Nota de la autora: los capítulos 1 y 2 han sido unidos en el primero y los capítulos 3 y 4 en el segundo. El capítulo 3 es completamente nuevo.
31 de Julio 1996
Abrió los ojos de repente y volvió a cerrarlos. Era como si la poca luz que iluminaba el cuarto le quemase los ojos. Notó que las sábanas se habían pegado a su cuerpo por el sudor. Había tenido otra pesadilla. Por suerte no recordaba qué había soñado esta vez. Ya no tenía memoria para recordar ni el más simple de los sueños o eso sentía. Fuese como fuera, era más fácil de ese modo. No podía sumarle más amargura y preocupación a lo que sentía a diario.
Hoy no se presentaba muy diferente. Al menos para él, aunque era consciente de que tendría que interpretar su mejor papel para que nadie se sintiese peor por su culpa. Y de todos modos, solo se cumplían dieciséis años una vez en la vida.
Su mente le jugó una mala pasada y recordó sus últimos cumpleaños. Los dos últimos años no se había sentido tan deprimido. Su padrino había estado presente de alguna forma cuando cumplió los catorce y había formado parte de su fiesta de cumpleaños cuando cumplió quince en Grimmauld Place. Sintió el familiar nudo en el estómago que subía lentamente hasta su garganta, como si le ahogase.
De pronto alguien golpeó desde el otro lado de la puerta. Escuchó varias voces murmurando algo en el pasillo y otro golpe. Buscó las gafas en la mesilla y cuando las encontró se las puso.
- Podéis pasar.
No terminó la frase cuando la puerta se abrió y vio tres figuras frente a su cama. Una de ellas abrió las cortinas de par en par y Harry tuvo que taparse los ojos con la mano hasta acostumbrarse.
- ¡Felicidades, Harry! –gritaron los tres a la vez.
Hermione se inclinó y le besó la mejilla. Era su mejor amiga y habían pasado la barrera del contacto físico hacía tiempo, pero sabía que ella era poco dada a muchas muestras de cariño como esa cuando se trataba de él porque conocía mejor que nadie lo poco efusivo que era él al respecto. Sin embargo, siempre le hacía sentir bien y lo agradecía. Ron le dio un golpe en el hombro y Ginny le sonrió con una bandeja entre las manos. La colocó en la cama y Harry vio un plato lleno de huevos revueltos, bacon y salchichas, otro plato con tostadas y una jarra con zumo de calabaza y un vaso.
- Mamá lo ha preparado y nosotros hemos querido darte una sorpresa –dijo Ron.
Hermione y Ginny se sentaron al pie de la cama. La pequeña de los Weasley le sirvió un vaso de zumo y lo extendió hacia él. Harry lo cogió y dio un largo sorbo.
- ¿Os habéis dado cuenta que dentro de medio año cumpliré diecisiete? –preguntó Ron con los ojos brillantes.
- Es el cumpleaños de Harry, Ron –sentenció Hermione.
Harry cogió una tostada y se la llevó a la boca. Era su mejor excusa por si Hermione y Ron empezaban a discutir. De ese modo no tendría que intervenir. Además, era su cumpleaños, así que pensó que quizás tuviesen cierta consideración por él y no le obligarían a ponerse a favor de nadie. Sobre todo porque últimamente sus peleas rayaban lo absurdo.
- Ya sé que es el cumpleaños de Harry –contestó Ron con voz queda.
Y entonces empezaron a discutir sobre cosas que ni Harry entendía y prefería que siguiese así. Se fijo en que Ginny, que estaba de espaldas a Hermione y Ron reía en voz baja y sus hombros temblaban convulsivamente. Ella le miró y Harry sonrió mientras escuchaban a sus dos mejores amigos discutir.
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¿A quién le importaba que fuese a cumplir diecisiete años en seis meses si seguía pareciendo un niño de once años? Solo Ronald Weasley podía hacer un comentario tan desafortunado cuando era el cumpleaños de su mejor amigo, el cuál por cierto, había perdido a su padrino hacía menos de dos meses. Y ellos debían de estar animándole, haciendo sus días más llevaderos y no diciendo estupideces.
A veces Ron conseguía sacarla de sus casillas con una facilidad pasmosa.
- A nadie le interesa que tu cumpleaños sea dentro de seis meses.
- Solo lo estaba comentando, Hermione. ¡Ni que hubiese matado a un elfo doméstico! Tranquilízate.
