Rostros familiares
A veces mi mente divaga y se despeja de forma constante, es como una chispa. Pero recuerdo y recuerdo muy bien, quería derrocarla, ella es una poni poderosa, pero yo aun no tengo poder, ni conocimiento. La policía me pisaba los cascos y tenía que usar el mejor engaño que tenia a mi disposición, desnudarme. Digo, no es como si realmente importara, pero el disfraz de la yegua ya no era solo un traje. Mi ser se volvió la máscara, después de todo podía cambiar el timbre de mi voz y ser otra poni completamente distinto, incluso al enfrentarme a rufianes estos de vez en cuando cambiaban mi genero, creyendo que soy un potro, como aquel policía en el que use un panque, diciéndome "él", aunque no todos los ponis lo hacían, pero no por nada llevo un traje de Mare.
Los girones del disfraz los hice bola y lo poco que quedaba de mi capa la use como una bolsa provisional donde metí los componentes de mi atuendo y el libro. Tenía que caminar como civil y evitar ser visto por otros ponis. Debido a mi cansancio tuve que tomar un transporte afortunadamente llego un carruaje a tiempo. Se detuvo un poni con una chamarra verde, un lunar en la mejilla y una melena corta, casi como el peinado de una tribu de búfalos, creo que le dicen mohicano si no me equivoco.
-¿A dónde?- pregunto el poni conductor.
-Déjeme cerca del Theater District- respondí.
Vi su nombre en los documentos de su costado y vi que su nombre era Travis Buckle. El chofer estuvo vacilando al momento de trotar y note que me volteaba a ver con curiosidad, entonces rompió el silencio haciéndome una pregunta:
-Oiga, ¿no es usted la poni de los postres de manzana?
-No.
-Perdone, pero se parece mucho a…
–Me halaga por eso-intervine antes de que mencionase mi nombre-pero le parece que ella andaría por estas calles.
-Tiene razón, ella se ve más reluciente y alegre en el periódico-comento Travis-no se ofenda.
-No hay cuidado-respondí aliviada, quizás fue la lluvia y la obscuridad lo que ocultaron mi identidad.
-Yo pienso que ella es la clase de ponis que tiene su chofer personal, digo con todo esos bits que tiene.
En eso Travis se quedo callado por unos minutos y luego me volteo a ver, después saco un trapo rojo de su chaqueta y solo se inmuto a decir:
-Será mejor que no manche el asiento.
Entonces vi que comenzaba a tirar sangre y me tape el costado, seguía saliendo sangre pero no dolía, quizás por eso no me di cuenta, tal vez la herida fue por uno de esos o quizás fue el impacto con esa pegaso. De cualquier manera me limpie la sangre y antes de darme cuenta, ya estábamos el Theater District.
-Servido mi pequeña poni- dijo Travis mientras se le dibujaba en su rostro una extraña sonrisa perturbadora.
Le pague, era increíble la cantidad de bits que cobraban estos taxistas, pero algo en él no me agradaba y no eran precisamente sus tarifas de cobro. Después camine unas cuantas cuadras hasta que llegue al portón de una casa en cuyas rejas se veían unas notas musicales como decorado, el edificio era de color blanco y muy elegante.
El ama de este hogar era una de las tenores más famosas de toda Equestria, sin embargo, este reconocimiento era eclipsado por el de su difunta hermana, la cual era una diseñadora de trajes y la fundadora de las empresas Carousel Boutique.
Este solo era su segundo hogar, pero tenía la suerte de que estuviera dando asesorías en Bronyway, pues de lo contrario no me daría el tiempo de visitarla, además era una de los pocos ponis que saben mi identidad. Alce mi casco, toque el timbre y se encendió un luz roja que parpadea, en eso un poni me pregunto.
-¿Que desea?
-Deseo ver a Madame Swettie Belle- respondí.
-Lo siento, pero ella…
-Déjala entrar-intervino una voz familiar.
El portón se abrió y subí a las escaleras de la entrada, las puertas de roble se abrieron inmediatamente, y al atravesarlas penetraron en mi olfato toda clase de perfumes y aromatizantes, y mis orejas captaron una música extrañamente familiar y luego reconocí que eran un solo cuerdas de la famosa poni Octavia y la melodía era the Summer Sun Celebration, termino la melodía y entonces empezó otra en la que una poni cantaba de forma espectacular.
