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VACACIONES FORZADAS

2. Segundo Paso

"¿Vacaciones yo? No, no es necesario"

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Caminaba sin rumbo por algún lugar que le era conocido y desconocido a la vez… tratando de mover los pies en medio de la fría nieve… y nevaba… nevaba… y en medio de la nieve, una mujer vestida de blanco le observó por un instante en el que creyó ver su propio dolor reflejado en los ojos de ella y entonces…

Abrió los ojos de golpe al oír el fuerte pitido del despertador. Extendió el brazo derecho y presionó el botón que hizo que el silencio retornara a su estudio. Respiró hondo. Se enderezó en la silla solo para confirmar que nuevamente tenía un horrible dolor de espalda. Miró molesto la pantalla de su laptop, ahora oscura y apagada, como culpándola del hecho de haberse quedado dormido mientras trataba de resolver algunos ítems del contrato de "counter trade" ofrecido por una compañía extranjera. Desvió un poco la mirada y se topó con el retrato de su adorada Hisana. La contempló un momento. "¿Por qué se fue, dejándolo solo?". Sus pensamientos fueron interrumpidos por unos golpes suaves en la puerta.

- "Hermano, ¿Estás ahí?"

- "Sí" – Estaba apunto de invitar a su cuñada a entrar cuando esta abrió la puerta, cruzó la habitación raudamente y abrió la cortinas. Mala idea. La luz le irritó inmediatamente la vista – "Rukia, cierra eso ahora mismo" – Protestó, manteniendo las buenas maneras.

- "Pero…" – Replicó ella. El silencio en respuesta que le dio su cuñado fue suficiente para obligarla a cerrar las cortinas nuevamente – "Al menos déjame abrir las ventanas ¿Si?"

- "Esta bien" – Suspiró aliviado al ver todo el penumbras nuevamente – "y, ¿Qué te trae por aquí tan temprano?"

- "Pues…" – Rukia dudó un momento, desde la muerte de su hermana su cuñado se había tornado más frío y distante que nunca – "Quería pedirte que me acompañaras al templo en la noche… ya sabes… es Tanabata".

- "No" – A Byakuya le tomó menos de una milésima de segundo dar una respuesta. Esto irritó un poco a Rukia.

- "Pero…"

- "Tengo muchos pendientes de la oficina, pídele a Abarai o a Rangiku que te acompañen".

Rukia hizo un puchero. Pese a tener 20 años aún podía comportarse como una niña. Ella había ido esa mañana con la firme decisión de convencer a Byakuya y no se iría sin antes haber logrado que él dijera un "SI".

- "Es obvio que Renji y Rangiku irán, acompañados por Tatsuki y Gin" – Fingiendo mirar algo inexistente en el techo – "Quería ir contigo para no hacer mal tercio, pero si estás tan ocupado tal vez debería invitar a… ¿Cómo era que se llamaba?" – Poniendo actitud pensativa para crear suspenso y captar el interés de Byakuya – "Kuros-"

- "Iré".

- "¿En serio?" – Rukia fingió desconcierto. Un desconcierto que no tenía para nada. Desde que ingresó a la universidad, dos años atrás, supo que a Byakuya no le agradaba Kurosaki Ichigo, especialmente porque lo encontró una vez en el baño… de su habitación (Bueno, después de todo estaban realizando un trabajo para un curso de la universidad y a ella no se le ocurrió otra idea que invitarle té… tal vez demasiado). Lastima que ella no tuvo tiempo de explicarle, pues Byakuya pensó lo que no debía y lo corrió de la casa.

- "Ya te dije que iré" – Inclinándose sobre el escritorio para encender la laptop – "A las 7, ¿Te parece bien?"

- "¡SIII!" – Una sonrisa triunfal se dibujó en su rostro. Se despidió de su cuñado y salió del tétrico ambiente del estudio para subir las escaleras casi corriendo y llegar a su habitación.

Mientras reanudaba su trabajo, Byakuya no pudo evitar percibir una extraña sensación, un extraño presentimiento.