Hermione pensó que ojalá fuese fácil tranquilizarse, pero era algo que no ocurría cuando él estaba alrededor. Aunque conociese de sobra el motivo que la provocaba esa tensión aparentemente continua cada vez que Ron estaba cerca y el hecho de que fuese uno de sus mejores amigos facilitaba su comportamiento, de igual modo se sentía extraña. Tal vez por eso, porque era uno de sus mejores amigos y todo lo que sentía y pensaba era demasiado confuso para digerirlo y aceptarlo sin más.
- Lo único que digo, Hermione, es que voy a cumplir diecisiete, no dieciséis, no te ofendas Harry. Voy a ser mayor de edad y podré aparecer y desaparecer y hacer magia fuera de Hogwarts. No sé como tú no estás nerviosa cuando te falta tan poco para tener la edad legal.
Así que se trataba de eso.
Entendía sus ansias y ella misma estaba deseando cumplir los diecisiete años y poder hacer magia fuera de Hogwarts. Estaba esperando el momento en el que pudiese enseñarles a sus padres todas las cosas que había aprendido durante esos años y no solo contárselas. Se relajó en su sitio y no quiso seguir discutiendo.
- Por supuesto que lo estoy deseando, Ron. Pero hoy es el día de Harry.
Ron puso los ojos en blanco pero no dijo nada más.
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Si no fuese porque eran su hermano y amiga y sabía lo acostumbrado que estaba Harry a sus continuas disputas sobre trivialidades, les habría lanzado una maldición allí mismo. Sin embargo no sabía que era peor. Que Hermione se pasase las horas del día discutiendo con su hermano mayor o mirando furtivamente a Harry esperando que él dijese algo como "me siento tan desesperado y triste desde que murió Sirius" y que rompiese a llorar en cualquier instante.
Se fijó en que Harry ya conocía esa expresión de preocupación y expectación en la cara de su mejor amiga y que en cuanto la sintió sobre él, bajo la vista al plato como si los huevos revueltos estuviesen contándole una historia inmensamente interesante sobre como habían sido cocinados. Ginny soltó una pequeña carcajada y tosió nerviosa como si se hubiese atragantado para disimularlo. Hermione la golpeó suavemente en la espalda mientras Harry la miró con suspicacia. Ella se limitó a sonreír educadamente y él volvió hacia su desayuno.
- Oh, Harry. Lupin va a venir después –dijo Hermione.
Ginny rodó los ojos. Era una buena estrategia para intentar que Harry hablase de un momento a otro. Definitivamente Hermione era mucho más ingenua de lo que hacía ver en realidad sin pensaba que Harry iba a decir algo al respecto.
- Bien.
Fue lo único que dijo y a nadie le cogió por sorpresa.
Harry dejó el tenedor en la bandeja y estiró las piernas. Ginny notó como su pie izquierdo la golpeaba y ella perdió el equilibrio y cayó al suelo. Se frotó el muslo derecho con la mano y levantó la cabeza. Los tres la miraron con preocupación. Entonces se dio cuenta de cómo Harry apartó la vista y sus mandíbulas se tensaron.
- Lo, lo siento.
Y se puso a reír. No era el tipo de risa cansada y casi impuesta de la que hacía gala en los últimos meses. Era divertida y alegre. De pronto Ginny dejó de pensar en lo injusto que era que no tuviese diecisiete años para poder lanzarle un hechizo mocomurciélagos y se dejó contagiar por aquella risa.
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No solo le faltaba su padrino en un día como ese, si no que además, las malas noticias no dejaban de llegar. Los dos nuevos ataques de dementores, la muerte de Karkarov y las desapariciones de Florean Fortescue y Ollivander. Cansado de oír tantas desgracias juntas que no hacía más que sobrecargar la suya propia, salió al jardín de La Madriguera seguido por Ron y Hermione. Estuvieron charlando durante media hora sobre el tiempo, el próximo curso y los TIMOS. Prefería estar solo, porque había salido de allí con esa intención, pero no quería decirles a sus dos mejores amigos que le dejasen respirar tranquilo, que no necesitaba de su vigilancia constante.
Hizo lo único que hacía cuando se sentía así. Simplemente asentía o negaba, contestaba con monosílabos y se mostraba lo menos interesado en la conversación posible. Pasados diez minutos, Ron y Hermione se disculparon con cualquier excusa y le dejaron solo.
Buscó un lugar escondido entre los árboles del jardín. Se sentó y apoyó la espalda en el tronco de un manzano. Cerró los ojos y sintió la ligera brisa del anochecer sobre todo su cuerpo. Tuvo la idea de dormir allí aquella noche. Escaparse de su habitación cuando todos durmiesen y pasar la noche allí. No era una mala idea.
