¡aquí estoy! Continuando la historia como ustedes querían, no sé si la historia va a ser larga o corta, pero espero les guste, y también tengo pensado actualizar los jueves. Así que, sin más, ¡A leer!

CAPITULO.2

Habían pasado cuatro días, desde que la rubia entro al consultorio de la cobriza, la herida ya no dolía, pero se estaba aburriendo de estar sola todo el día en su departamento, claro que sus compañeras la visitaban, conversaban, reían, jugaban, pero por alguna razón se sentía sola, sentía que los días pasaban muy lento, quería que los tres días que faltaban pasaran rápido, aunque se lo estuviese negando, quería ver a la cobriza, no sabía por qué, pero quería ver su sonrisa, su cabello, sus ojos, solo pedía cinco minutos cerca de la doctora.

"Me gustaría saber que me está pasando" pensó.

No le gustaba el hospital, odiaba todo lo relacionado con medicina, y más las inyecciones, pero esa cobriza, lograba que sus miedos desaparecieran. Se sentó en el sofá a pensar en lo que le estaba pasando, pero no encontraba respuesta, por lo que se rindió, se levantó y decidió buscar algo de comer, saco unos panes de un estante de su cocina, y del refrigerador saco unas cuantas cosas, mientras preparaba un sándwich se puso a pensar nuevamente en la doctora, "seguramente tiene novio, es imposible que una chica tan hermosa no esté saliendo con nadie" de repente su rostro se tornó triste, "¿y ahora porque me siento triste?" se preguntó mentalmente, sacudió su cabeza y palmeo sus mejillas, "quizás no dejo de pensar en ella porque…mmm …porque… ya se, es porque quiero conocerla mejor y ser su amiga" luego de terminar de hacer el sándwich le dio una mordida seguida de otra y así sucesivamente, al terminar, se dirigió a su habitación, pues sus compañeras y amigas no la dejaban salir, así que lo único que le quedaba era dormir, y eso hizo, salto a su cama y no supo cómo ni cuándo, pero se había quedado dormida.

- ¿Está segura de que no me va a doler? – preguntó un chico con un claro miedo en su rostro.

-Sí, estoy segura – respondió cansada, tenía casi 20 minutos tratando de convencer al chico que la inyección no dolería, estaba cansada, él era el último paciente, lo único que tenía que hacer era aplicarle una inyección, era muy fácil, pero el chico lo hacía difícil.

-B-bien – suavizo un poco su brazo, la doctora aprovecho y rápidamente tomo el brazo del chico, coloco la inyección, no había dolido absolutamente para nada, suspiro nuevamente, mientras que el chico cambio su rostro de miedo a uno sonriente- ya sabía que no dolería – dijo como si nunca nada hubiera pasado, la doctora solo volteo los ojos.

- ¿Cuantos años dices que tienes? – pregunto.

-25 años- no podía creer que un chico con esa edad y ese físico le tuviera tanto miedo a una inyección, pues el chico tenía un buen físico, claro que ella no le prestó atención a eso, solo quería terminar y llegar a su departamento para dormir y tener su merecido descanso. Se pudo dar cuenta de que el chico la miraba de una manera que definitivamente a ella no le gustaba- ¿qué harás saliendo de aquí? – pregunto de manera coqueta, lo cual molesto a la cobriza.

-Eso no le incumbe- respondió lo más educada que pudo, después de todo estaba trabajando y no quería que le levantaran un acta, pero el chico no le importo, trato de acercarse a ella lo cual le fue imposible, porque la doctora saco una de las inyectadoras más grandes que tenía y lo miro amenazante- ya se puede retirar- le dijo con el ceño fruncido.