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Al otro lado de la ciudad…

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En una de las oficinas de un rascacielos una mujer se encontraba sentada observando fijamente la pantalla de su portátil mientras bebía su tercera taza de café. Abruptamente las puertas corredizas se abrieron mostrando a otra mujer, muy alta, esbelta y de tez morena:

- "¡¿Qué se supone que estás haciendo?" – Exclamó la recién llegada.

La mujer que se encontraba frente a la portátil hizo maromas para evitar que su taza de café se cayera sobre el teclado. La apoyó sobre la mesa, a varios centímetros de su portátil.

- "Buenos días, Yoruichi-san" – Saludó indiferente – "Solo estoy enviando el Earning Report que los de EUDE solicitaron por la madrugada".

Yoruichi enarcó una ceja.

- "EUDE Corp. Se encuentra al otro lado del mundo, si enviaron el pedido seguro no lo esperan hasta el lunes por la noche, ¿No crees?"

- "Pero lo tendrán hoy mismo, supongo que no se quejarán por ello"

- "Soi Fon" – Intentando entender la irracional actitud de su amiga – "Es sábado por la mañana de un día festivo, nadie esta preocupado por cosas como el trabajo en un día como hoy"

Soi Fon continuó tecleando en su portátil. Yoruichi no pudo más y se acercó al escritorio para cerrar la tapa de la portátil.

- "¡Yoruichi-san!" – Protestó Soi Fon.

- "Soi, trabajas demasiado, ¿No has pensado en tomar unas vacaciones?"

- "¿Vacaciones, yo? No, no es necesario" – Mirando con recelo las manos de Yoruichi que se resistían a liberar la cubierta de su portátil – "Además se me han ocurrido algunas FASB que podrían incrementar los ingresos de la compañía".

Yoruichi suspiró.

- "Está decidido, tomarás unas vacaciones quieras o no"

- "¡QUE!" – Exclamó Soi Fon, abriendo los ojos de par en par – "Bromeas, ¿Verdad?"

- "Claro que no, desde que ocurrió aquello no has parado de trabajar durante 3 años, al principio lo permití porque al menos así no le darías vueltas al asunto, pero ya es suficiente".

En cierto modo lo que le dijo Yoruichi tenia algo de verdad. Pero aún no tenía ganas de "tomar vacaciones" y menos ahora que se encontraba en la cumbre de su carrera y había obtenido un GMAT de 800. Definitivamente era el peor momento para tomar vacaciones. Así que haciendo gala de su intelecto, ideó al instante una estrategia.

- "Yoruichi-san" – Relajando la expresión de su rostro – "Ahora que lo recuerdo, ¿Hoy no es Tanabata?" – Yoruichi asintió con la cabeza – "Tal vez me haría bien dar un paseo nocturno y ver los fuegos artificiales… claro, si tuviera con quien ir".

Yoruichi parpadeó un par de veces. Era como si los extraterrestres hubieran hecho una abducción frente a sus ojos sin que se diera cuenta, y entonces concluyó que allí había "gato encerrado" pero decidió seguirle el juego a su amiga.

- "No se diga más" – Exclamó muy animada – "Le hablaré a Kisuke para que pase por nosotras, si nos damos prisa tal vez podamos comprar algunos kimonos".

- "Genial" – Susurró Soi. Encima que perdería valioso tiempo que podría usar en nuevas leyes FASB tendría que soportar la compañía del odioso de Urahara Kisuke. El tipo era un vago, la verdad no entendía lo que veía una mujer como Yoruichi en él… y usar kimonos… tendría que hacer gala de sus dotes histriónicos durante toda la noche.