Entonces escuchó un murmullo. Cada vez sonaba más cercano y pudo distinguirlo. Alguien cantaba una canción. No. Tarareaba una melodía y cantaba alguna palabra suelta que encajaba a la perfección. Resultaba familiar pero ni él mismo podía identificar de qué se trataba. Aquella persona se acercaba a él. Mejor dicho, al lugar donde él estaba. Podía escuchar a la perfección como la hierba se arrugaba en el suelo con cada pisada…
- ¡Ah! –gritó Ginny llevándose una mano al pecho.- Me has dado un susto de muerte, Harry- le miró confundida.- Pensé que estabas dentro con Ron y Hermione. ¿Qué haces aquí fuera?
- Nada en especial.
- Oh. ¿Puedo sentarme?
Se dio cuenta de que Ginny había ido allí sin ninguna intención de encontrarle y no podía decirla que simplemente se fuese, que él había llegado antes. Era cuanto menos una respuesta infantil. Harry asintió y ella se sentó a su lado. Ginny buscó entre la hierba y cogió una manzana verde entre las manos.
- ¿Qué es lo que cantabas? –preguntó de pronto.
- Una canción muggle. Mi padre solía cantarla cuando era niña. Creo que me dijo que era un musical, pero no supo explicarme qué era exactamente. Ya sabes lo mucho que le gusta todo lo relacionado con los muggles y lo poco que sabe de ellos.
Ginny estudiaba la manzana que tenía entre las manos y Harry suspiró.
- Pero me contó que era sobre una niña que se encontraba con un hombre de hojalata, un león y un espantapájaros e iban a ver a un mago porque ella quería volver a su casa. El hombre de hojalata quería un corazón, el león ser valiente y el espantapájaros… La verdad no lo sé. ¿No lo conoces?
Harry negó con la cabeza.
- Vaya. Pensé que tal vez supieses la historia. No quiero preguntarle a Hermione porque estaría horas hablando de ello.
Ginny rió ligeramente y él notó la sonrisa formándose en las comisuras de sus labios.
- De todos modos da igual. No creo que entienda nunca que hace una niña con un hombre de hojalata, un león y un espantapájaros.
- Menos mal que en esta casa solo hay un montón de brujas y magos, un hombre lobo y una metamórfoga –bromeó Harry.
Ella le miró con el ceño fruncido.
- Te olvidas de Flegggrrr –contestó Ginny arqueando las cejas.
De pronto no pudo evitar pensar en lo mucho que le divertía Ginny Weasley. Se preguntó desde cuando era así. Aunque era posible que siempre hubiese sido de ese modo pero que nunca lo hubiese mostrado con él. Y quiso darle las gracias por no hablar de Hogwarts y los estudios y lo más importante, de Sirius.
Ginny mordió la manzana y mientras masticaba habló a Harry.
- Efta biquifima.
Recordó las muchas veces que Ron había hablado de ese modo mientras comían en el Gran Comedor y rió divertido.
- ¿Quieres un poco? –Ginny le tendió la manzana.
Él negó con la cabeza y la observó el resto de la noche comer la manzana hasta que la señora Weasley les gritó para que entraran de nuevo. Harry miró con recelo aquel manzano y la idea de dormir allí rondó en su cabeza hasta que calló rendido en su cama.
11 de Agosto 1996
- ¿Es eso lo que le habéis comprado?
Hermione parecía demasiado escandalizada ante lo que sus dos mejores amigos la mostraban. Harry y Ron se miraron con una expresión de incredulidad, sin entender por qué había reaccionado de ese modo.
- ¿Qué hay de malo en ello? –preguntó Ron.
Ella señaló con la mano y frunció el ceño como si ese gesto lo explicara todo. Los dos encogieron los hombros.
- Yo creo que es un regalo perfecto –dijo Harry apoyado por la afirmación que hizo Ron con la cabeza.
Hermione suspiró mirando hacia el techo con los brazos extendidos y luego los dejo caer sobre su cuerpo. Salió de la habitación de Ron y cerró la puerta con un golpe seco.
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Quince años. No notaba ningún tipo de diferencia. Horas antes de aquel día seguía siendo la misma que era ahora. Un año más en su corta vida y no se arrepentía de nada. Ciertamente el último año había sido intenso. No tanto como su primer año en Hogwarts pero completamente diferente. Porque había sentido que formaba parto de algo superior a ella. Entendía mucho mejor el mundo que rodeaba a su hermano y sus dos mejores amigos. Por fin veía a través de sus propios ojos y no de los rumores, lo que vivían Ron, Harry y Hermione. Y por fin, de algún modo, habían dejado que ella no fuese una mera espectadora.