-E-está bien – como rayo salió del consultorio, dejando a la cobriza con una sonrisa de satisfacción, empezó a recoger sus cosas para retirarse. Y sin darse cuenta una sonrisa brillante se asomó a sus labios, recordó la reacción de cierta rubia cuando solo había visto el alcohol, y el rostro de pánico cuando le había preguntado si le daban miedo las agujas, también le había gustado conversar con ella, y sus ojos, su sonrisa, su mano suave y cálida, no sabía por qué terminaba pensando ese tipo de cosas, apenas y se sabía su nombre, un nombre que sentía nunca olvidaría, "¿y si sucede que te quiero ver?" recordó, y por una extraña razón que ni ella conocía, termino mordiéndose el labio inferior al pensar en las palabras de la rubia, muchos le decían cosas parecidas, eso le molestaba, pero se preguntaba por qué no le molesto que la rubia le dijera eso, hasta casi termino siguiéndole el juego, tampoco sabía si le estaba coqueteando, o solo estaba bromeado con ella. Dejo salir un suspiro cansado, luego movió la cabeza a los lados varias veces para aclarar su mente, quería irse a su departamento y descansar, pero sabía que seguramente terminaría pensando nuevamente en la chica de ojos rojos, y no era porque ella quisiera, simplemente la recordaba sin querer, estaba así desde el día que la vio, no era su culpa, tampoco entendía por qué tenía tantas ganas de que los días pasaran rápidos para volver a verla, de solo pensar en eso se sonrojo. Tomo sus cosas rápidamente para salir de su consultorio, fue a la puerta giro la perilla, y al abrirla se encontró con un chico rubio de ojos verdes.

-H-hola, Nanoha- saludo.

-Hola Yunno-kun, ¿Qué te trae por aquí?, ya me iba-

-Sí, lo sé, pues Salí antes y vine a buscarte, para que no tomaras el bus- se veía tímido.

-Ya veo, te lo agradezco, pero no debiste molestarte-

-no me molesta, vamos- le ofreció su mano, la cobriza la miro un momento.

-Claro, pero debo llegar rápido- se adelantó, dejando al chico con la mano colgando, a ella no le gustaba ir tomada de la mano con nadie, para ella eso era de pareja, y para ella el rubio era un buen amigo, nada más, nada menos.

-S-si- vámonos- el chico fue detrás de ella.

...

Ya estando en su departamento, soltó un gran suspiro, le había agradecido a Yunno, pero le pidió que no la fuese a buscar a esas horas, le dijo que no le gustaba que el llagase tarde a su casa, pero la verdad era que el chico hablaba mucho, casi que ni la deja entrar a su departamento, y ella solo quiere llegar arrogarse a la cama y dormir como nunca.

Fue al baño, necesitaba una ducha. Terminando de ducharse y de ponerse su pijama se dirigió a la cocina, abrió el refrigerador, tomo un envase de leche y lo vertió en un vaso, para luego pasar a tomárselo. Con una sonrisa de satisfacción se encamino a su habitación, se lanzó a su cama, sintiendo la suavidad de esta, pero antes de dormirse debía poner su alarma, pues tenía que trabajar al siguiente día, de nuevo, ya con eso terminado, se avomodo en su cama y se acobijo bien para luego dejarse llevar por Morfeo.

3 días después.

Apenas llego a su trabajo, casi mil pacientes la habían inundado, no había podido ni desayunar, tenía pensado llegar primero al cafetín, pero se desvió a su consultorio un momento para buscar unos papeles que debía entregar en coordinación, pero apenas abrió la puerta, pacientes la habían inundado, no ha tenido ni un día libre, y todos los días para ella son iguales, cansados. Su idea de desayunar desapareció al ver esa cantidad de pacientes, así que se resignó y decidió atenderlos, uno por uno, algunos eran tranquilos otros eran llorones, prefería trabajar con niños. cuando por fin termino, y ya no había más, su sonrisa de tranquilidad se asomó, y luego desapareció cuando tocaron a su perta.

-Adelante- dijo con un muy, muy claro cansancio.