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Una guerra fría con estado de sitio se declaró en la mansión Kuchiki y todo a causa de la invitación de la joven cuñada de Byakuya Kuchiki, pues a la hora acordada, Rukia insistió en pasar por el centro comercial para comprarse un kimono y… otro para el infranqueable Byakuya Kuchiki. El resultado, un alboroto entre las vendedoras de "Wa-kon Store" que terminó por atraer la atención de las féminas de 5 calles a la redonda. Rukia sabía mejor que nadie lo apuesto e increíblemente frío que era su cuñado y la verdad ninguna de las mujeres que pugnaba por tomarse una foto con el presidente de la Cía Kuchiki le parecía digna de él. Todas eran muy escandalosas y solo veían el exterior (nada despreciable, por cierto) pero desconocían el tortuoso interior de Kuchiki Byakuya, que solo clamaba por un poco de paz y comprensión. Por un momento, pero solo por un momento, Rukia sintió algo de culpa, por obligarlo a salir sin considerar que se generaría tanto alboroto a su alrededor, pero en cuanto subieron al coche y el chofer aceleró para dejar atrás a la turba de féminas, la culpa se esfumó y empezó a enumerar las cosas que quería hacer mientras llegaba la hora de los fuegos artificiales.

Mientras oía la lista interminable de actividades que su cuñada traía en mente, Byakuya hizo una nota mental de "no volver a hacerle caso a Rukia" al menos en los próximos 20 años. La llegada al templo Sensoji fue más tranquila y al menos ya no se sentía tan incómodo pues allí la mayoría de personas vestían kimonos y yukatas. Entraron por Kaminarimon y se detuvieron para contemplar un momento las imágenes de Raijin, el dios del trueno, y Fujin, el dios del viento, para luego tomar la ruta de Nakamise, por donde se encontraban los stands y tiendas. Hizo un esfuerzo sobrehumano para suavizar la expresión de su rostro y ocultar su profundo desagrado por el paseo. A donde quiera que miraba solo encontraba familias enteras sonrientes comprando esto y aquello, como si el mundo se esmerara en restregarle a la cara lo que nunca pudo tener.

- "Ni-sama" – Rukia se acercó a él sonriente – "Toma, compre un par de tanzakus para ti" – Extendiendo un brazo para alcanzarle los trozos de papel.

Byakuya titubeó antes de aceptar las tanzakus. Se supone que debes escribir en ellas tu más anhelado deseo y colgarlas en algún árbol antes de que se enciendan los fuegos artificiales… solo que… a él nadie podía cumplirle jamás su más anhelado deseo… nadie en este mundo podría traerle de vuelta la felicidad, nadie podría devolverle a Hisana. Así que, sin que Rukia se diera cuenta, dejó las tanzakus en blanco y la siguió a lo largo del sendero hacia la Hozomon, para luego desviarse hacia la hilera de árboles repletos de tanzakus. Fue allí donde se separaron. Como Rukia era pequeña de estatura no lograba encontrar una rama vacía en la cual colgar sus tanzakus, Byakuya era más alto así que se ofreció a colocarlas por ella pero Rukia se negó, y en un descuido, la perdió de vista. Entonces empezó a vagar entre los árboles, esquivando ramas y procurando escabullirse de los pequeños grupos de amigos o familias que pugnaban por alguna rama vacía para sujetar sus tanzakus.

Así que caminó y caminó, hasta que dejó el bullicio atrás y solo percibía la suave brisa nocturna y el canto de las aves aún despiertas por la luz de las miles de lámparas decorativas colocadas para la ocasión. Miró alrededor y se dio cuenta que estaba completamente solo. Levantó la mirada y contempló las estrellas. Habían pasado muchos años desde la última vez que visitó el templo. En aquella oportunidad también era Tanabata, Rukia estaba en el extranjero así que solo salieron Hisana y él. Ella estaba hermosa esa noche con un kimono blanco con flores amarillas y rosas, y su cabello sujeto en un gracioso moño. Aquel año solo escribieron un tanzaku, con un extraño mensaje sugerido por Hisana, si él habría sabido que solo meses después la perdería para siempre habría aprovechado mejor el tiempo y habría escrito cientos de tanzakus. El sonido de algo quebrándose le hizo desviar la mirada a su izquierda, a varios metros de donde se encontraba, una mujer que al parecer había tropezado con algo se levantaba, era de talla baja y bajo la luz de la luna sus cabellos oscuros graciosamente atados en un moño y el kimono blanco con flores amarillas le daban un aire misterioso.