Contemple una fotografía en la que salían posando un trió de ponis presumiendo sus flancos blancos, reconocí a cierta familiar en una de la fotografías, iba a contemplar otras fotos cuando una voz detuvo mi paso y no pase de la sala de la casa.
-Sabes, llegue a colaborar con Octavia siendo más joven, pero aquí entre nos me agradaba mas la música de su amiga Vynil-dijo una poni en mis espaldas.
-No me contaste esa historia- respondí mientras Belle se revelaba ante mí.
Al verla de nuevo vi a una poni con la melena descolorida que en otra época tendría una melena de color purpura, ahora es totalmente grisáceo, y su cuerpo arrugado daba la impresión de ser un malvavisco expuesto al calor, pero lo que resaltaba en su edad eran sus ojos verdes.
-No estaría nada mal un saludo de vez en cuando o un aviso de visitas-dijo sermoneándome Sweetie Belle- pero supongo que tus apariciones de la nada vienen de tu abuela Diane.
-Hola, yo también estoy feliz de verte-le conteste de forma burlona-Y tal vez tengas razon, aunque tengo recuerdos vagos de mi abuela.
-¿Que traes en tus cascos?- pregunto Sweetie.
-Lo de siempre.
-Vaya, esta es la tercera vez que deshaces del traje, ¿cuándo vas a dejar esto del vigilante?-pregunto la vieja poni.
- No lo se- conteste con firmeza.
Muchas veces Sweetie Belle es un poco lenta para dar respuestas. A menudo hacen una gran pausa para hablar, pero esta vez su pausa se debió al asunto Sparkle, que siempre procuramos evitar, pero que sale a colasion de cuando en cuando. Ella un respiro y comento.
-Hay otros ponis capaces de hacer un mejor traje, además el traje de Mare Do Well es popular en Ponyville y sabes hay otros ponis que lo usan.
- Pero nada como el original, además fue su hermana quien diseño el primer traje.
-Damelo te lo arreglare, lo mío no es la costura, pero hare mi mejor esfuerzo-comento Sweetie Belle.
-No es necesario.
Pero antes de darme cuenta levito la tela con su cuerno y me lo quito como si nada. A pesar de su edad y que ella no fuese una experta en el diseño de trajes, ella conocía bien el negocio y a veces se regodeaba con ponis reconocidos y famosos.
-¿Quieres una modificación?- pregunto Swetie Belle.
-Haz la capa un poco más corta, a veces se atora y termina por rasgarse- respondí con desgana.
-Puedes descansar aquí si gustas.
Escuche lo que había dicho Sweetie, pero no quería dormir, aunque ella sabía que no iba a aceptar el descanso, hiso que su cuerno apareciera una cama y me tropecé con el mueble y caí sobre él. Las colchas estaban tan suaves que me había caído rendido, solo cerré mis parpados y quede dormido.
Al despertar note que había dormido doscientos noventa minutos, me había excedido de tiempo y note que mi cuerpo estaba vendado. Sweetie Belle es un encanto, cuida demasiado de mí, tendría que pagárselo de una forma.
-Listo querida, agregue una bolsa para tus libros y descuida no leí ninguno, dime ¿Qué opinas?, ¿Te gusta tu nuevo traje?
Vi el traje y quede impresionado, sus colores eran como nuevos, me lo puse y se sentía que encajaba como una bota vieja, pero cómoda y me sentía tan ligera, mi diario y mi libro los tenían bolsas que no resultaban incomodas ni sentía que estuviera portándolos.
-No me gusta… ¡Me encanta!, - respondí con entusiasmo.
Me despedí y al querer pagarle sus honorarios ella me los rechazo, de nuevo. Al partir Sweetie Belle, dijo con cierto tono de tristeza
-Oye querida ¿qué tienes en contra de Twilight?
-Todo, mi investigación revelo que ella fue responsable de la mutación de parasprites y fue ella quien destruyo varios negocios, entre ellos los de la familia Apple, Cake, los tuyos…
-La princesa Twilight no haría eso- intervino la vieja poni.
-Ella fue la responsable, leí en un pergamino sobre la gran plaga del siglo, hubo dos ataques de parasprites en Equestria, dos enjambres atacaron en dos sitios distintos: uno fue en Ponyville y el otro fue en Fillydelphia,
-Yo estuve en una y al final se controlo esa plaga.
