Los personajes no me pertenecen, son propiedad de Rumiko Takahashi, esto lo hago sin fines de lucro.
Capítulo 2:
Era feliz, no había pasado más de media hora desde que Ranma y yo salimos de la escuela, pero esta vez no nos dirigíamos al dojo, sino al distrito comercial. Adoraba ir a ese sitio en su compañía, el lugar estaba repleto de locales de dos o más plantas, no había una sola cerca de la vista y eso lo obligaba a caminar a mi lado… hasta en eso pensaron.
El doctor Tofú le había propuesto casamiento a Kasumi, todo había pasado demasiado rápido, pero lo cierto era que en un par de semanas sería la boda, Ranma y yo acordamos colaborar para un buen regalo, y aprovechando que ambos teníamos algo de dinero decidimos comprarlo ese día. Con una hermana como la mía no se podía guardar nada valioso por mucho tiempo.
-¿Llevas el dinero?- me preguntó Ranma ausentemente.
-Así es, aquí lo tengo- respondí colocando mi mano sobre el bolsillo donde lo guardaba –Pero aún no sé que comprarles.
-Mmm… imagina que te gustaría que te regalaran si fueras a casarte- comentó pensativo.
Aún era una niña, ese simple comentario me hizo sonrojar, desvié el rostro, no quería que él me viera, sabía que acabaría burlándose como siempre.
-Creo que un juego de vajilla estará bien- respondí intentando pensar en otra cosa.
Continuamos nuestro camino en silencio, faltaba poco para llegar a la tienda cuando una ancianita dejó caer su bolso al pasar a mi lado, y entonces todo sucedió…
-Señora creo que se le cayó esto…- corrí tras de ella con sus cosas, pero nunca pude entregarlas.
Ese horrible sonido, el más terrible que hubiera escuchado alguna vez, el que jamás se borrará de mi memoria. Un desesperado intento por frenar, cientos de trozos de vidrio y concreto volando, y su grito agónico que me atravesó por completo. Al girar me encontré con la escena más horrible que hubiera visto. Ese enorme camión casi incrustado en un muro y frente a él… frente a mis ojos, mi prometido… desplomado en medio de un gran charco de sangre.
-¡Ranma!- grité desesperada sintiendo el peso del mundo sobre mis hombros.
Mi portafolio, el bolso de la señora y cualquier otra cosa que hubiera llevado en mis manos cayeron al suelo olvidados mientras me lanzaba hacia él. Lo abracé con desesperación susurrando su nombre, suplicándole que me dijera algo, que no me abandonara. Busqué su pulso, pero no lo encontré, no podía creerlo… él, mi prometido, el poderoso Ranma Saotome estaba… muerto. Y junto a él mis sueños e ilusiones, mi futuro entero había muerto. Lo sabía, nunca volvería a sonreír después de ese día… y nunca lo hice.
La ambulancia llegó muy rápido, demasiado, pero no le presté atención, estaba tan perdida en mi mundo donde sólo veía la sangre del que nunca supo que era mi único amor… intentando por todos los medios regresarlo a la vida, gritándole, sacudiéndolo, incluso golpeándole el pecho con fuerza, no podía perderlo, simplemente no podía resignarme.
Los enfermeros me arrancaron de él, me quitaron de su lado a la fuerza diciendo que no había nada que hacer. Los insulté, intenté golpearlos, ¿cómo podían decirme eso? ¿cómo podían cubrir su cuerpo con ese plástico negro? ¿Cómo podían subirme a otro coche y llevarme al hospital? Yo debía ir con él, yo debía poder cambiar el pasado… pero no podía.
Me dejaron sentada en la sala de espera, con la mente nublada y la mirada perdida, no entendía que estaba pasando, no quería entenderlo. Mi vestido y mis manos estaban manchados de sangre, mis ojos llenos de lágrimas, y de mis labios se escapaban interminables sollozos. Mi familia apareció luego de unos minutos, debían verse tristes, no me fijé, todos me consolaban, hablaban entre ellos, pero no quería escucharlos, no soportaría escuchar algo sobre su funeral, porque si escuchaba algo de eso, entonces ya no podría seguir aferrándome a la ilusión de que él continuara con vida.
