He aquí el segundo drabble de esta mini colección. En este caso, el tema propuesto era Extorsión/Asalto, y yo elegí entre uno de los dos para adaptarlo a la misión de Clint y Natasha en esta ocasión. Debo reconocer que, salvo en el primero, me costó mucho ceñirme a mi norma autoimpuesta de una sola página de Word para cada drabble, porque diseñé las seis misiones en las que se desarrollan los drabbles y para poneros al corriente y explicar la presencia de los dos agentes de S.H.I.E.L.D. ocupaba demasiado, dejando poco para "su momento".

¡Espero que Asalto os guste! Tanto si es así como si no, ¡dejadme un review, please!

Disclaimer: The Avengers, sus personajes y ubicaciones no me pertenecen a mí, sino a Marvel y a Disney


2. Asalto

Las calles estaban desiertas bajo el sol abrasador. Se encontraban a finales de octubre, pero las temperaturas no daban tregua. El calor era tan implacable allí, en Doha, como en el resto del desierto en que se alzaba la metrópoli, una de las más avanzadas y ricas del mundo. Pero toda luz proyecta una sombra, y todas las ciudades tienen sus barrios pobres. La capital de Qatar no era ninguna excepción. Clint se ubicó una vez más junto a la ventana, cuyas toscas contraventanas de madera, destinadas originalmente a bloquear la luz directa del sol, servían para ocultar el cañón de un sofisticado rifle con mira telescópica. No era su arma preferida, y de hecho no planeaba apretar el gatillo, pero una mira tan precisa como aquélla era mucho más que discreta que un telescopio, y servía al mismo propósito.

-¿Estás seguro de que es él? –Oyó la voz de Natasha a su espalda.

-Ahora mismo veo la luz de la pantalla de su ordenador –respondió Clint.

-Dime que está jugando al Pac Man –siseó la espía.

Clint rió entre dientes. El comandante Fury había vuelto a emparejarles para llevar a cabo aquella misión tan atípica: detener al diseñador de un virus informático que había estado a punto de hacer fosfatina todo el sistema informático de varias multinacionales estadounidenses. Generalmente, S.H.I.E.L.D. no se ocupaba de asuntos como aquél, pero había sido una orden directa del Secretario de Economía. En una época como aquella, en que todo se confiaba a la tecnología, ciertos ataques informáticos podían llegar a suponer la ruina de una empresa, y en el caso de aquellas víctimas, eso podía suponer una debacle económica y una alarmante pérdida de puestos de trabajo. Así que allí estaban ellos, Ojo de Halcón y la Viuda Negra, vigilando a un joven zarrapastroso que comía un grasiento sándwich frente a la pantalla de su ordenador.

Natasha se arrodilló junto a Clint, tratando de atisbar algo a través de las estrechas rendijas de la contraventana, sin mucho éxito. Él desvió la mirada hacia ella durante un instante, y pudo ver la pátina de sudor que cubría el esbelto cuello de la espía. Llevaban cerca de dos semanas enfrascados en el seguimiento de aquel presunto culpable, hacinados en aquel cuchitril sin agua corriente, y Clint no podía dejar de preguntarse cómo lo hacía Natasha para seguir pareciendo una estrella de cine. O para resultarle tan sexy, incluso tan sudorosa y maloliente como él.

-¿Qué miras? –Preguntó ella de repente-. Sigue vigilando.

-Sí –se limitó a responder él, obediente.

Tras ellos crujió el teléfono indetectable a través del que recibían las órdenes directas. Natasha se incorporó para cogerlo, y tras intercambiar unas frases con su interlocutor, dijo:

-Tenemos un comando cubriéndonos para evitar que huya. Nos toca entrar.

Su compañero se puso en pie, y fue gracias a su largo entrenamiento que no tenía las piernas adormecidas. La espía le esperaba tendiéndole un arma corta –un arco no serviría de gran cosa en una vivienda tan pequeña- que él cogió en silencio. Era un gesto rutinario para los dos, pero cruzaron una rápida mirada, y a Clint le sorprendió descubrir en los ojos de Natasha que a ella tampoco le importaba que él estuviese sudoroso y maloliente. Ojalá se hubiera dado cuenta antes. Ahora tocaba trabajar.


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