Cap. 2: Bienvenidos a la ciudad de las estrellas.

Lisbon llegó sobre las cinco y media, más temprano que la hora a la que habían quedado. El edificio estaba vacío, todavía sin luz. Se le hacía raro verlo así, tan solo y abandonado. Pero no lo estaba del todo. Lisbon dejó el coche en su plaza de aparcamiento y en cuanto se dirigió a la entrada se encontró a Jane sentado en las escaleras, con un termo y una taza de te en la mano.

- Buenos días -saludó.

- Buenos días -dijo ella algo sorprendida acercándose a él.

- Veo que t'he has despertado antes que el desperador, no está mal -dijo dando un sorbo.

- ¿Qué dices? -preguntó sentándose a su lado-. Creo que esto de venir tan temprano te afecta al cerebro.

Jane hizo una pequeña risa-. ¿Quieres? -dijo mostrándole el termo.

- No, gracias, el te no es mi fuerte. Prefiero el café.

- Ya lo sé -se giró con una sonrisa-. Y por eso también te he traído un termo de café sólo para ti -dijo destapando el termo y dándole un vaso.

Lisbon se quedó muy sorprenida. Aceptó el vaso y también el termo. Aquella mañana no había tenido tiempo de tomarse su café matutino con calma, así que disfrutó de su café calentito y recién hecho, y también de su compañía. Al poco rato llegó Hightower con la típica gabardina marrón y las manos en los bolsillos. Jane ya había guardado los termos medio vacíos en una bolsa.

- Buenos días -saludó-. Veo que habéis sido muy puntuales.

Jane asintió orgulloso y satisfecho a la vez. Lisbon se levantó y se adelantó unos pasos hacia Hightower.

- Jefa, tengo una pregunta respecto a la misión.

- Sí, yo también -se adelantó Jane levantándose y poniéndose al lado de Lisbon- y creo que es la misma pregunta -miró a Hightower con las manos en los bolsillos-. Si vamos de misión encubierta necesitaremos nuevas entidades, ¿no cree?

- Lo sé perfectamente, Jane -dijo con un poco de retintín-. He tenido el placer de participar en varias misiones encubiertas -Jane arqueó las cejas desviando la vista-. En Santa Clarita os espera el agente Harris. Os proporcionará nuevas entidades y os dará la información pertinente.

- ¿Y Cho, Rigsby y Van Pelt? -preguntó Lisbon-. ¿Cuando llegarán a Los Ángeles?

- En cuanto lleguéis al hotel tendréis que confirmar vuestra llegada. Será entonces cuando ellos embarcarán en un avión que les llevará hasta Los Ángeles, donde les esperarán dos coches para llevarles hasta su hotel.

- Que no será el Terranova Resort, ¿cierto? -dijo Jane con cierto refilón.

- Así es -afirmó Hightower-. Pero se harán pasar por empleados del hotel. Tendrán una furgoneta con el equipo necesario siempre disponible, así que cualquier cosa tan sólo tenéis que avisarles.

- Vale, ¿pero cómo?

- El agente Harris os dará todo lo necesario -dijo con una sonrisa pícara.

Al poco rato llegó la limusina. Hightower les deseó suerte, pues la iban a necesitar. El viaje fue bastante largo, y más estando al lado de Jane. Lisbon no paraba de mirar el reloj durante la primera hora, aunque las cinco restantes las aprovechó para mentalizarse y echarse unas risas con las bromas de Jane. No pudieron dormir, pues los nervios, junto con el café y el te, les mantenían despiertos. Sobre las doce llegaron a las afueras de Santa Clarita, donde les esperaban los agentes Creig y Morrison de paisano, igual que el agente Harris. Jane y Lisbon bajaron del vehículo para estirar las piernas, y Harris por poco se los come.

- ¿Estáis locos? -dijo acercándose a Lisbon-. Como alguno de esos matones esté por aquí esta va a ser la misión más corta de la historia.

- Relájate, Jim -dijo Jane estirando los brazos-. Estamos a más de cincuenta kilómetros de Los Ángeles y en una zona prácticamente desértica -se puso las manos en la cintura-. ¿Quién va a venir hasta aquí?

- Se han encontrado cadáveres hasta a cien kilómetros de Los Ángeles -sentenció Morrison.

- Vale, acepto tu preocupación -dijo Jane acercándose al coche.

