Creciendo el amor en mi corazón.
Capítulo 1: Princesas, no plebeyas.
Este capitulo ha sido beteado por Stefi Gonzales.
Canción recomendada: Say All I Need –One Republic
Pov. Edward.
15 Marzo
En el momento en que presiono el botón de enviar me dejo caer en mi silla, por fin, luego de horas y horas de empezar, borrar todo y luego volver a empezarlo, he terminado. No podía dejarlo para mañana porque tendría que pedir la firma del gerente del piso nueve, que está de vacaciones. Además, como vicepresidente, si me atraso también atraso al resto de la compañía, y eso no podía pasar. Perderíamos un montón de dinero y lo que más se quiere en esta tierra son los papeles verdes, así de sencillo.
Saco un cigarro de mi pantalón y salgo al balcón de mi oficina: no está permitido fumar en las instalaciones. Y si mi padre me cacha (lo sé suena como si fuera un puberto) es capaz de decirle a mamá; lo cual traería como consecuencia un jalón de orejas, una cena para "dialogar" y como mil besitos expresando el gran amor que siente la familia hacia mí y bla bla bla.
Mi familia está loca.
Escucho el teléfono sonar, así que apago el cigarro y entro de nuevo, sumergiéndome en la tranquilidad y el silencio de mi oficina.
—¿Qué? —respondo al instante en que coloco el teléfono en mi oreja.
—Señor Cullen, el Señor Carlisle desea entrar a su oficina.
—Que pase. —Cuelgo el teléfono rápidamente y enciendo el ordenador. Seguro viene a dejarme un nuevo proyecto, lo sé.
Que tu padre sea el dueño de la compañía es malo en todos los sentidos; menos uno: la herencia.
—Edward, hijo —dice a modo de saludo, mientras toma asiento en una de las sillas frente a mi escritorio.
—¿Pasa algo? —Niega con la cabeza una vez y se relaja en su lugar. Me tranquilizo, aunque normalmente no habla de cosas personales en la oficina, ya sabes, "los negocios como enemigos".
—Sucede que, cada último día del mes y cada quince, asisto a una casa hogar para entregar una pequeña donación. Hijo, es un gran lugar donde cuidan a los niños que están solos en este mundo, y ahí son muy felices. Sin embargo, necesitan dinero para comer…
—¿Y qué tengo que ver en eso? –Interrumpo su emocional discurso y le mando un mensaje a mi secretaria para que consiga algo para comer–. ¿Quieres que te dé dinero o algo así?
Por favor que diga no.
—No, para nada –responde.
Suelto el aire que había contenido y levanto mi rostro.
—¿Entonces?
—Quiero que, a partir de hoy, seas tú quien vayas a la casa hogar. Está en Brooklyn…
—¡¿Qué?! –Entonces, la idea de dar dinero no parece tan mala después de todo.
—Mira Edward —Ha dejado de lado la voz suave y dulce, ahora está enfadado. Exactamente como yo lo estoy—, no me importa si quieres o no, o si te gusta. Te estoy mandando, no preguntando, ¿entiendes? Además, no es como si te mandara de militar a Irak, sólo iras a Brooklyn a dejar dinero, convivir un poco con los niños, ¡y ya! ¿Es muy difícil para ti, Edward?
Me quedo callado durante un segundo, pensando en algo bueno para contestar, justo en ese momento algo me pasa por la cabeza.
—Mi contrato no dice nada de ayudar a casas hogares…
—¡Pero dice: Realizar lo que te mande tu jefe! Y escucha bien Edward, aquí soy tu jefe, no tu padre. –Su voz lo dice todo y, aunque está ardiendo de enojo, parece tranquilo.
—¿Acaso tengo cara de samaritano o algo?
—Tienes cara de que vas a hacer lo que te mande tu jefe o puede que pierdas tu puesto. –Mierda, sabe cómo usar sus cartas.
—¿Así que no puedo decir que no?
—No… Si no quieres dejar de ser vicepresidente y tener un salario más bajo
—Deja el cheque ahí, con la dirección. –Veo mi calendario en la computadora, que marca un quince de marzo.
¡Ups!
—¿Acaso tengo que ir hoy?
—Ahora mismo, de hecho. –Me entrega un sobre amarillo y sale de la oficina sin cerrar la puerta. Mi padre es un buen tipo, a menos que te conviertas en su trabajador y te niegues a hacer lo que te indique.
Pero, ¡¿enserio?! ¿Una Casa Hogar?
No creo que en la Universidad me hayan enseñado a tratar a huérfanos, ¿o sí?