No la hacia una igual, de eso estaba segura, pero ya no era la pequeña e inofensiva hermana pequeña de Ron Weasley y eso decía mucho a su favor.
Se miró en el espejo nuevamente. Se había recogido el pelo en una alta coleta y algunos mechones caían enmarcando su pálido rostro.
- ¡GINNY!
Escuchó el grito de su madre en la cocina. Salió de su habitación y bajó las escaleras corriendo de dos en dos.
Ron, Harry y Hermione estaban desayunando y los tres la miraron sonrientes.
- Feliz cumpleaños, Ginny –le dijo Hermione.
- Gracias –dijo mientras sonreía alegremente.
Se sentó frente a Ron y Harry. La señora Weasley la besó en la cabeza y dejó un plato con tortitas delante de ella.
- Felicidades, cielo.
- Gracias, mamá.
- Feliz cumpleaños, Gin –dijo Ron.
- Felicidades –dijo Harry.
Sonrió risueña a ambos. De pronto la vino un pensamiento a la mente. ¿Cuántas chicas querrían tener a Harry Potter el día de su cumpleaños? No es que ella le tenía entonces y tampoco pensaba de ese modo sobre Harry, pero era divertida la idea sobre un gran número de población femenina de Hogwarts que daría cualquier cosa por pasar por aquella experiencia. Aunque solo fuese desde hace meses que todas mostraban tanto interés por El-Chico-Que-Vivió.
Rió para si misma mientras untaba mermelada de frambuesa en una tortita.
- ¿Qué es tan gracioso? –preguntó Ron curioso.
Se fijo en que Ron y Hermione la miraban directamente y Harry a pesar de querer dar la imagen de que estaba más ocupado con su desayuno también lo hacía.
- Er… Estaba pensando en que ya te queda menos para cumplir los diecisiete, Ron –contestó asombrada por su rapidez.
Su hermano sonrió complacido y embelesado ante esa perspectiva. Hermione rodó los ojos y Harry la miró directamente esta vez conteniendo la risa.
Ese era uno de los grandes cambios que se habían sucedido en el último año y que se habían intensificado en las últimas semanas desde que Harry había llegado a La Madriguera. No sabía como explicarlo, pero tenía claro que él se sentía cómodo con ella y que la veía como Ginny y no la hermana pequeña de su mejor amigo. No esperaba que confiase más en ella ahora o que a lo sumo lo hiciese cuando nunca fue así, pero aquello conseguía que ella estuviese mucho más relajada en su presencia sin temor a ponerse en ridículo.
Estaba tan inmersa en sus pensamientos que no se dio cuenta cuando una lechuza entró por la ventana de la cocina y se posó a su lado en la mesa. La miró de reojo sin reconocerla y vio el pequeño paquete atado a su pata. Estaba dirigido a su nombre. Entonces se dio cuenta de que el remitente era Dean Thomas. Cogió la pequeña caja que portaba la lechuza y la dio algo de comer antes de dejarla ir.
- ¿De quién es? –preguntó Ron.
Ginny arqueó una ceja e ignoró la impaciencia y curiosidad de su hermano. Quiso subir a su habitación y abrirlo en privado, pero eso solo daría lugar a más preguntas por parte de su hermano mayor. Leyó la breve nota en la que Dean la felicitaba antes de abrir su regalo.
Cuando lo hizo, descubrió una pequeña caja de terciopelo rojo. Ya no solo Ron esperaba ansioso si no que Harry y Hermione la miraban expectantes.
Sintió una mezcla de ligera felicidad y horror cuando vio el pequeño anillo dorado. Aquel regalo era sin duda alguna, demasiado personal. Le resultaba tan íntimo y comprometedor que sentía que las paredes de la cocina se la echaban encima.
- ¡Es precioso! –dijo Hermione inclinada sobre la mesa para verlo bien.
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Si hubiese prestado más atención no le habría pasado inadvertido que la sonrisa que ahora trataba de disfrazar el estupor de Ginny, no era sincera. Era fruto de los nervios, pero él simplemente pensó que era normal que se sintiese así. Su novio le había regalado un anillo por su cumpleaños. No era para menos.
