Disclaimer: Los personajes de The Hunger Games son propiedad de Suzanne Collins.
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1
El inicio de la llama
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El grito que intento soltar se me atora en la garganta. Glimmer intenta asfixiarme con sus enormes manos que de pronto se convierten en garras que desgarran la piel de mi cuello. Me despierto de un salto; lágrimas de terror bañan mi rostro mientras trato desesperadamente de protegerme con las manos, empujando al aire antes de abrir los ojos y darme cuenta de que ya no estoy en la Arena.
Mi corazón late con fuerza y el sudor cae como ríos por mi cuerpo, pero intento tranquilizarme al ver que sigo en mi habitación, a salvo en el Distrito 12.
Solo fue otra pesadilla... Nadie volvió a intentar asesinarme, pero el temor no se va. Jamás lo hace.
Desde el fin de los Juegos del Hambre del año pasado Gale, mi compañero en los juegos, y yo no hemos podido librarnos de todos los tortuosos recuerdos. Sé que él apenas duerme, y si lo hace siempre despierta antes del amanecer, entre gritos y puñaladas al aire; lo sé porque yo misma lo escucho gritar por las noches, aterrado en la oscuridad. A veces grita con impotencia, otras veces de dolor; a veces grita mi nombre con desesperación, y otras ruega que lo maten. Las pesadillas no suelen ser tan frecuentes y graves en mi caso, pero conforme se acerca el día de la gira se presentan cada noche, como ésta.
Intento regresar mi respiración a la normalidad repitiéndome una y otra vez que estoy a salvo ahora; que ni Glimmer, ni Clove ni Marvel pueden hacerme daño ya.
Me aferro con fuerza a la almohada y suelto un resoplido antes de recordar que tengo que levantarme y empezar el día. En especial éste día, el mismo que he esperado con ansias durante meses. Pero me cuesta hacerlo; si hay algo que odio en esta vida es, sin duda, levantarme de la cama tan temprano en la mañana.
El piso alfombrado me hace cosquillas en los pies; ahogo un bostezo y estiro los músculos de mi espalda mientras me dirijo hacia la derecha, antes de recordar que el baño está hacia la izquierda. Todavía no me acostumbro a mi nueva casa en la Aldea de los Vencedores, la que el Capitolio me dio luego de haber ganado la última edición de los Juegos del Hambre.
Me recojo el pelo y me doy una ducha rápida antes de iniciar con mi ritual diario de belleza: cepillar mi cabello, deshacerme del exceso de vello y ponerme maquillaje; antes no me hubiera importado, pero mi antigua acompañante, Effie Trinket, y mi madre insisten en que lo haga cada mañana. Me pongo un vestido de lana muy suave, medias y un suéter haciendo juego para protegerme del frío, una cinta en el cabello y salgo de mi habitación, recorriendo el inmenso corredor hasta dar con la siguiente puerta. Golpeo la madera y espero a la respuesta, pero no escucho ni un solo sonido.
— ¿Gale?— pregunto en voz baja, sin obtener respuesta. Golpeo una vez más y finalmente abro la puerta― ¿Gale?― repito, suspirando con desilusión; la cama está hecha y vacía. De nuevo se ha ido de madrugada sin que me diera cuenta.
«Fui al bosque. Regreso antes del mediodía», dice la nota que dejó sobre la almohada. Al menos llegamos al mudo acuerdo de que siempre me diga donde está para no preocuparme.
Recojo la ropa que dejó en el suelo y me la llevo; doblo su nota en mi bolsillo y me alejo de su habitación, cerrando la puerta tras de mí. No recuerdo quién de los tres propuso que viviéramos juntos, si él, Haymitch o yo, pero, siendo Gale mayor de edad y yo independiente de mis padres ahora, nos pareció lo más lógico.
¿Qué más lógico que dos jóvenes, supuestamente muy enamorados, vivieran juntos ahora que nada ni nadie podía impedirles vivir ése amor? La gente del Capitolio enloqueció en cuanto se expandió la noticia, así que logramos lo que queríamos. Vivimos en mi casa, la que me corresponde por ser una vencedora, mientras que la de Gale está ocupada por su familia; eso es algo que no debería suceder, pero como la casa es suya él decide quien la ocupa o no.
Bajo las escaleras, dejo la ropa de Gale en el cuarto de lavado y me pongo las botas en la entrada mientras miro el paisaje nevado por la ventana. La Aldea de los Vencedores está a unos siete kilómetros desde la plaza en el centro de la ciudad, pero parece un mundo completamente distinto. Es una comunidad separada, construida alrededor de un jardín precioso adornado con arbustos floridos. Hay doce casas, cada una lo bastante grande como para alojar a una familia numerosa; incluso son más grandes que la de mi padre, el alcalde. Nueve están vacías, como siempre lo han estado. Las tres en uso nos pertenecen a Haymitch, a Gale y a su familia, y a mí. Las únicas que desprenden un cálido brillo de vida. Ventanas iluminadas, humo en las chimeneas, coronas de maíz brillantemente coloreado como decoración para el próximo Festival de la Cosecha.
Me enrollo una bufanda al cuello, tomo los paquetes que preparé anoche y abro la puerta; no voy muy lejos pero hace demasiado en esta época del año, aún para caminar unos pocos pasos. Mis pies se hunden en la nieve mientras camino dando grandes zancadas; supongo que en unas horas vendrán a quitarla. Me agarro de la barandilla de las escaleras de la casa frente a la mía y subo los escalones de a uno, cuidando de no resbalar en el hielo. Giro el pomo y entro junto a una gran ventisca que me revuelve todo el cabello y casi desenrosca mi bufanda. Me quito el abrigo y lo cuelgo en el perchero de metal junto a la puerta. El aroma a pan recién horneado embota mis sentidos de inmediato.
Cuando nos mudamos, la casa de Haymitch, a pesar de los cuidados del encargado del parque, emitía un aire de abandono y negligencia. Haymitch se negaba a dejar entrar a nadie a limpiar y él mismo lo hacía muy mal. Entrar en su casa las primeras veces era de miedo, pero ahora que logré convencerlo de que contratara a mi mejor amigo, Peeta Mellark, como su administrador todo luce cómo debe ser. Peeta ha hecho un excelente trabajo con él
Gale dice que Haymitch haría cualquier cosa que yo le pidiera, ya sea por culpa o gratitud; dice que él me aprecia tanto que no puede negarme nada. Yo no creo que sea así, pero de verdad quiero mucho a mi antiguo mentor, a pesar de que estuve meses sin hablarle después de lo del tren, ahora me alegra que podamos ser amigos.
Él está sentado en la cocina, con una taza de café caliente delante mientras mira un punto indefinido del mantel con expresión ausente, aunque sé que se ha percatado de mi presencia.
―Buenos días― le digo, desenrollándome la bufanda del cuello.
―Hola, Maysi― responde, soltando un bostezo gutural. Levantarse tan temprano en la mañana también debe ser una tortura para él― El chico ya se fue a la escuela― me dice, cortando la tapa de una hogaza pan para ofrecérmela― ¿Pan? Está fresco; Peeta lo hizo antes de irse.
―Gracias― huelo el pan antes de llevármelo a la boca; su aroma es delicioso. Peeta es un gran panadero.
―Hay café en la estufa, y leche aquí en la mesa.
Asiento y empiezo a moverme por su cocina en busca de una taza. Me sorprende que todo esté limpio y ordenado, obra de Peeta, de seguro. Me siento frente a Haymitch y empiezo mi desayuno en silencio, notando su penetrante mirada sobre mí a cada uno de mis movimientos.
― ¿Y dónde dejaste a tu amorcito?― pregunta al cabo de un rato, entre suspiros, mientras regresa la vista al mantel.
―Está en el bosque― digo, encogiéndome de hombros. Su tono burlón no me molesta; él sabe que de verdad amo a Gale, y su sarcasmo siempre ayuda a quitar un poco de hierro al asunto.
—Bueno, al menos saben fingir que están locamente enamorados en público— bufa—, eso me ha ahorrado miles de dolores de cabeza, sobre todo con ese niño idiota. Sin embargo debería estar aquí para que ajustemos algunos aspectos de su odiosa personalidad.
