"A veces no hay una explicación obvia. Mientras las estrellas más sagradas pueden sentir las más fuertes palpitaciones. Allí es cuando puedes construir un puente de luz" – P!nk. Bridge of Light-
2. ¡Ops! Era un giratiempos.
Ginny ha estado viviendo casi un mes en Brooklyn para estas alturas, compartiendo un departamento con Draco.
Él va a la universidad, y durante su tiempo libre realiza trabajos de traducción. Ella debe admitir que está sorprendida por la educación que los Malfoy le han dado: el hombre sabe de Francés, Alemán y Español.
Ella se ha conseguido un trabajo en una cafetería, como mesera, de ocho a dos de la tarde, y se ha apuntado a unas clases de Tae-Kwon-Do para luego del trabajo. Nueva York resulta una ciudad interesante, o tal vez lo interesante sea amoldarse al nuevo estilo de vida muggle que lleva con Draco.
Le gusta estar allí.
El viernes van a la feria de Industrias Stark, en la que Ginny se impresiona por la capacidad que tienen los muggles de construir armas que pueden matarlos a todos. Están locos.
Y el sábado comienzan a ir al karaoke. Resulta que Draco no canta nada mal, por lo que le resulta difícil creerle cuando él le dice que ella lo hace bien.
- ¿Cómo es, para ti, ahora que tienes que estar rodeado de muggles todo el día? – le pregunta ella un día, con curiosidad, mientras le sirve algo de té, un gesto para que se tome un descanso.
- A veces tengo ganas de gritarle a uno u a otro que son unos idiotas, pero creo que no se trata tanto del hecho de que sean muggles como por el hecho de que son idiotas – contesta él.
Ella ríe.
- Se vuelve más y más normal con los días – admitió él – y no puedo creer que mi padre en verdad creyera todas esas cosas acerca de la superioridad de los magos que tanto predicaba.
- Me resulta difícil creer que tu padre haya estado de acuerdo, te haya dado dinero incluso para hacer esto.
- Oh, el viejo Lucius Malfoy protestó tanto como pudo, pero al final no pudo negarse. Creo que se siente demasiado culpable, por lo de mi madre. De todas formas, dijo que no quiere ver mi cara nunca más.
- Qué bajo has caído – dijo ella, meneando la cabeza – felicidades, Malfoy.
Él bebe un poco de su taza y sonríe.
- Podría decir lo mismo que tú. ¿No le dio a tus padres un ataque cuando dijiste que vendrías a vivir a Nueva York conmigo?
Ella se encoge de hombros.
Draco no exagera. Molly insistió todo el camino al aeropuerto en que estaba cometiendo un error, llorando porque nada le sacaba de la cabeza que Ginny estaba cambiando a Harry por Draco.
Ginny no puede ver eso sucediendo, aunque ahora conoce a un Draco que no es un cretino arrogante, y que además es guapo. De hecho, no puede verse con nadie más que no sea Harry. Se sentiría como una traición.
- Acabará superando sus prejuicios. Algún día.
- ¡Hey, Draco, ¿todavía no estás listo?!
Ginny toca a su puerta y entra, pero él no está en su dormitorio. Draco se toma más tiempo que ella misma para arreglarse, y si no se dan prisa perderán todos los buenos lugares en el karaoke.
- ¡Cinco minutos!
- ¡Date prisa, hurón!
Mientras lo espera, ella se sienta en la cama, mucho más esponjosa que la que ella tiene en su cuarto (no es que se vaya a quejar, su dormitorio también está bastante bien) y tararea una canción de Las Brujas de Macbeth.
Se fija en el espejo de medio cuerpo de la pequeña mesa que Draco tiene en su cuarto y se pone de pie, examinando su reflejo. Tal vez debería cambiarse el vestido. El negro siempre le favorece, pero el que lleva puesto está demasiado largo, anticuado. Como casi toda la ropa que ella se ha traído de casa.
Tiene que ir de compras en cuanto obtenga su primer cheque del mes.
- Bueno, creo que tengo todo – dijo Draco, revisando los bolsillos de su chaqueta – también llevaré unos cuántos galeones, seguro los aceptan en el bar de Morgana.
- ¿Quieres pasarte por allí también? – pregunta Ginny.