-Lo sé, pero en Ponyville usaron magia como medida desesperada, esto altero el comportamiento de los parasprites, haciendo un parasprite tipo dos, haciendo que estos comiesen objetas y fue Twilight quien uso esta magia.
-Pero al final se deshicieron de ellos.
-No exactamente, las dos plagas eventualmente colisionaron en el bosque prohibido y de ahí emergió un parasprite tipo tres, ¡los que consumen todo!
-Pero eso no fue la intención de Twilight...
-Eso no importa, los hechos son los hechos, independientemente de los sentimientos, deseos, esperanzas o miedos de los ponis.
Hubo un gran silencio, y después lo rompí.
-Adiós, realmente te agradezco el traje.
-No revelare tu identidad, porque ayudas a otros ponis, a pesar de que afirmes que no te interesa la justicia. Pero te pido que no te arriesgues, me preocupas mucho y te pido que no juzgues a Twilight, debes entender que no fue su culpa.
-Nunca la culpe de mis padres-le conteste.
-Ten cuidado, además no sé lo que le diría a tu abuela si algo te llegase a pasar.
Con ese comentario de Sweetie Belle se me erizaron los pelos de la nuca, tenía que partir a Ponyville para visitar a mi abuela. Aprovecharía para ir a un lugar en el que debía de estar, la biblioteca de aquella yegua molesta.
-Tranquila, solo ire a Ponyville.
-Oh ya veo, ¿y eso porque?
-Ya sabes lo que dicen, el conocimiento es la mitad de la batalla y que mejor fuente de conocimiento que la madriguera de tus enemigos.
-Salúdame a esa vieja manzana arrugada.
-Lo hare, gracias por todo, Madame Sweetie Belle.
Me despedí con un abrazo y salí de su hogar, me sorprendí que pasando la puerta, técnicamente ya era otro día, notaba que el sol aparecía más temprano, quizás por la estación, pero por alguna situación el día se sentía extraño, hacia más calor de lo de costumbre; el calor y humedad es lo que más aborrezco, sudas sin necesidad de hacer algo.
Supero mi desagrado a esta mezcla climática, y con mis cosas dentro de un morral, que me había obsequiado la unicornio. Por alguna situación, el día se sentía extraño casi ominoso, hacía calor como siempre más calor de lo de costumbre; además de esta humedad, notaba una niebla espesa que no me dejaba ver nada.
Camino por la calle y noto las aceras mojadas y no había muchos ponis a la vista, escucho el agua bajo mis cascos y por alguna relación extraña, la humedad me hace tener remembranzas, seguí caminando, y recordaba a mi maestra en Ponyville, se de buena fuente que incluso le llego dar clases a mi abuela, también recuerdo sus mentiras en la clase de historia. Si todas mentiras, todas erratas de un pasado reescrito y falso.
Sin embargo las viejas ponis como mi abuela o Sweetie Belle, saben la verdad pero ellos te la ocultan, nunca te la quieren decir, jamás, ellos balbucean y se sienten adoloridos si los empiezas a cuestionar, es entonces que puedes ver en sus gestos vestigios de la verdad, pero algo los retiene a decírtelo.
Tras un largo rato y sin darme cuenta, por nadar en mis reflexiones noto que había llegado a un viejo rascacielos, y me doy cuenta que aquí lo había dejado, pues veo una nube extraña en la cima, ingreso en los pasillos del edificio sin saludar a nadie, aunque todos los ponis parezcan reconocerme, pero no quiero dirigirles la palabra.
Paso de todos ellos y tomo el elevador, y mientras subía pisos retomo el asunto de las mentiras, este libro que tengo en mis cascos, quizás sea un documento histórico y diga verdades incomprensibles pero verdades al fin, pues algo que encontré en los demás libros es que el registro "histórico" de Equestria tiene huecos que faltan por llenar, ¿Por qué no hay muchos pegasos?, ¿Porque hay mas yeguas que potros?, ¿Cómo desaparecieron estos?
