Bueno. Me agarró un golpe de inspiración y me puse a escribir como loca. La verdad me encantó este capítulo, es como que... no sé, tiene el ambiente de re película de terror jajaja. Espero que también les guste. Antes de que lo lean quiero aclarar que a pesar de que este fanfic está dedicado a mi amiga Rincitah, este capítulo está especialmente dedicado a todas aquellas personas que, como yo, odian a Miku =) especialmente a mi amiga Alma Evans! En fin, ahora sí, los dejo para que lean!
DISCLAIMER: Ni Vocaloid ni ninguno de los personajes de este fanfic son de mi propiedad. Éste es tan solo un fanfic escrito de fan para fans!


Era otro día normal en la escuela: horribles lecciones que tan solo servían para que uno se sintiera más cansado de lo que realmente estaba, los grupitos de gente circulando por los pasillos formando un gran tumulto, las chicas populares haciéndole la vida imposible a diferentes víctimas. Rin caminaba tranquilamente, completamente aislada a aquel mundo que la rodeaba, con la mente en un lugar no muy lejos de allí. Suspiró cansada. Le había costado mucho trabajo limpiar toda la sangre del suelo y esconder el cadáver de su hermano, por lo que había faltado el día anterior, y probablemente sus amigos le preguntarían el por qué. Tenía que inventar una excusa y rápido. Ella siempre había sido buena mintiendo, no le costaba mucho manipular a las personas a su alrededor, pero aquello era completamente diferente, se había convertido en una asesina, la situación requería mucha más convicción de la que se necesitaría en una situación normal. No había dejado de pensar en ello aún cuando vio una figura que se acercaba a ella, nada más ni nada menos que una de sus compañeras de banda y novia de su hermano…

Fear Garden
Capítulo 2: Miku

-Ah, ya veo…-dijo finalmente la chica de cabello largo-. Entonces Len está enfermo y ayer te quedaste cuidándolo. ¡Qué buena hermana eres!
-Desde luego. Hoy quería quedarme también pero Len insistió en que viniera, no quiere que me atrase en mis estudios por su culpa, ya sabes cómo se pone de pesado cuando quiere algo.
-Claro, sobre todo tratándose de su hermanita-repuso Miku, sonriéndole. El timbre sonó por lo que se despidió de la menor-. Bueno Rin, gracias por la información, supongo que telefonearé a Len más tarde. ¡Nos vemos luego!

No pudo evitarlo. Mientras observaba como la alegre muchacha se iba, se fijó en sus manos. Estaban mucho mejor cuidadas que las de Len, después de todo eran las manos de una chica. Se notaba en la contextura física, eran blancas, suaves y finas, las manos de una joven inocente que jamás se ha planteado la expectativa de morir tan pronto. Rin comenzó a temblar imperceptiblemente mientras la locura comenzaba a apoderarse de su mente. Intentó controlarse, aquel no era el lugar ni el momento adecuado. Creyó que iba a lanzarse sobre la joven, pero de un momento a otro, algo la trajo de vuelta a la realidad y le puso los pies en la tierra. Sintió el contacto con otra persona.

-¿Estás bien Rin?-inquirió una voz a sus espaldas. Cuando volteó se encontró frente a frente con su profesor de matemática, quien la había tomado por el hombro-. Estás algo pálida.
-Estoy bien Kaito-le respondió ella, olvidándose de que en la escuela debía tratarlo de "sensei" y brindándole una sonrisa que disipó todas las dudas del mayor.
-Bueno entonces será mejor que te apresures a clase-la apremió el mayor, devolviéndole la sonrisa-. No me sentiría bien sabiendo que le pones más esfuerzo a la banda que a la escuela.
-Vale, vale-Rin hiso un gesto con la mano para restarle importancia, luego besó la mejilla del chico quien la despeinó sonriendo-. Nos vemos luego. Hoy no iré al ensayo pues tengo que ir a cuidar a Len, ya sabes, está enfermo.
-Sí, lo he escuchado. Mándale saludos de mi parte, espero que se mejore pronto.
-De acuerdo, se lo diré-dijo la chica, antes de alejarse por los pasillos con paso apurado. Estaba molesta consigo misma pues había perdido el control. De no haber sido por Kaito quizás estaría ahora en una correccional para menores. Aún así, por otro lado, estaba satisfecha. Había encontrado una nueva víctima, pronto tendría flores nuevas para su hermoso jardín.