No puedo evitar sonreírle.
―No te preocupes; anoche colgamos fotografías por toda la casa y mudamos todas sus cosas a la habitación principal― le digo― Cualquiera que revise creerá que hasta compartimos la cama.
―Eso está muy bien, pero aun así debería haber venido a verme para repasar todo lo que tiene que decir frente a las cámaras...
―También lo hizo― sonrío, aunque no puedo reprimir un suspiro luego― Debes comprenderlo, Haymitch... Gale no debe sentirse muy feliz hoy, y no creo que quisiera pasarse toda la mañana pensando en el viaje al Capitolio...
— ¿Y quién podría estar feliz?— rebate Haymitch con la voz entumecida mientras pierde la mirada en el interior del frasco de jalea de frutas.
Me cuesta unos segundos darme cuenta de que será la segunda vez que él esté en una gira. Me muero de ganas por hacerle cientos de preguntas acerca de lo que pasará, pero prefiero abstenerme al ver su expresión de tristeza.
— ¿Tienes galletas?— pregunto, intentando desviar el tema. Haymitch alza su cucharita de café y señala el estante detrás mío.
—El chico las dejó en aquellos frascos— explica— Toma el de tapa azul; los otros son para las hijas del ama de llaves— informa; yo sonrío porque sé de quienes habla, la señora Everdeen, el ama de llaves, y sus dos hijas, Primrose y Katniss— La pequeña es un encanto, pero la otra es más agria que el vinagre— tuerce los labios con disgusto mientras le da un sorbo a su licorera, uno de sus peores hábitos, aunque procuro que lo deje poco a poco— Aunque creo que a Peeta le gusta.
— ¿Qué dijiste?— no puedo evitar que la pregunta se me escape de los labios. ¿Que a Peeta le gusta Katniss? Es ridículo. Miro a Haymitch fijamente. Él se encoge de hombros y corta otro trozo de pan para darle una feroz mordida.
—No te enfades conmigo, cariño. ¿A poco no lo habías notado? Es tu mejor amigo, ¿o no?— se sonríe, haciendo que trate de suavizar la expresión de mi rostro.
—No estoy enfadada— me defiendo, levantándome para buscar las galletas de glaseado rosa que Peeta siempre aparta para mí— Pero tú no lo conoces como yo— digo, aunque, siendo justos, Peeta y yo apenas volvimos a ser amigos hace un par de meses; tampoco es que lo conozca mucho, pero sí más que Haymitch, de eso estoy segura.
Si a él le gustara Katniss yo lo sabría, ¿verdad?
—Como sea. Ella es la hermana de la pequeña que salvaste hace un año; supongo que también es tu amiga.
—Sí.
No estoy mintiendo, yo siempre he considerado a Katniss como mi única amiga, a pesar de que no hemos vuelto a hablar desde mi regreso del Capitolio. ¿La razón? Gale, por supuesto. No sé qué era exactamente qué tipo de relación los unía antes de que nos fuéramos a los juegos, pero para nadie era un secreto que se pasaban todo el día de arriba para abajo juntos, y los rumores corren... Sin embargo, sea lo que fuere lo que había entre ellos, ya fuera alguna clase de noviazgo o simple amistad, estoy segura de que se ha roto.
Y ha sido por mi causa.
No soy estúpida, mucho menos una santa. Al llegar a casa sentí celos de la preocupación de Gale por Katniss cuando nunca antes había sentido celos por nadie. Katniss pasó de ser mi única amiga a casi mi enemiga en mi cabeza, y sé que suena terrible, pero eran sentimientos que no podía contener. Me dolía perder a mi mejor amiga, pero me dolía mucho más la idea de perder al chico que amo.
Sé que Gale no siente más que amistad por mí, ¿pero por qué debía resignarme a que siempre fuera así? ¿Acaso no tengo derecho a intentar que me ame?
Es egoísta, lo sé. Quizá Gale ya tiene a su persona amada, y aunque el Capitolio nos obliga a mantener la farsa de nuestro noviazgo hay algo que no puedo seguir ignorando: sé que él también empieza a sentir algo por mí. Algo que va más allá de la amistad o la obligación.
Tal vez no me ame, pero poco a poco sé que ocupo un lugar especial en su corazón.
O eso me gusta pensar, aunque tal vez esté volviéndome loca. Pero espero que no.
— ¿Qué hay en los paquetes?— la voz carrasposa de Haymitch me regresa a la realidad de un parpadeo, recordándome los paquetes.
Sonrío y acerco el más grande de todos al centro de la mesa; Haymitch me ayuda a correr unas cuantas cosas y me da espacio con los pequeños ojos oscuros brillando con curiosidad.
—Creé unos diseños nuevos— digo, enseñándole la chaqueta de lana verde que confeccioné para él— ¿Qué te parece?— Haymitch inspecciona la prenda, toca la tela y se mantiene pensativo por un rato— ¿Te gusta?
Él me mira y se levanta para probársela, frunciendo el ceño a la vez que limpia la pelusa invisible de una de las mangas.
— ¿Tenía que ser verde?— pregunta, con expresión un poco molesta, lo que me hace ampliar mi sonrisa.
—Effie me dijo que está de moda esta temporada— me levanto y le hago estirar los brazos para medir el largo de las mangas, indicándole que dé una vuelta con el dedo índice— ¡Vaya! Parece que acerté con la talla. No es por nada, pero creo que soy mejor diseñadora que Cinna— bromeo, pasando una mano por la suave tela.
—Cuando menos eres mucho más presumida— murmura Haymitch, también en son de broma; se gira e inspecciona la chaqueta una vez más, guardando un cómodo silencio.
Observo mi trabajo con detalle. No es que sea presumida en realidad, pero de verdad me gusta mucho esto de diseñar y coser ropa para mí y mis amigos; junto con la música, me da otra cosa en que pensar además de los juegos.
Yo diseño y toco el piano, Haymitch bebe y Gale caza; cada uno tiene su forma de mantenerse ocupado para no pensar en los tortuosos recuerdos.
— ¿Te gusta?— pregunto. Haymitch observa el corte de las solapas y tuerce ligeramente la boca.
—No está mal— dice.
—Puedes usarlo hoy. También hice algo para Gale; Portia y Cinna me permitieron ayudar con nuestro vestuario en la Gira— termino mi café con leche y me levanto de la mesa, tomando el resto de mis paquetes— Ah, y habrá un almuerzo de despedida en mi casa antes de que lleguen Effie y a los demás— le informo— Es algo informal, solo con los más allegados. Así que date una ducha, y te esperamos a las doce.
— ¿Un almuerzo?— Haymitch carraspea una breve afirmación— Tú sí que nunca pierdes la elegancia, Maysi.
—Oh, cállate— sonrío, tomando mi frasco con galletas— Mis padres lo organizaron todo, así que van a estar ahí, y tú...
—Ya sé, ya sé. Callado y respetuoso con tu madre— bufa; no sé exactamente qué ha hecho Haymitch para que mi madre no tolere tenerlo cerca, aunque supongo que el que él haya ganado los juegos donde su hermana gemela murió es suficiente motivo para que no soporte su presencia.
—Correcto. Date una ducha y aféitate, ¿quieres?— él gruñe como respuesta; me despido con una seña y me vuelvo a poner el abrigo y la bufanda en la entrada.
Salgo al helado aire exterior y llego a la casa de la familia de Gale en dos pasos. Su madre, Hazelle, me ve a través de la ventana, donde está inclinada frente a la chimenea, echando más leña al fuego. Se limpia las manos en el delantal y desaparece para encontrarse conmigo en la puerta.