-Te ves cansada- al escuchar esa vos, sus ojos empezaron a brillar, volteo a ver con la esperanza de que sea a quien esperaba, y si, definitivamente una rubia se encontraba en la puerta del consultorio, en su mirada se mostraba un poco de pena- Si quieres puedo volver luego- cuando iba a darse vuelta para salir, la doctora la detuvo.

-Espera- la chica volteo a verla, y sin querer termino perdiéndose en esos ojos lavanda, entro completamente y cerró la puerta- Puedes tomar asiento – le dijo, y la chica hiso caso sentándose en la camilla- Estoy trabajando, mi trabajo es curar, así que no te vayas-

-Bueno- respondió, para luego dejar salir una sonrisa, que termino contagiando a la cobriza.

- ¿De qué te ríes? – pregunto.

-De nada, es solo que estoy feliz de que por fin me voy a deshacer de estos puntos- respondió, sabiendo que era mentira, su sonrisa se debía a que por fin pudo ver a la doctora, siete días esperando, definitivamente quería ser su amiga, jamás había deseado ver tanto a alguien.

- ¿Tanto te molestaron? – pregunto mientras sacaba algunas cosas de un estante para poder atender a la rubia.

-Tu misma me dijiste que era demasiado intranquila, no me gusta quedarme en mi departamento sin hacer nada, es aburrido-

-Sí, pero por andar de intranquila terminaste cortándote- le reprendió.

-Pero…- pensó en que responder, pero no encontró ninguna objeción.

-Muéstrame tu brazo- le pidió para hacer su trabajo, se dio cuenta de que la rubia empezó a temblar, de verdad le causaba ternura ver ese rostro asustado- oye, esto definitivamente no va a doler, solo voy a retirar los puntos con esta pinza – mostro el pequeño objeto metálico.

- ¿Pero y si jalas y duele? –

-La herida ya sano, ya no va a doler, te lo prometo- pero igual no hiso caso, y no le mostro su antebrazo, sabía que la cobriza estaba cansada, y que seguramente le molestaba que los pacientes se comportaran así, pero era inevitable acobardarse. La doctora suspiro un poco cansada- bien, dime que quieres que haga para que te dejes retirar los puntos- eso le pareció interesante, por lo que sonrió.

-Está bien- con todo el valor que junto, le enseño su antebrazo, la cobriza sonrió, y poco a poco fue retirando los puntos, realmente no dolía, y también fue demasiado rápido.

-Listo- dijo luego de terminar con su trabajo.

- ¿Ya? ¿Eso era todo? – dijo un poco sorprendida, ni sintió nada, la cobriza definitivamente era buena en lo que hacía.

-Ves que fue muy rápido, y no dolió nada- le dijo, a la rubia le gustaba el brillo que tenía en sus ojos, la cobriza era muy bonita, "ella es muy hermosa" pensó.

-Ya sabía que no dolería-

-Claro- la doctora recordó lo que le dijo para que se dejara quitar los puntos, y tenía curiosidad de saber qué era lo que quería- ¿y qué quieres que haga por ser buena chica? – dijo con un poco de sarcasmo, pues ella no era buena chica.

- ¿Ya desayunaste? – pregunto de la nada, Nanoha levanto una ceja en confusión, pero igual respondió.

-No, aun no, ¿Por qué lo preguntas? –

-Por qué te quiero invitar a desayunar – sus ojos se abrieron en sorpresa, no sabía por qué la rubia quería desayunar con ella, tampoco sabía porque se sentía feliz.

-B-bueno- ¿y ahora tartamudea?, "¿qué me pasa?" asintió con la cabeza en forma de respuesta provocando que la rubia sonriera.

-Entonces, ¿Qué te parece si nos vamos? – dijo aun con una brillante sonrisa, se levantó de la camilla, para abrirle la puerta a la cobriza quien sonrió.

-Que caballerosa – un enorme sonrojo cubrió las mejillas de la rubia, y la cobriza solo se mordió el labio, no aguantaba tanta ternura, se quitó su bata de trabajo y la coloco en el escritorio, luego salió, la rubia cerró la puerta después de salir. ya iban saliendo del hospital cuando una chica las detuvo.