/ / / / / /
Tomo la siguiente calle y leo de nuevo el papel. Media hora buscando una calle, ¡una puta calle! Y es imposible. Y la gente se pregunta por qué odio Brooklyn, o sea, en cualquier momento un asaltante con pistola puede bajarme del auto, asesinarme o alejar mi finísimo Lamborgini murciélago de mí.
Doy vuelta en la primera calle que veo y… ¡Aleluya!
Un enorme cartel se extiende sobre una casita amarilla: "Casa Hogar: Puro Corazón". Rápidamente acelero y me estaciono en el primer lugar que veo, justo afuera de la puerta; nada mal.
Tomo el mugroso sobre amarillo y mi IPhone. ¡Hey! Un imbox de de Gianna. Lo abro rápidamente y suelto una risa cuanto lo leo.
¡Hey Eddie! El Gran Cañón es nice, adoro que mis papis me hayan dado esto por "graduarme de la U" Si supieran… ¿Vienes? XoXo
Dejo el sobre encima de mi auto y contesto rápidamente, ¿Quién diría que la adorable Gianna terminaría siendo una zorra? Aún recuerdo cuando éramos unos niños y nos topábamos en varios eventos de la empresa, era una niña dulce y ridícula. Papa pensaba que terminaríamos casados. Hasta que se fue por un tiempo a Madrid para la secundaria y regreso como una puta.
Bien… Ya sabes que yo no voy, pero si regresas por acá no dudes en visitarme, preciosa ;)
Guardo el móvil en mi pantalón y me dirijo a la puerta, la cual tiene un botón, así que rápidamente lo oprimo.
—Buenas tardes, ¿en qué puedo ayudarle? —Suena una voz al otro lado del aparato.
—Soy Edward Cullen. Vengo a… dejar dinero.
—¡Oh, claro! El Señor Carlisle nos avisó. Pase. —Un pitido me señala que la puerta se encuentra abierta, así que no dudo en entrar.
Lo primero que hay son unos sofás (de un asqueroso color lila) y luego un escritorio con una silla. Y tres salones al final del pasillo. No ignoro los montones de juguetes que hay por todas partes. Las paredes son de un amarillo chillón, ese que te daña la vista y por todas partes hay cosas coloridas. Hay solo una palabra que describe toda esta decoración y es… ¡HORRIBLE!
Aparte… Los niños son un asco.
—Hola soy Leah, ¿Qué necesita? –una mujer más alta que yo aparece por detrás del escritorio vistiendo un horrible vestido naranja. Tiene rasgos de india…
—Am… Ten. –Extiendo el cheque hacia ella, esperando que lo tome y poder, por fin, largarme de aquí.
—¡Oh! La encargada de recogerlos se acaba de mudar, pero déjeme consultar quién va a ser la nueva.
—Da igual –respondo. Ella se aleja del escritorio y se dirige a uno de los salones. Debe ser el infierno trabajar con niños todos los días, verlos a cada segundo y… ¿Los de seis todavía usan pañal?
Escucho el sonido de unos tacones aproximarse, así que guardo de nuevo el celular y leo el cheque…
¡¿Qué?!
¿Cómo, por qué, mi padre ayuda a un lugar así? ¿Qué le trae de beneficio? Digo, después de todo, los niños huérfanos no van a descubrir la cura del sida o algo así.
—Hola, soy Isabella Swan, voy a ser la nueva encargada de recoger las ayudas económicas. Déjeme decirle que la casa hogar se mantiene a gracias a ello, te lo agradecemos mucho. ¿Es usted Carlisle Cullen? ¡Me han hablado maravillas de usted! —Levanto mi rostro al mismo tiempo que me paro de la silla. Una morena delgada y de buenos pechos está del otro lado del escritorio.
¡Sexy! Labios gruesos y ojos chocolates… Mmm, no está mal.
Pero la regla de Edward Cullen es sencilla: Princesas, no plebeyas. Digo, tal vez intente robarme la cartera mientras follamos, así que… Nada de eso.
—Edward Cullen, no Carlisle. Ten. —Le entrego el cheque y me doy media vuelta, ya sintiendo el aire fresco de afuera.
—¡Señor, espere! Necesito que firme este documento. —Mierda. Regreso al escritorio y doy una vista rapidita. ¿Por qué no usa escote?
—¿Dónde?
—Aquí. –Señala el cuadro marcado con un: quince, Marzo. Tomo la pluma del lapicero y firmo rápidamente, antes de que algo me atrase más.
Alice me mata si llego tarde a la cena. ¡Me mata!
