Capítulo 2:
El saludable color sonrosado que normalmente cubría las mejillas de Ron Weasley se esfumó en cuanto vio el papel que tenia su compañera de piso en la mano. Blanco como el mármol, tragó saliva y luego extendió una mano temblorosa. Apenas le había dado tiempo de dejar el maletín en la entrada y mucho menos decir algo. Hermione lo miraba con una mezcla de curiosidad y enojo. El pelirrojo miró la carta y la leyó dos veces…lo que bastó para que se pusiera aun más pálido si podía.
Oh, señor, iba a matar a su hermana. Estaba decidido; en vez una boda se celebraría un funeral. Y lo peor de todo es que tenía que haberlo previsto. Tenia que haber previsto que más de 5.000 kilómetros no eran suficientes para que su familia dejara de meter las narices en su vida. Ahora no sabía qué hacer o decir, y Hermione esperaba una respuesta. ¿Por qué todas las cosas malas le sucedían a él? Él que nunca se metía en al vida de nadie…
- ¿Y bien? –dijo Hermione al ver que él no contestaba.
- Lo siento, es lo único que se me ocurre decir. –contestó él con la cabeza gacha.
- Ron, no me puedo creer que me hayas utilizado de esa manera. -comenzó a decir Hermione mientras se levantaba del sofá. Hacia seis años que conocía al pelirrojo y nunca lo había visto tan azorado. Ella no pretendía ponerlo así, y ante su enojo se impuso su preocupación de amiga.- De alguna manera tendrás que arreglarlo, porque…
- No te preocupes, enseguida voy a arreglarlo. –repuso Ron aun sin mirarla y con la carta en la mano se dirigió hacia el teléfono. Lo descolgó y marcó un número rápidamente.- ¡Harry! ¡Dile a la entrometida de mi hermana que se ponga! ¡Ahora!
- Ron no creo que…-la castaña se acercó a él con un brazo tendido. La determinación de su mirada azul daba miedo; Ron temblaba de rabia.
- ¡Ginny! ¡¿Cómo se te ocurre hacer semejante cosa?! ¡¿Es que quieres destrozarme mi vida?! ¡¿Dejarme sin amigos?! –el pelirrojo estaba verdaderamente enfadado, fuera de sus casillas, ahora que había acabado de asimilar el contenido de la carta.
Hermione negó con la cabeza y adelantó ese brazo extendido hasta que tocó el cable del teléfono; tiró de él y ante la sorpresiva mirada de Ron, se hizo con él. Miró al pelirrojo y con un ademán de manos le indicó que se fuera a sentar al sofá y le dejara hablar a ella. Todavía no sabía qué había pasado y como principal implicada, estimaba que se le debía una explicación antes de montar todo ese número familiar a través del teléfono. En su mente, Hermione dio gracias por no tener familia.
- ¿Ginny? Hola, soy Hermione. Escucha, tu hermano no está muy en sus cabales en estos momentos, así que disculpa el tono utilizado y sus palabras. Ahora mismo he de colgar, pero estoy segura de que más tarde, Ronald te llamará. Adiós. –y colgó.
Ron, que le había hecho caso, se quedó petrificado en su asiento y esperó a que ella se sentara también. Antes de sentarse, sin embargo, la castaña fue hasta la cocina y cogió una botella de vino y dos vasos. Necesitaba un trago, los dos lo necesitaban. Salió al salón de nuevo y se sentó en el sillón de enfrente del sofá donde estaba repantigado Ron. Hermione suspiró, abrió la botella de vino y llenó los dos vasos. Se llevó el suyo a los labios y bebió más de la mitad del contenido.
- Ahora dime qué demonios significa lo que dice la carta. –le exigió al pelirrojo.
- Lo siento, yo…-Ron dejó el vaso en la mesa de centro y se cruzó las manos en el regazo.
- Deja de decir "lo siento" y habla de una vez. Explícate. –le cortó ella. Hermione no es que se caracterizara por su paciencia fuera de las salas de audiencia del tribunal de justicia. Podía llegar a ser muy exasperante si no se la conocía muy bien.
- Creo que empezaré por el principio. –dijo Ron y después echó una larga bocanada de aire.
- Buena elección. –la castaña cruzó las piernas de una manera muy profesional que contrastaba sobremanera con sus pantalones deportivos y su sudadera. Su tono de voz era de ironía.
- La carta es de mi madre. Ella…mi hermana se va a casar este verano; yo soy el padrino y el único miembro de la familia que aun no tiene pareja formal. En Londres hubo una chica… durante mi última visita, para la boda de mi hermano George. Lavender y yo nos acostamos; estaba borracho, no sabia lo que hacia. El caso es que Lavender, que es conocida de Ginny, cree que tiene poder sobre mi, me acosa. Y pues…como necesito una pareja para la boda y Ginny sabe que no soportaría tener que ir con Lavender…pues ella… Ella les dijo a todos que iría contigo. –explicó Ron con el tono de voz más monótono que encontró.
- ¿Y la parte en la que tu y yo seremos los próximos en casarnos, donde queda? –Hermione dio otro sorbo a su vaso de vino, apurándolo casi.
