Mi propiedad privada

Capítulo dos

Te doy pan, quieres sal
nunca te voy a dar
Lo que me pides.

- ¿Me escuchas, Malfoy? – Draco entreabrió los ojos, sintió el estomago rugir de hambre y volvió a cerrarlos. Estaba muy cansado y sólo quería dormir, pero la persona que le hablaba no parecía compartir su sentimiento ya que volvió a sacudirlo. – ¡Despierta ya! Tenemos que movernos. – Levantó un débil brazo para cubrirse los ojos y gruñó. – Malfoy si no te levantas a la cuenta de tres… - Estaba demasiado acostumbrado a las amenazas como para que algo dicho en un tono tan débil le afectara en algo. – Enervate. – Como tirado por una soga invisible, Draco se sentó contra su voluntad.

- ¿Qué mierda…? – El rubio se incorporó, mirando con bronca al mago que le apuntaba con tanta decisión. – Quiero dormir, no molestes.

- Me importa poco si quieres dormir, Malfoy. Si digo, vamos, significa vamos. – Había algo en el tono del otro, en aquellos tontos anteojos redondeados, que hicieron que Draco entrecerrara los ojos. Tratando de recordar de dónde le sonaba conocido el otro. Miró alrededor. Estaban afuera del Ministerio, podía ver claramente las cabinas de teléfono por las que los invitados entraban. Por la que había entrado durante los juicios siguientes al fin de la guerra. – Agarrate de mi brazo, nos apareceremos.

- ¿En dónde? – Draco dio unos pasos hacia atrás, pero el otro tiró con fuerza de una cadena que los unía.

- No te interesa, Malfoy ¿Podrías callarte y simplemente obedecer? Deja de ser una molestia constante. – Draco abrió la boca para dar una respuesta mordaz, pero algo en los ojos verdes del interlocutor lo hicieron callar.

- ¿Potter?

- ¿Qué? – Harry pasó la mano que tenía libre por su pelo, despeinándose aún más. Era Harry Potter, no había duda.

- ¿¡POTTER!- Draco vio como el otro miraba al desierto callejón nervioso. – Pero ¿Qué demonios? ¡Me compraste! – Harry endureció la mirada y agarró al rubio del brazo, antes de desaparecer con un chasquido.

Harry apenas había tenido tiempo de pensar qué hacer con el rubio, si seguían un segundo más ahí iban a levantar sospechas, más aún si éste seguía chillando , y tenía una orden clara de permanecer oculto. Por eso es que se apareció en medio de su living, tambaleándose un poco, producto de la imprecisión con la que se había aparecido. El rubio a su lado cayó al suelo temblando. – Levántate, Malfoy. Puedes hacer eso ¿no? – Draco levantó la mirada, sus ojos relampagueando con odio.

- Claro que puedo, después de todos los enervates que me daban los chicos buenos y justicieros al día, digamos que tengo una tendencia a levantarme a la fuerza. – Harry apretó los labios y miró hacia otro lado, mientras su antiguo compañero de Hogwarts se incorporaba con mucho esfuerzo. - ¿Dónde estamos, Cara rajada? Te imaginé más creativo, con cámaras de tortura y paredes de piedra…

- Mira, Malfoy, si no quieres que te devuelva por insatisfacción del consumidor a tus antiguos dueños cállate de una vez. – El auror abrió el grillete que tenía en su propia muñeca y agarró la cadena más cerca de la muñeca del rubio.

-¿Y qué tengo que hacer para que el Señor esté satisfecho? ¿Si te la chupo lo suficiente me dejaras ir? – En un rápido movimiento la cabeza del rubio chocó duramente contra la pared y sintió la varita de Harry apuntándole directamente al pecho.

- Créeme, Malfoy, si no te callas por las buenas será por las malas. – Los dos se miraron fijamente, y después de lo que a Harry le pareció una eternidad, Draco sonrió de costado.

- Lo que el Amo desee. – La cara enfurecida de Harry fue lo último que Draco vio antes de caer desmayado.

Con un rápido movimiento de varita del morocho el cuerpo de Draco se elevó antes de tocar el suelo. La casa estaba oscura y Harry encendió un par de velas antes de caminar hacia la recamara de invitados con el rubio flotando detrás, lo acostó en la cama y enganchó el grillete que estaba suelto a la pata de la cama. No confiaba en Draco Malfoy, y haberlo traído a él en vez de a la pequeña Greengrass, había sido claramente un grave error ¿En qué había estado pensando? Era obvio que no iba a decir nada útil por el simple hecho de que quién lo cuestionaba era la razón por la que su vida fuera lo que era.