Me gusta Hazelle. La respeto y admiro mucho. Una explosión mató a su marido junto al padre de Katniss y Prim, dejándola con tres niños y un bebé a punto de nacer. Gale no habla mucho de eso, pero Prim me ha contado que menos de una semana después de haber dado a luz, Hazelle estaba fuera recorriendo las calles en busca de trabajo. Las minas no eran una opción, con un bebé que cuidar, pero se las arregló para conseguir trabajo lavando la ropa de varios comerciantes en la ciudad. A los catorce, Gale, el mayor de los hijos, se convirtió en el principal soporte de la familia. Ya estaba anotado para las teselas, que le daban derecho a un escaso aporte de grano y aceite a cambio de añadir su nombre veces extra en el sorteo para convertirse en tributo. Después de saber eso comprendí más que nunca aquella rabia en las palabras que me dijo hace casi un año atrás, el día en que nos eligieron como tributos. Sin embargo, que Gale metiera más papeletas con su nombre en la cosecha no era suficiente para mantener a una familia de cinco sin Hazelle gastándose las manos hasta el hueso en esa tabla de lavar. Ella lavaba la ropa en mi casa, y recuerdo que en invierno sus manos se ponían tan rojas y agrietadas, que parecían sangrar ante la mínima provocación, pero eso no la detenía.
Gale no suele hablar mucho conmigo, ni con nadie, sobre lo que piensa o siente, pero sé que el único beneficio de haber ganado los juegos que de verdad lo hace feliz es que su madre no tenga que volver a pasarse horas lavando en el agua helada, y que sus tres hermanos menores, Rory de doce años, Vick de diez, y la pequeña Posy, de cuatro años, tengan todo lo que necesitan para que nunca tengan que pasar hambre y anotarse a las teselas.
—Buenos días, señorita Madge— me dice Hazelle mientras me abre paso.
—Buenos días, Hazelle— respondo, con una sonrisa— Y ya te había dicho que solo me llames Madge. Lo de señorita está de más.
Hazelle sonríe.
—Lo siento, supongo que es la costumbre. Trabajé tantos años para la familia del alcalde... Digo, para tu familia― suspira con cierta nostalgia, lo que me hace pensar que, a pesar de todo, no reniega de nada de lo que tuvo que vivir para cuidar de sus hijos; y eso solo me hace admirarla mucho más― ¿Comiste algo?
—Sí; desayuné con Haymitch— le regreso la sonrisa— Pero aceptaría algo caliente; hace mucho frío aún para caminar solo unos pasos... Ah, e hice algo para Vick, Posy y Rory. Ah, y para ti, por supuesto— le alcanzo los paquetes que mira con una amplia sonrisa.
—Oh, Madge, no debes molestarte… Ya nos has hecho muchos obsequios.
—Está bien; me ayuda a mantenerme ocupada— le sonrío. Hazelle me guía a la sala y me hace sentarme en el sofá.
— ¿Gale se fue al bosque otra vez?— pregunta, perspicaz, sirviendo té en una de las pequeñas tazas que ya tenía preparadas.
—Sí— contesto en un suspiro, tomando la humeante pieza de porcelana entre mis manos para calentarlas.
—No debes preocuparte por eso— me dice— A Gale siempre le gustó ver el amanecer en el bosque; la soledad le ayuda a pensar, y a decir verdad prefiero que se descargue allí donde nadie puede verlo que en medio de la plaza. Además, ahora que no tiene a Katniss para escucharlo necesita desahogarse en algo.
Asiento porque sé a lo que se refiere. La Pradera es el único lugar donde Gale puede sentirse libre, eso lo aprendí viviendo con él. Y también porque no supe sino hasta hace poco del vínculo que Katniss compartía con Gale. Estoy segura de que mucha gente había asumido que algún día se casarían. Pero eso era antes de los Juegos del Hambre del año pasado. Antes de que yo me convirtiera en su compañera tributo y Haymitch lo convenciera de fingir que estaba perdidamente enamorado de mí. Nuestro romance se convirtió en una estrategia clave para nuestra supervivencia en la arena. Sólo que para mí no era sólo una estrategia. No estoy segura de lo que fue para Gale.
Pero ahora sé que para Katniss fue doloroso, pues desde nuestro regreso no ha vuelto a hablar conmigo; no como antes, al menos. Sé que sigue muy agradecida por haberme ofrecido en lugar de Prim, pero es como si algo que acababa de ser creado se hubiera roto. ¿Será que ella de verdad siente algo por Gale? ¿Que hubo algo entre ellos antes de los juegos? Mi pecho se contrae mientras pienso cómo, en la gira de la Victoria, Gale y yo deberemos presentarnos como amantes otra vez.
—Pero no pongas esa cara, Madge— la suave voz de Hazelle me hace levantar la vista para encontrar sus ojos con los míos al tiempo que siento sus manos, cálidas y ásperas, tomando la mía— Tal vez no lo diga, pero soy su madre y sé que Gale te quiere mucho— me sonríe otra vez— Gale es de esas personas leales y agradecidas, y nosotros tenemos tanto que agradecerte... Por eso sé que eres muy especial para él. Además tengo que agradecerte por quererlo tanto, a pesar de su cabeza dura.
Mis ojos se humedecen, pero no quiero llorar. Aprieto la mano de Hazelle y emito un ligero «Gracias», a lo que ella responde con otra sonrisa.
—No hay de qué. Tú salvaste la vida de mi hijo, y ahora vives con él, eso te hace parte de esta familia, y te convierte en una hija más para mí.
Asiento. No sé si Hazelle está enterada de que todo fue una patraña de principio a fin, pero sí sé que sabe, o al menos intuye, que lo que siento por su hijo es verdadero.
― ¡Madge!― las dos levantamos la cabeza de inmediato hacia esa voz; la pequeña Posy baja las escaleras como una centella, abrazándose a mi cuello con una sonrisa tan radiante que me ilumina el alma.
— ¡Hola, preciosa!— sonrío de forma automática, acariciando su sedosa melena oscura.
― ¿Vienes a jugar conmigo?― me pregunta tras separarse, dando pequeños saltitos sobre la alfombra, emocionada― ¿Te importa si invito a mis amigas? Les dije que mi hermano se iba a casar con una princesa y quieren conocerte; porque tú eres una princesa, ¿verdad? ¿Y es verdad que te vas a casar con Gale?
Abro los ojos como nunca antes, sintiendo como si algo helado me corriera por la espalda.
― ¿Ca-Casarme con Gale?― repito, parpadeando con confusión. Me sonrojo tanto que me arden las mejillas. Hazelle sólo sonríe.
―Oh, solo está repitiendo algo que le escuchó decir a Caesar Flickerman en televisión el otro día― me dice con su tono calmado, y luego suspira― Casi hizo que Gale se ahogara con un trozo de tarta cuando se lo preguntó a él― rió.
― ¿Hablaron de mi matrimonio?― me sorprendo. Es extraño que no sepa ni lo que voy a hacer mañana y ellos ya decidieran casarme con Gale.
―Oh, solo mencionaron la posibilidad. Dentro de muchos, muchos años― advierte, entornando levemente la mirada, como en señal de advertencia.
Y vuelvo a respirar con normalidad.
―Ah... Gale y yo casi no vemos la programación del Capitolio.
―Lo imaginé, por eso no quería perturbarlos con las ideas de esta niña― dice mientras le hace cosquillas a Posy, haciendo que ella ría como loca.
― ¿Ahora sí jugamos, Madge?― insiste cuando deja de reír, tomando de mi mano para tirar de ella.
―Posy, Madge tiene muchas cosas que hacer hoy, y no podrá quedarse a jugar contigo...― la interrumpe Hazelle mientras la insta a que me suelte poco a poco. Posy la mira y da un paso hacia atrás, perdiendo todo el brillo en sus enormes ojos grises.
―Oh...― me mata la desilusión de su pequeño y redondo rostro.
―Hoy no puedo jugar contigo, Posy— suspiro, sentándola en mis rodillas— Tengo mucho que hacer, pero en cuanto tu hermano y yo regresemos de nuestro viaje jugaremos todo lo que quieras... Oh, y sé que tu color favorito es el rosa brillante, así que...― tomo el único paquete envuelto en papel de color rosa y se lo alcanzo, sacándole una sonrisa radiante.
― ¡¿Para mí?! ¡¿Es otro vestido?!
―Ábrelo.
La cara de la niña se ilumina tanto como el sol mientras desenvuelve su obsequio.