-Doctora, Takamachi Nanoha, ¿hacia dónde se dirige, y con quién? – pregunto la chica.

-Hayate-chan- saludo la doctora- voy a desayunar – la castaña asintió en entendimiento, para luego voltear a ver a la rubia de arriba abajo, esta levantó una ceja sin entender por qué la miraba así, hasta que vio que la castaña le tendió la mano.

-Un placer, Hayate Yagami, soy la amiga de infancia de Nanoha-chan- a la rubia le sorprendió que se conocieran de tanto tiempo, y tengan la misma carrera, pero sonrió y gustosamente tomo la mano.

-Fate Testarossa, es un placer conocerte- saludo, la castaña sonrió para luego mirar a la cobriza.

-Pensé que desayunarías en el cafetín del hospital-

-Sí, pero Fate-chan me invito a desayunar- la nombrada abrió los ojos en sorpresa al escuchar cómo le llamo, por supuesto que no le molestaba, de hecho, su nombre sonaba muy bonito saliendo de los labios de la cobriza.

-Ya veo- dijo con una enorme sonrisa que definitivamente iba para la cobriza, quien no entendía el por qué, pero prefirió ignorarlo- pues que disfruten, cuida de ella por favor- esto último se lo dijo a Fate.

-No hace falta que me lo digas, lo haría, aunque no me lo pidieras- un enorme sonrojo inundo las mejillas de Nanoha al escuchar eso, y Hayate no lo paso por desapercibido.

-Y-ya vámonos- tomo el brazo de la rubia para alegarla casi a rastras de la castaña, esta solo se quedó mirando como salían del hospital.

-Así que por fin llego, la persona que tanto esperabas Nanoha-chan- dijo a la nada.

La doctora y la rubia ya se encontraban fuera del hospital, Fare desactivo la alarma de su auto, y se acercó a la puerta del copiloto para abrirla y dejar que la cobriza entrara, esta se sonrojo por el acto caballeroso de la rubia.

- Tienes un lindo auto- dijo para tratar de calmarse, no sabía por qué ese tipo de cosas que hacia la rubia la terminaban sonrojando, bueno ella nunca ha conocido a alguien así, seguro solo era eso, le sorprendía que la trataran de esa forma.

-Sí, fue lo primero que compre luego de empezar a trabajar- respondió la rubia ya estando en el asiento del piloto.

- ¿Enserio, no te paso por la mente primero un departamento? – pregunto con una ceja levantada.

-Sip, después del auto fue el departamento- puso en marcha el auto mientras hablaban todo el camino, la rubia nunca había hablado tanto con alguien, de echo le gustaba el silencio, pero en ese momento era ella quien buscaba conversación con la cobriza. Llegaron a un pequeño restaurant, muy bonito, y a pesar de ser pequeño, tenía muchos toques elegantes. Fate salió del auto primero, para pasar al otro lado de este y abrirle la puerta a Nanoha, y sip, otra vez un sonrojo la invadió. Entraron en el restaurante, buscaron el lugar más cómodo, al parecer tenían en común elegir lugares apartados de las demás personas, se sentaron en un bonito lugar, no había muchas mesas alrededor, así que era el indicado, no paso mucho tiempo para que un mesero se acercara a tomar su orden, y tampoco paso mucho para que volviera con lo pedido.

-Servicio rápido, me gusta- dijo de la nada la rubia.

-Parece que te gusta todo menos las medicinas-

-Oye, claro que no, es solo que soy alérgica a las inyecciones y ese tipo de cosas-

-Nyahaha- definitivamente a la rubia le encantaba su risa- no sabía que existiese ese tipo de alergia, y soy doctora, quizás deba estudiar eso- Fate rio también.

-Y yo no sabía que tu risa iba a gustarme tanto- eso lo dijo con un leve sonrojo, pero el que tenía la cobriza le gano.