Suena un ruido extraño que me dice que ya llegue a la cima y salgo del ascensor, cruzo los pasillos del último piso del rascacielos, cruzo rápido estos sin notar los colores, lo único que siento es el olor de la humedad, y que el piso estaba alfombrado, salgo a la terraza y entonces encuentro mi hogar y santuario personal, un pequeño zepelín nombrado Ariel, relativamente pequeño y contaba con una maquina que producía nubes a manera de que nadie supiera donde me hallaba, como otra medida de camuflaje ponía anuncios de postres con tartas de manzana.
Subo al zepelín deprisa y sin distraerme en nada me dirijo al timón, enciendo la nave y con dificultad veo como los rascacielos de Manehattan empezaban a verse más pequeños y al alejarme los suficiente de la ciudad opte por descender mi altura y empecé a notar a duras penas la naturaleza de mi entorno, enfoque mí vista pero era inútil, todo era niebla.
Y sin distráeme más opto por ser más atento en el cielo y descender lentamente, pues parecía como si la niebla me hubiera seguido, pero eran nubes que eran demasiado espesas, así pase eludiendo con dificultad el humo blanco y mucho tiempo después llegue a Ponyville y debido a mí familiaridad con la zona baje del globo de forma cautelosa como una civil, tenía ganas de ir a la biblioteca de Sparkle, a la cual le tenia aberración, pues no quería estar cerca de algo relacionada a ella y de paso saludar a ciertos ponis familiares, pero algo me arrastro a ir primero a Sweet Apple Acres.
La granja de lejos parecía solitaria, pero la abuela Apple Bloom tenía ayudantes y parientes que estaban dispuestos a ofrecerle alguna pezuña. Al acercarme sentía la presencia de algo rondando por los graneros y de forma inesperada sentía las caricia de un animal peludo y café, vi que era Winona, era la octava para ser precisa, que me ladraba con ternura y tenía una risa que me provocaban unas irresistibles ganas de acariciarla.
Jugué con ella a las carreras hasta llegar al granero y vi a la abuela recostada en una su mecedora con una frazada dejando al descubierto su cutie mark de aspecto inusual pues tenía una escuadra y un compa que se conectaban y en el centro una gran manzana, me parecía extraño, pero me daba la sensación de ver esos objetos en varios libros y edificios. Después note que una brisa movía su cabello grisáceo y portaba moño rojo atado alrededor de su cuello.
A pesar del aspecto, ella tuvo sus tiempos mejores, era muy hábil en su juventud y de hecho formaba parte de un grupo importante, no recuerdo su nombre exactamente. En eso ella despertó emitiendo un alarido.
-¡Ay, mi cadera!
Sentía ganas de ocultarme pero me quede quieta por unos momentos, pero algo me empujo a acercarme lo suficiente, como para saludarla pero aun con pena.
-Hola abuela- al decirlo le di un abrazo, ella permaneció sorprendida por un instante.
-Mi pequeña poni, ¡qué gusto!-comento mientras me regresaba el abrazo.
Salimos del granero y fuimos a la casa, para poder hablarnos mejor. Charlamos por un buen rato, tocamos levemente el tema de mi negocio de "postres", pero ni una palabra sobre mi verdadero negocio, pero si ella me preguntase algo de eso, no le mentiría, no podría hacerlo, era terrible, en eso ella me pregunto de un detalle que se me había pasado.
-¿Cómo te lastimaste?
¡Rayos!, las vendas de Sweetie Belle, no me las había quitado, que torpe, que descuidada, sentía como la verdad se me escurría de mi hocico, y empecé a balbucear.
-Pues, uhm, esto…
-Eres una pésima mentirosa, puedes ser sarcástica a veces, pero no te preocupes, no me respondas querida- dijo Apple Bloom.
Su amabilidad me lastimaba en varias ocasiones, pero no quería angustiarla. En eso ella me pregunto.
-¿Tienes hambres?, lo mío no es la cocina, pero las manzanas corren en nuestras venas.
-Está bien abuela Apple, no tengo hambre-le conteste, pero mi estomago se adelanto a contradecirme con un gruñido y la abuela Apple rompió a reír y solo comento.
-Pero mira lo delgada y pálida que estas, estás perdiendo brillo.