El ex Slyhterin estaba muy flaco, se podían distinguir claramente los huesos bajo su piel. Apenas estaba vestido con una capa demasiado fina por el uso y que ahora, en vez de ser negra, como originalmente parecía haber sido, era de un color grisáceo. Tenía el cabello largo, descuidado y sucio, Harry lo observó con aprensión antes de correr un par de mechones de la cara del otro, sobre el pómulo derecho tenía un feo hematoma de color morado y tenía un corte bastante reciente sobre la frente. Lo poco que Harry sabía de medimagia era lo poco que enseñaban en el entrenamiento para auror, sin embargo tenía mucha más experiencia en medicina básica muggle.

Frasco de alcohol en mano, y un pedazo de algodón, comenzó a desinfectar las heridas visibles del rubio, aprovechando su inconciencia. Cuando terminó, el tobillo lo tenía fracturado y Harry sólo pudo vendarlo, tapó al rubio y le lanzó un enervate. Pero el rubio no se levantó, sólo giró un poco en la cama y se tapó mejor.

Harry vivía en un departamento pequeño en el Londres muggle, decidido a escapar de la prensa mágica y de los magos y brujas que constantemente lo acechaban por las calles, se había mudado a este departamento apenas terminada la batalla. Su departamento estaba en el séptimo piso, y la vecina de piso, era una anciana bastante arisca, pero que siempre le daba una porción de torta y una taza de delicioso café con leche. El Salvador del mundo mágico, vivía bien y tranquilo. Al menos así había sido su vida durante los últimos años.

Apenas había terminado la transacción con el hombre que presentaba la subasta, había logrado conseguir una cuenta en el banco Gringots, lo habían atado a un Draco Malfoy inconciente y él se había apareido directamente afuera del Ministerio. Sólo para darse cuenta de lo estúpido que eso era, no podía entrar con un ex convicto, bajo la apariencia de otra persona, y pretender no llamar la atención.

Encendió la chimenea en el living, y echando un poco de polvos flu en la chimenea metió la cabeza dentro, diciendo la dirección de su jefe. Como lo imaginaba Podmore estaba dormido frente a donde ahora se encontraba la cabeza de Harry,

- ¡Jefe!- El mayor saltó en el sillón, y tardó un par de segundos en reconocer a su subordinado.

- Potter, maldita sea, ¿por qué tardó tanto? ¿Lo descubrieron?

-No, no. Todo salió perfectamente bien, tengo un número de cuenta en Gringotts ¿Cree poder conseguir un nombre? El número lo paso mañana en un informe detallado.

- Habrá que ver, ya sabes que los duendes están bastante sensibles desde la guerra. Bueno, Potter ¿Algo urgente?

- ¿Dónde escondo a la persona que salvé? – Sturgis levantó una ceja y lo miró seriamente.

- ¿Acaso no es obvio? La escondes donde sea que estés tú, Potter. No sé si dejé en claro lo importante que es que esto no se sepa.

- Sí, claro. Pero podríamos mandarlo a una casa segura.

- No. Las casas seguras son propiedad del Ministerio. Tarde o temprano saltaría a la luz que hay alguien ahí y no sé cuánto tiempo nos llevará desmantelar esta red.

- Jefe, vi a varios del Ministerio ahí… me parece que deberíamos controlarlos…

-No.- Podmore negó suavemente con la cabeza.- Levantaría sospechas y Harry, tu mismo estabas con la apariencia de otra persona, no sabes quienes son los que están ahí. De eso nos encargaremos más adelante, por ahora oculta a quien sea tengas ahí y llega al trabajo a las ocho. – Harry gruñó y se despidió del jefe.

Ya eran las dos de la madrugada y con suerte iba a poder dormir cuatro horas, de bastante mal humor se encaminó al baño para lavarse los dientes.

- ¿Atarme a la cama? Maldito perro resultaste ser, Potter. – Harry se lavó los dientes lentamente, escuchando las injurias que salían de la habitación de al lado. - ¡Responde, cobarde! De Gryffindor no tienes ni la ropa…

- ¿Cuál es TU nuevo problema, Malfoy? – Draco estaba sentado en la cama, su muñeca lastimada de tanto tirar.