—¿Le gustaría conocer a los niños? Son muy tiernos y dulces —¡¿Dulces?! A esos niños no los hubieran dejado aquí si fueran "tiernos y dulces"
—Nah. –Aviento la pluma sobre el escritorio y salgo de prisa con un andar elegante. ¿Por qué querría yo quedarme a ver huérfanos?
Si fui, fue por obligación.
Pero papá no dijo nada de "jugar o conocer a los niños". No que yo recuerde.
Abro la puerta de mi auto, pero antes de entrar observo como la llanta del lado derecho está ponchada… ¡Estúpido Brooklyn y tus mugrosos ciudadanos!
Me acerco a ella, pero no hay forma de que yo pueda llegar con una llanta que está, literalmente, desecha. Veo la posibilidad de hablarle a un taxi, pero ni aunque me muera dejaría mi Lamborgini en una calle como ésta. La parada de camión está justo a mi lado, lo cual sería un total foco de peligro para mi bebé. Así que sólo queda una opción: Eleazar.
Busco su número en mi agenda y lo marco rápidamente, después de todo, es la única opción que tengo.
—¿Señor Cullen?
—Ven a Brooklyn tengo una llanta ponchada… —Subo a mi auto y me recuesto en mi asiento. Al menos no tengo que estar afuera.
—¿Tiene refracción?
—Sí, pero vas a venir a cambiarla, después de todo se te paga para algo, ¿no? –Sí, tener dinero es absolutamente genial y, aunque mamá me hubiera dicho que esa es mi obligación, puedo pagarle a otros para que lo hagan, ¿cierto? De ese modo ayudo a la economía del país, imagínate si yo me cocinara, lavara, planchara, limpiara mi apartamento, cociera mi ropa, prepara mi café de las mañanas. ¡Cuántos desempleados habría!
—¿Dónde se encuentra con exactitud?
—¿Sabes dónde queda la casa hogar a la que va papá? —¡Por supuesto que sabe! Una o dos veces lo ha acompañado. Cuando papá tuvo un accidente con su muñeca y cuando Eleazar lo recogió de casa de uno de sus amigos.
—Claro, señor.
—¡Rápido! —Cuelgo y aviento el celular al piso. ¿Por qué las tragedias me pasan a mí? Yo no hago nada malo. Trabajo y vine a una mugrosa casa hogar. Soy un buen chico.
/ / / / / /
—Está listo, señor.
—Puedes irte. –Se da media vuelta y se aleja hacia la camioneta de la empresa. ¡Y todavía le di una camioneta! Debería sentirse afortunado.
Y así, después de media hora de esperar a que llegara y otra media hora que se tardó en poner la llanta, ¡puedo irme a casa! Aunque no exactamente a la mía, más bien a la de mamá.
Escucho el sonido de una puerta al cerrar y, al girar mi rostro (Justo un segundo antes de entrar a mi coche) encuentro a ¿Antonella Swan? Saliendo de la casa hogar. En cuanto me ve sonríe ampliamente.
¡Soy guapo! No hay dudas de eso.
—Gracias por su apoyo, los niños comen gracias a eso. Hasta luego. –Sonríe de nuevo y camina hasta la parada de autobús.
¡Es obvio! Alguien como la plebeya no tiene posibilidades de irse en… ¿Auto? ¡Claro!
"Me despido del señor Cullen y que me lleve hasta mi casa" Que hija de… La vocecita de mamá ronda en mi cabeza.
—No se insulta o maldice a una dama.
¡De acuerdo con ello! Pero esta… Chica, de dama no tiene ni el nombre.
—¡Hey! —Le grito. Al instante ella levanta su rostro con una sonrisa. ¡Estúpida!—. Ni loco llevo una mendiga en mi coche.
Ahora el sonriente soy yo.
***¡HOLA PRECIOSAS! EL FIC SE ACTUALIZARA TODOS LOS DOMINGOS Y LOS MIERCOLES. QUIERO ACLARAR DOS COSITAS 1) YO SIEMPRE ESCRIBO ESCUCHANDO MUSICA Y ASIGNO UN GRUPO O CANTANTE Y EN ESTE FIC ES ONE REPUBLIC, LAS CANCIONES QUE LES DEJO ES LA CANCION QUE ESCUCHE MIENTRAS ESCRIBIA EL CAPITULO, POR SI LES INTERESA. 2) LA HISTORIA TIENE APROX. 27 CAPITULOS (YA ESTA TERMINADA). CUALQUIER DUDA, COMENTARIO O SUGERENCIA ES BIEN RECIBIDO ¡MUCHAS GRACIAS POR LEER! ¡BENDICIONES! ***
"El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos." -William Shakespeare
K.