Solo acepte los hechos y compartimos un delicioso pastel de manzana, y lo preparaba exactamente como me gustaba, amargo y sin echarle azúcar, pues ya las manzanas traen dulzor de sobra, al terminar ese dulce pastel sentía una sensación extraña, tenía que terminar con este momento. Al momento lo único que pude hacer fue agradecerle por su deliciosa comida y eso que decía que era una mala cocinera, pero creo que ella solo es terrible cuando se trata de panques, ni si quiera mis panques aturdidores son así de terribles. Me levante y lave mi plato, así como el suyo al terminar me puse serena y tranquila, le ayude a limpiar la mesa, y entonces recordé que tenía que despedirme.
-¿Ya te vas?- pregunto con pena y tristeza la abuela.
-Me temo que si- respondí con pena.
La abrase por un buen rato y me sentía terrible, tanto por dejarle sola, como por ocultarle mi secreto, pero eso no le ayudaría mucho a su salud si supiera a lo que me expongo. Al bajar mi cabeza y ver su rostro notaba unas facciones tristes y me apretó más fuerte lo que provoco que aumentase mi culpa y que se me quitasen las ganas de retirarme, pero me decidí.
-Vendré a visitarla, cuídese abuela.
Salí de la casa y me aleje sin voltear a ver el granja, tenía que ir a la biblioteca, pues mi cuerpo tenía esa "sensación", algo había ocurrido. Al cabalgar, note que me acompañaba mi escolta personal, Winona, ella también sentía algo. Al acercarme a Ponyville note que salía humo, me acerque al pueblo esquivando a varias ponis que corrían por ayuda, no quise que lo peor hubiera ocurrido, pero lo peor realmente ocurrió, se quemaba un árbol, la biblioteca, mi única pista.
-¡Maldición!- fue lo que grite mientras corría hacia las llamas.
Galope a toda velocidad y rompí la puerta, quería rescatar los libros que pudiera, no por mi investigación sino por mi actitud de bibliófila, revise los estantes de los libros pero todo estaba consumido por las llamas, Winona ladraba con fuerza desde afuera del árbol, pero no había restos de libros, nada de papel, ni siquiera pergaminos. Todo rescate de papeles era inútil y el humo me llenaba mis pulmones, y empezaba a toser, en mi desesperación, reaccione de forma irresponsable y estaba por quedar inconsciente, pero ya antes estaba en este tipo de situaciones, subí las escaleras de la biblioteca y vi unas camas y enfrente de ellas una fuente de escape, salte por las ventanas y rodé en la hierba.
Debía apagar el árbol, por suerte, fuera de la casa había una manguera y la abrí para apagar el fuego, estaba a presión la manguera, pero podía controlarla aunque siguiera respirando el humo, a pesar de mis esfuerzos el fuego no parecía cesar.
Me sentía tan impotente y de repente la casa estallo. Pensé que sería alcanzado por la explosión pero dos siluetas familiares me sacaron volando de donde estaba. Al darme cuenta de quienes eran vi que una era una enorme tortuga con propulsores en su espalda y el otro ser, era una hermosa dragona cuyas escamas brillaban como un zafiro.
Me sentía mareada por el humo, pero me dejaron en un sitio alejado seguro y note a una pegaso naranja sobre su silla de ruedas motorizada. Ella iba hacia a el árbol que se quemaba y les daba instrucciones a sus acompañantes.
-Tank, los cañones de agua ahora, Safira tu sabes qué hacer-animo Scotaloo.
De la espalda de la tortuga Tank salían dos cañones en cada costado suyo y empezó a disparar cañonazos de agua y Safira exhalaba su aliento gélido sobre las ramas que se podían caer. En eso llego otro miembro, un pegaso que no logre distinguir pero que traía consigo una nube, y de repente me falto el aire y me desmaye, después tuve un sueño.
Vi a un alicornio blanco y con una melena de varios colores, sabía quién era ella, pero no la reconocía bien, note que sostenía al sol con su cuerno, ella estaba sobre su dos patas traseras, con la sangre latiendo en su pecho, con sus rodillas doblándose, y sus patas temblando pero todavía intentando mantener al sol en lo alto con sus últimas fuerzas, y algo me decía que cuanto mayor fuera su esfuerzo, mayor era el peso que el sol cargaba sobre su ser.
-Mi pequeña poni, ¿Qué me diría usted que hiciese?- pregunto la alicornio.
Quise contestar a esa pregunta pero lo único que salió de mi hocico fueron suspiros, todo se volvió luz, y entonces desperté de esa terrible visión.