Tofú salió del lugar donde tenían a Ranma, era algo extraño, nunca lo vi entrar a esa sala, y él no trabajaba allí, pero no lograba deducir nada en esos momentos. Me tomó por los hombros y no pude hacer otra cosa más que mirarlo, intenté evitar escucharle pero no lo logré. Me explicó que no pudieron hacer nada, que él había llegado muerto y que debía aceptarlo y continuar mi vida normalmente.
Ya no podía evadirlo más, la cruel realidad me golpeaba con devastadora fuerza… y como si eso no fuera suficiente, por detrás de Tofú pasaron unos enfermeros con la camilla de Ranma, la sábana que cubría su cuerpo no tapaba uno de sus brazos el cual estaba cubierto por la camisa roja, prueba inequívoca de que era él.
Alejé las manos de Tofú de mis hombros con algo de brusquedad, no quería que nadie me tocara, sólo Ranma podría hacerlo y si él ya no estaba no me acercaría a ningún otro hombre, sentía que estaba engañándolo de alguna forma, jamás hubiera imaginado que la engañada era yo.
Me dijeron que bajarían a la morgue, que debían reconocer el cuerpo, y todos se fueron… allí me quedé sola, temblando en mi asiento, sin lograr digerir lo sucedido, ¿no volvería a ver a Ranma? Era demasiado irreal e inconcebible para mí. Nunca tomé conciencia de lo extraño que resultaba que toda la familia fuera a reconocer un cadáver, y más aún sabiendo que Tofú debería haberlo reconocido al llegar, aún así sentí la necesidad de ir a ese frío y oscuro lugar. No estaba siguiéndolos, iba tras mi prometido, quería estar cerca de él mientras pudiera, no soportaba la idea de permitir que lo enterraran quien sabe cuantos metros bajo tierra, estaba segura de que perdería la cordura y acabaría cavando esa fosa para dormir a su lado.
Al llegar permanecí de pie frente a esa enorme puerta de metal que me separaba de él. Estaba dispuesta a entrar, quería saber que sucedía dentro, que le estaban haciendo, imágenes de películas venían a mi mente… no soportaría verlo dentro de uno de esos refrigeradores con sus ojos abiertos sin vida, y con esa etiqueta atada al dedo de su pie.
Aún así entraría, decidida di un paso hacia delante y entonces escuché esa voz… no podía ser, era Ranma…
-¡Increíble que se lo haya tragado!- escuché decir a Ranma mientras el aire se negaba a salir de mis pulmones.
-El plan era perfecto, todo lo planeamos minuciosamente- comentó Genma socarronamente.
No lo resistí más, me pegué a la puerta de metal y la abrí sólo un poco, apenas para observar a toda mi familia reunida en torno a la camilla de Ranma, y él sentado sobre ella sin un rasguño en su cuerpo… estaba vivo… me sentía increíblemente feliz y aliviada, pero no podía comprender que había sucedido.
-Así es, todo salió a la perfección, debemos agradecerle a Nabiki, si ella no hubiera coordinado a la perfección la hora en la que el conductor debía estrellarse contra esa pared podríamos haber lastimado a alguien- comentó mi padre orgullosamente.
-Debía hacerlo, era un plan muy arriesgado, pero separar a Akane de Ranma fue muy sencillo, sabía que ella nunca resistiría ayudar a una pobre viejecilla- esa fue Nabiki, hablando orgullosamente de sus habilidades –Además ese fármaco que Tofú nos proporcionó fue de gran utilidad.
-El infalible suero de la muerte, aquel que bebiera Julieta en la famosa obra, dejará a la persona que lo tome en un estado de parálisis temporal que detiene incluso el corazón, provocando la ilusión de muerte. Diluido correctamente se puede retrasar su efecto tanto como se quiera- explicó Tofú confundiéndome aún más… ¿porqué lo hicieron?
-Ahora sólo debemos viajar a Kyoto y casarte con Cornelia… ya imagino vivir en su mansión, entrenar en sus jardines y comer toda esa increíble comida de millonarios- las palabras del que creí que algún día sería mi suegro me abrieron los ojos… ahora lo comprendía todo.