- "Hisana" – Se le escapó de los labios tal vez movidos por la nostalgia. La misteriosa mujer se volvió hacia él, desconcertada, y solo entonces la fugaz visión del recuerdo de Hisana fue reemplazado por el verdadero rostro de la mujer que lo observaba fijamente, con ojos de melancolía. Intentó decirle algo, tal vez disculparse, pero era como si su cerebro no fuera capaz de encontrar las palabras adecuadas.

- "¡NI-SAMA!" – la voz de Rukia lo sacó de su ensoñación y le hizo desviar la mirada hacia el lugar desde donde su cuñada se acercaba a pasos rápidos – "¿Qué haces aquí? Por un momento creí que te habías marchado"

- "Estaba colocando las tanzakus y cuando me di vuelta te había perdido de vista" – Respondió Byakuya, a modo de reclamo – "Así que no me quedó mas remedio que caminar por los alrededores para encontrarte".

- "Yo… solo busqué una rama adecuada para colgar mis tanzakus" – Se disculpó Rukia – "Mejor regresemos al templo, pronto empezarán los fuegos artificiales"

Byakuya asintió con la cabeza y dio un par de pasos cuando recordó a la misteriosa mujer y se dio vuelta, miró alrededor pero no vio nada.

- "¿Ocurre algo, Ni-sama?" – Preguntó Rukia, al notar que Byakuya se detuvo.

- "Me pareció ver a alguien, antes que llegaras" – Byakuya centró su mirada en el lugar donde minutos antes divisó la imagen de una mujer.

- "Ni-sama, cuando llegué aquí solo estabas tú, no vi a nadie más" – Rukia empezó a preocuparse. Byakuya pareció darse cuenta así que dio media vuelta y continuó la marcha de regreso al templo. Rukia le siguió en silencio, pensando que tal vez el exceso de trabajo y el encierro estaban empezando a afectar la salud mental de su cuñado, así que hizo una promesa, por la memoria de su querida hermana, de alguna forma encontraría el modo de devolverle la alegría a su sombrío cuñado.

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Tuvo que esmerarse en poner su mejor cara para ocultar su desagrado… solo así podría disuadir a Yoruichi y hacerla desistir de su absurda idea de enviarla de vacaciones. Y vaya que la tarea no fue nada fácil. Empezando por el tradicional y poco práctico kimono que Yoruichi le obligó a comprar. Ella quería elegir uno entre azul y lila pero Yoruichi insistió que fuera blanco con flores rosadas y amarillas. Y luego, cerca de 40 minutos en un salón para arreglarse las uñas, maquillaje y una sesión de tortura para intentar sujetar su rebelde cabello en un moño. Realmente tuvo que esforzarse mucho.

Y la cosa no quedó ahí. De entre todos los templos - bueno, no es que en Tokyo existieran muchos templos pero en fin – Yoruichi eligió ir al templo de Sensoji, el más concurrido en fiestas como esa. Como perdieron mucho tiempo entre tiendas y el salón de belleza, el encontrar un estacionamiento libre fue casi apocalíptico. Caminaron varios minutos antes de alcanzar la entrada del templo, ingresaron por Kotodoi Dori, pues la entrada por Kaminarimon estaba más lejos y a simple vista se divisaba saturada de personas. Al principio ver los stands con artesanías, comida y otros productos le distrajeron de sus múltiples preocupaciones hasta que divisó en la entrada del templo principal, el Hozomon, a una pareja de recién casados tomándose fotos, muy animados… en ese momento se olvidó de todo – incluyendo a Yoruichi – y solo deseo salir de ese lugar. Caminó en busca de una salida pero a donde quiera que veía solo encontraba parejas o familias colgando tanzakus en los árboles… tan felices. Caminó aún más hasta que dejó atrás el bullicio, solo entonces se detuvo. Maldijo en su corazón por haber aceptado la invitación de Yoruichi, ella estaba muy bien sumergida en su trabajo, no necesitaba distracciones ni cosas como esa, que le hicieran perder el tiempo. La suave brisa de la noche trajo hacia ella un delgado trozo de papel, "Tanzaku", susurró mientras veía aquel trozo de papel danzar junto a un par de hojas marchitas frente a ella por varios segundos. Movida por la curiosidad extendió la mano intentando atraparla, pues al parecer tenía algo escrito, pero el viento sopló un poco más fuerte y la tanzaku empezó a alejarse.