Creig se acercó a ellos con varios informes, aunque en una hoja se resumía todo lo necesario.

- Estos son los componentes actuales de la banda -dijo dándoles los papeles.

- El jefe se llama Logan Rise -explicó Harris enseñándoles una fotografía-. Cuida mucho los movimientos. Es muy listo y organizado. Confía en los que trabajan con él, pero eso hay tan pocos en su círculo. Vuestra misión es entrar en él.

- Pan comido -dijo Jane a modo de broma.

- Éste es Collin Fenishter -dijo Morrison dándoles otra foto-. Es el más fiel a Rise. Es como su copia, y él se encarga de los fichajes.

- Seguramente os hará alguna especie de prueba -explicó Creig-. Tendréis que superarla y él le dirá al jefe si valéis o no para la faena.

- Pues vaya -dijo esta vez Lisbon.

- Después está "el genio" -dijo Harris-. Se llama Nathan Brown y es un crack en informática.

- ¿Cómo de crack? -preguntó Jane observando su fotografía.

- Una vez casi hackea al Pentágono -sentenció Creig.

- Me vale.

- Y el último -prosiguió Harris-. Este sería el típico gorila guardaespaldas. Se llama Mathew Badhand, alias Spike. Su apellido lo dice todo, ¿no?

Jane y Lisbon asintieron a la vez después de ver que tenía unos brazos que parecían apisonadoras. Lisbon reunió las fotos y se las devolvió a Creig.

- ¿Y a quién necesitan exactamente? -preguntó Lisbon.

- Buena pregunta, porque diría que el personal lo tienen al completo -comentó Jane.

- No del todo -dijo Morrison.

- Les faltan un conductor y un ratero -explicó Harris- y es ahí donde entráis -Jane y Lisbon se miraron de reojo-. Lisbon, tú destacaste en la pasada prueba de conducción, y Jane, aunque me cuesta reconocerlo y me duele que el departamento te tenga aún en plantilla, eres bueno abriendo puertas y colándote en los sitios, buscando información, etc. Y si les cuentas que además manejas la sugestión y todo ese rollo seguro que entras.

Lisbon abrió los ojos sorprendida. ¿Harris elogiando a Jane? Realmente le importaba la misión, porque sinó hubiera hecho lo posible para desmotivarles. Jane se acercó a él y le puso la mano en el hombro.

- Gracias, Jim. Me alaga y reconforta lo que acabas de decir.

Harris miró de reojo su mano-. Como me hayas hecho algo verás.

Jane le quitó la mano-. ¿Por qué iba yo a hacerte algo? -miró a todos-. Sois unos mal pensados.

Se puso al lado de Lisbon de nuevo con las manos en los bolsillos. Creig y Morrison fueron a la furgoneta mientras que Harris sacaba una bolsita pequeña hecha de algodón azul marino.

- Vuestros carnés de identidad -dijo dándoselos.

- ¿Sasha Alexander? -leyó gracioso Jane-. ¿Eso no es nombre de chica?

- Ya deberías estar acostumbrado a eso, ¿no crees, Jane? -puntualizó Harris con una pequeña sonrisa.

Jane abrió la boca y cerró los ojos con una pequeña sonrisa-. Eso ha sido un golpe muy bajo.

- Alysa Simons -leyó esta vez Lisbon, ignorando por completo el comentario de su compañero-. Bueno, podría ser peor -dijo guardando su nuevo carné.

Entonces llegaron Creig y Morrison con ropa perfectamente plegada. Se las dieron a Jane y Lisbon para que se cambiaran por turnos en la furgoneta. Cuando salieron estaban despanpanantes, parecían estrellas de cine. Harris se quedó embobado viendo a Lisbon durante unos instantes, hasta que Jane le sacó del trance.

- No la estarías desnudando con la mirada, ¿no?

- ¿Qué? -Harris se giró de repente-. En absoluto -negó rotundamente.

Jane no pudo evitar reírse.

- El resto de ropa, joyas, etc se ha enviado al hotel -explicó Creig.

- La reserva está hecha a nombre de Alexander -dijo Morrison.

- Tomad los informes de los componentes de la mafia. Miradlo por el camino -dijo Harris entregándoselos a Lisbon-. Para contactar con Collin deberéis saber que suelen moverse por la zona playera, Santa Mónica, Venice Beach... Puede que él esté en Pacific Park.