- ¿Q-que d-dices? – "¿Porque estoy tartamudeando?" tomo un poco de su café para tratar de calmarse.

- ¿Tienes algún día libre? – pregunto.

- ¿Por qué lo preguntas? – respondió con otra pregunta.

-Me gustaría… que…- estaba nerviosa, en sus ojos se podía ver- quiero invitarte… a salir- dijo sonrojando a la doctora.

-B-bueno, ¿pero por qué me quieres invitar a salir? – mujer no ves que reunió mucho valor para decirlo, y tú haces que reúna más para responderte, solo di que sí.

-P…pues…por…que, tu… m-me gu… me agradas mucho… y quiero… conocerte m-mejor – en su mirada lavanda se mostró un poco de tristeza, la rubia no sabía por qué la mirada de la cobriza se mostró así, iba a preguntar si había hecho algo malo, pero no pudo porque la cobriza hablo.

-El sábado estoy libre, si te parece podemos salir ese día- los ojos de la rubia brillaron al escuchar eso, y la cobriza no pudo evitar sonreír al ver aquel brillo. Comieron y lamentablemente Fate tenía que dejar a Nanoha en su trabajo, pues solo tenía unos minutos libres para desayunar y volver.

Ya en el hospital, la rubia se tenía que despedir de la cobriza, y esta de la rubia, pero la verdad ninguna de las dos quería eso, en la entrada del hospital estaba Hayate avisándole a Nanoha que debía entrar a trabajar, esta le respondió con un gesto.

-Bueno, supongo que nos veremos el sábado- dijo la rubia.

-Sí, nos veremos pronto, me puedes llamar o mandar un mensaje- se mordió el labio, mientras se preguntaba como despedirse, suspiro con temor, se inclinó hacia arriba para besar la mejilla de la rubia, provocándole un gran sonrojo que le pareció muy tierno.

-C-claro hasta pronto, Nanoha- la doctora al escuchar como la rubia la llamo, no pudo evitar pensar que su nombre era hermoso, Hayate la volvió a llamar, así que para que la castaña no siguiera tuvo que irse, ya estando en la entrada con la castaña, se despidió de la rubia con la mano mientras veía como esta subía al auto y lo ponía en marcha, ya estando lejos, dejo salir un largo suspiro.

-Es la primera vez que veo que alguien te trae loca- dijo la castaña mientras entraba al hospital.

- ¿Qué? – volteo verla, pero ya se había ido.

"¿a que se refería con eso?, y por qué me puse algo triste en el restaurant, Fate-chan no dijo nada malo, me trato tan bien, es tan caballerosa, tan hermosa, y sus ojos son tan profundos y bellos, sus labios seguramente son muy suaves y dulces… ¡un momento, ¿en qué estoy pensando?! No, no… a mí… no… yo no… yo no puedo estar enamorada de Fate-chan.

o…o

Ya había llegado a su departamento, y desde que se despidió de Nanoha no ha podido dejar de pensar en ella, se empezó a preguntar que estuvo a punto de decir en el restaurant "¿por qué me siento así cuando estoy contigo Nanoha? ¿Qué me haces? ¿Cómo es que logras hacerme sonreír sin hacer ni decir nada? ¿Por qué me pareces tan bella?" Se empezó a preguntar "Eres tan hermosa en todos los sentidos, tus ojos, tu sonrisa, tus labios…me rindo, por más que me lo esté negando, por más que diga que solo quiero ser su amiga, sé que es mentira, sé que estoy locamente enamorada de Nanoha Takamachi"

.

.

.

Espero les haya gustado, no sé si me tarde en actualizar, pero bueno, yo tengo mi dicho y es, siempre empiezo lo que termino.

Y como pueden ver Hayate no es una pervertida, ya sentía lastima por la pobre, así que decidí darle un pequeño cambio. :') Hasta el próximo cap.