La terquedad era una de las tenebrosas cualidades de Shaolin Fon - o Sui Feng, el nombre que adoptó después de los tristes sucesos de tres años atrás – y sin pensárselo dos veces, hecho a correr para capturar a la fugitiva tanzaku. Aquella persecución no duró mucho, la tanzaku quedó aprisionada entre las ramas de un tronco caído a unos metros pero no le dio tiempo a Soi para detenerse apropiadamente y ella terminó tropezando con el tronco. La caída fue algo estrepitosa, pero en medio del desastre, una sonrisa se dibujó en su rostro, tenía a su presa. Se incorporó lentamente y estaba dispuesta a hacer el camino de regreso cuando oyó una voz. Movida por un reflejo se giró y se vio, frente a frente, separados por escasos pasos, con un hombre que parecía tan desconcertado como ella por las extrañas circunstancias alrededor de ese encuentro. Ambos permanecieron en silencio, y tal vez habrían continuado así si no fuera por la interrupción de una tercera mujer. Apenas rompieron el contacto visual, Soi Fon regresó por el sendero que la llevó a ese lugar de la forma más silenciosa posible. Solo tuvo que caminar y sin más, llegó a la entrada y tomó el primer taxi que divisó. Solo cuando llegó a la altura de su departamento y se disponía a pagar al taxista recordó el trozo de papel que aún sostenía entre sus manos, titubeando un poco lo extendió, el papel estaba gastado y descolorido y las escrituras estaban bellamente dibujadas pero apenas y eran legibles… lo acercó un poco a la luz y pudo leer algo que la dejó muy confundida: "Deseo que Menomaru y Isayohi se encuentren esta noche".

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Luego de la inusual salida, y aún confuso por los recientes sucesos, Kuchiki Byakuya se disponía a descender del recién aparcado coche para retomar sus labores en su casa, cuando repentinamente su cuñada le preguntó algo:

- "Ni-sama, la última vez que mi hermana y tú visitaron el templo, pidieron un deseo, ¿Verdad?"

Byakuya asintió con la cabeza. La verdad no tenía ganas de hablar de ello pero comprendía en parte el sentir de Rukia.

- "Nunca supe en donde Hisana colgó el tanzaku, después de pedirme que escribiera el deseo, ella me pidió que cerrara los ojos".

- "Entonces tu escribiste el deseo" – Dijo Rukia, algo decepcionada.

- "Yo solo escribí lo que Hisana me dictó"

Rukia dudó antes de preguntar lo que por años le carcomía el alma.

- "¿Qué fue lo que deseo mi hermana?"

- "Deseo que Menomaru y Isayohi se encuentren esta noche" – Byakuya observó la expresión de sorpresa y decepción en el rostro de Rukia – "Lo siento, pero yo tampoco entendí ni entiendo hasta el día de hoy lo que Hisana quería decir con ese mensaje".

- "Gracias, ni-sama" – Rukia sonrió, al menos no era la única que no entendía aquel mensaje – "Buenas noches".

- "Buenas noches" – Respondió Byakuya, antes de abrir la puerta de su estudio y retomar sus actividades de siempre.

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NA: Nee… pues primero gome! Por la exagerada tardanza y agradecer a quienes enviaron reviews pidiendo que la historia continuara… ARIGATOU! :)

Darkneos, Daniela, Haruki Yuko, Salander Lisbeth (Vainilla XD), Haibara 19, Wendy.

Tanabata es una fiesta China que se celebra el 7mo día del 7mo mes, al coincidir las fechas para celebraciones similares tanto en China como en Japón se decidió celebrar, en ambos países, el encuentro de la princesa Isayohi (Orihime ó Vega) con el valiente guerrero Menomaru (Hikoboshi ó Altair) para reafirmar su amor, por ello, esa noche se encienden faroles para mantener despiertas a las aves que formarán el puente que permitirá a los amantes encontrarse a orillas del río Shinano…

Maryeli

09 de Noviembre del 2010

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NEXT…

Tercer Paso

"¡En donde quedó la civilización!"

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