-Nunca creí que hubieras podido comprometer a Ranma con la hija de un multimillonario, puede dolerme que no se unan las escuelas, pero esa chica en un gran partido, no podían dejarla ir.
-Así es Tendo, usted es un buen amigo y me comprende, además ya sabe que cuando seamos millonarios los ayudaremos en todo.
-Pero… ¿era necesario hacer todo esto?- preguntó Kasumi, aún me cuesta creer que ella estuviera involucrada en todo esto –No me gusta ver a Akane sufriendo tanto, ella no lo merece.
-Ya hablamos sobre esto Kasumi, esta era la mejor forma en la que Akane dejaría en paz a Ranma, no podíamos arriesgarnos a que arruinara su boda, hay mucho dinero en juego- explicó… mi padre, no podía creerlo, solo bastaba que Ranma rompiera el compromiso, y yo no habría insistido.
-No creo que eso fuera necesario, Akane habría entendido si se lo explicábamos- Kasumi dijo lo obvio… claro que yo entendería, no tenían porqué hacerme eso.
-Talvez, pero de esta forma su orgullo saldrá ileso, para ella y el resto de los habitantes de Nerima, Ranma no la abandonó, el murió antes de que pudieran casarse. Dolerá un tiempo pero a la larga será lo mejor- mi padre era un genio…
Es increíble que el resto hayan estado de acuerdo con un plan tan cruel, eran mi familia, los amaba y creía que ellos a mi, pero en ese momento supe la verdad; nadie que ame a una persona la haría sufrir de esa manera. En ese momento supe que me había quedado sin familia… estaba destrozada, pero lo que vino luego fue el golpe de gracia.
-Será agradable quitarse de encima a esa molestia… así ya no estorbará más, francamente… no habría soportado volver a escucharla, ni aunque sólo fuera para despedirse- puedo jurar que Ranma me observaba mientras decía esas palabras, era como si disfrutara de clavarme una a una miles de filosas dagas.
Me alejé de esa puerta, caminé lentamente hacía aquella silla donde estaba y me senté en silencio, sin saber que hacer, sin saber que pensar. Tantos pensamientos, tantos recuerdos e hirientes palabras arremolinándose en mi cabeza, mientras el llanto se intensificaba. Me sentía completamente perdida, engañada, y no solo por mi familia, me descubrí a mí misma, más dolida por el engaño de Ranma que por el de los demás. Realmente confiaba en él, ciegamente, jamás ni en mis más terribles pesadillas habría imaginado que él me detestaba de esa forma. Nuestras discusiones no eran más que una forma de liberar tensiones, esos insultos jamás fueron reales… eso creía.
La familia llegó rato después, me encontraron llorando desesperadamente, comenzaron a consolarme, me decían que debía ser fuerte, que con el tiempo lo superaría… que me quedaba el consuelo de que Ranma me había amado hasta el último momento… cuanta hipocresía… me enfermaba.
-Saldré a caminar… sola- murmuré alejándome de allí, con paso lento y calmado.
Ellos lo permitieron, me dejaron ir sola, nunca imaginaron que no volverían a verme. Salí del hospital, caminé durante un tiempo, nunca supe cuanto, sólo sé que mis pasos me llevaron a la estación de trenes. No puedo determinar en que momento lo decidí, de hecho creo que nunca pensé en ello, simplemente me acerqué a la taquilla y puse todo el dinero que llevaba encima frente al vendedor.
-Quiero un boleto para el lugar más lejano al que pueda llegar con este dinero.
Esas fueron mis palabras, nunca supe como pudieron salir tan fluidas en mi estado, el hombre me miró unos instantes, mi aspecto debía ser deplorable, ni siquiera estaba intentando detener las lágrimas. Finalmente me entregó el boleto, seguramente me dijo cual era el destino pero no lo escuché, no necesitaba hacerlo sólo quería alejarme no importaba a donde.
El tren emprendió su marcha alejándome de todo cuanto conocía y quería, alejándome de mi antigua vida, llevándome hacía un mundo que desconocía, uno tan terrible que no hubiera sido capaz de imaginar.
Continuará.
Gracias por sus comentarios… no me odien ^^.