Hazelle me ayuda a probárselo y comprobar que no hay nada que ajustar. Adoro a la niña, y sé que ella me adora a mí. En general, toda la familia Hawthorne me ha recibido con los brazos abiertos. Si tan solo fuera así con Gale...
Pasados unos minutos miro la hora y recojo mi abrigo. Me bebo el té a grandes sorbos a pesar de que todavía está demasiado caliente, y me apartó de Hazelle y su hija.
―Debo irme; todavía hay unas cosas que debo preparar. Los esperamos a todos a la hora del almuerzo para recibir a las cámaras y todo eso.
Posy se abraza a mis piernas y sonríe.
―Oh, claro. Ya le había dicho a Gale que iré en cuanto Vick y Rory lleguen de la escuela para ayudarte con los preparativos― dice Hazelle, con una sonrisa.
―Claro― respondo, separándome de la niña― Te estaré esperando.
― ¡Yo también ayudaré!― añade Posy, haciéndome sonreír una vez más.
―Gracias, Posy― le digo, inclinándome para besar su pequeña frente antes de salir― Las veo en unas horas.
El clima se ha calmado cuando regreso a casa; abro la puerta y me quito las botas en la entrada.
― ¡Gale!― llamo, pero nadie responde. Eso quiere decir que aún no ha llegado.
Me quito el abrigo y recorro la sala para asegurarme de que todo esté en orden. Muevo algunas cosas más, fotografías, retratos que Peeta me obsequió y algunos adornos que Gale hizo con su nuevo pasatiempo de modelar arcilla. Es realmente bueno haciéndolo.
Todos los vencedores deben tener un pasatiempo que demostrar, o al menos eso se supone. Tu talento es la actividad a la que te dedicas ya que no tienes que trabajar ni en la escuela ni en la industria de tu distrito. Puede ser cualquier cosa, en realidad, cualquier cosa sobre la que puedan entrevistarte. Mi primera opción siempre fue la música; desde pequeña he tocado el piano, y a los diez aprendí a componer. La música es lo que más me gusta y lo que mejor se me da, pero aun así intenté otras varias cosas de una lista que Effie me envió, así aprendí a cocinar, a hacer arreglos florales y a cantar; y aunque, modestia aparte, conseguí darme maña con todo, me terminé interesando por el diseño. Finalmente Cinna entró en escena y se ofreció a ayudarme a desarrollar mi pasión por diseñar ropa. Decidí que cuantas más cosas pudiera hacer, mucho mejor. El único que tuvo problemas para encontrar un pasatiempo fue Gale. Aunque es un experto en las trampas, eso no le servía para el Capitolio. Hazelle intentó hacer que se interesara en cosas como el baile, la cocina, e incluso me pidió que le enseñara a tocar el piano, pero Gale falló en todo. Su mente, preparada para la caza y el ingenio, era demasiado inquieta como para que se quedara horas tras un instrumento o metido en la cocina; tiene pies muy ágiles, pero, por alguna extraña razón, muy torpes a la hora de moverse al compás de la música. Sin embargo tiene manos maravillosamente habilidosas. Resulta que Gale tiene un talento de verdad, que es la escultura. Eso lo descubrimos con la ayuda de Peeta. Él llegó un día, con un poco de arcilla, y se sentó con Gale. Al cabo de unas horas la sala era un desastre, pero Gale había conseguido hacer una hermosa escultura con la forma de mi insignia de sinsajo. Peeta también es un verdadero artista. Ha estado decorando esas tartas y galletas durante años en la panadería de su familia. Pero ahora que Haymitch le paga por ser su administrador, puede permitirse extender pintura de verdad sobre lienzos de vez en cuando. Muchas de sus maravillosas obras se las dio a Gale para que tuviera algo más que mostrar.
Se ha convertido en un buen amigo para los dos.
Entro a la sala de música, donde todo está listo para recibir a las cámaras, con el piano de un lado y los dibujos de mis diseños al otro. Contemplo mis partituras con especial cariño por un tiempo y me siento sobre el taburete junto al piano, pasando una mano sobre la brillante madera con extremo cuidado. Este es el mismo piano en el que aprendí a tocar, el mismo donde lo hicieron mi padre y el suyo. Es un instrumento muy especial para mí, que desde que tengo memoria he amado la música, a pesar de que después de los juegos las notas me entristecen al recordarme a Rue, la niña del Distrito 11 a la que tanto quise.
Acaricio la tapa con la punta de los dedos y me tomo mi tiempo para abrirla. Hago unos arreglos finales a mi última obra, la que tocaré en vivo para la gente del Capitolio, y comienzo a deslizar mis manos sobre las teclas blancas y suaves, primero con delicadeza, y después con dedicación y esmero. Las notas fluyen sin que tenga que mirar las partituras, y la melodía que acabo de terminar inunda toda la habitación. Solo somos yo y la música, sin Juegos del Hambre ni nada más. Cierro los ojos y sigo tocando con la misma pasión que siempre me envuelve al entrar en mi propio mundo, donde nadie más es bienvenido. Toco con muchas ganas, como si no pudiera volver a tocar jamás, y al terminar con dos notas finales siento una ya conocida sensación de satisfacción que me envuelve el alma.
―Eres muy buena― me sobresalto ligeramente ante la intromisión inesperada.
―Gale, me asustaste― reprocho. Gale solo esboza una sonrisa ladeada, sin moverse de su posición, recargado contra el marco de la puerta mientras me mira.
― ¿Por qué te detienes? Hace mucho no te oía tocar así...― baja la cabeza unos centímetros y pasea la punta de su pulgar por la comisura de sus labios, con gesto indiferente, después traga con algo de incomodidad mientras desvía la mirada con algo de renuencia― Me... gusta. Mucho― murmura tan bajito que apenas puedo escucharlo, pero aun así me sonrojo― ¿Puedes tocar una vez más, por favor? ¿Para mí?
— ¿Quieres intentarlo tú?— propongo.
Gale se sienta a mi lado y observa las teclas blancas con algo de renuencia.
―No. Me gusta más escucharte a ti. ¿Puedes tocar esa melodía otra vez?
Lo hago, y él cierra los ojos mientras me escucha. Nunca lo ha dicho, pero sé que le gusta mucho la música, y es en momentos como éste, cuando Gale me pide que toque para él, que me siento más cerca suyo que nunca.
Termino la melodía y todo queda en silencio por varios segundos. Casi siempre es así con Gale, pero por alguna razón no me siento incómoda.
―Me recuerda a Rue— dice de pronto, alzando la mirada hasta perderla al otro lado de la sala— Eran sus notas.
—La escribí para ella; usé su cancioncilla— confirmo, tocando una breve escala— Pienso tocarla para Caesar. ¿Tú qué crees?
Consigo la primera reacción del día de él al decir eso. Me mira, atónito pero con una clara nota de orgullo en sus ojos grises que me deja sin aire.
De repente hace algo que me sorprende. Gale levanta una de sus fuertes manos y con lentitud, casi con miedo, la deposita suavemente sobre mi mejilla; yo me tenso ante lo inesperado de sus acciones, pero me quedo muy quieta en mi lugar, esperando que él haga el próximo movimiento.
Gale pasa saliva y me sostiene la mirada, casi respirando contra mi nariz.
—Madge, yo...— vacila un momento y yo siento como mi corazón se detiene en ese preciso instante.
«¡Va a besarme!» pienso con alarma y emoción. Veo la confusión y el ensimismamiento en su mirada, impidiéndome ver más allá de su mente. Su rostro está cada vez más cerca del mío, y su pulgar, por un momento, acaricia mi piel con delicadeza. Sus manos son grandes y rasposas, pero nunca he sentido un tacto tan suave. Lo miro a los ojos y él me imita; los suyos nunca me parecieron tan brillantes y profundos.
Va a besarme, lo sé y él también. Por primera vez me besará sin cámaras presentes, por la simple razón de que quiere hacerlo. Y mi corazón da un vuelco ante la idea.
―Oh, lo siento. Toqué pero nadie me atendió... ¿Interrumpo algo?― Rory se detiene en la entrada y nos mira, con el rostro rojo de vergüenza.