Al llegar a su casa lo escuchó. El teléfono móvil de su hermano estaba sonando. Se quedó paralizada por el susto sin saber qué hacer, por lo cual la musiquita continuó escuchándose por unos instantes hasta que finalmente se detuvo. Recién entonces Rin se atrevió a entrar a su cuarto y tomarlo. Había cinco llamadas perdidas de Miku y tres mensajes. Se apresuró a responderle por mensajito de texto "Amor estoy bien, perdona que no responda pero estoy mal de la garganta y prefiero no hablar. Prometo conectarme esta noche para que hablemos tranquilos. Te quiero". Al recibir la respuesta por parte de Miku se quedó más tranquila.

Abrió una de las puertas de su armario y observó el cadáver de Len. Llevaba allí desde el ataque. No era un lugar muy seguro pero aquellos no eran tiempos antiguos. Sabía que si salía de su casa con un baúl gigante sería muy sospechoso, y que además no tenía auto en el cual transportarse. Pensó también en enterrarlo en el jardín pero no había tenido tiempo hasta el momento, ya lo haría el fin de semana. A decir verdad Rin no se daba verdadera cuenta de la situación. En los momentos en que aquella locura la poseía se volvía una asesina completamente lúcida y sabía perfectamente que es lo que tenía que hacer, pero, por el contrario, cuando no se encontraba en aquel estado, actuaba de manera descuidada y simple, no pensaba en las consecuencias.

Salió al jardín y observó con ternura su hermosa obra. Allí estaban no uno sino los dos brazos de su hermano, plantados en el suelo del jardín. Había acomodado sus dedos de una forma muy especial por lo que realmente, con mucha imaginación, parecían flores. Sonrió feliz. De verdad había valido la pena matar a Len para obtener tan buena vista. Aquella tarde no hiso sus tareas hasta muy entrada la noche sino que permaneció en el patio, sentada con un cuaderno en manos, dibujando los bocetos de sus hermosas flores.

Miku llevaba ya hora y media esperando que Len se conectara. Aquello era extraño, generalmente el chico era muy puntual, sobre todo cuando se trataba de ella. Aún así el chico estaba enfermo y quizás se había quedado dormido. Pobrecillo. Deseaba estar con él cuidándolo. Ya había anochecido por lo que no estaba segura de salir a visitarlo, después de todo era muy peligroso salir sola de noche, sobre todo teniendo tan solo dieciséis años. Miró el reloj, faltaban siete minutos para las diez de la noche. Era mejor irse a dormir, después de todo tenía colegio al día siguiente. Suspiró con tristeza y se dispuso a cerrar el chat cuando de pronto vio que una ventanita titilaba señalando que alguien quería hablarle… ¡Len!

Rin rió al otro lado de la pantalla. No podía comprender la ingenuidad de Miku. Si tanto amaba a su hermano como ella decía… ¿cómo era incapaz de reconocer que no era él con quien hablaba? ¿Qué pensaría ella si descubriera que el ser al que tanto amaba… estaba muerto? Odiaba pensar así en lo referente a Len, después de todo ella en verdad lo había amado, pero no podía evitarlo, Miku Hatsune la sacaba de quicio. Sin previo aviso comenzó a sentir nuevamente aquella extraña fuerza que lograba sacarla de sus sentidos y dominarla. La sed de sangre la invadió, quería venganza. Se imaginó a sí misma plantando los brazos de Miku en su jardín, serían una gran adquisición, aunque claro, los mantendría bien alejados de los de su hermano. Entonces… la deseó.

Finalmente había llegado el domingo. A pesar de que aquel día no había escuela, Rin no pudo evitar levantarse temprano. Estaba muy ansiosa, aquel día llevaría a cabo su plan, y no solo obtendría el objeto de sus deseos sino que también obtendría algo que iba más allá de sí misma, obtendría venganza. No es que Miku fuera una mala chica, al contrario, su alegría era enfermiza, pero no podía evitar el dejar de lado que su hermano la había elegido en lugar de a ella, quien lo había cuidado desde que eran pequeños, velando por su salud.

Lo primero que hiso fue meterse a bañar. Necesitaba estar despejada para llevar a cabo su gran obra, ya estaba todo planeado, no duraría más de tres actos. Luego de bañarse sacó el cuerpo sin brazos de su hermano y lo aseó también. No era tonta y se daba cuenta que por más que lo lavara, en su cuarto se sentía ya un leve olor a muerto. Era por eso que el primer acto se llevaría a cabo abajo, en la sala de estar, desde la cual no se tenía vista alguna del jardín.

Tal como lo esperaba, faltando cinco minutos para la hora en la que Rin había citado a Miku, el timbre sonó. La adorable princesa siempre era puntual. La rubia corrió hasta la puerta y le abrió, saludándola con un beso en la mejilla para luego dejarla pasar. Ambas se dirigieron a la cocina, en el cual también había una mesa por lo que cumplía función de comedor. La mayor lucía muy entusiasmada. Supuestamente Len había ido a lo de Gakupo, el médico de la escuela, a una consulta para ver si podía regresar a la escuela pues se sentía mucho mejor, por lo cual las chicas se habían juntado para prepararle un pastel sorpresa, seguras de que lo animaría.