- MI problema, Potter, eres tú, siempre lo has sido, siempre lo serás. Pero como eso es irremediable, larga vida al imbécil que siempre vive – canturreó en un tono meloso- voy por lo que sí es remediable, suéltame.

- No ¿Por qué debería? – Harry se cruzó de brazos y se apoyó contra el marco de la puerta.

- ¿De que tienes miedo? ¿De que te mate con un cuchillo para untar? – Draco largó una risa seca y sarcástica.- No tengo varita y para empezar deberías soltarme porque necesito ir al baño, ¿sabes?- Al ver que el otro seguía sin moverse, agregó:- Deja de comportarte como un niño enojado. Si tanto rencor me guardas por pequeñeces de niños, muérete. No podría importarme menos, o mejor déjame ir o entrégame a alguien que te pueda pagar más. – El hablar casi sin parar produjo que Draco tuviera que tomar grandes bocanadas de aire. Se sentía cansado.

-Mira, Malfoy. Yo no quiero que estés aquí, tú no quieres estar aquí, genial por primera vez estamos de acuerdo en algo. Pero de no estar aquí ya estarías muerto, así que deja de ser tan quejoso.

- ¿Te crees que prefiero esto? Tenía que morir, Potter. Ese era mi destino, tenía que morir porque ya no hay nada que importe pero no, tenías que llegar con tu complejo de héroe y arruinar hasta mi muerte. No tenías derecho. – Los ojos del rubio brillaron peligrosamente. – La muerte iba a ser todo lo que podía tener y tu entrometimiento me lo impidió. Así que ahora no seas tan maldito y déjame ir al baño.

Harry no lo pensó mucho, directamente desvaneció la cadena. – Tienes razón, debería haber dejado que te mataran. Después de todo, hasta te lo mereces. Ah… La puerta está cerrada, así que no vale la pena que gastes tus fuerzas en escapar. – No estaba ni de humor ni con ganas de pensar en lo que Draco había dicho, ya iba a tener tiempo mañana, pensó Harry mientras se acostaba.

Draco esperó hasta que escuchó la puerta de la otra habitación cerrándose. Se sentía mal, caminó hasta el baño, apenas sintiendo los pies, tenía las plantas quemadas por haber tenido que caminar sobre la nieve sin nada que lo protegiera. Apoyó ambos brazos sobre el lavabo para sostenerse y miró su reflejo, un joven de ojos cansados y bolsas negras bajo ellos, le devolvió la mirada. Estoy muriendo, pensó, ya sin amargura sino con resignación. Maldiciendo a Potter abrió el grifo de agua caliente de la bañera y aprovechó para sacarse la capa gastada tironeando y gruñendo cada vez que está reabría una herida que había empezado a cicatrizar pegada la capa.

Cuando ya estaba totalmente sumergido en el agua caliente se preguntó qué le habría deparado el destino a las hermanas Greengrass y qué le depararía a él.

- ¿Café, Malfoy? – Preguntó a la mañana siguiente Harry, mientras se servía él una taza con el doble de cafeína recomendada. Draco ahora tenía el pelo más corto y limpio, y si bien seguía teniendo más cara de muerto que de vivo, Harry sintió que algo había vuelto a ser como era.

- ¿Qué vas a hacer conmigo, Potter?

- Te voy a comprar un delantal y tenerte de elfo doméstico, ¿no es obvio?- Harry estaba de buen humor, tanto que le sirvió una taza al rubio y hasta le untó una tostada con mermelada, que Draco dejó de lado.

- No voy a ser tu maldito elfo, Cara rajada.

- Bueno no creo que estés en posición de decidir nada. Imagino que no te sabes manejar con los electrodomésticos muggles.- Draco frunció el ceño, un no pintado en toda su cara.- Bueno hay comida en la heladera, a la noche te enseño a usar algunos. – El rubio se encogió de hombros, mientras comía la tostada, estaba famélico.- Bueno, Malfoy. Te veo a la noche, trata de… sólo cuídate. – Harry hizo un gesto de incomodidad antes de desaparecer.


Notas:

Primero, muchas gracias por los reviews :) Dan ganas de escribir, segundo sé que es corto. Pero era o publicar algo corto ahora o en algún momento indeterminado después de las fiestas, ya que viajo. Espero que les haya gustado. La canción es Seminare de Serú Giran, muy recomendable.