―No― se apresura a decir Gale, levantándose de un salto, como si nada hubiera pasado; yo solo me quedo con el rostro suspendido, a la espera del beso que nunca pasó― ¿Qué pasa? ¿Mamá está bien?
Noto que Rory me mira fijamente y mis mejillas también se encienden. Es tan parecido a Gale que resulta casi abrumador; sin embargo hay algo extraño en su mirada siempre tranquila y risueña.
Parece ser miedo.
―Sí, está bien― contesta, moviendo la cabeza tras parpadear― Pero...― me giro hacia él y lo veo vacilar, nervioso― Hay una visita para ti. En casa.
― ¿Visita?― repite Gale, confuso, y de pronto su mirada adquiere un ligero brillo― ¿Es Katniss?― pregunta. Su tono esperanzador me obliga a volver a salir de mi mundo de fantasía, y desvío el rostro para intentar ocultar mi dolor.
No obstante, Rory vuelve a negar.
―No, no es ella― dice, con la voz plagada de nerviosismo.
― ¿Entonces?
―Será mejor que vayas― dice el niño― Mamá dijo que te dieras prisa.
Rory guarda silencio, anunciando que no va a decir nada más. Gale me mira, demostrando la confusión que comparto.
―Ve― le digo, encogiéndome de hombros. Él asiente.
―Bien. ¿Quieres acompañarme?
Levanto la mirada, sorprendida. Pocas veces Gale me pide algo desde que vivimos juntos, y el tono que usa me desarma por completo. Sin embargo, no tengo tiempo de responder, ya que su hermano menor se me adelanta:
―No― se niega con rapidez; su tono urgente me desconcierta― No. Mamá dijo que vayas solo. Ella va a venir a ayudar a Madge con Vick y Posy en cuanto llegues― noto que intenta sonreír, pero su sonrisa se pierde como una simple mueca forzada.
―Está bien― acepta Gale, sin darle mayor importancia― Tal vez sea Portia― me dice― Volveré antes del almuerzo. Sea quien sea no puede tardarse demasiado.
Asiento y veo como Rory le abre paso para que salga; luego se queda de pie en el mismo lugar, visiblemente inquieto.
―Usaste la ropa que hice para ti. El azul te sienta bien― le digo, intentando romper el hielo con una sonrisa. El niño levanta la vista un segundo y vuelve a sonrojarse.
―Sí... Gracias.
―Oh, no es nada― amplío mi sonrisa y veo que él se sonroja un poco más. No entiendo porqué siempre se porta tan tímido conmigo, pero algo en eso me resulta muy tierno.
Los dos guardamos silencio por unos minutos, silencio que él rompe con algo de timidez.
―La música se escuchaba hasta la calle― vuelve a alzar la cabeza y lo veo contemplar mi piano durante un momento, con ojos brillantes― Antes, cuando era más pequeño y Gale me dejaba acompañarlo a vender fresas a tu padre, me sentaba en la vereda de tu casa y me quedaba a escucharte tocar hasta que él terminaba de repartir sus presas― dice, mirándose los pies; no puedo evitar mirarlo con sorpresa ante esa confesión, sobre todo porque Rory nunca me ha dicho más de dos o tres palabras juntas; es igual de reservado que Gale, pero noto que se incomoda mucho cuando estoy presente, y me mira cuando cree que no me doy cuenta; es extraño a veces― Cuando ayudaba a mi mamá a repartir la ropa limpia siempre tomaba el camino de la casa del alcalde y me detenía unos minutos a escucharte practicar― sonríe y se acerca un poco― Gale me regañaba porque a veces me tardaba horas y él tenía que quedarse a cuidar a la bebé en vez de salir con Katniss.
Sonrío también y niego con la cabeza. Rory me mira con sus penetrantes ojos grises tan parecidos y a la vez tan distintos a los de su hermano mayor, haciéndome sentir un tanto incómoda nuevamente.
―Nunca te vi fuera de mi casa― es lo primero que se me ocurre decir; no sé porqué comienzo a sentirme nerviosa ante su mirada― Eh... ¿Te gusta la música?― vuelvo el rostro y toca un par de teclas mientras dejo escapar una risita nerviosa.
―Me gusta como tocas tú. Y cómo cantas― confiesa― El otro día llegué de la escuela y estabas cantándole la Canción del Bosque a mi hermana; yo me quedé escuchándote desde las escaleras, como aquella vez, cuando tú y Gale le cantaron a la niña del 11.
Ahora soy yo la que se sonroja. Los dos volvemos a guardar un incómodo silencio.
Ayuda.
―Ah... ¿Quieres tocar?― propongo, haciéndome a un lado sobre el taburete para darle espacio, sin saber que más hacer.
― ¿Me enseñarías?― pregunta, y puedo volver a ver ese brillo en sus ojos de nuevo.
―No veo porqué no. Ven― palmeo el asiento y el se apresura a ocuparlo― Dame tu mano― sujeto su mano derecha; sus dedos son largos y se sienten helados contra mi piel― Pon las manos sobre las teclas y toca las mismas que yo, ¿sí?― él asiente con convicción, concentrándose en observar el instrumento. Toco una melodía simple y breve, dándole espacio para que él lo haga. Rory duda un segundo pero finalmente me imita y toca todas las teclas a la perfección.
― ¡Lo hice!― celebra, sonriendo. Nunca lo había visto sonreír tanto, ni siquiera cuando está con sus hermanos― ¡¿Viste cómo lo hice?!
―Eres muy bueno― le sonrío, contagiada de su entusiasmo.
―Gracias― me dice cuando su euforia baja un poco― ¿Puedes enseñarme a tocar canciones más difíciles, así como tú?
― ¿Quieres aprender música?
Rory baja la mirada y asiente, cabizbajo.
―No se lo digas, pero Gale insiste en que aprenda a cazar, y sé que es muy importante aprender a sobrevivir por mi cuenta por si algún día soy cosechado, pero no me gusta la idea de dispararle a otro ser vivo... Me gustaría poder tocar como tú, nada más.
―Oh, bueno... Puedo darte clases todas las tardes después de la escuela, si quieres― le sonrío― Prim viene a veces también; podría darle clases a los dos― propongo de inmediato, y Rory me sonríe también.
― ¿De verdad?
―Sí; no tengo nada más que hacer durante todo el día, así que...― unos golpes en la puerta me interrumpen, haciendo que los dos volteemos hacia la salida― Debe ser tu mamá.
Rory asiente y se levanta para salir de la habitación.
― ¡Madge!― la pequeña Posy corre dentro de la casa y me encuentra todavía sentada frente al piano. Se ve adorable en su vestido rosa, con su cabello oscuro recogido con dos lazos a juego― ¿Te gusta?― me pregunta, sosteniéndose las dos coletas.
―Te ves preciosa― le digo, sentándola en mis rodillas― Y tú también, Vick.
El niño se sonroja y baja la vista. Él, Rory y Gale parecen tres copias de la misma persona.
―Gracias. Me gusta mucho mi chaqueta nueva― dice, sentándose en el lugar de Rory mientras me extiende una flor de papel de color― Es para ti. Lo hice en la escuela― comenta― La profesora me dijo que hice un muy buen trabajo. Le regalé dos a mi mamá y una a Prim y a Katniss.
―Es muy hermosa. Gracias. Eres todo un artista― le sonrío; el niño me imita y baja la mirada, ligeramente apenado.
―Hola de nuevo― saluda Hazelle, entrando al salón con una cazuela entre las manos― Traje un poco de estofado de conejo y ciruelas silvestres para el almuerzo― dice― No es nada elegante, pero...
―Oh, me encanta el estofado, y a mi padre también― la interrumpo, y es la verdad― Muchas gracias. Déjame ayudarte a llevarlo a la cocina.
―Oh, no, querida― se apresura a detenerme― No te levantes. Los niños quieren pasar tiempo contigo, y yo puedo arreglármelas sola.
― ¿Seguro?
―Por supuesto.
―Bueno...― me encojo de hombros y recuerdo algo de pronto― ¿Y Gale?
―Se quedó con la visita. Pero no tardará en venir― responde ella con presteza, desapareciendo casi de inmediato de mi vista, visiblemente intranquila.