- Ah, de verdad extraño el Whiskey de Fuego.
- Algo de Hidromiel tampoco estaría nada mal – admite ella, sonriendo. Toma entre sus manos el reloj de oro que reposa en la mesa de Draco. – Oye, éste parece estar averiado, ¿por qué no lo mandas ver?
Las agujas están detenidas, y ella le da un par de vueltas, tratando de ver cuál es el problema.
- ¡No! ¡Ese no es un reloj!
Pero cuando toma la muñeca de Ginny y le quita el reloj ya es tarde. Ella siente un tirón del suelo, y luego oscuridad.
Y cuando aparecen, apenas está oscureciendo en las calles y ellos caen de golpe en la acera.
- ¡Ouch! ¿Qué demonios fue eso?
- Es un giratiempos… - Draco se levanta y frunce el ceño – ¡diablos, está roto!
- Eso no parecía para nada un giratiempo, y de todos modos, ¿para qué tienes uno?
- Yo… yo se lo robé a mi padre cuando dejé la mansión Malfoy. – confiesa él – No es un giratiempos normal, yo temía que él lo usara para…
- Traer de vuelta a Voldemort. – acaba ella - ¿Y cómo es eso de que no es un giratiempos normal?
Draco mira alrededor y su rostro de por sí pálido pierde todo el color.
- Mierda.
- ¿Qué?
- Mira, Ginny, creo que retrocedimos mucho, muy atrás.
Entonces ella se fija en las personas caminando por las calles, que le dan miradas extrañas. Y los autos. Y, oh, por las barbas de Merlín, todo lo que les rodea.
- ¿De cómo cuántas décadas estamos hablando?
Draco se pasa las manos por el cabello, y Ginny casi puede ver todas las piezas en su cerebro moviéndose, trabajando.
El gira tiempo está roto. Ellos han viajado quién sabe cuántos años en el pasado.
- Quédate aquí, vuelvo en un momento.
- ¿A dónde vas?
- Tengo oro, conseguiré dinero. Y veré que hacemos.
- Voy contigo.
- Sólo… - él resopla – quédate aquí, Ginny, necesito pensar.
- Bien – responde ella, enfadada.
No es como si fuera todo culpa suya. ¿Por qué dejaba él un artefacto tan peligroso allí, como si nada? Bueno, le reclamará eso después. Porque en ese momento, Draco ya se ha ido.
Sigue maldiciendo mentalmente, y sólo es distraída por el sonido de algo golpeando un metal en el callejón contiguo. Es una persona curiosa, después de todo.
Algunos también dirían que entrometida.
Pero cuando ella ve a esos tipos golpeando a un chico tan pequeño y delgado que parece que puede romperse con sólo un golpe más, ella no puede evitarlo.
- ¡Ustedes dos! ¿Qué sus madres no les enseñaron modales?
- Este no es problema tuyo, preciosa – dice uno de ellos, y luego le da una mirada apreciativa – Aunque podemos encargarnos de ti más tarde.
El chico escuálido les da un golpe, y cuando es empujado de vuelta, Ginny resiste la tentación de sacar su varita. En vez de eso, se acerca y le da una patada a uno de ellos.
Ella sabe de dar patadas y puñetazos y arañazos, después de todo. Creció con seis hermanos mayores.
Y finalmente los dos tipos comprenden el mensaje, y se alejan, con el rabo entre las patas.
- ¿Estás bien? – pregunta el chico.
Ahora que lo ve, se da cuenta de que no es tan joven como creyó en un principio, engañada por su estatura y su aspecto.
- Yo debería preguntarte eso – dice ella, sacudiendo su vestido, y se acerca a darle un vistazo.
Él tiene unos lindos ojos azules, aunque en ese momento están hinchados e inyectados en sangre.
- Eso debió doler. Soy…
- ¡Ginny! ¿En qué demonios te metiste! – ese es Draco que regresa por ella, y mira de Ginny al muchacho seriamente, analizando la situación.
- Eso. Ya voy, Draco – se vuelve a dirigir al chico - ¿cómo te llamas?
- Soy Steve Rogers, mucho gusto, ma'am.
Ella ríe. ¿Ma'am?
- El gusto es mío, Steve. ¡Adiós!