- De acuerdo -dijo Lisbon-. Estaremos en contacto.

Volvieron a subir a la limusina, donde se pusieron las gafas de sol. A partir de ése instante cualquier cosa podría pasar. Llegaron hasta el hotel sin percances, y les recivieron casi mejor que a las estrellas de cine de Hollywood. Entraron en la recepción del hotel intentando no mostrar su gran entusiasmo por estar allí. Jane se acercó al mostrador sin quitarse las gafas, donde le atendió muy amablemente el encargado.

- Tenemos una reserva a nombre de Alexander.

Comprovó el registro-. Así es, una reserva para dos.

- Sí, he venido con mi esposa -dijo señalándola-. Alysa, cariño.

Lisbon se giró y saludó amablemente. El encargado le devolvió la sonrisa.

- Ya lo ha pagado todo por adelantado, por lo que veo -Jane sonrió afirmándolo-. ¿Me deja ver su carné de identidad, por favor?

- Por supuesto.

Le enseñó el carné de Sasha Alexander. Todo estaba en orden y nadie sospechó nada. Un par de mozos subieron las maletas que habían en un rincón del vestíbulo. Jane y Lisbon ni se imaginaban que esas nueve maletas fueran suyas. ¿En serio todo aquello lo había pagado la brigada? ¡El departamento se había vuelto loco!

Subieron arriba y Jane les dió una propina de treinta dólares a cada uno de los mozos, quienes se fueron más contentos que unas pascuas. Aquello de ir regalando dinero le empezaba a gustar, y más le gustó cuando entró en la suite. ¡Aquello parecía una mansión! Entraron en el hall y después pasaron a la sala de estar, donde estaban todas las maletas. Se quitaron las gafas para disfrutar de todo aquello con más claridad. Había una mesa de bar y una chimenea. El baño era enorme, todo de mármol pulido. Y la habitación... oh, Diós, la habitación. Cortinas y sábanas de seda, mesitas de roble rojo, moqueta de primera categoría... Era perfecta. Estaban en una nube de algodón, maravillados por aquella situe presidencial tan sólo para ellos. Parecía un cuento de hadas, salvo por un pequeño detalle. Tan sólo había una cama, grande y espaciosa, pero sólo una, y la idea de dormir en la misma cama no es que les hiciera mucha gracia, sobretodo a Lisbon. Pero representaba que eran un matrimonio, y era evidente que habrían de dormir juntos. Además, si les vigilaban, bien que tendrían que dormir en la misma cama para no levantar sospechas. Pero tampoco profundizaron mucho en eso.

Volvieron al salón y comenzaron a deshacer maletas. Vestidos impresionantes, trajes de noche, ropa deportiva y bañador... todo acabó en los dos armarios gigantescos que había en la sala previa a la habitación, algo así como un vestidor a lo grande. Puesto que había mucha ropa decidieron sacar lo más importante por ahora y más tarde ya guardarían lo demás.

Eran ya sobre la una del mediodía cuando se relajaron en el sofá y encendieron el televisor con una enorme pantalla plana, donde daban reportajes de todas las series y películas habidas y por haber. Mientras Lisbon iba haciendo záping, Jane estaba hundido en el sofá, apoyado en el apoyabrazos, pensando.

- "Gran felicidad" -dijo de repente.

Lisbon se giró hacia a él sin comprenderle- ¿qué?

Jane se incorporó-. Es lo que significa tu nuevo nombre en hebreo.

- Ah -dijo algo sosa-. ¿Y el tuyo? -preguntó para dejarle mal, pues Sasha no era un nombre muy corriente.

- Es de origen griego.

- ¿Y su significado? -preguntó sonriendo con segundas, pues se veía algo de timidez en su cara.

Sin embargo, la timidez de Jane se convirtió de repente en una amplia sonrisa, lo que hizo desvanecer la de Lisbon.

- Significa "el protector".

- ¿El protector? -dijo apagando el televisior.

Jane arqueó las cejas con una pequeña sonrisa, lo que hizo que Lisbon diera un gran suspiro mientras se levantaba del sofá.

- ¿Adónde vas? -preguntó con una leve sonrisa.

- No creerás que Hightower te ha enviado para protegerme, ¿verdad? -dijo desde el baño, ignorando por completo su pregunta, pues era evidente adónde iba.