No sé si es impresión mía, pero parece como si estuviera evitándome
―Madge, ¿tocas una canción para nosotros?― propone Posy, interrumpiendo el hilo de mis pensamientos. Vick se reafirma junto a mí y Rory se acomoda al otro lado del piano, todos esperando verme tocar. ¿Cómo decirles que no?
Toco la Canción del Bosque para ellos, porque es la canción de cuna que se les canta a todos los niños pequeños del Distrito 12. Ellos me escuchan atentamente, y no se mueven ni siquiera cuando llegan mis padres y Haymitch, que se quedan con ellos para escucharme también mientras mi madre desaparece en dirección a la cocina.
Es extraño, en cierta forma. Antes siempre estaba sola, recluida en mi casa, sin amigos ni nadie con quien conversar a pesar de tener a mis padres; supongo que eso contribuyó a mi personalidad tan reservada, pero ahora que he ganado nuevos amigos y una segunda familia es imposible que vuelva a sentirme así.
Los Juegos del Hambre fueron una experiencia terrible, pero me han dado mucho a cambio.
Termino de tocar y recibo algunos aplausos, un beso de mi padre y una seña afirmativa de mi mentor. Los miro a todos reunidos, tan a gusto y felices que no puedo evitar sonreír.
Adoro que la casa esté tan llena de vida; los niños ríen, mi madre y Hazelle empiezan a poner la mesa y Haymitch y mi padre conversan junto al fuego, algo curioso, pues nunca los he visto intercambiar demasiadas palabras en los actos del Estado, pero ellos se conocen hace tantos años que creo que es imposible que no sean amigos.
Estando con todos ellos, así, en mi casa, es como si nada pudiera herirme, como si estuviera a salvo de todo el mundo junto a mis seres amados, y estoy segura de que ya no volveré a estar sola como antes. Es muy agradable sentir el calor de un verdadero hogar por primera vez. Sin embargo, no puedo evitar sentirme inquieta al recordar la ausencia de Gale. ¿Quién lo visitó? ¿Por qué tarda tanto en regresar?
Hazelle nos llama a todos a comer y los niños corren a la mesa.
―Hazelle, ¿no deberíamos esperar a Gale?― le digo. Ella me mira y sonríe.
―Oh, él llegó hace un rato y subió las escaleras. Dijo que no tardaría en bajar.
Y está en lo cierto; apenas entro al comedor noto que Gale ya está sentado en la cabecera de la mesa que casi nunca usamos, frente a mi padre, con la pequeña Posy sentada en sus rodillas, hablándole con un entusiasmo que él intenta corresponder, sin mucho éxito, para quienes conocemos sus expresiones.
Comemos y me veo obligada a incluirme en la conversación de mis padres y Hazelle, ya que Gale se pasa todo el almuerzo en silencio y pensativo. Es más que claro que algo le pasa. ¿Tendrá que ver con esa misteriosa visita? ¿Quién habrá sido para perturbarlo de tal manera?
Luego del postre, que me como con rapidez, mi madre y Hazelle se encargan de los trastos mientras los niños sale a jugar con la nieve. Cuando mi padre y Haymitch regresan junto a la chimenea me acerco a Gale con algo de cautela.
―Gale― lo llamo; él se sobresalta, como si no se hubiese percatado de mi presencia (cosa extraña en un cazador experto que siempre está alerta), y me mira, mostrándose ligeramente inquieto― ¿Qué pasó?― su rostro me advierte que definitivamente hay algo que no anda bien― ¿Quién fue a verte?― veo su renuencia a responder, y entonces endurezco mi expresión― Recuerda que prometiste no volver a mentirme― advierto. Después de los juegos y de tomar la decisión de intentar ser amigos para llevar esta farsa lo mejor posible, él y yo prometimos no volver a guardarnos ningún secreto. Si íbamos a estar juntos en esto debíamos ser honestos el uno con el otro.
Gale se pasa una mano por el cabello y suelta un leve resoplido, hablando en un claro tono de confidencia:
―Era el presidente Snow― me suelta sin rodeos, mirándome fijamente a los ojos, haciendo que todo mi cuerpo se tense en el acto.
― ¿El presidente Snow?― repito, anonadada― Pero... ¿Por qué? ¿Qué quería contigo?― preguntó, con el labio inferior temblándome con anticipación. El miedo empieza a invadirme. Sé que el Capitolio no está nada feliz con haber tenido que dejarnos vivir a los dos en los juegos del años pasado a causa del truco de Gale, y una visita secreta del presidente no puede significar nada bueno. No para nosotros, al menos.
― ¿Está todo bien, Gale?― pregunta Hazelle,tocando su hombro e interrumpiendo nuestra charla. En sus ojos puedo ver que está igual de asustada que yo.
Gale le sonríe, pero me doy cuenta de que está esforzándose por hacerlo.
―Sí, mamá. Nunca lo vemos en televisión, pero el presidente siempre visita a los vencedores antes de la gira para desearles suerte― dice, aunque no me convence del todo. Sin embargo, Hazelle parece darse por satisfecha con esa respuesta, y suspira con alivio.
―Oh. Pensé que había algún tipo de problema. Me alegro de que no sea así.
―No, en absoluto. El problema empezará cuando mi equipo de preparación llegue y tenga que contenerme para no dispararles una flecha― Hazelle se ríe.
―Bien. ¿Por qué no te das una ducha? Parece que anduviste arrastrándote por todo el distrito― lo regaña, observando sus ropas manchadas de tierra y barro con ojo crítico― ¡Santo Cielo! ¿¡Qué le hiciste a tus pantalones?!― exclama con alarma, inclinándose hacia adelante para analizar la tela raída con el ceño fruncido.
―Me caí― responde Gale mientras se encoge de hombros como un pequeño regañado y apenado.
Es extraño y un tanto gracioso ver a un hombre de su talla amedrentado de esa forma por una mujer a la que le saca casi una cabeza de diferencia. Su madre tiene ese efecto en él.
Hazelle aprieta los labios y chasquea la lengua con desaprobación.
―Así que ahora andas cayéndote por ahí, ¿eh? Sube ahora mismo a darte esa ducha y deja los pantalones sobre la cama, luego iré por ellos para remedarlos, muchacho despistado― refunfuña.
―Tú también debes tomar un baño, hija― dice mi madre, llegando tras Hazelle― Preparé el baño principal para ti. No te importa usar el baño del cuarto de huéspedes, ¿verdad, Gale?
―No, está bien― dice él, después de todo ese es su baño, aunque nadie más puede saberlo.
―Vamos, Madge.
―Está bien― digo, y puedo ver qué satisfecha está por mi respuesta. Desde que volví a casa mi madre ha estado intentando mucho arreglar nuestra relación. Hace cosas por mí en vez de excusar cualquier pedido de ayuda como había hecho durante años por sus constantes jaquecas. Administra todo el dinero que gané y me abraza a cada oportunidad en vez de solo tocar mi cabello por unos segundos como muestra de cariño. Es como si mi tiempo en la Arena la hubiera hecho despertar de un largo trance y darse cuenta de que yo estaba allí, y que la necesitaba más que nunca.
Subo las escaleras hacia el cuarto de baño, donde una tina humeante me espera. Mi madre ha añadido una bolsita de flores secas que perfuma el aire y unas gotas de aceite de rosas. Me desvisto, desciendo hacia el agua sedosa e intento disipar todos mis miedos. Tengo que mantener la cabeza fría para poder seguir fingiendo que Gale y yo nos amamos con locura y no entorpecer nuestra actuación frente a las cámaras.
No sé lo que el presidente quiere de él, o de nosotros, pero sea cual sea la respuesta algo me dice que es importante seguir manteniendo todo el teatro de cara al público. Además, Gale está ya tan furioso con el Capitolio que dudo que una visita del presidente lo haya aplacado, y no quiero que siga teniendo motivos para pensar en hacer su propio levantamiento contra el Estado.