-Bien, ya tenemos todos los ingredientes-dijo Miku, sonriendo-. Comencemos. ¿Quieres hacer la masa mientras yo hago el relleno de banana?
-Vale, estaría bien-asintió la rubia, poniéndose manos a la obra.
-¿Crees que se alegrará de verme? Digo… hace una semana que no lo veo, en verdad lo extraño.
-Por favor Miku, sabes que él te ama-la tranquilizó Rin, conteniendo la rabia-. Se la ha pasado diciendo que te extraña mucho pero que no quería verte por miedo a contagiarte. Fue bueno que ayer por la noche se sintiera bien.
-Bueno, eso fue gracias a tus cuidados Rin, en verdad eres más responsable de lo que pareces-dijo la mayor, mirándola con una gran sonrisa a la vez que mesclaba unos ingredientes.
-Gracias-la chica sonrió, segura de que su amiga cambiaría totalmente de opinión antes de que llegara la noche-. De todas formas tenemos la casa para nosotras hasta tarde pues luego de la consulta Len dijo que aprovecharía a hacer unas compras. No le digas que te dije pero creo que quería comprarte un anillo o algo así.
-Aww… ¡es tan tierno!

Media hora después ambas se encontraban tiradas en el sillón de la sala de estar viendo una película de terror. Rin observó la hora de reojo. Todo iba según lo planeado, aún tenía tiempo y esa película era necesaria para poder crear el clima que ella deseaba. Al terminar de verla sonrió satisfecha. Miku estaba pálida y con los ojos muy abiertos, desde luego ella no aceptaría jamás el hecho de que tenía miedo, por lo que Rin tuvo que contentarse viéndola apretando los labios con fuerza.

-Bien, iré a ver cómo está el pastel-dijo sin más la rubia, saliendo de la habitación para dejarla sola. Estaba muy satisfecha, la obra estaba saliendo sin contratiempo alguno.

Miku se quedó sola, allí en aquel silencio. Estaba comenzando a atardecer, le extrañaba que Len aún no regresara. De pronto una melodía comenzó a sonar a lo lejos. La reconoció enseguida, era el celular de su novio con el tono que ella misma le había puesto días antes. Al ver que Rin no regresaba decidió buscarlo y atender. Subió las escaleras aún algo tensa por la película que acababa de ver… la sangre la mareaba.

Finalmente descubrió de donde venía el sonido, procedía de la habitación que los hermanos compartían. Sin dudarlo siquiera, abrió la puerta y entró. Allí estaba el celular, sonando. Un peculiar aroma se sentía en la habitación, el olor a muerte, pero lo ignoró, consciente de que eran tan solo alucinaciones suyas provocadas por la película que acababa de ver. Tomó el teléfono de Len, pero tan pronto como lo tuvo en sus manos, éste dejó de sonar. De pronto su vista se fijó en la pantalla de la computadora. Estaba prendida, cosa extraña pues nadie la estaba usando. Se acercó un poco y se percató de que el chat estaba abierto, pero no con cualquier cuenta sino que con la suya y, sorpresivamente, era Len quien acababa de mandarle un mensaje.

Estoy en el armario.

La chica se paralizó, asustada. Nunca más volvería a ver películas de terror con Rin. De seguro aquello no era más que una jugarreta preparada por los Kagamine para asustarla. Se sintió ofendida, no iba a abrir el armario. Se sentó en la cama a esperar y permaneció allí durante unos minutos. No se escuchaba ningún ruido y aquel extraño olor permanecía en el ambiente, mareándola. Era nauseabundo. Se sintió descompuesta y se dispuso a salir de la habitación hasta que se percató de algo extraño. Aquel olor… parecía ser más fuerte en la zona del armario.

Estoy en el armario.

Consciente de que su cuerpo temblaba de miedo, se acercó lentamente hasta las puertas y tomó una con cada mano, dispuesta a abrirlo. 1… Cerró los ojos y tragó saliva, sintiéndose nerviosa y tonta a la vez. Probablemente ahora un gato saldría de allí asustándola. 2… Su corazón se aceleró, alcanzando una frecuencia tan acelerada que Miku pensó que su corazón estallaría allí mismo. ¡3! Abrió las dos puertas abriendo los ojos y soltó un pequeño grito, un grito que nadie escuchó. Tal como lo esperaba, algo salió del armario, pero no fue un gato. El cuerpo sin vida de Len cayó al suelo, con la mirada vacía y la boca ligeramente abierta. Miku se llevó las manos a la boca, incapaz de decir palabra alguna, muda por el terror.