- Ahí es donde entra mi madre…y Ginny de nuevo. –Ron suspiró.- Cometí el error de hablarle de ti a mi hermana. Pero no lo hice con ninguna intención; eres mi mejor amiga y mi compañera de piso. Tu nombre suele salir en conversaciones casuales. El caso es que mi madre no entiende como vivimos juntos y no salimos juntos y estuvo pinchando un poco a Ginny delante de Lavender. Así que al final, Ginny les dijo que éramos novios.
- Ya veo. –Hermione se llevó una mano a la frente y se la masajeó suavemente.- Tu hermana tiene un poco de complejo de casamentera, ¿no?
- Bastante. –rió Ron.- Siento haberte metido en todo este embrollo. ¿Me perdonas?
- ¿Sabes? Estás súper mono cuando no andas dando voces como un histérico a través de un hilo telefónico. –sonrió ella.- No pasa nada, Ron. No tienes porqué disculparte.
- Enserio que a veces odio a mi familia. –dijo el pelirrojo levantándose y yendo de nuevo hacia el teléfono. Hermione lo miró con aprensión.- Tanta tensión me ha dado hambre. Voy a pedir una pizza. ¿Quieres?
- ¡Ron! Esa no es comida sana. Podemos hacer una ensalada y…-pero Hermione se calló al ver que él ya no le prestaba atención y estaba haciendo la comanda.- Sin cebolla, por favor. Si no puedes con el enemigo…únete a él. –murmuró para si.
- Listo. –Ron colgó el teléfono y fue hasta el pasillo a recoger su maletín. Por el camino se aflojó el nudo de la corbata y se atusó el cabello.- Voy a cambiarme y seguimos hablando.
- Está bien. –sonrió Hermione. A menudo el pelirrojo era como un niño pequeño y era en esos momentos en que conseguía desarmar a Hermione con una sola sonrisa. Discutían mucho, pero la sangre nunca llegaba al río. Eran el dúo de amigos perfecto y bien avenidos.
Media hora mas tarde, los dos se encontraban sentados en el sofá, viendo The late night con David Letterman y comiendo la pizza de queso y peperonni que había elegido el pelirrojo. Reían con los últimos chistes del comediante y disfrutaban de esa pequeña velada de viernes. La tensión generada con la llegada del pequeño papel parecía haber quedado atrás, pero Ron no dejaba de darle vueltas en su cabeza. Ahora tendría que llamar a su madre y decirle que todo había sido un malentendido. Entonces Molly lo emparejaría automáticamente con Lavender y tendría que aguantarla durante una larga semana, a ella…y a las burlas de sus hermanos mayores.
El programa de televisión acabó, pero Ron no se dio cuenta porque no le prestaba atención. Hermione se levantó con la caja de pizza en una mano y la botella de vino vacía en la otra y le dijo algo que Ron no atinó a escuchar. La castaña desapareció en la cocina y él se quedó sentado en el sofá con las manos apoyadas en las rodillas y los ojos cerrados. No quería ir a la boda con Lavender por nada del mundo, pero tampoco podía fallarles a su hermana y a su mejor amigo. Cuando Hermione salió de la cocina vio que el pelirrojo estaba en el mismo sitio que lo dejó.
- Ron…Ron… ¡Ron! –lo sacudió al final.
- ¿Qué pasa? –dijo este abriendo los ojos y mirándola como si no estuviera allí.
- Eso digo yo. ¿Qué te pasa? ¿Estás bien? Te estaba hablando, pero tú no estabas aquí. –Hermione se sentó de nuevo en el sofá y se olvidó de lo que quedaba por recoger.- ¿Qué pasa, Ron?
- Nada, nada. Pensaba que voy a tener que aguantar a Lavender durante todas las celebraciones de la boda. Nada más. –contestó el pelirrojo arrugando la nariz.- ¿Qué me decías?
- Esa Lavender tiene que ser muy desagradable, ¿no? –indagó la castaña.
- Bastante. Pero… ¿qué querías decirme? Me temo que no escuché nada.
La castaña cerró los ojos y echó la cabeza hacia atrás. Estaba segura de que en algún momento se arrepentiría de lo que estaba a punto de decir, pero… Por encima de todas las cosas Ron era su amigo, su mejor amigo, y no le gustaba verlo amargado. Sabía que la boda de su hermana era importante para él. El pelirrojo adoraba a su familia, se le notaba de lejos. Y una semana tampoco era tanta molestia. Hermione suspiró sonoramente, abrió los ojos y miró a Ron.
- No tendrás que soportar a Lavender mucho rato. –dijo al fin.
- Oh, ya lo creo que si. A Harry y a Ginny se les ha ocurrido la brillante idea de programar actividades por parejas. Así que estaremos juntos todo el tiempo. –se lamentó Ron.
- No. Digo que no tendrás que soportar mucho rato a Lavender porque yo seré tu pareja.
- ¿Có-cómo? ¿Harías eso por mí? –los ojos azules de Ron chispearon y brillaron.
- Somos los mejores amigos, ¿no? Podemos fingir que somos algo más durante una semana. Eso si, habrá que poner reglas. –advirtió la castaña.- Me lo tomaré como unas vacaciones.
- Gracias, gracias, gracias. Eres la mejor, Hermione. –dijo Ron abalanzándose contra ella y llenándole las mejillas de besos.
- Para, Ron, para. –decía ella, pero lo cierto es que reía como una niña pequeña.