Le parecía más divertido como Hermione se comportaba como una chica alrededor de Ginny. No es que no tuviese claro que lo era, pero su amiga difícilmente podía mantener ciertas conversaciones con ellos.
- No deberías salir con Thomas –le espetó Ron a Ginny.
- ¿Por qué?
Harry notó el tono seguro y amenazador de Ginny. Ya conocía el famoso temperamento Weasley y como era mucho más fuerte en las mujeres de la familia. Ginny se levantó con la pequeña caja en su mano y la carta arrugada en la otra y dirigió una mirada de furia a su hermano.
- Lo que haga con mi vida es asunto mío, Ron. Solo te dije que estoy saliendo con Dean para que me dejes en paz.
Ginny salió de la cocina casi corriendo y subió las escaleras hasta su habitación con paso firme y pesado, golpeando con fuerza los escalones. Hermione suspiró y miró a Ron antes de levantarse de la mesa. Él no estaba en absoluto disgustado o preocupado por lo que acababa de ocurrir.
- De verdad que no sé como lo haces, Ron.
Harry apoyó la cabeza entre sus manos y rezó todo lo que supo para que aquello no fuese a más. Ya era suficiente con el hecho de que Ron había ofendido a su hermana el día de su cumpleaños como para aguantar también una discusión. Otra de las muchas a las que estaba acostumbrado pero que hoy más que otras veces no estaba dispuesto a aguantar.
- Es mi hermana pequeña y no me gusta que salga con Dean Thomas. ¿Qué sabemos de él?
- ¡Es un Gryffindor! –gritó Hermione perdiendo los nervios.
Supo que el poco desayuno que le quedaba no merecía la pena como para aguantar cinco minutos de insufribles y absurdas acusaciones y defensas. Se levantó de su silla sin decir nada y volvió a su habitación a hacer cualquier cosa hasta que los ánimos se calmaran.
Subió las escaleras mientras se frotaba la frente. Lo último que necesitaba era un dolor de cabeza y los gritos de Hermione y Ron no ayudaban en absoluto.
- Eres El-Chico-Que-Vivió a pesar de Tú-Sabes-Quien y lo que te va a matar son las peleas entre mi querido hermano y Hermione.
Ginny sonreía apoyada en una pared. Él movió la cabeza sopesando la posibilidad que ella había expuesto y se encogió de hombros.
- ¿Crees que tardarán mucho? –preguntó Ginny.
- Tal vez terminen cuando Ron haya cumplido diecisiete.
- Siempre podemos esperar jugando una partida de naipes explosivos¿no?
Harry afirmó con la cabeza y abrió la puerta de su habitación. Dejó que ella entrase primero y él la siguió.
- Al menos yo no compartiré habitación con Ron. Pobre Dean –dijo Ginny.
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El anillo brillaba en el pequeño dedo corazón de su mano izquierda. Hermione y Ron aún seguían ligeramente disgustados. Había pasado el resto de la mañana jugando con Harry a los naipes explosivos y paseando por el jardín de La Madriguera. Al principio había resultado extraño. Porque la costaba hacerse a la idea de que ya no debía sentirse avergonzada a su alrededor. Se había acostumbrado tanto a su presencia en las últimas semanas que se dio cuenta de que Harry ya no ejercía el mismo poder sobre ella. Tal vez ya no tenía ningún poder sobre ella. Ahora eran iguales en las base de una relación amistosa.
Hermione estaba sentada en la mesa del jardín con Harry a su derecha y Ron a la izquierda. La joven bruja llevaba varios minutos hablándole a Harry sobre los elfos domésticos y el PEDDO. Al principio él había mostrado la misma paciencia que otorgaba a su mejor amiga cuando trataba el tema, pero hacía menos de un minuto que Ron, aprovechando que Hermione estaba de espaldas, había empezado a poner caras y gestos a todos los comentarios indignados sobre la injusticia de la vida de los elfos. Harry estaba esforzándose tanto para no reír que tenía los ojos llenos de lágrimas y su mano derecha cubriéndole la boca. De pronto sintió tanto cariño por su hermano mayor que tuvo la necesidad de levantarse de su silla y abrazarle fuerte.
Miró a su derecha y cogió entre las manos la pequeña caja blanca que le ofrecía Fleur. Ginny sonrió educadamente y desenvolvió el regalo de la prometida de su hermano favorito.
- Es… Es, es muy bonito. Gracias.
Fue lo único que dijo mientras sostenía entre los dedos el fino lazo de no más de veinte centímetros de largo y de color verde. Realmente le gustaba.