- Oh, no, claro que no. Una mujer como tú no necesita que la protejan. Una mujer con tu estilo, tu serenidad, tu sangre fría, tu seriedad. Con tu implacacia ante... -pero entonces se percató de que Lisbon le estaba fulminando con la mirada desde la puerta del baño- me callo.

Lisbon volvió hacia dentro del baño cerrando la puerta con una sonrisa evidente. Jane se percató de ello. Se estiró en el sofá y puso las manos tras la cabeza, como de costumbre, y con una sonrisa sincera en los labios.

- "Gran Felicidad" y "El Protector"... esto se pone interesante.

- ¿Decías algo? -preguntó Lisbon saliendo del baño.

- No, nada -se levantó de un salto-. ¿Qué, adónde vamos?

- ¿Cómo que adónde vamos? Estamos en una misión, no de vacaciones.

- Sí, ¡pero se trata de una misión en Los Ángeles! -dijo sonriente con sumo entusiasmo y los brazos abiertos-. Es la ciudad de las estrellas, Lisbon. Tenemos que ir a verla, y sé que te mueres de ganas -dijo con una pícara sonrisa.

Ahí la había pillado. Lisbon tenía tantas ganas como él de ir a visitar Los Ángeles, pero su sentido del deber la manteía firme, cómo no.

- Jane, tenemos que ir a Santa Mónica. Tenemos que acercarnos a esa mafia. No podemos estar perdiendo el tiempo haciendo una ruta turística por...

- ¡Exacto! -le cortó la frase-. Tenemos que acercarnos, pero bien que tendremos que orientarnos un poco, ¿no? Además, tenemos limusina y todo un montón de lujos sólo para nosotros dos, y todo lo paga la brigada -miró su reloj- y quedan todavía dos horas para que lleguen los demás.

Lisbon todavía no lo veía muy claro, aunque una sonrisa convincente de su compañero la acabó de convencer. Antes de salir se pusieron ropa algo más cómoda. Lisbon se puso unos pantalones negros ajustados y una blusa de media manga blanca, de marca por supuesto. Jane se puso una camisa, un chaleco nuevo de seda y unos vaqueros también de marca. Cogieron sus gafas de sol y salieron de la habitación, no sin antes dejarla bien cerrada. La limusina todavía estaba aparcada frente al hotel, así que dándole una pequeña propina al conductor éste les llevó por los mejores barrios de Los Ángeles.

Visitaron los barrios de Bel Air, Beverly Hills, Sunset Boulevard... y también algún que otro museo, como el Getty Center. Aunque donde disfrutaron más fue en Universal Studios, cómo no. Después fueron por Rodeo Drive, cerca de Beverly Hills, hasta llegar a Promenade Street. Hicieron un tour completo por las zonas más importantes de la ciudad, lo que les hizo entrar hambre. Pero no podían entretenerse mucho, pues Rigsby, Cho y Van Pelt estarían al caer. Así pues, decidieron parar en un McDoland's que vieron por allí. Pero no podían ir por el McAuto con la limusina, así que aparcaron a dos calles y fueron ellos dos a pedir dos menús para llevar. Pero cuando salieron del McDonald's un chico de un grupo paró a Jane.

- ¿Simon?

- ¿Disculpe? -se extrañó Jane.

Pero al girarse el chico, junto con todos sus amgios que iban detrás, dieron un gran salto.

- ¡Oh, Diós mío! ¡Son Simon Baker y Robin Tunney! -gritó una chica.

Toda la gente de los alrededores se les echaron encima. Ninguno de los dos entendía nada. ¿Ellos, famosos? ¡Qué chiste! Además, esos nombres no los habían oído en su vida. Pero no pudieron hacer nada más que sonreír y saludar. Al final Jane logró convencerles para que les dejaran un espacio para llegar hasta la limusina, pero más gente se amontañó en su camino, así que no tuvieron otro remedio que salir corriendo con la comida en las manos, meterse en la limusina y salir de allí a toda velocidad.

- ¿A qué ha venido eso? -preguntó Lisbon con la respiración entrecortada.

- No tengo ni la menor idea -respondió Jane, aún alucinando por lo que acababa de ocurrirles-. ¿Y quién demonios son Simon Baker y Robin Tunney?

- Al parecer alguien que se parece mucho a nosotros.

Jane abrió uno de los menús.

- ¿Una patata?