Inspiro el delicioso aroma a flores y hundo la cabeza en la bañera, tratando de pensar en otra cosa. Sin embargo, incluso bajo el agua puedo oír los sonidos de la conmoción. Cláxones de coches sonando, gritos de bienvenida, puertas cerrándose con portazos. Sólo puede significar que mi comitiva ha llegado. Apenas tengo tiempo para secarme con una toalla y deslizarme dentro de una bata de seda rosa cuando mi equipo de preparación irrumpe en el cuarto de baño. No se cuestiona la privacidad. En lo que respecta a mi cuerpo, no tenemos secretos estos tres y yo.
―Oh, Madge. Has hecho un muy buen trabajo con estas cejas― dice Venia tras darme un largo abrazo. Su cabello aguamarina ha sido estilizado de modo que ahora sale disparado en puntas afiladas rodeándole toda la cabeza, y los tatuajes dorados que antes estaban confinados sobre sus cejas se han estirado hacia debajo de sus ojos, dando la impresión de que lleva puesto un antifaz. Octavia viene y le da unos golpecitos a Venia en la espalda para separarla de mí, su cuerpo lleno de curvas pareciendo más rechoncho de lo habitual junto a la figura delgada y angulosa de Venia.
― ¡Y mira esas uñas perfecta!― Me agarra la mano y la aplana entre las dos suyas de color guisante. No, su piel ya no es exactamente verde guisante. Es más como un ligero verde perenne. El cambio en el tono es sin duda un intento de estar en la cima de las caprichosas modas del Capitolio― Es tan fácil trabajar contigo, querida― sonríe. Es cierto. Me he cuidado tanto las uñas como las cejas y el cabello por pedido de Effie y mi madre, aunque más que nada es un hábito femenino.
―Gracias― Musito. En realidad no me había pasado mucho tiempo preocupándome por cómo colaborar con mi equipo de preparación.
Flavius levanta varios mechones de mi cabello húmedo y enmarañado. Mueve la cabeza de forma aprobadora, haciendo que sus tirabuzones naranjas se pongan a botar.
― ¿Ha tocado alguien esto desde que nos viste por última vez?― Pregunta severamente― Recuerda, te pedimos expresamente que no tocaras para nada tu cabello.
―No, nadie lo ha cortado― suspiro y ellos sonríen.
Todos me besan, me colocan sobre una silla en mi habitación y, como siempre, empiezan a hablar sin parar ni molestarse en saber si estoy escuchando. Mientras Venia retoca mis cejas y Octavia me pone uñas falsas para hacer las mías más largas y Flavius me frota gel en el cabello, lo oigo todo sobre el Capitolio. Qué éxito fueron los Juegos, qué aburridas han estado las cosas desde entonces, cómo nadie puede esperar a que Gale y yo los visitemos de nuevo al final de la Gira de la Victoria. Después de eso, el Capitolio no tardará mucho en empezar a prepararse para el Vasallaje de los Veinticinco.
― ¿No es emocionante?
― ¿No te sientes muy afortunada?
―En tu primer año como vencedora, ¡y eres mentora en un Vasallaje!
Sus palabras se superponen en un borrón de excitación.
―Supongo― digo con voz neutra. Es lo mejor que consigo. En un año normal, ser mentor de los tributos y saber que debes llevar a una niña hasta su posible muerte es material para pesadillas. Desde hace un tiempo no puedo caminar por la escuela sin preguntarme a qué chica deberé entrenar. Pero para poner las cosas aún peor, este es el año de los Septuagésimo Quintos Juegos del Hambre, y eso significa que también es un Vasallaje. Suceden cada veinticinco años, señalando el aniversario de la derrota de los distritos con celebraciones supremas y, para mayor diversión, algún giro dasagradable para los tributos. Nunca he vivido ninguno, por supuesto, pero recuerdo oír en la escuela que, en el segundo Vasallaje, el Capitolio exigió que se enviara a la Arena el doble de tributos. Esos fueron los juegos en los que mi tía fue cosechada. Los profesores no entran mucho más en detalle, lo que es sorprendente, porque es el año en que un chico del Distrito 12, Haymitch Abernathy, ganó la corona.
― ¡Más vale que Haymitch se prepare para tener toda la atención!― chilla Octavia. Yo sólo la miro, sin saber qué decir.
Haymitch nunca me ha mencionado su experiencia personal en la Arena, y no sé nada más aparte de que la hermana de mi madre, Maysilee Donner, hizo algo por él que le hace sentir culpa. Yo nunca le preguntaría, porque no sé si quiero saber de la muerte de mi tía. Y si alguna vez he visto sus Juegos televisados en las repeticiones, debía de ser demasiado pequeña para acordarme. Sé que hay algo de su pasado que aún le duele y por eso intenta dejarlo atrás hundiéndose en la bebida. Pero este año el Capitolio no le permitirá olvidar. En cierto modo, es algo bueno que tanto Gale como yo estemos disponibles como mentores durante el Vasallaje, porque es apuesta segura que Haymitch estará totalmente ebrio la mayor parte del tiempo.
A veces desearía tener el coraje de preguntarle, pero nunca consigo el valor necesario. El año pasado decidí no hacer preguntas por si no me gustaba la respuesta, pero cada vez se vuelve más difícil contenerme.
Después de haber agotado el tema del Vasallaje de los Veinticinco, mi equipo de preparación salta a algo totalmente distinto sobre sus vidas. Quién dijo qué sobre alguien del que nunca he oído nada y qué tipo de zapatos acaban de comprar y una larga historia de Octavia de qué gran error fue el hacer que todo el mundo llevara plumas a su fiesta de cumpleaños.
En poco tiempo me duelen las cejas, mi cabello está suave y sedoso, y mis uñas están listas para ser pintadas. Aparentemente les han dado instrucciones de preparar sólo mis manos y cara, probablemente porque todo lo demás estará cubierto en el clima frío. Flavius quiere de todo corazón usar su labial personal de color morado conmigo pero se resigna a uno rosa mientras empiezan a darle color a mi rostro y uñas. Puedo ver por la paleta que Cinna ha ordenado que vamos a por algo infantil, no sensual. Eso es bueno. Nunca se me ha dado eso de ser provocativa. Sin embargo, esto me recuerda al final de los juegos, cuando Cinna me hizo parecer una niña para evitar la furia del Capitolio, y entonces sé que de verdad estamos en problemas.
De repente la puerta se abre y levanto la vista, sorprendiéndome. Katniss entra, algo tímidamente, y dice que Cinna le ha pedido que les enseñe cómo preparó mi cabello el día de la cosecha. Responden con entusiasmo y luego miran, profundamente absortos, cómo empieza el proceso del elaborado peinado de trenzas. Katniss trabaja sin hablar; ni siquiera me mira o da señales de haberme reconocido, lo cual resulta muy inquietante. En el espejo puedo ver su rostro completamente apático junto a los honestos rostros de mi equipo siguiendo cada movimiento que hace, lo entusiasmados que están cuando es su turno para intentar un paso. Cuando mi cabello está listo, Katniss sale en silencio, sin despedirse ni mirar atrás, y mi equipo me ayuda a levantarme para salir tras ella. Encuentro a Cinna en el piso de abajo, en el salón, y ya sólo la visión de él me hace sentirme tranquila. Se le ve igual que siempre, ropa sencilla, cabello corto y castaño, sólo un poco de delineador dorado. Nos abrazamos, y reímos un poco.
No hay mucho que decir, realmente. En los últimos meses, hemos estado hablando mucho por el teléfono que venía con la casa. Es casi innecesario tenerlo, porque casi nadie más que conozcamos tiene uno. Está el de la casa de Gale, pero obviamente no llamamos allí porque si queremos algo simplemente cruzamos la calle. Haymitch arrancó el suyo de la pared hace años. Mis padres tienen un teléfono en su casa, pero si queremos hablar, lo hacemos en persona, al igual que con la familia de Gale. Al principio, la cosa casi nunca se usaba. Después Cinna empezó a llamar para aconsejarme sobre mis diseños.
―Conocí a Katniss hace unos momentos― comenta, risueño― Es un chica agradable. Algo callada, pero agradable― dice.
Yo solo me encojo de hombros y empiezo a colocar prendas de ropa, telas y cuadernos de bocetos con todos mis diseños por el salón. Al ver que no voy a decir nada al respecto, él toma uno de los cuadernos y examina uno de los últimos vestidos que diseñé.