- El vegde pega tanto con tu pelo –le dijo Fleur mientras acariciaba un mechón pelirrojo de Ginny.
Se lo dejó a Hermione para que lo viese mejor. Harry lo miró de reojo y Ron sacó una caja más grande que la que había recibido de Fleur y la dejó sobre la mesa.
- Este es de parte de Harry y yo –le dijo su hermano acercándolo hasta ella.
Ginny estudió primero el paquete envuelto en papel rojo brillante con snitchs doradas. Miró a ambos chicos antes de abrirlo. ¿Qué podían haberla comprado? Normalmente Ron solía regalarla dulces que se veía obligada a compartir con él y si su memoria no la fallaba, Harry jamás le había regalado algo y cuando recibía el pequeño paquete de su hermano, siempre le decía "de Harry y yo". Pero ella era consciente de que su relación había cambiado. O más bien nunca fueron amigos y ahora lo eran. Después de cuatro largos años, era amiga del chico del que había estado enamorada. El único chico que había idealizado tanto que a veces era complicado distinguir entre realidad y fantasía. Aunque ahora sabía que esos dos Harry eran diferentes.
Jamás hubiese imaginado aquel regalo. Abrió los ojos de par en par y se tapó la boca con ambas manos mientras observaba el contenido de la caja con asombro y deleite.
Harry le lanzó una mirada de preocupación a Ron y éste le guiñó un ojo para tranquilizarle.
- Uau –dijo Ginny bajando las manos.- No lo puedo creer –susurró sonriendo de oreja a oreja a su hermano.- ¡Mira, mamá!
Ginny sacó la quaffle de la caja y se la mostró a toda la familia. Tenían una vieja quaffle que había pertenecido a Charlie y con la que solían jugar en el jardín. Pero aquella era suya. Un regalo de Ron y Harry. Se la pasó a los gemelos y rodeó la mesa para abrazar a Ron.
- Gracias –dijo mientras apretaba con fuerza a su hermano.
- De nada –contestó él dándole golpecitos en la espalda.- La idea fue de Harry.
Se soltó de Ron que parecía muy contento y miró a Harry. Y aunque cumplía quince años, sentía que volvía a tener diez y que al bajar las escaleras se encontraba con El Niño Que Vivió. Pero cuando él la sonrió ya no lo hacia a la hermana pequeña de su mejor amigo. Era Ginny Weasley. Solo por eso, le devolvió la sonrisa y le abrazó tímidamente.
- Gracias, Harry.
Sintiendo que se sonrojaba cada vez más, se dio la vuelta rápidamente y cogió la quaffle de manos de George. La pasó de una mano a otra.
- No sabes nada de chicas, Hagy –comentó Fleur con desdén.
- Pues yo diría que a Ginny le ha encantado –repuso Hermione.
- Pero si tú dijiste que…
- Cállate, Ron –le cortó Hermione bruscamente.
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De pronto ella le miraba como lo hacía en los últimos meses y ya no metía el brazo en el plato de la mantequilla. Tuvo la pura necesidad de sonreír antes la pequeña Ginny Weasley que ahora se había convertido en su amiga. Frente a sus ojos estaba la Ginny que muchas veces había descrito Ron y que él nunca conocido hasta hacía un año. Ella le sonrió genuinamente y un segundo después le estaba abrazando.
- Gracias, Harry.
Lo único que pudo hacer fue mover los brazos torpemente en un intento por devolver el gesto, pero cuando quiso darse cuenta ya era tarde para reaccionar. Ella estaba de espaldas a él jugando con su nueva quaffle.
- No sabes nada de chicas, Hagy.
Harry pensó que aquello no era nada nuevo para él y mucho menos para los que conocían su desastrosa vida amorosa, que se limitaba a Cho Chang, la única chica que había tenido en su vida. Sin embargo, no era necesario que nadie se lo recordase y sintió que su ánimo se desinflaba por segundos.
- Pues yo diría que a Ginny le ha encantado –repuso Hermione.
- Pero si tú dijiste que…
- Cállate, Ron –le cortó Hermione bruscamente.
Todas las mujeres que había en La Madriguera, es decir, la señora Weasley, Ginny y Hermione, se sentían incomodas y malhumoradas ante la presencia de la novia de Bill. Si Fleur hubiese dicho que el regalo era maravilloso, Hermione seguiría pensando que no era muy adecuado. Pero había dicho lo mismo que su amiga pensaba, y de hecho, Hermione no podía negar que a Ginny le había gustado su regalo.
No pudo evitar sentirse satisfecho con su idea.
