, pero ese momento solo era para el chico de cabellos similares a los campos de trigo, mantuvo los ojos en él, sin prestar atención a su alrededor. Kise le devolvió el escrutinio, incapaz de desviar la mirada.

Azraq pareció salir de su quimera para darse cuenta de que el mesero se deslizaba hacia ellos por petición del rubio. Había sido un segundo encuentro interesante y con un acierto que, prácticamente recupero el interés en la velada. Al final no todo sería una pérdida. Sonrió, mostrando unos dientes blancos, y con una ligera inclinación de cabeza indicó el sitio que tenían a un lado.

Kise suspiro con hastío por segunda vez en la noche, después del deslumbramiento, la realidad lo abofeteo de manera poco sutil, para ver que detrás de esa galante sonrisa, había otro tipo de intenciones.

Intenciones que conocía de sobra. Al rodear la mesa en su dirección, se dio cuenta de la expresión hosca de las otras mujeres y modelos, pero él las descartó con un leve gesto.

Sintió como si se moviera bajo el potente foco de un escenario de teatro. Toda la atención puesta en él, en el rubio modelo, que capturo la atención del Sultán. De forma súbita la mala suerte había caído en su camino ¿Por qué no llevarle la contraria? Su intención había sido agradecer de forma escueta a Azraq esa noche, y salir por patas, pero el destino era tan desgraciado que le presentaba la oportunidad perfecta para acabar con los retazos de un antiguo lazo que lo seguía uniendo a ese hombre.

—Me has dado curiosidad—comentó cuando se sentó a su lado. Dos pueden jugar a la pérdida de memoria—.El destino nos ha puesto en el mismo camino. Debes permanecer a mi lado para que mi curiosidad sea saciada ¿Nos hemos visto antes?

— ¿Es decir que estás hablando conmigo solo para saciar tu curiosidad? —Respondió con otra pregunta el modelo, mientras una sonrisa y un ligero tic en el ojo derecho le invadían el rostro—. La curiosidad mató al gato, sultán. Hay muchas más personas de renombre en este salón con las cuales su curiosidad puede ser saciada. No tiene nada que ver conmigo.

—¿Debería serlo? Pienso de otra manera —pronunció con un tono que acallaba cualquier otro argumento—. Fisgoneando desde que llegue, hace que su ansiedad se proyecte sólo para mí. Para nadie más. Recuerda eso.

—Tengo que agradecerle la oportunidad que me ha dado al hacerme participe de este importante desfile.

Con un gesto de la mano, le indicó que continuará. Kise sujeto precariamente su copa, quería salir de ahí de una vez por todas. El repertorio de la cantante seguía su curso y actuaba como un tenue fondo tras la conversación que sostenían.

Contuvo el aliento mientras giraba la copa entre sus manos.

«¡Maldita sea!».

La gente que les rodeaba estaban pendientes de esa complicidad que reflejaban esos llamativos personajes aun sin percatarse de lo que provocaban.

Menos Azraq. Tenía los ojos clavados con expresión de suficiencia en él. Aceptó los cuchicheos cercanos con un encogimiento de hombros.

—¿Qué es lo que quieres? —musitó el modelo.

—¿Qué es lo que crees que quiero? —Aseveró el Sultán— Lo mismo que estás pensando y harás que se repita.

—No, como lo mencionaste, esto es casualidad. Deberías parar ya, has ganado.

—No hay casualidades Asfar, solo lo inevitable (2) —chasqueo la lengua—. Así que lleguemos a un acuerdo.

Aturdido, movió sus labios otra vez, sin que sonido alguno rompiera la tensión, había sido un tonto… lo había descubierto y esto solo era el preámbulo de algo peor.

—No puedo decidirme —reveló el príncipe después de un tiempo—¿Cuál es el día de su cumpleaños?

—El 18.

—Entonces será el 18.

Kise le miró sin entender ¿Qué es lo que había contestado?

—Tienes 18 días de gracia —sonrió Azraq—. Compláceme, entrégate a mí una vez más y prometo que nada le pasará a ese pequeño hermano que tanto proteges. Mírame sólo a mí y deja que los demás se ocupen de sus asuntos.

—¿Es esta la forma en que pretendes que haga lo que tú quieres? —susurró.

—Puedo lograr que todos y todo hagan lo que yo quiero —repuso con sencillez— .Es inquietante ante mis ojos la forma en como reaccionas —comentó—. Siempre logras cautivarme.

—No... no me interesa cautivarte —tartamudeó—. No me interesa, no puedes hacer nada contra nosotros.

Bajó la cabeza y posó los labios sobre la palma de la mano del modelo. Al instante

Kise sintió resurgir esas pasiones pasadas, aun cuando el contacto de sus labios fue suave. La sensación comenzó en su piel y no tardó en abarcar todo su ser. Experimentó alarma y habría apartado la mano, pero a tiempo recordó que ese acto grosero no encajaría con las demandas del soberano. Sonrió tristemente, maldita la hora en que se volvieron a encontrar.

El mesero le lleno nuevamente su copa.

—Yo la tomaré —anunció Azraq.

Un hombre de pie detrás del príncipe susurró rápidamente algo que parecía de suma importancia y escribió un pequeño mensaje en el trozo de papel que se le fue ofrecido.

El modelo se quedó boquiabierto al leerlo.

Mientras el hombre se retiraba rápidamente hacia la entrada del salón, Azraq se levantó y se lo llevó lejos de la mesa.

—Ahora, cenaremos juntos —dijo.

Un flash logró detener el tiempo. ».

Vaya con este asunto…

Del presente a narrar el segundo encuentro y ¿Qué fue del primer encuentro del tercer tipo? Ya lo veremos conforme se actualice este coso.

De acuerdo a Saint Google:

Najma (1) en árabe es estrella.

No hay casualidades Asfar, solo lo inevitable (2) es lo mismo que la frase: "No existen las coincidencias, solo lo inevitable." Cortesía de nuestras amadas/odiadas CLAMP en su obra maestra Tokio Babylon y X1999.

Gracias por su tiempo.