Una nueva música comenzó a sonar, inundándolo todo. Cayó de rodillas abrazándose a sí misma al escuchar la letra. "Jardín del miedo, eeeee… jardín del miedo, eeeee…". Tenía que salir de allí y rápido. El hecho de estar consciente de que su vida corría peligro fue lo que la impulsó, se puso de pie a gran velocidad y corrió a abrir la puerta. Allí estaba Rin, con el uniforme de colegio y una máscara de conejo, algo que la hacía aún más macabra. Pero a pesar de la apariencia de la chica, que causaría escalofríos a cualquiera, la mirada de Miku no se centró en ella, sino en el cuchillo con restos de sangre seca que la chica llevaba en la mano.

-Bien Miku, es hora de morir-dijo Rin, con una voz llena de placer.

Hatsune negó con la cabeza asustada y Rin dio un paso adelante, blandiendo el cuchillo. La mayor logró esquivarlo y entonces aprovechó su oportunidad. La empujó a un lado y salió del cuarto, corriendo hacia las escaleras. No logró llegar sana y salva, tras fallar el primer intento y ver que su presa huía, Rin atacó nuevamente, logrando clavarle el cuchillo en la rodilla y que, de esa forma, Miku se precipitara escaleras abajo. La joven de cabello largo se golpeó la cabeza mientras rodaba por las escaleras y quedó aturdida durante unos instantes, dándole algo de ventaja a la asesina, quien comenzó a bajar las escaleras disfrutando del momento.

Miku intentó ponerse de pie pero una fuerte punzada en la rodilla la hiso caer. Tomó aire y se apoyó en la pared, forzando su pierna herida. Caminó como pudo hasta la puerta de salida. ¡Qué ingenua que había sido! Sollozó darse cuenta de que estaba cerrada y de que no tenía la fuerza suficiente como para tirarla abajo. Quiso gritar pero ningún sonido salió de su garganta. Rin estaba ya muy cerca. Vio la puerta que daba a la cocina y dio un paso hacia ella. La rubia rió al verla caer, ya no tenía fuerzas. Disfrutó de verla arrastrándose, sin rendirse… pero aún así… el juego había terminado. Caminó a grandes zancadas y la alcanzó justo cuando la otra tomaba la perilla de la puerta, entreabriéndola. Miku volteó a verla, las lágrimas caían de sus ojos sin control.

-P-por favor Rin…-sollozó-. N-no tienes por-porqué hacerlo…

Rin no dijo nada. Observó como la sangre cubría la mayor parte de la pierna de Miku, luego volteó unos momentos, observando el enchastre de sangre que era su casa. Volvió su vista hacia la indefensa chica y luego, sin decir ni una palabra, se inclinó y la cortó la garganta. Observó como la joven se desmoronaba del todo, cayendo al piso como una muñeca rota que ni siquiera podía gritar. No se dio cuenta del momento justo en que murió pues la muchacha permaneció observando la oscuridad de la sala de estar mientras ella trabajaba. Finalmente volteó a verla mientras apartaba los dos brazos, recién extirpados, del resto del cuerpo. Se quitó la máscara y contempló el cadáver de quien en otro tiempo había sido su amiga. Sonrió y se relamió los labios, llevándose sus dedos, llenos de la sangre de Miku, a ellos. Luego le quitó las cintas del cabello, segura de que serían un bonito adorno para sus nuevas flores, y cogió el cadáver.

Aquella noche no durmió, sino que permaneció toda la noche despierta, enterrando a las dos víctimas de su gran obra maestra.

CONTINUARÁ...


Notas de la autora: Bien, como ya dije antes estoy muy satisfecha con el desarrollo de este capítulo, y eso que hace mucho tiempo que no veo una buena película de terror que me inspire. Por si no quedó muy claro las tres partes de la obra serían: la primera es como una introducción, Rin prepara toda la escenografía y hace que Miku vea esa película (que no me paro de imaginar que es "La Maldición de las Hermanas" xDD) para entrar en clima; la segunda parte sería cuando Rin desaparece, se mete en la cocina y llama al celular de Len para que Miku lo escuche y suba al cuarto, después habla con ella escribiéndole lo del armario desde la cuenta de Len (ya saben, ahora uno se puede conectar a internet desde el celular); y la tercer parte es cuando Rin mata a Miku =D jajaja. Bueno, me despido de ustedes con la ilusión de haberlos entretenido un rato =P Dejen reviews y háganme feliz xDD

Helena Cullen de Hale,,