― ¿Que tela usarás para este?
Levanto la vista y busco entre las muestras de tela.
―Estaba pensando en seda natural. ¿Tú que crees?
―Me parece una buena elección― dice, dedicándose a analizar el resto de mis bocetos― Tienes buen ojo para esto.
―Sabes, creo que soy muy prometedora― digo. Cinna me mira y arquea una ceja, tomando un conjunto que no es mío.
―Sí, claro. Vístete, tú, niña talentosa― dice, arrojándome las prendas. Yo sonrío. Tal vez me guste diseñar ropa pero adoro la que Cinna hace para mí.
Como esta. Pantalones negros fluidos hechos de un material grueso y cálido. Una cómoda camisa blanca. Un jersey tejido de hebras verdes y azules y grises de lana suave como un gatito. Botas de cuero con cordones que son muy cómodas.
― ¿Qué te parece el diseño de mi vestuario?― pregunto― En unos años no dudo poder superarte.
―No, en unos años seguirás deseando ser como yo, tu héroe de la moda― dice Cinna. Me entrega un pequeño fajo de tarjetas― Lee estas fuera de cámara cuando estén filmando la ropa. Intenta parecer interesada.
―Me interesan mis diseños.
―Sí, pero debes oírte ridículamente feliz.
―Ah, ya. Puedo hacerlo― sonrío otra vez. Adoro la sinceridad de Cinna.
Justo entonces, Effie Trinket llega con una peluca naranja calabaza para recordarle a todo el mundo:
― ¡Tenemos un horario!
Me besa en ambas mejillas mientras hace pasar a las cámaras, después me ordena en posición. Effie es la única razón por la que llegamos a ningún sitio a tiempo en el Capitolio, así que intento complacerla. Empiezo a dar saltitos como una niña, sosteniendo las prendas y diciendo cosas sin importancia como "¿No te encanta?". El equipo de sonido me graba leyendo de mis tarjetas con voz alegre para poder insertarlo después, luego me lanzan fuera de la habitación para poder filmar en paz mis diseños y partituras. Peeta y Katniss, como los hermanos de Gale, salieron antes de la escuela debido al evento. Ahora están todos en la cocina, siendo entrevistados por otro equipo. Peeta se ve muy apuesto con su suéter azul celeste que resalta sus ojos, y los rizos rubios cayendo con gracia sobre su frente. Él me ve y sonríe, haciéndome una seña afirmativa con el pulgar. No pudo llegar al almuerzo porque había prometido ir a ver a su familia, pero me alegro de que haya llegado al fin. Cuando Gale y yo quedamos entre los ocho finalistas de los juegos, enviaron reporteros para preparar historias personales sobre nosotros. Preguntaron por mis amigos y Peeta fue el único en responder; él es tan simpático y alegre que las cámaras rápidamente lo adoraron. Katniss, señalada como la mejor amiga de Gale, en cambio, no estaba dispuesta a cooperar con los periodistas, así que a alguien se le ocurrió convertirla en su prima, lo cual hace que todo esto se vuelva aún más extraño.
Cinna está tratando de ponerme un abrigo, así que alzo los brazos. Siento el pelaje, por dentro y por fuera, enjaulándome. No es de un animal que haya visto nunca. "Armiño", me dice mientras acaricio la manga blanca. Guantes de cuero. Una brillante bufanda roja. Algo peludo me cubre las orejas.
―Estás volviendo a poner de moda las orejeras― me dice. Estas cosas me dan gracia.
Gale y Portia se nos unen casi de inmediato. Gale lleva unos pantalones negros y una chaqueta de paño de botones grandes que hace juego con sus ojos, también guantes de piel y una bufanda casi idéntica a la mía.
―Te ves bien― me dice. Voy a responderle cuando mi madre se acerca corriendo con algo en la mano.
―Esto ha dado mucha suerte hasta ahora. No lo olvides― dice, colocando la insignia de Maysilee en mi mano. Un sinsajo volando en un círculo de oro. Intenté dárselo a Rue pero no quiso aceptarlo. Dijo que la insignia había sido la razón de que se decidiera a confiar en mí. Cinna la fija en el nudo de la bufanda. Effie Trinket está cerca, dando palmadas.
― ¡Atención, todo el mundo! Estamos a punto de grabar el primer plano de exteriores, donde los vencedores saludan al principio de su maravilloso viaje. Bien, Madge, querida, luces encantadora. Gran sonrisa; Gale, éste es el día más feliz de tu vida, ¿verdad?― No exagero cuando digo que nos empuja por la puerta y nos obliga a salir al frío exterior. Por un momento no puedo ver bien por la nieve, que ahora está cayendo con ganas. Gale y yo salimos de la mano y enfrentamos a las cámaras. Sorprendentemente él sonríe y toma la iniciativa para sujetar mi cintura y pegarme a su cuerpo. Entonces toma mi rostro con una delicadeza que jamás ha usado antes y une sus labios a los míos con un infinito cariño, aturdiéndome. Otra confirmación de que algo no está bien. Sin embargo, no tardo en responderle con la misma intensidad.
¿Qué es lo que quieres demostrar con esto? O, mejor dicho, ¿a quién quiere demostrarle algo?
El resto del día es un borrón de ir a la estación, decirle adiós a todo el mundo, el tren saliendo, el viejo equipo -Gale y yo, Effie y Haymitch, Cinna y Portia, la estilista de Gale- cenando una comida indescriptiblemente deliciosa que no recuerdo. Y después me pongo el pijama y una voluminosa bata de algodón, sentada en mi mullido compartimento, esperando a que Gale atraviese la puerta. Este año compartiremos habitación ya que se supone que hemos vivido juntos, con todo lo que eso conlleva, así que no había razón para negarnos. Además ya habíamos hablado sobre esto; él dormirá en el sofá (gracias al Cielo pusieron uno o todo nuestros planes hubieran sido frustrados), y yo usaré la cama.
No sé donde se habrá metido, pero me parece que tarda siglos en aparecer, y realmente empieza a preocuparme que no lo haga. Quizá decida pasearse varias horas por el tren, sé que apenas duerme y odia hacerlo cuando fuera está tan oscuro, cosa que copió de Haymitch, aunque diga que él no le agrada. Hace minutos que el tren se detuvo, ¿acaso habrá bajado? ¿Huyó? Muevo la cabeza para disipar esos pensamientos y justo en ese momento escucho los pasos de Gale en el corredor; él no tarda en atravesar la puerta, abriendo los ojos como si no esperara encontrarme esperándolo, y me da la espalda de inmediato, comenzando a desvestirse como si yo no estuviera ahí. Entra al baño y se tarda otro siglo; y cuando finalmente sale, vestido con su pijama, vuelve a mirarme con sorpresa, decidiendo ignorarme una vez más para buscar una mantas y acomodarlas en el sofá.
―Gale― lo llamo, molesta por ser ignora; él se detiene y ladea la cabeza, pero sin responder, aunque dando a entender que sí me oye― Tenemos que hablar― le digo, procurando que mi voz se mantenga firme.
Necesito saber que está pasando; a qué vamos a enfrentarnos mañana cuando lleguemos al Distrito 11 y hablemos en vivo para todo Panem. Pero sobre todo necesito saber que pase lo que pase seguimos siendo un equipo.
Gale voltea del todo y suspira, derrotado. Sé que entiende mi temor porque a pesar de no sentir lo mismo por mí me conoce. Sabe que necesito escuchar de su boca que todo estará bien o no podré estar tranquila. Sin embargo, hoy no consigo irrumpir en su coraza.
―No hoy, Madge, por favor― me pide en voz baja, con tal tristeza que no puedo negarme― No hoy.
Me da la espalda y finge dormir. Yo hago lo mismo y finjo que no tengo miedo.
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Continuará...
.
.
N del A:
Hola!
He vuelto, y lamento la demora. Realmente no encontraba inspiración para terminar el capítulo, pero al final lo logré.
Agradezco mucho sus reviews en el epílogo, y espero que hayan disfrutado de la lectura.
Espero que sigan dejando sus comentarios!
Saludos!
H.S.
